Mala salud.

Las tres o cuatro veces que empecé un trabajo “en serio”, me enfermé.

Con trabajo “en serio” me refiero a esa modalidad según la cual durante 8 horas cada día, uno realiza un servicio para alguien, el cual será remunerado al finalizar determinado periodo (jornada, quincena, mes). Hago esta aclaración para distinguir entre un trabajo “en serio” y “un trabajo serio”. El primero es el caso más conocido (en estos tiempos, decir que abunda sería una inmoralidad) y en él puede uno chocarse con infinidad de elementos que restarían los valores inusuales del segundo (credibilidad, corresponsabilidad, justicia, entre otros). El margen horario que establezco no es menos caprichoso que lo que en realidad es. Considero ocho horas como el mínimo necesario pues una jornada más breve yo la llamaría utopía y otros hobbie, que es la forma solapada de decir vagancia. Por último, la figura del empleador responde a razones similares: cuando uno trabaja para sí mismo -evítese la interpretación literal- yo hablo de fe.

A los ojos del mundo y a los propios -aquello de que uno es lo que cree que los otros creen que uno es-, trabajar en serio es la única forma válida de trabajo. Por desgracia.

Hechas estas salvedades, como decía, cada una de las pocas veces que empecé un trabajo en serio, me enfermé. Durante esta convalecencia me llueven catarro, fiebre, cansancio; incluso sueños vinculados con el nuevo espacio, su gente o las tareas a desempeñar en él. Despierto varias veces antes del horario en que necesito despertar y como consecuencia de la suma de estos factores, mi humor es el peor producto posible.

Una semana atrás, antes de que Clarín devorara este mismo blog, me levanté temprano y sumé algunos renglones a las primeras páginas de un nuevo cuento. Ése fue mi último día de fiebre. No soy médico pero me atrevo a leer algunos síntomas.

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, , Juan Carlos dijo

Bueno. Supongo yo, todo producto de un estado ansioso que podría estar asociado tanto a la nueva situación laboral, como a la actual situación personal, sin duda una de las más importantes de tu vida. Inevitable. Depende de la personalidad de cada uno. Ojo con los cambios de humor que resultan de todo esto, para no afectar a quienes te quieren. Intentá manejar eso de la mejor forma posible. Me alegran mucho esos renglones en el nuevo cuento. SUERTE ! SUERTE ! SUERTE !. Te quiero mucho.

, , Maria Fernanda dijo

Bueno veo que en blog no hay novedades….. seguramente estaras escribiendo por otros lados y brindo por eso. Ya sin trabajo ” en serio” , aquellos sintomas molestos seguramente no aparecen y espero que ese trabajo” serio ” aparezca tan pronto como vos lo desees.
Te mando un beso, cuidate…….. y ……..sigo esperando por esos cuentos….

, , Lau dijo

VAMOS QUE AHORA SI GOZAMOS DE BUENA SALUD!!! jejeje. Y ya con tu brazo tatuado a LABURAR EN LO SERIO!!!! SIN FIEBRE NI CATARRO… NI UN MANGO cuac…. Vamos que quiero la presentación de otro libro!!!!
Tengo una historia para contarte… por ahí te ilumina (guiño, guiño)

, , Soledad dijo

Yo tampoco soy médico… pero sí soy psicóloga. Cada tanto me animo a leer algunos síntomas. Sin embargo me sigue pareciendo mucho más fascinante que esta lectura la haga un escritor, uno de esos artistas “d´enserio” (aunque no tengan trabajos en serie.. en serio, perdón el fallido). De esos que cuando se expresan afectan los cuerpos, hacen nudos en la garganta, provocan carcajadas, me recuerdan sensaciones no precisamente placenteras, aunque quizás más parecidas a las ganas de crear. Benditos sean estos con tanta mala salud!