Posts etiquetados como ‘Ricardo desde Brasil’

Anónimo Guaraní, Ricardo desde Brasil

Anónimo Guaraní

Nadie sabía de donde había venido.
Poco hablaba y de forma confusa, lo que aumentaba la neblina de su pasado. Tenía un silbado acento brasileño, y de vez en cuando se  le escapaban palabras y expresiones en portugués.
Cuando era necesario hablar de sus orígenes siempre se remitía a una vaga e imprecisa región: “lá en la frontera” decía, y cambiaba de asunto.
Los isleños lo apodaron “Moncholo” por su cara cueruda de labios gruesos y sus ralos bigotes duros y largos, a lo bagre.
Cuando llegó por primera vez al almacén del manco, ya tenía buena parte del rancho levantada en la encosta del “boquerón”.
Supieron que hachaba en el monte, que pescaba, y lo acompañaba una india paraguaya joven, que decía “curupaitos” en vez de “ correntinos ( en alusión a Curupaití , la última batalla  que los paraguayos ganaron , en la Guerra de la Triple Alianza )
Dos veces por mes cruzaba a Villa Guará donde se quedaba 3 o 4 días.
Sus compras eran las habituales de los paisanos,  salvo por el lujo de la caña quemada y del tabaco “ de corda” con el que armaba sus cigarros, después de picarlos a cuchillo.
La curiosidad de todos crecía, y comenzaron a correr suposiciones sobre su pasado, su vida y sus negocios.
Se habló de una muerte en el Brasil, de contrabando, de fuga de penitenciaria y hasta de magia india y ayuda de animas penadas.
Moncholo, indiferente, iba y venía con su lancha de fondo raso hasta el obraje, la villa, o los riachos profundos del “ Ibira Pita”.
A veces, por las noches, se llegaba al almacén del manco, donde nunca pasaba de la tercera caña.
La india lo acompañaba, esperándolo afuera, sentada en la tierra, fumando cerca de las canoas o de los caballos.
Dos años transcurrieron en lenta adaptación del intruso al ambiente.
Una noche de invierno, tres forasteros altos y sombríos llegaron en una chalana angosta y marinera.
Después de unos minutos de conversación en voz baja con el manco, partieron en silencio.
Apagaron el motor media legua arriba del Boquerón y bajaron costeando, con los remos.
Hicieron a pie el ultimo trecho que los separaba del rancho de quien seria, en las noticias de los días siguientes, Eusebio Olinda, “ o Maragato”.
Dos de ellos eran fornidos y serenos. Vestían ponchos abultados y destilaban orgullo y rencor.
El tercero, delgado y fibroso era más elástico en el andar y tenía una permanente sonrisa de algo enfermo. Llevaba una damajuana en las manos y un fusil al hombro. El bien y el mal le parecían del mismo color.
La india los “venteó” y despertó a Moncholo asustada.
Ladró el perro overo que tenían y a dos detonaciones secas siguió un aullido corto y agudo.
Eusebio se levantó de un salto y supo que iba a morir.
Una voz de odio lo llamó para siempre con eco de muerte.
Recordó Moncholo aquella noche de su desgracia, del inesperado duelo, del alcohol . Los facones en las manos los circulos de pasos alertas y cuidadosos, los amagos y de pronto, su entrada firme… y como un sueño… aquel cuchillo entrando en el vientre del “ doutor Silveira”
Afuera, ahora, eran dos las voces y gritaban insultos y desafíos roncos en portugués.
Moncholo (como sería recordado en las islas) sintió que se soltaba dentro de él un duro resorte preso durante años. (Desde la fuga, el merodeo con los tobas, los escondites en las tres fronteras y el día que decidió esperar la carne de su destino en Boquerón Biguá).
La india que, (como noticié en “El Observador” de Corrientes) no tenía nombre, ya se había desnudado el miedo y sostenía con fuerza la carabina de caza.
Su mirada feroz libertó al hombre bruscamente.
Moncholo descolgó el Remington y abrió de un culatazo la ventana hacia las voces. Los primeros disparos fueron a ciegas y los siguió un silencio atropellado por sus latidos desbocados.
Una pequeña explosión y un crepitar le dijeron que el rancho ardía. Esa muerte era la ultima que elegiría.
Un movimiento lo llamó y muy cerca, una silueta descarnada se destacó contra la selva iluminada.
Su instinto afilado fue puntería, decisión y muerte en una sola vez, y apagó la sonrisa enferma del capanga “Severino”.
Dos descargas cerradas respondieron y un golpe fuerte le arrancó una oreja. Se agachó sintiendo un calor pegajoso en la cara.
Fue allí, a la luz temblante de las llamaradas, que vio dos fríos ojos de tigre levantarse calmamente,  una fina mano  entonces… abrir la puerta , y salir flotando, en su poncho, aferrada a la carabina.
Los tiros vinieron cruzados de dos lugares diferentes, y ella  al caer, apretó los 2 gatillos en la dirección de uno.
La india rodó en silencio y un hermano explotó un alarido ya sin cara.
Eusebio, nervio y ojo, detonó el resto de su cargador hacia el otro. Movimientos bruscos parecieron indicar el resultado.
Parte del techo ya caía y el humo lo sofocaba. No esperó más.
Corrió hasta el muelle, empujó con fuerza la lancha y se tiró adentro.
Casi enseguida, un motor hirió la noche y comenzó a alejarse. “O Maragato” reiniciaba su eterna fuga.
El rancho era ya una hoguera.
Bajo luz de estrellas y fuego, reclinada en la tierra, como siempre silenciosa … una india sin nombre … ya esperaba sus dioses.

Ricardo desde Brasil

Confesiones superpuestas por Ricardo desde Brasil

Son en realidad dos confesiones superpuestas…una de un momento burgués en el que pretendí ganar dinero fácil en una máquina da caza – dólares en Las Vegas…y la otra recordando amores sinceros del pasado.

Una vez ,  en un casino de  Las Vegas , pagué la entrada  y entré  en una cabina ,
donde al cerrar la puerta , se producía una fuerte corriente de aire ,
y comenzaban a volar ,
billetes de dólar , de diferentes valores.
Los billetes volaban a mí alrededor, giraban… y también subían y bajaban.
Daba la impresión de ser fácil capturar algunos, mas en realidad no lo era…
y yo daba manotazos en el aire,
intentando alcanzar  ese avergonzante sueño burgués, oportunista  y hedónico,
de querer ” enricar ” sin trabajo.
Después de uno o dos minutos, el aire paraba de circular,
los billetes caían a un subsuelo y la puerta se abría.
Después que salí, me encontré confuso e irritado…me sentía innoble,
avaro,  ganancioso, y tristemente burlado por los ingenieros inventores de esta trampa.
Recuperé a duras penas jirones de dignidad y me dirigí a mi cuarto de hotel
para reflexionar sobre lo ocurrido.
Pensé en la Vida, en las oportunidades, en las ilusiones desmedidas,
en los recuerdos juveniles donde el Tiempo era un barril lleno de agua fresca,
en los besos perdidos e irrecuperables.
Entré en un estado melancólico que me dio como premio consuelo…
el poema que aquí les muestro.

TUNEL DE VIENTO

En el túnel de viento de la Vida
podremos encontrar  perdido…

algún sombrero ;
o una chica – taxi que nos lleve

solo porque está sin pasajero…

pero eso de ir contando corazones
como si fueran medallas o trofeos

no me gusta …

Yo  desearía …ser como  leones :
salvaje , retador, noble y sincero
Hubo  muchas… jóvenes amores…

que se acercaron  cual  flores de deseo

algunas  , tristonas y serenas …

otras , saltarinas y coquetas

las hubo alegres , -  corazón sincero -

y aquellas solicitas y  buenas
que  nunca  capturé usando el anzuelo.

El tiempo que es maligno

obró sus artes,

y  algunos rostros
ya se derritieron ;

mas hubo  tres , que me marcaron ,

la piel ardiente
con caliente fierro…
me dejaron la inicial de cada  nombre…

que fue  un rojo manantial

como recuerdo

y a una de ellas,
la llevo para siempre…

solo aparece
cuando llueve …
o cuando sube

la redonda luna ,

sobre la fuga

de mi río desierto …
También cuando dormido
evoco y sueño ,
o cuando rezo…
que ella vuelva ,

como pido…

- hecha toda de cristal y de silencio…-

Así viene , cuando llega …

- mariposa

de pasado y ensueño -
y me besa la boca , cariñosa …

delicada, me besa,
mientras rezo.

Ricardo

Carilda Oliver, poeta cubana.

De la serie Qué se lee en la Madriguera por Ricardo desde Brasil

“Creo que debemos ver a Carilda …como una dádiva generosa de la Naturaleza.
Tiene que ver con la explosión de un volcán en cuya ladera al mismo tiempo…desabrocha una flor.

Estudia y llega a profesora, Bellas Artes , pintura y escultura; mas es con su poesía que gana fama internacional.
Vastamente laureada, marcó huella profunda  por la sinceridad y la calidez con que exponía sus temas amorosos sin esquivar la sensualidad caribeña a la que sabe dar dimensión oceánica.

Sus textos son como ramas cargadas que al sabor del viento …desparraman sublimación lírica de flores o frutos de profundo erotismo caribeño .

Su espíritu transgresor escandalizó la época, por la elaboración de explosiones intimistas que se elevaban en giros libertarios.

Fue imposible que no fuera una figura sobresaliente en la poesía latinoamericana.

Protagonista de una vida intensa, que supo retratar  sin pre-juicios ni temores en su fina literatura…nos dejó  la imagen de una naturaleza sensitiva y sensual, personal y única…que nos saluda sonriente  mientras nada graciosamente por el Mar de las Antillas .

Carilda Oliver

Carilda Oliver

“¿A quién le doy tantas caricias que sobraron,

aquellas que olvidé ponerte sobre el pecho?”

Reseña biográfica

Poeta cubana nacida en Matanzas en 1924.
Estudió Derecho en la Universidad de La Habana ejerciendo la profesión en su ciudad natal, donde además
dictó cursos de dibujo, pintura y escultura.
Es una de las más sobresalientes poetisas de hispanoamérica, ganadora de importantes premios literarios: 
Premio Nacional de Poesía
en 1950, Primer Premio y Flor natural en el Certamen Nacional, ganadora delCertamen
Hispanoamericano
organizado por el Ateneo Americano de Washington para conmemorar el tricentenario del
nacimiento de Sor Juana Inés de la Cruz, Premio Nacional de Literatura en 1997 y Premio Internacional José de
Vasconcelos
en el año 2002.
Entre sus obras se destacan: «Al sur de mi garganta» en 1949,  «Memoria de la fiebre» en 1958, «Versos de amor»
en 1963, «La ceiba me dijo tú» en 1979,  «Desaparece el polvo» en 1983, «Calzada de Tirry 81» en 1987, «Se me ha
perdido un hombre» en 1993 y «Libreta de la recién casada» en 1998. ©

Adiós

Adiós, locura de mis treinta años,
besado en julio bajo la luna llena
al tiempo de la herida y la azucena.
Adiós, mi venda de taparme daños.

Adiós, mi excusa, mi desorden bello,
mi alarma tierna, mi ignorante fruta:
estrella transitoria que se enluta,
esperanza de todo por mi cuello.

Adiós, muchacho de la cita corta;
adiós, pequeña ayuda de mi aorta,
tristísimo juguete violentado.

Adiós, verde placer, falso delito;
adiós, sin una queja, sin un grito.
Adiós, mi sueño nunca abandonado.

Carilda

Traigo el cabello rubio; de noche se me riza.
Beso la sed del agua, pinto el temblor del loto.
Guardo una cinta inútil y un abanico roto.
Encuentro ángeles sucios saliendo en la ceniza.

Cualquier música sube de pronto a mi garganta.
Soy casi una burguesa con un poco de suerte:
mirando para arriba el sol se me convierte
en una luz redonda y celestial que canta…

Uso la frente recta, color de leche pura,
y una esperanza grande, y un lápiz que me dura;
y tengo un novio triste, lejano como el mar.

En esta casa hay flores, y pájaros, y huevos,
y hasta una enciclopedia y dos vestidos nuevos;
y sin embargo, a veces… ¡qué ganas de llorar!

Me desordeno, amor, me desordeno…

Me desordeno, amor, me desordeno
cuando voy en tu boca, demorada;
y casi sin por qué, casi por nada,
te toco con la punta de mi seno.

Te toco con la punta de mi seno
y con mi soledad desamparada;
y acaso sin estar enamorada;
me desordeno, amor, me desordeno.

Y mi suerte de fruta respetada
arde en tu mano lúbrica y turbada
como una mal promesa de veneno;

y aunque quiero besarte arrodillada,
cuando voy en tu boca, demorada,
me desordeno, amor, me desordeno.

_____________

Muchacho Muchacho loco: cuando me miras
solemnemente de arriba abajo
siento que arrancas tiras y tiras
de mi refajo.

Muchacho cuerdo: cuando me tocas
como al descuido la mano, a veces,
siento que creces
y que en la carne te sobran bocas.

Y yo: tan seria, tan formalita,
tan buena joven, tan señorita,
para ocultarte también mi sed

te hablo de libros que no leemos,
de cosas tristes, del mar con remos;
te digo, usted…