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El almohadón de plumas (según Marcela Segal)

 

 

Llovía, el pueblo estaba a oscuras. Philip Marlowe bajó del autobús con una pequeña maleta de viaje. En la terminal pudo ver el pequeño cobertor, la luz cetrina y un Sr. Jordan empequeñecido bajo un enorme paraguas negro. Lo había imaginado más viejo de lo que se veía.
- Buenas noches, Sr. Jordan, supongo…-
- Buenas… Sr. Marlowe…- le ofreció la mano derecha húmeda, el detective aprensivo aceptó el saludo. El Sr. Jordán siguió : -Vamos a esperar a mi peón con la chata, para llegar a mi casa.
- Ok- dijo en un seco acento yanki.
Permanecieron callados hasta que llegó la chata. Primero subió Jordán, luego Marlowe. El vehículo era pequeño para el tamaño del detective, quien tuvo que sacarse el sombrero para entrar.
Llegaron a la enorme mansión en el momento que la tormenta era más intensa. Del hall de la casa salió la empleada con otro enorme paraguas. Marlowe abrió la puerta y la muchacha lo ayudó a protegerse de la lluvia. Entraron.
El silencio parecía hecho de cuchillos afilados. A pesar del clima tropical la casa estaba helada.
- Sr. Jordan, la cena estará lista en un momento…
- Dejá nomás. Primero llevá al Sr. a su habitación.
-”escuismi”, dijo la mujer en un malísimo inglés.
- Puedo hablar en español, Sra.
- Bien, sígame entonces.
Subieron una estrecha escalera que estaba al final del pasillo.
- Esta es la habitación de huéspedes.
Entraron. El cuarto era pequeño, pulcro, Había una cama en el centro y al lado izquierdo frente a la puerta, un armario.
- Deje la maleta aquí. Abrió una puerta pequeña con un baño bastante pulcro y lujoso. – Tiene agua caliente del grifo… Si quiere le preparo la bañera.
- No, thank you. Prefiero ducharme luego de cenar.
- Ok, contestó la muchacha, para demostrar que había aprendido inglés. – Debe disculparnos, pero aquí no usamos almohadas…
- Estoy acostumbrado. Yo tampoco las uso, me resultan incómodas.
La mucama sonrió un poco turbada, ¿le habría contado el patrón lo sucedido? Por supuesto no trató de averiguarlo.
- En una hora estará lista la cena, si quiere descansar un poco…
- Sí, gracias,
- Okis, ta’ luego…
Philip se acostó vestido, sólo se sacó el piloto y los zapatos.
Toc. Toc. Un golpe interrumpió sus sueños.
- Sr. Marlowe!- Era Jordan.
- Sí, ya voy…se incorporó…
- Si no le importa…. se ha cortado la luz… lo espero con una candela…- dijo detrás de la puerta. Marlowe se levantó rápidamente y se calzó.
Bajaron juntos por la estrecha escalera. En el comedor todo se veía más lujoso y reluciente a la luz del candelabro. La cena fue suculenta, carne de ternera horneada con papas y sopa de vegetales. La charla fue simple, acerca del clima y la comida que estaba buena.
Luego fueron a la biblioteca. El Sr. Jordan sirvió bourbon y prendió un puro, Marlowe prefirió sus propios cigarros. Se sentaron al lado del fuego, en sillones de estilo, un poco duros. Eran de cuero crudo.
- ¿Durmió algo?
- Sí, un poco, fue un viaje largo.
- Disculpe las incomodidades, pero verá, aquí no usamos más que cuero para los muebles…
- Ok, sí, me resultó bastante extraño, pero el sueño fue confortable. Ni siquiera lo noté.
- Verá, lo interrumpió Jordán, desde la muerte de mi esposa quemamos todos los colchones, almohadones y sillones rellenos…no sé cómo empezar…pero las circunstancias de la muerte de mi esposa…
- Leí sobre el caso en una revista científica, esos parásitos no son muy comunes, en mi país no hay selvas tropicales…
- Es verdad, sospecho que debería haber contratado a un biólogo o algo así…
- Escuche Sr. Jordan, estuve leyendo mucho sobre el tema… hubo un caso en Brasil y otro en Malasia. Esos parásitos no son frecuentes más que en ciertas aves tropicales, que de ningún modo pueden domesticarse.
- Lo sé, por eso tengo la sospecha que fue “plantado” en el almohadón de mi esposa.
- ¿Ud. tiene muchos enemigos?
- No, que yo sepa. Si existe alguien que quiere hacerme daño no lo conozco aún.
- Ud se sorprendería de los enemigos ocultos que tiene la gente. A veces la propia familia… O la familia de su esposa..
- No lo creo, interrumpió Jordan. – Alicia no tenía parientes cercanos.
- Vamos a tener que investigar por su familia entonces.
- Yo soy único hijo y mis padres murieron hace años, en realidad no tengo ningún pariente cercano, esta finca era para mi retiro, vendí los sembrados de tabaco a mis empleados y con esa renta tengo suficiente para pagar a mi personal de servicio  y vivir humildemente…
- En cuanto a mis honorarios…interrumpió Marlowe, no se preocupe. Si cuento con casa y comida, voy a reducir el costo de la investigación.  Me resulta interesante.  Suelo investigar personas, no parásitos…
- Muchas gracias, en verdad necesito saber cómo fue a parar a mi casa ese espécimen.
- Sí, ¿tiene Ud el cuerpo de su esposa aún en la morgue?
- No, no. Fue incinerado. Los patólogos recomendaron cremarlo.
- Bien, un problema más. ¿tiene al menos los restos del parásito?
- Creo que está en Paraná. Fue enviado al Instituto de Investigación Biológica, luego que mi peón lo atrapara.
- Ok, me va a tener que dar un dinero extra y un boleto a esa ciudad, no necesita acompañarme.  Mañana viajo para allá.
- Va a tener que esperar hasta el lunes.
- Ok, entonces comenzaré mis investigaciones por aquí.

 

Cap. II

A la mañana siguiente, Marlowe decidió investigar al Sr. Jordan. Fue a la tabacalera y al Municipio, que estaba abierto los sábados, se presentó como turista interesado en comprar la mansión. En ambos sitios le dieron muy buenas referencias del Sr. Jordán, no así de su fallecida esposa, a quien consideraban una advenediza, porque era mucho más joven y no era oriunda del pueblo.
Estuvo cavilando cierto rato, en la taberna, cuando vio a la mucama entrar, – ¡Sr. Marlowe! ¡Sr. Marlowe! ¡Venga pronto! ¡Mi patrón se muere!
- ¿qué sucede? preguntó el tabernero.
- No sé, le dió una apoplegía. Está sentado en el sillón de la biblioteca, con la mirada perdida, los ojos muy abiertos, no sé si aún respira… gimió la muchacha, hablando en dirección a Marlowe.
- Venga, vamos! no se puede demorar más, el detective se levantó y tomó a la mujer del brazo, miró al tabernero:
- Le recomiendo que envíe al médico…
Salieron en la chata, llegaron lo más pronto posible. El Sr. Jordan apenas respiraba, señalaba por la ventana, y no podía hablar.
Al rato llegó el médico, le dio un calmante y recomendó que lo llevaran a su habitación. El Sr. Jordan gritaba:- ¡No! ¡No!  ¡No!.-
Decidieron preparar una cama en el comedor. Se negaba a entrar a su cuarto y por supuesto no quería permanecer en la biblioteca. Contrataron una enfermera que lo cuidaría por las noches.

El Sr. Marlowe viajó a Posadas. Mucho no pudo averiguar. Observó los resultados de los patólogos. Era más que claro, un parásito del trópico, muy raro. Su desarrollo desproporcionado fue debido a que se alimentara de sangre humana.
Cuando Marlowe regresó a la finca el Sr. Jordan agonizaba. Sólo pudo murmurar el nombre de Alicia y dio el último suspiro. El detective decidió quedarse una semana, hasta que llegara el administrador de Buenos Aires, quien debía pagarle los honorarios.
Los días siguientes fueron las excequias del Sr. Jordán y el llanto de la mucama y el peón quienes se quedarían sin trabajo. Nadie sabía el destino de la finca hasta que llegara el administrador con el testamento.
La tarde siguiente Philip Marlowe recorrió el pueblo, en busca de datos para afirmar sus conjeturas. Se detuvo en la taberna para beber un whisky, el cielo se preparaba para otra tormenta, así que el tabernero le prestó su enorme paraguas. El clima tropical le horadaba los huesos, no estaba acostumbrado a tanto calor y humedad.
Llegó a la Mansión Jordan luego de una caminata sobre tierra colorada, sus zapatos ya habían cambiado de color, de negros charolados pasaron al rojo de las estaciones ferroviarias de New Orleans o las anchas paredes de las fabricas de Detroit.
Un cadillac negro estaba estacionado en la entrada. Debería ser el administrador. Por fin podría regresar a Los Angeles.
Golpeó educadamente a la puerta, a pesar de tener una llave. Abrió la mucama feliz de seguir cumpliendo con su trabajo. Lo acompañó a la biblioteca y le ofreció café.
- Black, please- dijo Philip
- “escuismi?” – preguntó la muchacha.
- Negro, por favor.
Una cabellera roja asomaba del sillón que daba su espalda a la puerta de entrada. Se acercó con el sombrero en la mano.
- Buenas Tardes – saludó
La señorita giró su cabeza, coronando de rojo unos ojos verdes cristalinos como el río de piedras que había cruzado hacía apenas unos minutos.
- Buenas Tardes, Sr…- su voz le sonó gorgojeante, como las cotorras de la selva, con ese chillido típico que utilizaban los pichones para llamar a su madre…
- …Marlowe, Philip Marlowe, contestó-
- Oh, mucho gusto Sr. Marlowe…- esquivó una presentación, – mi nombres es Alicia… Alicia Jordan.
El detective escondió una sonrisa rica en deducciones y sólo atinó a decir:
- Disculpe, no entiendo…
- Sí, como lo escuchó, soy Alicia.
- Perdón, deber haber un error… insistió él.
- No, Sr. Marlowe, el error, el gran error que ocurrió en esta familia fue mi hermana… Adela.
- Ud quiere decir… ¿la occisa fue su hermana Adela?
- En efecto, muy a mi pesar, tengo pruebas. Vine desde Bs. As. con estas…- señaló un maletín junto a sus torneadas piernas… un maletín cargado de dudas y papeles… – Estoy esperando al escribano que va a testificar todo lo que le he dicho.
- Disculpe Sra., Ud no ha dicho mucho…
- Le vuelvo a repetir, que soy Alicia. Mi hermana, Adela, vino en mi lugar, luego que mi Jordan y yo nos casáramos en Bs.As…
- Entiendo, sí, Ud. le dio el pastel de bodas a su hermana y ella, luego de comérselo, fue devorada por ese parásito plantado en la almohada…
- No sé qué ocurrió aquí, sólo sé que ella se escapó de la clínica el día que fui a visitarla, unos días antes de que planeáramos viajar para aquí. Fueron hechos confusos… Todo lo puedo probar. Ud. verá, éramos gemelas…
-…no tuve el gusto de conocer a la Sra. Jordan, interrumpió Marlowe- pero tengo entendido que era rubia, de cabello largo y lacio… y no muy querida por aquí…
- Entiendo, dijo ella, mientras descubría su blonda cabellera, para decepción de Marlowe. – Esto es una peluca.
- Su cabello parece tan natural…
- Tuve que hacerlo, era evidente mi parecido con ella. Sólo por las huellas digitales pude salir del neurosiquiátrico donde estaba mi hermana…ella escapó con mi identidad.
- Su familia me resulta del todo misteriosa, tuve el agrado de conocer al Sr. Jordan con vida… y él me aseguró que su esposa no tenía parientes cercanos.
- No, no teníamos parientes cercanos…enfatizó, – mis padres murieron cuando eramos pequeñas, nuestra casa se incendió y fuimos a dar a un orfanato…yo fui adoptada enseguida por una buena familia, en cambio Adela…
-…imagino el resto, interrumpió Marlowe,- su hermana no tuvo la misma suerte, fue de hogar en hogar hasta que cumplió la mayoría de edad…
- Sí, enfatizó ella.
-… luego se dedicó a la prostitución y allí conoció al Sr. Jordan, siguió él…
- Parece que averiguó bastante…
- No, lo estoy deduciendo ahora
- Bien, si quiere seguir, dígame Ud, cómo concluye esto…
- Pues bien, seguiré, pero hágame el favor de colocarse la peluca, su cabello rojo me inspira más…
- Como quiera… Adela o Alicia, recuperó su cabellera encendida y Marlowe continuó:
- El Sr. Jordan se enamoró de Adela, pero ella, al verse sorprendida con el pedido de matrimonio decidió cambiar de identidad, para poder entrar a la Iglesia sin ser excomulgada…
-¿Está bromeando Sr. Marlowe?
- Bueno, siga Ud. El detective sonrió al ver sus mejillas rubicundas y una hilera de dientes como perlas que se mordían el labio inferior…
- ¡No! ¡No fue así! está equivocado! Sé que Ud. no bromearía, si supiera la verdad…
- Pues entonces hable, prendió un cigarrillo, obsevándola detenidamente, cada gesto, cada ademán para adivinar sus costumbres de burdel o sociedad…
- Fue Adela a parar a esa Clínica, luego de ir de burdel en burdel… Jordan me amaba a mí!
- ¡Aja! afirmó Marlowe, que ya vio en Adela/ Alicia ciertos quiebres en el relato.
- Ud. no entiende! Recién hoy me entero del final trágico de mi hermana y el de mi esposo!
- Si, claro que entiendo. Afirmó Philip.
- Dígame entonces…
- Es Ud. quien tiene algo que contar…
- Mi hermana se enteró de mi casamiento cuando fui a visitarla…
- Entonces la de buena familia, la de la adopción inmediata fue su hermana.
- ¡No! ¡No! gritó ella, – las cosas son más complicadas de lo que aparentan… Ella se escapó, robó mi identidad, vino aquí… ella murió…
- Disculpe, Sra. estoy aquí sentado en esta biblioteca, escuchándola, y hasta ahora no tengo una historia.
- Vamos a esperar a los funcionarios que vienen de Bs.As. No quiero hablar más con Ud. Todo lo ocurrido me ha hecho bastante mal…
La señora de servicio los llamó a cenar. Atardecía, la lluvia finalizaba adornando con un bello arco iris el horizonte. El silencio y el calor se hacían insoportables.
Luego de cenar en el mas absoluto de los silencios, cada uno fue a sus aposentos.
Unos extraños chirridos y gemidos no dejaron dormir a Marlowe, quien permaneció atento, junto a la puerta, con la Colt en la mano.

Al amanecer bajó al desayunador, luego de afeitarse y cambiarse la camisa. La Srta. Adela brillaba sobre el mantel a cuadros celeste. El aroma a café lo despabiló. La mucama le sirvió un tazón bien negro. Desechó las tostadas.
La pelirroja tenía los ojos hinchados.
- Buenos días Srta… ¿Adela? o ¿Alicia?
- Buenos días Sr. Marlowe, soy Alicia, no insista en confundirnos…
La voz gorgojeante se había transformado en un chirrido seco de paloma herida.
- Supongo que ha dormido bien…- continuó ella.
- Sí, como un lirón, mintió el detective.
El sonido del teléfono interrumpió la charla amena.
- Sí Sr., cómo no, sí, aquí están, ¿quiere hablar con el Sr. Marlowe? Bien, le digo. ¿Y la Srta.? Ya, bien lo esperamos, hasta luego…
La mucama se acercó a ellos sigilosamente y confirmó la llegada del administrador por la tarde. Les preguntó si iban a almorzar.
- No, voy a seguir durmiendo, dijo ella.
- Gracias, debo hacer una diligencia, contestó él mirándola fijamente a los ojos.
Ella sostuvo la mirada hasta que la muchacha salió.
- Supongo que seguirá sus averiguaciones en solitario, pierde su tiempo, toda la historia de mi vida está en mi maleta, el resto de las pruebas las tiene el abogado.
- Yo sólo quiero cobrar mi trabajo. Contestó él duramente.
- Ok, nos vemos en la tarde.
- Hasta luego.

El resto del día el detective hizo varios llamados telefónicos. Fue al correo y recibió los papeles que esperaba. Luego permaneció en la taberna habitual donde pudo comer las chuletas asadas tan exquisitas a las que ya se había acostumbrado. Luego tomó café, mucho café, hasta que terminó de leer la documentación recibida. Al promediar la tarde se dirigió a la Mansión Jordan.
Llegó antes que el administrador. Puso el sobre marrón con membrete de Posadas sobre el escritorio de la biblioteca. Se sirvió un bourbon. La casa parecía vacía. Esperó.
Sonó el teléfono, como nadie atendía, se levantó. Era el peón de la finca, habían llevado a la Srta Adela al Hospital. La mucama permanecería con ella. Una crisis de nervios.
Recibió la paga del administrador esa noche. Prefirió irse antes de la lectura del testamento. Quería recordarla como esa mañana, radiante y rabiosa, toda la furia y la locura agazapadas detrás de sus ojos verdes.

Sentado en el avión, bebiendo bourbon, decidió deshacerse de la documentación.
Cuando llegó a su departamento en Los Angeles, recibió el telegrama desde Posadas.
La Mansión Jordan había sido fatalmente destruída por un incendio. No quedó ningún rastro de Adela. El peón y la mucama se habían marchado temprano aquella mañana y cuando regresaron vieron las llamas, no pudieron salvarla, sólo escucharon impotentes los gorgojeos y chirridos que no parecían humanos. Y una sombra, una poderosa sombra humeante quedó durante varias semanas en el lugar.

 

El almohadón de plumas (según Adrián Granatto)

Gracias a Clarín Blogs NOVEDADES!!!! por el apoyo y la difusión!!!!!

 IMiedo.
El miedo no tiene una cualidad específica, no todos tememos a las mismas cosas. Y, sobre todo, a veces tampoco es coherente.
Algunos miedos son tan potentes que se convierten en fobias. Fobia a la altura, a los insectos, a los lugares abiertos, a los lugares cerrados, al agua, al sol, a la oscuridad…
Y otros son tan tontamente absurdos como el mío.
Le tengo un pánico absoluto a los almohadones de plumas.

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