Posts etiquetados como ‘lauris’

Desde ahora espero el día de mañana (Inspirado en una obra de Gloria Llópiz)

Mujer-en-Piezas de Gloria Llópiz

Cada vez que cruzo por su casa veo que me mira tras la ventana. Como poseída por un halo de misterio recorre el camino que va desde que piso su vereda hasta que paso para la casa de al lado. Cada día desde hace 17 años la veo allí.
Pensé que quizás esté postrada en una silla y la ventana sea el único contacto con la realidad,  la pensé autista.

Llegué a imaginar mil cosas.  Que lleva veinte años enamorada de mí. Que el momento más feliz del día es ese en el que me ve llegar.  La imaginé madre que espera a sus hijos o la chusma del barrio.

Jamás la vi en la calle, siempre ahí… su melena rubia que se ve tras los cristales, siempre suelta, a veces con flores en la cabeza, brillante.

¿Será que se enamoró de mi?

Un dia  vas a venir a verme… hoy me di cuenta cuando me miraste.

Marco cruces en el almanaque esperando ilusionada el día en que te vea tocar el timbre de mi casa.

Te esperare desnuda, en la ventana, llevaré flores en el pelo.

Tu no podrás verme, tendrás los ojos llenos de lágrimas. Pasaras por mi puerta, me abrazaras, te quitare la ropa y casi sin palabras terminaremos en la cama.

Solo diré que te amo, como vengo diciendo desde ya 17 años. Tu no sabrás que responder porque cuando te emocionas , seguro, que no te salen las palabras.

Jugaras con mi pelo, jugaré con tu espalda y me abrazaré a tu figura desnuda para calentar este invierno frio de Buenos Aires.

A veces siento ganas de tocar esa puerta…

A veces siento ganas de esperarlo en la vereda y hablarle…

Pero que decir… hace años que te veo…

Pero que decir… hace años que te amo…

Es una locura…

Es una locura…

Seguiré viéndola  cuando cruce por su ventana…

Seguiré viéndolo pasar por aquí…

Desde ahora espero el día de mañana

Emma Zunz (según Lauris)

Ocho  personas cargarían el ataúd lustrado y de madera oscura.

Entre los llantos ahogados de las mujeres de la fábrica se perdía el comentario de los hombres. No puede ser, no puede ser repetían. Y no hablaban de la muerte, ya no importaba. No podían creer que el viejo Loewenthal  hubiera querido abusar justamente de Emma Zunz.

Cuando sonaron las tres campanadas de la iglesia, el sacerdote salió rumbo a la fábrica con tres monaguillos. Al llegar cubrieron el ataúd con una sábana blanca y ordenaron a los hombres que lo cargaran hasta la casa de Dios. Cuatro de cada lado y a pasos lentos, el cortejo acompañó el cuerpo hasta la iglesia. El párroco, quien había sido confesor de Loewenthal llevó a cabo una emotiva misa que entendió solo él porque se daba en latín.

Requiem æternam dona eis, Domine, et lux perpetua luceat eis. Te decet hymnus Deus, in Sion, et tibi reddetur votum in Ierusalem. Exaudi orationem meam; ad te omnis caro veniet. Requiem aeternam dona eis, Domine, et lux perpetua luceat eis. ” - exclamó y las mujeres volvieron a llorar. Era hora de llevar el cuerpo al cementerio.

Una procesión recorrió el camino hasta su último descanso. Las miradas de los vecinos acompañaban el féretro con atención. No era una muerte más, era un asesinato. No todo los días podían ver pasar por las puerta de sus casas el cadáver de un hombre que había abusado de una pobre mujer. No todos los días veían pasar el cuerpo de la venganza.

Al entierro asistieron sus amistades más íntimas. No se permitió el ingreso de las operarias de la fábrica que aprovecharon para descansar y dar cada una la versión que suponían de los hechos. El luto duraba dos días. Nadie sabía nada de Emma Zunz, algunos pocos pudieron verla salir de la oficina, envuelta en una frazada gris, acompañada de dos oficiales de la departamental. Nadie sabía que iba a ser de ella. A la fábrica seguramente no volvería. Se apiadaban de la pobre chica y la nueva vida que le tocaba vivir. Con la doble deshonra de la violación y la muerte.

Cuando el sacerdote volvió iglesia lo estaba esperando un inspector de la policía. Necesitaba hablar a solas con el religioso. El padre supo en ese momento que la visita no era una mera confesión. El inspector necesitaba información de Loewenthal. Información que solo poseía el confesor.

-          ¿Usted sabe si entre  Loewnthal y Zunz había alguna relación? - fue la primera pregunta.

-          No que yo sepa- respondió el cura.

-          Padre, necesito saber si Emma Zunz, tenía algún otro motivo para matarlo. ¿Alguna vez él se la nombró?

-          No puedo decirle nada, no se nada.

-          Piense padre, recuerde… Si el nombre de Emma Zunz le dice algo.

Y el sacerdote se quedó pensando, Emma Zunz no le decía nada.

El día había sido muy largo, el hombre empezó a rodar en su cama y el nombre en su cabeza… Zunz, Zunz, Emma Zunz, Emma Zunz, Emma, Emma, Emanuel… Emanuel Zunz.

Y recordó la confesión de hace muchos años. El viejo Aaron Loewentalh era gerente de la fábrica cuando hubo una estafa al cajero, un  estafa llevada a cabo por Emanuel Zunz. El hombre había huido del país. Recordó una tarde de las tantas de confesión que él le había contado, que Zunz había sido el chivo expiatorio de una operación de miles de pesos y que el pobre hombre lo había perdido todo.

Mientras se preparaba una taza de té contra el insomnio, recordó nuevamente los hechos. Loewentalh le había relatado a la perfección el plan. Como lo habían armado, como lo habían ejecutado y como habían logrado que Zunz quedará con demasiadas pruebas en su contra. Recordaba que el difunto había solicitado el perdón divino, que había mostrado un arrepentimiento que a sus ojos nunca existió. Será acaso, su muerte un castigo, pensó por un momento. O un hombre que fue capaz de terminar con el buen nombre y honor de una persona, no podría también abusar de la hija.

Siempre creyó que había en el viejo un morbo especial. Nunca fue de fiar. Si bien las contribuciones a la iglesia eran cuantiosas, no había una verdadera caridad, era el pago por lo que el llamaba  “mi pacto con el señor”.

No le quedaban dudas de que él hubiera sido capaz de abusar de la chica Zunz.

Más de una vez calló por hombres deshonestos, era hora de callar por lo que sintió una causa justa.

El Padre Nicanor Soldelver jamás mencionó la confesión que había escuchado. Y trató de olvidar para siempre el nombre de Emma Zunz.

Confesionario

No conviene meterse con él

El pozo era de más de un metro de diámetro, las raíces llegaban a un metro y medio por encima de la superficie, y la copa estaba sumergida totalmente en el agua. El lago estaba calmo. Calmo como nunca. Y el sol se reflejaba. Era como ver una película yanqui, con esos paisajes de ensueño donde la parejita se escapa para vivir su historia de amor que seguramente terminará mal. Era exactamente la idea que se me paso por la cabeza mientras miraba la escena.

Él debería tener unos 26 y ella unos 22. Notaba que estaban enamorados. Se sacaban  fotos que más tarde subirían a facebook, como hacen todos los chicos ahora. Sentí algo de envidia al verlos. Recordé mis fotos del año pasado y me hice a la idea de que sola estaba mejor. Pero volvamos a ellos. Él me parecía medio pavote, se subía a las raíces del árbol caído y jugaba allí, mientras ella le gritaba que se bajara. Era evidente que lo hacía para impresionarla, pero a diferencia de ello la ponía cada vez más nerviosa.

Ella había preparado un pic nic, sobre las piedras había desplegado una manta y colocado comida. Tenía una botella de vino tinto sin abrir, algunas frutas, y un pequeño reproductor de música. Era el preludio de una tarde romántica.

Luego todo sucedió muy rápido.

A lo lejos divisé la figura y quise gritarles, pero la imagen me paralizó. Era cierto entonces, en el lago existía.  Corrí a buscar mi cámara, que no sé porque había quedado en el auto (los que me conocen saben que jamás salgo sin ella) y comencé a fotografiarla. Tenía un lomo con tres protuberancias, que se sumergía y salía con un ritmo de 15 segundos entre uno y otro. El cuello no se veía pero la cabeza de tamaño menor que una pelota número cinco salía a la superficie a unos 80 cm después del resto de cuerpo. Los chicos no lo notaron, pero si la gente que se encontraba del otro lado del lago. Al igual que yo, corrieron tras sus cámaras.

El animal era algo así como una especie de dinosaurio como los que se ven en Jurassic Park, los de cuello alto, esos de la escena en que el doctor llega a la isla y va en el auto con la novia y de fondo se escucha la musiquita que caracteriza a la película. Mil veces escuché que aparecía los días en que el lago estaba manso, pero jamás creí que eran ciertas esas historias, más bien supuse que eran cuentos para asustar niños o atraer turistas.

El chico seguía jugando sobre el tronco cuando ella vio lo que los demás veíamos, y le pidió que se baje, lejos de hacerlo, él se acercó lo más que pudo al agua, caminando por ese árbol semi sumergido. Llevaba en su mano un celular y comenzó a filmar al animal.

Sé que podrán no creerme, pero pareció haberle molestado la filmación, porque a los pocos segundos desapareció. Todos quedamos atónitos y emocionados. Lo habíamos visto y era verdad. Él chico más que nosotros, él tenía una prueba irrefutable. Su novia se reía desde la superficie. Y lo llamaba tirándole besos.

Ahí fue cuando se desencadenó la tragedia, un golpe sobre el tronco lo hizo trastabillar, cayó al agua y se enredó entre las hojas de la copa sumergida, aun tenía medio cuerpo sobre la superficie. Gritaba, desde la distancia trate de entender que decía, supuse que le pedía a ella que lo ayudara porque con miedo intentó subir. Ya cuando se encontraba cerca de él, le tendió la mano para intentar sacarlo y no pudo. Ahí comenzaron a desesperarse y ambos empezaron a pedir ayuda. Un nuevo golpe al tronco se sintió y ahora fue ella la que cayó.

Varios de los que estábamos allí no acercamos corriendo, era imposible que los chicos salgan solos del lago, que además está siempre muy frío en primavera por el deshielo. Si no los sacábamos en ese momento iban a morir de hipotermia. Cuando llegamos nos sorprendimos con un espectáculo desolador, ella no estaba allí, solo se encontraba el cuerpo desmembrado de él.  Mezclado entre las ramas sumergidas del árbol fragmentos de sus brazos y piernas, la cabeza, incrustada en uno de los nudos del tronco, con una expresión de horror en sus ojos abiertos, el torso rasgado  y  manchas de sangre que se perdían en el agua.

Gritamos y lloramos. Sentimos terror, salimos rápido de la zona y esperamos la llegada del personal del Parques Nacionales

Nunca se encontró el cuerpo de ella, en los medios se dijo que fue un accidente trágico. Que se ahogaron. No nos permitieron hablar del espantoso estado en que estaba el chico. Quisieron hacernos creer que eran puras fantasías. Pero nosotros sabemos que pasó aquella tarde allí.  Nosotros vimos los golpes por los movimientos del tronco, los vimos caer y desaparecer, vimos el cuerpo destrozado del muchacho, la sangre y nunca encontramos a ella.

Desde ese día creo más que nunca que existe, y que no conviene meterse con él.

nahuelito

Nahuelito (1)

* Los lugareños aseguran que no es una leyenda. Este verano una decena de personas relataron haberlo visto. Siempre con el mismo argumento, el lago calmo, se ve el lomo y a la distancia la cabeza. Yo quiero creer que existe.

Aquella Navidad: Capítulo 1 por Lauris

Ana llegó apurada de la calle, dejó sobre la mesa su bolso de Prüne y se sentó con un montón de papeles que traía bien acomodados en una carpeta. Concentrada en su próximo trabajo, ni se percato de que en la casa ya estaba su marido.

-Hola. No te escuche llegar – dijo Quique.

-Hola, amor. No sabía que estabas en casa.

Se levantó de la silla y se acercó a saludarlo. Quique la miró y la abrazó, pero rápidamente Ana se soltó y volvió  a la mesa.

-¿Querés un café, Ana? – preguntó, pero ella no le respondió-. Anaaaa- le dijo más fuerte.

-Eh… -respondió ella distraída.

-Te digo, que si querés un café.

-No, no- dijo mientras negaba con la cabeza.

-¿En dónde andas vos ahora?

-Estaba pensando. Voy a hacer un pesebre viviente.

-¿Qué? – preguntó Quique, sin comprender de qué estaba hablando su mujer.

-Sí. Al intendente se le ocurrió la idea de hacer un pesebre viviente para esta navidad. Lo quiere en el hall de la Muni y me pareció piola. El veinticuatro de diciembre a la mañana, antes de que nos den el asueto administrativo, vamos a armarlo. Ya estuve hablando con todos y están bastante entusiasmados.

- Sí. Esos vagos se enganchan en cualquier cosa que no sea laburar.

- ¡Que malo! Ya apalabré a algunos. Roque, el de Recursos Humanos, para el papel de José; Luis, de tesorería, como Melchor; Pogani, el de mantenimiento, quiere ser Gaspar; y Beto, el de la oficina de hacienda, va a interpretarme a Baltazar. Las chicas de mesa de entrada…

-¿Las chicas? Si la más joven ayudó en el parto de María, dejáte de joder.

- Que guacho que sos. Te decía: que las chicas de mesa de entrada van a ayudar con el vestuario y las de Educación Municipal dijeron de hacer la escenografía.

- Y de María vas a hacer vos, me imagino.

-¡Ja, ja, ja!  ¡No!

- Vamos… A mí no, Becerra; a mí, no.

-Bah, no sé. Ellos me decían que lo haga yo, pero no sé, como tengo que organizar… ¿Y a vos te parece que la secretaria del intendente haga de María?

- Si el tesorero hace del Mago de Oz, ¿por qué vos no vas a hacer de María?

- Del Rey Mago, Quique.

-Bueno, la misma mierda.  Aparte, a mí no me engañás, chiquita. Te morís de ganas de hacer de María.

– Tarado…- se ríen-. Bueno; sí, me gusta. Ahora sólo me falta el niño.

-Tendrías que ver quién tuvo un hijo hace poco, o sinó te comprás un bebote y listo- dijo Quique, desperezándose-. Bueno, te dejo con tu pesebre y me voy a ver tele a la cama. No tardes que me duermo. ¿Ya comiste, no? – pregunta mientras la besa.

– Sí. Cenamos después de la reunión. Andá, que  me lavo los dientes y voy.

Ana  dejo los papeles sobre la mesa y se dirigió al baño, pensando en que necesitaba un bebé para su pesebre, pensando en ese bebé, en que bebé… en un bebé pequeño .

Se paró frente al espejo,  para cepillar sus dientes y ponerse crema en la cara. Abrió el botiquín y sacó una de las tantas que usa para las arrugas, una de las tantas  (de + de 30) en las que gasta plata para que no se note el paso del tiempo.

Mientras  retocaba el contorno de sus ojos, se miró y descubrió  algo: descubrió que era eso que le faltaba. Se puso el pijama y se fue a la cama, más seria que de costumbre.

-¿Qué pasa? ¿Seguís pensando en tu pesebre?

-No, Quique. Estoy pensando que me falta un niño.  A mí me falta un niño, a nosotros nos falta un niño.  ¿No creés que ya sea hora de que tengamos un hijo?

Quique la miró desconcertado. Un hijo no estaba en sus planes. Ni hoy ni en los próximos años.

Justo se les ocurrió un pesebre, pensó. Y no supo que contestar.

P1030897

El almohadón de plumas (según Lauris)

Gracias a Clarín Blogs NOVEDADES!!!! por el apoyo y la difusión!!!!!


La ciudad amaneció con una pestilencia poco habitual. Los vecinos salían de sus casas sin comprender lo que sucedía. Las calles eran un reguero de sangre coagulada y moscas rondando ese festín.

Quién podría haber hecho eso, justo en la madrugada del día de noche buena.

Los ojos incrédulos de las mujeres, sus absurdas conjeturas, sus miedos.

Fue venganza, pensaban, o la escena de un ritual satánico. Ninguna hubiera jamás adivinado.

Algo había que hacer, no podían dejarse tirados ahí en la calle todos los cuerpos, al fin y al cabo estaban a horas de la navidad.

Una a una cada familia recogió el que estaba tirado en su vereda.

Algunos los cocinaron al horno, otros asados, o con papas en estofado. Los cientos de pollos sacrificados la noche anterior fueron el plato principal de la noche buena.

En casa hogar se celebró a pesar de haber perdido sus animales.

La casa de Jordán estaba vacía, el sollozo de ese hombre se mezclaba con los sonidos de la festividad.

El cuchillo ensangrentado descansaba sobre la mesa.

Ningún parásito más, de ningún ave más, va a matarla…

Jordán durmió tranquilo por primera vez desde el día en que Alicia murió.

.

*Pluma de gallina. Debe ser seleccionada para que no haya canutos largos. Un almohadón relleno con estas plumas es muy pesado y queda chato con el uso, por eso es necesario mezclarla con un 30 % de copos de poliéster. Este es el relleno más convencional. ¡Cuidado! Siempre debe tener funda de tela de avión para que no se escapen las plumas por las fibras del género.

*Imagén