Posts etiquetados como ‘gloria llopiz’

Confesiones de invierno.

Pedro:
te escribo desde el tren, con algo de prisa, se cierran mis ojos de cansancio y de pena. Ya sé que hubiera sido oportuno ese café que intentaste y esquivé antes de partir. Los tiempos que corrían no eran tiempos para detener mi andar, tú sabrás entender. Sólo te diré que seré tan fuerte como pueda pero fuerte de verdad.

Mi viaje es mucho más que un recorrido entre Bruselas y Rotterdam, es la continuación de un periplo que aún no tiene destino final. Estoy viajando por rincones encantados y descubro que hoy la guerra está en todos lados.

Debí abrazarte en la Gare de Bruxelles, pues siento que esta ha sido nuestra última vez pero guardo tanto pesar en mis huesos y en la calle hacía tanto frío que me impedía llorar. Quise decirte que mi partida era lo correcto, tú lo podrás entender, yo sé, un día de estos.

Debiste darte cuenta que esta mujer con quien te despertabas era otra, muy distinta, desde hace meses. Yo he intentado controlarme, pero de la naturaleza, del instinto y de la puta suerte, uno no puede escapar. Rara vez se zafa, ellos siempre te “pillan”. Poco a poco creció una mujer dentro de mi, que se fue quedando con mis ganas y mi voluntad.

Hice cosas, Pedro, cosas que tú odiarías…cosas que… por ello es que es mejor decir chau, te aseguro que es la mejor decisión. Tú, ve y busca ese sol del que te jactas y busca y lucha por esos sueños tuyos, los tendrás, todo será tuyo, cariño. Lucha entre esa maraña de edificios y ponle garra en el directorio, tú sabes que eres el mejor, el más listo, tú ya lo tienes ahí, a pasitos.

Debo confesarte que si “ella” no me hubiese “invadido”, yo te hubiera dado la vida entera y, hasta, un hijo. Debo confesarte que eres el único hombre a quien amé sin tener miedo de quedarme sola y desnuda.

Tengo ganas de estar libre de mi, de mis miedos tan dormidos y de mis ojos sorprendidos. De mi cuerpo quieto y vestido. Podría haberme quedado inmóvil hasta enloquecer o “volar” así, sintiendo este dolor perfecto. Es mejor así.

Pues, es todo, mi querido.

Carmen


Navidad número 27, Gloria Llopiz.

Navidad número 27
Autor: Gloria Llopiz

“Los sobrevivientes piden perdón y permiso. Ella se mira, los mira y casi no habla.
Las marionetas siguen copiando recetas. Ella fuma y se ríe un poco, a veces se anima, otras se come toda la torta.”

Es diciembre en Buenos Aires. Es sábado a la noche y está corriendo un viento de lluvia por las calles, ese viento que te llena de tierra los ojos y te revuelve el cabello. Siento calor en Buenos Aires y por eso la cerveza fría, los cigarritos y la coleta en el pelo. Escuchamos a Lins y es inevitable, después de eso, crear algo, lo que sea. Esta noche podría pintar el mejor cuadro. Solo basta entrar en la parte más profunda de mí, allí donde tengo inmensos talleres de los que aún no conozco algunos rincones. Pero uno se pasa la vida merodeando por los alrededores de uno mismo, como si fuese un intruso.
Te quiero padre pero todavía estás interfiriendo en mis pinturas. Algunas veces siento tu respiración en la nuca de mi mañana y eso no está bien siendo que esta es mi Navidad número 27.
Tengo algunas hojas arrugadas y unos cuantos días en blanco, en mi haber, pero también tengo unos cuantos placeres placenteros que conservo como reliquias. No podría ser de otro modo siendo que aprendí sola a gozar.
Podría hacer una larga lista de aciertos y de desaciertos pero no necesito balances para saber quién es quién.
Tengo una lluvia en mi ventana y una tarde más para mirarme de a poco. El cielo está maravillosamente gris y debo embarcar en pocas horas. Mañana será otro día en otro hemisferio. Volveré a encontrarme frente a ese mar, sin esperar nada, dejándome quedar.

Carta abierta a mi primer amor.

Carta abierta a mi primer amor

carta

Con un par de esquíes, tal vez, llegue a tu corazón.

Yo no quiero flores todos los días, solo alguna tarde en la que me sienta cansada de sostener los planos de mis sueños.

Quiero ventanas, eso sí, grandes ventanas que dejen pasar toda la luz para ver tu figura sin fruncir el seño.

Quiero que me traigas todas tus ganas, cuando me cueste ganar en el frente.

También quiero montones de abrazos para que, cuando esté sola, el frío no me haga llorar.

Quiero hacer contigo un viaje de poco tiempo por un mar que, estando juntos, será diferente.

Quiero cielo, mucho cielo y mucho tiempo.

Quiero que me cuides de los temblores.

Quiero que traigas  tu espada y saques a patadas a este ejército de miedos que ha invadido mi sala, hasta arrinconarme entre los pinceles y una mano inerte.

Recurso fónico: Paronomasia

autor: Gloria Llopiz

Llegó la hora, llegó ya compañero…

La vida está cubierta de señales, mis ojos siguen enormes e intactos.

Me desnudo y me imagino entre los barcos. Desgarro mis silencios y ato mis brazos.

Hay una calle que me devora de a poco, hay un hombre que recuerdo con alegría, hay un bar  que me transporta a una noche donde todo fue ternura.

Te miro y no me imagino que estés pensando, yo ya estoy muy lejos de aquí y los jazmines son el mejor testigo.

Tu poema, en cambio, está sobre mi almohada y me dio horrorosas ganas de vivir:

“Vendrá la guerra, amor, y en el combate, no habrá tregua ni freno para el canto.

Sino poesía naciendo incontenible, del cañón, de fusiles libertarios.

¡No pasarán! Los venceremos, amor, ¡no pasarán! Si mañana que irrumpa el nuevo día.

Con su fiesta de pájaros y niños, aunque no estemos juntos te lo juro,

no  pasarán los venceremos amor… Luchamos para vencer!”

autor: gloria llopiz

Imagen de previsualización de YouTube

Linda y su conjuro. Brujas.

autor: gloria llopiz

Linda regresó a casa triste y furiosa, a la vez. Salir a la calle se había vuelto una tortura. No había uno que no se diera vuelta para mirarla con asombro. Subir a un bus era una experiencia tremenda cada mañana, caminar entre la gente y presenciar sus miradas de sorpresa y desagrado. Ni hablar de tomar un taxi y soportar el choque de sus ojos con los del conductor en el espejito retrovisor. En los últimos meses intentaba hacer los recorridos caminando para evitar cercanía con los otros. En la acera ella podía controlar la distancia y ese sombrero de ala ancha más las gafas de sol la ayudaban.

Linda siempre fue muy, muy fea, desde pequeña, pero su madre y su abuela habían creado un microclima a su alrededor para que la niña no lo notase. Maestra particular y cura confesor a domicilio palearon el encuentro con la gente que vivía puertas afuera de su cálido hogar. Los paseos al aire libre que todo niño necesita se hacían en el campo familiar y con la peonada bien lejos de la pequeña. 20 años de una vida entre algodones bajo la mirada de esas dos mujeres que la amaban. Bien sabemos que la mirada del otro es la que nos hace ser antes que la nuestra propia. 20 años de ser una joven llamada Linda amada, protegida y homenajeada como a la más linda. ¿Cómo se le podía ocurrir que ella no fuese linda?

La sorpresiva muerte de su madre y abuela juntas en un accidente aéreo puso a la joven frente a frente con el abogado de la familia primero y después con todas las personas a quien tuvo que contratar para el funeral, con los vecinos y parientes que vinieron a saludarla y con el resto del planeta. Fueron encuentros fatales. La gente no podía dejar de mirarla con espanto y luego le quitaba la vista con asco y culpa. Linda pasó meses horribles hasta que encontró un libro antiguo de brujería en una librería inglesa y comenzó a devorarlo. El libro tenía recetas y conjuros de todo tipo. Para traer el amor de vuelta al hogar, para embarazarse aunque tuvieran el vientre seco, para enriquecerse de la noche a la mañana, para bajar de peso y PARA VOLVERSE BELLA. Linda no lo pensó, esperó la noche de luna y siguió paso a paso la receta y el conjuro

Una tacita de bicarbonato y dos gotas de agua de azahar, mezclar muy bien con un batidor pequeño. Cuando los componentes estén integrados, agregar 10 grs de hojas de eucaliptus fresco, previo paso de las hojas por el mortero. Por último agregar dos gotas de sangre del dedo índice derecho de la interesada. Dejar descansar toda a una noche de luna llena a la intemperie. Depositar el recipiente sobre suelo de tierra, al apoyarlo repetir 3 veces: “Pedes in terra ad sidera visus”.

Siguió paso a paso la “receta” con cuidado, presa de una desesperación esperanzada, era su última chance antes de partir de este mundo que la rechazaba.

Se tiró sobre la cama cansada, se entregó al sueño. A las 9 de la mañana la despertó el timbre. Se levantó medio aturdida, corrió escaleras abajo y antes de abrir la puerta se miró al espejo de la sala para recogerse el pelo. Frente a ella encontró la imagen de Marilyn Monroe despeinada. Se hizo la coleta feliz y sonriendo abrió la puerta. El conjuro había hecho efecto.

Marilyn-Monroe-pic

Todo concluye al fin. Basado en el Caso Nora Dalmasso.

norita

Basado en el Caso Nora Dalmasso

Puedo llamarte en un arrebato de furia para decirte que se acabó el “show” pero, al rato, me calmo y rebobino sobre lo que tengo y  podría perder para siempre, y es ahí es cuando te reconozco como a la “zona segura”. También te recuerdo como a los sabores burbujeantes, delirantes, mucho tiempo atrás. Imposible olvidar aquellos tiempos de placer, placer y más placer. Imposible olvidar el éxtasis y la quietud de después y el revoloteo en la sangre. Creo que en aquellos tiempos descubrí el límite de mis fantasías en el comienzo de mi voracidad y hasta me daba miedo. Yo sentía algo de miedo. Temor a vos y a mi misma porque juntos no reconocíamos fronteras. De todos modos ese miedo no me quito ardor, los velos se desvanecieron y mi piel se abrió tibia y sensual y ya nada pudo ser igual, había encontrado a mi alma gemela. Nos “encontramos” y nos “asociamos” una madrugada de club nocturno para “gente como uno” y a los seis meses ya estábamos casados, no había mejor pareja que vos y yo. Éramos los más elegantes, los más “glamorosos” los más divertidos. Nos amábamos y el mundo era un pastel hecho a nuestra medida.

Hoy te miro desde lo alto de mis tacones y no me explico cómo llegamos hasta aquí: somos dos viejos conocidos “soportando” un guión de comic. -Todo concluye inexorablemente- me dijiste la noche que te encontré revolcándote con Fina en la casa de Punta del Este. El cielo se cerró por un instante, me “arrastré” hasta el coche y metí primera, busqué a Gonzalo en Laguna del Sauce y pasé la noche con él. Nunca más volvimos a “encontrarnos” vos y yo, sólo convivimos y nuestra sociedad recapituló el contrato.

Puede ser que hoy seas un poco más “bueno” conmigo, pero sólo será en parte, vos no podes ser “bueno” en todo sentido, te atragantas antes de dar sin pedir a cambio, sos un hombre de negocios en todos los ámbitos, incluso en el matrimonio. Qué no daría por saber lo que estarás pensando en este momento y qué es lo que te provoca mi cinismo, mi cruenta honestidad. –Necesito dinero, me voy a Marbella con mi profesor de golf- te dije lo más campante. Con igual gesto me indicaste que cuenta bancaria debería usar.

Miro a la ciudad recortarse en un atardecer, miro mucho más allá y veo ese lugar adonde quiero estar. Puedo buscarte detrás de tu acidez pero sé que no será un trabajo fácil, prefiero seguir así, ya no quiero preocuparme, me quita energía y relax. A veces siento que estoy bien encaminada y otras tengo miedo de perder el control de todo. Estamos transitando una región muy peligrosa.

Yo no sé muy bien si este ir y venir de imperfecciones que me decepcionan y me desaniman traerán aparejados ríos de futuras victorias. Lo que sé muy bien es que no estoy preparada para ningún ocaso.

Llevo dos días mirando la foto de Marilyn que adorna mi vestidor y me imagino en su piel con sus rizos de ángel sensual y el corazón demasiado blando. Yo también quiero llamar la atención de los hombres que me cruzo y ser para cada uno de ellos la mejor, la más bella, la única, la amada. Nada me importa más en el mundo que ser A-MA-DA. Eso es lo que quiero.

Vos y yo vamos por la vida siendo ese poco o ese mucho que hicieron de nosotros y nos hacemos preguntas que contestamos a veces y otras tantas le escapamos desesperadamente. Mientras voy manejando hacia casa para cambiarme pienso que hay lugares desde donde jamás se vuelve, es lo que hay…

autor: gloria llopiz

Inshalah

¿Qué tienes en el brazo chaval?
Un nuevo tatuaje .
¡Hostia! Está rojo, ¿sientes dolor?
No, bah, no me entero…
¿Qué dice?
¿Qué?
El tatuaje, ¿qué dice?
Inshala
¿Y eso? ¿que coño representa?
“Si Dios quiere.”
¡Joolines!
Lo dicen los “moros” todo el tiempo. Cuando descubren una “putada”, cuando envían un deseo o una maldición al cielo, cuando oran, cuando tienen miedo, cuando comen, cuando se sienten desorientados, cuando no saben qué hacer, cuando les apetece cambiar algo y no pueden. Hasta cuando se cagan en todo lo que se menea, también lo dicen.
¡Ostras, tío! Tú, hablando de Dios y escribiendo su nombre sobre tu piel… me preocupas. ¿Qué ha pasao, cabrón?
Estoy jodido, colega, estoy jodido. Ella se ha ido y esta vez es para siempre.
Autor: Gloria Llopiz

portadamuneco_voodoo_love

De San Expedito y otras estampitas

Abrió la puerta y salió a la calle. Subió la cremallera del abrigo hasta el cuello y caminó por la acera oscura. No sabía a ciencia cierta si caminaba o flotaba sobre las baldosas. Se encomendó al cielo y comenzó a llorar. ¿Cuál era ese santo tan milagroso? ¿San Expedito era? Si bien ella era más de Jesús y María, tendría que pedir refuerzos porque el diablo nunca se viene con chiquitas. El corazón le latía desesperado y la respiración desordenada le inflaba el pecho que se llenaba de aire, lágrimas y desasosiego. Lloraba a borbotones y emitía quejidos que sonaban a aullido de animal en peligro. Por momentos daba pasos largos y desorientados apretando el suelo. Por momentos corría como un niño atolondrado. Su cabeza no paraba de girar recorriendo imágenes de la última media hora. Esos momentos parecían de otro siglo y de la vida de otro. ¿Cómo llegó el cuchillo a sus manos? ¿En qué instante decidió enterrarlo en el cuello de Martín? Solo recordaba el ruido de la hoja desgarrando la camiseta hasta entrar en el trapecio derecho. Solo recordaba el golpe al chocar contra la clavícula. ¿Qué habrá hecho Martín? ¿No se habrá defendido? Ella de eso no tenía registro alguno. Solo recordaba el acompasado ritmo del metal entrando y saliendo en el cuerpo de su amante. Solo recordaba el olor ácido de la sangre de Martín que inundó sus manos y las mangas de la chaqueta. Se detuvo de repente en una esquina, abrió las palmas bañadas de rojo y mientras las recorría con la mirada comenzó a reírse a carcajadas. Rió con ganas, con gozo, con liberación. Rió hasta que le volvió el alma al cuerpo. Miró al cielo negro profundo y gritó con toda su garganta: ¡Fuiste, cabrón!

autor: gloria llopiz

cuchillo-263075

La Arantxa, mi coche y el puto destino.(Inspirado en una obra de mi autoría)

Mujer-en-Piezas de Gloria Llópiz

Autor texto: Gloria Llopiz

Autor pintura: Gloria Llopiz

Jamás creí que algo me iba a importar más que mi coche hasta que conocí a  la Arantxa.

La vi caminar por la terraza de ese “barito”, meneando su culo, dando pasos largos, su cintura erguida y sus tetas firmes apuntando pal’ norte. Ella vestía una falda corta mientras servía cubatas en una mesa de hombres que la miraban, casi, jadeando.

Desde aquella noche en que la conocí,  anhelé vivir en sus caderas. Fue fácil entablar “rollo” con la Arantxa y, no tanto por mi arte de ligar, que claro que lo tengo, sino por sus ansias de caerle bien a todos los hombres del planeta.

La Arantxa era una “pava” generosa en atención y en caricias. Cuando ella estaba contigo te hacía sentir que eras el único y el mejor, el más chulo, el más listo.

La esperé a la salida del “curro”. A las 3 y 10 ella se montó en mi coche y nos detuvimos en un hotel de la M-30 de Madrid a Alcobendas. Más que hotel, eso parecía un zulo barato y sucio pero, la niña y yo, hicimos de esa habitación una pista de circo en la presentación de las contorciones. Jooder macho, que bien “follábamos” la Arantxa y yo, parecía que llevábamos años “follando”. Lo bueno de esto es que no se hablaba mucho y la sincronía surgía espontáneamente. Después de la primera hora en la cama, me senté a liar un porrito mientras ella hablaba de su vida, de su marido y  de su hijo (todas las Arantxas tiene un marido y un niño). Pero esa noche no me importó nada, yo no podía pensar, más allá de mis pulsiones y el efecto del tequila dorado más el hachis.

A las 7 de la mañana me desperté solo y algo  aturdido por la resaca. No había ni señas de la Arantxa. Bueno, en realidad, encontré una nota escrita por ella que decía: “Buenas chaval, he cogido 20 euros de tu cartera para el taxi, la noche ha sido guay. Arantxa.”

Pasaron varios días hasta que volví a verla, casi de casualidad, en un centro comercial. La Arantxa caminaba entre los escaparates con su niño de la mano y a la vera de un hombre mayor. En cuanto los vi, me conmovió la escena y eso que no soy un tío de sensiblerías, pero ella era otra Arantxa que la que había compartido conmigo “polvo” y lecho. Ella era una mujer que parecía más grande, quizá más gris pero, aún, orgullosa. Una mujer entera caminando por la vida con la carga de su destino.

Ese día se completó para mí la figura de la Arantxa. Ese mismo día, me enamoré perdidamente de ella. Hice y deshice cosas locas para estar con ella. Estuve pendiente de sus horarios y me apañé con los míos, sólo pa’ verla reir. Disfruté de su voz, de su olor, de sus silencios. Viví pensando en ella y esperándola. No hubo nada que me provocara ni más goce, ni más dolor que mi amor por ella. ¡Coño, cuanto la amé!.

Pero un día fatal, el marido de la Arantxa sufrió un accidente en un andamio que lo sentó en una silla pa’ siempre y confinó a la mujer de mi vida a las cuatro paredes de su casa.

Hoy, sólo tengo de ella su imagen detrás de la ventana de su sala.

Nota: he vendido mi coche y comprado una moto que nunca lustro.

Imagen de previsualización de YouTube

Desde ahora espero el día de mañana (Inspirado en una obra de Gloria Llópiz)

Mujer-en-Piezas de Gloria Llópiz

Cada vez que cruzo por su casa veo que me mira tras la ventana. Como poseída por un halo de misterio recorre el camino que va desde que piso su vereda hasta que paso para la casa de al lado. Cada día desde hace 17 años la veo allí.
Pensé que quizás esté postrada en una silla y la ventana sea el único contacto con la realidad,  la pensé autista.

Llegué a imaginar mil cosas.  Que lleva veinte años enamorada de mí. Que el momento más feliz del día es ese en el que me ve llegar.  La imaginé madre que espera a sus hijos o la chusma del barrio.

Jamás la vi en la calle, siempre ahí… su melena rubia que se ve tras los cristales, siempre suelta, a veces con flores en la cabeza, brillante.

¿Será que se enamoró de mi?

Un dia  vas a venir a verme… hoy me di cuenta cuando me miraste.

Marco cruces en el almanaque esperando ilusionada el día en que te vea tocar el timbre de mi casa.

Te esperare desnuda, en la ventana, llevaré flores en el pelo.

Tu no podrás verme, tendrás los ojos llenos de lágrimas. Pasaras por mi puerta, me abrazaras, te quitare la ropa y casi sin palabras terminaremos en la cama.

Solo diré que te amo, como vengo diciendo desde ya 17 años. Tu no sabrás que responder porque cuando te emocionas , seguro, que no te salen las palabras.

Jugaras con mi pelo, jugaré con tu espalda y me abrazaré a tu figura desnuda para calentar este invierno frio de Buenos Aires.

A veces siento ganas de tocar esa puerta…

A veces siento ganas de esperarlo en la vereda y hablarle…

Pero que decir… hace años que te veo…

Pero que decir… hace años que te amo…

Es una locura…

Es una locura…

Seguiré viéndola  cuando cruce por su ventana…

Seguiré viéndolo pasar por aquí…

Desde ahora espero el día de mañana