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TE ACUSAN DE BRUJERÍA…

 

“…The blizzard, the blizzard of the world
has crossed the threshold
and it has overturned
the order of the soul ♫♪”

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L. Cohen – The Future

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Las cosas son como son.

Pero pueden cambiar. Todo depende de una Idea.

Una i.d.e.a. diferente.

Y la pregunta base era ¿cómo algo tan insignificante puede modificar todo un universo en sistemática expansión?

Y la respuesta obvia era Magia. Brujería.

En cuanto se percató de esa inconspicua verdad, ella decidió usarla.

La entropía dominante es el acto de fe por defecto.

Buscó pleitos, desechó sanidad. Destapó obsesivamente sus oídos para afilarse en el decir.

Recopiló siglos de emociones puras, formando una gama infinita de piezas únicas, tan inconscientes como maleables.

Su tiempo mutó en un laboratorio de almas en pena, o ciegas, o verborrágicas. Enfermas de incertidumbre.

Incomprensiblemente su claridad aumentaba paralelamente a su asombro.

¿Es que no se dan cuenta? ¿Es que no la ven? Está por todos lados, acechándonos, observándonos. Disfrutando de nuestras torpezas y esperando su momento de actuar.

¿Cómo no hacerse amiga? ¿Cómo no aceptar a la Muerte como la implacable compañera de este camino?

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La tormenta de nieve, la ventisca del mundo

ha cruzado el umbral

y se ha anulado

el orden del alma.

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Tanta ingenuidad circundante la debilitaba por momentos al punto de rasgar sus entrañas y endurecer sus coyunturas.

Dolor, dolor y más dolor. Momentos eternos, casi segundos, casi meses.

Volver al laboratorio era el tan esperado oasis que le daba sentido a todo.

Y a levantarse sola. Y a cambiar mundos.

“…me acusan de brujería

y el mundo acusa sin pensar ♫♪”

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L. Downs

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DSCN0210

Cla9

II.11.11

 

(la foto que ilustra pertenece a la instalación de Manuel Quiroga “corner”, que se exhibe en el Museo Caraffa de la ciudad de Córdoba del 15.9.11 al 24.11.11)

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HAY MUNDOS QUE RESPLANDECEN

máscara 1

Nadie sabe de la vida.

Nadie.

Un conjunto de sospechas se transforman en dogmas con la facilidad de una recaída.

El hambre omnipresente cierra un círculo con destino de espiral. Y miles de cuerpos reptan por paneles endulzados, con penosa voracidad.

Certezas inciertas revolotean las auras transmitiendo mensajes de mal gusto, inadecuados.

Aunque algunos, pocos, degustan el desafío de meterse en lo aborrecido para curtir el alma, para forjar anticuerpos desde el mismísimo núcleo del virus, no necesariamente denota verdadera voluntad. Generalmente delata la incapacidad inherente.

Ella buscaba la salida del entuerto desesperadamente. Bien atenta a los baches, a las señales y curvas, se encontraba en medio de diálogos inexpertos y sonreía. Sonreía. Aunque sus vísceras brotadas bullían de incomodidad.

Nadie sabe nada.

Está escrito en las pupilas con sangre negra, disecada.

Tampoco se sabe bien cuándo fue que se perdió el rastro.

Ni siquiera en qué momento esa gama desconocida se hizo habitual.

Todo cambió de color. Los brillos se opacaron, los bosques desaparecieron dejando sombras que aún destellan a gritos.

Ella no sabía siquiera con quien negociar. Ya nadie mostraba la cara. Y las máscaras eran cada vez más parecidas a eso que nadie nunca hubiera querido ser.

Buscando protección en una mirada amable o en unas manos fuertes, rebotaba de karma en karma, lo cual sistemática y descaradamente le quitaba toda su frágil vitalidad.

Nadie sabe de este juego siniestro.

La voz se va perdiendo por desuso y ver los dibujos que la lava va formando en las planicies resulta ser la comedia de los sábados.

Ella se sabía vigilada por una mezcla rara de egoísmo – misión – avaricia de algunos, que parecían no estar. Pero en definitiva no estaban. Estaba sola.

Por las madrugadas, sueños inestables la acosaban, implantando más inquietud al desconcierto de su alma.

Tanta mediocridad barroca, tanta cosa… terminará disolviéndose, convirtiéndose en nada, dijeron algunos.

Y así fue. Ella no tuvo ganas volver a su vacío lleno de preguntas.

Prefirió seguir esos reflejos que latían en su nuca, prometiéndole músicas eternas.

Y así se fue; sin ganas de mirar atrás. Sólo veía el viento que movía las hojas multicolores. Sólo veía un hueco celeste en el plomizo cielo que la cubría.

Hay mundos aparentemente inestables haciéndose añicos. Otros, resplandecen en la eternidad.

máscara 3

Cla9

23/9/10