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Amor sin final…

Sebastián, o “Seba” como lo conocían arrastraba una adolescencia gris, en una ciudad gris de inviernos largos, donde los días monótonos y grises eran causados por su extrema timidez que le impedían acercarse a otros. En sus rutinas solo estaba el ir al colegio, hacer los mandados, y encerrarse con sus libros de tapa amarilla con el lomo estampado con un hombrecito vestido ridículamente de verde.

Sin embargo hasta la existencia más plácida puede ser alterada por algún huracán, y este llegó con nombre de mujer, como las tormentas tropicales. Su nombre era Elizabeth, o “Lizzy” como le decían sus conocidos. La vió por primera vez en una fiesta de casamiento, a la que fue arrastrado por sus padres, a pesar de su falta de interés de socializar.

Tropezó con ella al entrar al Club donde se organizaba el evento y la sonrisa de disculpas de ella lo dejó perturbado e inquieto. Nunca se había sentido así. La siguió con la vista durante un buen rato mientras crecía en su pecho la resolución para ir a hablarle. Pero la noche llegó a su fin y con ella murieron las palabras en el pecho de Seba.

A partir de entonces, y venciendo con mucho esfuerzo su timidez, trabó amistad con Patricio,  primo de Lizzy y a través de el supo donde vivía y a que colegio iba. Nada era fácil de por sí para el temperamento de Seba y se le sumaba ahora el tema de las distancias, los horarios, el ser desconocidos.

Ella vivía en un pueblo a 10 km del centro y estudiaba en una secundaria que estaba en las afueras de la ciudad.  Para suerte de Seba había una linea de colectivo que unía en su trayecto los dos puntos y por ser de media distancia tenía horarios fijos. Así que comenzó a tomar ese colectivo todos los días solo para verla. Su amor era tan inocente como lo puede ser el primero de un adolescente casi niño que no sabe de pasiones insensatas.

El viaje desde el centro hasta la parada donde ella subía duraba una hora. Y el tramo siguiente hasta la escuela donde ella se bajaba duraba tan solo 12 minutos. Eran 720 segundos de respiración entrecortada y mirada tímida, mientras ella reía y bromeaba con sus compañeras, ignorando la presencia de Seba.

Casi al terminar el primer cuatrimestre lectivo Patricio estaba de visita en casa de Lizzy y la acompañó al colegio. Verlo a Seba en el colectivo le bastó para darse cuenta de los sentimientos de su amigo y ese mediodía de regreso a la ciudad, dejando de lado su consternación porque Seba nunca le dijo lo que sentía por su prima, le ofreció su ayuda. Para empezar lo convenció que dejara de hacer ese periplo casi diario de dos horas solo para verla, y le propuso que le escriba, De esta manera Patricio se convirtió en emisario real y todos los fines de semana llevaba en su bolsillo una carta para Lizzy llena de esperanza con letra de Sebastian.

Al principio ella se reía de las intenciones de él, pero en pocas semanas sus pensamientos estaban constantemente puestos en Seba y esperaba con ansiedad sus cartas, en especial esa que nunca llegaba, la que debía invitarla a conocerse, ya que su recuerdo de la fiesta era muy vago y solo tenía una imagen creada por su primo.

Cuando Patricio llegó el domingo, pudo ver en la sonrisa cómplice que el momento de conocerse había llegado. Según proponía Seba la iría a esperar a la salida de la escuela y caminarían unas cuadras antes de que ella regresara a su casa, el miércoles de la semana entrante.

Aquella mañana amaneció despejado y sin viento, la proximidad de la primavera se notaba en el aire y todo parecía preparado para que ese encuentro fuera tan mágico como el reflejo de la luna sobre el mar.

En el tocador de las chicas de la escuela ella se peinaba una y otra vez ansiosa y discutía consigo misma sobre si el color de sus zapatillas era el apropiado. Era el último recreo y en una hora más la salida. En la ciudad el cambió de pantalones y remera varias veces. Tomo algo de dinero, con el cual compró una rosa en el puesto de la esquina y mirando su reloj emprendió una carrera para no perder el colectivo.

Lizzy vió llegar una hora después a su amado primo Patricio y presintió al verlo que el encuentro soñado no sería posible. Hubiera soportado un desplante, pero no se negaba a encontrarle sentido a lo que oía “distraído”, “atropellado” “hospital”. Y así como un hilillo de sangre se fusionó con la rosa que Seba llevaba en su mano, las lágrimas de Lizzy se fusionaron con su primer dolor del corazón.

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VIDAS SUPERPUESTAS

 

SOL

Ese día el sol brotó del cielo como un grano afiebrado. Todo encajaba para que pinte una molestia constante y abrumadora hacia todo. En un grito encontré el empuje hacia la puerta de salida. Limpia y rápida. Sin mucha historia. El fuego casi se hacía ver bajo la piel. Taxi, estación, tren, taxi. La rutina como salvación. El increíble momento anónimo y quieto embutido en un combo bizarro y ensordecedor. Ya no me importa nada. Después de todas estas vidas lo que queda es un regalo. Y mi alma tiesa y afilada lo acepta como un reto sin chistar. El aire del trabajo se respira. Un cambio de tema reparador. Cuando vuelvo vuelven los escombros. Quisiera dominar la geología antropológica del alma para etiquetar y archivar. Etiquetar y archivar. Un plano para olvidar. Un mapa para recordar. En los estantes el polvo deja ver poco. Casi como palabras sueltas. Alguna que otra frase completa pero sin antes ni después. Algún lomo con títulos borroneados. Y a bancarse los efectos. Cuando el corazón se calla se silencia todo. Me acurruco bajo un gotear interminable de agua estancada tratando de atar cabos con el sueño. Y sueño frases sueltas. Imágenes borroneadas. Huidas interminables. Caminos cerrados. Reencuentros imposibles. Paisajes ignotos. Revelaciones fugaces. Despierto y siento el abrazo refrescante del exprimido en mi mesa de luz. Definitivamente no todo es lo que parece. Qué difícil me resulta a veces entender y hablar el idioma del corazón…

luz 2

Cla9

15/1/11

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Vete a la mierda!

Vete a la mierda!! gritó ella al mismo tiempo que se ataba el pelo en una coleta y cogía su bolso de un manotazo. Cruzó la cocina dando largos pasos y levantando a su vera una brisa fresca mezclada con perfume y mucha adrenalina. Mi pecho se encogió de culpa, de pena, de miedo, de amor. El mal se hacía presente. Yo sabía bien que no había palabras para curar tanta ira. Tenía ante mi una catástrofe en vivo. Un antes y un después de mi vida, proyectándose sobre mi jeta. El trágico libro que comenzó con dulce prólogo pero justito detrás, cerró con un escupitajo como epílogo. Espectacular avant premiere con un solo espectador: yo mismo. Un cachetazo de realismo ante tanta estupidez. Un portazo merecido por tanta desidia por tanto descuido me dejaba sin “la mujer de mi vida” (¿a cuantas le dije lo mismo?). De un plumazo el dominó del destino se derrumbaba llevándose ante mi lo que pudo ser y destruí, otra vez.

Autor: gloria llopiz

Serie El amor es absolutely blink, joder!

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