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Novela Colectiva: La verdad de Amadeo. Capítulo 4 por Justiciero

Esto comenzó aquí

blood 

Pero la vieja no contestaba, ni iba a hacerlo. Bajo los efectos del paco flotaba aún en un universo onírico mientras su cuerpo macilento, cubierto de ropas sucias, yacía sobre las baldosas rotas de un oscuro callejón.

Amadeo lo había arrastrado hasta allí y seguía de pié, muy cerca, con la mochila aferrada por su mano aún crispada, la respiración jadeante y las pupilas dilatadas. Se sentía extrañamente confortado por lo que acababa de pasar. Tal vez  ese juego inocente e infantil de “La Verdad” que solo sirvió para que se burlaran sus amigos y Carla lo rechazara fue un disparador de reacciones aquella noche. Todavía le duraba el enojo y se sentía intensamente solo por no poder compartir plenamente algo que tanto tiempo guardó y que ahora sentía haberlo develado gratuitamente, sin propósito.

Miró al ladrón a sus pies y tuvo curiosidad por saber quién era. Se puso en cuclillas a su lado y con manos todavía sudorosas y temblorosas comenzó a revisar los bolsillos y tantear entre esas ropas malolientes buscando una billetera o algo que diera alguna idea de quién era el muchacho. Oculto dentro del pantalón había un bulto de unos 17 centímetros de largo. Tuvo que usar las dos manos para abrir la sevillana, no solo por la euforia nerviosa que lo invadía, sino porque los resortes y muelles estaban sucios y algo oxidados. Pero el filo era excepcional

Al ver el brillo de la hoja, Amadeo  se estremeció.

-  “Mi verdad oculta… siempre tuve la fantasía de matar a alguien”… y la risa de los pibes

 Otra vez un torrente de imágenes se agolpaba en su mente y parecía que un gemido de comadreja agónica y la jauría enloquecida se perpetuaba en su recuerdo. Pero no, el gemido venía del ladrón, que contrariamente a lo que pensó Amadeo, no estaba muerto. En la oscuridad los ladridos de dos perros reclamando su dominación sobre una hembra en el otro extremo del callejón aumentó la sensación de estar en un universo Hitchockreano

 Como en una especie de “deja vú” ese cuerpo flácido, menudo y oscuro que apenas se movía se le antojaba una gran comadreja.

- “Mi verdad oculta… siempre tuve la fantasía de matar a alguien”… y el silencio condenatorio de Carla.

Sopesó la navaja en una mano y metió la otra mano en el bolsillo de la campera reconfirmando que la 38 era real.

- “Mi verdad oculta… siempre tuve la fantasía de matar a alguien”… y una segunda oportunidad en esa noche

Miró al pibe tirado en la vereda y casi le tuvo lástima, pero esa noche su verdad oculta encontró un camino para liberar a Mr. Hyde. Todos estos año de tener el mismo sueño repetido noche tras noche acumularon certezas en su corazón. La reacción instintiva que lo llevó a descargar los golpes con la mochila desapareció. Otro instinto primitivo y salvaje lo guiaba. Supo exactamente lo que tenía que hacer y nada podría detenerlo.

El temblor de hacía unos momentos desapareció. Se puso a horcajadas sobre el ladrón herido. Sin mediar palabra, le abrió la campera, cortó con la navaja el trozo de cáñamo que hacía las veces de cinturón para sostener los pantalones raídos. Luego desgarró totalmente la remera dejando al descubierto un vientre flaco y un tórax huesudo.

Con sus rodillas sobre ambos brazos lo inmovilizó totalmente. Le tapó la boca firmemente con la mano izquierda sin preocuparse de mancharse con el hilillo de sangre que salía por sus  comisuras. Luego fijó su mirada en esos ojos oscuros, abiertos desmesuradamente, de comadreja asustada, mientras lentamente iba hundiendo la hoja de la navaja unos centímetros debajo de su ombligo. El grito aterrado, ahogado por la mano, no lo detuvo, solo aumentó su placer. Los espasmos del muchacho fueron en crescendo mientras la hoja subía lenta, inexorable, abriendo un canal húmedo, rojo y vaporoso, hasta chocar con el esternón.

- “Mi verdad oculta… siempre tuve la fantasía de matar a alguien”… y ahora la fantasía revelada para siempre…

 

Capítulo 5, aquí

Novela Colectiva: La verdad de Amadeo. Capítulo 3 por glo llopiz

arma sangreesto comenzó aquí

Un 38 que “cayó del cielo” para Amadeo junto un chute de adrenalina que le mandó…el universo?
Las cosas sucedieron tan velozmente que él estaba, de repente, en una escena de peli negra, en una secuencia de suspense que más que miedo le provocaba cierto morbo y hasta ilusión.
-Nada es casual, fierita, uno habla y las cosas suceden-.
Tenía las manos mojadas de sudor y le temblaban. Su respiración iba en aumento y el corazón estaba a punto de salirse del pecho. No sentía el peso de su cuerpo y era una sensación tan agradable, hasta reconfortante.
Guardó el arma en el bolsillo de la chaqueta después de mirarla con asombro y orgullo. Miró la escena como si fuera un espectador observando desde arriba.
Se sonrió irónico recordando sus juegos de niño en el campo.

Rememoró su debut, haciendo justicia por mano propia. Esa vez, ató a una comadreja a un árbol y la dejó morir lentamente por asfixia. La hija de puta llevaba madrugadas haciéndose un festín con los pollos de la abuela. Al fin cayó en la trampa. Pero no conforme con eso, sacó un cuchillo y se lo clavó en el estómago del que brotó sangre, hecho que le propició un tremendo placer. El no lo sabía, pero establecía un vínculo fatal entre sexo y sangre. Luego con cada puñalada fue notando que su cuerpo se estremecía y en ese momento, el lo ignoró, pero se iba acercando más al orgasmo, por lo que no cesó de hacerlo hasta la eyaculación.

Sin duda, concretar sus fantasías de matar, le habían dado más placer que cualquiera de los mejores “polvos” de su vida. Se sentía eufórico, poderoso, casi feliz, con la nueva experiencia.
Sobre la acera corría un hilo de sangre que brotaba de la cabeza del infeliz que lo apuntó para conseguir, como único de premio, un botellazo en la sien izquierda, pero que, le regaló a él una de las mejores noches de su vida.

 -Será de Dios, loco? La fantasía se cumplió en tan poco tiempo?- pensó.
Yacía junto a él, y gracias a él, el cadáver de un tipo que merecía estar muerto.

Que oscuro que está todo y ese zumbido? Como me duele la cabeza! Retumba como un redoblante de los de la murga. Como estarán los pibes de Palermo? Que “rocanrroles” aquellos! …Vieja estás ahí? …Vieja, la puta que te parió, por qué no me contestás?. No me acuerdo bien cuando salí del bar. Qué hora será? Tengo el cuerpo helado! Y este latido en la cabeza… no puedo abrir los ojos. Qué pasó?  Habrá sido con el “perejil” de la mochila? Tengo que dejar de tomar “de la mala”. Vieja!!!!!! Contestame!!!!!!!

 

Capítulo 4, aquí.