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Las historias de Damián. Miércoles y una amarga despedida. (por El Sir)

Todavía recuerdo que llegué hasta la estación casi de casualidad… Todavía recuerdo qué fue lo que me atrajo,  y por qué inmediatamente compré mi boleto de ida.

Me senté en silencio en uno de los bancos y solo me dediqué a observar. El sol; los árboles; los pibes impacientes esperando su viaje; gente parecida a mí  (con apenas un bolso de mano con un par de cosas en él) ; otros con un increíble bagaje para transportar y yo; esperando con las piernas cruzadas y mi eterno king size  (ése que cuando pibe acompañaba a la fórmula uno); el momento en que me tocara partir.
Recuerdo el silbido a lo lejos, uno mas entre tantos, pero que por alguna razón (talvez lo mágico del viaje) me decía que era el tren que tenía que tomar.

Entonces llegó;  posó su bestial estructura frente al andén, me invitó a subir…y a dejarme llevar. Un instante me tomó apenas encontrar mi lugar en el coche que tenía asignado. hasta parecía que lo había soñado cientos de veces.
Por mucho tiempo pensé que ese viaje era en realidad “el lugar”, el sitio en el que mas cómodo me sentía, donde siempre había querído estar…eso que tantas veces había escuchado…”mi lugar en el mundo”.
Por mucho tiempo también me divertía descubrir a los que subían en las estaciones intermedias, me hacía sentir feliz el hecho de que pronto encontraran su butaca; (y me recordaban el momento en que encontré la mía)… y si no, me reconfortaba levantarme, mirar el boleto de algun nuevo pasajero que no sabía exactamente donde sentarse;  y acompañarlo hasta que encontrara donde ubicarse, y disfrutar del resto.
Hasta algunas veces llegué a soñar durante el viaje con que en realidad todos éramos parte de eso, que no era importante el destino, sino que todo, empezaba, crecía -y moría, claro- en el propio viaje.
Pero una mañana me tocó despertar y reconocer el paisaje del lugar por el que estábamos atravesando. Tan de pronto como el baldazo de agua mas fría que pudiese haberme caído, reconocí lo que no quería ver, lo que en sueños jamás había sucedido.
Entonces comencé a mirar alrededor y a descubrir en las caras de todos los que me rodeaban, a un grupo de desconocidos, a un puñado de viajantes, buscando su destino.
Instantáneamente reconocí que era el momento de tomar mi bolso del porta equipajes, apenas saludar cordialmente a los que quedaban en el coche (solo con la intención de no ser recordado por una mala actuación) cuando el silbido del tren se empezó a oir al tiempo que empezaban a sentirse los frenos, y finalemente llegó el momento de bajar, agradecer y decir adiós.

Las Historias de Damián. Lunes y un grito desgarrador

Todavía no son las ocho de la mañana, fresca, rara para este verano con el que ya me estaba acostumbrando a dialogar…algo tiene esta mañana, pero no puedo descifrar qué es.Todavía no son las ocho y yo ya acá, en la puerta de la oficina.
La chica de los jueves, la última vez me dejó su alianza y nunca mas volvió a viajar; ¿qué habrá sido de ella?. Otro motivo mas para dejar de una vez este bondi todas las mañanas; es decisión tomada, sigo metiendo extras pero este año no se me va sin comprar un auto.

- Buenos Días, ¿Cómo va Damián?

- Buen Dia, Don Carlos, bien, muy bien; lindo lunes ¿no?

- Si, es cierto, ¿tienen listo el protocolo ése qué tenían que desarrollar?

- Estamos trabajando en eso Carlos, pero usted sabe como funciona esto; siempre aparece una urgencia que nos hace dejarlo a un lado. (¿Habré zafado?¿Me habrá creido?)

-Bueno, ya lo estoy necesitando, tengo varias ofertas hechas y los distribuidores empiezan a preguntar

-Déjelo en nuestras manos, Carlos; esta vez tampoco le vamos a fallar.

- Eso espero Damián; nos vemos.

Bajo del ascensor, “Don Carlos”; mandamás de la empresa (y socio mayoritario) sigue hasta el último piso donde están las oficinas de presidencia. Qué linda parece Buenos Aires desde ahi.!

LLego al escritorio, como vengo temprano soy el que enciende todo, el aire acondicionado, los servidores bajo ensayo, y el dispenser de agua.

Enciendo la máquina y camino los vientipico de metros del piso en el que trabajo para prepararme el primer mate del día fuera de casa.

Mientras saco la yerba que quedó ayer, veo que entra mi gerente. Podría decir que somos amigos; son tantas las cosas que le conté de mí y que sé de él que el título ya le cabe.

Hoy sos vos el que trae cara de Lunes, ¿qué te pasa?

- Se me ocurrió la estúpida idea de subir a presidencia;  quiere el protocolo para el mediodía.

- ¿Para hoy? Noo, yo me lo crucé en el ascensor y algo me dijo, pero no me dió la impresión de que fuera tan urgente.

- Si, no se para qué lo quiere hoy, ¿cómo estamos con eso?

- Y, sabés como estamos, ni empezamos, así estamos.

- Eso pensé; bueno, abro mi oficina, venite con el mate que hoy nos internamos, tenemos cinco horitas para prepararle un informe convincente.

- Dale, ya voy para allá.

Y dos minutos mas tarde, o tres; el tiempo que tardó el dispenser en calentar el agua, siento que el corazón se me paraliza.

El grito desde su oficina es desolado y desgarrador. No se golpeó abriendo las ventanas, no es bronca, no es dolor ni odio, se percibe en el aire el miedo en sus cuerdas vocales…

Lo llamo una vez, dos, tres… y no hay respuesta; el silencio tras el miedo ya me está asustando a mí también.

- ¿Me querés decir que carajo te pasa? Grito, entre preocupado y dolorido, después de que volqué medio termo de agua caliente en mi mano con su grito.

- Cheeeeeee.. te estoy llamando.

No contesta, tiro todo y corro hasta la oficina que tiene la puerta abierta. Lo veo sentado, creo que es mas correcto decir que está tirado en su sillón, sus ojos parecen salirse de las órbitas, noto en ese instante que está desesperado, aterrado; no puede contestarme y su piel luce tan pálida como si hubiera visto lo peor que cualquiera pueda imaginarse… pero mira fijo a su monitor. Le tiembla la mano derecha sobre el mouse, y su índice golpeando incesantemente el botón izquierdo del pobre aparato, es el único indicio de que no perdió la vida en ese mismo instante.

- Flaco, ¿qué te pasa?,¡me estás asustando, dejáte de joder!

Reacciona, a medias, balbucea y creo que nadie puede entender lo que dice excepto yo, que instantáneamente intuyo lo que le está pasando.

- No anda Google, me dice…¿cómo hacemos el informe?

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Un abrazo para todos
El Sir

Las Historias de Damián… Sábado y un vestido de Novia.

- Ahhhh…. bueno, que caripela traemos papá, qué te pasó ???

- Nada., no me jodas.. hoy definitivamente no es el día para que me jodas..

- ¿Otra vez? ¿Otra vez no es el día para que te joda?..No se si me parece a mí, pero últimamente nunca es el momento para que te joda.

- Y… mas o menos, mirá.. estoy desde el sábado hecho un pelotudo, cada día peor. Ya empezaste con el mate ?

- No, ahí está, lo preparé recién pero todavía no lo empecé.

- Buenísimo, hoy, que me esperen el teléfono, el outlook y el resto entonces.….Resulta que el sábado me puse a lavar el auto.

- ¡Stop!.. ¿a qué? ¿a lavar el auto? ¿vos? ¿ahora sos vos el que me jode?

- No, posta, tenía mugre como para una flota de taxis, así que preparé hidrolavadora, cepillos y demás…

- Si, está bien; eso me lo imagino y no me interesa, andá al grano Damián.!

- Bueno; me pongo a lavar el auto, ¿viste? la tarde estaba soleada, eran como las tres, y  aunque me jode lavar el auto me terminé enganchando; que las alfombras, que los tapizados, que el revividor de negros…

- Dale chabón, que nos tenemos que ir  y todavía no dijiste nada que justifique esa cara.

-Pará, ya llega lo jugoso… Al rato que había empezado cae el negro; con un gatazo.. pero gatazo posta ehhh..

- ¿Qué negro?

- ¿Pero vos sos boludo? ¿a cuantos negros conocemos los dos? Café, el negro café. Me dice que no tiene un mango, que levantó el gatazo en el bondi y me pregunta si le presto el departamento por un par de horas. Yo marco a la mina por el parabrisas, estaba mas buena que comer una pata de pollo con la mano; en pelotas en el sillón, con el aire acondicionado y mirando “los simpson”. Así que accedí.

-¿ y el gato?

- Maullaba boludo.! que se yo.! yo tenía el auto enjabonado hasta el caño de escape, el negro que me pedía el rancho para usarlo de telo, y Nora que se venía para casa a pasar la noche y la tenía que ir a buscar a la estación. ¿Te acordás de Nora?

- Siii..!!! me acuerdo,  ¡¡Norita.!! yo me compré la remera..!!!

- Ok, listo, me voy a la mierda… avisame cuando quieras que te cuente.

- No, dale… seguí, terminá que tenemos la reunión encima.

- Uhhhh… la reunión, me olvidé por completo de la reunión… bueno sigo.

Me dije; tengo unas horas, se va este pibe con el gato, acomodo, me baño y me voy a buscar a Nora… todo cerraba, le debía un par de favores al negro Café, asi que todo cerraba.

- Si, ¿Y?

- Nada, pasa el rato, se va Café con cara de “te debo la vida” y me guiña un ojo. Nunca entendí para que me guiñaba un ojo. Hacía como 50 grados a la sombra, terminé con el auto, entré y enfilé para la heladera. Había un par de cervezas negras… No se si por el calor, no se si el cansancio, pero me las bajé en dos minutos, y me pegó para la mierda… así que me tiré en la cama.

-¿En la que había estado café?

-Vos conocés mi casa, ¿no? ¿en qué otra cama?

-si, tenés razón…

- Me palmé… hasta que sonó el timbre…

- ¿Nora?

- Exactamente… y yo; mitad en pelotas,  mitad borracho; y tirado en la cama de la “fiesta del negro”,. Encima el muy guacho que me había dejado desparramados por la habitación un par de “desperdicios”… me entendés.. ¿no?

- Uhhhhhhhhhh…. pero es para  matarlo al negro.!!! ¿Y qué hiciste ? ¿cómo la remaste ?

- ¿Remarla? ¿Qué remarla?… Nora no me creyó ni media palabra; obvio, hasta a mí me parecía  un verso; y se fue a la mierda de un portazo como te podés imaginar…, desde el sábado que no se nada…, no llama, no me atiende las llamadas, no me contesta un mail;…me quiero matar… y encima gratis.. ¿Me entendés la cara ahora?

- Si, entiendo… no es para menos.  Me parece que cagaste Damián, me parece que esta vez, cagaste… ¿Vamos para la  reunión?

- Y…¿Hay plan B? Vamos, mejor vamos al auditorio…¿ Y Vos? ¿qué hiciste el sábado?  ahhhh pará… otra cosa, antes que me olvide; solo para ver si despego, acordate que mañana es jueves… y me parece que lo mejor va a ser que vuelva a llegar tarde.

- Si, por mañana olvidate…. A ver, ¿el sábado?… nada, había futbol y hacía bocha que no iba a la cancha, así que lo llamé al negro café, se vino para casa, nos comimos un asadito y después; nos fuimos a la cancha…


Un Abrazo para todos,
El Sir

Aquella Navidad: Capítulo 8 por El Sir

Ana seguía en la silla mirando sin saber que veía. Escuchaba los interminables reproches y preguntas de Quique, pero sentía que sus oídos la traicionaban, no tenía ni la menor idea de lo que le decía. Sentía que en ese momento su mundo se reducía a la silla, al piso de la cocina (lo único que la sostenía en ese momento), y a la tira reactiva que le temblaba entre los dedos.
-Ahora sí voy a darme una ducha, Quique.
Y se levantó, dejándolo con la sensación de que todas las preguntas de su vida tenían que ser respondidas en ese momento.
-Te espero en la cama- contestó Quique, sabiendo que Ana no lo escuchaba.
Ana entró nuevamente al baño, abrió los grifos de la ducha, y se desvistió lentamente. Amaba que el agua caliente le enrojeciera la piel, inclusive en verano.
-¿Le hará mal?- murmuró en voz baja abrazándose el abdomen, y levantó los ojos para mirarse en el espejo abrazando por primera vez a su hijo.
El espejo del antebaño empezaba a empañarse lentamente y Ana vio unas lágrimas, que no había descubierto, recorrerle sus mejillas.
Estás igual que yo, empañándote sin saber por qué y con lágrimas que te recorren, pensó para sí.
Quería haber compartido aquel minuto de felicidad infinita que había tenido un rato antes en ese mismo lugar, y desaparecido de un plumazo un segundo después, y no encontraba el camino que la llevara a explicarse la reacción de Quique.
Cuando Ana entró a la habitación, Quique daba vueltas en la cama como si tuviera la peor de sus pesadillas. Pero ella lo conocía y sabía perfectamente que su marido no dormía, ni dormiría en toda la noche.
- Disculpame por no contestar antes- dijo. El diálogo era la vía que siempre prefería Ana-. Creo que no se siquiera qué preguntabas. ¿Querés que hablemos ahora?
Quique no dijo una palabra, se limitó a levantarse buscando en control remoto del aire acondicionado solo para asegurarse de que Ana supiera que estaba despierto. Lo encendió y se volvió a acostar.
Fue la primera noche en años en que quedó un espacio sin ocupar en la cama entre ambos.
De un lado, Quique daba vueltas repitiéndose las mismas cosas. Había tenido en mente durante todo el día la noche que pasarían con su esposa, la noche en la que comenzarían a buscar la llegada de su hijo. Todo el día programándola: le prepararía la cena, le volvería a declarar su amor eterno y le mostraría todo eso que sentía y la rutina de los años le escondía.
Culpaba a la tira reactiva “que le había dado vuelta el rumbo de su vida”. No podía explicarse cómo había reaccionado de esa manera, cómo había podido actuar así.
¿Y Ana?
¿Por qué no me lo dijo antes?
¿Cómo fue que no me comentó del atraso?
¿Cómo pude siquiera pensar en que no era mío?
¿Por qué esperó para hacerse el test justo hasta hoy?
Y cada pregunta era una vuelta más sobre la cama, o eran las piernas desarmando las sábanas que le molestaban sobre la piel, o era incorporarse para volver a taparse porque sentía frío.
Estaba tan enojado que no podía discernir con quién.
¿Con Ana?
¿Con el mismo?
¿Con el pesebre viviente?
¿Con su futuro hijo?
Y esa pregunta lo embargó en un terror extremo. Había descubierto lo que se siente ser papá, justo en un enojo.
Del otro lado de la cama, Ana trataba de recordar. Los últimos días de diciembre en la Municipalidad eran los más agotadores, y este año se le sumaba el pesebre viviente. No tenía idea de cómo se le había pasado sin darse cuenta la fecha, y descubrir su atraso recién cuatro días después.
¿Cómo le explicaría a Quique que no lo había descubierto?
¿Cómo haría que le creyera?
Quique la escuchaba llorar. Y en su silencio, cada lágrima sobre la almohada se le clavaba como una daga en el alma.
Soy un pelotudo, se limitó a pensar y abrazó a su mujer por la espalda, sin hablar hasta que ambos quedaron profundamente dormidos.

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Las Historias de Damián. Jueves y Alianzas

Yo soy Damián. Un “tipo como cualquiera”, o al menos siempre creí que lo era. De esos que hacen lo suyo; que sabe que hace falta, pero que también sabe que no es imprescindible. Que cualquiera puede hacer lo que hago yo, en todos los sentidos, en cualquier ocasión.

Pero las cosas, por alguna razón, empezaron a cambiar ese día. ¿será real? ¿o será que quiero que lo sea?

- En todo caso no importa, no es eso lo que te quiero contar,…¿Tenés un minuto?.

Eran las siete y cuarto de la mañana de un jueves… El invierno se había ido de las mañanas; el sol se dejaba sentir en las pieles que ya no soportaban más lana encima, pero fundamentalmente… se había ido de las caras de la gente.

Otra vez voy tarde…¿podrá ser? ¿Una hora y cuarto para darme una ducha, tomar un par de mates y salir?. Voy a tener que reveer esto un día de estos, un día de estos.

El bondi de las siete, el que viene vacío y tendría que tomarme todas las mañanas ya debe estar llegando a la terminal de trenes y este que viene ahora lleva gente hasta entre la boletera y el asiento del chofer; pero no puedo esperar al que viene atrás.

Por suerte engancho el semáforo en rojo y la señora esta decidió bajar justo acá, si no seguramente ni para.

Cuando subo, descubro un huequito justo en medio del colectivo; así que pidiendo permiso y soportando resoplos de los que están mas dormidos que yo, me voy metiendo. Una vez que me acomode, me calzo los auriculares y no estoy más para nadie hasta que me toque bajar.

- Recuerdo perfectamente la canción..-¿te acordás de aquel “himno”?. Sentí que sus ojos me estaban taladrando la sien… y como si no hubiese podido evitarlo, me dí vuelta y la miré.

Ahí estaba, nunca me sacó los ojos de encima.. esa mirada inquisidora me estaba matando.

- No puedo explicarte lo que es hermano.. no me creerías. Te juro que no.

Cuando la miré, supongo que el gesto en mi cara fue de ¿es a mí?... porque el suyo, levantando una ceja y ladeando su cara hacia el otro lado fue de “Si boludo, es a vos”.

En cuanto se aseguró que la estaba mirando y que la estaba recorriendo en su asiento, se tomó su dedo anular izquierdo con la mano derecha, y volviendo a hacer ese gesto desafiante, – como intensificando su mirada ¿me entendés?… se sacó frente a mis ojos su alianza…

- “no, no puede ser” pensé… Pero por las dudas, de la mejor manera que me permitieron mis gestos, largué un…¿Te parece?

Cuarenta y cinco minutos hablándonos con gestos, el bondi no se vaciaba nunca y no había forma de que me acercara. Hasta que en un momento se paró, se acercó a la puerta del medio para bajarse y cuando pasó a mi lado, se aseguró que el perfume en su pelo hiciera que la persiga.

Me bajé atrás de ella, te podés imaginar… y sin mediar palabra, caminé a su lado pero siguiendo su ruta hasta un hotel de por ahí…

De lo que pasó después, ya te imaginás, mejor no te cuento nada… eso loco, me lo guardo para mí.

Cuando salíamos, ya no daba mas… -!No te rías boludo…! Quiero decir que ni conocía el timbre de su voz.

Así fue que de pronto tuve que romper el juego de silencios, pero puedo asegurarte que eso me costó mucho mas que desvestirla.

-¿No vas a decirme siquiera tu nombre? ¿o un teléfono? ¿No tenés una cuenta de mail?..¿No vas a preguntarme el mío?

Un segundo después largó la primera carcajada de la mañana. Fue lo primero que no escuché de ella en tono de susurros.

- Todos los jueves vengo para el centro; me contestó… ahora me tengo que ir… Un beso en la mejilla y desapareció en la avenida…

Ahora escuchame, mañana es jueves loco… no me esperes, llego tarde.

Un abrazo para todos.

El Sir

La Historia de Juan y las matemáticas

Juan, como suele hacerse llamar, (alguna vez le dijeron que si hubiese tenido nombre de apostol, alguno lo creería buena gente) camina por una de las avenidas de la ciudad de Buenos Aires. Y tiene hambre; un hambre de esos que viene acumulándose durante días.

Entonces revisa sus bolsillos, y después de un par de agujeros y de papeles inservibles, encuentra el total de su patrimonio en el casi mediodía de hoy. Trece pesos.

Sabe que con esa cantidad, no va a poder comprar demasiado pero supone (y con justa razón) que va a encontrar en alguno de esos barcito, algo que haga callar a su estómago.

Un par de cuadras adelante, encuentra un bar, o un café, o un restaurante (en realidad, jamás entró en uno de ellos y por lo tanto no sabe cuál es la diferencia), pero como está cansado de llenarse con galletitas, empieza a imaginar qué dirá ese “cartel Sandwich” que ve apoyado en la vidriera seguramente con alguna promoción interesante para debutar como comensal.

Llega al frente del café, lee el cartel y luego de reir socarronamente y en silencio, le pregunta a un mozo que casualmente salía a la vereda con la intención de fumarse un cigarrillo (ya que adentro está prohibido), si podía comprar alguna de esas promociones y sentarse en una mesita de las de la ventana para desayunar.

cafe con medilalunas

En ese instante recordó a la Profesora de matemática de segundo.. “La Señora Aída”, que alguna vez le había dicho que la matemática iba a sacarlo de algun problema alguna vez, si la estudiaba.

- Claro amigo,..siempre que tengas doce pesos para pagar. Le dice el mozo al ver las vestiduras de Juan.

Juan lo mira, (sabe que el mozo lo está ninguneando) y se va sin contestar.

Una de las ventajas de la ciudad de Buenos Aires; es que en todas partes, casi tan a menudo como los cafés… aparecen kioscos. Asi es que Juan, se para frente al primer kiosco que encuentra.. y pregunta..

- ¿ Tiene tizas de colores?
- Si pibe… tengo estas cajitas, traen una de cada color..
- ¿ y tiene Amarillo ?
- No se pibe.. fijate…
- No, no tiene… o sí.. pero necesito un amarillo que no es este..
- ¿ y no te sirve este amarillo ?
- Y.. no… es para mi hermanita sabe, ella quiere siempre el mismo amarillo..y no es este.
- bueno pibe.. media cuadra mas allá hay una librería.. preguntá ahi..

Media cuadra mas adelante., la escena prácticamente se repite; esta vez, en  la librería.

- ¿ Tiene tizas de colores ?
- Si, tenemos, tenemos estas cajitas que traen una de cada color… y si no sueltas..
- A ver.. ¿tienen amarillo?
- Si, las cajitas tienen amarillo y sueltas también…
- ¿Y cuánto valen?
- Las cajitas, cinco pesos, las sueltas cincuenta centavos cada una.

Un par de minutos después, Juan había encontrado las tizas amarillas que buscaba, (dos sueltas por un peso) y volvió caminando para el café.

Al llegar, nadie estaba en la vereda, así que se agachó frente al cartel (como leyéndolo de cerca), luego se levantó, entró y eligió la mesa que daba a la ventana, justo la que tapaba el cartel.

Pasaron un par de minutos hasta que el mismo mozo de la vereda, se acercó hasta la mesa que ocupaba Juan.

-¿Vas a pedir algo pibe?
- Si, me trae un café con leche con medialunas de los que dice el cartel ?.. señalándolo con el mentón..
- Si claro.. son doce pesos.. ¿tenés frío?
- Si, se que son doce pesos,.. y no.. no tengo frío.. ¿por qué me pregunta?
- Porque tenés las manos en los bolsillos de la campera.. no me hagas caso..
- Ahh eso, no nada.. es para no perder la plata.
- Bueno, ya te lo traigo..

Al rato, mientras Juan (que seguía con las manos en los bolsillos) miraba por la ventana cómo era ver la vereda desde adentro de un café, volvió el mozo con el pedido, le acomodó la taza y el plato con las tres medialunas y cuando se alejaba, escuchó el llamado de Juan.

- Don…!!
- ¿a mí pibe?
- Si, a usted, venga.. me parece que el pedido está mal..
- No pibe, está bien, es un café con leche con tres medialunas.
- Por eso le digo, faltan medialunas..
- ¿Cómo que faltan medialunas?..
- Si.. le digo, faltan cuatro medialunas.
- Pero si eran tres, ¿cómo te van  a faltar cuatro?
- No.. en el cartel decía que eran siete..
- siete qué, nene.. vos me estás jodiendo..
- No don.. fijese.. dice siete..

El mozo sale.. y entra ofuscadísimo…

- Pibe, dice 3 1/2 Lunas.. donde dice siete ????
- No, el cartel dice 3 y 1/2 lunas, que no es lo mismo, son siete..
- Nene, dice 3 1/2 lunas..
- Le digo que no.. lealo de vuelta.
- No leo nada pibe.. otra vez, son tres y punto.

Ante los gritos del mozo, se acerca el encargado para averiguar qué era lo que pasaba. Luego de que el mozo le contara todo, y que Juan insistiera con que son siete medialunas, el encargado decide salir a ver el cartel.

Un minuto después, el encargado vuelve, le ordena al mozo traer las cuatro medialunas faltantes y borrar el cartel, para pintarlo nuevamente.

Entonces Juan se para, le agradece al encargado, y pregunta por el baño…  y una vez allí se lava las manos para sacarse el polvo de tiza amarillo de los dedos.. y vuelve a la mesa a tomarse su café con leche.

cafe con medilalunas 2
Un Abrazo para todos
El Sir

TANGENTE / Basado en una pintura de Claudia Medina Castro.

Bajó del taxi con la dificultad que le permitieron su ajustada y corta falda, la red que se entreveraba entre sus medias y los catorce centímetros de aguja en sus sandalias. Bajó su cartera del asiento y tomó el paquete envuelto en papel madera y cerrado con sisal, casi como para restarle importancia a su magnificencia.

Acomodó su pelo frente a los vidrios repartidos del portón de entrada, y un segundo antes de llamar al 3º’G’ aprovechó el brillo del acero inoxidable del portero para emparejar su rouge apretando primero y soltando después sus labios… (”perfecta”, se dijo para sí)

- ¿Quién es? se escuchó en la voz de Hernán desde el portero.

- ¿Esperabas a alguien más? le contestó como teniendo la respuesta estudiada.

- Ya bajo. Le djio entre la sonrisa que le había provocado la respuesta.

Luego de que se escuchara la puerta del ascensor, Hernán apareció en el palier del edificio; vestido completamente de negro y con el delantal a la cintura abrochado por delante.

Abrió la puerta y no pudo contener su mirada que se dirigía al paquete atado con sisal; (tal vez para la sorpresa de cualquiera que lo estuviera viendo).

-¿Te parece que podría estar esperando a alguien más así? le preguntó mientras la rodeaba con su brazo desde la cintura y sus dedos jugaban en su pelo.

Subieron, él se dirigió a la cocina para revisar la marcha de la cena y volver con dos copas de vino blanco, mientras ella y sin preguntar, descolgó una obra de telar que él se habría traído no recordaba de donde; abrió el paquete rompiendo el envoltorio de papel y colgó allí su regalo.

- Hay una delgada línea tangente a tus deseos y a los míos en esa pintura, no pude otra cosa que traértela en cuanto la ví, le dijo mientras lo rodeaba luego de tomar la copa que él le ofrecía y brindar por esa noche.

- ¿Cuatro hijos? pensó Hernán sin decir palabra y no pudo evitar sonreirle.

- No exactamente, pensó ella en el mismo silencio y devolviéndole una sonrisa, tan brillante como sus ojos y tan sugerente como lo que vendría.

La noche se convirtió lenta en la mañana siguiente entre la cena planeada para dos, la penumbra del dormitorio y las sombras que se dibujaron de sus cuerpos, en momentos de esos que se viven muchas veces, y siempre se recuerdan como únicos.

Hernán se levantó sigiloso, con la idea de prepararle el desayuno y al pasar frente a la pintura, quedó sumido mirándola, se sentó en el sillón frente a ella durante largo rato; observando y buscando aquello que le había resultado tan intrigante y a la vez revelador..

Antes que pudiera darse cuenta, ella estaba junto a él vestida apenas con una de sus camisas, juntó una a una sus prendas y se dirigió hacia donde sabía se encontraba la ducha.

Minutos más tarde, y mientras Hernán exprimía las naranjas del desayuno, ella salió vestida y con el pelo mojado, tomó de la mesa un juego de llaves, su cartera, y se le acercó a Hernán por la espalda..

“Nunca deberías haber dicho que me amabas”… Le susurró al oído.. y desapareció detrás de la puerta, dejando sobre el sillón  un tejido que parecía una bufanda del mismo color que el rojo de sus labios y del esmalte de sus uñas.

Apenas un instante después, y absorto en las palabras que le retumbaban todavía en la cabeza, Hernán tomó la bufanda y atándola a la araña de hierro del comedor, volvió a observar la pintura creyendo comprender absolutamente todo en el preciso momento en que dejaba caer la silla que lo mantenía firme al suelo y soltando apenas una lágrima….

Un abrazo para todos.
El Sir

tangente

Querida mía….

Hace tiempo que no te escribo, hace meses que no estás conmigo, hace rato que no tengo como llenar el lugar que ocupabas ahora vacío de mi mesa, de mi placard, y hasta de mi corazón. (Es poco menos que imposible describir como nos acostumbramos a lo que somos, a lo que hicimos y a lo que queremos ser)

No se que pasó esta mañana que aparecía en esta muerte en vida igual que cualquier otra desde que no estás; pero mientras me vestía, descubrí que mi puño estaba olvidando la manera de recordarte entre letras y decidí que eso no era posible.. ni justo.

Instantáneamente y a medio vestir (que me esperen mis obligaciones y los gritos de los pasarelas); tomé lo único que pude conservar aquí (un bloc y aquella lapicera que siempre llevabas por mí) y volví a delinear finos trazos azules con mi siniestra, tan finos como el recuerdo de tu figura, del silencio de tus labios sonrientes en mis juegos, en nuestros juegos, aquellos que tanto llenaban nuestras noches, aquellos que hacían que brillaran tus ojos café.

Y fue el momento de locura incontrolada que no pude contener el que te alejó de mi para siempre.. fue el creerme tan poderoso como para no dañarte que terminó con tu vida en mi vida… fue el sentir que te tenía para siempre el que me traicionó y no me dejó ver que tenía la obligación de que tus latidos no se perdieran entre mis manos…

Un segundo, un maldito segundo y el error fue incor regible, el castigo de haberte perdido, es el mayor de todos los que podrían haberme impuesto.

Como quisiera poder decirte que poco importa esta celda, como tampoco importa esta soledad, ni que no me interesa ya no ver el sol. El sol era mío y lo perdí en un juego que me encandilaba, pero que estaba matándote; hasta que fue imposible volver atrás.

Los demás me miran. Ven en mis ojos que falta el brillo de los tuyos y no se atreven a preguntar. Parece que los asusta la idea de tu final, de tu terrible desenlace. Están acá por otras cosas (tan banales como el robo del siglo, o el stéreo de un descapotable alemán) y creen que este es su castigo. El mío, poco tiene que ver con vivir eternamente entre estas sucias rejas; estoy aquí por la simple razón de haberte perdido, por haber sido el responsable de la tragedia, ¿cómo explicar un accidente cuando te encontraron así.. sin vida sobre la mesa ?

Rápidamente llegaron los investigadores; nunca pensé que iba a ser tan efectivo el 911.¡La operadora se rió de mí aquella noche!¡No entendió lo real de mi sufrimiento!

Fuiste la mejor de todas las que tuve; y seguramente de todas las que tendré si es que alguna vez, algún alma se apiada de mi tortura y me deja intentar recuperarme. Recuerdo a cada segundo como fue que envenené para siempre tu alma en un instante de distracción que pareció de locura; de cómo fue que terminé con tu inexplicable belleza por atender una llamada… y te fuiste para siempre..

Un Abrazo para todos..
El Sir

Para aquellos que quieran conocer el principio de esta historia, los invito a pasar por AQUI.

Novela Colectiva: La verdad de Amadeo. Capítulo 7 por El Sir

 

Esto comenzó aquí.

…Se encontró dando vueltas a la plaza en la que rato antes había tomado su decisión. Necesitaba pensar, y no sabía en qué…

El recuerdo recurrente de los últimos minutos de Carla, todavía daba vueltas entre las imágenes que se le aparecían, y no podía soportarlo.

Se preguntó cientos de veces, por qué a Carla, por qué a ella, ….justamente la única que lo escuchaba. La que le había abierto las puertas creyendo sus mentiras, la que lo hacía sentir el mejor (aunque solamente fuera un rato).

Instantáneamente volvió a sentir en sus yemas la imposibilidad de respirar de su última víctima, de Carla, y ese par de ojos negros que lo miraban incomprendiéndolo mientras se hundía en su garganta…, y otra vez, se sintió excitado.

“Definitivamente esto no está bien” se descubrió pensando  y otra vez una carcajada ronca, tan lúgubre como el brillo que sabía había en sus ojos; asustó a un grupo de palomas que caminaban delante suyo, mostrándole su soledad, en la fría mañana que empezaba a asomar…

Metió su mano en el bolsillo derecho de su pantalón y sacó de allí su celular… otra llamada perdida que no quería atender… (No tenía cómo explicar qué había sido de él esa noche, ni a quién hacerlo). Un segundo después, sacó un par de auriculares del bolsillo de su campera; los desenroscó con una fina paciencia premeditada (tratando de creerse que nada pasaba), los acomodó en sus oídos, para después conectarlos al aparato y perderse de su realidad en la frenética guitarra “SG” de su banda favorita. Tenía que encontrar la manera de llevar a cabo el que tal vez sería su último plan, y creía que la música podría acompañarlo en la tarea.

Estaba aturdido, perdido en su propio mundo, y a la vez; sabía perfectamente lo que tenía que hacer…

Caminaba las calles al ritmo del disco que sonaba fuerte en sus oídos y no encontraba la forma.  No veía como cumplirse aquello que tenía decidido. Las canciones pasaban y la respuesta no aparecía nunca. Se sentía el tipo más solo del mundo en ese momento… sentía que ese momento no tenía principio, ni tampoco final…

De repente, (como si el propio destino se hubiera empecinado en encontrarlo), una esquina iluminada a medias entre las luminarias que aún quedaban encendidas y el reflejo del sol que se mostraba, y dos uniformados (era la primera vez, que creía que la federal podría ayudarlo). Uno de ellos; alto, aparentemente entrenado, no podía verle claramente su cara, que se le escondía entre la penumbra; la otra, una morocha que a la distancia parecía encantadora, y a medida que se acercaba le resultaba muy bonita, (tanto, que hubiese querido conocerla…)

Volvió a sentirse excitado fuertemente y sin control; puteó por lo bajo ese deseo de volver a ser la última imagen de alguien; aunque algo en él le decía que no quería cargarse con tres, ni mucho menos con cuatro)… Y fue entonces que supo que su elección no tenía chances, era ese el momento, o tal vez no sería nunca….

Los agentes en la esquina apenas notaban su presencia a mitad de la calle. Se los veía tranquilos, como no esperando nada… cumpliendo la tarea de permanecer allí cada noche, cada día… cumpliendo su ronda; vigilando que nada pasara (quizá hasta sin pensar en que nada les pasara)…

Apuró lo mas disimuladamente que pudo su paso, tenía todo planeado y en un instante… había arrebatado el arma de la morocha esa que había decidido convertirse en ley, con una experiencia tal que él mismo no supo explicarse, y sin mediar un suspiro, disparó…. Uno, dos, tres, todos al mismo cuerpo, que caía vencido.

Con el rabillo del ojo derecho, descubrió que había caminado en círculos, y que estaba nuevamente en la plaza… En ese instante, en sus auriculares, comenzó a sonar su canción…

 

Capítulo 8 (final), aquí.

Patear el tablero…

Salió como todas las mañanas, miró al cielo del invierno que se acercaba, y las nubes (entre negras y grises) le contaron otra vez que el frío le calaría los huesos durante todo el largo día que empezaba.

En la esquina en la que esperaba todas las mañanas al colectivo que lo depositaba en su rutina, los pibes de guardapolvos, ya corrían detrás de un “fulbo” hecho de papel de alfajor, revoleando las mochilas en sus espaldas, para aplacar esa bendita idea de “mamá” de llevarlos a la escuela por la mañana. (..En sus mentes de chicos, no cabe eso de que “mamá” se va a laburar, y si por ella fuera los dejaría durmiendo hasta las once..).

Entre tantos en el refugio de chapa que oficia de parada de buses, dos o tres mamás discuten el precio de los libros, otras despotrican contra la nueva vecina y alguna otra, (ésa que pegó un buen laburo y sale vestida de primera dama cada día)… las mira de reojo, sobrando a su pasado y sin querer pensar en su futuro.

Inevitablemente una sonrisa le llena la cara, mientras se acomoda la bufanda y la solapa de su gastado abrigo, para evitar que el viento le recuerde exactamente dónde se encuentra su cuello; y aunque no entiende esa sonrisa, sabe que va a ser una de las pocas que aparezcan en este día y se dispone a disfrutarla…(total, para que las manos lo lleven nuevamente a su realidad, tiene doce horas por delante.)

Su vida, claramente no es la que soñó para él, pero perdió la capacidad de quejarse con el paso del tiempo y de a poco, descubrió que también perdió la fuerza para cambiarla, para dar ese volantazo a tiempo que lo deposite de nuevo en la pista, la que alguna vez creyó que existía y nunca supo encontrar.. (”si mi vida fuese un mapa, nadie lo llevaría en su cartera” -pensó.) Y cayó de nuevo en la realidad, cuando el fulbito de alfajor, pegó de repente en su zapato y un tímido “disculpe”, lo sacó del silencio en que se había cerrado.

La pelota de papel lo había sacado de la imagen que tenía en su mente, una en la que se veía el perro de su propio perro, el único acompañante de la soledad de sus días.

-¿Disculpe?.. dijo.. – ningún disculpe.. -Tocá que te enseño, pibe…

El chico le pasó el juguete, (sintiendo extrañamente que hacía el pase gol de la temporada); él lo levantó en un solo movimiento hasta su rodilla derecha, dos o tres jueguitos entre ellas hicieron que el chico creyera que estaba viendo alguna de las glorias del pasado, luego lo bajó durmiéndolo hasta su zurda; levantó la mirada, le gritó -”Atajá”.. al que hacía de arquero entre dos camperas tiradas en el piso… (mientras mamá seguía hablando de la nueva).. y se la clavó en el imaginario ángulo de la cabecera norte del “Camp Nou”..que a esa altura, todos veían.

El aplauso cerrado de los cinco o seis pibes le robó la segunda sonrisa de la mañana; la que no esperaba; justo en el momento en que descubrió que perdía su colectivo,…… fue como si en ese instante se hubiese desempolvado su memoria.. como si hubiese entendido que tarde es una palabra absurda….como si la bufanda y el abrigo estuvieran de mas..

“Al carajo”.. le susurró su propia voz en los oídos, y se fue a la plaza a caminar….

Un abrazo para todos.
El Sir