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Profecía: Cadáver exquisito por Lauris

Slavo- dijo la jefa de la tribu- las condiciones están dadas, deberás venir esta noche, a la hora que hemos acordado, los dioses nos guiaran y sabremos si Ivanka vendrá a tu encuentro.

Slavo tomó los leños del árbol sagrado, el mechón de pelo de Ivanka, los polvos mágicos que se esparcen de generación a generación y se sentó frente al fuego. El humo blanco giraba en remolinos. El comenzó de repente con la oración de iniciación.

Dychwelyd i’r fy frenhines a fy tywysoges angerdd a ddifethwyd,eich bod wedi fy carreg caboledig y chysuron fy arhosiad.Dewch yn ôl i mi, yn fy mawl, sy’n dod â chi yn nes at eichcyrchfan

(Vuelve a mi reina y princesa de mi pasión consentida, has de mi piedra pulida, que reconforta mi estancia. Vuelve a mi, es mi alabanza, la que te acerca a destino.)

Y antes del amanecer quedó profundamente dormido. Al sentir los rayos más fuertes del sol abrió los ojos con temor. La jefa lo esperaba de pie rodeada de los sacerdotes más antiguos.

-Ivanka no regresará Slavo. Su vida se ha perdido en una tragedia. Pero su alma vaga en pena esperándote. Miles de años los reencontrarán, el día en que la luz del alba se cruce con la negra noche. Ese día tu y ella volverán a estar juntos.

Slavo no esbozó palabra ni lágrima ni sonrisa.

La jefa tomo una rama del suelo y trazó en la tierra el árbol genealógico ancestral.

-No temás, que el destino está en manos de los espíritus. Recuerda el día que el alba se cruce con la noche. Juntos terminaran.

Slavo recorrió caminos esperando que el alba y la noche se junten, recorrió senderos perdidos durante su vida. Y murió solo a la espera del alma de Ivanka.

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-¿Te olvidaste de nuestra aniversario, ¿no?

-No.

-Negro, no me mientas más carajo, se que te olvidaste. Cuando ayer te fuiste creí por un momento que quizás había pasado por tu cabeza una sorpresa. Pero veo que no.

- Rita, estoy pasado de trabajo.

-Pasada de trabajo estoy yo. Y sin embargo recordé que hoy cumplimos nuestro primer año de casados. Y preparé una cena especial. Pero vos ni llegaste a horario.

- Rita, terminala, ¿si?

Como iba a recordar su primer aniversario si desde hacía 14 días no hacía más que pensar en Alba. Fue verla tras la ventana del taller, sentada en la maquina, surfilando los ruedos de un vestido de brocato, para darse cuenta que no era una empleada más. Un sentimiento que aun no reconocía cruzó como lanza sus entrañas y de ahí su obsesión. Por verla, por hablarle, por saber de memoria cada paso de ella en el taller, en la calle, en su casa y en su vida.

La besó a los pocos días de haberla conocido, le dijo que no sabía como pero se había enamorado. Ella dijo sentir lo mismo que él y tampoco podía describir la sensación.

Esa tarde en que Rita preparaba minuciosa los festejos de su aniversario, Alba y el Negro se fundieron por primera vez en la cama.

-Creo que somos almas gemelas- dijo ella.

Y por fin la profecía se cumplió.

almas gemelas

Me gustaba lo prohibido

Extraño la tibieza de esa patagonia fría. Y su mano recorriendo mi piel agrietada por el viento.  Extraño esos momentos que pasábamos juntos desde que llegaba hasta que llegaban mis padres.

Me buscaba en el pueblo, tenía un viejo auto que no recuerdo cual era, solo recuerdo que la patente terminaba en 111 como mi DNI y el día de mi nacimiento.

Los caminos eran más bien olvidables, secos, llenos de polvo. Pero una vez que llegábamos a la chacra entrabamos a un nuevo mundo. Me recibía con un mate amargo, y me encantaba con sus historias. Yo me sentaba a orillas del río y disfrutaba verlo correr entre los caballos que había heredado de mi abuelo.

Me llevaba a recorrerla a trote. Mostrándome los frutales nuevos, los animales que habían comprado y las novedades que suponía me interesaban. Pero no era así. Solo me gustaba su compañía. Los relatos de un año, que eran extraños y maravillosos.

Cuando terminaba de bañarme lo encontraba esperándome  en el umbral de la puerta y ahí notaba todo.  La diferencia de edad, de costumbres, de experiencias. Pero me gustaba lo prohibido.

Cuando el verano terminaba juraba no volver a caer en la tentación que me producía su personalidad… pero cuando volvía al año siguiente seguía hipnotizándome con su simpatía y forma de ser y empezaba la historia, otra vez,  con el primer mate con el que me recibía.

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Emma Zunz (según Lauris)

Ocho  personas cargarían el ataúd lustrado y de madera oscura.

Entre los llantos ahogados de las mujeres de la fábrica se perdía el comentario de los hombres. No puede ser, no puede ser repetían. Y no hablaban de la muerte, ya no importaba. No podían creer que el viejo Loewenthal  hubiera querido abusar justamente de Emma Zunz.

Cuando sonaron las tres campanadas de la iglesia, el sacerdote salió rumbo a la fábrica con tres monaguillos. Al llegar cubrieron el ataúd con una sábana blanca y ordenaron a los hombres que lo cargaran hasta la casa de Dios. Cuatro de cada lado y a pasos lentos, el cortejo acompañó el cuerpo hasta la iglesia. El párroco, quien había sido confesor de Loewenthal llevó a cabo una emotiva misa que entendió solo él porque se daba en latín.

Requiem æternam dona eis, Domine, et lux perpetua luceat eis. Te decet hymnus Deus, in Sion, et tibi reddetur votum in Ierusalem. Exaudi orationem meam; ad te omnis caro veniet. Requiem aeternam dona eis, Domine, et lux perpetua luceat eis. ” - exclamó y las mujeres volvieron a llorar. Era hora de llevar el cuerpo al cementerio.

Una procesión recorrió el camino hasta su último descanso. Las miradas de los vecinos acompañaban el féretro con atención. No era una muerte más, era un asesinato. No todo los días podían ver pasar por las puerta de sus casas el cadáver de un hombre que había abusado de una pobre mujer. No todos los días veían pasar el cuerpo de la venganza.

Al entierro asistieron sus amistades más íntimas. No se permitió el ingreso de las operarias de la fábrica que aprovecharon para descansar y dar cada una la versión que suponían de los hechos. El luto duraba dos días. Nadie sabía nada de Emma Zunz, algunos pocos pudieron verla salir de la oficina, envuelta en una frazada gris, acompañada de dos oficiales de la departamental. Nadie sabía que iba a ser de ella. A la fábrica seguramente no volvería. Se apiadaban de la pobre chica y la nueva vida que le tocaba vivir. Con la doble deshonra de la violación y la muerte.

Cuando el sacerdote volvió iglesia lo estaba esperando un inspector de la policía. Necesitaba hablar a solas con el religioso. El padre supo en ese momento que la visita no era una mera confesión. El inspector necesitaba información de Loewenthal. Información que solo poseía el confesor.

-          ¿Usted sabe si entre  Loewnthal y Zunz había alguna relación? - fue la primera pregunta.

-          No que yo sepa- respondió el cura.

-          Padre, necesito saber si Emma Zunz, tenía algún otro motivo para matarlo. ¿Alguna vez él se la nombró?

-          No puedo decirle nada, no se nada.

-          Piense padre, recuerde… Si el nombre de Emma Zunz le dice algo.

Y el sacerdote se quedó pensando, Emma Zunz no le decía nada.

El día había sido muy largo, el hombre empezó a rodar en su cama y el nombre en su cabeza… Zunz, Zunz, Emma Zunz, Emma Zunz, Emma, Emma, Emanuel… Emanuel Zunz.

Y recordó la confesión de hace muchos años. El viejo Aaron Loewentalh era gerente de la fábrica cuando hubo una estafa al cajero, un  estafa llevada a cabo por Emanuel Zunz. El hombre había huido del país. Recordó una tarde de las tantas de confesión que él le había contado, que Zunz había sido el chivo expiatorio de una operación de miles de pesos y que el pobre hombre lo había perdido todo.

Mientras se preparaba una taza de té contra el insomnio, recordó nuevamente los hechos. Loewentalh le había relatado a la perfección el plan. Como lo habían armado, como lo habían ejecutado y como habían logrado que Zunz quedará con demasiadas pruebas en su contra. Recordaba que el difunto había solicitado el perdón divino, que había mostrado un arrepentimiento que a sus ojos nunca existió. Será acaso, su muerte un castigo, pensó por un momento. O un hombre que fue capaz de terminar con el buen nombre y honor de una persona, no podría también abusar de la hija.

Siempre creyó que había en el viejo un morbo especial. Nunca fue de fiar. Si bien las contribuciones a la iglesia eran cuantiosas, no había una verdadera caridad, era el pago por lo que el llamaba  “mi pacto con el señor”.

No le quedaban dudas de que él hubiera sido capaz de abusar de la chica Zunz.

Más de una vez calló por hombres deshonestos, era hora de callar por lo que sintió una causa justa.

El Padre Nicanor Soldelver jamás mencionó la confesión que había escuchado. Y trató de olvidar para siempre el nombre de Emma Zunz.

Confesionario

No conviene meterse con él

El pozo era de más de un metro de diámetro, las raíces llegaban a un metro y medio por encima de la superficie, y la copa estaba sumergida totalmente en el agua. El lago estaba calmo. Calmo como nunca. Y el sol se reflejaba. Era como ver una película yanqui, con esos paisajes de ensueño donde la parejita se escapa para vivir su historia de amor que seguramente terminará mal. Era exactamente la idea que se me paso por la cabeza mientras miraba la escena.

Él debería tener unos 26 y ella unos 22. Notaba que estaban enamorados. Se sacaban  fotos que más tarde subirían a facebook, como hacen todos los chicos ahora. Sentí algo de envidia al verlos. Recordé mis fotos del año pasado y me hice a la idea de que sola estaba mejor. Pero volvamos a ellos. Él me parecía medio pavote, se subía a las raíces del árbol caído y jugaba allí, mientras ella le gritaba que se bajara. Era evidente que lo hacía para impresionarla, pero a diferencia de ello la ponía cada vez más nerviosa.

Ella había preparado un pic nic, sobre las piedras había desplegado una manta y colocado comida. Tenía una botella de vino tinto sin abrir, algunas frutas, y un pequeño reproductor de música. Era el preludio de una tarde romántica.

Luego todo sucedió muy rápido.

A lo lejos divisé la figura y quise gritarles, pero la imagen me paralizó. Era cierto entonces, en el lago existía.  Corrí a buscar mi cámara, que no sé porque había quedado en el auto (los que me conocen saben que jamás salgo sin ella) y comencé a fotografiarla. Tenía un lomo con tres protuberancias, que se sumergía y salía con un ritmo de 15 segundos entre uno y otro. El cuello no se veía pero la cabeza de tamaño menor que una pelota número cinco salía a la superficie a unos 80 cm después del resto de cuerpo. Los chicos no lo notaron, pero si la gente que se encontraba del otro lado del lago. Al igual que yo, corrieron tras sus cámaras.

El animal era algo así como una especie de dinosaurio como los que se ven en Jurassic Park, los de cuello alto, esos de la escena en que el doctor llega a la isla y va en el auto con la novia y de fondo se escucha la musiquita que caracteriza a la película. Mil veces escuché que aparecía los días en que el lago estaba manso, pero jamás creí que eran ciertas esas historias, más bien supuse que eran cuentos para asustar niños o atraer turistas.

El chico seguía jugando sobre el tronco cuando ella vio lo que los demás veíamos, y le pidió que se baje, lejos de hacerlo, él se acercó lo más que pudo al agua, caminando por ese árbol semi sumergido. Llevaba en su mano un celular y comenzó a filmar al animal.

Sé que podrán no creerme, pero pareció haberle molestado la filmación, porque a los pocos segundos desapareció. Todos quedamos atónitos y emocionados. Lo habíamos visto y era verdad. Él chico más que nosotros, él tenía una prueba irrefutable. Su novia se reía desde la superficie. Y lo llamaba tirándole besos.

Ahí fue cuando se desencadenó la tragedia, un golpe sobre el tronco lo hizo trastabillar, cayó al agua y se enredó entre las hojas de la copa sumergida, aun tenía medio cuerpo sobre la superficie. Gritaba, desde la distancia trate de entender que decía, supuse que le pedía a ella que lo ayudara porque con miedo intentó subir. Ya cuando se encontraba cerca de él, le tendió la mano para intentar sacarlo y no pudo. Ahí comenzaron a desesperarse y ambos empezaron a pedir ayuda. Un nuevo golpe al tronco se sintió y ahora fue ella la que cayó.

Varios de los que estábamos allí no acercamos corriendo, era imposible que los chicos salgan solos del lago, que además está siempre muy frío en primavera por el deshielo. Si no los sacábamos en ese momento iban a morir de hipotermia. Cuando llegamos nos sorprendimos con un espectáculo desolador, ella no estaba allí, solo se encontraba el cuerpo desmembrado de él.  Mezclado entre las ramas sumergidas del árbol fragmentos de sus brazos y piernas, la cabeza, incrustada en uno de los nudos del tronco, con una expresión de horror en sus ojos abiertos, el torso rasgado  y  manchas de sangre que se perdían en el agua.

Gritamos y lloramos. Sentimos terror, salimos rápido de la zona y esperamos la llegada del personal del Parques Nacionales

Nunca se encontró el cuerpo de ella, en los medios se dijo que fue un accidente trágico. Que se ahogaron. No nos permitieron hablar del espantoso estado en que estaba el chico. Quisieron hacernos creer que eran puras fantasías. Pero nosotros sabemos que pasó aquella tarde allí.  Nosotros vimos los golpes por los movimientos del tronco, los vimos caer y desaparecer, vimos el cuerpo destrozado del muchacho, la sangre y nunca encontramos a ella.

Desde ese día creo más que nunca que existe, y que no conviene meterse con él.

nahuelito

Nahuelito (1)

* Los lugareños aseguran que no es una leyenda. Este verano una decena de personas relataron haberlo visto. Siempre con el mismo argumento, el lago calmo, se ve el lomo y a la distancia la cabeza. Yo quiero creer que existe.

Aquella Navidad: Capítulo 1 por Lauris

Ana llegó apurada de la calle, dejó sobre la mesa su bolso de Prüne y se sentó con un montón de papeles que traía bien acomodados en una carpeta. Concentrada en su próximo trabajo, ni se percato de que en la casa ya estaba su marido.

-Hola. No te escuche llegar – dijo Quique.

-Hola, amor. No sabía que estabas en casa.

Se levantó de la silla y se acercó a saludarlo. Quique la miró y la abrazó, pero rápidamente Ana se soltó y volvió  a la mesa.

-¿Querés un café, Ana? – preguntó, pero ella no le respondió-. Anaaaa- le dijo más fuerte.

-Eh… -respondió ella distraída.

-Te digo, que si querés un café.

-No, no- dijo mientras negaba con la cabeza.

-¿En dónde andas vos ahora?

-Estaba pensando. Voy a hacer un pesebre viviente.

-¿Qué? – preguntó Quique, sin comprender de qué estaba hablando su mujer.

-Sí. Al intendente se le ocurrió la idea de hacer un pesebre viviente para esta navidad. Lo quiere en el hall de la Muni y me pareció piola. El veinticuatro de diciembre a la mañana, antes de que nos den el asueto administrativo, vamos a armarlo. Ya estuve hablando con todos y están bastante entusiasmados.

- Sí. Esos vagos se enganchan en cualquier cosa que no sea laburar.

- ¡Que malo! Ya apalabré a algunos. Roque, el de Recursos Humanos, para el papel de José; Luis, de tesorería, como Melchor; Pogani, el de mantenimiento, quiere ser Gaspar; y Beto, el de la oficina de hacienda, va a interpretarme a Baltazar. Las chicas de mesa de entrada…

-¿Las chicas? Si la más joven ayudó en el parto de María, dejáte de joder.

- Que guacho que sos. Te decía: que las chicas de mesa de entrada van a ayudar con el vestuario y las de Educación Municipal dijeron de hacer la escenografía.

- Y de María vas a hacer vos, me imagino.

-¡Ja, ja, ja!  ¡No!

- Vamos… A mí no, Becerra; a mí, no.

-Bah, no sé. Ellos me decían que lo haga yo, pero no sé, como tengo que organizar… ¿Y a vos te parece que la secretaria del intendente haga de María?

- Si el tesorero hace del Mago de Oz, ¿por qué vos no vas a hacer de María?

- Del Rey Mago, Quique.

-Bueno, la misma mierda.  Aparte, a mí no me engañás, chiquita. Te morís de ganas de hacer de María.

– Tarado…- se ríen-. Bueno; sí, me gusta. Ahora sólo me falta el niño.

-Tendrías que ver quién tuvo un hijo hace poco, o sinó te comprás un bebote y listo- dijo Quique, desperezándose-. Bueno, te dejo con tu pesebre y me voy a ver tele a la cama. No tardes que me duermo. ¿Ya comiste, no? – pregunta mientras la besa.

– Sí. Cenamos después de la reunión. Andá, que  me lavo los dientes y voy.

Ana  dejo los papeles sobre la mesa y se dirigió al baño, pensando en que necesitaba un bebé para su pesebre, pensando en ese bebé, en que bebé… en un bebé pequeño .

Se paró frente al espejo,  para cepillar sus dientes y ponerse crema en la cara. Abrió el botiquín y sacó una de las tantas que usa para las arrugas, una de las tantas  (de + de 30) en las que gasta plata para que no se note el paso del tiempo.

Mientras  retocaba el contorno de sus ojos, se miró y descubrió  algo: descubrió que era eso que le faltaba. Se puso el pijama y se fue a la cama, más seria que de costumbre.

-¿Qué pasa? ¿Seguís pensando en tu pesebre?

-No, Quique. Estoy pensando que me falta un niño.  A mí me falta un niño, a nosotros nos falta un niño.  ¿No creés que ya sea hora de que tengamos un hijo?

Quique la miró desconcertado. Un hijo no estaba en sus planes. Ni hoy ni en los próximos años.

Justo se les ocurrió un pesebre, pensó. Y no supo que contestar.

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im yours

Fue aquella mañana en la que desperté y la brisa que entraba por la ventana hacía sonar nuevamente al llamador de ángeles de la pared, cuando sentí que algo nuevo iba a pasarme.

No voy a mentir, sentía ganas de que me anunciara otra vez tu regreso, pero hace tiempo que dejé de esperarlo.

Quizás sonaba dándome a entender que ya era hora de levantarme del letargo en el que estaba inmersa y salir nuevamente a la vida…

¿Cuanto tiempo paso ya?, desde aquella vez… en que te despedí de la puerta de mi casa. Ya ni se. Solo recuerdo que al entrar las endorfinas me hicieron comer todo el chocolate que tenía guardado en la heladera. Era invierno seguramente.

Bajé de la cama… el piso estaba frío. Fui directo al baño, abrí la ducha. Me iba a dar un baño rapidito. Mientras el agua se ponía digna de tocar mi piel fui a la cocina, encendí la pava y la computadora y volví a mi baño matinal.

El agua parecía bendita, y yo me sentía flotar entre el aroma a maracuyá del shampú… y el de los jazmines del aire que entraban por la ventana.

Me sequé y me envolví en una toalla y salí descalza a preparar el mate. Mientras tomaba dos o tres, leí mis mails y sonreí  cuando vi tu nombre en mi casilla. Leí lo que tenías para contarme, (cosas del auto que acababas de comprar, el nombre del libro que empezaste a leer y tus planes para la semana),  pero no te respondí. Quizás a la noche.

Me puse una camisa blanca, no hacía frío y un chaleco de lana verde manzana. Me maquillé. Busque mis zapatillas verdes y me preparé a salir.

El día parecía de verano. Me encantan las mañanas soleadas.

Cuando abrí la puerta el aire me reconfortó. Me sentí feliz. Salí nuevamente a la vida…

Caminé aquellas calles que me separan de la estación, tomé el tren y a los 26 minutos llegué a retiro.  Caminé hasta la terminal y compré el pasaje que me acercaría cada vez más a mi nueva vida.

Volví sobre mis pasos. En la estación no había tanta gente como cuando fui. Visualice de reojo aquel lugar donde te besé por primera vez.

Tomé otra vez el tren,  y volví para casa.

La compu había quedado prendida… así que nuevamente sonreí al leer otra vez tu nombre. Ya no podía esperar más. Te contesté.

“Ya tengo el pasaje, esta tarde viajo para allá.”

No esperé tu respuesta. Armé el bolso. Y volví a la terminal.

En veinte minutos sale mi micro. Quizás llegue y no estés esperándome. Quizás pienses que esto es una locura y me des mil excusas, quizás digas que me equivoqué, pero sabés que, yo te amo.

Si mi amor no es correspondido, voy a volver… pero con la tranquilidad de haberlo intentado por lo menos una vez más.

Scooch on over closer, dear
And I will nibble your ear

Hoy te vas

ʚϊɞ

abrazo8rx

ʚϊɞ

para siempre

ʚϊɞ

Porque nunca me arrepentí

Recuerdos de la juventud...

Las noches se convierten en un ritual cotidiano. Preparó la cena, la sirvo, acuesto a los chicos y una vez que la casa recupera su silencio, entro despacio a mi cama y trató de hacerme amiga de mi soledad.

Una de las cosas que me dejó la separación es que empecé a tomarle el gusto a estar sola y luego el imaginarme con alguien, se torna cada vez más complicado.

Anoche pensaba en cuanto tiempo hace ya que él no comparte mi cama. Cuanto hace que no esta conmigo… Cuanto tiempo hace que arruiné las cosas con esa  tonta fantasía de adolescente (ya madura). Y me sigo echando culpas, por que esta vez la cague solita, sin  ayuda de nadie. Me compré todos los boletos de la rifa a la boluda del año. Y me gané el premio mayor.

Él se había quedado con los chicos, yo me iba a la reunión de egresados…

En la puerta de la escuela me encontré con Alejandro, siempre tuvimos una asignatura pendiente él y yo.  Grandes amigos toda la secundaria, compañero de trampas y de aventuras.  Nos besamos solo una vez, aquella tarde de sol, una semana antes del día de la primavera, cuando estábamos en quinto año… jamás volvió a pasar pero los dos sabíamos que entre nosotros existía una tensión sexual que algún día teníamos que sacar a la luz . Esa noche, al reencontrarnos, no pude evitar seguir su juego.

En la puerta me dijo…” y si en lugar de entrar a esta fiesta pedorra, nos tomamos una cervecita en el río, como hace años…” y yo sin pensarlo dije: “si”.

Fuimos en su auto, compramos un par de Iguanas que era la primera cerveza que él me hizo probar y después de unas charlas y unos besos terminamos en el telo más cercano.

Luego, a eso de las cinco de la mañana,  me llevó a casa y a hacer borrón y cuenta nueva. Había cumplido mi sueño de la juventud. Había  terminado con el flaco en la cama.

Al llegar a casa, mi marido estaba esperándome en el living despierto. Me asombré al verlo, me preguntó donde había estado y le mentí.

Me lo preguntó una y más veces y seguí mintiendo.

-          “En la fiesta de egresados con los chicos de la secundaria, amor.”

Y mientras le mentía lograba enfurecerlo más y más…

Ahí descubrí que el nene, había estado con fiebre alta, que lo llevó a la guardia del hospital  y el médico le diagnosticó escarlatina. Como no sabe tomar decisiones solo, me fue a buscar a la escuela y quedó como el gran cornudo cuando un par de brujas cizañeras le dijeron que no estaba y que me había ido con el flaco Almada hacía un par de horas.

Luego no pude mentirle más. Confesé mi pecado y él se fue de la casa.

La peor de mis credulidades fue la de pensar que él me iba a entender…

jaja… como si yo fuera a entenderlo,  si me contara que se acostó con alguna compañerita del trabajo. Jamás se lo hubiera perdonado, jamás le hubiera creído una palabra. Y sin embargo esperé el perdón.

Cada vez que viene a casa a traer o a buscar a los chicos, ni siquiera me mira a la cara. Está más delgado, quizás un poco más viejo. Pero lo peor es que está enojado.  Pero no porque me acosté con el flaco, sino porque nunca me arrepentí.

El ovillo de lana enredado entre las piernas

El  ovillo de lana enredado entre las piernas… escapando de las manos mojadas por la lluvia. La sirena del barco sonando más y más fuerte… Dónde esta la punta del ovillo… perdida entre el ruido insoportable… y entre los pies de la gente… y la sirena sonando más y más fuerte.


Patricio se despertó sobresaltado cuando el timbre sonó por tercera vez… era un sueño mezclado en la realidad que estaba viviendo. Miró la hora en el celular que tenía cargando sobre la mesita de luz. Las tres de la mañana. Entre dormido y preocupado bajó las escaleras. Temía que alguien viniera a su casa con la noticia de alguna fatalidad.


Puso su ojo derecho en la mirilla y no logró reconocer a quien estaba del otro lado…- ¿quién es?- preguntó; y una voz angustiosa respondió. – Carla.

Como despertándose por un baldazo de agua fría abrió la puerta y se encontró con su figura. Recordaba de memoria ese rostro que tantas veces había acariciado y no podía encontrarlo frente a él. La cara golpeada de Carla lo asustaba, pero no podía dejarla ahí en la puerta.


-Perdoname, le dijo, no sabía donde ir.


- ¿Qué te pasó?¿Quién te hizo eso? ¡..Decime qué pasó Carla..! – Preguntaba mientras la ayudaba a entrar,  espantado por las marcas de los golpes que ella había recibido.


-Siempre me meto con hombres equivocados- respondió; y rompió en llanto.


Carla se sentó en el silloncito de mimbre que estaba pegado a la ventana y miró los espacios de la casa… sollozaba con nostalgia e impotencia… miles de cosas pasaban por su cabeza. El dolor en su cuerpo y en su alma se entremezclaba como el ovillo de lana en el sueño de Patricio y no sabía como desanudarlo.


-¿Puedo bañarme?


-Si… bañate, yo mientras tanto te preparo un café y después si querés me contás…


Carla entró al baño… estaba como la última vez que había entrado… los frasquitos de perfume en la mesa del vanitory, ordenados por tamaño. El Carolina Herrera se estaba acabando, ella sonrió recordando que ese es el que le gusta usar. Las toallas ordenadas por color. Cada uno de los detalles que recordaba.


Abrió las canillas y esperó que el agua estuviera tibia y una vez debajo intentó pensar una y otra vez en la situación que había vivido. Se sentía perdida como el ovillo del sueño de Patricio bajo la lluvia.


En la cocina él preparaba café mientras intentaba recordar cuando había dejado de odiarla. Ya hacía más de dos años del día en que ella se había ido sin siquiera dar una explicación razonable. Que cruel había sido con él,- me voy porque me enamoré-, dijo y desapareció.


“Te sentarás en la puerta de tu casa y verás pasar el cadáver de tu enemigo“  se había repetido miles de veces… “ya vas a volver y va a ser demasiado tarde”. Nunca imaginó que ese día llegaría así de pronto, ni mucho menos que no haría más que ofrecerle abrigo y protección…


-¿ Puedo ponerme alguna ropa tuya..?- preguntó Carla desde la puerta del living envuelta en una toalla blanca.


- Si, dejá que te alcanzo- respondió- y la acompañó a la habitación.


Carla recorrió nuevamente los espacios con la mirada pero esta vez no le pareció reconocerlo. Era otra habitación, que hablaba de otra etapa en la vida de Patricio.


La dejó sola para que se cambie y terminó de batir los cafés.


Habían pasado casi veinte minutos y Carla no había regresado, algo atemorizado se acercó nuevamente a la habitación y desde unos metros pudo verla sentada de espaldas en el borde de la cama, estaba desnuda todavía…

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desnuda 2

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…a pesar de los golpes seguía manteniendo la naturalidad de la desnudez. Pensó en decir algo pero prefirió regresar al living y seguir esperándola.


Cuando Carla regresó, se miraron en silencio y se sentaron uno al lado del otro en el sillón.


-¿Me querés contar?

-Hoy no…


Carla apoyó su cabeza sobre las piernas de Patricio… él, nervioso, le acariciaba el pelo enredado como el ovillo de lana de su sueño.


Al poco tiempo ella se durmió…


El  ovillo de lana enredado entre las piernas… escapando de las manos mojadas por la lluvia. … Donde esta la punta del ovillo… perdida entre los pies de la gente… y las sirenas ya no se oían… de cada lado unas manos lo iban desenredando… y entre los ovillos redondos se fundían…

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PÓSTUMA / Basado en una pintura de Claudia Medina Castro

Paulita. Andá al Rosedal que un tipo se ahorcó. En 5 te mando la ubicación exacta y va fotógrafo.”

Que cagada, pensó Paula, cuando terminó de leer el mensaje de texto. Hace frío para pasarse la mañana en Palermo y encima viendo a un muerto. El periodismo le encantaba, pero había noticias que particularmente le producían rechazo. Los suicidios eran una de ellas.

Tomó un taxi, y recibió el próximo mensaje.

Alejandro Lema, te espera en la esquina de Libertador y Larralde, el te lleva hasta ahí. No se vayan del lugar. Parece que es el hijo de 1 famoso.”

-Ahhhh buenooo – dijo en voz alta- Me deja en Libertador y Larralde, por favor.

15 minutos esperó al fotógrafo en esa esquina, necesitaba un café y presentía que el día iba a ser muy largo. Alejandro pasó a buscarla en una moto para sorpresa de Paula.

-Ale, ¿cuándo te vas a comprar un auto? Hace frío…

-Subí nena…que quiero sacar fotos antes de que lo bajen.

Llegaron al lugar y la imagen los impresionó. El cuerpo colgaba aun de un árbol… Los ojos estaban abiertos y esbozaba una mueca de dolor. El viento lo balanceaba lentamente. Estaba muy bien vestido. En la gama de los marrones, con una campera de cuero que salía más que dos sueldos de ellos en la revista. A pesar de estar lejos Paula notó que las suelas de los zapatos no estaban casi gastadas. Debería tener unos 35 años, era atractivo. Trató de reconocerlo, pensó si alguna vez lo había visto. Pero nada.

-Ale, ¿Alguna vez lo viste?- preguntó al fotógrafo- ¿En algún boliche, canal, acto político o en algún lado?

-No, no lo conozco- dijo Alejandro mientras miraba una a una las fotos que había tomado.

-Osea que no es el típico hijo de un famoso de la farándula… Quizás de un político… Sabes,  me parece que esto es algo gordo,  lo intuyo.

- Pero ¿qué raro que no lo bajen y que no venga la familia?- y seguía mirando su cámara.

Era verdad, ya hacía un par de horas que estaba ahí, colgado, a la vista de todos los curiosos y nadie había ido a llorarlo, quizás no tenía documentos, pero sino, no se hubiera filtrado la información de que era hijo de un famoso.

- Pau, mira esta foto, ¿No está buenísima?-

- Es horrible … Me quiero ir ya.

-Está buena Pau, el cuerpo colgado, de fondo los árboles, la gente mirando entre risueña y horrorizada y el camino a la glorieta… ¡Es buenísima!… Lástima que no la van a publicar. Creo que jamás me van a publicar una foto de tapa.

- Ni a mí una nota, quedate tranquilo- comentó ella resignada.

Mientras Alejandro seguía inmerso en sus fotografías, Paula no podía dejar de pensar en ese muchacho casi de su edad y con tan triste final.

-Pobre pibe. ¿Ya se sabe quién es? – Preguntó a uno de los policías que esperaban la llegada de la policía científica.

-Si. Pero hay secreto de sumario.

-Me dijeron que es el hijo de un famoso.

-No puedo, nena.

- Dale.

-No puedo, solo te digo que ésta sí que es grosa.

Ya había sacado algo de información, evidentemente era hijo de un famoso. Y por lo que entendió de uno importante. Se acercó nuevamente al cuerpo y siguió observándolo. En la mano tenía un anillo, quizás de compromiso y un reloj. Del bolsillo de atrás del pantalón se veía un papel, podría tratarse de una última carta, que indicara el motivo de la decisión. Del papel podía leerse unas palabras que Paula no entendía. Por la distancia y por la letra pequeña.

-Ale. Vení. Podrías sacarle una foto al bolsillo donde se ve ese papel.

-Si, ¿para qué?… a ver… Esperá.

Mientras sacaba la foto, Paula, no podía dejar de demostrar su ansiedad.

-Listo…

-Bueno acercala tanto como puedas y decime que dice ahí.

Alejandro hizo lo que su compañera le pidió y para sorpresa de ambos el papel  revelaba un nombre:  Sofia.

-Bien, nena… Ya te podés convertir en Maigret… Esa  debe ser la carta de despedida a una mujer,  será la madre, será la novia…

-La madre de sus hijos…

El hijo de un hombre o mujer famoso, se suicida en pleno Rosedal de Palermo una mañana fría de invierno.  Deja en su bolsillo un papel que devela un nombre: Sofía. Ni ella ni otra persona se acerca a la víctima. Solo los curiosos, la policía y uno que otro periodista.

-¿Quién sos bonito?- murmuró Paula, mientras escribía a la redacción-

“No pasa nada. El cuerpo sigue colgado. No vino ni la cana ni la familia”.

Mientras mandaba el mensaje escuchó las sirenas, tres policías de la Federal bajaron con la camilla y se acercaron al árbol. Mientras otros cercaban la zona y alejaban a los molestos, estos intentaban bajarlo. Rápidamente lo subieron a la camilla y se dispusieron a trasladarlo de allí.

-Ya se lo llevan. ¿Me podrían dar el nombre…? Hace horas que estamos acá. ¿Dónde lo llevan?

-No hay información. Hay secreto de sumario,

- Pero el nombre aunque sea. No me dejes así. …Tengo que llevar algo a la revista.

- No podemos, de verdad, esta vez no te podemos ayudar. Esto es delicado. Lo manejará la prensa de la familia.

- ¿De qué familia?

- Ya se enteraran.

Mientras la policía científica se llevaba al hombre, Paula sintió tristeza e indignación. Lo pensó triste, lo pensó solo. Imaginó su noche, caminado por los lagos de Palermo, recorriendo los caminos, irregulares del lugar. Lo imaginó como en un laberinto, siguiendo a su suerte. Lo vio entre la gente y lo sintió solo. Pensó en como eligió su árbol. En como se ensució las rodillas para subir. Y hasta como hizo el nudo de la soga que lo ahorco. Creyó verlo llorar, al escribir su carta a Sofía. Y lo recordó muerto y solo.

Por eso no le gustaban los suicidios, porque no podía dejar de pensar en ellos, en el momento en que cada uno decidía ponerle fin a una agonía.

Pobre morocho, y nadie vino a verlo, nadie lo lloró en este lugar. Quizás sea esa la tragedia.

-Ale, me voy a casa. Ya aviso. Los suicidios me hacen muy mal. Lleva las fotos y que manden a otro. Decile, también vos que me descompuse.

Paula tomó un taxi, escribió un mensaje a su jefe y se fue. Llegó a su casa, se baño, tomó un café y se puso a dormir. Varías horas después se despertó sobresaltada por el teléfono.

-Hola…

-Paula, soy Alejandro, tenés que ver algo. Cambiate que ya paso a buscarte.

- No Ale, ya me acosté a dormir.

-Haceme caso, vestite y en diez estoy por ahí.

Sin quererlo, le hizo caso. Se vistió, se abrigó bien sabiendo que Alejandro la iba a buscar en la moto y lo espero.

-Cuando veas esto, no vas a poder creerlo.- dijo Alejandro y se dirigió a toda velocidad hacia el museo de Bellas Artes.

Una vez allí, le contó.

-Después de la las fotos de esta mañana, me mandaron a cubrir varios eventos pero antes me dijeron que la policía avisó que mañana después del mediodía y tras realizarse la autopsia, van a dar a conocer la identidad de la persona fallecida. Yo agarré la moto, me fui a hacer mis cosas y a la tardecita me vine a esta exposición. A la cual el artista no concurrió. Nadie sabe nada de él ni de la familia. Para no desperdiciar el tiempo perdido me puse a tomar unas fotos hasta que lo vi…

- ¿Qué viste?

-Esto…

Alejandro la tomó de la mano…

-Mirá nena… creo que tenemos nuestra  primera plana… te felicito.

otro ceremonial.

Joven artista plástico se ahorcó ayer en el Rosedal de Palermo. Antes, retrató su muerte en una pintura que se expone desde anoche en el Museo Nacional de Bellas Artes.  El arte argentino llora a una de las figuras con mayor proyección mundial del país.

Todo lo pagué con sexo… Buen sexo como él me enseño

Vicky , mi vieja,  es muy divertida y tiene cada salidas…  Cuando con Alejandra, mi mejor amiga, nos juntamos siempre recordamos los consejos de mi mamá. Desde que su vida cambió con la aparición del rollo sussex, hasta que el huevo se hierve 8 minutos y nada más  o lo que hay que hacer si viene un degenerado.

Siempre que recuerdo eso se me marca una sonrisa. Recuerdo que se iba a la noche a estudiar y nos quedábamos en casa con mis hermanos y con Ale esperando a que llegue mi viejo. Antes de salir, mamá nos miraba y nos decía:

-Si viene un degenerado no lo hagan pasar- nosotras nos reíamos a carcajadas ,  primero porque es lógico que no lo íbamos a dejar pasar y luego porque hacíamos el análisis de cómo sería un posible degenerado. ¿Cómo lo distingo?¿ Hay algún manual?,¿ No era más fácil decir, no le abran la puerta a un desconocido y listo?.

Eso sí, siempre me dijo que nunca hablé con extraños en la calle y menos me suba al auto con uno de ellos.

Era verano, tendría 17 años, iba a la calle Paraná a comprar una remerita, esa noche salía a bailar con los chicos de teatro. Esteban pasó con el auto, frenó y me dijo:

-¿Te llevo?

Mi respuesta fue un rotundo sí, sin pensar en Vicki y sus consejos… Si ella me hubiera visto, si se hubiera enterado, creó que recordaría la paliza que me hubiera dado.

La misma que me hubiera dado si se hubiera enterado también, que me acosté con él en la primera cita… Si ya se, no digo que soy una puritana, me he acostado con hombres en la primera cita, pero no a los 17 años y hace muchos años atrás.

Esteban fue uno de esos hombres inolvidables, lo conocí a los 8 años, era una nena cuando pasaba por la puerta de su casa y lo miraba y él me sonreía. Tenía 33 años más que yo y nunca me habló hasta esa tarde de mi primer verano de egresada.  Y aún me cuesta entender como se animó… decía que me lo comía con la mirada… Y puede ser que sea así, siempre me gustó provocar.

El  me enseño todo lo que debía aprender. El me explicó como era el sexo y como era el amor, me enseñó a disfrutar, a darle placer al otro, siempre darle placer. Me enseñó a convertirme en un ser inolvidable en la vida de cualquiera  y me aclaró desde la primera vez, que yo no iba a ser la mujer que compartiera su vida. Me lo dijo claramente…”Chiquita vos sos una nena, te falta mucho, necesitas un hombre que quiera formar una familia con vos… Y ese no soy yo.

Estuve en su cama durante casi 20 años, lo vi casarse por segunda vez ,  vi nacer a sus hijos más chicos, lloré por querer ser esa que compartiera su historia,  pero comprendí con el tiempo que no hubiéramos llegado a nada juntos y que tuvimos mucho más siendo dos seres escondidos.

Un día le dejé prestarme plata para comprarme un par de zapatos que me gustaban luego y sin darme cuenta , dejé que me mantuviera. Parece que hay  un abismo entre una cosa y la otra pero no lo es, sin darte cuenta un día te compra ropa, otro te ayuda a pagar el alquiler, te lleva al super hasta que todos los meses te entrega un sobrecito con tu plata. Él compró el departamento en el que vivo,  en las mejores épocas de la etapa menemista,  pagó mi facultad, compró mi primer auto, mi segundo y el que tengo ahora. Y no fue gratis, no, todo lo pagué con sexo, buen sexo como él me enseñó.

Creo que si Vicky supiera que crió una hija que se prostituía sin querer creerlo, no hubiera estado muy orgullosa, siempre le mentí, nunca le conté de donde conseguía mi dinero, inventé trabajos bien pagos, inventé vacaciones en cuotas con mis amigas, mientras mi viejito me llevaba al Caribe.

Mi viejito… odiaba que le diga así… un día le dije adiós y la verdad fue porque ya nada de él me atraía. Ya tengo una mejor posición, un trabajo importante. Soy joven y me enamoré de un hombre que me gusta mucho. Ya no lo necesitaba.

Y el pobre Esteban se ve que sufrió, anoche me avisó su abogado, que había fallecido. Que ni se me ocurriera pasar por el velorio porque antes de morir le contó a su esposa y a sus hijos que siempre había estaba enamorado de mí.

Dejó la quinta a mi nombre y la casita de Pinamar. También la agencia de motos de Avenida Libertador cerca de Las Olas Boulevard. Y abrió una cuenta en dólares para que estuviera tranquila por varios años de mi vida.

Al principio pensé si me merecía todo esto y llegué a la conclusión que sí  que lo merezco y que es mío, porque todo lo pague con sexo, buen sexo como él me enseñó.

¿Te acordás Nestor... era todo tan divertido juntos?