Archivo para la categoría ‘lauris’
Julio 31, 2011 | Por lauris ʚϊɞ | # Enlace permanente
Slavo- dijo la jefa de la tribu- las condiciones están dadas, deberás venir esta noche, a la hora que hemos acordado, los dioses nos guiaran y sabremos si Ivanka vendrá a tu encuentro.
Slavo tomó los leños del árbol sagrado, el mechón de pelo de Ivanka, los polvos mágicos que se esparcen de generación a generación y se sentó frente al fuego. El humo blanco giraba en remolinos. El comenzó de repente con la oración de iniciación.
Dychwelyd i’r fy frenhines a fy tywysoges angerdd a ddifethwyd,eich bod wedi fy carreg caboledig y chysuron fy arhosiad.Dewch yn ôl i mi, yn fy mawl, sy’n dod â chi yn nes at eichcyrchfan
(Vuelve a mi reina y princesa de mi pasión consentida, has de mi piedra pulida, que reconforta mi estancia. Vuelve a mi, es mi alabanza, la que te acerca a destino.)
Y antes del amanecer quedó profundamente dormido. Al sentir los rayos más fuertes del sol abrió los ojos con temor. La jefa lo esperaba de pie rodeada de los sacerdotes más antiguos.
-Ivanka no regresará Slavo. Su vida se ha perdido en una tragedia. Pero su alma vaga en pena esperándote. Miles de años los reencontrarán, el día en que la luz del alba se cruce con la negra noche. Ese día tu y ella volverán a estar juntos.
Slavo no esbozó palabra ni lágrima ni sonrisa.
La jefa tomo una rama del suelo y trazó en la tierra el árbol genealógico ancestral.
-No temás, que el destino está en manos de los espíritus. Recuerda el día que el alba se cruce con la noche. Juntos terminaran.
Slavo recorrió caminos esperando que el alba y la noche se junten, recorrió senderos perdidos durante su vida. Y murió solo a la espera del alma de Ivanka.
.
-¿Te olvidaste de nuestra aniversario, ¿no?
-No.
-Negro, no me mientas más carajo, se que te olvidaste. Cuando ayer te fuiste creí por un momento que quizás había pasado por tu cabeza una sorpresa. Pero veo que no.
- Rita, estoy pasado de trabajo.
-Pasada de trabajo estoy yo. Y sin embargo recordé que hoy cumplimos nuestro primer año de casados. Y preparé una cena especial. Pero vos ni llegaste a horario.
- Rita, terminala, ¿si?
Como iba a recordar su primer aniversario si desde hacía 14 días no hacía más que pensar en Alba. Fue verla tras la ventana del taller, sentada en la maquina, surfilando los ruedos de un vestido de brocato, para darse cuenta que no era una empleada más. Un sentimiento que aun no reconocía cruzó como lanza sus entrañas y de ahí su obsesión. Por verla, por hablarle, por saber de memoria cada paso de ella en el taller, en la calle, en su casa y en su vida.
La besó a los pocos días de haberla conocido, le dijo que no sabía como pero se había enamorado. Ella dijo sentir lo mismo que él y tampoco podía describir la sensación.
Esa tarde en que Rita preparaba minuciosa los festejos de su aniversario, Alba y el Negro se fundieron por primera vez en la cama.
-Creo que somos almas gemelas- dijo ella.
Y por fin la profecía se cumplió.

Abril 5, 2011 | Por lauris ʚϊɞ | # Enlace permanente
Extraño la tibieza de esa patagonia fría. Y su mano recorriendo mi piel agrietada por el viento. Extraño esos momentos que pasábamos juntos desde que llegaba hasta que llegaban mis padres.
Me buscaba en el pueblo, tenía un viejo auto que no recuerdo cual era, solo recuerdo que la patente terminaba en 111 como mi DNI y el día de mi nacimiento.
Los caminos eran más bien olvidables, secos, llenos de polvo. Pero una vez que llegábamos a la chacra entrabamos a un nuevo mundo. Me recibía con un mate amargo, y me encantaba con sus historias. Yo me sentaba a orillas del río y disfrutaba verlo correr entre los caballos que había heredado de mi abuelo.
Me llevaba a recorrerla a trote. Mostrándome los frutales nuevos, los animales que habían comprado y las novedades que suponía me interesaban. Pero no era así. Solo me gustaba su compañía. Los relatos de un año, que eran extraños y maravillosos.
Cuando terminaba de bañarme lo encontraba esperándome en el umbral de la puerta y ahí notaba todo. La diferencia de edad, de costumbres, de experiencias. Pero me gustaba lo prohibido.
Cuando el verano terminaba juraba no volver a caer en la tentación que me producía su personalidad… pero cuando volvía al año siguiente seguía hipnotizándome con su simpatía y forma de ser y empezaba la historia, otra vez, con el primer mate con el que me recibía.

Marzo 18, 2011 | Por lauris ʚϊɞ | Claves: Borges, Emma Zunz, lauris, Marmotas, muerte, policial, venganza | # Enlace permanente
Ocho personas cargarían el ataúd lustrado y de madera oscura.
Entre los llantos ahogados de las mujeres de la fábrica se perdía el comentario de los hombres. No puede ser, no puede ser repetían. Y no hablaban de la muerte, ya no importaba. No podían creer que el viejo Loewenthal hubiera querido abusar justamente de Emma Zunz.
Cuando sonaron las tres campanadas de la iglesia, el sacerdote salió rumbo a la fábrica con tres monaguillos. Al llegar cubrieron el ataúd con una sábana blanca y ordenaron a los hombres que lo cargaran hasta la casa de Dios. Cuatro de cada lado y a pasos lentos, el cortejo acompañó el cuerpo hasta la iglesia. El párroco, quien había sido confesor de Loewenthal llevó a cabo una emotiva misa que entendió solo él porque se daba en latín.
” Requiem æternam dona eis, Domine, et lux perpetua luceat eis. Te decet hymnus Deus, in Sion, et tibi reddetur votum in Ierusalem. Exaudi orationem meam; ad te omnis caro veniet. Requiem aeternam dona eis, Domine, et lux perpetua luceat eis. ” - exclamó y las mujeres volvieron a llorar. Era hora de llevar el cuerpo al cementerio.
Una procesión recorrió el camino hasta su último descanso. Las miradas de los vecinos acompañaban el féretro con atención. No era una muerte más, era un asesinato. No todo los días podían ver pasar por las puerta de sus casas el cadáver de un hombre que había abusado de una pobre mujer. No todos los días veían pasar el cuerpo de la venganza.
Al entierro asistieron sus amistades más íntimas. No se permitió el ingreso de las operarias de la fábrica que aprovecharon para descansar y dar cada una la versión que suponían de los hechos. El luto duraba dos días. Nadie sabía nada de Emma Zunz, algunos pocos pudieron verla salir de la oficina, envuelta en una frazada gris, acompañada de dos oficiales de la departamental. Nadie sabía que iba a ser de ella. A la fábrica seguramente no volvería. Se apiadaban de la pobre chica y la nueva vida que le tocaba vivir. Con la doble deshonra de la violación y la muerte.
Cuando el sacerdote volvió iglesia lo estaba esperando un inspector de la policía. Necesitaba hablar a solas con el religioso. El padre supo en ese momento que la visita no era una mera confesión. El inspector necesitaba información de Loewenthal. Información que solo poseía el confesor.
- ¿Usted sabe si entre Loewnthal y Zunz había alguna relación? - fue la primera pregunta.
- No que yo sepa- respondió el cura.
- Padre, necesito saber si Emma Zunz, tenía algún otro motivo para matarlo. ¿Alguna vez él se la nombró?
- No puedo decirle nada, no se nada.
- Piense padre, recuerde… Si el nombre de Emma Zunz le dice algo.
Y el sacerdote se quedó pensando, Emma Zunz no le decía nada.
El día había sido muy largo, el hombre empezó a rodar en su cama y el nombre en su cabeza… Zunz, Zunz, Emma Zunz, Emma Zunz, Emma, Emma, Emanuel… Emanuel Zunz.
Y recordó la confesión de hace muchos años. El viejo Aaron Loewentalh era gerente de la fábrica cuando hubo una estafa al cajero, un estafa llevada a cabo por Emanuel Zunz. El hombre había huido del país. Recordó una tarde de las tantas de confesión que él le había contado, que Zunz había sido el chivo expiatorio de una operación de miles de pesos y que el pobre hombre lo había perdido todo.
Mientras se preparaba una taza de té contra el insomnio, recordó nuevamente los hechos. Loewentalh le había relatado a la perfección el plan. Como lo habían armado, como lo habían ejecutado y como habían logrado que Zunz quedará con demasiadas pruebas en su contra. Recordaba que el difunto había solicitado el perdón divino, que había mostrado un arrepentimiento que a sus ojos nunca existió. Será acaso, su muerte un castigo, pensó por un momento. O un hombre que fue capaz de terminar con el buen nombre y honor de una persona, no podría también abusar de la hija.
Siempre creyó que había en el viejo un morbo especial. Nunca fue de fiar. Si bien las contribuciones a la iglesia eran cuantiosas, no había una verdadera caridad, era el pago por lo que el llamaba “mi pacto con el señor”.
No le quedaban dudas de que él hubiera sido capaz de abusar de la chica Zunz.
Más de una vez calló por hombres deshonestos, era hora de callar por lo que sintió una causa justa.
El Padre Nicanor Soldelver jamás mencionó la confesión que había escuchado. Y trató de olvidar para siempre el nombre de Emma Zunz.

Enero 23, 2011 | Por lauris ʚϊɞ | Claves: cuento, escribidores, lago Nahuel Huapi, lauris, leyenda, marmota, Nahuelito, suspenso, terror | # Enlace permanente
El pozo era de más de un metro de diámetro, las raíces llegaban a un metro y medio por encima de la superficie, y la copa estaba sumergida totalmente en el agua. El lago estaba calmo. Calmo como nunca. Y el sol se reflejaba. Era como ver una película yanqui, con esos paisajes de ensueño donde la parejita se escapa para vivir su historia de amor que seguramente terminará mal. Era exactamente la idea que se me paso por la cabeza mientras miraba la escena.
Él debería tener unos 26 y ella unos 22. Notaba que estaban enamorados. Se sacaban fotos que más tarde subirían a facebook, como hacen todos los chicos ahora. Sentí algo de envidia al verlos. Recordé mis fotos del año pasado y me hice a la idea de que sola estaba mejor. Pero volvamos a ellos. Él me parecía medio pavote, se subía a las raíces del árbol caído y jugaba allí, mientras ella le gritaba que se bajara. Era evidente que lo hacía para impresionarla, pero a diferencia de ello la ponía cada vez más nerviosa.
Ella había preparado un pic nic, sobre las piedras había desplegado una manta y colocado comida. Tenía una botella de vino tinto sin abrir, algunas frutas, y un pequeño reproductor de música. Era el preludio de una tarde romántica.
Luego todo sucedió muy rápido.
A lo lejos divisé la figura y quise gritarles, pero la imagen me paralizó. Era cierto entonces, en el lago existía. Corrí a buscar mi cámara, que no sé porque había quedado en el auto (los que me conocen saben que jamás salgo sin ella) y comencé a fotografiarla. Tenía un lomo con tres protuberancias, que se sumergía y salía con un ritmo de 15 segundos entre uno y otro. El cuello no se veía pero la cabeza de tamaño menor que una pelota número cinco salía a la superficie a unos 80 cm después del resto de cuerpo. Los chicos no lo notaron, pero si la gente que se encontraba del otro lado del lago. Al igual que yo, corrieron tras sus cámaras.
El animal era algo así como una especie de dinosaurio como los que se ven en Jurassic Park, los de cuello alto, esos de la escena en que el doctor llega a la isla y va en el auto con la novia y de fondo se escucha la musiquita que caracteriza a la película. Mil veces escuché que aparecía los días en que el lago estaba manso, pero jamás creí que eran ciertas esas historias, más bien supuse que eran cuentos para asustar niños o atraer turistas.
El chico seguía jugando sobre el tronco cuando ella vio lo que los demás veíamos, y le pidió que se baje, lejos de hacerlo, él se acercó lo más que pudo al agua, caminando por ese árbol semi sumergido. Llevaba en su mano un celular y comenzó a filmar al animal.
Sé que podrán no creerme, pero pareció haberle molestado la filmación, porque a los pocos segundos desapareció. Todos quedamos atónitos y emocionados. Lo habíamos visto y era verdad. Él chico más que nosotros, él tenía una prueba irrefutable. Su novia se reía desde la superficie. Y lo llamaba tirándole besos.
Ahí fue cuando se desencadenó la tragedia, un golpe sobre el tronco lo hizo trastabillar, cayó al agua y se enredó entre las hojas de la copa sumergida, aun tenía medio cuerpo sobre la superficie. Gritaba, desde la distancia trate de entender que decía, supuse que le pedía a ella que lo ayudara porque con miedo intentó subir. Ya cuando se encontraba cerca de él, le tendió la mano para intentar sacarlo y no pudo. Ahí comenzaron a desesperarse y ambos empezaron a pedir ayuda. Un nuevo golpe al tronco se sintió y ahora fue ella la que cayó.
Varios de los que estábamos allí no acercamos corriendo, era imposible que los chicos salgan solos del lago, que además está siempre muy frío en primavera por el deshielo. Si no los sacábamos en ese momento iban a morir de hipotermia. Cuando llegamos nos sorprendimos con un espectáculo desolador, ella no estaba allí, solo se encontraba el cuerpo desmembrado de él. Mezclado entre las ramas sumergidas del árbol fragmentos de sus brazos y piernas, la cabeza, incrustada en uno de los nudos del tronco, con una expresión de horror en sus ojos abiertos, el torso rasgado y manchas de sangre que se perdían en el agua.
Gritamos y lloramos. Sentimos terror, salimos rápido de la zona y esperamos la llegada del personal del Parques Nacionales
Nunca se encontró el cuerpo de ella, en los medios se dijo que fue un accidente trágico. Que se ahogaron. No nos permitieron hablar del espantoso estado en que estaba el chico. Quisieron hacernos creer que eran puras fantasías. Pero nosotros sabemos que pasó aquella tarde allí. Nosotros vimos los golpes por los movimientos del tronco, los vimos caer y desaparecer, vimos el cuerpo destrozado del muchacho, la sangre y nunca encontramos a ella.
Desde ese día creo más que nunca que existe, y que no conviene meterse con él.


* Los lugareños aseguran que no es una leyenda. Este verano una decena de personas relataron haberlo visto. Siempre con el mismo argumento, el lago calmo, se ve el lomo y a la distancia la cabeza. Yo quiero creer que existe.
Noviembre 24, 2010 | Por lauris ʚϊɞ | Claves: Aquella navidad, club, lauris, marmota, navidad | # Enlace permanente
Ana llegó apurada de la calle, dejó sobre la mesa su bolso de Prüne y se sentó con un montón de papeles que traía bien acomodados en una carpeta. Concentrada en su próximo trabajo, ni se percato de que en la casa ya estaba su marido.
-Hola. No te escuche llegar – dijo Quique.
-Hola, amor. No sabía que estabas en casa.
Se levantó de la silla y se acercó a saludarlo. Quique la miró y la abrazó, pero rápidamente Ana se soltó y volvió a la mesa.
-¿Querés un café, Ana? – preguntó, pero ella no le respondió-. Anaaaa- le dijo más fuerte.
-Eh… -respondió ella distraída.
-Te digo, que si querés un café.
-No, no- dijo mientras negaba con la cabeza.
-¿En dónde andas vos ahora?
-Estaba pensando. Voy a hacer un pesebre viviente.
-¿Qué? – preguntó Quique, sin comprender de qué estaba hablando su mujer.
-Sí. Al intendente se le ocurrió la idea de hacer un pesebre viviente para esta navidad. Lo quiere en el hall de la Muni y me pareció piola. El veinticuatro de diciembre a la mañana, antes de que nos den el asueto administrativo, vamos a armarlo. Ya estuve hablando con todos y están bastante entusiasmados.
- Sí. Esos vagos se enganchan en cualquier cosa que no sea laburar.
- ¡Que malo! Ya apalabré a algunos. Roque, el de Recursos Humanos, para el papel de José; Luis, de tesorería, como Melchor; Pogani, el de mantenimiento, quiere ser Gaspar; y Beto, el de la oficina de hacienda, va a interpretarme a Baltazar. Las chicas de mesa de entrada…
-¿Las chicas? Si la más joven ayudó en el parto de María, dejáte de joder.
- Que guacho que sos. Te decía: que las chicas de mesa de entrada van a ayudar con el vestuario y las de Educación Municipal dijeron de hacer la escenografía.
- Y de María vas a hacer vos, me imagino.
-¡Ja, ja, ja! ¡No!
- Vamos… A mí no, Becerra; a mí, no.
-Bah, no sé. Ellos me decían que lo haga yo, pero no sé, como tengo que organizar… ¿Y a vos te parece que la secretaria del intendente haga de María?
- Si el tesorero hace del Mago de Oz, ¿por qué vos no vas a hacer de María?
- Del Rey Mago, Quique.
-Bueno, la misma mierda. Aparte, a mí no me engañás, chiquita. Te morís de ganas de hacer de María.
– Tarado…- se ríen-. Bueno; sí, me gusta. Ahora sólo me falta el niño.
-Tendrías que ver quién tuvo un hijo hace poco, o sinó te comprás un bebote y listo- dijo Quique, desperezándose-. Bueno, te dejo con tu pesebre y me voy a ver tele a la cama. No tardes que me duermo. ¿Ya comiste, no? – pregunta mientras la besa.
– Sí. Cenamos después de la reunión. Andá, que me lavo los dientes y voy.
Ana dejo los papeles sobre la mesa y se dirigió al baño, pensando en que necesitaba un bebé para su pesebre, pensando en ese bebé, en que bebé… en un bebé pequeño .
Se paró frente al espejo, para cepillar sus dientes y ponerse crema en la cara. Abrió el botiquín y sacó una de las tantas que usa para las arrugas, una de las tantas (de + de 30) en las que gasta plata para que no se note el paso del tiempo.
Mientras retocaba el contorno de sus ojos, se miró y descubrió algo: descubrió que era eso que le faltaba. Se puso el pijama y se fue a la cama, más seria que de costumbre.
-¿Qué pasa? ¿Seguís pensando en tu pesebre?
-No, Quique. Estoy pensando que me falta un niño. A mí me falta un niño, a nosotros nos falta un niño. ¿No creés que ya sea hora de que tengamos un hijo?
Quique la miró desconcertado. Un hijo no estaba en sus planes. Ni hoy ni en los próximos años.
Justo se les ocurrió un pesebre, pensó. Y no supo que contestar.

Septiembre 14, 2010 | Por lauris ʚϊɞ | # Enlace permanente

Las noches se convierten en un ritual cotidiano. Preparó la cena, la sirvo, acuesto a los chicos y una vez que la casa recupera su silencio, entro despacio a mi cama y trató de hacerme amiga de mi soledad.
Una de las cosas que me dejó la separación es que empecé a tomarle el gusto a estar sola y luego el imaginarme con alguien, se torna cada vez más complicado.
Anoche pensaba en cuanto tiempo hace ya que él no comparte mi cama. Cuanto hace que no esta conmigo… Cuanto tiempo hace que arruiné las cosas con esa tonta fantasía de adolescente (ya madura). Y me sigo echando culpas, por que esta vez la cague solita, sin ayuda de nadie. Me compré todos los boletos de la rifa a la boluda del año. Y me gané el premio mayor.
Él se había quedado con los chicos, yo me iba a la reunión de egresados…
En la puerta de la escuela me encontré con Alejandro, siempre tuvimos una asignatura pendiente él y yo. Grandes amigos toda la secundaria, compañero de trampas y de aventuras. Nos besamos solo una vez, aquella tarde de sol, una semana antes del día de la primavera, cuando estábamos en quinto año… jamás volvió a pasar pero los dos sabíamos que entre nosotros existía una tensión sexual que algún día teníamos que sacar a la luz . Esa noche, al reencontrarnos, no pude evitar seguir su juego.
En la puerta me dijo…” y si en lugar de entrar a esta fiesta pedorra, nos tomamos una cervecita en el río, como hace años…” y yo sin pensarlo dije: “si”.
Fuimos en su auto, compramos un par de Iguanas que era la primera cerveza que él me hizo probar y después de unas charlas y unos besos terminamos en el telo más cercano.
Luego, a eso de las cinco de la mañana, me llevó a casa y a hacer borrón y cuenta nueva. Había cumplido mi sueño de la juventud. Había terminado con el flaco en la cama.
Al llegar a casa, mi marido estaba esperándome en el living despierto. Me asombré al verlo, me preguntó donde había estado y le mentí.
Me lo preguntó una y más veces y seguí mintiendo.
- “En la fiesta de egresados con los chicos de la secundaria, amor.”
Y mientras le mentía lograba enfurecerlo más y más…
Ahí descubrí que el nene, había estado con fiebre alta, que lo llevó a la guardia del hospital y el médico le diagnosticó escarlatina. Como no sabe tomar decisiones solo, me fue a buscar a la escuela y quedó como el gran cornudo cuando un par de brujas cizañeras le dijeron que no estaba y que me había ido con el flaco Almada hacía un par de horas.
Luego no pude mentirle más. Confesé mi pecado y él se fue de la casa.
La peor de mis credulidades fue la de pensar que él me iba a entender…
jaja… como si yo fuera a entenderlo, si me contara que se acostó con alguna compañerita del trabajo. Jamás se lo hubiera perdonado, jamás le hubiera creído una palabra. Y sin embargo esperé el perdón.
Cada vez que viene a casa a traer o a buscar a los chicos, ni siquiera me mira a la cara. Está más delgado, quizás un poco más viejo. Pero lo peor es que está enojado. Pero no porque me acosté con el flaco, sino porque nunca me arrepentí.
Agosto 18, 2010 | Por lauris ʚϊɞ | Claves: ovillo lana desamor maltrato sexo lauris marmota club amor | # Enlace permanente
El ovillo de lana enredado entre las piernas… escapando de las manos mojadas por la lluvia. La sirena del barco sonando más y más fuerte… Dónde esta la punta del ovillo… perdida entre el ruido insoportable… y entre los pies de la gente… y la sirena sonando más y más fuerte.
Patricio se despertó sobresaltado cuando el timbre sonó por tercera vez… era un sueño mezclado en la realidad que estaba viviendo. Miró la hora en el celular que tenía cargando sobre la mesita de luz. Las tres de la mañana. Entre dormido y preocupado bajó las escaleras. Temía que alguien viniera a su casa con la noticia de alguna fatalidad.
Puso su ojo derecho en la mirilla y no logró reconocer a quien estaba del otro lado…- ¿quién es?- preguntó; y una voz angustiosa respondió. – Carla.
Como despertándose por un baldazo de agua fría abrió la puerta y se encontró con su figura. Recordaba de memoria ese rostro que tantas veces había acariciado y no podía encontrarlo frente a él. La cara golpeada de Carla lo asustaba, pero no podía dejarla ahí en la puerta.
-Perdoname, le dijo, no sabía donde ir.
- ¿Qué te pasó?¿Quién te hizo eso? ¡..Decime qué pasó Carla..! – Preguntaba mientras la ayudaba a entrar, espantado por las marcas de los golpes que ella había recibido.
-Siempre me meto con hombres equivocados- respondió; y rompió en llanto.
Carla se sentó en el silloncito de mimbre que estaba pegado a la ventana y miró los espacios de la casa… sollozaba con nostalgia e impotencia… miles de cosas pasaban por su cabeza. El dolor en su cuerpo y en su alma se entremezclaba como el ovillo de lana en el sueño de Patricio y no sabía como desanudarlo.
-¿Puedo bañarme?
-Si… bañate, yo mientras tanto te preparo un café y después si querés me contás…
Carla entró al baño… estaba como la última vez que había entrado… los frasquitos de perfume en la mesa del vanitory, ordenados por tamaño. El Carolina Herrera se estaba acabando, ella sonrió recordando que ese es el que le gusta usar. Las toallas ordenadas por color. Cada uno de los detalles que recordaba.
Abrió las canillas y esperó que el agua estuviera tibia y una vez debajo intentó pensar una y otra vez en la situación que había vivido. Se sentía perdida como el ovillo del sueño de Patricio bajo la lluvia.
En la cocina él preparaba café mientras intentaba recordar cuando había dejado de odiarla. Ya hacía más de dos años del día en que ella se había ido sin siquiera dar una explicación razonable. Que cruel había sido con él,- me voy porque me enamoré-, dijo y desapareció.
“Te sentarás en la puerta de tu casa y verás pasar el cadáver de tu enemigo“ se había repetido miles de veces… “ya vas a volver y va a ser demasiado tarde”. Nunca imaginó que ese día llegaría así de pronto, ni mucho menos que no haría más que ofrecerle abrigo y protección…
-¿ Puedo ponerme alguna ropa tuya..?- preguntó Carla desde la puerta del living envuelta en una toalla blanca.
- Si, dejá que te alcanzo- respondió- y la acompañó a la habitación.
Carla recorrió nuevamente los espacios con la mirada pero esta vez no le pareció reconocerlo. Era otra habitación, que hablaba de otra etapa en la vida de Patricio.
La dejó sola para que se cambie y terminó de batir los cafés.
Habían pasado casi veinte minutos y Carla no había regresado, algo atemorizado se acercó nuevamente a la habitación y desde unos metros pudo verla sentada de espaldas en el borde de la cama, estaba desnuda todavía…
.

.
…a pesar de los golpes seguía manteniendo la naturalidad de la desnudez. Pensó en decir algo pero prefirió regresar al living y seguir esperándola.
Cuando Carla regresó, se miraron en silencio y se sentaron uno al lado del otro en el sillón.
-¿Me querés contar?
-Hoy no…
Carla apoyó su cabeza sobre las piernas de Patricio… él, nervioso, le acariciaba el pelo enredado como el ovillo de lana de su sueño.
Al poco tiempo ella se durmió…
El ovillo de lana enredado entre las piernas… escapando de las manos mojadas por la lluvia. … Donde esta la punta del ovillo… perdida entre los pies de la gente… y las sirenas ya no se oían… de cada lado unas manos lo iban desenredando… y entre los ovillos redondos se fundían…
.
.
Junio 27, 2010 | Por lauris ʚϊɞ | # Enlace permanente
Vicky , mi vieja, es muy divertida y tiene cada salidas… Cuando con Alejandra, mi mejor amiga, nos juntamos siempre recordamos los consejos de mi mamá. Desde que su vida cambió con la aparición del rollo sussex, hasta que el huevo se hierve 8 minutos y nada más o lo que hay que hacer si viene un degenerado.
Siempre que recuerdo eso se me marca una sonrisa. Recuerdo que se iba a la noche a estudiar y nos quedábamos en casa con mis hermanos y con Ale esperando a que llegue mi viejo. Antes de salir, mamá nos miraba y nos decía:
-Si viene un degenerado no lo hagan pasar- nosotras nos reíamos a carcajadas , primero porque es lógico que no lo íbamos a dejar pasar y luego porque hacíamos el análisis de cómo sería un posible degenerado. ¿Cómo lo distingo?¿ Hay algún manual?,¿ No era más fácil decir, no le abran la puerta a un desconocido y listo?.
Eso sí, siempre me dijo que nunca hablé con extraños en la calle y menos me suba al auto con uno de ellos.
Era verano, tendría 17 años, iba a la calle Paraná a comprar una remerita, esa noche salía a bailar con los chicos de teatro. Esteban pasó con el auto, frenó y me dijo:
-¿Te llevo?
Mi respuesta fue un rotundo sí, sin pensar en Vicki y sus consejos… Si ella me hubiera visto, si se hubiera enterado, creó que recordaría la paliza que me hubiera dado.
La misma que me hubiera dado si se hubiera enterado también, que me acosté con él en la primera cita… Si ya se, no digo que soy una puritana, me he acostado con hombres en la primera cita, pero no a los 17 años y hace muchos años atrás.
Esteban fue uno de esos hombres inolvidables, lo conocí a los 8 años, era una nena cuando pasaba por la puerta de su casa y lo miraba y él me sonreía. Tenía 33 años más que yo y nunca me habló hasta esa tarde de mi primer verano de egresada. Y aún me cuesta entender como se animó… decía que me lo comía con la mirada… Y puede ser que sea así, siempre me gustó provocar.
El me enseño todo lo que debía aprender. El me explicó como era el sexo y como era el amor, me enseñó a disfrutar, a darle placer al otro, siempre darle placer. Me enseñó a convertirme en un ser inolvidable en la vida de cualquiera y me aclaró desde la primera vez, que yo no iba a ser la mujer que compartiera su vida. Me lo dijo claramente…”Chiquita vos sos una nena, te falta mucho, necesitas un hombre que quiera formar una familia con vos… Y ese no soy yo.”
Estuve en su cama durante casi 20 años, lo vi casarse por segunda vez , vi nacer a sus hijos más chicos, lloré por querer ser esa que compartiera su historia, pero comprendí con el tiempo que no hubiéramos llegado a nada juntos y que tuvimos mucho más siendo dos seres escondidos.
Un día le dejé prestarme plata para comprarme un par de zapatos que me gustaban luego y sin darme cuenta , dejé que me mantuviera. Parece que hay un abismo entre una cosa y la otra pero no lo es, sin darte cuenta un día te compra ropa, otro te ayuda a pagar el alquiler, te lleva al super hasta que todos los meses te entrega un sobrecito con tu plata. Él compró el departamento en el que vivo, en las mejores épocas de la etapa menemista, pagó mi facultad, compró mi primer auto, mi segundo y el que tengo ahora. Y no fue gratis, no, todo lo pagué con sexo, buen sexo como él me enseñó.
Creo que si Vicky supiera que crió una hija que se prostituía sin querer creerlo, no hubiera estado muy orgullosa, siempre le mentí, nunca le conté de donde conseguía mi dinero, inventé trabajos bien pagos, inventé vacaciones en cuotas con mis amigas, mientras mi viejito me llevaba al Caribe.
Mi viejito… odiaba que le diga así… un día le dije adiós y la verdad fue porque ya nada de él me atraía. Ya tengo una mejor posición, un trabajo importante. Soy joven y me enamoré de un hombre que me gusta mucho. Ya no lo necesitaba.
Y el pobre Esteban se ve que sufrió, anoche me avisó su abogado, que había fallecido. Que ni se me ocurriera pasar por el velorio porque antes de morir le contó a su esposa y a sus hijos que siempre había estaba enamorado de mí.
Dejó la quinta a mi nombre y la casita de Pinamar. También la agencia de motos de Avenida Libertador cerca de Las Olas Boulevard. Y abrió una cuenta en dólares para que estuviera tranquila por varios años de mi vida.
Al principio pensé si me merecía todo esto y llegué a la conclusión que sí que lo merezco y que es mío, porque todo lo pague con sexo, buen sexo como él me enseñó.

Mayo 7, 2010 | Por lauris ʚϊɞ | # Enlace permanente
Amarres- hechizos- trabas
Recupera a tu hombre
Decía el cartel en la puerta , un pasillo gris de unos treinta metros separaba la calle de la casa que me esperaba. Cruzarlo o quedarme ahí era mi decisión y no era fácil. De eso dependían las demás decisiones a tomar.
Soy partidaria de que la vida es una sucesión de causa- efecto y que nada ajeno va a cambiar el rumbo de las cosas. Siempre supe elegir, hablé y me atuve a las consecuencias. Pero últimamente voy trastabillando y he llegado a un punto de desesperación tan grande que me encuentro en la puerta de este lugar, a punto de hacer algo tan alejado a mi pero a la vez, hoy, tan cercano: amarres y hechizos.
Nunca creí que iba a llorar tanto por un hombre, que una separación me iba a quitar el hambre, el sueño, la posibilidad de trabajar, de atender y hasta de pensar. Que mi mundo iba a girar en el hecho de estar sola, sin él, de no tenerlo y no poder aceptar que no me quiera. Siempre creí que el amor es compartido pero hoy no me importa, no soy nada si no estoy con él.
Entré y el aroma a incienso se sentía cada vez más intenso. Al llegar al fondo, me encontré con un pequeño patio con flores e imágenes de santos y una puerta con un cartel que indicaba: Golpeé y espere a ser atendido.
Toqué la puerta con firmeza y me senté en una silla de mimbre, un perro mediano de color té con leche merodeaba y olía mis zapatillas.
- Toto, no molestes a la señora- dijo una voz que salía del cuarto. Cuando la puerta se abrió salió un hombre morocho, de rulos y una sonrisa bien blanca. – Buenas tardes, soy Roberto Hugo, en que puedo ayudarla.
Le mostré la tarjeta que llevaba en mi mano.
- ¿Estás segura?- preguntó.
- Totalmente.
Hizo ademán con la mano para que entrara y algo nervioso comenzó a revisar sus libros, yo sentada en otra sillita de mimbre observaba ese lugar que podría ser sacado de cualquier película de clarividentes. Luego de ojear encontró lo que estaba buscando. Tomó un trozo de papel y copió con un lápiz lo que supuse sería el conjuro.
- Debes saber que hay hechizos que no tienen vuelta atrás, que una vez que los haces nada va a cambiar. Hay efectos muy importantes, puedes quedarte sin trabajo, sin amigos, sin familia. Las personas pueden apartarse de ti, puede que ese hombre que amas sufra una dependencia absoluta aunque no te ame, puede enfermarse, pero siempre va a estar contigo.
- Nada es peor que estar sin él- respondí.
- Hay cosas mucho peores. Las consecuencias pueden ser funestas. ¿Eres consciente que vas a utilizar magia negra?
- Si.
- ¿Y vale la pena?
- La vale.
- Hay otras opciones, hacer un hechizo de magia blanca, tener fe y él puede llegar a volver contigo.
- No. No, eso no es lo que quiero. Quiero que vuelva a mi y que nada, nunca más, lo quite de mi lado. No quiero volver a sufrir. ¿Qué consecuencias pueden ser peores de las que vivo ahora?
- Eres consciente que vas a ser capaz de manipular directamente la libertad o la capacidad de elección de ese hombre que decís amar.
- Que amo- afirmé.
- ¿Qué amas? Recordá esto entonces: toma tierra de su huella, humedécela con tus lágrimas y con agua de afrodita, sobre ella colocá una vela negra, enciéndela y has que él lea estas palabras. Cuando las lea, apaga la vela y será tuyo para siempre.
Me entregó el papel que antes había escrito, pagué la cantidad indicada en la misma hoja y salí apurada. Fui a unas de esas santerías que hay por la calle Panamá y compre la vela y la esencia. Luego me puse a pensar como conseguir tierra de su pisada. Recordé que en casa tenía una bolsita que había comprado para mis macetas. Fui apurada a buscarla y me acerqué hasta su casa, coloqué una capa fina casi imperceptible en la entrada y de lejos esperé que llegué, entre y no se de cuenta de ella. Y así fue, llegó como siempre, a la misma hora abrió la puerta y nunca se dio cuenta de lo que acababa de pisar.
Luego de un rato y cuando las luces se fueron apagando junté esa tierra en el más absoluto silencio y me fui a mi casa.
Ya tenía todo: la vela, el agua de afrodita, los restos de su huella y solo faltaban mis lágrimas. Comencé entonces a recordar estos últimos meses, nuestra separación, la ausencia y lloré como venía haciéndolo todos los días. Mis lágrimas cayeron entonces y lograron que juntara todo lo necesario para mi hechizo.
Era el momento indicado.
Me senté en la mesa coloqué la tierra humedecida con mis lágrimas en un plato, sobre ella el agua de afrodita, la vela negra y la encendí. Luego acerqué la computadora, abrí el msn y vi que él estaba conectado. Después de meses sin tener noticias, evitando hablarle y ser rechazada, puse mi estado como conectado y le hable:

Apagué la vela.
Ya sos mio hasta la muerte.
Abril 13, 2010 | Por lauris ʚϊɞ | # Enlace permanente

…
Me ayudas le dije, entre inocente y erótica. Buscaba que me hagas el amor. Aunque no recuerdo si en ese momento hacíamos el amor, o lo nuestro era solo una explosión de deseo.
Me dijo que sì, yo tenía puesto un saquito azul, con muchos y pequeños botoncitos que se perdían en un par de manos largas y grandes que torpes intentan desabrocharlo.
Recuerdo que había pasado horas frente al espejo tratando de verme hermosa y él me miraba asombrado intentando descifrar de que manera sacarme esa remerita superpuesta de seda que tenía.
Me tomó de la cintura y con sus dedos delineó mi espalda, marcó caminos que más tarde su boca recorrió.
Lo miré a los ojos, con un gesto que decía: ¿No me pensás desvestir? Y levanté los brazos. Me quitó enseguida la remera y se apresuró a sacarme el pantalón.
Esa noche, había estrenado un conjunto de broderie blanco que se veía níveo y angelical. Trataba de esconder en esa ropa las ansias y el deseo contenido.
Estaba casi desnuda y él totalmente vestido.
Lo desnudó mi mirada.
Me di vuelta sentada en la cama y le deje besarme. Besó mi cuello y mi espalda, me rodeó con su brazos y giré en su cuerpo casi sin darme cuenta.
Llegó a mi boca y me beso entonces, suavemente como ya descubrió que me gustaba. Yo lo escuchaba respirar y lo llamaba con gritos silenciosos.
Luego me miró y me dijo: Entre nosotros se encuentra todo lo necesario en este mundo.
Y me hizo el amor
- ¿Y luego ?
- Luego se acerco y…
Se dio cuenta que al libro le faltaban las tres últimas páginas.
Ultimos Comentarios