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Vuelo supremo de Julián Marchena. Poesía de Costa Rica.

Vuelo supremo de Julián Marchena

Quiero vivir la vida aventurera
de los errantes pájaros marinos;
no tener, para ir a otra ribera,
la prosaica visión de los caminos.

Poder volar cuando la tarde muera
entre fugaces lampos ambarinos
y oponer a los raudos torbellinos
el ala fuerte y la mirada fiera.

Huir de todo lo que sea humano;
embriagarme de azul…Ser soberano
de dos inmensidades: mar y cielo,

y cuando sienta el corazón cansado
morir sobre un peñón abandonado
con las alas abiertas para el vuelo.

Julian Marchena. Nació en San José en 1897.
Todavía joven, viaja a México y Estados Unidos; en este segundo país reside por varios años. Ya de regreso a Costa Rica, en 1938, es nombrado director de la Biblioteca Nacional, cargo que alternó con Moisés Vincenzi.

Con los años, llegaría a ser director general de Bibliotecas y el artífice de su modernización; para realizar esta, volvió repetidas veces a Estados Unidos para actualizar sus conocimientos.

Fue miembro de la Academia Costarricense de la Lengua.
Comenzó a publicar sus poemas en la década de los 20, pero no los reunió sino hasta 1941, cuando apareció su único libro “Alas en fuga”.

Por su único pero excepcional libro y una vida dedicada las bibliotecas nacionales, Julián Marchena mereció el Premio Magón en 1963, el segundo que se entregó y el primero a un poeta costarricense.

El poemario Alas en fuga, casi siempre, o los versos de Vuelo supremo y Romance de las carretas, son familiares y queridos por cualquier costarricense que haya pasado por la secundaria.

Aunque sin publicar, Marchena continuó escribiendo para los amigos y para sí. Miembro activísimo de la Academia Costarricense de la Lengua, reconocido por el gobierno español, traducido al italiano y al inglés, el mayor exponente del modernismo en Costa Rica falleció el 5 de mayo de 1985.

La Redacción Marmota Club

E ainda canta, o filho da p…!

Fue hace unos años, época en que las frutas y algunas verduras se pesaban dentro del supermercado, y no como hoy, en las cajas de salida.
Era viernes por la tarde, el martes sería feriado y muchas empresas, entre ellas la que me empleaba habían decidido” hacer puente de feriado largo”, 4 días.
Programé viajar a una zona de sierra con selva (Serra da Mantiqueira) y estaba súper feliz haciendo compras de comida ya que estaríamos en una cabaña en magnífico paisaje.
Como siempre, en estas circunstancias me puse a cantarolar, cuando termine la compra y me puse en la fila de la caja de pago.
Llegado mi turno fui sacando los comestibles de mi carrito que parecía una montaña, mientras modulaba a media voz aquel bonito corrido:
” Méjico lindo y querido
si muero lejos de tíiiiiiiii,
que digan que estoy dormidoooooo,
y que me traigan aquí…
Méjico lindo y queridooooo…
De repente la joven cajera, levantó un plástico lleno de objetos verdes y me preguntó a quemarropa: você nao pesou os abacates? (¿no pesó las paltas?) Admití que no, sin dar mucha importancia, pues ya estaba yo en Venezuela cantando alegre:
“yo nací en una ribera
del Arauco vibrador
soy hermano de la garza, de la espuma,
de la rosaaaaa
y del sol…
y le canto a Venezuela,
con todo mi corazón…”
Ella se dirigió al chico que empaquetaba en bolsas plásticas y las acomodaba en un carrito mayor, diciendo: -”el señor se olvidó de pesar esto” –y le pasó las paltas. Allí partió el niño a pesarlas, mientras yo ya entraba en Perú, con aquello:
“…de la Alameda al río,
y del río a la Alameda,
airosa caminaba
la flor de la canela…
de la alameda al río,
menudo pié la lleva…”
y ya la joven me decía espantada:
-” ¿no pesó los tomates?”
Nuevamente que no, mientras llegaba el niño y se llevaba los tomates y dejaba las paltas pesadas… y yo seguía negando, con la cabeza porque la boca ya entonaba:
“yo soy la nube gris que tuerce tu destino,
me voy para dejar, que sigas tu camino
y que seas muy feliz mientras yo busco olvidooooo”…
Y llegaron los tomates, pero la voz implacable preguntaba:
” ¿y el ananá, no lo pesó?
Y yo feliz y contento ya estaba en la Patria, con:
“…allí por la Sierra Grande,
tiene mi patria un altar,
es un lago majestuoso
y en la quebrada un lindo parral
que se va que se va, que se váaaaaa…”
Y ya llegaba de vuelta el ananá pero lo estaba esperando
un montón de papas, y yo en Mendoza soñaba:
” cuando pa’ Chile me voy,
cruzando la cordillera,
late el corazón contento,
una chilena me esperaaaaa…”
Vi al niño (ya había otro niño empaquetando mis cosas),
tomar la bolsita de papas y agacharse rápido hasta la oreja de la cajera.
Instintivamente dejé de cantar y escuché:
” e ainda canta o filho da p… !!!”.
Súbita y tristemente comprendí todo el egoísmo de mi alegría, mi negligencia y toda mi impiedad.
Di al niño una polpuda propina y salí algo triste, culpándome por insensibilidad, sabiendo sin embargo que ahora tendría una anécdota nueva para contar a los amigos.

Era viernes por la tarde…el martes siguiente sería feriado, y muchas empresas, – entre ellas la que me empleaba – decidieron hacer puente de feriado largo por 4 días…

Fue hace unos años, época en que las frutas y …..

Ricardo desde Brasil

Escritores de cuentos de México. Hoy, El Pan y el Reloj.

El pan y el reloj, de los hermanos Torres

Érase una vez una noche de mayo, cuando un reloj fugitivo de prisión remaba velozmente un viejo bote sobre los solitarios fiordos. En su oscuro e incierto camino, encontró a orillas de los fiordos una canasta de paja; la abrió, y dentro de esta yacía una masa y una carta la cual decía:

Confío a usted esta masa de pan, ya que cambiará el destino del mundo.

El reloj se sintió muy importante pues antes nadie había confiado en el; sin embargo necesitaba de un horno para crear al pan, por lo que tomó una valiente decisión y fuera de todo egoísmo regresó al pueblo de donde escapó en busca de algún horno.
El feroz viento de esa noche dificultó el avance del bote, así que el reloj metió a la masa de pan en su camisa para protegerla del frío, después remó con todas sus fuerzas, sudó como nunca, los engranes de su cuerpo trabajaron sin parar, pero al pasar las horas ya no pudo mas y le exclamó a la única estrella que estaba en el cielo:
-¡Necesito fuerzas para seguir el viaje!- Y cayó de fatiga abrazando a la masa de pan.
Al día siguiente la corriente los arrastró a orillas de prisión. El reloj despertó, y asombrado vio que la masa de pan se convirtió en un bebe; observando que con el calor y el sudor de su cuerpo, le había dado al pan la vida.
En ese momento alguien se aproximó. El reloj quiso escapar pero el bebé le sonrió mientras cerraba los ojos para dormir. Este gesto tranquilizó al reloj, puesto que ya no estaba solo; la pequeña estrella le dio las fuerzas que tanto anoche anheló.
Así que cuando tengas que tomar una decisión, escoge el camino del valiente. Pase lo que pase, siempre encontraras la paz, la sabiduría, el amor, y la solución a todo, verás que de esta forma el mundo comenzará cambiar.

autor: Los hermanos Torres

Cuentos infantiles mexicanos

fuente: encuentos.com

La Redacción Marmota Club

Anónimo Guaraní, Ricardo desde Brasil

Anónimo Guaraní

Nadie sabía de donde había venido.
Poco hablaba y de forma confusa, lo que aumentaba la neblina de su pasado. Tenía un silbado acento brasileño, y de vez en cuando se  le escapaban palabras y expresiones en portugués.
Cuando era necesario hablar de sus orígenes siempre se remitía a una vaga e imprecisa región: “lá en la frontera” decía, y cambiaba de asunto.
Los isleños lo apodaron “Moncholo” por su cara cueruda de labios gruesos y sus ralos bigotes duros y largos, a lo bagre.
Cuando llegó por primera vez al almacén del manco, ya tenía buena parte del rancho levantada en la encosta del “boquerón”.
Supieron que hachaba en el monte, que pescaba, y lo acompañaba una india paraguaya joven, que decía “curupaitos” en vez de “ correntinos ( en alusión a Curupaití , la última batalla  que los paraguayos ganaron , en la Guerra de la Triple Alianza )
Dos veces por mes cruzaba a Villa Guará donde se quedaba 3 o 4 días.
Sus compras eran las habituales de los paisanos,  salvo por el lujo de la caña quemada y del tabaco “ de corda” con el que armaba sus cigarros, después de picarlos a cuchillo.
La curiosidad de todos crecía, y comenzaron a correr suposiciones sobre su pasado, su vida y sus negocios.
Se habló de una muerte en el Brasil, de contrabando, de fuga de penitenciaria y hasta de magia india y ayuda de animas penadas.
Moncholo, indiferente, iba y venía con su lancha de fondo raso hasta el obraje, la villa, o los riachos profundos del “ Ibira Pita”.
A veces, por las noches, se llegaba al almacén del manco, donde nunca pasaba de la tercera caña.
La india lo acompañaba, esperándolo afuera, sentada en la tierra, fumando cerca de las canoas o de los caballos.
Dos años transcurrieron en lenta adaptación del intruso al ambiente.
Una noche de invierno, tres forasteros altos y sombríos llegaron en una chalana angosta y marinera.
Después de unos minutos de conversación en voz baja con el manco, partieron en silencio.
Apagaron el motor media legua arriba del Boquerón y bajaron costeando, con los remos.
Hicieron a pie el ultimo trecho que los separaba del rancho de quien seria, en las noticias de los días siguientes, Eusebio Olinda, “ o Maragato”.
Dos de ellos eran fornidos y serenos. Vestían ponchos abultados y destilaban orgullo y rencor.
El tercero, delgado y fibroso era más elástico en el andar y tenía una permanente sonrisa de algo enfermo. Llevaba una damajuana en las manos y un fusil al hombro. El bien y el mal le parecían del mismo color.
La india los “venteó” y despertó a Moncholo asustada.
Ladró el perro overo que tenían y a dos detonaciones secas siguió un aullido corto y agudo.
Eusebio se levantó de un salto y supo que iba a morir.
Una voz de odio lo llamó para siempre con eco de muerte.
Recordó Moncholo aquella noche de su desgracia, del inesperado duelo, del alcohol . Los facones en las manos los circulos de pasos alertas y cuidadosos, los amagos y de pronto, su entrada firme… y como un sueño… aquel cuchillo entrando en el vientre del “ doutor Silveira”
Afuera, ahora, eran dos las voces y gritaban insultos y desafíos roncos en portugués.
Moncholo (como sería recordado en las islas) sintió que se soltaba dentro de él un duro resorte preso durante años. (Desde la fuga, el merodeo con los tobas, los escondites en las tres fronteras y el día que decidió esperar la carne de su destino en Boquerón Biguá).
La india que, (como noticié en “El Observador” de Corrientes) no tenía nombre, ya se había desnudado el miedo y sostenía con fuerza la carabina de caza.
Su mirada feroz libertó al hombre bruscamente.
Moncholo descolgó el Remington y abrió de un culatazo la ventana hacia las voces. Los primeros disparos fueron a ciegas y los siguió un silencio atropellado por sus latidos desbocados.
Una pequeña explosión y un crepitar le dijeron que el rancho ardía. Esa muerte era la ultima que elegiría.
Un movimiento lo llamó y muy cerca, una silueta descarnada se destacó contra la selva iluminada.
Su instinto afilado fue puntería, decisión y muerte en una sola vez, y apagó la sonrisa enferma del capanga “Severino”.
Dos descargas cerradas respondieron y un golpe fuerte le arrancó una oreja. Se agachó sintiendo un calor pegajoso en la cara.
Fue allí, a la luz temblante de las llamaradas, que vio dos fríos ojos de tigre levantarse calmamente,  una fina mano  entonces… abrir la puerta , y salir flotando, en su poncho, aferrada a la carabina.
Los tiros vinieron cruzados de dos lugares diferentes, y ella  al caer, apretó los 2 gatillos en la dirección de uno.
La india rodó en silencio y un hermano explotó un alarido ya sin cara.
Eusebio, nervio y ojo, detonó el resto de su cargador hacia el otro. Movimientos bruscos parecieron indicar el resultado.
Parte del techo ya caía y el humo lo sofocaba. No esperó más.
Corrió hasta el muelle, empujó con fuerza la lancha y se tiró adentro.
Casi enseguida, un motor hirió la noche y comenzó a alejarse. “O Maragato” reiniciaba su eterna fuga.
El rancho era ya una hoguera.
Bajo luz de estrellas y fuego, reclinada en la tierra, como siempre silenciosa … una india sin nombre … ya esperaba sus dioses.

Ricardo desde Brasil

El día que…

No necesito que me presentes en sociedad

No necesito ser tu acompañante en las fiestas

Ni siquiera me interesa que presumas ante la gente

Lo perfecta que es nuestra relación

Todo lo que quiero es saber que vas a seguir ahí

El día que la vida me ponga de rodillas

 

Ya tengo bastante recorrido hecho

Siempre con mi cruz a cuestas

Este es un mundo herido y depredador

Y mi disfraz ya no cubre del todo

Mi sensibilidad

 

Aquellos fueron momentos fabulosos

De risas espontáneas y a flor de piel

Descansando sobre lo bien que me iba

Van a estar dentro mío para siempre

Pero no los necesito si la dulzura de tu mirada

Y tu cálida compañía no van a seguir

El día que me cambie la suerte

 

Aquellos fueron momentos fabulosos

De compartir aquellas cosas

Resaltando todo lo que mejor me salía

Van a estar dentro mío para siempre

Pero no me sirven de nada si no vas a estar ahí

El día que me sienta vencido por la adversidad

Y la angustia se vuelva parte de mí

 

Va a ser sencillo encontrar quien me quiera

En las buenas

Todo lo que quiero es saber que vas a seguir ahí

Cuando me sienta perdido y ya no pueda ser yo

Cuando llegue el día en que finalmente queden

Expuestas todas mis debilidades

Todo lo que quiero es saber que vas a seguir ahí

El día que finalmente la vida me ponga de rodillas

 

PRISMA

Crecí escuchando que quien mucho abarca poco aprieta. Que tenia que enfocarme en algo, una única cosa. Una sola meta un solo objetivo. Pero nunca pude. No hay nada que ame en la vida… porque lo que amo es la vida. Y la vida no puedo acotarla a una sola cosa. A una sola pasión. Necesito todas y cada una de las cosas que hago. Como necesito alimentarme con distintos nutrientes. Necesito saber que soy capaz de dar vida, al plantar una sola semillita, y cuidarla y nutrirla hasta verla convertirse en un frondoso árbol o una florida planta. Necesito saber que formo parte de la formación académica de un futuro profesional o brindar recreos al prestar un libro. Necesito sentir que soy mama y esposa, preparando una rica comida o creando un ambiente ordenado y limpio. Necesito sentir las cosquillas y la anticipación al elegir un hilado, la impaciencia al ir tejiéndolo y el orgullo al lucirlo. Necesito sentir la magia de conmover a alguien a través de lo que escribo, de lo que interpreto. Necesito sentir el poder de la creación. Necesito sentir para vivir. Esa es mi manera de sentir la vida… soy un prisma de mí nacen muchas luces. Tal vez no sean las más fuertes ni las más luminosas, pero cada una es única, cada una tiene calidez, cada una me define. Asi es mi vida… un prisma…

Dios me lo debe…

1441

Yo soy esta que se sienta al sol y piensa en moda, en la guerra y la paz, en los delfines. La misma que se mantendrá firme en sus trece y que no pedirá ni perdón, ni permiso.

Nadie podrá decir que me senté en su silla pero, desde ahora, yo ocupo la mía. El cielo es enorme y la tierra también, todos tenemos un sitio.

Algún día moriré, como todos. Pero, hoy, escribiré mi prosa, encenderé mis velas, cortaré mis rosas y dormiré profundamente, abrazada a mis gatos.

Mañana, seguramente  será mejor, Dios me lo debe…

Autor: Gloria Llopiz

COMPROMETIDA( una historia de amor)

COMPROMETIDA

Si bien era previsible el final del libro, las últimas páginas me atraparon tanto que me quedé hasta las tres de la mañana leyendo hasta terminarlo.

Comprometida es la continuación de Comer, Rezar, Amar. Liz cuenta en este nuevo libro la historia de cómo decidió apostar de nuevo al amor y casarse en segundas nupcias con el brasileño Felipe, que conoció en Bali, Indonesia.

Pero antes de dar el “Sí”. Liz decide investigar  muy seriamente de que se trata el matrimonio. Para esto, habla con su madre, recuerda anécdotas y consejos de su abuela. Y habla con mujeres y hombres que encuentra por el camino en su largo viaje por Asia. Además lee infinidades de libros sobre matrimonio. Entre otras historias y anécdotas que cuenta con la maravillosa simpatía que la caracteriza hay una en particular que me pareció encantadora:

“En el barrio de Trastvere ( Roma), se mantiene la costumbre de que si un chico quiere casarse con una chica, debe cantarle una serenata bajo su ventana.

La canción sirve para pedirla la mano a vista de todos. El llega con su grupo de amigos y varias guitarras y le canta una canción que dice así:

¡ Roma, nun fa´la stupida stasera ! ( ¡ Roma no seas estúpida esta noche!). Resulta que el joven no le canta directamente a su amada, porque no se atreve. Por eso dirige la canción a la ciudad entera de Roma, y lo que pide con todo su corazón es que la ciudad lo ayude a convencer a este mujer de que se case con él.

¡Roma no seas estúpida esta noche, ayúdame! Llévate las nubes para que la luna sólo se vea desde aquí. Haz brillar tus estrellas más relucientes. Sopla maldito viento del oeste. Embriáganos con tu aroma. Haz que parezca primavera…

Cuando comienzan los primeros acordes, los hombres del barrio salen por los balcones y lo “ ayudan” al chico a cantar con todas sus fuerzas!

Entonces la chica, al escuchar el coro que se formó sale por la ventana. A ella le corresponde cantar otra parte de la canción, en la que le ruega a Roma que la ayude. Pero lo que pide es algo completamente distinto: quiere que le de fuerzas para rechazar al hombre que la corteja. Y dice:

¡Roma no seas estúpida esta noche! ¡Cubre la luna con un velo de nubes! ¡ Oculta tus estrellas mas relucientes! ¡ No soples, maldito viento del oeste! ¡ Llévate tu aroma de primavera! ¡ Ayúdame a resistir!

Y Ahí salen las mujeres del barrio a sus balcones y cantan a coro  con la chica ¡ Roma, ayúdala a resistir!

Se crea un duelo tan apasionado de voces masculinas y femeninas que parecen haber olvidado que se trata de un juego. Desde el principio de la serenata todos saben el final de la escena: Si ella se acerca a la ventana y mira al chico de la serenata, se sabe que acepto la propuesta de boda. Ella al asumir su papel en la canción, demuestra también el amor que siente por él, pero debe demostrar que tiene orgullo y  “ hacerse rogar” .

Va a hacer falta toda la pasión del joven enamorado, toda la belleza épica de Roma, todo el brillo de las estrellas, toda la seducción de la luna llena y todo el aroma del viento del oeste para que la chica diga Sí.”

Busqué en Google la ceremonia de la serenata en la calle pero no la conseguí. Pero esta representación teatral es preciosa! Véanla!

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Jorge Amado, algo más que los maridos y doña Flor.

Gabriela, clavo y canela de Jorge Amado:

«El perfume del clavo, / el color de la canela / yo vine de lejos / vine a ver a Gabriela», dice la letra de una tonada de la región cacaotera brasileña. Gabriela, una hermosa mulata analfabeta, huyendo del campo y de la miseria en busca de una vida mejor, se traslada a Ilhéus. Una urbe del Estado brasileño de Bahía, transformada súbitamente por la riqueza del cacao en aquel 1925, «cuando florecían los cultivos en las tierras abonadas con cadáveres y sangre y se multiplicaban las fortunas, cuando el progreso se establecía transformando la fisonomía de la ciudad». Gabriela entabla relación con Nacib, un pintoresco comerciante de origen árabe, soltero empedernido, que guarda los atributos del buen fenicio. El amor desenfrenado entre la sensual Gabriela y el pragmático Nacib se entrelaza con las vivencias de las hermanas Reis y del sempiternamente enamorado profesor Josué. Un cúmulo de pasiones humanas en un abigarrado marco rebosante de sensualidad y colorido, que tiene por trasfondo la lucha encarnizada entre el «coronel» Raimundo Bastos y Mundinho Falçao, la tradición y la modernidad.
Gabriela, clavo y canela, a través del eje central de una sencilla y divertida historia de amor, constituye una crónica del Ilhéus de principios del siglo xx, centro de la zona cacaotera brasileña, en la que se libró una violenta lucha por la conquista de la tierra y la defensa de la dignidad humana entre el campesinado y los «coroneles», los despóticos dueños de las plantaciones, obligados a ceder, no sin resistencia, ante el avance del progreso.
Publicada en 1958, Gabriela, clavo y canela representa el punto de inflexión de Jorge Amado, el paso a una narrativa más ambiciosa y abierta que, sin renunciar al compromiso político de su obra anterior, da entrada al pleno disfrute de un vitalismo y una sensualidad profundamente ligados a la cultura y a las costumbres brasileñas, al vitalismo de su Bahía natal.

Jorge Amado nació el 10 de agosto de 1912 en la hacienda Auricídia lugar en donde se en donde se cultivaba cacao. La hacienda estaba ubicada en Ferradas, municipio de Itabuna, estado de Bahía (Brasil).
En el año 1913 su familia se trasladó a la población de Ilhéus, en donde Jorge comenzó sus estudios. Con posterioridad se mudó a Salvador de Bahía, allí estudió y allí inició sus actividades literarias fundó junto a Pinheiro Viegas la “Academia De Los Rebeldes”, conjunto de jóvenes escritores brasileños.
Colaboró con varios periódicos y revistas, como “A Luva” o “Diario De Bahia”. Sus conexiones con Bahía, con su pueblo y sus costumbres, fueron el cimiento principal de todos sus trabajos literarios.
A finales de los años 20 se trasladó a Río de Janeiro, en donde estudió Derecho y en donde dirigió la revista “Don Casmurro”.
En 1931 publicó su primer libro, al que tituló “El País Del Carnaval” (1931).
Jorge Amado políticamente se ubicó en el comunismo lo que lo llevó en 1935 a estar fue detenido y encarcelado por orden del presidente Getulio Vargas.
Tras vivir exiliado desde 1941 en Argentina y Uruguay, fue elegido diputado por Sao Paulo por el Partido Comunista Brasileño. En 1948 se marchó a Europa, residiendo en la ciudad de París y después en Praga hasta 1952.
A su vuelta en Brasil se encargó de la dirección de la revista “Para Todos”.
Su obra, marcada por la ligazón con su tierra, abarca materias políticas y sociales desde una perspectiva realista y descriptiva del sentir popular de sus gentes.
Algunos de los títulos más importantes de su literatura son “Los Subterráneos De La Libertad” (1935), “Capitanes De Arena” (1937), “Tierras Del Sinfín” (1942), “Mies Roja” (1946), “Gabriela, Clavo y Canela” (1958), “Doña Flor y Sus Dos Maridos” (1966) o “Teresa Batista, Cansada De Guerra” (1973).

La Redacción