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EL CADAVER EXQUISITO SEGUN ANY

basado en esta historia loca

Cuando recién nacemos nuestra vida es como una hoja en blanco. Lista para ser escrita, o al menos eso pensaba el “Negro”, en sus épocas de estudiante, de ideales. Cuando fue a buscar un pantalón arreglado de su abuela, conoció a Alba en el taller de costura, lo que le fascinó de ella era esa ingenuidad, rayana en la ignorancia. Y, empezaron a salir.

Al Negro le preocupaba que Alba fuera un poco, obsesiva con el tema de la verdad. Para ella la mentira era inconcebible. La cosa se puso fea cuando el Negro le preguntó.

— Alba, si un asesino estuviera buscando a un niño para violarlo torturarlo y matarlo y vos sabes donde se esconde ese niño ¿qué le dirías?—

— Le diría la verdad. El escondite del niño y luego trataría de convencerlo que no lo mate.

— ¿Pero si estuvieras segura que iba a matarlo?

— No podría hacer nada. Tendría que decirle la verdad.

Ese día, el Negro comprendió que Alba estaba para la interacción. Pero solo pudo convencerla de iniciar una terapia tradicional. Invirtió en esa terapia hasta su ultimo peso ahorrado. Abandonó la carrera de Antropología con solo dos materias por rendir.

Cuando Alba le preguntaba cuando se casarían… y desde que en el taller hacían vestidos de novia se lo preguntaba mas seguido… el Negro solo balbuceaba algunas palabras.

Pasado algún tiempo, Alba, se dio cuenta que el Negro le mentía y fue tal su obsesión que lo abandonó. Partió un día hacia el norte. Los vecinos le dijeron al angustiado Negro que su amada, reía como loca, en su carrera. Que parecía seguir una brújula, que la guiaba.

El Negro vendió todas sus pertenencias y se fue a una comunidad que había conocido en sus estudios de antropología. en esa comunidad las mujeres hacian un viaje de iniciacion hacia el Polo Norte. el Negro escogió esa comunidad en especial porque le pareció una señal la coincidencia del rumbo de las mujeres de la aldea y del rumbo que habia tomado la suya. Tomo el nombre de Slavo. Aprendió de rituales y de religión. Convenció a los ancianos que su amada había partido con las amazonas que año a año parten hacia el polo norte. Los persuadió que le enseñarían las oraciones que sabían para salvaguardar el regreso. Fue tanto lo que mintió lo que actuó, que hoy, mientras hace el ritual, olvidó a Alba, olvidó su nombre, y se apropió de la historia que inventó. Mientras hace el ritual, intuye, aunque no sabe como, que su amada no volverá. Alba se fue siguiendo su norte, con la verdad a cuestas, pero el Negro se quedó enredado en la mentira y hoy es Slavo, el que ruega por el regresó de su amada inexistente, el que sufre y se desgarra sabiendo que nada de lo que haga le devolvera a su amada en la primavera. pero desconociendo su propia identidad.

Emma ZunZ (según Any)

POLICIALES

IMPORTANTE EMPRESARIO ES ASESINADO POR UNA EMPLEADA.

El sábado por la noche, el empresario textil Aarón Loewenthal fue asesinado por una de sus empleadas, Emma Zunz. La mujer alegó defensa propia luego que Loewenthal la hubiera violado. El cuerpo fue hallado por la policía en el despacho que el hombre tenia en su departamento, despues que la joven los llamara para contarles lo ocurrido.
Todo comenzó el sábado por la noche. El empresario quedó en encontrarse con su empleada en su departamento para conversar sobre la huelga que se avecinaba. Loewenthal vivía en los altos de la fabrica, solo. Según la mujer, todo iba bien hasta que el empresario decidió dar por terminada la charla. La condujo por la fuerza al despacho que tenia en su departamento y allí la forzó a tener relaciones.
Luego trato de convencerla de no hacer la denuncia ni contarle a nadie lo ocurrido. La joven se mostró convencida y le pidió un vaso de agua. Mientras Loewenthal iba por éste a la cocina, la mujer tomó el arma del cajón del escritorio. Cuando el hombre volvió con el vaso, Zunz disparó dos veces el arma. Ambos tiros dieron en el pecho del empresario. Una vez en el piso recibió un tercer disparo que terminó por matarlo. No se pudo determinar cuanto tiempo la mujer se quedó junto al cadáver en estado de shock. Cuando llamó a la policía, era victima de un ataque de nervios que hicieron difícil la comprensión de sus palabras. Según fuentes oficiales, lo primero que dijo, y lo que luego le contara al juez, fue “Ha ocurrido una cosa increíble… El señor Loewenthal me hizo venir con el pretexto de la huelga… Abuso de mí, lo mate”
Lejos de parecer un caso fácil, trascendió que existen varios puntos oscuros. Un empleado de tribunales, cuyo nombre pidió que no fuera publicado, informó que existen dudas de la violación, ya que en el cuerpo de Loewenthal no se hallaron restos de semen ni evidencias de actividad sexual reciente. Tampoco se pudo determinar si el arma era del empresario y, si lo era, cómo una empleada podía conocer el lugar donde la guardaba. Otro dato oscuro en la causa es como los quevedos del empresario aparecieron manchados de sangre sobre el fichero a metros del cuerpo.
Sin embargo, el cuerpo de la mujer tenia evidencias de abuso y restos de semen. A pesar de las dudas el juez que entiende de turno caratuló la causa como “averiguación de homicidio”. También dejó en libertad a Emma Zunz ya que si se determina que no actuó en defensa propia, faltaría determinar si lo hizo bajo un estado de emoción violenta, lo que la haría inimputable.

Sábados y domingos en el Puerto de Bs. As.

El puerto de Buenos Aires, en las tardes de sábados y domingos, se transforma. Durante la semana la actividad es abundante. Barcos que llegan y barcos que zarpan. Operarios que manejan pesadas maquinas y obreros que hombrean bolsas. Carga y descarga en las bodegas. Ires y venires de camiones y fletes que llevan o traen la mercadería, los artículos de abastecimiento y los enceres que transportan los barcos. Es un lugar de trabajo, trabajo pesado, trabajo duro.

En cambio los fines de semana el trabajo cambia… y no cambia. Se sigue utilizando el cuerpo como herramienta, pero pocas veces queda exhausto. Los bares se llenan de marineros extranjeros y de mujeres que con sus rutinas y manejos ejercen el viejo oficio. El más antiguo del mundo.

Ante este panorama se encontró Emma Zunz la tarde de un sábado como cualquier otro, pero muy particular para ella. En varios bares estudio las formas, las rutinas, el “negocio” de las mujeres. Buscó ella también un hombre. Primero desecho a los jóvenes, luego a los caballerescos. No quería involucrarse con nadie y quizás alguno de esos hombres le inspirara ternura u otro sentimiento agradable. Ella estaba en busca de sentimientos, pero no de esos. Por ultimo, opto por un hombre petisito, desagradable y grosero.

Su objetivo: aparentar una violación. En realidad fue muy fácil. Cuando el hombre la condujo por pasillos oscuros por el zaguán para luego llegar al cuarto, cuando por fin consumaron lo que habían ido a hacer, Emma sintió que había sufrido un abuso. Lo sintió en todo su horror. Pero la joven sabia que el fin justificaba los medios. Su sacrificio le serviría para vengar la muerte de su padre.

Cuando el marino se fue, Emma rompió el dinero que había dejado en la mesita de luz, se vistió lentamente mientras sentía que el asco y el horror se apoderaban de su cuerpo. Salió del cuarto, en él que solo quedaban penumbras, y salió sin que la vieran. Tomo un Lacroze, que la llevo rumbo a su venganza.

Historias como la de Emma Zunz y otras tantas se pierden en el Paseo de Julio en el Puerto de Buenos Aires. Historias que se multiplican en sus espejos, que se desvanecen en la indiferencia de algunas miradas y cobran vida en otras que las desnudan con ojos hambrientos.

El Puerto de Buenos Aires, en las tardes de sábados y domingos se transforma. Pero el lunes vuelve a su rutina de trabajo, de otro tipo de trabajo. El trabajo duro pesado.

Gallito

Ahí estaba yo. Con una bronca… ¿para qué me habían comprado? “Empecemos un gallinero” dijo la familia. Compraron un gallo y dos gallinas. ¿No saben que necesito como 10 gallinas mínimo?

— ¡Má! Hay que hacer algo con el gallo. Camina por el alambrado del gallinero el loco. Necesita mas gallinas o alguien que le dé una mano.— el comentario de Pablo hizo reír a sus hermanos. Carlos escupió la leche.

— Recién paso un camioncito vendiendo gallinas.— Maria Luz venia de la calle y había escuchado.la oferta.

— Y bueno, anda y compra 5 pesos de gallinas.— Karime sabia que las gallinas no podían ser ni muy buenas ni muy caras si las vendían por la calle. Pero como toda madre, cuando podía quería darles el gusto a sus hijos.

Ahí salieron Santi y Diego los dos varones del medio. Cuando el resto los vio venir con tres gallinas se pusieron contentos. Quien haya visto como venden a las gallinas sabrán que las atan de los pies. Venían Santi con una y Diego con dos. Asi, panza abajo no parecían muy lindas, pero el gallo ni bien las vio salió corriendo del gallinero. Carlos y Pablo les gritaron a los hermanos más chicos que soltaran las gallinas. Tenían miedo de que el gallo en el entusiasmo, los lastimara.

Cuando Diego y Santi soltaron las gallinas, el gallo freno en seco. Todos se quedaron asombrados y dirigieron su mirada a las nuevas del gallinero. Con razón el gallo se había frenado.

¿Me están jodiendo? Flacas sin plumas. Son tan feas que ni con las ganas que tengo las piso. Yo me hago cura.

Asi fue como en Calera, Córdoba nació el primer gallo célibe…

Gracias, montañeses por las risas de este verano.

Aquella Navidad: Capítulo 7 por Quimeykiltru

Esa noche llegaron de vuelta a su hogar, agotadísimos. Ana gritó que quería darse una ducha bien caliente y se encerró en el baño.
Quique miró dentro de la heladera. Tenía que improvisar algo que comer. Ahora que estaban por encargar un bebé, debían empezar a ahorrar en el delivery. No se imaginaba lo que pasaba en el baño.
Ana desenvolvió el papel con cuidado. Miro el reloj y se dio cuenta que hacia más de cuatro horas que no orinaba. Según el folleto del test, era suficiente.
Fueron los cinco minutos más largos de su vida.

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-¡Ana! Queda un poco de leche y queso. ¿Preparo una de las salsitas “siempre listas”? Porque la verdad que no tengo ganas de nada más pes… ¿Qué pasó? ¿Por que llorás?
Quique volcó la leche en su corrida a abrazar a Ana.
-Vamos a ser papás- le dijo su mujer en una carcajada, mostrándole las dos rayitas en el stick.
Quique tardó un minuto en responder. Miró a Ana, después el test de embarazo positivo. Sin decir una palabra se dio vuelta y se puso a limpiar la leche.
-Cómo cambian los tiempos ¿no?- dijo con tono áspero-. En otras épocas había que “hacer” algo además de desear tener un hijo. ¿Vos no te estabas cuidando?
-¿De qué hablás?
-Anoche me planteaste tener un hijo. Hoy recién te dije que sí y ya estás embarazada. ¿Qué paso? ¿De quién es?
Al instante Quique se dio cuenta que había traspasado el límite. La mirada de dolor de Ana fue más de lo que pudo soportar.
-Disculpá, me fui al carajo. Ya sé que es mío.
Ana se quedó helada mientras veía a Quique que seguía limpiando la leche. Jamás se le había ocurrido pensar que su esposo pudiera tomar a mal la noticia. Sobre todo, después que le había dicho que sí, que quería tener un hijo. Sentía que la sangre se había ido de su cabeza. Manoteó una silla y se sentó.
-¡Ahhhhh, noooooo! ¡Ahora no te vengas a hacer la víctima!
Quique respiró profundo y siguió hablando más tranquilo.
-¿Cómo puede ser que ya estés embarazada? ¿No me habías planteado recién ayer la idea de tener un hijo? ¿Ya sabías? O peor ¿lo buscaste sin decirme?
Ana no podía contestar, se había quedado en blanco. Miraba a su compañero de toda la vida como si fuera transparente.
-Ana, no empeores esto. Contestame. Si ya sabías que estabas embarazada, ¿por qué no me dijiste? Si querías un hijo, ¿por qué no me dijiste antes de buscarlo?
Quique no entendía el silencio de Ana. Lo frustraba esa indiferencia. Necesitaba pelear. Sabía que no iba a ser violento. Nunca lo había sido y mucho menos ahora que estaban esperando un hijo. Fue como una revelación ese pensamiento. No importaba como terminara o qué dijera Ana, nada cambiaba el hecho de que la amaba, de que era la mujer de su vida, la madre de su hijo. Pero necesitaba descargar la bronca, la impotencia por el engaño.
-Ana, contestame. ¿Me ocultaste que estabas buscando un bebé o me ocultaste que tenías un atraso?

todo pasa por algo…

En mi tercer año de periodismo, cursé el también el  de taller de 1escritura. Uno de los trabajos era hacer una investigación sobre algún personaje y su cultura. Elegí a Beatriz Pichi Malen porque me llamaba la atención el tema mapuche. Me enganché mucho. Tanto que empecé a aprender telar mapuche y me compré su disco, Plata.2

Durante unos seis meses, me sentaba con mi telar y el disco puesto y tejía. Tejía y soñaba. Mientras los hilos se entrecruzaban dentro de la trama, mi mente divagaba. Se entrecruzaban ideas y sueños. Mi papá estaba enfermo, agonizando. Esos ratos en los que me “iba”, me olvidaba también por un rato de la angustia. Mi papá soñaba con un retoño de su retoño.3

Una noche, escuchando Nayen, mi mente imaginó. Primero una cabecita llena de pelusa, unos ojos negros y grandes, una mirada llena de luz, unas manitas inquietas queriendo alcanzar la luna, una risa cristalina. Mi corazón desbordó de amor y se rompieron diques de felicidad. Nayen… amada… Nayen… amada…4

Cuatro años después, vi esa mirada, esa cabecita peluda, esas manos. Mi corazón se volvió a inundar de amor, de dicha… esa era mi nena. Nayen, porque era la mas amada. María porque era un milagro de Dios, porque ser madre me llenaba de luz, como a la Virgen. El 30 de junio del 2005, a las 14:05, se escuchó por primera vez la voz de María Nayen; y a pesar de ser su primer llanto, era el sonido mas dulce.5

Hoy es la luz, la ternura, la inteligencia, la sensibilidad, la solidaridad, la amistad, la lealtad, la amiga de los animales, el arte… hoy es todo eso. Es María quien me guía como mamá, es Nayen la mas amada sin duda. Es el retoño del retoño.

Nayen, el sonido dulce. Nayen, el significado profundo. Nayen, la mas amada.

6

CACHENGUE

¿Y mi mama donde esta? Si están mis seis hermanitos, mi mama debe andar por acá. Hace frío. Tengo hambre pero mi mama no aparece. Ahí viene alguien.

Marta abrió el portón de la iglesia y le pareció raro ver una caja en el medio del patio. Ella había limpiado todo ayer, después de la ultima misa del sábado. Faltaba menos de una hora para el primer servicio del domingo y la Iglesia Sagrado Corazon tenia que ser limpiada. Por un momento, cuando escucho llantos, pensó lo peor. Un bebe tirado de esa manera, con 1 grado bajo cero de térmica y lluvia, no podía estar bien. Suspiro aliviada, cuando vio que solo eran cachorritos. Un momento después, volvió a sentir esa puntada en el corazón, el dolor y la incomprensión. No era un bebe, pero seguían siendo 7 criaturitas indefensas. No debían tener mas de 15 días.

¿¿¿Adonde nos lleva??? ¡¡¡¡Quiero a mi mama!!!! ¡¡¡Tengo hambre!!! ¡¡¡Tengo frío!!!!!. Mis hermanitos y yo nos ponemos todos juntos, uno encima de otro, asi nos damos calor. Vemos de lejos, que llega gente, pero nadie viene a vernos o ayudarnos. Ojala me dieran algo de comer. Tengo tanto frío.

— Hermanos, cuando llegamos hoy a la iglesia, nos informo Martita que habían dejado abandonados a 7 cachorritos. Les pido, que abran su corazón y adopten o busquen familias para esas criaturitas de Dios.

Al terminar la misa, el padre Juan hizo esta aclaración. Un murmullo de indignación recorrió la nave de la Iglesia. Afuera el viento arreciaba, la temperatura seguía bajando y todos tenían miedo que la lluvia se convirtiera en agua nieve. ¿Qué iba a ser de eso cachorritos? Ese día 3 encontraron familia.

Se llevaron a mis hermanitos, solo quedamos 5, pero seguimos teniendo hambre y frío. Nos dan leche, pero nos hace doler la panza.

Hoy se llevaron a tres hermanitos más. Solo quedamos mi hermanita y yo, con mucho frío. Antes cuando éramos mas nos abrigábamos mejor. Ahí se acerca alguien. Me alza. ¡¡¡¡Tengo tanta hambre!!!! ¡Uy! ¡¡¡Me hice pis!!! ¡¡¡Seguro ahora me dejan!!! Que raro… no parece molestarle. No quiero dejar a mi hermanita sola. Parece que esta humana me entiende.

— No vamos a dejar a la perrita sola. La llevamos con nosotros. Le saco fotos, la subo al facebook y alguien la va a agarrar.

— Sí. Dale Tati, nos llevamos a las dos.

— Y si, chicas, no vamos a dejar sola a una.

Laura vio como se acercaba Diego, con una señora, adivino que venían a adoptar a una nena. Abrazo con mas fuerza a su perrita, esa que habían elegido con su mama y su hija. Tres generaciones humanas unidas salvando a una mascotita.

— Chicas, esta es mi tía. Viene a adoptar a una de las nenas.

— Nosotros nos llevamos a la marrón— contestaron, Laura, Tati y Maria.

Este lugar es mas calientito. La humana que se llama Laura, me abraza y me mete entre su campera y su ropa. Se ve que se da cuenta que tengo frío. ¿Dónde estamos? Este lugar huele mal.

— Ponela en la camilla asi la revisamos.— dijo Roxana, la veterinaria — ¿Hace pis y caca?

— No sé, recién la adoptamos, todavía no fuimos a casa. Pis hace seguro porque tengo toda la campera mojada.

— Esta muerta de hambre.

— En la Iglesia le daban leche.

— Es lo que hace toda la gente, pero la leche les da diarrea y eso los deshidrata. Vamos a darle el antiparasitario. La podes bañar, con agua tibiecita y las secas con el secador. Asi puede dormir con vos y la nena.

— Como nos conoces Roxana….

Esta señora nueva me dio comida, pero antes me hizo tomar un agua muy fea… pero era tanta mi hambre que me lo tome. Después me dieron una golosina. El único problema que tengo es que me hago pis a cada rato. Menos mal que Laura no se enoja.

¿Y esto? Un humano distinto…

— Joe, despertate, conoce al nuevo miembro de la familia. Es tu hija perruna, Cachengue.

Que rico que huele este lugar. Este humano me hace cosquillas. ¡Uy! Otra vez ganas de hacer pis.

— Bonita, tu hija nueva te pillo la cama.

Me agarra. Seguro que me va a pegar. No. No me pego, me esta abrazando. Ay. Ay. Ay. Ay. Esto no me gusta. Que esto??? Justo que tenia un olor divino a perro bien perro, me hacen espuma con esa fragancia de humano. Pero bueno, no me quejo el agua esta calientita y me acarician.

¡¡¡¡Ese ruido!!!! ¡¡¡¡Que viento!!!! Pero es distinto del viento de afuera, este es calientito. Ya esta, ahora estoy seca y huelo a humano.

— Cachengue, esta es tu hermana perruna, Betuna. Ahora veni que te doy papilla.

— Mama, ¿qué come Cache?—

— Roxana nos dijo que tenia que comer, alimento de cachorros remojado en agua, nestun o arroz con carne picada. Ahora le hice papilla de alimento y nestum.

— Esta contenta.

Pasaron los días y Cachengue se fue adaptando la vida humana. Durante el día, duerme siempre a upa de Tati, la abuela, Laura, la mama, Joe, el papa, o Maria la hermana humana. A la noche duerme abrazada a Laura. Como si fuera un osito de peluche.

La llevan de paseo, en el auto o a upa caminando. Todavía no puede andar en la calle porque le faltan algunas vacunas. Hace unos días, fue a visitar a sus primos, Turi y Pucara.

Laura le tejió tres pullovers. Uno rosa, otro chocolate y uno violeta. Anoche, mientras se acomodaba entre Maria y Laura para dormir escucho una conversación.

— Mama, ¿Cache sabrá que la queremos? Tuvo suerte ¿no?

— Si, hijita, tuvo suerte. Seguro que sabe que la queremos. Pero lo que es mejor sabe que no la vamos a dejar nunca. Ya tiene una familia.

Sé que me quieren, sé que me cuidan. Están todo el día dándome besos y haciéndome mimos. Yo también los quiero, son mi familia humana. Mis hermanitos y yo tuvimos suerte. Ojala hubiera mas familias como la mía. Ojala no hubiera mas perritos abandonados. Ojala, no hubiera humanos tan malos como los que me dejaron. Me gusta dormir apoyando la cabeza en el cuello de Laura. Siento su olorcito y sé que nunca mas voy a estar sola. Sé que tengo una familia

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cachengue

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SENTIRES/ Basado en una pintura de Claudia Medina Castro

Con sus manos blancas ellas atenazan mi alma. Intentan vencerme. Marchitarme. Son fantasmas blancos recorriendo mi cuerpo y mi alma. Sin saberlo me impulsan a tomar el camino contrario. Cuando Tristeza, Miedo, Depresión y las demás me acarician, no logran derrumbarme. Como gusanos que me recorren, dejan rastros en mi cuerpo. Para lavarlo, elijo sus manos, sus labios, su lengua. Cada caricia, cada beso, cada estremecimiento, borra sus heladas huellas de mi cuerpo. El ardiente calor de su cuerpo sobre el mío, derrite el hielo. Las aleja. Asi enredados entre sabanas claras. Compartiendo sudores. Piel con piel.

Su cuerpo sobre el mío. Mi sangre se enciende y aleja el sentimiento de muerte que ellas quieren imponerme. Como pensar en la muerte cuando me siento tan viva. Y asi se van. Desaparecen. Las cuentas del rosario vuelven a cero. Mi vida vuelve a su cause normal. Casi al mismo tiempo que lo hacen los latidos de mi corazón. Exhausta. Me entrego a sus brazos y a su calor una y otra vez.

No temeré a las blancas y frías parcas, cuando tengo al rojo y ardiente Amor de mi lado.

otro ceremonial

CIUDAD EVITA

En la vida todo se consigue con esfuerzo. Nada es gratis. Hay que pelear para alcanzar los objetivos. Esto pensaban Catalina, Manuela, Hortensia y Beba. Habían llegado a la Capital, huyendo de la pobreza y la falta de oportunidades de sus pueblos natales. No todo era color rosa en Capital. Por lo menos los chicos podían ir a la escuela. “La macana,es que dormimos los cinco en una pieza pensaba Catalina, .” A ella no le gustaba que Amanda, Raúl y Nilda vivieran hacinados. Tanto había escuchado hablar de Eva Perón, que se había convencido que la Señora era quien podía darles una oportunidad.

Un día charlando, con Doña Beba se les había ocurrido la idea. Empezaron a seguir a Eva y al General a donde se les ocurría que podían ir. El Ministerio de Trabajo, la Casa de Gobierno, la Fundación Eva Perón. Llevaban cartas, pidiendo lo que necesitaban. Claro que eran otras épocas, Beba pedía una maquina de coser, Hortensia un trabajo para su marido, Manuela y Catalina una casa. Pero nada de regalos. Lo que pedían era la posibilidad de tener su casa pagándola en cuotas.

En la Fundación, el portero ya las conocía. No las quería. Cada vez que se acercaban, el muy malvado le avisaba a la policía y la policía las echaba. Incluso a Hortensia con su bebe en brazos. Habían encontrado la manera de evitarlo. Paseaban por la cuadra. Una esperaba en la esquina, otra enfrente, otra en la otra esquina y una caminaba.

Ese día hacia mucho frío. La Hortensia llevaba al bebe envuelto como un paquete. Les habían avisado que iban a venir los dos, el General y la Señora. Como siempre el portero las miraba mal, pero no podía avisar a la policía porque estaban caminando.

Catalina vio acercarse el auto negro y corrió avisando a las otras. El portero las vio y corrió a avisarle a la custodia. La Señora entró, rápido. Llegaron justo cuando entraba Perón. Estiraron los brazos con las cartas. La custodia las abrazo. El General estiró el brazo, rozo las cartas, pero no llego a agarrarlas. Las cuatro mujeres vieron con desesperación como caían al borde del cordón y se perdían en el agua que corría calle abajo. El cielo se vino abajo, se sentaron las cuatro en el cordón de la vereda, casi llegando a la esquina, lloraban desconsoladas. Nunca habían estado tan cerca.

Estaban en pleno lamento, cuando una sombra las cubrió. Era el chofer del auto. “A la tarde la Señora vuelve, tengan mas cartas. No hagan una sola copia, escriban varias, por si les vuelve a pasar lo de recién. Yo voy a ir despacio con el auto asi se las pueden dar.”

Las cuatro mujeres, se fueron a un bar a escribir. Llenaron 5 sobres cada una. A las 14HS. estaban como siempre caminando. Cuando vieron el auto negro que estacionaba en la puerta de la Fundación. Corrieron y Catalina alcanzo a darle las cartas en mano a la mismísima Evita. Hortensia que estaba en la esquina y veía todo, no pudo distinguir si alguna había conseguido darle las cartas. Corría con el bebe, Eva desde el auto le gritaba “Deja de correr, que yo te espero”. Le entrego las demás cartas.

Al otro día, a las 10 de la mañana les llegó un telegrama de la Fundación. Las esperaban esa misma tarde a las 15 hs.

Cuando llegaron las recibió la Señora. Ya estaba flaca, pálida. Le entrego una tarjeta a Hortensia para que su marido se presentara en el Ministerio de trabajo el lunes a la 8:30. ese día empezaría con su trabajo. A Beba le pidió la dirección para mandarle la maquina de coser y el teléfono de la persona de Hacienda a quien tenia que llamar para que ya le hiciera los pedidos de ropa. A Catalina y Manuela, les dio un sobre y una dirección. En el sobre estaban las llaves de las casas.

Catalina se sorprendió cuando vio que su casa tenia tres dormitorios. “No puede ser una casa mas chica”“De ninguna manera, usted tiene un hijo varón y dos hijas mujeres, no pueden compartir habitación” pregunto. El alquiler de esa casa equivalía a las 2 terceras partes del sueldo de Raschit su marido. fue la respuesta de la Señora. “¿Necesitan algo mas? ¿Bicicletas? ¿Muebles? ¿Heladera? ¿Cocina?” “No, gracias Señora, eso es todo”. Eran otras épocas.

Catalina, Raschit, Amanda, Raúl y Nilda vivieron en esa casa por mas 50 años. Cuando habían pasado 10 años de “alquiler” se considero que el valor de la casa había sido saldado y se les ofreció la compra por un precio simbólico y todos los vecinos escrituraron. A lo largo de esos años, llegaron muchas citaciones. Una por cada carta que habían entregado.

Esa es la historia de las casas de Ciudad Evita. No fueron regaladas.

Hoy, la nieta antiperonista, y radical de Catalina le hace un homenaje a su abuela, por el tesón, la valentía y la honestidad. Y le hace un homenaje a la Señora, la abanderada de los pobres, Eva Perón. Lo cortes no quita lo valiente y fue una gran mujer…

Novela Colectiva: La verdad de Amadeo. Capítulo 6 por Any

Esto comenzó aqui

Volvió a la plaza. Se sentó en un banco frente a la fuente donde… ¿días? ¿Horas? ¿Minutos?… antes, se había lavado sangre del delincuente devenido en victima.

Recordaba algunas palabras sueltas. Entre las borracheras, la de la ginebra y la del asesinato, le costaba articular sus pensamientos. Empezó a ver rostros. ¿Qué carajo hacia Greg el de “Dahrma y Greg”? Se estaba volviendo loco.

Se paró y el mareo que sintió lo tiró de vuelta contra el banco. Ya se acordaba. No era Greg, era el actor. Ahora trabajaba en una serie sobre asesinos seriales ¿cómo se llamaba? “¿Psicópata?” “¿Sociópata?”. “¡Criminal Minds!”.

Amadeo buscó un kiosco y compró una botellita de agua mineral. Dando sorbos chiquitos reflexionó. Su mente comenzó a organizar sus pensamientos en una lista:

Algo andaba mal con él. Muy mal.

Algún tipo de trastorno psicológico.

No era malo per se. Ahora, más tranquilo, condenaba los hechos cometidos. Pero no podía dejar de negar que el solo recuerdo, lo excitaba.

Lo único que sabia de psicología era lo que había visto, justo, en esa serie. Recordaba a saber:

Una asesino en serie es sociopata o psicópata, no recordaba bien. Es decir, no tiene conciencia.

Una vez que empieza a matar, no para. Al contrario, necesita más.

La necesidad surge del recuerdo del hecho cometido. Ese recuerdo provoca satisfacción. Por un tiempo, esa satisfacción alcanza, pero se vuelve insuficiente y se necesita volver a matar.

Los periodos entre un crimen y otro se acortan.

Las conclusiones a las que llegaba Amadeo, no eran buenas. Había empezado y en una noche se había cargado dos. A este paso, en dos días liquidaba un equipo de rugby completo.

Había algo mas que decían en la serie,  algo sobre qué pasaba cuando el asesino cambiaba de método. No podía recordar exactamente qué revelaba del asesino ese factor. Él había estrangulado, golpeado, acuchillado.

De pronto, no pudo aguantar la risa y sus carcajadas asustaron a algunos transeúntes. Si supieran que se reía de sí mismo. Era un asesino serial. Pero uno muy particular. Primero, se autoanalizaba. Lejos estaba de ser un psicólogo, un psiquiatra, un perfilador. Él, se analizaba usando las apostillas que sacaba de una serie del prime time yanqui. Una serie sobre agentes del FBI que analizaban conductas. Era vivísimo… era patético. Era lo único que tenia.

Volvió a recordar la sangre entibiando sus manos. Las pupilas dilatadas y saber que él, Amadeo, era la ultima imagen que alguien veía en su vida. Sentía en su tacto, el esfuerzo que hacia los músculos del cuello de Carla. La desesperación por respirar, por dejar paso al oxigeno que salvara su vida. Podía ver, en su mente, las células del cerebro de Carla, muriendo por la falta de oxigeno. Ahí iba su capacidad de hablar, ahora la de ver, la de motricidad. Aunque hubiera llegado al final, aunque no la hubiera matado, habría llegado al orgasmo sabiendo que “algo” había matado.

Estaba loco. Ya sentía entre sus piernas su sexo endurecido. Y la necesidad de volver a satisfacerlo. De volver a matar. Algo había en Criminal Minds. Algo que decían del asesino que asesina para encontrar satisfacción sexual. ¿Impotencia? Amadeo se volvió a reír. Había demostrado, minutos antes de su primer asesinato, que impotente no era.

Solo había una forma de terminar con esto. En la serie decían que el asesino de esta categoría asesina hasta que lo detengan. Él solo no puede parar. Algunos, eligen el suicidio a manos de la policía. Hacerse matar. Pocos elegían el suicidio. Todos seguían matando. Solo había un camino.

Amadeo había tomado su decisión.

 

Capítulo 7, aquí.

CRÓNICA DE UNA NOCHE MOVIDITA

Relato basado en hechos reales

Gabriela dormía mientras su esposo Felipe estudiaba en la cocina. Su mamá, Angélica, miraba televisión en su pieza. La despertó un sacudón de Felipe.

— Gaby, hay ruidos afuera.

— Dejame dormir, debe ser alguno que se quedo con el auto

Gabriela, Felipe y Angélica vivían en la Av. Güemes, en Ciudad Evita. Hacia unos meses habían inaugurado una casa de venta de empanadas. En un localito, edificado en el frente de la casa. En el local solo había un mostrador, un horno para empanadas y unos estantes con las bandejas y los papeles. La única ventana tenia una primorosas cortinas color crudo y mosquiteros. Las noches de verano con el calor, era imprescindible tener abierto y que no entraran los mosquitos.

Al ratito volvió Felipe.

— Gaby, despertáte. El ruido es en el local.

— No Felipe, si en el local no hay nada para robar. Debe ser en la casa de al lado que esta abandonada.

Mientras Gabriela se vestía, Angélica llamó a Jorge, el dueño de la casa de al lado.

Salieron a la vereda. Felipe adelante, Gabriela atrás con una mano apoyada en su espalda. Estaban los dos a la altura del local, tratando de adivinar algún movimiento en la casa vecina, cuando Gaby mira para el lado del negocio. Se quedo pensando. Lo veía muy despojado al negocio. Levantó una ceja y más pensando en voz alta que diciendo exclamó.

— Felipe, falta la ventana del negocio… y ¿no teníamos cortinas?

— Quisieron entrar al negocio.— gritó Felipe.

Gaby se quedó mirando si habían podido llevarse el horno. Cuando se dio vuelta para decirle a Felipe que el horno no se lo llevaron, no lo encontró. Preocupada, y con su boca todavía formando las palabras, lo buscó y vio que su valiente esposo ya estaba entrando a su casa. ¡Puta que era bravío el macho!. Con tres zancadas la había dejado.

Gaby entró tentada de risa. Felipe, tratando de salvar la situación, salió a buscar a los policías que hacían guardia en la estación de servicio de la esquina.

Volvió junto con un hombre gordo, con una cicatriz que iba desde la oreja izquierda hasta el pómulo derecho. Blandía una pistola (revolver es lo que tiene tambor, y pistola es la que tiene cargador, no sean mal pensados). “Debe ser un policía de inteligencia”, pensó Gaby.

— Esta viniendo la policía.— salió a informar Angélica.

— ¡¡Uy!! La cana mejor me voy— dijo el “policía” gordo. Y ahí nomás desapareció.

Es la dimensión desconocida, pensó Gaby. Mientras Angélica esperaba a los policías, Felipe y Gaby fueron a entrar las herramientas eléctricas que había en el cuartito del fondo. Temían que, una vez que habían sido descubiertos, los ladrones hubieran entrado a la casa vecina y de ahí saltado por los fondos a su propia casa. Estaban en eso cuando escuchan:

— ¡¡Chst, chst!!

Se metieron los dos juntos y casi pisándose al cuartito de herramientas.

—¡¡¡Los ladrones!!!— gritó susurrando Felipe. (¡¡¡siiii se puede gritar susurrando che!!!)

— No seas boludo (en esos menesteres el buen trato marital queda en la nada ¿vio?), ¿si es un ladrón para que nos va a chistar???

— Entonces, quien carajo es

— Chst chst, vecino, soy yo Jorge

— ¿¿¿Qué hacés che??? ¡¡¡Casi nos matas del susto!!!  ¿¿¿Cómo te animas a entrar así a la casa??? No ves que puede haber ladrones???

— Tengo esto— respondió Jorge, señalando una pistola en su cintura.

— Vos seguí saliendo cada vez que te llamamos con la pistola ahí. Un día te vas a dar un tiro en las bolas.

— Vengan que llegó la policía.

Un policía, gordo, de uniforme, asi que esta vez sí era policía, reviso la casa de Felipe y Gaby y también la casa del vecino. Cuando debía ingresar al fondo de la casa del otro vecino, le preguntó:

—¿Tiene perro, señor?

— Sí, dos siberianos

— Éntrelos, por favor. Porque, ¿sabe?, a mí los perros ¡me dan un miedo!

Gaby pensó que esa era la noche de la valentía.

Pasado el susto, y ya desvelados, decidieron encender el fuego del hogar. Mientras entendían las ramitas mas chiquitas, pusieron la pava para tomar unos mates y ahuyentar al insomnio.

Estaban empezando la ronda cuando golpean la puerta.

— ¿Quién es?

— Policía, señora. Por favor salga porque parece que sí había gente en la casa de al lado, porque se esta incendiando. Salga que necesitamos testigos para tirar la puerta abajo. Hay que apagar el fuego antes de que agarre su casa.

Gabriela, que dormía con unos cómodos pantalones de Felipe, salió disparando a la calle mientras Felipe, salió corriendo… a cambiarse.

— Pero dale, nene. ¡¡¡No vas a salir en Crónica!!!

Cuando Gaby salió, vio que los policías se disponían a tirar la puerta abajo. Se le ocurrió mirar el origen del humo y vio que salía de la chimenea de su casa.

— Perdón, oficial. Pero usted cree que la casa se esta incendiando ¿porque sale humo de la chimenea?

— Sí

— Ese humo es de mi chimenea. Tenemos el fuego prendido.

— Y ¿qué están quemando?— pregunto el oficial, un poco enojado, con la esperanza de que en la casa de Gaby se estuviera quemando droga, un cuerpo, documentos, algo. Algo que justificara la presencia de 4 móviles.

— Y ¡¡¡leña!!! ¿Qué voy a estar quemando?

— Y ¿ahora que paso? — pregunto Jorge, que otra vez había salido con la pistola… en la cintura.

— Que los oficiales de la ley creyeron que se estaba incendiando TU casa porque salía humo de MI chimenea.

— Me están jodiendo, ¿no?— pero cuando Jorge terminó de formular la pregunta, se sintieron los chirridos de cubiertas contra el asfalto y desaparecieron todos los patrulleros.

— Dejate de joder y compra una estufa a gas, che— le dijo Jorge a Gaby entre risas.

Cuentan los vecinos que esa noche salieron risas de la casa de Gaby. Estuvieron toda la noche con Jorge recordando los acontecimientos y riendo de tanto absurdo.

Cosas que pasan en las afueras de Buenos Aires