E ainda canta, o filho da p…!

Fue hace unos años, época en que las frutas y algunas verduras se pesaban dentro del supermercado, y no como hoy, en las cajas de salida.
Era viernes por la tarde, el martes sería feriado y muchas empresas, entre ellas la que me empleaba habían decidido” hacer puente de feriado largo”, 4 días.
Programé viajar a una zona de sierra con selva (Serra da Mantiqueira) y estaba súper feliz haciendo compras de comida ya que estaríamos en una cabaña en magnífico paisaje.
Como siempre, en estas circunstancias me puse a cantarolar, cuando termine la compra y me puse en la fila de la caja de pago.
Llegado mi turno fui sacando los comestibles de mi carrito que parecía una montaña, mientras modulaba a media voz aquel bonito corrido:
” Méjico lindo y querido
si muero lejos de tíiiiiiiii,
que digan que estoy dormidoooooo,
y que me traigan aquí…
Méjico lindo y queridooooo…
De repente la joven cajera, levantó un plástico lleno de objetos verdes y me preguntó a quemarropa: você nao pesou os abacates? (¿no pesó las paltas?) Admití que no, sin dar mucha importancia, pues ya estaba yo en Venezuela cantando alegre:
“yo nací en una ribera
del Arauco vibrador
soy hermano de la garza, de la espuma,
de la rosaaaaa
y del sol…
y le canto a Venezuela,
con todo mi corazón…”
Ella se dirigió al chico que empaquetaba en bolsas plásticas y las acomodaba en un carrito mayor, diciendo: -”el señor se olvidó de pesar esto” –y le pasó las paltas. Allí partió el niño a pesarlas, mientras yo ya entraba en Perú, con aquello:
“…de la Alameda al río,
y del río a la Alameda,
airosa caminaba
la flor de la canela…
de la alameda al río,
menudo pié la lleva…”
y ya la joven me decía espantada:
-” ¿no pesó los tomates?”
Nuevamente que no, mientras llegaba el niño y se llevaba los tomates y dejaba las paltas pesadas… y yo seguía negando, con la cabeza porque la boca ya entonaba:
“yo soy la nube gris que tuerce tu destino,
me voy para dejar, que sigas tu camino
y que seas muy feliz mientras yo busco olvidooooo”…
Y llegaron los tomates, pero la voz implacable preguntaba:
” ¿y el ananá, no lo pesó?
Y yo feliz y contento ya estaba en la Patria, con:
“…allí por la Sierra Grande,
tiene mi patria un altar,
es un lago majestuoso
y en la quebrada un lindo parral
que se va que se va, que se váaaaaa…”
Y ya llegaba de vuelta el ananá pero lo estaba esperando
un montón de papas, y yo en Mendoza soñaba:
” cuando pa’ Chile me voy,
cruzando la cordillera,
late el corazón contento,
una chilena me esperaaaaa…”
Vi al niño (ya había otro niño empaquetando mis cosas),
tomar la bolsita de papas y agacharse rápido hasta la oreja de la cajera.
Instintivamente dejé de cantar y escuché:
” e ainda canta o filho da p… !!!”.
Súbita y tristemente comprendí todo el egoísmo de mi alegría, mi negligencia y toda mi impiedad.
Di al niño una polpuda propina y salí algo triste, culpándome por insensibilidad, sabiendo sin embargo que ahora tendría una anécdota nueva para contar a los amigos.

Era viernes por la tarde…el martes siguiente sería feriado, y muchas empresas, – entre ellas la que me empleaba – decidieron hacer puente de feriado largo por 4 días…

Fue hace unos años, época en que las frutas y …..

Ricardo desde Brasil

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, , Juan Bassa dijo

La insensibilidad del sensible. Qué queda para la empleada del lugar…
Muy buen relato, me gustó.
Saludos