LA LOCA CATY
Quiero jugar. ¿Por qué no me dejan jugar? No le hago mal a nadie. Solo quiero jugar. Catalina giraba y reía. Reía y giraba.
Cuando Caty nació, era una niña simpática. Todos en Campo de la Cruz, su pueblo de origen, decían que era pura risas. Su infancia estuvo marcada siempre por la alegría. La que tenia. La que brindaba. El problema comenzó cuando empezó a crecer. En la edad en que todas las niñas comenzaban a interesarse por los chicos, a pintarse y a madurar, Catalina solo quería jugar. Siempre estaba, haciendo algo. Se disfrazaba de payaso, jugaba a la invasión extraterrestre, inventaba instrumentos, armaba titeres. Y seguía riendo.
— Caty, ¿no vas a ir al baile de la sociedad de fomento?
— No, mami, son muy aburridos, yo solo quiero jugar.
— Mañana es la kermés en el Sportivo ¿vas a ir hija?— preguntaba inocentemente Don Andrés.
— Capaz. Porque ahí hay juegos, y yo solo quiero jugar.
Doña Matilde y don Andrés, no veían nada malo en la actitud de su hija, seguía siendo inocente, seguía siendo alegre, seguía siendo feliz. Pero la Kuki, la vieja mala de todo pueblo, empezó a decir que Catalina no era normal. Que estaba loca. Que necesitaba atención. Que los padres eran unos irresponsables, porque no la ayudaban. Y como toda vieja puera, regaba ese rumor por todo Campo de la Cruz.
Asi fue, como cuando Caty cumplió 15 nadie fue a su festejo. Nadie quería ir a la fiesta de la loca Caty. Andrés y Matilde sufrieron ese desaire. Pero Caty jugaba con los globos y bailaba con las luces del salón.
Al día siguiente, con todo el dolor del alma, Don Andrés y Doña Matilde llevaron a Catalina a la clínica psiquiatrica y la internaron. La Kuki estaba chocha. Al fin habían hecho algo por esa pobre chica. Pero, para su disgusto, Caty solo estuvo una semana internada.
— Miren Señores Vasallo, Caty no tiene nada. Ella solo es muy alegre, es feliz y quiere jugar. No hay atrasos mentales. No hay problemas neurológicos. No hay nada. No tiene ninguna enfermedad física ni mental, al contrario es muy sana. Teniendo en cuenta todos esto y sumado a que no es un peligro ni para ella ni para el prójimo, no hay razón para dejarla internada.— fue la respuesta del doctor Russo.
Catalina había aprendido algo en la clínica durante su internación. Debía disimular su manera de ser. No por ella. Porque a ella le importaba poco el que dirán. Pero había notado que sus padres sufrían. Asi que, empezó a actuar. A actuar de adulta. Durante, tres años, solo se dejaba llevar cuando iba para el monte de la Acacia. Un lugar alejado de Campo de la Cruz. Ahí reía, jugaba, era payaso, era titiritera era luthier, era actriz.
Los rumores se acallaron. Pero la Kuki seguía mirándola de reojo. Casi se muere del disgusto cuando Ramiro, el hijo de Don Ramiro Raschit, el dueño del almacén de ramos generales, se puso de novio con la loca Caty. Porque para la Kuki nunca, había dejado Catalina de ser la loca Caty. Ramiro había sorprendido a Catalina jugando en el monte. Y la había contemplado extasiado durante semanas. Disfrutando cada uno de los shows que Caty improvisaba sobre el escenario de la Acacia. Y se había enamorado perdidamente.
Después de un noviazgo rápido, se casaron y se fueron a vivir a Monte de la Acacia. Pronto volvieron los rumores, ahora eran los locos de la Acacia. Porque, otra vez, la Kuki había esparcido los chismes. Que eran dos ermitaños. Que él estaba igual de loco de ella. Que anda a saber que estaban haciendo ahí, en el medio del campo. Tanto chismeo la Kuki, que al final Ramiro y Catalina se fueron a vivir a la Capital.
Andrés y Matilde iban seguido a verlos. Pero ellos no volvieron nunca más. Pasaron los años. Don Andrés falleció. Su ultimo deseo fue que en su casa se colocara una pequeña placa debajo de la dirección, “Acá nació Catalina Vasallo”. Imagínense la Kuki. Con razón, la niña había salido loca, si los padres eran locos.
Sin embargo, el tiempo le daría la razón a Don Andrés. El lugar de nacimiento de Catalina, de la loca Caty, iba a ser un lugar memorable. La loca Caty iba a poner en el mapa a Argentina a Campo de la Cruz. Iba a ser la cuna de una gran figura nacional.
Unos diez años después de la partida a capital de los Raschit, la Kuki llego corriendo a la peluquería de Lita.
— ¿Leyó Lita La mañana?— La mañana era el periódico de Campo de la Cruz.
— No Kuki, todavía ni me prepare el mate ¿algo interesante?— respondió Lita con tono cansino. Conocía el veneno de Kuki.
— ¡Mire!—
La Mañana titulaba: “ Campo de la Cruz, dio a luz a una estrella” y una foto de una Catalina un poco mas vieja, pero con la misma sonrisa, los mismos ojos brillantes, del brazo de un Ramiro radiante, con dos gurrumines ruludos acompañándolos.
— Esta es la hija de la Matilde— grito Lita sonriendo.
Esa sonrisa fue mas de lo que Kuki pudo soportar.
— La loca Caty. ¿Que hace en el diario?. ¿Que estrella es esa?
Catalina, había organizado en capital una escuela de arte y juegos. Esa escuela había dado a luz muchos espectáculos infantiles. Un show de payasos, un espectáculo de titeres, un musical bajo la consigna ¿dale que? Y otro musical con actores que hacían sus propios instrumentos. Había sido tal el éxito que la escuela había tenido que abrir mas sedes. Y los shows se habían multiplicado. Tanto había crecido “Quiero Jugar”, ese era el nombre de la escuela, que habían recibido la propuesta de la Secretaria de Cultura de la Nación para hacer una gira nacional. La única condición que pusieron Caty y Ramiro fue arrancar la gira en Campo de la Cruz.
Las palabras de Catalina, del final de la nota, eran todo un legado:
“Siempre quise jugar, y nunca olvide el disfrute del juego. Hasta fui internada por ser feliz. Pero mi papa y mi mama me dejaron libre. Mi amor fue mi primer admirador. Y acá estamos. Viviendo nuestro sueño. Nunca dejen de jugar, nunca dejen de soñar. Nunca permitan que Kuki, la malvada de todas las obras que produce la escuela, les quite la ilusión, los sueños, la alegría y la felicidad. Jueguen. Jueguen. Jueguen. Giren. Bailen. Rian.”
Campo de la Cruz se vistió de fiesta para recibir a su hija, hija no prodiga, sino hija desterrada. Y ahí estaba Kuki entre los banderines de la plaza, la música y las carpas que presentaban cada espectáculo diciendo:
— ¿Vieron? Yo siempre dije que la Caty era especial. Yo siempre lo dije.
Nadie se animaba a contradecirla. En todo pueblo hace falta una vieja puera.
La Kuki existe. Para ella soy la loca yo. Don Andres y Doña Matilde tambien existen. son mis papas. Ramiro existe Es mi Joe. Caty existe: somos mi hija y yo. Campo de la Cruz existe. Y existen los que sueñan creen, giran, bailan y juegan:
En sus obras estan inspiradas tambien estas palabras. Para esos locos. Y para Kuki!!!! para que deje de ser tan puera!!!
Puera: dicese de las personan que meten pua
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bueno…despues de un rato de intentar pude llegar…valio la pena…porque
me encontre con una historia…tan real como la vida misma.
Yo creo que esa niña tenia una linda locura…que ojala nunca pierda.
sabes? me hizo acordar mucho a mi infancia…suena raro si te digo
que teniendo 11 hermanos yo inventaba amigos imaginarios…jajaja por eso algunos me miraban raro, te juro que inventaba un mundo donde me sentia comodo.
siempre mi mente volò , siempre estaba inventando historias en mi cabeza.
consecuencia de eso…no puedo parar de escribir…jajaja
un abrazo y me tendras seguido por tu club.