LAS BEATRICES /Basado en una pintura de Claudia Medina Castro

I
Salió del sueño sin darse cuenta. Se acodó en la cama y se miró los pies. Movió los dedos. Contra la pared estaba el caballete con el nuevo lienzo. Los pinceles esperaban a un lado, abiertos en abanico sobre la mesa de trabajo.
Hacía ya cinco meses que dormía en el atelier, dos días después que comenzaran los sueños. Desde las ventanas de ese viejo edificio, un quinto piso, se veía una bella postal de la ciudad de Buenos Aires.
Los cuadros que pintaba a las apuradas luego de despertar se amontonaban en uno de los rincones. Algunos eran trazos incoherentes; otros, esbozos de algo que podrían llamarse personas si no fuera por su extrema delgadez, amen de la palidez blancuzca que rezumaban y esas manos de tres dedos, parecidos a ramas secas de árboles que, seguramente, pertenecerían a viejos bosques embrujados.
Había comenzado a llamar a esos seres “Beatrices”.
II
Los árboles desnudos se mecen sin viento. Las figuras se mueven entre ellos (algunos caminando, otros flotando a metros del suelo). Un murmullo sale de sus bocas, como gorjeos de pájaros. Algo parecido a un sol da luz, pero no calor. El frío es intenso y la poca hierba se ve escarchada.
III
La veintena de cuadros cubren tres paredes. La gente los observa con interés. Algunas mozas convidan bebidas. Marcos ya tiene una copa en sus manos y ocupa un lugar alejado de los demás.
Rafael se le acerca con una sonrisa.
-Podrías haberte afeitado- le dice-. Pero está bien. Das un aire a artista bohemio. Me gusta.
Marcos no contesta. En verdad no es de hablar mucho. Se siente incómodo en la galería. Preferiría estar en el atelier pintando.
-¿Cómo se llama la obra?- le preguntó Rafael de golpe.
Marcos se lo pensó unos segundos y luego dijo:
-Beatrices en el bosque del invierno eterno.
-¿Beatrices?- levantó las cejas Rafael- ¿Así se llaman esas cosas?
-No son cosas- dijo Marcos. Su voz había subido un poco-. Son Beatrices.
-A mí me gustan tus Beatrices- dijo alguien a su lado.
Marcos giró la cabeza y se encontró con una mujer que le sonreía.
-Tienen algo así como una tristeza, ¿no?
-Marcos, te presento a Claudia- dijo Rafael-. Claudia Medina Castro. También es artista.
-Un gusto conocerte- saludó Claudia, tendiéndole la mano.
-Igualmente- se la estrechó Marcos.
-¿Y por qué Beatrices?- preguntó ella.
-Ellas no hablan, sólo murmuran continuamente- le explicó Marcos-. Y, si uno se concentra en ese murmullo, parecería que dicen “Beatriz” una y otra vez. Por eso lo de Beatrices.
-¿Ellas? ¿Son todas mujeres?
-Supongo- se encogió de hombros Marcos-. Si, supongo que si.
IV
Las figuras se apiñan en un claro. El murmullo ahora es atronador. Entre ellas juguetean algunos Dholes. Miles de Orbs titilan aquí y allá.
De golpe el murmullo enmudece y un silencio pesado se hace partícipe de la escena.
Dos figuras muy distintas a las Beatrices hacen su aparición. Padre y Madre se deslizan entre sus vasallos.
Padre tiene ojos rojos y piel verde. Madre tiene rasgos duros y su mirada es tan penetrante como un cuchillo.
V
Padre y Madre también tienen su lugar en la presentación. Padre lleva su boca abierta, enmarcada por labios azules. Nadie se detiene en ella. Un solo vistazo es más que suficiente para él. Debajo de la pintura, en la ficha explicativa, alguien la nombró “The Father of Serpents”. Marcos piensa que ese nombre le hace honor. Supone, y con razón, que fue idea de Rafael.
Madre lleva sus pómulos rojizos, como si una ira inmensa la quemara por dentro.
-Esta pintura me gusta- dice Claudia al lado de Madre. Marcos ha caminado junto a ella y ahora se detiene del otro lado del cuadro-. Tiene fuerza.
-Black magic woman- dice él, leyendo la ficha debajo del cuadro. Esa fue su idea.
-¿La canción?
-La escuchaba mucho mientras hacia esta pintura en particular.
-¿Cuál versión? ¿La de Santana?
-Fleetwood Mac.
-A mi me gusta la de Lila Downs.
-No esta mal.
VI
Marcos mira la escena desde lejos. Las Beatrices estiran sus manos para tocar a Padre y Madre.
Marcos se acerca y ocupa un espacio entre las Beatrices. Ninguna parece molesta por su presencia. Padre y Madre se van acercando. Marcos estira su mano. La aspereza de Padre le llena las yemas de los dedos. Padre sonríe.
VII
Rafael está contento. La muestra ha sido un éxito y las ventas futuras prometen bastante. No entiende este nuevo estilo de Marcos. Las pinturas son un poco tétricas. Pero tampoco le interesa mucho. Mientras se vendan, todo bien. A la que no le tiene fe para la venta es al padre de las serpientes.
Ese cuadro va a ser un clavo, presiente.
VIII
Madre se acerca y lo toma del brazo. Madre no sonríe. Marcos siente como se le erizan los vellos de todo el cuerpo. No es miedo. Es excitación. Las Beatrices comienzan nuevamente con sus murmullos. Marcos es llevado por Madre hasta un árbol cercano. Es un árbol distinto a los demás. Lianas putrefactas penden de sus ramas esqueléticas. Las Beatrices le atan las muñecas y tobillos. Lentamente comienza a elevarse hasta quedar a una altura considerable. Así, con los brazos abiertos, Marcos se asemeja a un Cristo de caricatura.
IX
-Me gustaría saber más sobre tu trabajo- le comenta Claudia a Marcos.
Claudia, Marcos y Rafael están en la calle, esperando que Rafael cierre la puerta de la galería. Hace frío y hay viento.
Marcos saca la billetera del bolsillo y le entrega una tarjeta. La tarjeta está completamente en blanco, menos por una dirección escrita a mano en azul.
-Ese es mi taller. Cuando quieras, eres bienvenida.
-Listo- dice Rafael-. ¿Nos vamos? ¿Te alcanzo hasta algún lado, Claudia?
-No, gracias. Me están esperando.
Señaló un auto estacionado enfrente. El auto hizo luces en señal de saludo.
-Nos estamos viendo- le dice Marcos.
-De eso no te quepa duda.
Cruzó la calle y la puerta del acompañante se abrió. Claudia subió y el auto arrancó.
Marcos y Rafael se quedaron viéndolo marcharse.
-¿Qué hacemos ahora?- preguntó Rafael todavía con la vista en el auto que ya se perdía de vista- ¿Vamos a tomar algo?
-Ya tomé bastante, Rafa. Yo me voy a casa.
-Bueno. Subí que te llevo- se ofreció Rafael.
-Voy caminando, no te preocupes.
-¿Caminando? ¿Estás seguro? Mirá que son muchas cuadras.
-Me gusta caminar, Rafa.
-Bueno- dijo Rafael acercándose a su auto-. Después hablamos, ¿dale?
-Dale.
X
En la oscuridad de la galería un suave susurro fue en crescendo hasta que un sonido de rasgadura se dejó oír.
XI
Marcos se acostó y cerró los ojos.
Fue suficiente.
Entró en el sueño de manera rápida y sin dilaciones.
XII
Colgando del árbol, Marcos sentía como perdía sensibilidad en sus manos. Las lianas le cortaban el fluyo sanguíneo y se estaban poniendo blancas.
Aquel sol sin calor se estaba ocultando. No existía luna en ese lugar. Una oscuridad fundamental avanza hacia él y los demás.
XIII
Se removió inquieto en la cama.
Sudaba.
-Viene- murmuró-. Viene.
XIV
La galería se llenó de luminiscencias. Los Orbs, curiosos por naturaleza, fueron los primeros en salir. Luego, una mano blanca de tres finos y largos dedos se aferró a uno de los marcos y emergió de la pintura.
XV
Aquella negrura tomó forma y consistencia. Un rostro vacio lo miraba sin ojos; escuchaba los latidos de su corazón sin oídos; olía su esencia sin olfato, pues ninguno de esos sentidos necesitaba para ser un perfecto caos reptante.
Y al fin Marcos comprendió que él era la puerta.
XVI
Las Beatrices se regocijaban con su libertad. Siglos las mantuvieron cautivas. No olvidaban a sus captores, un grupo variopinto llamado La Cofradía de los Serpentarios, que las engañaron con palabras.
Uno de ellos, una mujer, las había apresado en las pinturas. Su nombre clave era Cla9.
XVII
Estaba llegando. Marcos lo sentía dentro de él, en cada poro de su piel. Lo escuchaba reír.
XVIII
Estaba hecho. Las Beatrices murmuraban extasiadas. Padre y Madre se unieron a ellas en la espera. Algunos Dholes se chocaban contra las puertas de vidrio haciéndolas temblar. Padre se acercó a las puertas dobles y las rasguñó con sus manos. Las Beatrices alzaron sus voces en lamentos y se llevaron las manos a los oídos. Son muy sensibles a los sonidos agudos. Padre rió y volvió a rasguñar las puertas.
XIX
Los ojos, oídos, nariz y boca de Marcos comenzaron a sangrar. Sintió su carne desgarrarse a la altura del pecho y en la ingle. El dolor lo envolvió quitándole el aire e impidiéndole gritar.
Él era la puerta.
Y era la llave también.
Su vista teñida de rojo se fijó en la ventana.
Se puso de pie y sus piernas no lo aguantaron.
Cayó al suelo.
Miró la ventana.
Quiso arrastrarse y no pudo.
Y en ese momento apareció el encapuchado.
XX
Padre reía mientras el vidrio se iba partiendo. Las Beatrices se agitaban de dolor. Algunas de ellas yacían en el piso, desmayadas.
La figura apareció del otro lado de la puerta y miró a Padre directo a los ojos.
-Nos volvemos a ver- dijo con voz suave-. ¿Me extrañaste?
A Padre se le cortó la risa en seco y un grito de furia, veteado con notas de miedo, se elevó de su garganta a la vez que retrocedía.
Cla9 pateó la puerta y esquirlas de vidrio salieron despedidas dentro de la galería. En las paredes los cuadros destrozados vibraron y se recompusieron.
Cla9 estiró su brazo y tomó del cuello a una de las Beatrices. Esta se zamarreó y trató de golpearla. Cla9 la miró fijamente y la Beatriz se desvaneció en medio de un sonido de succión. Su imagen se imprimió en el cuadro más cercano, con los ojos abiertos por la sorpresa.
XXI
El encapuchado se acercó a Marcos y lo alzó.
-No puedo hacer nada por ti- le dijo-. Lo siento. Pero no puedo permitir que él salga.
-Hazlo- dijo Marcos escupiendo sangre en la ropa del desconocido encapuchado.
Lo llevó hasta el ventanal y se echó hacia atrás la capucha. Una cascada de pelo rubio le cayó hasta los hombros.
-¿Quién eres?- pudo preguntar Marcos.
-Mi nombre es Belika y siento mucho tu suerte- fue lo último que escuchó Marcos al ser lanzado por la ventana y estrellarse cinco pisos abajo.
La puerta se había cerrado.
XXII
Las Beatrices fueron fáciles de apresar. No son criaturas muy combativas.
Padre y Madre son otro cantar.
Padre le abrió un surco en el brazo a Cla9.
-Siempre has querido las cosas por las malas- le susurró ella.
Lo golpeó con fuerza en la mandíbula y la cabeza de Padre salió despedida hacia atrás.
-Ven aquí- le dijo ella tomándolo de los hombros-. Ve a tu maldito cuadro y no me rompas más los ovarios.
Padre rompió en llanto y desapareció. Su figura fue tomando forma en el cuadro y Cla9 se enfrentó a Madre.
-Elige- le dijo-: ¿lo quieres fácil o difícil?
XXIII
Los Dholes y Orbs fueron solitos a los brazos de Cla9. Son seres inteligentes.
XXIV
Belika recorrió el atelier y no encontró nada peligroso suelto.
Bajó a la calle y se acuclilló al lado del cuerpo sin vida de Marcos.
Una verdadera lástima.
-Hiciste lo correcto- dijo una voz.
-¿Quién lo dice? No creo que para él lo haya sido.
Howlin le puso una mano en el hombro.
-¿Hubieras preferido que millones murieran?
-Esa pregunta no es justa y lo sabes. No somos quien para decidir quien muere y quien vive.
-Dices bien- aceptó él.
Se puso al lado del cuerpo sangrante y le apoyó su mano en la nuca.
-Un inocente no tiene por qué pagar.
Marcos boqueó, llenando sus pulmones de aire frío.
-Ahí lo tienes- dijo Howlin poniéndose de pie-. ¿Contenta?
Marcos tosía.
-Sabes que no puedes hacer eso- dijo ella-. Te quitas tu propia vida.
-Ya he vivido demasiado- dijo él-. Ser medios inmortales no es tan bueno como lo pintan.
-¿Qué pasó?- dijo Marcos, sentándose y agarrándose la cabeza.
-Te tropezaste- dijo Belika.
Howlin había desaparecido.
-¿Ah, si? ¿Y tú eres?
-Gloria. Gloria Llopiz.
Lo ayudó a levantarse.
-¿Vives cerca?- le preguntó ella.
-En ese edificio, allá arriba. Ahí tengo mi atelier.
-¿Eres artista?
-Podría decirse, si.
-Yo también.
-¿En serio?
-Si.
Cruzaron el umbral y subieron las escaleras hablando animadamente.





tengo una explosión en la cabeza. no sé muy bien qué decirte. para empezar, gracias. tu relato me dio ganas de pintar. pero ahora no puedo, tengo que dormir ya.
encontraste relaciones, nombres y sentidos que desconocía, pero están ahí. todos mis seres reunidos, con los seres que vos reunís. creo que me explicaste cosas… que intuía. gracias adrián. mañana sigo………