El Evento

Por Anila Rin  / Twitter: @anilarin

Apenas habían terminado de ajustar la pantalla, ubicar el retroproyector y ultimar los detalles de las copas distribuidas estratégicamente sobre las mesas en el salón,  ya empezaban a llegar los primeros invitados; pero a mí  lo único que me importaba era el final de la reunión para poder presentar mi factura en la oficina del primer piso.

Hacía más de dos semanas que venía escuchando a los dueños de la concesionaria, que entusiasmados con la inauguración, pedían detalles imposibles de implementar, pero yo, aún sabiendo que iba a resolver las cosas a mi manera, es decir de la forma más práctica posible logrando una reunión correcta, donde al final se olvidaran de sus delirantes pedidos y me terminaran felicitando por algo que a mi me resulta de lo más cotidiano, los escuchaba con real atención.

No es que no me preocupara el éxito del evento. Todo lo contrario. Me aseguraba personalmente de supervisar hasta el último detalle. Pero la práctica me había enseñado a no desesperar si al principio me pedían por ejemplo, que descendiera un helicóptero  en el medio del salón con una estrella de rock arriba, porque cuando veían los números que yo inflaba en exceso, por si acaso estaban locos y decidieran pagarlo complicándome la vida, cosa que por suerte casi nunca ocurría, se excusaban enseguida y no seguían insistiendo con el tema.

Como yo estaba segura de mi gente, dado que tenían terror de que no  los vuelva a contratar en caso de que algo saliera mal, una vez que empezaban a llegar los invitados, me quedaba paradita por ahí atrás, simulando con mi rostro interés y atención, pero en realidad, me divertía observando la danza que se producía entre los invitados, los dueños del lugar, los del marketing que venían de Bs. As,  y esos otros invitados que  se repetían en muchas de las reuniones que me tocó organizar y que  nunca supe bien como llegaban, quién los convocaba o  si eran extras. Yo no los tenía pactados. Aparecían sonrientes, impecablemente vestidos, lustrosos; saludaban a todo el mundo y eran los que más comían y bebían, aunque dudo que alguna vez hayan concretado alguna operación. Tenían más pinta de colados que de posibles clientes. Eso sí, aparecían siempre en “TOP TV”, un programa que sale los sábados a la noche y que muestra los acontecimientos  comerciales más importantes de la ciudad. En la tele se ve todo perfecto. ¡ Hasta los sojeros salen lindos! Esos, los sojeros, son los que se ubican casi siempre, en alguna esquina arrinconada del salón en pequeños grupos de dos o tres. Generalmente, un tanto excedidos de peso y sin llegar a desprolijos llevan puestas camisas, que en ocasiones parecen estar a punto de explotar y en esa abertura que queda entre botón y botón,  hasta se puede ver un pedacito de abdomen blanco con algunos pelitos queriéndose escapar. Un detalle que de frente no se percibe, pero estando de lateral se puede ver en todo su esplendor. Justamente para esos caballeros, es que se hace todo el evento porque son los únicos que pueden concretar la compra de vehículos tan costosos como los que vende esta concesionaria. Pero los del marketing,  que sufren de miopía no los ven; les pasan por al lado con sus zapatos de suela que retumban en el piso brillante haciendo un ruido espantoso, que de no ser por el saxofonista, que contraté por una ganga, y que tiene a todos embelesados, dado que lo obligué a atarse el pelo y a peinarse con gel, con lo cual creen que están frente a un músico de elite. Suena bien sí, es cierto, por eso a Ricardito lo tengo fijo, aunque hay que andar atrás de él con el tema de la pilcha. Una vez me apareció con unos jeans rotos y en camiseta, justo en el salón de Marta Cura. Por suerte el traje de uno de mis asistentes le quedaba bien, así que lo hice cambiar y a mi asistente lo mandé a cuidar autos a la puerta para que se haga  unos mangos extras. Yo no lo necesitaba en el salón, pero lo llevé porque lo había incluido en el presupuesto.

La rutina se desarrolló con normalidad. Todo de acuerdo a lo planeado. Primero desfilaron los canapés, las copas de champagne, que iban y venían al compás del brillo de los relojes. La presentación de los del marketing, con algunos gráficos que nadie comprendió, pero que  todos aplaudieron ni bien se  hizo una pausa y así dieron por finalizada la misma. Las rubias de siempre acompañando a los señores, Ricardito con el saxo, el pianista con la intérprete, que les dio el gusto a casi todos, el mago, que se lució con sus trucos de salón, todos quedaron encantados con su actuación. las recepcionistas todas parejitas, de la misma estatura, flaquitas y al final el brindis y las palabras de agradecimiento. Ahí es cuando yo empiezo a actuar de nuevo y me salgo de mi trance observatorio, para aplaudir con euforia,  mimetizándome  entre las otras rubias. Luego, las promotoras ya saben que con sutileza tienen que  empujar a los invitados a salir para el show final de fuegos artificiales. Ese es el momento en el cual aprovecho para ir al baño, porque a esa altura ya no aguanto más.  Al rato desde adentro, ¡los veo irse por fin!.

Luego, entra el dueño, ya con la corbata floja, junto con los del marketing  y algunos íntimos; me levanta el pulgar en señal de que todo salió bien y yo sonrío simulando alivio, pues  ya sabía  de antemano que todo iba a ser un éxito, (parte de mi trabajo es parecer siempre preocupada). La señal, me habilita implícitamente a subir al primer piso para dejar la factura y retirar el cheque.

Bajo las escaleras y le doy libertad a mi gente para que se retire. Todos me saludan y se van, saben que el lunes arreglamos. Al único que le pago de mi bolsillo en el momento es a Ricardito, pero bueno, eso ya estaba pactado.

Vuelo supremo de Julián Marchena. Poesía de Costa Rica.

Vuelo supremo de Julián Marchena

Quiero vivir la vida aventurera
de los errantes pájaros marinos;
no tener, para ir a otra ribera,
la prosaica visión de los caminos.

Poder volar cuando la tarde muera
entre fugaces lampos ambarinos
y oponer a los raudos torbellinos
el ala fuerte y la mirada fiera.

Huir de todo lo que sea humano;
embriagarme de azul…Ser soberano
de dos inmensidades: mar y cielo,

y cuando sienta el corazón cansado
morir sobre un peñón abandonado
con las alas abiertas para el vuelo.

Julian Marchena. Nació en San José en 1897.
Todavía joven, viaja a México y Estados Unidos; en este segundo país reside por varios años. Ya de regreso a Costa Rica, en 1938, es nombrado director de la Biblioteca Nacional, cargo que alternó con Moisés Vincenzi.

Con los años, llegaría a ser director general de Bibliotecas y el artífice de su modernización; para realizar esta, volvió repetidas veces a Estados Unidos para actualizar sus conocimientos.

Fue miembro de la Academia Costarricense de la Lengua.
Comenzó a publicar sus poemas en la década de los 20, pero no los reunió sino hasta 1941, cuando apareció su único libro “Alas en fuga”.

Por su único pero excepcional libro y una vida dedicada las bibliotecas nacionales, Julián Marchena mereció el Premio Magón en 1963, el segundo que se entregó y el primero a un poeta costarricense.

El poemario Alas en fuga, casi siempre, o los versos de Vuelo supremo y Romance de las carretas, son familiares y queridos por cualquier costarricense que haya pasado por la secundaria.

Aunque sin publicar, Marchena continuó escribiendo para los amigos y para sí. Miembro activísimo de la Academia Costarricense de la Lengua, reconocido por el gobierno español, traducido al italiano y al inglés, el mayor exponente del modernismo en Costa Rica falleció el 5 de mayo de 1985.

La Redacción Marmota Club

E ainda canta, o filho da p…!

Fue hace unos años, época en que las frutas y algunas verduras se pesaban dentro del supermercado, y no como hoy, en las cajas de salida.
Era viernes por la tarde, el martes sería feriado y muchas empresas, entre ellas la que me empleaba habían decidido” hacer puente de feriado largo”, 4 días.
Programé viajar a una zona de sierra con selva (Serra da Mantiqueira) y estaba súper feliz haciendo compras de comida ya que estaríamos en una cabaña en magnífico paisaje.
Como siempre, en estas circunstancias me puse a cantarolar, cuando termine la compra y me puse en la fila de la caja de pago.
Llegado mi turno fui sacando los comestibles de mi carrito que parecía una montaña, mientras modulaba a media voz aquel bonito corrido:
” Méjico lindo y querido
si muero lejos de tíiiiiiiii,
que digan que estoy dormidoooooo,
y que me traigan aquí…
Méjico lindo y queridooooo…
De repente la joven cajera, levantó un plástico lleno de objetos verdes y me preguntó a quemarropa: você nao pesou os abacates? (¿no pesó las paltas?) Admití que no, sin dar mucha importancia, pues ya estaba yo en Venezuela cantando alegre:
“yo nací en una ribera
del Arauco vibrador
soy hermano de la garza, de la espuma,
de la rosaaaaa
y del sol…
y le canto a Venezuela,
con todo mi corazón…”
Ella se dirigió al chico que empaquetaba en bolsas plásticas y las acomodaba en un carrito mayor, diciendo: -”el señor se olvidó de pesar esto” –y le pasó las paltas. Allí partió el niño a pesarlas, mientras yo ya entraba en Perú, con aquello:
“…de la Alameda al río,
y del río a la Alameda,
airosa caminaba
la flor de la canela…
de la alameda al río,
menudo pié la lleva…”
y ya la joven me decía espantada:
-” ¿no pesó los tomates?”
Nuevamente que no, mientras llegaba el niño y se llevaba los tomates y dejaba las paltas pesadas… y yo seguía negando, con la cabeza porque la boca ya entonaba:
“yo soy la nube gris que tuerce tu destino,
me voy para dejar, que sigas tu camino
y que seas muy feliz mientras yo busco olvidooooo”…
Y llegaron los tomates, pero la voz implacable preguntaba:
” ¿y el ananá, no lo pesó?
Y yo feliz y contento ya estaba en la Patria, con:
“…allí por la Sierra Grande,
tiene mi patria un altar,
es un lago majestuoso
y en la quebrada un lindo parral
que se va que se va, que se váaaaaa…”
Y ya llegaba de vuelta el ananá pero lo estaba esperando
un montón de papas, y yo en Mendoza soñaba:
” cuando pa’ Chile me voy,
cruzando la cordillera,
late el corazón contento,
una chilena me esperaaaaa…”
Vi al niño (ya había otro niño empaquetando mis cosas),
tomar la bolsita de papas y agacharse rápido hasta la oreja de la cajera.
Instintivamente dejé de cantar y escuché:
” e ainda canta o filho da p… !!!”.
Súbita y tristemente comprendí todo el egoísmo de mi alegría, mi negligencia y toda mi impiedad.
Di al niño una polpuda propina y salí algo triste, culpándome por insensibilidad, sabiendo sin embargo que ahora tendría una anécdota nueva para contar a los amigos.

Era viernes por la tarde…el martes siguiente sería feriado, y muchas empresas, – entre ellas la que me empleaba – decidieron hacer puente de feriado largo por 4 días…

Fue hace unos años, época en que las frutas y …..

Ricardo desde Brasil

HOMBRE OSCURO

 

(inspirado en Wrong Side Of The Road – Tom Waits)

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Solo tu vida oscura ansío, hombre.

Solo tu locura fugaz.

Sé que sos capaz de lo indecible

por tenerme en tus brazos.

Pero vos no sabés nada de mí.

Podés quemar neumáticos,

acribillar bichos de luz.

Hacer añicos la bondad de todo el mundo.

Pero nunca sabrás mi verdad.

Aunque caves profundo en mis entrañas,

aunque rasgues mis máscaras hasta el hueso,

no lograrás que el hechizo se rompa.

Sueño con tu acidez derritiéndome

y llenándome de calor.

Tu deseo alimenta mi tormenta

hasta rozar lo innombrable.

Cómo hacerte entender

que lo que sos es lo que mi vida más necesita?

Como el abrazo de una pitón.

Hasta morir.

Hasta no necesitar más respirar.

Podés juntar mil espinas de cardos sangrientos

y perforar con ellos mil ojos de buitres hambrientos

que desafían a miles de dioses ignotos

entregándoles sus tripas con placer.

Podés llenar mi almohada de misiles

para amedrentarme en mis sueños

y penetrarlos impunemente.

Pero nunca podrás conocerme.

Aunque claves tus dedos en mi carne.

Aunque implores, aunque llores.

Aunque cambies el color de tus ojos.

Aunque desees que muera de amor,

y lo logres,

nunca,

nunca

tendrás mi alma.

blue valentine

Cla9

12/6/12

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Soñar no cuesta nada, sólo tiempo…

¡Soñar no cuesta nada, sólo tiempo!

Inspirado en la canción: ” Anoche soñe contigo” de Kevin Johansen

Por Anila Rin ( @anilarin) Ilustración: Manuel Abal

Casa estilo inglés

Ella llegó a un pequeño pueblo de la provincia de Buenos Aires, donde vivían alrededor de dos mil habitantes. Lo primero que vio fue un bar con gente amigable sentada afuera. Allí se juntaban los lugareños a tomar algo y comentar las cosas que pasaban. Pero en Domselaar, casi nunca sucedía nada.

Todos la miraron preguntándose quién sería esa chica, que por supuesto no era del  pueblo ni de la zona.

_Tal vez es alguien que se perdió

_Tal vez nos viene a vender algo.

_ Tal vez es una hechicera.

_ Tal vez sólo esta de paso por aquí.

Lo primero que le salió a Ana, fue preguntar por el kiosco de Fabio.

_ Aquí no vive ningún Fabio que tenga un kiosco.

No puede ser, Fabio tenía un kiosco. Y el es amigo de Kevin, la persona que vine a buscar.

_ Kevin… Kevin Viti? Preguntó Zunny una de las chicas que estaba en el bar.

_ No sé, yo no recuerdo el apellido de Kevin, pero él me dijo que vivía acá.

Kevin Viti y Ana Busket se conocieron en el viaje de egresados. Se dieron el primer beso a orillas del lago Nahuel Huapi, rodeados de tulipanes que florecen en primavera.

Casualmente sus agencias de viajes habían elegido el mismo hotel. Así que Ana se maquillaba hasta para bajar a desayunar porque sabía que Kevin estaría ahí.

Los días que no tenían excursiones caminaban por las callecitas de Bariloche descubriendo cada rincón de la ciudad y tomando fotografías que luego servirían de testimonio, de que aquello no fue un sueño.

El viaje de egresados llegó a su fin. No querían despertarse. Todo era mágico. Siempre estaba todo bien. No sabían si era amor. A esa edad, no sabían todavía que era el amor.

Se despidieron prometiéndose, como lo hacen todos, que algún día volverían a encontrarse.

Ella lloró durante el viaje de regreso. Tenía miedo de perderlo.

Cuando llegó a su pueblo, tuvo que enfrentar a su novio y terminar la relación.

Al poco tiempo Kevin le envío una carta en la que le avisaba que iría a visitarla.

Llegó una calurosa mañana de enero, junto a Fabio, un amigo que lo acompañó. Ella no podía creer que él estaba en su casa.

Cada cosa que decían o hacían era motivo de risas.

Kevin y Ana, sabían que era la última vez. Es que ellos nunca creyeron en el amor. Ellos estaban de paso por la vida sólo para divertirse un rato juntos.

Kevin se fue. Ana lloró. Y Kevin a los quince días regresó.

Y allí estaban otra vez deleitando a todos con su alegría de vivir. Aunque ellos no lo advertían, adonde iban eran observados, eran envidiados. En ese momento no podían saber que estaban construyendo una historia que más adelante los volvería a unir.

Nunca rotularon nada. No eran novios. No eran amantes. No eran amigos. Simplemente : eran.

Cuando llegó el momento en que Kevin debía regresar, se despidieron sabiendo que esta, era la última vez. Los dos tenían que madurar, crecer, volar. (¿ porque no podían seguir jugando un rato más?)

El tren dio la señal de despedida con una larga bocina. Él la saludó colgado desde la escalerita. Ella se quedó parada viéndolo partir. Cuando el tren desapareció, lloró  varios días seguidos, hasta que se quedó sin lágrimas. Luego guardó en una cajita de recuerdos todos los momentos vividos. Años más tarde, cada vez que se sentía sola o triste, la abría un ratito y eso la ayudaba a volver a sonreír.

Veinte años después ( en el bar, en Domselaar)

Los chicos se miraron entre sí y Denis preguntó:

_¿ Cómo es el chico que estas buscando?

_ Es rubio, tiene el pelo largo, los ojos claros y siempre esta muy alegre.

_ Es Kevin Viti.  Aseguró Cristian.

_ Kevin Viti vive en la otra cuadra en una casa de madera blanca de estilo inglés… terminó de decir Zunny cuando Ana ya no estaba escuchándola.

Ana, corrió hasta la puerta de la casa y en el hall de entrada había un chico rubio, de unos catorce años de edad.

_ Vive Kevin Viti aquí?

El chico no  contestó y llamó a Kevin a los gritos

_¡Kevin !  ¡Kevin!

Kevin apareció todo transpirado, tenía el pelo pegado al rostro.

Ana lo miró a los ojos con mil preguntas, pero sólo le dijo:

¿ Amigos?

Kevin, asintió con la cabeza. La abrazó. Parecía que la estaba esperando.

En ese abrazo, se dijeron todo.

Después salieron a caminar contándose sus vidas. Entre ellos estaba todo bien.  Y nunca más se volvieron a separar.

Ana Busket, tenía una entrevista a las nueve. Cuando sonó el despertador, ya no era la misma. Sonrío y tuvo la certeza que en algún lugar Kevin la estaba esperando. El tiempo no es nada…sólo tiempo.

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Escritores de cuentos de México. Hoy, El Pan y el Reloj.

El pan y el reloj, de los hermanos Torres

Érase una vez una noche de mayo, cuando un reloj fugitivo de prisión remaba velozmente un viejo bote sobre los solitarios fiordos. En su oscuro e incierto camino, encontró a orillas de los fiordos una canasta de paja; la abrió, y dentro de esta yacía una masa y una carta la cual decía:

Confío a usted esta masa de pan, ya que cambiará el destino del mundo.

El reloj se sintió muy importante pues antes nadie había confiado en el; sin embargo necesitaba de un horno para crear al pan, por lo que tomó una valiente decisión y fuera de todo egoísmo regresó al pueblo de donde escapó en busca de algún horno.
El feroz viento de esa noche dificultó el avance del bote, así que el reloj metió a la masa de pan en su camisa para protegerla del frío, después remó con todas sus fuerzas, sudó como nunca, los engranes de su cuerpo trabajaron sin parar, pero al pasar las horas ya no pudo mas y le exclamó a la única estrella que estaba en el cielo:
-¡Necesito fuerzas para seguir el viaje!- Y cayó de fatiga abrazando a la masa de pan.
Al día siguiente la corriente los arrastró a orillas de prisión. El reloj despertó, y asombrado vio que la masa de pan se convirtió en un bebe; observando que con el calor y el sudor de su cuerpo, le había dado al pan la vida.
En ese momento alguien se aproximó. El reloj quiso escapar pero el bebé le sonrió mientras cerraba los ojos para dormir. Este gesto tranquilizó al reloj, puesto que ya no estaba solo; la pequeña estrella le dio las fuerzas que tanto anoche anheló.
Así que cuando tengas que tomar una decisión, escoge el camino del valiente. Pase lo que pase, siempre encontraras la paz, la sabiduría, el amor, y la solución a todo, verás que de esta forma el mundo comenzará cambiar.

autor: Los hermanos Torres

Cuentos infantiles mexicanos

fuente: encuentos.com

La Redacción Marmota Club

Anónimo Guaraní, Ricardo desde Brasil

Anónimo Guaraní

Nadie sabía de donde había venido.
Poco hablaba y de forma confusa, lo que aumentaba la neblina de su pasado. Tenía un silbado acento brasileño, y de vez en cuando se  le escapaban palabras y expresiones en portugués.
Cuando era necesario hablar de sus orígenes siempre se remitía a una vaga e imprecisa región: “lá en la frontera” decía, y cambiaba de asunto.
Los isleños lo apodaron “Moncholo” por su cara cueruda de labios gruesos y sus ralos bigotes duros y largos, a lo bagre.
Cuando llegó por primera vez al almacén del manco, ya tenía buena parte del rancho levantada en la encosta del “boquerón”.
Supieron que hachaba en el monte, que pescaba, y lo acompañaba una india paraguaya joven, que decía “curupaitos” en vez de “ correntinos ( en alusión a Curupaití , la última batalla  que los paraguayos ganaron , en la Guerra de la Triple Alianza )
Dos veces por mes cruzaba a Villa Guará donde se quedaba 3 o 4 días.
Sus compras eran las habituales de los paisanos,  salvo por el lujo de la caña quemada y del tabaco “ de corda” con el que armaba sus cigarros, después de picarlos a cuchillo.
La curiosidad de todos crecía, y comenzaron a correr suposiciones sobre su pasado, su vida y sus negocios.
Se habló de una muerte en el Brasil, de contrabando, de fuga de penitenciaria y hasta de magia india y ayuda de animas penadas.
Moncholo, indiferente, iba y venía con su lancha de fondo raso hasta el obraje, la villa, o los riachos profundos del “ Ibira Pita”.
A veces, por las noches, se llegaba al almacén del manco, donde nunca pasaba de la tercera caña.
La india lo acompañaba, esperándolo afuera, sentada en la tierra, fumando cerca de las canoas o de los caballos.
Dos años transcurrieron en lenta adaptación del intruso al ambiente.
Una noche de invierno, tres forasteros altos y sombríos llegaron en una chalana angosta y marinera.
Después de unos minutos de conversación en voz baja con el manco, partieron en silencio.
Apagaron el motor media legua arriba del Boquerón y bajaron costeando, con los remos.
Hicieron a pie el ultimo trecho que los separaba del rancho de quien seria, en las noticias de los días siguientes, Eusebio Olinda, “ o Maragato”.
Dos de ellos eran fornidos y serenos. Vestían ponchos abultados y destilaban orgullo y rencor.
El tercero, delgado y fibroso era más elástico en el andar y tenía una permanente sonrisa de algo enfermo. Llevaba una damajuana en las manos y un fusil al hombro. El bien y el mal le parecían del mismo color.
La india los “venteó” y despertó a Moncholo asustada.
Ladró el perro overo que tenían y a dos detonaciones secas siguió un aullido corto y agudo.
Eusebio se levantó de un salto y supo que iba a morir.
Una voz de odio lo llamó para siempre con eco de muerte.
Recordó Moncholo aquella noche de su desgracia, del inesperado duelo, del alcohol . Los facones en las manos los circulos de pasos alertas y cuidadosos, los amagos y de pronto, su entrada firme… y como un sueño… aquel cuchillo entrando en el vientre del “ doutor Silveira”
Afuera, ahora, eran dos las voces y gritaban insultos y desafíos roncos en portugués.
Moncholo (como sería recordado en las islas) sintió que se soltaba dentro de él un duro resorte preso durante años. (Desde la fuga, el merodeo con los tobas, los escondites en las tres fronteras y el día que decidió esperar la carne de su destino en Boquerón Biguá).
La india que, (como noticié en “El Observador” de Corrientes) no tenía nombre, ya se había desnudado el miedo y sostenía con fuerza la carabina de caza.
Su mirada feroz libertó al hombre bruscamente.
Moncholo descolgó el Remington y abrió de un culatazo la ventana hacia las voces. Los primeros disparos fueron a ciegas y los siguió un silencio atropellado por sus latidos desbocados.
Una pequeña explosión y un crepitar le dijeron que el rancho ardía. Esa muerte era la ultima que elegiría.
Un movimiento lo llamó y muy cerca, una silueta descarnada se destacó contra la selva iluminada.
Su instinto afilado fue puntería, decisión y muerte en una sola vez, y apagó la sonrisa enferma del capanga “Severino”.
Dos descargas cerradas respondieron y un golpe fuerte le arrancó una oreja. Se agachó sintiendo un calor pegajoso en la cara.
Fue allí, a la luz temblante de las llamaradas, que vio dos fríos ojos de tigre levantarse calmamente,  una fina mano  entonces… abrir la puerta , y salir flotando, en su poncho, aferrada a la carabina.
Los tiros vinieron cruzados de dos lugares diferentes, y ella  al caer, apretó los 2 gatillos en la dirección de uno.
La india rodó en silencio y un hermano explotó un alarido ya sin cara.
Eusebio, nervio y ojo, detonó el resto de su cargador hacia el otro. Movimientos bruscos parecieron indicar el resultado.
Parte del techo ya caía y el humo lo sofocaba. No esperó más.
Corrió hasta el muelle, empujó con fuerza la lancha y se tiró adentro.
Casi enseguida, un motor hirió la noche y comenzó a alejarse. “O Maragato” reiniciaba su eterna fuga.
El rancho era ya una hoguera.
Bajo luz de estrellas y fuego, reclinada en la tierra, como siempre silenciosa … una india sin nombre … ya esperaba sus dioses.

Ricardo desde Brasil

El día que…

No necesito que me presentes en sociedad

No necesito ser tu acompañante en las fiestas

Ni siquiera me interesa que presumas ante la gente

Lo perfecta que es nuestra relación

Todo lo que quiero es saber que vas a seguir ahí

El día que la vida me ponga de rodillas

 

Ya tengo bastante recorrido hecho

Siempre con mi cruz a cuestas

Este es un mundo herido y depredador

Y mi disfraz ya no cubre del todo

Mi sensibilidad

 

Aquellos fueron momentos fabulosos

De risas espontáneas y a flor de piel

Descansando sobre lo bien que me iba

Van a estar dentro mío para siempre

Pero no los necesito si la dulzura de tu mirada

Y tu cálida compañía no van a seguir

El día que me cambie la suerte

 

Aquellos fueron momentos fabulosos

De compartir aquellas cosas

Resaltando todo lo que mejor me salía

Van a estar dentro mío para siempre

Pero no me sirven de nada si no vas a estar ahí

El día que me sienta vencido por la adversidad

Y la angustia se vuelva parte de mí

 

Va a ser sencillo encontrar quien me quiera

En las buenas

Todo lo que quiero es saber que vas a seguir ahí

Cuando me sienta perdido y ya no pueda ser yo

Cuando llegue el día en que finalmente queden

Expuestas todas mis debilidades

Todo lo que quiero es saber que vas a seguir ahí

El día que finalmente la vida me ponga de rodillas

 

PRISMA

Crecí escuchando que quien mucho abarca poco aprieta. Que tenia que enfocarme en algo, una única cosa. Una sola meta un solo objetivo. Pero nunca pude. No hay nada que ame en la vida… porque lo que amo es la vida. Y la vida no puedo acotarla a una sola cosa. A una sola pasión. Necesito todas y cada una de las cosas que hago. Como necesito alimentarme con distintos nutrientes. Necesito saber que soy capaz de dar vida, al plantar una sola semillita, y cuidarla y nutrirla hasta verla convertirse en un frondoso árbol o una florida planta. Necesito saber que formo parte de la formación académica de un futuro profesional o brindar recreos al prestar un libro. Necesito sentir que soy mama y esposa, preparando una rica comida o creando un ambiente ordenado y limpio. Necesito sentir las cosquillas y la anticipación al elegir un hilado, la impaciencia al ir tejiéndolo y el orgullo al lucirlo. Necesito sentir la magia de conmover a alguien a través de lo que escribo, de lo que interpreto. Necesito sentir el poder de la creación. Necesito sentir para vivir. Esa es mi manera de sentir la vida… soy un prisma de mí nacen muchas luces. Tal vez no sean las más fuertes ni las más luminosas, pero cada una es única, cada una tiene calidez, cada una me define. Asi es mi vida… un prisma…