Los economistas y el árbol que no deja ver el bosque

A mediados de 2006, una empresa pequeña de sistemas crecía a buen ritmo, tenía 30 empleados y planeaba tomar diez más antes de que terminara el año. Fue por entonces que un operario del área administrativa cometió un error fatal: en vez de enviarle la planilla de sueldos sólo a su jefe, incluyó en el mail a todos los integrantes de la compañía.

Ilustración de Pablo Blasberg

La reacción fue inmediata y catastrófica para la firma. En el transcurso de un mes, siete empleados se habían ido y el clima laboral se volvió tóxico. Un mail equivocado resultó el equivalente a tirar gas mostaza en el medio de la oficina: enterarse de que el vecino de trabajo gana más que uno por una tarea que se considera de menor valor resultó ser algo sencillamente intolerable.

La historia es real y muestra hasta que punto es válida una “disonancia cognitiva” cad a v e z m á s estudiada por la economía del comport a m i e n t o y los expertos en Teoría de la Decisión: t e n d e m o s a prestarle una excesiva atención al contexto cercano, que nos rodea, e ignoramos el “bosque” (o el promedio general), como el principio de racionalidad de la economía neoclásica sugeriría.

Para explicar esta falla sistemática, los profesores de economía del comportamiento, la rama que toma enseñanzas de la psicología, suelen empezar mostrando un gráfico clásico de ilusión óptica: un círculo rodeado de círculos más chicos parece a simple vista más grande que uno que alrededor tiene figuras circulares de mayor tamaño. “Lo mismo sucede con la comparación de alternativas en nuestro proceso de decisión”, sostiene Daniel Ariely, experto en economía y temas cognitivos.

Hay un ejemplo citado por Ariely para ilustrar esta conducta: supongase que una farmacia pretende cobrar por un cepillo de dientes 20 pesos, y se sabe que a dos cuadras hay otro local que lo cobra $ 10, la mitad. Lo más probable es que el consumidor camine la distancia en cuestión, indignado con la diferencia del 100% en el mismo producto.

Ahora bien: supóngase que la misma persona se entera de que una campera que está comprando por $ 470 en un local sale $ 460 en otro negocio a 200 metros. No se molestará en caminar para ahorrarlos, o al menos lo más probable es que no lo haga.

En los dos casos, la diferencia monetaria es igual (10 pesos), pero las conductas que se generan son distintas, porque las comparaciones se hacen en base a la proporción al valor del producto que se está comprando. “La información relevante a considerar”, señala Ariely, “es si mi tiempo utilizado para caminar dos cuadras vale 10 pesos o no”.

“Aquí hay varios sesgos operando”, explica Ernesto Weissmann, profesor de Teoría de la Decisión de la UBA y director de Tandem, “uno de ellos es el de `cuentas mentales’: no consideramos de la misma forma a cada peso que tenemos en el bolsillo”.

Así como la vista puede ser engañada por ilusiones ópticas, la mente puede ser embaucada por ilusiones cognitivas.


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Este blog es muy bueno, pero en este caso publicaste algo bastante tonto. Cual es la idea? Q debo comparar mi salario con el 100% de la población a la hora de determinar mi posicion relativa? entonces compararme con mis 10 compañeros de laburo es estupido? Error! yo tengo INFORMACIÓN sobre la competencia, formacion, dedicación, y esfuerzo de esas 10 personas, todas variables que ingluyen (y mucho) a la hora de determinar el salario. Por el contrario, no tengo info del resto de los laburantes, simplemente porq no los conozco.

Uno se compara con su entorno porque es el grupo del que conoce todas las características (variables) a la hora de analizar un determinado fenómeno, en este caso: la disparidad salarial. Grupo de control, q le llaman…

Llamar a eso “excesiva atencion al contexto” resulta mas un juego de palabras que algun economista usa para salir en los medios, q un concepto realmente util.

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Muy interesantes sus posts, lástima que tan cortos. Espero los próximos y lo saludo atentamente.

, , Reportar este Comentario scampanario dijo

javier, tomo tu comentario.
Supongo que lamentarte todo el día porque el compañero de al lado gana más sí es tonto (si querés explicalo por loss aversion, no le pongas la etiqueta de atención al contexto). Conozco muchísima gente que se hace mala sangre todo el tiempo por esto.
abrazo

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El comentario que voy a hacer a lo que dijo Javier da la casualidad que está muy ligado a una opinión que iba a brindar en base a lo que dijo María Eugenia.

Javier, creo que lo que vos decís y lo que dice Sebastián son cosas distintas.
Primero, uno no compara su sueldo con el 100% de la población.
Por un lado, hay una cosa que padecemos los seres humanos que se llama “sesgo a la insensibilidad del tamaño de una muestra”. Esto significa que uno da por significativa una muestra que no lo es. Por ejemplo, si yo conozco a fulanito que gana más que yo, y conozco a Pedrito que también gana un poco más que yo, también existe Juancito que gana más o menos lo mismo que yo, y el amigo del primo del hermano de Martincito que gana bastante más que yo. Mi percepción pasa a ser que la mayoría de personas gana más que yo. Esto en los seres humanos (y no lo dice Sebastián, sino que hay numerosos estudios que, por lo menos aparentemente, lo demuestran) genera una sensación de no estar bien remunerado. La misma situación se da al revés, uno puede sentir que está bien remunerado en un caso contrario.
Por otro, muchas veces a uno no le importa lo que gana el 100% de la población… esa “población” pasa a ser, por ejemplo, “los contadores con entre 5 y 10 años de experiencia” o “los empleados de X empresa para la cual trabajo”.
De cualquier forma, no se trata de si esas personas se lo merecen o no (o si uno se lo merece o no), sino de como uno relativiza su sueldo en base al de los demás.
Esto no pasa solo con el sueldo, que es el ejemplo que elige Sebastián acá, sino con muchas otras cosas. Las personas tendemos a compararnos de forma constante con el resto, con el principal objetivo de evaluarnos.
Por ejemplo, supongamos una no tan hipotética situación que rindo un examen y me saco un 5 (notas del 1 al 10, se aprueba con 4). Si la gran mayoría estuvo entre el 2 y el 4, tengo que estar contento conmigo mismo. A fin de cuentas, habría estado entre los mejores de la clase. En cambio, si la gran mayoría sacó entre 7 y 10, no (es muy probable que automáticamente uno le heche la culpa al profesor, o a que no le alcanzó el tiempo, o un sin fin de excusas más.. pero ese es otro tema).

Y, finalmente, mi opinión, sugerencia o comentario, venía por el lado de que la falta de espacio puede compensarse con links a artículos, papers, blogs, o lo que sea que tengan más información sobre los temas tratados, para quien le interese profundizar. Algo así como hacen en el blog de Freakonomics. De esta forma también sirve como sustento teórico a aquellos que puede generarles duda.
Igual, esto no significa que sea la verdad absoluta… de hecho cualquier cosa que diga un economista es probable que, estadísticamente hablando, esté lejos de serlo (sin ofender ja).

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Tomás, gracias por el comentario. Prometo en breve poner links y referencias para enriquecer el debate.
De paso, recomiendo dos libros impresionantes: 59 seconds de Wiseman y Brain Rules, de Medina. Ambos por ahora solo en ingles. Piscología social y neurociencias aplicadas a vida cotidiana. Imperdibles.