“Seinfeldnomics”: cuando las series de TV invaden el aula

Atención: ya está abierta la inscripción para la Maestría en Economía Insólita 2011, con títulos no oficiales ni reconocidos por ninguna institución que se jacte de tener un mínimo de seriedad. Está dirigido a una matrícula gris, con problemas emocionales y que rehuye los desafíos. Requisitos de admisión: ninguno. O, más bien, uno solo: ser fanático de la serie Seinfeld.

Ilustración de Pablo Blasberg

Ilustración de Pablo Blasberg

Así están las cosas: la “sitcom” más exitosa de la historia de la televisión estadounidense se convirtió en una fuente insospechada para la enseñanza de economía. Las escenas clásicas del show son utilizadas por los profesores de economía para ilustrar conceptos básicos como “costo de oportunidad”, “fallas de información”, “arbitraje”, etc. El sitio yadayadayadaecon.com propone unas 100 “bolillas” para unas eventuales materias “Seinfeld I”, “ll” y “lll”. A continuación, algunas de las más divertidas:
The baby shower: En este capítulo, Jerry hace un análisis de costo-beneficio sobre la posibilidad de “colgarse del cable”. El dilema está calcado de los esquema imaginados por el Nobel Gary Becker a principios de los 70, cuando creó la “economía del crimen”. Al final, el protagonista de la serie decide entrar en la ilegalidad, cuando se entera de que allí transmitirán un juego de los Mets.

The Bottle Deposit: El cartero Newman, uno de los personajes más divertidos de Seinfeld, planea junto a Kramer, el vecino lunático de Jerry, una estrategia para “arbitrar” botellas de vidrio desde Nueva York, donde se cobra un depósito de 5 centavos de dólar, a Michigan, que tiene un depósito de 10 centavos. Los diálogos de este capítulo pueden utilizarse para explicar conceptos como “arbitraje”, “costos fijos” y “costos variables”.

The calzone: George Constanza compra un calzone en el mostrador, y cuando va a dejar un dólar de propina, el vendedor se da vuelta. Constanza se lamenta porque no obtiene el crédito de agradecimiento. Un caso de altruismo imperfecto, útil en la economía del comportamiento, que toma enseñanzas de la psicología.

The Chinese restaurant: Este capítulo, media hora en la que los cuatro amigos esperan a que les asignen mesa, es un festival de conceptos económicos. Desde los “costos de oportunidad” (Jerry discute cuánto está dispuesto a pagar para sentarse antes) hasta la “eficiencia”: Elaine insiste en que los turnos no deberían asignarse por orden de llegada, sino priorizando a los comensales que tienen más hambre.

The chicken roaster: Kramer sufre una “externalidad negativa”: un nuevo local de pollo rostizado coloca un cartel de neón rojo justo frente a su ventana, y no lo deja dormir. A cambio, negocia que le den pollo gratis.

The soup nazi: La sopa más deliciosa de Nueva York la prepara un cocinero malhumorado, que maltrata a sus clientes. Cuando se niega a venderle a Elaine, esta piensa en alternativas para romper el monopolio de la sopa rica.

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La ansiedad en 140 caracteres y el futuro de los mercados

“¿Buen día, Twiterlandia! Cómo están todos?”, “Almorzando en Palermo con amigos, ¡Voy a tener que ir al gym!”, “Quiero una novia, ¿alguna que se ofrezca? Jajaja”, “Cómo está el tiempo? Jeans y chatitas está bien?”, “No hace tanto calor para ser noviembre; efecto invernadero: helloooooo!”.

Ilustración de Pablo Blasberg

Ilustración de Pablo Blasberg

Para aquellos que pensaban que Twitter es definitivamernte una pérdida de tiempo, he aquí un estudio de economistas que le encontró una utilidad concreta a los mensajes que, con un máximo de 140 caracteres, se multiplican en esta red social: el estado de ánimo mostrado por los usuarios está resultando ser un buen anticipador del comportamiento de los mercados. De acuerdo a una muy reciente investigación de Johan Bollen y Huina Mao (ambos de la Universidad de Indiana) y Xiao-Jun Zeng (de la de Manchester, Inglaterra), el “tono emocional” reflejado por millones de twiteros explicó “con un 87% de precisión” el movimiento diario del Dow Jones.

“Las finanzas del comportamiento nos enseñaron que las emociones, además de la nueva información, juegan un rol fundamental en la toma de decisiones de los agentes económicos”, cuentan los autores, “nosotros quisimos averiguar si las sociedades experimentan cambios en su estado de ánimo que afectan su toma de decisiones a nivel colectivo”.

Para llevar a cabo su estudio, los académicos relevaron casi 10 millones de mensajes enviados entre el 28 de febrero y el 19 de diciembre de 2008. Mediante herramientas hoy disponibles para cualquier usuario como el Google Profile of Mood States (GPMS) midieron el estado de ánimo en ese período y lo cruzaron el el Dow Jones. Hallaron que la variable emocional que más se correlaciona con los precios de las acciones es la de la “calma” o su opuesto, la “ansiedad”. La “felicidad”o la “vitalidad” también tienen relación, pero en una intensidad menor.

“De las redes sociales populares, Twitter es la plataforma que mejor se adapta como base de datos para responder inquietudes sobre el comportamiento del mercado financiero”, explica el economista argentino Gastón Besanson, del Club de Finanzas Cuantitativas de la Di Tella, “la restricción en caracteres para cada tweet obliga a que las expresiones sean sintéticas y emocionalmente unidireccionales, simplificando el análisis de las mismas”.

Por su gigantesca cantidad de datos, las redes sociales se están convirtiendo en una materia prima invalorable para físicos, economistas y demás expertos que estudian modelos predictivos. Meses atrás, el argentino Bernardo Huberman, un experto en “ecología de la web” que trabaja en HP, descubrió que los comentarios agregados en Twitter conforman una bola de cristal muy nítida para predecir el resultado en boleterías de las películas lanzadas desde Hollywood.

“Adiós, Twiterlandia, hasta el próximo descubrimiento de la economía al filo de la realidad.”

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El club de los feos y la ecuación económica de la cara perfecta

En el mundo de la belleza femenina, el 90-60-90 no va más. Las nuevas “medidas de oro” para identificar mujeres lindas son “36-46″, y no se refieren al cuerpo, sino a la cara.

Ilustración de Pablo Blasberg

Ilustración de Pablo Blasberg

Una investigación realizada este año por psicólogos de EE.UU. y Canadá, que luego sirvió de insumo para un original experimento llevado a cabo por economistas argentinos, determinó que la belleza femenina está altamente determinada por la distancia que guardan los ojos entre sí, y la de los ojos con la nariz y la boca. Kang Lee, de la Universidad de Toronto; y Pamela Pallett y Stephen Link de la Universidad de California le mostraron a centenares de estudiantes rostros de una misma persona, pero con sus principales facciones separadas por distintas distancias. El resultado: las mujeres fueron juzgadas como más atractivas cuando el espacio entre sus ojos y su boca es el 36% del largo total de la cara; y el que media entre los ojos, un 46% del ancho total del rostro. “La ‘divina proporción’ se discute desde la Antigua Grecia; y hasta se dice que Leonardo Da Vinci la tuvo en cuenta para dibujar su Mona Lisa, pero esta es la primera vez que surgen conclusiones muy contundentes desde la psicología”, dice Pallet en su estudio.

Los hallazgos fueron tomados por los economistas Martín Rossi (Universidad de San Andrés), Florencia López Boo (BID) y Sergio Urzúa (Northwestern) para estudiar la relación entre la belleza y el acceso al mercado laboral. “Sacamos fotos de gente real, las mezclamos para generar caras sin identidad, y luego un diseñador manipuló estas distancias para volverlas atractivas o feas”, cuenta Rossi a Clarín. El paso siguiente fue enviar las imágenes a empresas que solicitaban empleados. “Encontramos que la gente atractiva tiene un 9,8% de chance de ser llamada a una entrevista; en tanto que con los CVs de gente fea, la tasa de respuesta bajó a 7,2%”, explica. La “economía de la belleza” es un campo relativamente nuevo.

Hamermesh y Jeff Biddle hallaron que la gente atractiva gana un 5% más que la menos agraciada. Reciben más ofertas laborales, salarios más altos de entrada y mayor periodicidad de aumentos.

Este campo económico se vio favorecido también con el aporte estadístico de los sitios de citas por Internet, que explotaron comercialmente y sumaron muestras de millones de datos. Gizmodo.com, uno de los más populares en Inglaterra, lanzó recientemente una alternativa de citas on line para aquellos que enfrentan “desafíos estéticos” (”aesthetically challenged people”). La iniciativa evita lugares comunes como “la belleza está adentro” y va al grano con consejos prácticos: “Un 50% de la gente en Gran Bretaña es considerada ‘fea’ y pierde su tiempo buscando en la limitada pileta de los ‘lindos’; cuando seguramente tendrían más éxito en el vasto océano de los feos”. Y un dato 100% corroborado por las abundantes estadísticas de Gizmodo: los feos se esfuerzan más en la cama. ¿A quién le importa el 90-60-90 y el 36-46?

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Los blogs de economía pelean para hacer más ruido en la Web

Nacieron -la mayoría- entre 2005 y 2007, tuvieron su apogeo con la crisis de la 125 y en los últimos meses venían de capa caída, con algunos de sus principales referentes afirmando que en breve darían de baja sus espacios de discusión en Internet. Pero no todo está perdido en la blogósfera económica argentina (o BEA, como se autodemoninan los blogueros): la irrupción de un nuevo foro colectivo de economistas en Internet semanas atrás, más otro de lanzamiento inminente, sumado al debate económico que se espera se dinamice con la carrera electoral, apuntan a revitalizar la polémica económica 2.0.

Ilustración de Pablo Blasberg

“En una escala de 1 a 10, si 10 es ‘nivel EE.UU.’ y 6 es nivel conflicto con el campo, anduvimos por 2 y ahora con estas incorporaciones por 3 o 4″, resume Lucas Llach, creador de “La ciencia maldita”, el blog económico más visitado, que opera en la plataforma de La Nación.

Con la intención de “impulsar un debate de ideas que sea regido por los estándares de análisis de la academia y que al mismo tiempo sea accesible”, un mes atrás surgió Foco Económico, editado por Andrés Neumeyer, Juan Pablo Nicolini, Sebastián Galiani y Emilio Espino. Allí escriben (o prometieron escribir) Miguel Kiguel, Ivan Werning, Mariano Tommasi, Guillermo Calvo, Pablo Guidotti, Ricardo Lagos y Guido Sandleris, entre otros.

El formato es parecido al de Voxeu, un sitio colectivo de economistas de todo el mundo, muy respetado en la profesión: aportes un poco más largos y elaborados que los habituales en blogs, con una edición previa. Otra iniciativa con una idea similar, vinculada a profesores de Economía de la UBA, se estará lanzando en breve.

“Al contrario que en los EE.UU., donde los economistas más importantes tienen su blog; aquí eso no sucede, es una cuestión cultural”, cuenta Diego Landi, quien recientemente terminó su tesis sobre “Una mirada sobre la blogósfera económica argentina”, realizada para la maestría en periodismo de Clarín. Hay excepciones, como los sitios de Domingo Cavallo, Eduardo Levy Yeyati u Olivera, el seudómino de un reconocido economista del sector financiero y profesor de la UBA. Pero son pocos. En EE.UU., Obama ha llegado a responder públicamente a posteos de Paul Krugman, una situación que parece irreplicable aquí.

Sin incentivos económicos y con impacto limitado en la agenda pública, la BEA depende en gran medida de la buena voluntad de sus integrantes para mantener el espacio de discusión on line revitalizado. “Hay un ciclo de vida, muchos estudiantes de los últimos años de la carrera postean menos cuando ingresan de lleno al mercado laboral y aumenta su costo de oportunidad”, describe Landi, que entrevistó para su investigación a los responsables de Finanzas Públicas, Economista Serial Crónico, Homo Economicus, 50amaneceres, Quién lo paga, La Economía desnuda y Cosas que pasan, entre otros integrantes de la BEA.

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Economistas en el reino de las gratificaciones inmediatas

Cómo evadir la irresistible tentación de llamar al dentista para pedir un turno? ¿O ese impulso loco a ordenar las cuentas familiares, pagar las expensas en término y cancelar el saldo de tarjeta de crédito?

Ilustración de Pablo Blasberg

Por si quedaba alguna duda, el párrafo anterior es irónico. En materia de decisiones, los seres humanos somos campeones en eso de “dejar para mañana lo que se puede hacer hoy”. Esta desidia implica actuar a sabiendas de que la postergación de la acción en cuestión es costosa. Y, como sucedía con Felipe, el personaje de Mafalda que no hacía la tarea pero tampoco dejaba de pensar en las consecuencias negativas de esta conducta, hasta provoca angustia en quienes no accionan.

A principios de los 90, el fenómeno de “procastination” (dejar para mañana lo que se puede hacer hoy) llamó la atención de la emergente tribu de los economistas del comportamiento. En 1991, diez años antes de ganar su Nobel, George Akerlof escribió el primer trabajo económico sobre la materia, “Procastination and obedience”. Desde entonces, decenas de experimentos sobre el tema se llevaron a cabo, demostrando que las preferencias de los agentes no son “consistentes en el tiempo”, como sostenía la economía tradicional.
Los economistas hablan de “descuento hiperbólico” para referirse el excesivo peso que se le suele dar al corto plazo con respecto al largo plazo. La gente suele prefiere recibir 100 dólares hoy a ganar 110 dólares en un mes, aún cuando la tasa de interés a favor implícita en la segunda opción es astronómica.

Uno de los experimentos más divertidos sobre este “reinado de la gratificación inmediata” lo hizo el economista George Loewestein, quien descubrió una reacción curiosa entre sus alumnos. Cuando les preguntaba qué película querían ver de aquí a una semana, se inclinaban por algún film difícil: el Oscar a la mejor película extranjera, la última perla iraní, alguna de Bergman que tanto les recomendaron. Pero si debían optar por una opción “para esta noche”, era una comedia liviana o la última temporada de Lost.

La traumática relación de los seres humanos con el tiempo llevó a los economistas a sugerir todo tipo de medidas para resistir las tentaciones inmediatas y la desidia. Van desde el el sitio Stikk.com, creado por dos economistas, que debita un depósito en dólares si no se cumple determinado objetivo, hasta el reloj despertador “clocky”, que se esconde debajo de la cama cuando empieza a sonar y, en su más reciente versión, le manda un mail al jefe avisando de la llegada tarde al trabajo si no se lo apaga.

El Nobel y experto en teoría de los juegos Thomas Schelling habla de un “yo dividido”: en materia de decisiones, el cerebro de comporta en forma “parlamentarista”, con distintas voces que pueden formar coaliciones u oponerse entre sí. Así, a las 4 a.m. la neurona Julio Cobos da, atribulada, su voto “no positivo” y nos ponemos a ver, por octava vez, “Virgen a los 40” en el cable.

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Con ustedes, el “Johnny Allon presenta” de la economía freak

El periodista de un diario económico se arrepintió de no tener a mano una cámara de video. Salía de la redacción cuando se cruzó en la cuadra del ministerio de Economía con Amado Boudou, quien venía cantando en voz alta el tema “Spending my time” (”Un día sin tí”), una balada melosa del duo sueco Roxette. Fue hace dos semanas.

Ilustración de Pablo Blasberg

La relación entre los economistas y la música es intensa, pero poco conocida. En su libro “En que anduvieron y en qué andan los economistas”, Juan Carlos De Pablo encontró 21 casos de profesionales de la “ciencia sombría” que “encima, son músicos”, en una muestra de 1.000 vidas relevadas. Entre ellos, algunos conocidos como Orris Herfindahl (creador del índice de concentración económica Herfindahl-Hirschman y aficionado al clarinete); Wyne Godley (un post-keynesiano duro y virtuoso del oboe); Tjalling Koopmans (Nobel, especialista en optimización, violín y piano) y Jacob Mincer (economista laboral y violinista).

Con menos recorrido académico aparece Mick Jagger, de los Rolling Stones, quien estudió en 1961 en la London School of Economics, becado por sus buenas notas en la secundaria. El ex jefe de la Fed Alan Greenspan es un apasionado del clarinete y solía tocar con el saxofonista Stan Getz. A nivel local, Roberto Frenkel es un buen bajista (su hijo Diego es músico y ex integrante de La Portuaria). Elías Salama tocaba el piano. Y Yayo Guridi, el cómico cordobés, canta cuarteto y es economista recibido.

Lo que sigue es un “Johnny Allon presenta” de la economía, con un top 4 de canciones, todas disponibles en Internet:

* Puesto 4: Ex alumnos de Columbia escribieron la versión de “Every breath you take”, de The Police, cuando asumió en la Reserva Federal Ben Bernanke. Parte de la letra: “Every breath you take/every change of rate/Jobs you don’t create/while we still stangflate/I’ll be watching you” (”Cada vez que respiras/ cada cambio de tasa de interés/trabajos que no creas/cuando aún estamos en estanflación/te estaré observando”). Vea el video aquí.

* Puesto 3: El rap de Keynes y Hayek arranca con los dos popes de la economía cantando, al ritmo del hip hop: “Estuvimos yendo y viniendo por un siglo/ hay un ciclo de boom y caída en los mercados/y buenas razones para temerles/¡culpen a las tasas de interés! (Hayek)/¡No!¡Culpen a los animal spirits! (Key- nes)”. Vea el video aquí.

* Puesto 2: El blues de Paul Krugman. El blusero Loudon Wainwright canta: “Leí el New York Times/de ahí saco mis noticias/Paul Krugman está en la portada/de ahí saco este blues”. Vea el video aquí.

* Puesto 1: Hasta la economía del comportamiento (cruza con psicología) tiene su propia “canción de sesgos cognitivos”, que repasa distintos errores en las decisiones. Vea el video aquí.

Como diría Johnny Allon: “Yo me voy, viene la música”.

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El costado más sombrío del Premio Nobel de Economía

Hablando acerca de su negativa a asistir a los premios de la Academia de Hollywood por los premios Oscar, Woody Allen dijo una vez que, en cambio, sí concurriría gustoso a recibir un Nobel, ya que “viene acompañado de una suma interesante de dinero”. Peter Diamond, Dale Mortensen y Christopher Pissarides, galardonados con el Nobel de Economía 2010 el lunes pasado por sus estudios sobre desempleo, cobrarán esa “suma interesante”, pero tampoco se volverán multimillonarios: luego de impuestos, cada uno embolsará 250.000 dólares. Casi un cuatro ambientes en Palermo, y sin amenities.

Ilustración de Pablo BlasbergEn los últimos años, los economistas debieron acostumbrarse a compartir el Premio Nobel. “De alguna forma, la sensación que queda es que ninguno de los reconocidos vale más de un tercio”, dijo años atrás el profesor de Princeton Orley Ashenfelter. Sylvia Nasar, la autora del libro “Una mente brillante”, que tuvo su película homónima ganadora del Oscar y trata sobre la vida del laureado John Nash, fue más cruda aún: “En el ambiente de los economistas es común escuchar que las estrellas que verdaderamente lo merecían ya se acabaron, y ahora quedan premios para los que sobran”.

Lo cierto es que, a pesar de recibir la misma cantidad de plata y de surgir de un proceso igual de secreto y bizantino que para el resto de las categorías, el Nobel de Economía carga con sutiles diferencias que lo convierten en una suerte de “primo pobre” de galardones como el de Literatura, Física o Química. Para empezar, las medallas que se otorga son distintas al resto, y también el nombre: oficialmente es el “Premio Banco Central de Suecia a las Ciencias Económicas en memoria de Alfred Nobel”. Fue el último rubro en crearse, en 1968, como parte de una movida de marketing de la autoridad monetaria sueca para festejar los 100 años que cumplía.

En su legado original, el magnate de la dinamita estableció que el premio debía “promover nuevas investigaciones”. Pero en Economía, criticó Paul Krugman, Nobel 2008, se suelen reconocer académicos que hicieron alguna contribución hace veinte años o más. “Terminan yendo a personas que hace rato pasaron su edad más productiva de investigación”, sostuvo. La edad promedio de los Nobel de Economía es de 67 años, muy por encima de los 52 de los de Física. William Vickrey, padre de la teoría de subastas, murió en 1996 a los 82 años de un ataque cardíaco, tres días después de ganar el Nobel, probablemente por el stress derivado del reconocimiento que se le hizo.

Ni Diamond, ni Mortensen ni Pissarides figuraban entre los diez primeros puestos en las apuestas previas de los economistas, lo cual muestra lo difusa y fragmentada que está hoy la meritocracia en la “ciencia sombría”. La reputación de los Nobel muchas veces se termina construyendo ex post. “Como el beso de la doncella que convierte a un sapo”, lo definió William Breit, del MIT, “en un príncipe apuesto”.

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El Crucero del Amor no hace escala en el puerto argentino

Oh, Dios de los economistas, ¿Cómo describir la angustia del consultor frente al Power Point en blanco, luego de un pedido urgente de sus clientes por proyecciones de mediano plazo?

Porque, convengamos, para pronosticar el crecimiento de lo que resta de 2010 y de 2011 hay de donde agarrarse: inercia, perspectiva de cosecha, demanda brasileña, incertidumbre electoral, su ruta. Pero para aquellos proyectos de inversión que requieren alguna perspectiva de más largo plazo, la cosa se complica.

Ilustración de Pablo Blasberg

Hoy la mayor parte de los economistas le ponen un “4%” al crecimiento que va más allá de 2012. Es, más que nada, una cuestión de fe. La proyección tiene una lógica: “7%” parece mucho, y “2%” parece poco. Hay un único problema: con una muy alta probabilidad, el pronóstico resultará falso.

Si hay un fenómeno completamente inexistente en la economía argentina, ese es el del crecimiento a una velocidad crucero. “Pasamos de andar en primera a meter quinta, sin escalas”, explica Fernando Navajas, profesor de Economía de la UBA, de la UNLP y economista de FIEL.

A fin de 2009, cuando la Argentina salía de la zona de crecimiento negativo (el PBI local cayó 3,5% el año pasado, según una estimación del economista José Luis Maia), muchos analistas comenzaron a ponerle un 3% o 4% al 2010, con el argumento de que “esta vez se iba a salir más lento” por un menor margen fiscal, efecto freno de la inflación, menor “output gap” y otras explicaciones. Navajas por entonces hizo pública su desconfianza en la hipótesis “moderada”, y estuvo entre los economistas (Miguel Bein fue otro) que anticiparon un rebote más fuerte.

La evidencia histórica al respecto es lapidaria. En 125 años, la montaña rusa de la macro local tuvo 31 “ciclos” de bajadas y subidas extremas: es récord mundial. Y en las últimas cuatro décadas, la tasa de volatilidad argentina es ocho veces más grande que la de Brasil, Chile, Egipto o Australia, y unas 20 veces la de EE.UU, Canadá, Alemania o Inglaterra.

¿Qué es lo que explica esta pasión nacional por los extremos? Después de todo, el resto de las naciones de América latina también sufrieron shocks externos de magnitud, y sus economías se comportaron en forma más moderada. Para Navajas, el amplificador del ciclo local tiene que ver con el comportamiento brusco de los flujos de capitales. “Y acá no estamos hablando de inversiones financieras, sino de los argentinos haciendo cola para comprar o vender divisas”, remarca. Según la Cepal, cuando hay un shock externo (positivo o negativo), nuestros flujos de capitales exageran la amplitud. Y lo hacen, de acuerdo a las mediciones del organismo, más que en cualquier otro país de la región.

No es el único motivo, claro. Una dinámica política que acentúa el ciclo fiscal y una puja distributiva que cada tanto hace eclosión son otros de los factores que hacen, según Navajas, que la economía argentina esté, para ponerlo en términos “pop” (y, de paso, justificar el título de esta columna), más cerca del Italpark que del Crucero del Amor.

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Cuando los economistas se excitan en el baño de hombres

Sin repetir y sin soplar, algunas cosas que las mujeres no le perdonan a sus parejas. Comenzando, ya: que olviden la fecha de aniversario, que hablen de una ex novia, que ronquen en la cama o que mojen la tabla del inodoro. Para las tres primeras objeciones, los economistas no tienen por ahora una solución satisfactoria. Para la cuarta, en cambio, existe una alternativa exitosa.

Ilustración de Pablo BlasbergA propuesta de un joven economista que trabaja en el aeropuerto de Schipol, en Amsterdam, se colocaron stickers de “moscas” en los mingitorios de los baños de hombres. Una atracción irrefrenable e instintiva de “dar en el blanco” de los viajantes varones hizo que los derrames de orina en el piso disminuyeran hasta un 80%. Mejor no preguntar cómo lo midieron. O si los economistas no tienen otra cosa mejor para hacer.

Por lo pronto, lo anterior es un ejemplo icónico del fenómeno “nudge“, que propician los popes de la economía del comportamiento Richard Thaler y Cass Sunstein.

En inglés, “nudge“quiere decir “dar un ligero golpe con el codo”. La idea de Thaler es que con “suaves empujones” (de manera tal de no afectar la libertad de elección de la gente) se pueden hacer enormes avances para modificar la conducta de las personas que resulta costosas para el resto y para sí misma.

Los “empujoncitos” sugeridos para que se adopten como política pública o de las empresas son centenares, y muchos persiguen objetivos más ambiciosos que disminuir los derrames en el baño de hombres. Thaler hace énfasis en la “arquitectura de opciones”. Las escuelas primarias de EE.UU. mejoraron la dieta de sus alumnos poniendo la fruta, la verdura y los alimentos saludables en el ángulo de visión más favorable por parte de los estudiantes en los comedores. Y los economistas proponen que la opción “de default” para los ciudadanos sea hacerse un chequeo médico por año. Si uno no quiere, puede evitarlo, pero completando un trámite engorroso. De nuevo: un “empujoncito”, pero sin coartar la libertad de elegir.

Los “sesgos” o ilusiones cognitivas son el núcleo de la economía del comportamiento, la cruza con psicología que postula que los agentes no actúan en forma racional. Un ejemplo gráfico de intervención estatal que logró bajar la tasa de accidentes tuvo como eje una iniciativa de la municipalidad de Chicago, EE.UU.

Una ruta del este de la ciudad, que bordea el Lago Michigan, fue durante años una trampa mortal para automovilistas que no bajaban la velocidad y se estrellaban en una serie de curvas en “S” muy pronunciadas. La solución del gobierno comunal: se pintaron líneas blancas cruzando la calle, con una distancia cada vez menor entre ellas. Esto crea una ilusión: los conductores tienen la falsa sensación de que están manejando cada vez más rápido, e instintivamente pisan el freno.

Quedan pendientes, entonces, los “nudges” para recordar la fecha-aniversario, no roncar en la cama ni hablar de las ex novias. El próximo Nobel de Economía Insólita aguarda a quien encuentre la respuesta.

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¿Hay cisnes negros en el lago de la economía argentina?

A fines de 2007, la filial argentina de una de las “big four” de la auditoría y la consultoría resolvió encarar un estudio ambicioso con una de esas consignas que tanto apasionan al mundo de la asesoría corporativa: “La visión de los líderes sobre la economía en los próximos diez años”. La investigación incluyó centenares de entrevistas en profundidad a altos ejecutivos que, parados en la cresta de la ola de cuatro años de crecimiento alto, no fueron muy originales y pronosticaron, en su mayoría, otros diez años de aumento sostenido del PBI.

Ilustración de Pablo BlasbergA nadie se le ocurrió que 14 años seguidos de crecimiento a más del 5% es una rareza extrema para la economía argentina.

Por suerte para la consultora, el trabajo comenzó a demorarse y nunca se difundió. Se evitó de esta forma un papelón: en 2008 estalló la crisis externa que pegó en la Argentina, y el país terminó con una baja en el PBI de 3,5% en 2009.

La anécdota viene a cuento de los “cisnes negros” que popularizó el filósofo Nassim Nicholas Taleb: esos eventos con alto impacto sistémico, bajísima probabilidad de ocurrencia y de naturaleza impredecible.

En pleno arranque de temporada alta de pronósticos macroeconómicos, el discurso de los analistas hoy se parece mucho al de fines de 2007. Parados nuevamente en la cresta de la ola, hay poca amplitud en las proyecciones que se mueven en torno a una suba del 7%-8% del PBI para este año y un par de puntos menos, pero igualmente robusta, para el que viene.

Sobre esta visión de consenso descansan proyecciones de todo tipo. Desde la idea de que el Gobierno gana fácil su reelección hasta un nuevo shopping de zona norte que ya más que duplicó su presupuesto de construcción y que, para justificarlo, “espera” un boom de consumo aún mayor que el actual a partir de 2011.

Pero no todos los economistas se suben al “dale que va”. José Fanelli, profesor de la UBA e investigador del CEDES, es de los que prefieren mostrar cautela.

Fanelli, un académico muy respetado y de bajísimo perfil, escribió recientemente un trabajo titulado “Sobre crecimiento sostenido, vulnerabilidad y política argentina”. Allí pondera el crecimiento actual, pero recuerda que la economía argentina sigue siendo muy vulnerable a un marco global ultravolatil. “El énfasis en la vulnerabilidad no implica pronosticar que la recuperación actual está condenada a colapsar. El punto es que la economía se mueve por un sendero que implica que los shocks que ocurran tenderán a amplificarse de manera exagerada”.

¿Qué “cisnes negros” podría uno imaginarse? Devaluación en Brasil, crecimiento más débil en China que tire abajo el valor de las commodities o coletazos de la crisis en EE.UU. y Europa, ya sin resto fiscal. Cualquiera de estos shocks encontraría a la economía con menor poder de reacción: “La alta inflación quita grados de libertad a la política económica”, explica Fanelli. No deja margen para ajustar por tipo de cambio.

Predecir es un negocio riesgoso, dice Taleb, especialmente cuando se trata del futuro.

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