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Población y desarrollo – Algunos datos

El crecimiento demográfico está íntimamente ligado al desarrollo económico y social. En los últimos 250 años el mundo ha vivido, desde la Revolución Industrial, una profunda revolución demográfica. La tasa de crecimiento de la población durante miles de años había sido muy baja, debido a la muy alta mortalidad. A pesar que en general no se usaban métodos anticonceptivos, y las familias tenían muchos hijos, la mortalidad hacía estragos, sobre todo la mortalidad infantil (una cuarta parte de los niños morían antes de cumplir un año, y otra proporción importante moría joven). En promedio, la na­talidad era un poco más alta que la mortalidad, y por eso la población humana por miles de años tuvo una leve tendencia creciente, pero a menudo retrocedía debido a pestes, guerras y otras calami­da­des. La tasa de crecimiento (diferencia entre natalidad y mortalidad) era muy baja, del orden de 0.1% anual o menos. Esta etapa está representada en el período A de la Figura 1: alta natalidad, alta mortalidad, y muy poco crecimiento demográfico.

A partir de la Revolución Industrial (que también fue una Revolución Agrícola), los países más avanzados (sobre todo los de Europa del Norte) comenzaron una etapa llamada Primera Transición Demográfica (período B): la mortalidad empezó a bajar debido a los progresos sanitarios y médicos, pero la gente seguía teniendo muchos hijos pues no había buenos anticonceptivos y además los patrones culturales del pasado seguían prevaleciendo. En este período la diferencia entre natalidad y mortalidad se fue ampliando gradualmente, alcanzando un máximo al término de ese período B. Esto ocurrió en Europa a fines del siglo XIX, pero en los países en desarrollo el proceso ocurrió después: en América Latina, típicamente el momento de máximo crecimiento ocurrió alrededor de 1960 (variando según los países).

Figura 1. Representación esquemática de las transiciones demográficas

Al alcanzar un cierto nivel de desarrollo económico y social, la fecundidad comienza a bajar, las mujeres tienen cada vez menos hijos, y por lo tanto la natalidad comienza a bajar (período C). Al mismo tiempo el descenso de la mortalidad se desacelera, porque una vez superada la primera etapa más fácil de cuidados sanitarios ya no es tan fácil seguir bajando la mortalidad infantil, y además los adultos mayores comienzan a ser más numerosos, y de ese grupo empiezan a producirse mayor número de fallecimientos. En efecto en una sociedad del período A típicamente solo un 1-2% llegaba a superar los 60 años, mientras que en una sociedad del período C la tercera edad ya representa un porcentaje algo mayor (3-5%). En los países más avanzados el porcentaje de población de la tercera edad sobrepasa el 10-15%. En cambio el porcentaje de población infantil y menor de edad (0-17 años) oscila en 50% en los países de los estadios A y B, pero en los estadios más avanzados decrece su importancha hasta alrededor del 20%.

Al llegar un cierto punto la tasa bruta de mortalidad (fallecimientos sobre población total) deja de bajar, y tiende a estabilizarse. La mortalidad infantil ya es bastante baja, y cada vez hay más ancianos. En cuanto a la natalidad, ella sigue bajando, a punto tal que llega a ser inferior a la mortalidad (período D). En esta etapa, la población disminuye: las defunciones son más numerosas que los nacimientos. En ese período la tasa de crecimiento demográfico, que había venido decre­cien­do, se vuelve negativa. En la práctica esto ocurre en países de muy alto desarrollo económico, como está ocurriendo en los países más desarrollados como EEUU, Europa y Japón en los últimos 20-30 años. Si la tasa de fertilidad vuelve a estabilizarse al nivel de reemplazo (período E) la población nuevamente se estabilizará o podría crecer levemente.

Aclaremos que esto se refiere a la tasa demográfica interna, sin contar la posible emi­gra­ción o inmigración. Algunos países, como EEUU, tienen todavía crecimiento demográfico porque tienen una fuerte inmigración, pero el nivel de fertilidad de los no-inmigrantes está por debajo del nivel de reemplazo. Los países europeos, con inmigración mucho menor, tienen una población estancada o en lento decrecimiento, con una fertilidad muy baja. En lo que se refiere a sus tasas demográficas internas, todos ellos están en “territorio negativo”, aunque algunos todavía pueden mantenerse o crecer un poco debido a la inmigración.

Los países de desarrollo intermedio, como la Argentina, han estado bajando sus tasas demográficas (las de la Argentina llegaron a ser de 2.5% anual y ahora están en el orden de 1% si se descuenta la inmigración neta que todavía tiene el país, y que aporta un 0.1-0.2% adicional). Algunos de esos países ya tienen tasas negativas o muy cercanas a cero (como Uruguay, Costa Rica, Cuba y algunas islas del Caribe).

La fertilidad está muy relacionada con el ingreso per capita. Si se exceptúan algunos casos excepcionales, como los países petroleros tipo Arabia Saudita (ingreso per capita muy alto pero también alta fertilidad por su cultura tradicional) o Israel (cuya fertilidad –israelita o palestina—es también más alta que lo esperado para su nivel de ingreso per capita), en general los países están situados a lo largo de una curva decreciente: a más ingreso menos fertilidad (Figura 2).

 

 

 

 

 

Figura 2. Tasa de fertilidad (hijos esperados por mujer) e ingreso per capita (dólares de paridad de poder adquisitivo). Fertilidad: 2000-2005. Ingreso: 2007. Fuentes: para la fertilidad estimaciones de la ONU, y para el ingreso per capita el informe anual de 2009 del Banco Mundial. Se toman esos años porque son los últimos en que hay información actualizada.

 

 

A medida que se avanza hacia niveles de ingreso más altos la tasa de fertilidad desciende por debajo del nivel de reemplazo, y el crecimiento demográfico al poco tiempo se vuelve negativo.

 

El período de tasas negativas, sin embargo, tiene un límite. La curva de la Figura 2 muestra un leve aumento en los niveles de ingreso más altos. En efecto, en niveles muy altos de desarrollo económico y social la tasa de natalidad comienza a subir nuevamente. Eso está ocurriendo actualmente (desde los años 90) en EEUU y los países más ricos de Europa como Suiza, Noruega, Francia, Alemania, Austria, Bélgica. En esos países el número promedio de hijos por mujer, que había llegado a ser alrededor de 1.3-1.5 (insuficiente para reemplazar a la generación anterior) ha estado aumentando y ya se encuentra cerca de 2 (lo necesario para el reemplazo generacional es 2.1 hijos por mujer, lo cual incluye 2 para el reemplazo y 0.1 para la cobertura de los pocos fallecimientos precoces que aún ocurren). En un estudio reciente, un grupo de investigadores demográficos mostró que a niveles muy altos del índice de desarrollo humano de la ONU (que combina ingreso per capita, nivel educativo y esperanza de vida), la fertilidad promedio de las mujeres tiende a subir nuevamente, aunque todavía no pasa de 2 hijos (Figura 3). Hasta los años noventa esta reversión no era visible porque ningún país tenía un nivel tan alto de desarrollo humano, pero ahora son ya unos cuantos. No solamente cambia la tendencia observando determinadas fechas, como por ejemplo 1975 comparado con 2005, sino que además la reversión se ha observado en cada país por separado. Cada uno de estos países, como Noruega u Holanda, han tenido un período de declinación en su fertilidad, hasta alcanzar un punto de quiebre al llegar más o menos a un índice de desarrollo humano de 0.90-0.92, y a partir de allí su fertilidad ha vuelto a crecer, aunque todavía sigue siendo en general inferior al nivel de reemplazo (2.1). Entretanto los países más pobres, a la izquierda del gráfico, siguen teniendo 6-8 hijos por mujer (son casi todos países africanos extremada­mente pobres).

En el caso de América Latina, su tasa de crecimiento anual ya es bastante baja (1.2% anual en 2005-2010), y sigue bajando, estimándose que llegará a alrededor de cero a mitad del siglo XXI. En la Argentina esa tasa es inferior al promedio (1.1%), aun contando el pequeño aporte inmigratorio neto que el país tiene. Sin embargo, la Argentina tiene una situación un poco inusual, ya que su nivel de fertilidad (2.35 hijos por mujer en 2000-2005) está por encima de lo esperado para su nivel de ingreso (U$S 12.990 en 2007 a paridad de poder adquisitivo). A ese nivel de ingreso los únicos países que están al nivel de Argentina o por encima de ella son algunos países petroleros del Medio Oriente, lo cual subraya el carácter inusual de la posición argentina, posiblemente explicable por su proceso de desarrollo espasmódico, con frecuentes crisis, y porque hasta la presente década el Estado no promovió la planificación familiar ni la salud reproductiva (la Argentina tiene un número muy alto de embarazos adolescentes, muy por encima de lo esperable en su nivel de desarrollo).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

  

Figura 3. Tasa de fertilidad (hijos esperados por mujer) e índice de desarrollo humano en 1975 y 2005. Fuente: Myrskylä, Mikko, Hans-Peter Kohler & Francesco C. Billari, 2009. Advances in Development Reverse Fertility Declines. Nature 460:741.
http://www.ccpr.ucla.edu/Seminars/Seminar Papers/Kohler-advances in development.pdf.

Considerando el mundo en su conjunto, la ONU prevé que la población mundial va a alcanzar su punto máximo alrededor de 2040-2060 (según una u otra hipótesis o variante), y a partir de allí comenzaría a declinar por lo menos hasta 2100. Los supuestos de esta proyección son todavía bastante conservadores, pues suponen que todos los países convergen a una tasa de fertilidad de 1.85 en las próximas décadas, lo cual probablemen­te es demasiado simplista (la evolución de cada país depende de su nivel de desarrollo y tasa de crecimiento económico). Probablemente el punto de máxima se alcance antes y la declinación sea más pronunciada. En la figura 4 aparecen la proyección “media” y “baja” de la ONU para la población mundial, basadas en la convergencia a una fertilidad de 1.85 o de 1.35 respectivamente (no reproducimos la proyección “alta” porque supone un aumento de la fertilidad a 2.35 en los próximos 20 años en todo el mundo, lo cual es completamente irreal).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Considerando el mundo en su conjunto, la ONU prevé que la población mundial va a alcanzar su punto máximo alrededor de 2040-2060 (según una u otra hipótesis o variante), y a partir de allí comenzaría a declinar por lo menos hasta 2100. Los supuestos de esta proyección son todavía bastante conservadores, pues suponen que todos los países convergen a una tasa de fertilidad de 1.85 en las próximas décadas, lo cual probablemen­te es demasiado simplista (la evolución de cada país depende de su nivel de desarrollo y tasa de crecimiento económico). Probablemente el punto de máxima se alcance antes y la declinación sea más pronunciada. En la figura 4 aparecen la proyección “media” y “baja” de la ONU para la población mundial, basadas en la convergencia a una fertilidad de 1.85 o de 1.35 respectivamente (no reproducimos la proyección “alta” porque supone un aumento de la fertilidad a 2.35 en los próximos 20 años en todo el mundo, lo cual es completamente irreal).
 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 
A medida que se avanza hacia niveles de ingreso más altos la tasa de fertilidad desciende por debajo del nivel de reemplazo, y el crecimiento demográfico al poco tiempo se vuelve negativo.
 

 

 

 

 

 

 

 

 

El período de tasas negativas, sin embargo, tiene un límite. La curva de la Figura 2 muestra un leve aumento en los niveles de ingreso más altos. En efecto, en niveles muy altos de desarrollo económico y social la tasa de natalidad comienza a subir nuevamente. Eso está ocurriendo actualmente (desde los años 90) en EEUU y los países más ricos de Europa como Suiza, Noruega, Francia, Alemania, Austria, Bélgica. En esos países el número promedio de hijos por mujer, que había llegado a ser alrededor de 1.3-1.5 (insuficiente para reemplazar a la generación anterior) ha estado aumentando y ya se encuentra cerca de 2 (lo necesario para el reemplazo generacional es 2.1 hijos por mujer, lo cual incluye 2 para el reemplazo y 0.1 para la cobertura de los pocos fallecimientos precoces que aún ocurren). En un estudio reciente, un grupo de investigadores demográficos mostró que a niveles muy altos del índice de desarrollo humano de la ONU (que combina ingreso per capita, nivel educativo y esperanza de vida), la fertilidad promedio de las mujeres tiende a subir nuevamente, aunque todavía no pasa de 2 hijos (Figura 3). Hasta los años noventa esta reversión no era visible porque ningún país tenía un nivel tan alto de desarrollo humano, pero ahora son ya unos cuantos. No solamente cambia la tendencia observando determinadas fechas, como por ejemplo 1975 comparado con 2005, sino que además la reversión se ha observado en cada país por separado. Cada uno de estos países, como Noruega u Holanda, han tenido un período de declinación en su fertilidad, hasta alcanzar un punto de quiebre al llegar más o menos a un índice de desarrollo humano de 0.90-0.92, y a partir de allí su fertilidad ha vuelto a crecer, aunque todavía sigue siendo en general inferior al nivel de reemplazo (2.1). Entretanto los países más pobres, a la izquierda del gráfico, siguen teniendo 6-8 hijos por mujer (son casi todos países africanos extremada­mente pobres).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

  

Figura 3. Tasa de fertilidad (hijos esperados por mujer) e índice de desarrollo humano en 1975 y 2005. Fuente: Myrskylä, Mikko, Hans-Peter Kohler & Francesco C. Billari, 2009. Advances in Development Reverse Fertility Declines. Nature 460:741.
http://www.ccpr.ucla.edu/Seminars/Seminar Papers/Kohler-advances in development.pdf.

Considerando el mundo en su conjunto, la ONU prevé que la población mundial va a alcanzar su punto máximo alrededor de 2040-2060 (según una u otra hipótesis o variante), y a partir de allí comenzaría a declinar por lo menos hasta 2100. Los supuestos de esta proyección son todavía bastante conservadores, pues suponen que todos los países convergen a una tasa de fertilidad de 1.85 en las próximas décadas, lo cual probablemen­te es demasiado simplista (la evolución de cada país depende de su nivel de desarrollo y tasa de crecimiento económico). Probablemente el punto de máxima se alcance antes y la declinación sea más pronunciada. En la figura 4 aparecen la proyección “media” y “baja” de la ONU para la población mundial, basadas en la convergencia a una fertilidad de 1.85 o de 1.35 respectivamente (no reproducimos la proyección “alta” porque supone un aumento de la fertilidad a 2.35 en los próximos 20 años en todo el mundo, lo cual es completamente irreal).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Considerando el mundo en su conjunto, la ONU prevé que la población mundial va a alcanzar su punto máximo alrededor de 2040-2060 (según una u otra hipótesis o variante), y a partir de allí comenzaría a declinar por lo menos hasta 2100. Los supuestos de esta proyección son todavía bastante conservadores, pues suponen que todos los países convergen a una tasa de fertilidad de 1.85 en las próximas décadas, lo cual probablemen­te es demasiado simplista (la evolución de cada país depende de su nivel de desarrollo y tasa de crecimiento económico). Probablemente el punto de máxima se alcance antes y la declinación sea más pronunciada. En la figura 4 aparecen la proyección “media” y “baja” de la ONU para la población mundial, basadas en la convergencia a una fertilidad de 1.85 o de 1.35 respectivamente (no reproducimos la proyección “alta” porque supone un aumento de la fertilidad a 2.35 en los próximos 20 años en todo el mundo, lo cual es completamente irreal).
 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

En el caso de América Latina, su tasa de crecimiento anual ya es bastante baja (1.2% anual en 2005-2010), y sigue bajando, estimándose que llegará a alrededor de cero a mitad del siglo XXI. En la Argentina esa tasa es inferior al promedio (1.1%), aun contando el pequeño aporte inmigratorio neto que el país tiene. Sin embargo, la Argentina tiene una situación un poco inusual, ya que su nivel de fertilidad (2.35 hijos por mujer en 2000-2005) está por encima de lo esperado para su nivel de ingreso (U$S 12.990 en 2007 a paridad de poder adquisitivo). A ese nivel de ingreso los únicos países que están al nivel de Argentina o por encima de ella son algunos países petroleros del Medio Oriente, lo cual subraya el carácter inusual de la posición argentina, posiblemente explicable por su proceso de desarrollo espasmódico, con frecuentes crisis, y porque hasta la presente década el Estado no promovió la planificación familiar ni la salud reproductiva (la Argentina tiene un número muy alto de embarazos adolescentes, muy por encima de lo esperable en su nivel de desarrollo).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

En la Figura 5 aparecen las mismas proyecciones para la región de América Latina y el Caribe. En este caso el punto de máximo se alcanza unos diez años antes que en el promedio mundial: en la hipótesis media el decrecimiento comienza en 2050, y en la hipótesis baja alrededor de 2030. En los países desarrollados ese punto de inflexión se alcanza aun antes (los más tardíos son los países africanos y del Medio Oriente).

 

 

 

 

 

 


 
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Al mismo tiempo, la población es crecientemente urbana. La población rural ya es minoría en el mundo (algo menos de 50%) y en América Latina el porcentaje de población urbana supera el 78% (estimación de la ONU para 2007). Los principales países de nuestra región están por encima de esa cifra: Venezuela 94% urbano, Uruguay 92%, Argentina 90%, Chile 88%, Brasil 85%. Un poco por debajo del promedio están México (77%); Cuba (75%); Panamá, Perú y Colombia (los tres con 73%), Bolivia (65%), Ecuador (64%), Paraguay (60%). Los menos urbanizados son algunos países centro­americanos como Guatemala y Honduras (47-48%) y Haiti (40%), que al mismo tiempo son los países más pobres de América Latina.

 

 

 

 

 

 

En varios de los países más urbanizados, a pesar que la población total está creciendo, la población rural está disminuyendo en términos absolutos. En el caso argentino viene bajando desde el Censo de 1947. en Chile desde la misma época, en Uruguay y Brasil desde 1965-70 (lo mismo que en Cuba), en Venezuela desde 1980, en México y Haití desde el 2000. En los otros países la ONU proyecta que la población rural comience a caer en fechas próximas (Colombia en 2010, Bolivia y Paraguay en 2015, Perú y Nicaragua en 2020, Honduras y Guatemala en 2025-30). Los países con más fuerte población rural son los que tienen una numerosa población campesina de subsistencia, como los países andinos, México y los países centroamericanos. Los países con agricultura más empresarial y/o más extensiva, como la Argentina, Chile o Brasil, tienden a llegar a una urbanización casi total, como es el caso de EEUU o Canadá (cuya población rural apenas llega al 2-3% del total).
Para 2050, la ONU proyecta que la población urbana en A.Latina alcanzará el 89% en promedio. Los países más urbanizados, como Argentina, Chile, Uruguay, Venezuela y Brasil, estarán entre 93% y 97% de población urbana. Para el 2100 el porcentaje urbano tenderá a ser todavía un poco más alto (93% para toda A.Latina, alrededor de 97-98% para los países más urbanizados), tal como ocurre actualmente en EEUU y otros países desarrollados.
Las lecciones principales de este análisis se pueden sintetizar así:
 

 

 

 

 

1. El desarrollo económico y social produce primero un descenso gradual de la mortalidad, y más tarde un descenso rápido y significativo de la fertilidad, hasta llevarla a niveles inferiores a los de reemplazo. En el período intermedio la tasa de crecimiento aumenta, pero luego se va desacelerando, hasta volverse negativa. La tasa de fertilidad se recupera solamente en niveles muy altos de ingreso y de desarrollo humano.

2. La explosión demográfica mundial de los años 1950-75 está llegando a su fin. El mundo ha entrado en la segunda transición demográfica (encaminándose a tasas de crecimiento bajas y luego negativas). Las tasas de crecimiento de la población mundial están bajando rápidamente, y se estima que la población del mundo alcanzará un nivel máximo alrededor de 2040-60, para comenzar a descender suavemente en las décadas posteriores. En América Latina ese punto de inflexión se alcanzaría antes (2030-50) y en la Argentina posiblemente aún antes ya que está entre los países con menor tasa de crecimiento y mayor nivel de ingreso y desarrollo humano (aunque en los últimos años ya ha sido superada en esto último por Chile y Uruguay).

3. La población es mayoritariamente urbana, y el porcentaje urbano sigue aumentando. La población rural está ya decreciendo en términos absolutos en la mayoría de los países, con la excepción de los más pobres donde todavía sigue aumentando (cada vez más lentamente): aun en esos casos se espera que empiece a disminuir en los próximos 10-20 años. La Argentina ya es 90% urbana, y ese porcentaje aumentará a alrededor de 95% para mitad del siglo 21.

4. Las proyecciones de la ONU consideradas aquí incluyen estimaciones de migración internacional, que se supone que será bastante fuerte en las próximas décadas, sobre todo hacia Europa y Norteamérica.