26 Octubre 2010 | Por duralex | Claves: empleo, globalización, hobbit, New Zealand, Nueva Zelanda, salarios, sindicatos | # Enlace permanente
“El Hobbit” es la breve novela de Tolkien que precede a “El Señor de los Anillos” (la “precuela” como se dice ahora en el cine). Ante el enorme éxito de las tres películas basadas en “El Señor de los Anillos”, todas filmadas en Nueva Zelanda, la Warner Brothers decidió filmar El Hobbit, que se convertirá en dos películas, y eligió nuevamente Nueva Zelanda como escenario para la filmación.
Apenas se habían decidido cuando los gremios relacionados con la filmación decidieron entrar en huelga para pedir mayores salarios.
Ante eso la Warner decidió mudar la filmación a otro país. Millones de neozelandeses salieron a protestar, pues están encantados con la idea de que las dos nuevas películas se filmen en su país. El gobierno está también muy interesado, por los ingresos y la publicidad turística gratis que la película representará para el país, como ya ocurrió con las anteriores. Los trabajadores levantaron la huelga, pero la empresa cinematográfica dice que el movimiento huelguístico anterior creó serias dudas sobre la seguridad de poder filmar normalmente sin enfrentar nuevos inconvenientes del mismo tipo.
El Primer Ministro de N. Zelanda se reunió con los ejecutivos de Warner Bros. para convencerlos de que se queden y hagan la película en el país. Hasta ahora, sin embargo, no hubo acuerdo. “La huelga fue incuestionablemente lo que generó la vacilación de la empresa”, declaró el primer ministro. ”Las chances son solo 50-50″ añadió el primer ministro (según la BBC, http://www.bbc.co.uk/news/entertainment-arts-11625152). La confianza se pierde fácilmente, pero recuperarla puede ser largo y difícil.
¿Por qué cuento esta historia? Porque es una perfecta ilustración de cómo la globalización convierte en “transables” la mano de obra y hasta el paisaje, sujetándolos a las leyes de la competencia, y a la oferta y la demanda. Cómo la globalización requiere seguridad jurídica y una mano de obra que no ponga problemas al inversor. Cómo los gobiernos nacionales se ven forzados a competir y hacer marketing para que las inversiones se radiquen en su país en lugar de hacerlo en otro país competidor.
También se ve claramente como los reclamos salariales no solo se dirimen en función de la economía local, sino de la economía internacional. No es que la Warner pretenda pagar salarios de hambre: Nueva Zelanda es un país desarrollado y los salarios son bastante elevados, sobre todo para personal técnico. Evidentemente las pretensiones de los trabajadores chocaron con un techo creado por la competencia internacional: debe haber algún otro país (no identificado por la BBC) donde la Warner va a poder filmar con paisajes igualmente atractivos y personal igualmente calificado, sin sobrepasar su presupuesto en materia de salarios.
No sé cómo terminará la historia. El gobierno está ofreciendo rebajas impositivas a la Warner, y los trabajadores están prometiendo portarse bien, pero aun sigue la incertidumbre. El sindicato de trabajadores de la industria cinematográfica de Nueva Zelanda está rápidamente aprendiendo que el estado nacional ya no es el escenario al que se limitan sus luchas y reclamos. El escenario ahora es el mundo. Y el que no pueda competir a nivel mundial puede quedarse sin su película del Hobbit. Es decir, sin empleo.
Esto puede considerarse positivo o negativo, como digno de aplauso o de condena: no es ése el tema que quiero discutir aquí. Solo quiero mostrar, a través de esta anécdota, cómo es el mundo económico contemporáneo. El mundo en que vivimos, del cual no nos podemos bajar, y de cuyas realidades no nos podemos escapar ni esconder. Habrá que ver cómo se adaptan las naciones, y sus organizaciones e instituciones internas, a esa realidad mundial.
AÑADIDO EL 27 DE OCTUBRE:
Finalmente se arregló el conflicto y El Hobbit se va a filmar en Nueva Zelanda (http://www.bbc.co.uk/news/entertainment-arts-11633724).
Según la BBC, el arreglo se basó en el compromiso del gobierno de dictar nueva legislación estipulando con mayor claridad la diferencia entre los contratistas independientes y de los empleados en relación de dependencia, para evitar problemas en cuanto a las relaciones laborales durante la filmación.
Muy significativas las declaraciones del primer ministro, John Key: “El conflicto laboral que surgió en las últimas semanas ha iluminado un significativo conjunto de aspectos que afectan la forma en que opera la industria fílmica internacional. Actuaremos para asegurar que la legislación de Nueva Zelanda en este tema sea reformada a fin de dar a los productores cinematográficos como Warner Brothers la confianza que necesitan para producir sus películas en Nueva Zelanda. Es muy bueno haber despejado la incertidumbre”.
Es un ejemplo muy claro de que en una economía abierta y globalizada las legislaciones nacionales tienden a ajustarse a “la forma en que operan los productores internacionales”, y no a la inversa. ”The things they are a-changin”, las cosas están cambiando, decía una canción de Bob Dylan.
AÑADIDO EL 30 DE OCTUBRE.
Con la velocidad del rayo, el parlamento de Nueva Zelanda aprobó una reforma laboral que permitirá a Warner Brothers contratar bajo contratos temporarios en lugar de tener que ponerlos como empleados plenos en planilla (http://www.bbc.co.uk/news/world-asia-pacific-11649734). La oposición laborista se quejó de que el gobierno haya “cedido a la presión de una empresa transnacional para diluir las conquistas laborales vigentes”. El gobierno respondió que prefiere mantener las pelicuilas en N. Zelanda por lo que representan en términos de ingresos, turismo y empleo. No sé quién tendrá razón, pero está claro este ejemplo del proceso de transnacionalización de las relaciones laborales y de la competencia entre países para atraer inversiones, impuesta por la globalización.
12 Septiembre 2009 | Por duralex | Claves: crisis, economía mundial, globalización, pbi, pronósticos, recuperación, the economist | # Enlace permanente
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El resumen de septiembre de los pronósticos económicos más importantes, publicado por The Economist, sigue mostrando una mejora. Las estimaciones para 2009 son mejores que hace un mes, y lo mismo las perspectivas para 2010. Las cifras detalladas se pueden consultar en The Economist en su edición del 11 de septiembre, http://www.economist.com/markets/indicators/displaystory.cfm?story_id=14416764.
La caída del PBI de EEUU en 2009 se sigue estimando en -2.6%, como el mes pasado. Para el total del área del euro el pronóstico ahora es -3.9%, es decir un retroceso más leve que el -4.4% pronosticado en agosto. Para Japón, donde se observó un cierto crecimiento de su PBI en el último período, ahora se estima que en 2009 caerá -5.5% en lugar de -6.4%. Lo mismo ocurrirá en países importantes de Europa como Alemania (que mejoró su perspectiva para este año, de -5.9% a -5.0%), Francia (de -2.8% a -2.1%), Italia (de -5.1% a -4.9%) o España (de -3.9% a -3.8%). Solo en Gran Bretaña se prevé un poco más de caída que la que se estimaba el mes anterior (-4.3% en vez de -4.2%). Australia mejoró de 0.0% a 0.5% para 2009, y sigue siendo una de las pocas economías desarrolladas que no experimenta un retroceso en 2009, debido a su estrecho vínculo con la China y a la importancia que tienen en su economía las commodities agropecuarias.
Para 2010 igualmente las perspectivas han mejorado un poco. EEUU crecería 2.5% (en vez del 2.0% previsto el mes anterior), el área del euro 1.2% en vez de 0.6%, Japón 1.4% en vez de 1.1%. Esto indica que EEUU recuperaría su nivel pre-crisis en un año o un poco más, mientras que Europa y Japón tardarían mucho más tiempo: su caída en 2009 será muy superior a la recuperación esperada de 2010, la cual tendrá que continuar en 2011 y años subsiguientes para recuperar el terreno perdido en la actual crisis.
En todos los países, por otra parte, se sigue pensando que la recuperación del PBI ocurrirá dos o hasta tres trimestres antes que la recuperación del empleo, que siempre sufre un retraso. Si bien cada vez menos fuertemente, el empleo sigue cayendo, o al menos no ha comenzado a recuperarse, en EEUU y en Europa. Muchas empresas siguen haciendo su proceso de ajuste, y ello incluye despidos de personal (por ejemplo muchas empresas europeas están anunciando todavía recortes, sobre todo aquellas donde no tuvo éxito el auxilio brindado por el gobierno). Por su parte las empresas que están mejorando aumentan primero su producción utilizando capacidad instalada y personal existente, y solo empiezan a contratar nuevo personal cuando la recuperación se ha afirmado y consolidado.
No incluida en el pronóstico, la China también marcha a toda máquina después de la desaceleración causada por la crisis, y que no duró mucho.
Es probable que, como consecuencia de su fuerte caída en 2009 y con una perspectiva de crecimiento muy escaso en 2010, Japón acentúe su pérdida de peso en la economía internacional, que ya viene ocurriendo desde que la economía japonesa se estancó en los años noventa. Ello genera una mayor motivación para que la economía japonesa efectúe las reformas necesarias para insertarse mejor en la economía globalizada. Su crecimiento de posguerra obedeció a un sistema de alianza entre las grandes empresas y el Estado, que promovía activamente los sectores considerados estratégicos por su capacidad exportadora.
La política consistente en tener un estado fuerte que interviene en la economía para dirigir el desarrollo, apoyando y subsidiando a las empresas de los sectores elegidos, sirvió a Japón durante los años de Bretton Woods (hasta 1973), e incluso le permitió seguir teniendo un alto superavit de cuenta corriente y (como consecuencia) una fuerte corriente de inversiones hacia el exterior en los años 80 y 90, pero la economía interna se paralizó, entrampada en un esquema que no premia la innovación ni alienta el consumo y las inversiones de riesgo. El gobierno japonés ha bajado las tasas de interés a cero por ciento en años anteriores (desde antes de la actual crisis) para alentar el crédito, el consumo y la inversión, pero no pasa nada: nadie toma los créditos aunque su tasa de interés es cero.
En Japón acaba de ser elegido un gobierno “diferente” por primera vez en muchos años, desplazando del poder al estólido y burocrático Partido Demócrata Liberal que ha controlado la política de ese país desde 1950. No está claro aún si el nuevo gobierno tendrá la fuerza, la convicción y el consenso necesarios para dar vuelta totalmente las políticas económicas japonesas, que le permitieron a ese país crecer fuertemente desde 1950 hasta los años 70, pero lo frenaron en los 80 y lo paralizaron totalmente desde 1992.
La experiencia japonesa nuevamente demuestra que son las instituciones las que fallan. Instituciones que incluyen las leyes y regulaciones formales pero también las normas culturales y las instituciones informales que moldean y determinan la conducta del hombre en sociedad.
En definitiva, para el mundo capitalista desarrollado las noticias confirman las tendencias positivas ya identificadas en meses anteriores. La crisis actual no ha significado que “el capitalismo se cae en pedazos” (como anunció gráficamente pero de modo un tanto apresurado nuestra ilustre Presidenta), ni tampoco permite pensar que se convertirá en otra Gran Depresión como la de los años treinta. La crisis solo hará que este año el PBI de los países desarrollados sea inferior al de 2008 en un rango de 3-4 puntos porcentuales en promedio, con EEUU cayendo la mitad que los demás. Este retroceso en 2009, por otro lado, se refiere a un PBI que había crecido muy fuertemente durante los años anteriores, de modo que aun con ese retroceso la economía de los países desarrollados sigue mostrando un nivel mucho más alto que en la década del noventa.
Por su parte los países emergentes, como China o India, no sufrieron una caída de PBI sino solo una desaceleración. Siguen siendo la locomotora principal del crecimiento mundial. El PBI mundial solo se habrá desacelerado o sufrido una caída insignificante en 2009, antes de retomar el crecimiento en 2010. En promedio, la economía mundial volverá a crecer en 2010, y probablemente será un crecimiento más sólido y estable que en los años anteriores. El crecimiento previsto permitirá a EEUU recuperar su nivel pre-crisis en apenas un año o poco más, mientras en Europa, y sobre todo en Japón, ello tomará más tiempo debido a la mayor profundidad de su caída y el menor dinamismo de su recuperación (todo ello debido a la mayor rigidez de sus instituciones). Ello aumenta la presión competitiva para que los estados nacionales se vuelvan más dinámicos y flexibles, adaptándose a las condiciones de la economía mundializada.
En los aspectos cualitativos la crisis tendrá como resultado una mayor coordinación internacional de las políticas económicas (sobre todo monetarias) y una mayor regulación de los mercados financieros destinada a moderar posibles burbujas. Estos desarrollos están dentro de lo previsible en un capitalismo que ha desbordado las fronteras de los países pero sigue funcionando sobre la base de obsoletos estados nacionales. La crisis, en definitiva, reforzará y desarrollará la tendencia a una mayor globalización de la economía mundial.
Al mismo tiempo se ha visto que la coordinación de políticas económicas es difícil, ya que los distintos gobiernos tienen intereses contrapuestos que no siempre los llevan a cooperar unos con otros. La evolución de conjunto brotará de esa contraposición permanente de fuerzas opuestas, que de todos modos necesitan unas de otras en el marco de la economía mundial.
6 Abril 2009 | Por duralex | Claves: crisis, fmi, fsb, g 20, globalización, marco regulatorio global, regulación financiera | # Enlace permanente
En estos días ha habido opiniones, versiones, predicciones y expectativas muy dispares sobre los acuerdos alcanzados en la reunión del Grupo de los 20 en Londres. Un grupo de los 20 que ya ha crecido con la incorporación de España y de un representante de la Unión Europea como conjunto.
El texto del comunicado final, traducido al castellano, puede encontrarse en La Nación del sábado 4 de abril, http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1115216. Las transcripciones en el presente artículo, sin embargo, son traducciones directas del original en inglés, ya que en algunos puntos la traducción castellana no es muy clara o precisa. La versión en inglés está en el sitio de la reunión de Londres, http://www.londonsummit.gov.uk/resources/en/PDF/final-communique.
En este artículo voy a hacer un resumen de los acuerdos, con comentarios sobre algunos de ellos, más algunas implicaciones para la economía mundial en el corto y largo plazo, y para la Argentina, estas últimas sobre todo en el corto plazo (lo que resta del mandato de Cristina Kirchner, aunque para algunos esto último parezca un muy largo plazo).
Los acuerdos
Los acuerdos se dividen en cuatro partes:
- Restaurar el crecimiento y el empleo
- Fortalecer la supervisión y regulación financieras
- Fortalecer las instituciones financieras globales
- Resistir el proteccionismo y promover el comercio y la inversión a escala global
.1. Restaurar el crecimiento y el empleo
Estas medidas incluyen una ampliación del gasto fiscal de los países G-20 en 5 billones (millones de millones) de dólares, lo cual elevará la producción un 4%, y (dado el tipo de actividades que se impulsarán) acelerará la transición hacia una economía ecológica. También ya se han reducido las tasas de interés y se han adoptado políticas monetarias expansivas por parte de los bancos centrales. Se comprometen a usar todos los instrumentos de la política monetaria (incluso algunos poco convencionales) siempre que sean compatibles con la estabilidad de precios.
Sin embargo advierten que todas esas medidas “no darán resultado hasta que no restauremos el crédito interno y los flujos internacionales de capital”. Por eso se comprometen a seguir recapitalizando instituciones financieras (sobre todo los bancos), darles liquidez, y “abordar con decisión el problema de los activos dañados” (es decir los llamados “activos tóxicos”).
En este enunciado se advierte la impronta del programa norteamericano de estímulo, que consta precisamente de esos dos componentes: estímulo fiscal al crecimiento y el empleo, y reparación de los daños en el sistema bancario. No refleja, sin embargo, los enfoques europeos, que han sido muy reticentes en el estímulo fiscal y que mantienen una fuerte ambigüedad sobre el apoyo al sistema bancario. El nivel de carga tributaria y de gasto público en Europa es sustancialmente más alto que en EEUU, de modo que un llamado a gastar más resulta muy difícil de asumir, sobre todo si esa política debe ser “compatible con la estabilidad de precios”. Las prioridades europeas van en otra dirección, en particular evitar que los recursos fiscales se les escapen de las manos hacia los “paraísos tributarios” (aunque este problema ha sido cuantitativamente exagerado) y tratar de imponer regulaciones más rígidas al sistema financiero. Esta última inquietud ha sido recogida en la segunda parte de los acuerdos.
2. Fortalecer la supervisión y regulación financieras
Hay un consenso generalizado en que las instituciones financieras aprovecharon huecos regulatorios para incurrir en riesgos exagerados en los años anteriores, lo cual las llevó a generar burbujas mientras el sistema financiero se recargaba con activos de dudosa calidad, que al final resultaron ser “tóxicos”. Sobre ese tema parece haber un consenso emergente sobre la necesidad de mejores (no necesariamente mayores, como ya veremos) regulaciones.
En este aspecto el comunicado afirma que la confianza en el crecimiento económico, condición para que la gente consuma e invierta, no será restaurada hasta tanto no se reconstruya la confianza en el sistema financiero. Por ello se comprometen a construir un sistema de supervisión y regulación más fuerte (stronger) y más coherente a escala global (globally consistent) para el sistema financiero futuro. Aquí la palabra stronger (más fuerte) no significa que las regulaciones hayan de ser más invasivas, más rígidas o más reglamentaristas, sino que el sistema regulatorio tiene que ser más resistente a posibles sacudones o violaciones, y por lo tanto ser más efectivo para evitar excesos y por consiguiente evitar o atenuar crisis futuras.
Todos los miembros del G-20 acordaron mejorar sus sistemas de supervisión y regulación internos. Pero también acordaron “establecer una consistencia y cooperación sistemática mucho mayores entre los países, y el marco de altos estándares internacionales consensuados que un sistema financiero global requiere”. Esto es fundamental. En los años 30 Keynes escribía que “el arte y la ciencia pueden ser internacionales, pero las finanzas deben ser nacionales”. Esa época pasó: el capital desbordó los límites de las naciones, las empresas desparraman sus operaciones en diferentes países, el dinero fluye entre países en una escala que multiplica muchas veces al valor de las exportaciones o importaciones, y por lo tanto cualquier regulación del sistema financiero tiene que ser global.
Vale la pena destacar aquí que todo el documento evita hablar de un sistema “internacional” o de instituciones “internacionales” (entre naciones) y en cambio se refiere permanentemente a un sistema “global” o a instituciones “globales” (de todo el globo terráqueo, sin referencia a naciones). Esto es todavía un concepto teórico, o una expresión de deseos, porque el planeta sigue dividido en naciones soberanas y no hay una autoridad mundial efectiva, de modo que las instituciones son en realidad “inter-nacionales”, y gobernadas por delegados de las naciones, pero el cambio de lenguaje anticipa la dirección en la que el mundo marcha, más allá de las preferencias o deseos de los participantes (ninguno de los países presentes estaría dispuesto a renunciar a su soberanía en favor de alguna “institución global”). Por el momento los asuntos globales dependen de la “coordinación”, la “consistencia” y la “cooperación”, todas ellas voluntarias, lo cual asegura que seguirá habiendo imperfecciones en el manejo de los asuntos globales, y en particular de los asuntos financieros.
El G-20, en materia de supervisión y regulación, concordó en que el fortalecimiento de la supervisión y la regulación deben promover la integridad, la transparencia y las conductas apropiadas (propriety, que la traducción castellana traduce erróneamente como “decoro” como si se tratara de las buenas maneras y la modestia en el vestir); estar en guardia frente a riesgos en todo el sistema financiero; atenuar en lugar de amplificar el ciclo financiero y económico; reducir la dependencia de fuentes de financiamiento riesgosas; y evitar la toma de riesgos excesivos. Los reguladores y supervisores deben proteger a los consumidores y a los inversores, apoyar la disciplina del mercado, evitar impactos adversos en otros países, reducir el alcance del arbitraje regulatorio; apoyar la competencia y el dinamismo; y mantenerse al día con las innovaciones del mercado.” Esto último alude a la permanente “carrera” entre las regulaciones y las innovaciones de la “ingeniería financiera” destinadas a evitar los efectos de esas regulaciones sin necesariamente violarlas. Sobre este punto hago algunos comentarios más abajo.
Para ello se comprometieron a implementar el Plan de Acción aprobado en la reunión anterior, y adicionalmente establecieron una Junta de Estabilidad Financiera (Financial Stability Board o FSB) como sucesora más fortalecida del anterior Foro de Estabilidad Financiera, que incluirá a todos los países del G-20 y los miembros del citado Foro, más España y la UE. Este FSB cooperará con el FMI para proveer alerta temprana sobre riesgos macroeconómicos y financieros, y las acciones necesarias para rectificarlos. Esto último es muy importante, porque entre el FSB y el FMI van a supervisar la marcha de la economía de todos los países, advirtiendo a la comunidad internacional (o “global”) cuando aparezcan riesgos financieros o macroeconómicos, a fin de que se adopten “las acciones necesarias para rectificarlos”.
Este es un avance importante, aunque incipiente, del sistema global sobre los sistemas nacionales, si bien todavía el tigre no tiene dientes: ni el FSB, ni el FMI, ni el G20 tienen facultades para imponer sus recomendaciones a los gobiernos de los países involucrados. Hasta el momento el único cuerpo supra-nacional con facultades coercitivas es el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, que puede enviar tropas a cualquier país para imponer la paz, evitar amenazas a la paz, o detener violaciones generalizadas de los derechos humanos, siempre que la medida tenga mayoría en el Consejo y además sea apoyada por los cinco miembros con poder de veto (EEUU, GB, Francia, Rusia y China). No hay nada parecido para asuntos financieros.
El G-20 también acordó que cada país remodele su sistema regulatorio a fin de identificar y tomar en cuenta los riesgos macro-prudenciales (es decir, que los bancos y otras instituciones financieras de cada país no excedan los límites prudenciales entre su capital y sus pasivos. Asimismo, acordó extender la regulación y supervisión a todos los mercados, instituciones e instrumentos financieros sistémicamente importantes, incluyendo los hedge funds. Acordaron respaldar las regulaciones sobre la remuneración de ejecutivos de las instituciones financieras, los esquemas de remuneración sostenibles, y las normas de responsabilidad social de las empresas, aunque solo de manera genérica. También acordaron que –una vez que la crisis se supere—se mejoren las reglas sobre el capital mínimo de las instituciones financieras, previniendo el excesivo apalancamiento, y requiriendo “colchones” de recursos que habrán de acumularse durante el auge, en previsión de posibles crisis.
También los acuerdos incluyen acciones conjuntas contra las jurisdicciones que no cooperen, incluyendo los paraísos fiscales (o refugios impositivos, tax havens). “La era del secreto bancario ha terminado”. Esta es una preocupación principalmente europea, que está buscando conseguir la cooperación fiscal de algunos pequeños refugios como Lichtenstein, y que además sobrevalora la importancia de esos “paraísos fiscales”: ellos no absorben más que una muy pequeña fracción del total de capital mundial o del total de las transacciones financieras internacionales: si desaparecieran el efecto apenas sería perceptible. Pero los gobiernos tendrían algo más de ingreso fiscal, y ello les resulta importante a algunos países europeos pues no pueden aumentar las tasas impositivas que ya son muy altas, y tampoco quieren bajar el gasto público (igualmente alto).
Finalmente se acordó establecer criterios contables uniformes, y que el marco regulatorio y de supervisión se extienda también a las empresas de evaluación de riesgos crediticio (crédito rating agencies) para asegurar que cumplan reglas de buena práctica y se eviten conflictos de interés (esto apunta, por ejemplo, a evitar que una calificadora de riesgo le baje el puntaje a un país, mientras otra empresa del mismo grupo que esa calificadora compra las acciones o bonos de ese país, que ahora son más baratos debido a su menor puntaje).
3. Fortalecer las instituciones financieras globales
El G-20 concordó en que es “imperativo” que el capital siga fluyendo hacia los países emergentes y en desarrollo. La globalización se funda básicamente en la liberalización de los flujos financieros internacionales, como sostén de un entramado productivo y comercial de alcances globales. Esto requerirá, dicen, fortalecer las instituciones financieras globales, y sobre todo el FMI. Así acuerdan suministrar U$S 750.000 millones al FMI y 100.000 millones al Banco Mundial y bancos regionales de desarrollo (Interamericano, Asiático, Africano). También acuerdan la emisión de U$S 250.000 millones en derechos especiales de giro del FMI, que podrán ser tomados por los países, de acuerdo a sus cuotas en el Fondo, para fortalecer sus reservas (esto representa un aumento del 45% en las reservas globales de DEG, pero sólo un 3% de las reservas globales de los bancos centrales, así que no es muy significativo).
Apoyan las nuevas “facilidades flexibles” del FMI que permiten acceso rápido a fondos para países con buenas políticas macro y con estadísticas transparentes. También se comprometen a continuar el proceso de reforma del Fondo y el Bco. Mundial, reformando su mandato, su alcance y su forma de gobierno, asegurando que los países en desarrollo tengan más representación, e incrementar la confianza en dichos organismos. Para ello acordaron:
- Implementar el cambio en las cuotas por país en el FMI, ya acordado anteriormente (Abril 2008), y la reforma del Banco Mundial acordada en octubre de 2008.
- Que los “gobernadores” del Fondo (los ministros de economía o finanzas de los países) se involucren más en la estrategia de la institución y le pidan cuentas de lo que hace.
- Acordaron que las autoridades de estas instituciones en el futuro sean designadas por un proceso de selección abierto, transparente, y basado en el mérito (es decir por concurso). Esto contrasta fuertemente con la tradición de nombrarlos a propuesta de los gobiernos de EEUU o de Europa.
Nótese que estos tres acuerdos concretos son mucho más modestos que los propósitos genéricos de “continuar las reformas del FMI y el BM” y cambiar su estatuto y su forma de gobierno. Habrá que ver hasta donde se avanza en ese proceso.
4. Resistir el proteccionismo y promover el comercio y la inversión a escala global
Tal como en la reunión anterior, el G20 acordó que el proteccionismo como respuesta a la crisis es una mala idea, tanto en las restricciones al comercio de bienes y servicios reales, como en las restricciones a los flujos financieros, de capital e inversión. Se comprometen nuevamente a no introducir nuevas barreras al comercio o a la inversión, según lo acordado en la reunión anterior, y a no implementar medidas no coherentes con las normas de la OMC (la traducción dice se comprometieron “a no aplicar medidas inconsistentes de la OMC”, lo cual no tiene sentido). También se comprometieron a rectificar prontamente cualquier medida de ese tipo que hubiese sido adoptada, y extendieron este compromiso hasta el final de 2010.
Este compromiso es particularmente duro para con la Argentina, que lo firmó tanto en Londres como en la reunión anterior, pero no lo ha cumplido. En cambio, lo ha infringido flagrantemente. Ha adoptado en 2008-2009 múltiples medidas proteccionistas contra diversos países, en especial Brasil y China, incluyendo algunas que no son consistentes con las normas de la OMC; por ejemplo, no le ha dado a China el tratamiento de una economía de mercado, pese a haberle reconocido ese status en 2004, y esto lo ha hecho a fin de poderle aplicar medidas antidumping muy severas que no podría justificar de otro modo. Mientras Brasil levantó inmediatamente algunas medidas proteccionistas que se le habían filtrado al gobierno por presión de grupos industriales, la Argentina mantiene fuertes medidas proteccionistas contra Brasil, lo cual ha despertado fuertes protestas de Lula y su gobierno (esto ha convertido el superávit de Brasil en déficit, y nuestro déficit en superávit, pero precisamente eso es lo que no se puede hacer “a la fuerza” sino que tiene que brotar de la competitividad relativa de las economías). En el caso de China, la aplicación de estándares de valuación de terceros países infla el valor de las importaciones chinas, reduciendo el monto del superávit con China (es decir del déficit chino en su comercio con Argentina, que los chinos dicen que llega a 4300 millones de dólares).
También el G-20 adoptó el compromiso de “no refugiarse en el proteccionismo financiero, en particular adoptando medidas que restrinjan el flujo mundial de capitales, especialmente a los países en desarrollo. “Notificaremos inmediatamente a la OMC de cualquier violación a estos acuerdos, y convocamos a la OMC así como otros organismos internacionales para que monitoreen e informen públicamente en forma trimestral nuestra adherencia [la de cada país] a estos compromisos.
¿Palabras, palabras, palabras?
Muchas de estas sanas intenciones pueden quedar en agua de borrajas si los gobiernos no las implementan. Ya hemos visto, por ejemplo, que la Argentina firmó en 2008 los acuerdos del G20 en contra del proteccionismo, pero apenas llegó la Presidenta de vuelta a casa, procedió precisamente a implementar políticas proteccionistas. Y ahora volvió a firmar pero no parece tener intenciones de corregir las medidas proteccionistas ya tomadas.
Los países más serios no harán esas cosas. No hay rebrotes de proteccionismo en ningún país desarrollado, ni en los principales países emergentes como India, China, Taiwan, Corea del Sur, Chile, Perú, Brasil, etc. Brasil, por ejemplo, a pesar del poderoso lobby industrial paulista, no implementó medidas proteccionistas unilaterales contra la Argentina, ni contra nadie, ni ha implementado medidas de represalia después que la Argentina implementó tales medidas en contra de Brasil.
La denuncia de las violaciones ante la OMC, y el informe público de la OMC sobre las mismas, será un poderoso incentivo para que dichas violaciones no ocurran o se corrijan. En el caso de Brasil, sin embargo, hasta el momento no ha habido un recurso ante la OMC contra la Argentina. Lula y sus ministros han hablado de recurrir a la OMC, pero Brasil (un país con sólidas políticas de Estado) considera que es preferible mantener las buenas relaciones entre los países del Mercosur, más allá de las estupideces que cometan los gobiernos de turno, por lo cual no sería extraño que trate de negociar solo bilateralmente o en el seno de Mercosur en lugar de reclamar sanciones en la OMC. También Paraguay se ha quejado de las medidas proteccionistas argentinas, y probablemente su gobierno seguirá a Brasil. Paraguay tiene un gobierno de izquierda, como el de Brasil, y ambos se encuentran en este asunto defendiendo el libre comercio, como otros muchos gobiernos de izquierda (Chile, Uruguay, Perú, España, Gran Bretaña, para no mencionar a la China).
La China podría perfectamente recurrir a la OMC si la Argentina no rectifica sus groseras medidas anti-dumping (que luego se reflejan en las estadísticas del INDEC, las que ya a estas alturas deberían llevar la aclaración que aparece en las películas de Hollywood: “Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia”).
¿Qué efecto tendrá el acuerdo del G-20?
Las medidas anti-crisis parecen tener buenas perspectivas. Las medidas de protección o rescate del sistema bancario para evitar un colapso y la propagación del pánico parecen estar teniendo éxito: no hubo pánico ni más quiebras bancarias, y el mundo financiero sigue funcionando sin demasiados traumas. Al mismo tiempo, también parecen estar teniendo efecto las medidas monetarias y fiscales de estímulo de la demanda agregada. Parece muy improbable que los miembros del grupo de los 20 incurran en una escalada proteccionista como la que prolongó y agravó la recesión de 1929 convirtiéndola en la Gran Depresión. Tal vez solo los países en desarrollo no miembros del G20 podrían incurrir en proteccionismo, y tal vez alguno de los miembros más débiles del G20 como la Argentina, que así lo ha hecho. Pero no se espera que ocurra en el conjunto. Los países serios cumplen con lo que han firmado.
Esto permite prever que la duración de la recesión podría abreviarse, como el propio comunicado lo indica y algunos datos de febrero-marzo 2009 lo sugieren en EEUU y China.
Quedan preocupaciones referidas al enorme déficit en que está incurriendo EEUU, adicional al ya incurrido (con otros objetivos) por la administración Bush. Obama ha prometido reducir el déficit y el endeudamiento en forma gradual a lo largo de los próximos años, pero el proceso es aún incierto en sus detalles.
Con respecto a las reformas estructurales de largo plazo, sobre todo las internacionales, no creo que haya que batir el tambor de una reforma mayúscula. El FSB aún no existe, y será en todo caso un ente de monitoreo sin capacidad ejecutiva. La reforma del FMI y demás instituciones llevará tiempo, y no será radical. El Plan de Reforma del FMI que el G20 está impulsando es el mismo que el gobierno argentino rechazó en una reunión previa de las Naciones Unidas, juntando su voto negativo al de Venezuela, Irán y Bolivia (mientras Brasil votaba a favor). Ahora el mismo gobierno argentino ha firmado este acuerdo del G20 que promete implementar aquella misma reforma del FMI, lo cual es al menos poco coherente.
El proceso de reforma del sistema financiero internacional, aparte de llevar tiempo, no va a ser totalmente efectivo. Por una parte, como dijimos, no tiene poder coercitivo. En segundo lugar, hay múltiples vías para evadir los controles, ya que los instrumentos financieros se reinventan a sí mismos permanentemente con el objetivo de aprovechar los huecos legales de cada nueva generación de regulaciones. Las regulaciones son, por naturaleza, más rígidas y menos flexibles que la creatividad de los organismos financieros, que compiten para sobrevivir y obtener ganancias en el mundo financiero internacional.
En los años 90 los acuerdos de Basilea regularon los bancos, pero los fondos de inversión y las aseguradoras quedaron fuera. Los bancos, entonces, crearon fondos de inversión paralelos, tomaron con ellos altos riesgos, los aseguraron en las aseguradoras, y les vendieron esos activos a los bancos, que (viendo que estaban asegurados) los compraron como de bajo riesgo, cumpliendo a la letra las regulaciones existentes. Ahora los fondos de inversión y las aseguradoras ya no podrán hacer ese truco, porque estarán regulados ellos mismos. Pero, como aquel mono de la película 2001 – Odisea del Espacio, algo inventarán para ir superando esos nuevos obstáculos. Posiblemente en el año 2019 tendremos una nueva ronda de regulaciones del sistema global.
Ante las nuevas regulaciones, el sistema financiero responderá con innovaciones para contornear dichas regulaciones. Este es un fenómeno clásico en “juegos competitivos”, no solo en Economía sino también en la naturaleza. Hay muchos ejemplos en que dos especies evolucionan por competencia con otra especie relacionada. El caso clásico es la evolución de las especies depredadoras y de sus presas. El leopardo, por selección natural, evoluciona hacia ejemplares con más velocidad para cazar gacelas (las variedades más lentas de leopardo se extinguen o quedan en minoría como animales carroñeros). La mayor velocidad de los leopardos hace que sólo sobrevivan las gacelas más rápidas; de modo que en las siguientes generaciones sólo sobrevivirán los leopardos que sean aún más veloces. Y así continúa la co-evolución de ambas especies, hasta que se llega a una especie de equilibrio en que ya no resulta fácil seguir aumentando la velocidad de ninguna de las especies debido a sus altos costos energéticos.
La competencia entre las regulaciones y las innovaciones financieras puede ejemplificarse con la historia del monetarismo. En los años 70 y 80 los monetaristas pusieron a prueba su teoría para controlar la inflación: restringir la oferta monetaria. El banco de pruebas más conocido fue Gran Bretaña bajo Thatcher, y uno más periférico fue Chile en el primer decenio de Pinochet. Al principio, el gobierno restringía la emisión primaria, pero la inflación no bajaba, pues la gente respondía usando más cheques y transferencias bancarias. Entonces el gobierno introdujo restricciones en los encajes bancarios, y empezó a controlar la oferta monetaria en su definición M1 (circulación más depósitos a la vista) o M2=M1+cuentas de ahorro. Ante eso, aumentaban los plazos fijos, y la gente usaba los certificados de depósito para pagar sus deudas o sacar préstamos. En respuesta el gobierno comenzó a poner restricciones a los bancos para los plazos fijos, y a usar como criterio el M3 (dinero, depósitos a la vista más cuentas de ahorro y plazos fijos). Entonces la gente comenzó a usar bonos gubernamentales, acciones de empresas y otros instrumentos para sus operaciones contractuales y financieras, forzando a que el gobierno monetarista controlase M4 (M3 más los bonos y demás). Además, se estaban desregulando los mercados financieros, así que aunque escasearan las libras esterlinas, los británicos usaban dólares, francos o marcos alemanes, para contrarrestar la restricción monetaria del gobierno inglés. En definitiva, la gente inventaba formas de realizar más transacciones con la misma cantidad de dinero, derrotando el intento del gobierno de controlar la cantidad de dinero.
La inflación no fue vencida ni el equilibrio macroeconómico restablecido por métodos monetaristas, ni mucho menos el crecimiento económico. La política monetarista, a la postre, mostró su punto flaco: la gente inventa nuevas formas de dinero, y en definitiva el gobierno no puede restringir la oferta monetaria, especialmente en economías abiertas. El dinero “evoluciona por selección natural” al enfrentarse a más y más controles estatales.
Otro ejemplo similar son los estrictos controles de flujos de capital impuestos en Francia en la posguerra. No pudieron evitar que billones de francos se fugaran hacia Suiza, ya sea escondidos en el tanque de combustible de los autos de los turistas, o mediante maniobras más sofisticadas como la subfacturación de exportaciones y la sobrefacturación de importaciones. Los controles consiguieron que no llegaran capitales a Francia (porque generaron desconfianza hacia la solidez de la economía francesa), pero no pudieron impedir que los capitales franceses fugaran del país. Al aumentar los controles aumentaron los ardides de quienes necesitaban o deseaban colocar sus fondos en otros países.
En el caso actual también puede haber una especie de “co-evolución competitiva” entre los reguladores y los regulados, una especie de carrera armamentista donde cada parte trata de superar a la otra. Cuál será la forma y el resultado del proceso aún no se sabe. Pero ambas fuerzas contribuirán a la evolución y transformación del sistema complejo de alcance mundial formado por ambas, y por todo el resto del sistema económico capitalista mundial.
Los que antes invertían en fondos de inversión de EEUU tratarán de hacerlo en Suiza. Si a Suiza la obligan a revelar la identidad de quienes tienen cuentas en sus bancos, los extranjeros abrirán cuentas en Suiza a través de apoderados suizos, o de empresas suizas formadas al efecto. O habrá siempre algún país pequeño de Polinesia o del Caribe dispuesto a recibir depósitos sin informar a las autoridades impositivas del país de residencia del depositante. Y cuando ese país finalmente se doblegue ante los reguladores globales, habrá todavía algún otro. O bien “algo inventarán”. El capitalismo es un sistema basado en la innovación competitiva, un sistema de “destrucción creativa”, y la parte creativa es en general de una capacidad innovadora formidable. Genera innumerables innovaciones, las pone a prueba en el mercado, la mayoría fracasan pero algunas sobreviven porque son más “resilientes” o sostenibles. Por estos motivos mi presunción es que las reformas de tipo regulatorio no van a tener un efecto espectacular.
Mucho más efecto van a tener los esfuerzos para homogeneizar los sistemas regulatorios de los diferentes países, y para ir desarrollando sistemas jurídicos uniformes que sirvan de base legal e institucional al capitalismo globalizado. El derribo de las barreras geográficas y la homogeneización de las legislaciones fue un elemento fundamental para el desarrollo inicial del capitalismo en los siglos anteriores, cuando la forma jurídica que lo amparó fue el Estado-Nación. Ahora que el capitalismo es global, está requiriendo que esos procesos de homogeneización y de libertad de movimiento geográfico vayan adquiriendo alcances globales. Falta mucho para ello, pero esta crisis (la primera del capitalismo global) está sirviendo para que se pongan en funcionamiento o se aceleren las ruedas políticas que marchan en esa dirección.
La Argentina y el mundo
“De pronto apareció el mundo” constató Cristina Kirchner en 2008. En realidad nunca había desaparecido: el crecimiento argentino de 2003-2008 se debió en parte al uso de capacidad instalada (generada en la década anterior a la crisis de 2002) y en parte al “viento de cola” de la economía mundial que otorgaba buenos precios para los productos argentinos y bajas tasas de interés que facilitaron la aceptación de la drástica reestructuración de la deuda pública.
Lo que “apareció” en 2008 fue el fin de esa etapa y el inicio de su contrapartida: el desinflamiento de las burbujas, el hundimiento de las inversiones mal concebidas, la caída de precios de las inversiones excesivas en ciertos sectores (por ejemplo el inmobiliario en países desarrollados), y la caída consiguiente de la demanda agregada mundial hasta entonces sostenida por la gigantesca burbuja. Con ello cayeron los precios de los productos argentinos, se reveló en toda su dimensión el peso de los compromisos de la deuda externa para 2009-2011, apareció a la luz el hecho de que había crecido en exceso el gasto público permanente del Estado y que no se había formado un fondo anticíclico, mientras por otro lado se habían formado reservas en el BCRA mediante emisión monetaria, generando una inflación que impedía incurrir en déficit para estimular la economía (incurrir en déficit financiado con emisión arriesgaría un crecimiento descontrolado de la inflación, y acentuaría la desconfianza en la moneda y en la economía argentina que ya causó una fuga de capitales de 23.000 millones de dólares en 2008).
Es así como el gobierno se encuentra en medio de unos dilemas insalvables: no tiene manera de reactivar la economía con recursos internos pero tampoco tiene acceso a recursos externos (porque no ha reingresado a los mercados voluntarios de deuda ni es elegible para el crédito del FMI). Tendría que bajar la inflación reduciendo el gasto y aplicando una política monetaria restrictiva, pero se encuentra en recesión, la cual exigiría una política fiscal y monetaria expansiva. Ha predicado incansablemente contra el Fondo Monetario, pero éste es la única fuente a la que podría recurrir. Ha dejado fuera de todo arreglo a los holdouts, y no ha salido del default con el Club de París, pero esos son requisitos indispensables para “volver al mundo”. Mediante la falsificación de las estadísticas ha “ahorrado” miles de millones de dólares en ajustes de los bonos indexados a la inflación, pero para tener alguna chance con el FMI necesitaría “estadísticas transparentes”. Su único aliado era Chávez, pero éste ha tenido que reducir el gasto público y subir el IVA para poder enfrentar la crisis causada por el bajo precio del petróleo: sus posibilidades de ayudar a la Argentina son nulas, ya que él mismo está necesitando ayuda.
El acuerdo del G-20, en gran parte, deja fuera a la Argentina. No le toca ninguno de los beneficios directos, como la plata del FMI. Corre más bien el riesgo de ser denunciada a la OMC por malas prácticas proteccionistas. Y sigue teniendo enormes vencimientos de deuda en 2009-2011, que debe enfrentar sin financiamiento externo.
Un aspecto positivo es que el G20 está avanzando en la reactivación global. Algunos indicadores tempranos parecen indicar que el inicio de la recuperación (o fin de la caída) se adelantaría al primer semestre de 2009 en EEUU y en la China, en lugar de ocurrir –como estaba previsto– en el segundo semestre del año. Europa, como se preveía, tardará más, y Japón mucho más. En la China ya en marzo subió la producción manufacturera por primera vez después de seis meses continuados de caída. Se espera un crecimiento del orden de 6% en la economía china en 2009. El empleo, como siempre ocurre, viene con retraso: continuará cayendo dos o tres trimestres más que la producción, y su recuperación será algo más lenta. Europa, entretanto, seguirá probablemente con tasas negativas todo 2009 y sólo comenzará a recuperarse en 2010, mientras su empleo sigue cayendo por lo menos hasta fines de 2010 y se recupera no antes de fines de 2010 o en 2011.
Si en efecto se acelera la recuperación de la producción y la demanda agregada mundiales, por haberse evitado el colapso bancario y por el estímulo fiscal conjunto de los países desarrollados (sobre todo EEUU y China), ello podría estabilizar y mejorar los precios de la soja y otros productos básicos para la Argentina, lo cual se notaría en el segundo semestre de 2009 e inicios de 2010.
Poco le valdría ello a la Argentina si –como se espera– las retenciones siguen en pie, los productores siguen reteniendo la cosecha, y la producción agropecuaria sigue bajando (se está estimando una nueva caída en la superficie de trigo este año, a pesar que no hay sequía). Pero si solo hubiera un poco más de cordura en el gobierno el inicio de la recuperación mundial ofrecería nuevas oportunidades de crecimiento para la Argentina. Esas oportunidades de crecimiento a partir del fin de la recesión mundial no provendrían, por cierto, de la presunta defunción del capitalismo o el fin de la globalización, sino todo lo contrario, de su continuada vitalidad.
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