Hobbits en Nueva Zelanda
“El Hobbit” es la breve novela de Tolkien que precede a “El Señor de los Anillos” (la “precuela” como se dice ahora en el cine). Ante el enorme éxito de las tres películas basadas en “El Señor de los Anillos”, todas filmadas en Nueva Zelanda, la Warner Brothers decidió filmar El Hobbit, que se convertirá en dos películas, y eligió nuevamente Nueva Zelanda como escenario para la filmación.
Apenas se habían decidido cuando los gremios relacionados con la filmación decidieron entrar en huelga para pedir mayores salarios.
Ante eso la Warner decidió mudar la filmación a otro país. Millones de neozelandeses salieron a protestar, pues están encantados con la idea de que las dos nuevas películas se filmen en su país. El gobierno está también muy interesado, por los ingresos y la publicidad turística gratis que la película representará para el país, como ya ocurrió con las anteriores. Los trabajadores levantaron la huelga, pero la empresa cinematográfica dice que el movimiento huelguístico anterior creó serias dudas sobre la seguridad de poder filmar normalmente sin enfrentar nuevos inconvenientes del mismo tipo.
El Primer Ministro de N. Zelanda se reunió con los ejecutivos de Warner Bros. para convencerlos de que se queden y hagan la película en el país. Hasta ahora, sin embargo, no hubo acuerdo. “La huelga fue incuestionablemente lo que generó la vacilación de la empresa”, declaró el primer ministro. ”Las chances son solo 50-50″ añadió el primer ministro (según la BBC, http://www.bbc.co.uk/news/entertainment-arts-11625152). La confianza se pierde fácilmente, pero recuperarla puede ser largo y difícil.
¿Por qué cuento esta historia? Porque es una perfecta ilustración de cómo la globalización convierte en “transables” la mano de obra y hasta el paisaje, sujetándolos a las leyes de la competencia, y a la oferta y la demanda. Cómo la globalización requiere seguridad jurídica y una mano de obra que no ponga problemas al inversor. Cómo los gobiernos nacionales se ven forzados a competir y hacer marketing para que las inversiones se radiquen en su país en lugar de hacerlo en otro país competidor.
También se ve claramente como los reclamos salariales no solo se dirimen en función de la economía local, sino de la economía internacional. No es que la Warner pretenda pagar salarios de hambre: Nueva Zelanda es un país desarrollado y los salarios son bastante elevados, sobre todo para personal técnico. Evidentemente las pretensiones de los trabajadores chocaron con un techo creado por la competencia internacional: debe haber algún otro país (no identificado por la BBC) donde la Warner va a poder filmar con paisajes igualmente atractivos y personal igualmente calificado, sin sobrepasar su presupuesto en materia de salarios.
No sé cómo terminará la historia. El gobierno está ofreciendo rebajas impositivas a la Warner, y los trabajadores están prometiendo portarse bien, pero aun sigue la incertidumbre. El sindicato de trabajadores de la industria cinematográfica de Nueva Zelanda está rápidamente aprendiendo que el estado nacional ya no es el escenario al que se limitan sus luchas y reclamos. El escenario ahora es el mundo. Y el que no pueda competir a nivel mundial puede quedarse sin su película del Hobbit. Es decir, sin empleo.
Esto puede considerarse positivo o negativo, como digno de aplauso o de condena: no es ése el tema que quiero discutir aquí. Solo quiero mostrar, a través de esta anécdota, cómo es el mundo económico contemporáneo. El mundo en que vivimos, del cual no nos podemos bajar, y de cuyas realidades no nos podemos escapar ni esconder. Habrá que ver cómo se adaptan las naciones, y sus organizaciones e instituciones internas, a esa realidad mundial.
AÑADIDO EL 27 DE OCTUBRE:
Finalmente se arregló el conflicto y El Hobbit se va a filmar en Nueva Zelanda (http://www.bbc.co.uk/news/entertainment-arts-11633724).
Según la BBC, el arreglo se basó en el compromiso del gobierno de dictar nueva legislación estipulando con mayor claridad la diferencia entre los contratistas independientes y de los empleados en relación de dependencia, para evitar problemas en cuanto a las relaciones laborales durante la filmación.
Muy significativas las declaraciones del primer ministro, John Key: “El conflicto laboral que surgió en las últimas semanas ha iluminado un significativo conjunto de aspectos que afectan la forma en que opera la industria fílmica internacional. Actuaremos para asegurar que la legislación de Nueva Zelanda en este tema sea reformada a fin de dar a los productores cinematográficos como Warner Brothers la confianza que necesitan para producir sus películas en Nueva Zelanda. Es muy bueno haber despejado la incertidumbre”.
Es un ejemplo muy claro de que en una economía abierta y globalizada las legislaciones nacionales tienden a ajustarse a “la forma en que operan los productores internacionales”, y no a la inversa. ”The things they are a-changin”, las cosas están cambiando, decía una canción de Bob Dylan.
AÑADIDO EL 30 DE OCTUBRE.
Con la velocidad del rayo, el parlamento de Nueva Zelanda aprobó una reforma laboral que permitirá a Warner Brothers contratar bajo contratos temporarios en lugar de tener que ponerlos como empleados plenos en planilla (http://www.bbc.co.uk/news/world-asia-pacific-11649734). La oposición laborista se quejó de que el gobierno haya “cedido a la presión de una empresa transnacional para diluir las conquistas laborales vigentes”. El gobierno respondió que prefiere mantener las pelicuilas en N. Zelanda por lo que representan en términos de ingresos, turismo y empleo. No sé quién tendrá razón, pero está claro este ejemplo del proceso de transnacionalización de las relaciones laborales y de la competencia entre países para atraer inversiones, impuesta por la globalización.

Sola, pavorosamente sola: la viuda de Kirchner.
Duralex está de fiesta.