Basilea, parte III

En la ciudad suiza de Basilea se encuentra el Banco de Ajustes Internacionales, o BIS, Bank of International Settlements, que fue originalmente creado para servir como lugar de clearing para los saldos netos que quedaran entre los bancos centrales a raíz de transacciones en moneda extranjera. Esto era en una época en que solo los bancos centrales traficaban en moneda extranjera, pues los ciudadanos y empresas no podían recibir ni enviar fondos internacionalmente.

En la actualidad, el BIS sirve principalmente como vehículo para establecer normas y acuerdos entre los bancos centrales, respecto a la regulación monetaria y financiera de los países, en aquellos aspectos en que se haya acordado una armonización de dichas regulaciones.

En la década del 90, en el marco del BIS se firmaron dos acuerdos de Bancos Centrales, conocidos como Basilea I y Basilea II, que establecieron las principales normas para los flujos financieros internacionales y para los mínimos requisitos “prudenciales” que los bancos centrales les deben exigir a los bancos comerciales.

Esas regulaciones de los 90 se revelaron insuficientes en 2008, al ponerse de manifiesto que muchos bancos no tenían suficiente capital para respaldar sus pasivos, y que además durante los años precedentes se había desarrollado todo un andamiaje de esquemas financieros al margen de las reglas prudenciales de Basilea, sobre todo porque los bancos podían crear instituciones paralelas como los “bancos de inversión” que no eran alcanzados por dichas regulaciones.

Cuando estalló la crisis comenzó un proceso de reforma y reforzamiento de las regulaciones bancarias internacionales. Ahora los bancos centrales han acordado en el BIS una serie de normas nuevas, más exigentes, para desalentar el surgimiento de aventuras financieras excesivamente riesgosas.

No he estudiado aun a fondo las nuevas regulaciones, así que eso queda para otra ocasión. Lo más importante por ahora es que el capital efectivo propio que los bancos deben tener en todo momento, y que hasta ahora era del 2% de sus pasivos, deberá aumentar hasta 7% en los próximos años.

No sé si esa medida tendrá el efecto esperado. Dado que los bancos colocan los depósitos de sus clientes en diversos préstamos e inversiones, obviamente no tendrán en su poder el importe total de los depósitos cuando los depositantes, al estallar una crisis o pánico generalizado, vayan a rescatar su dinero todos a la vez. Los encajes obligatorios (que pueden llegar quizá al 20%) más el capital propio de los bancos (2% o 7%) muchas veces no alcanzarán para calmar a la multitud agolpada a las puertas de los bancos.

Hace falta, sin duda, adoptar medidas más amplias. Pero al mismo tiempo se sabe que si las regulaciones son excesivas ello redundaría en un encarecimiento del crédito y por lo tanto tendería a prolongar y acentuar las recesiones, así como frenar el crecimiento económico.

Falta resolver, además, un problema muy importante: los bancos que son “demasiado grandes para permitirles quebrar”. Si un banco muy grande entra en quiebra, ello puede desatar un efecto dominó y terminar en una crisis financiera más generalizada. Hay en pie algunas defensas contra esa eventualidad (por ejemplo en 2008 pudo quebrar Lehman Brothers sin que el mundo se viniese abajo), pero el costo suele ser excesivo. Hay varios esquemas en discusión sobre ese tipo de problema.

El significado principal de todo esto, a largo plazo, es que las regulaciones financieras se están volviendo supranacionales. Todavía son formalmente nacionales, porque los gobiernos y los bancos centrales pertenecen a los países, pero la aceptación de la regulación internacional es la base para que puedan funcionar en este mundo globalizado.  Las naciones ya le quedan chicas al capitalismo.


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gallegoland
18 Septiembre 2010, 08:37, Reportar este Comentario gallegoland dijo

Hay una cosa que, creo, la nueva normativa no regula como debe: qué gastos pueden ser apuntados “fuera de balance oficial”. Ese asunto incide directamente en los fondos netos que tenga en realidad el banco y de hecho muchas de esas partidas fueron las causantes de enormes quebraderos de cabeza en esta crisis financiera. No sé como va a resolverse ese asunto.

Viendo la nueva normativa… ¿se la leerá Mercedes Marco del Pont? :-)

Muy bueno y claro, como siempre!
Saludos.

duralex
18 Septiembre 2010, 19:07, Reportar este Comentario duralex dijo

Muchas gracias por tu aporte. A mi juicio es sumamente difícil controlar las actividades de los bancos en el sistema financiero, sobre todo lo que se refiere a la creación de fondos de inversión que operan fuera del banco, como una entidad aparte.
Tradicionalmente la teoría de la regulación consistia en que el Estado establece una regulación y los agentes económicos tienen que cumplirla. Estos agentes son considerados como ejecutores pasivos de las regulaciones.
Desde hace varias décadas la teoría económica en general ha incorporado la teoría de los juegos: cada agente económico toma decisiones en función de lo que espera que hagan los demás, entre ellos el Estado. Desde esta perspectiva, el Estado puede regular las conductas que actualmente se observan, pero muchas veces no puede prever la respuesta que darán los agentes privados ante dicha regulación. Esto se vio por primera vez en los años 80 cuando Margaret Thatcher aplicó políticas monetaristas, controlando algún indicador de la oferta de dinero (por ejemplo M1, suma de la circulación monetaria más los depósitos a la vista). Los agentes respondieron usando los depósitos de ahorro como medio de pago. El Estado comenzó a usar la expansión de M2=M1 + cuentas de ahorro, como criterio para sus decisiones monetarias. Entonces los agentes comenzaron a usar sus depósitos a plazo fijo, vendiendo y comprando certificados de depósito; cuando el Estado empezó a basar su política en M3=M2+depósitos a plazo fijo, la gente empezó a usar títulos públicos y otros instrumentos análogos como medios de pago. Solo después de varios años fueron abandonados los intentos de controlar la oferta monetaria, para pasar a otros criterios de política (como las metas de inflación). Moraleja: hay que tomar en cuenta lo que probablemente haga el otro.
Este factor todavía no ha sido plenamente incorporado en las reglas prudenciales de Basilea. Seguramente los bancos y otros agentes económicos encontrarán la forma de burlar estas nuevas regulaciones. Controlar el capitalismo, especialmente cuando éste desborda el marco de las naciones, se vuelve muy difícil.

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