Hobbits en Nueva Zelanda

“El Hobbit” es la breve novela de Tolkien que precede a “El Señor de los Anillos” (la “precuela” como se dice ahora en el cine). Ante el enorme éxito de las tres películas basadas en “El Señor de los Anillos”, todas filmadas en Nueva Zelanda, la Warner Brothers decidió filmar El Hobbit, que se convertirá en dos películas, y eligió nuevamente Nueva Zelanda como escenario para la filmación.

Apenas se habían decidido cuando los gremios relacionados con la filmación decidieron entrar en huelga para pedir mayores salarios.

Ante eso la Warner decidió mudar la filmación a otro país. Millones de neozelandeses salieron a protestar, pues están encantados con la idea de que las dos nuevas películas se filmen en su país. El gobierno está también muy interesado, por los ingresos y la publicidad turística gratis que la película representará para el país, como ya ocurrió con las anteriores. Los trabajadores levantaron la huelga, pero la empresa cinematográfica dice que el movimiento huelguístico anterior creó serias dudas sobre la seguridad de poder filmar normalmente sin enfrentar nuevos inconvenientes del mismo tipo.

El Primer Ministro de N. Zelanda se reunió con los ejecutivos de Warner Bros. para convencerlos de que se queden y hagan la película en el país. Hasta ahora, sin embargo, no hubo acuerdo. “La huelga fue incuestionablemente lo que generó la vacilación de la empresa”, declaró el primer ministro. ”Las chances son solo 50-50″ añadió el primer ministro (según la BBC, http://www.bbc.co.uk/news/entertainment-arts-11625152). La confianza se pierde fácilmente, pero recuperarla puede ser largo y difícil.

¿Por qué cuento esta historia? Porque es una perfecta ilustración de cómo la globalización convierte en “transables” la mano de obra y hasta el paisaje, sujetándolos a las leyes de la competencia, y a la oferta y la demanda. Cómo la globalización requiere seguridad jurídica y una mano de obra que no ponga problemas al inversor. Cómo los gobiernos nacionales se ven forzados a competir y hacer marketing para que las inversiones se radiquen en su país en lugar de hacerlo en otro país competidor.

También se ve claramente como los reclamos salariales no solo se dirimen en función de la economía local, sino de la economía internacional. No es que la Warner pretenda pagar salarios de hambre: Nueva Zelanda es un país desarrollado y los salarios son bastante elevados, sobre todo para personal técnico. Evidentemente las pretensiones de los trabajadores chocaron con un techo creado por la competencia internacional: debe haber algún otro país (no identificado por la BBC) donde la Warner va a poder filmar con paisajes igualmente atractivos y personal igualmente calificado, sin sobrepasar su presupuesto en materia de salarios.

No sé cómo terminará la historia. El gobierno está ofreciendo rebajas impositivas a la Warner, y los trabajadores están prometiendo portarse bien, pero aun sigue la incertidumbre. El sindicato de trabajadores de la industria cinematográfica de Nueva Zelanda está rápidamente aprendiendo que el estado nacional ya no es el escenario al que se limitan sus luchas y reclamos.  El escenario ahora es el mundo. Y el que no pueda competir a nivel mundial puede quedarse sin su película del Hobbit. Es decir, sin empleo.

Esto puede considerarse positivo o negativo, como digno de aplauso o de condena: no es ése el tema que quiero discutir aquí.  Solo quiero mostrar, a través de esta anécdota, cómo es el mundo económico contemporáneo. El mundo en que vivimos, del cual no nos podemos bajar, y de cuyas realidades no nos podemos escapar ni esconder. Habrá que ver cómo se adaptan las naciones, y sus organizaciones e instituciones internas, a esa realidad mundial.

AÑADIDO EL 27 DE OCTUBRE:

Finalmente se arregló el conflicto y El Hobbit se va a filmar en Nueva Zelanda (http://www.bbc.co.uk/news/entertainment-arts-11633724).

Según la BBC, el arreglo se basó en el compromiso del gobierno de dictar nueva legislación estipulando con mayor claridad la diferencia entre   los contratistas independientes y de los empleados en relación de dependencia, para evitar problemas en cuanto a las relaciones laborales durante la filmación.

Muy significativas las declaraciones del primer ministro, John Key: “El conflicto laboral que surgió en las últimas semanas ha iluminado un significativo conjunto de aspectos que afectan la forma en que opera la industria fílmica internacional. Actuaremos para asegurar  que la legislación de Nueva Zelanda en este tema sea reformada a fin de dar a los productores cinematográficos como Warner Brothers la confianza que necesitan para producir sus películas en Nueva Zelanda.  Es muy bueno haber despejado la incertidumbre”.

Es un ejemplo muy claro de que en una economía abierta y globalizada las legislaciones nacionales tienden a ajustarse a “la forma en que operan los productores internacionales”, y no a la inversa.  ”The things they are a-changin”, las cosas están cambiando, decía una canción de Bob Dylan.

AÑADIDO EL 30 DE OCTUBRE.

Con la velocidad del rayo, el parlamento de Nueva Zelanda aprobó una reforma laboral que permitirá a Warner Brothers contratar bajo contratos temporarios en lugar de tener que ponerlos como empleados plenos en planilla (http://www.bbc.co.uk/news/world-asia-pacific-11649734). La oposición laborista se quejó de que el gobierno haya “cedido a la presión de una empresa transnacional para diluir las conquistas laborales vigentes”. El gobierno respondió que prefiere mantener las pelicuilas en N. Zelanda por lo que representan en términos de ingresos, turismo y empleo. No sé quién tendrá razón, pero está claro este ejemplo del proceso de transnacionalización de las relaciones laborales y de la competencia entre países para atraer inversiones, impuesta por la globalización.

Sola, pavorosamente sola

La letra de un tango de Discepolo refleja bastante bien la situación de la Argentina en el concierto internacional político y económico, y asimismo la situación de la presidenta (y su cónyuge) en el escenario político interno.

Por el lado político, la política confrontativa los enemistó con todo el espectro político, con la clase media, con el interior del país, con sus propios “aliados naturales” como la mayoría de los gobernadores justicialistas y buena parte de los intendentes del conurbano, con la prensa, con los países vecinos más entrañablemente hermanados con la Argentina como Uruguay y Chile, y últimamente con la Corte Suprema que ellos mismos designaron en uno de los raros momentos de cordura que tuvieron al comienzo de su reinado allá por 2003.  Ha habido también, por primera vez. protestas de organismos de derechos humanos por algún episodio que no les resultó digerible. Con la práctica certidumbre de que no será elegido presidente en 2011, Néstor Kirchner deambula en busca de nuevos enemigos, se pelea cada día con alguien más, y no parece ya tener un destino claro ni lógico para sus ambiciones políticas. Al parecer, podría incluso pensar en presentarse como candidato a gobernador de la provincia de Buenos Aires, una capitis diminutio en la que pocos ex presidentes pensarían, y lo peor es que incluso ahí –su escenario “menos peor”– probablemente sea derrotado.

En el orden económico la Argentina no ha podido retornar a los mercados financieros internacionales. Sigue en rabioso default con el Club de Paris, es decir con los gobiernos de los países desarrollados a los cuales se les debe plata. Siguen los juicios de los holdouts cuyos bonos fueron defaulteados, lo cual sigue amenazando con embargos ante cualquier transacción internacional del Estado argentino. Cristina se ha entrevistado con Angela Merkel sin sacar nada en limpio (después de haber criticado duramente desde hace meses la política liderada por Alemania de restringir el déficit fiscal en Europa), y sobre todo por la persistencia del default con el Club de Paris. Los planes del ministro Boudou para salir de esa situación en 2009 fracasaron, y también su Plan B de alcanzar algún éxito en 2010. Ante el avance de Brasil como líder regional, y el retroceso electoral de Chávez (que si bien mantiene la  mayoría parlamentaria para leyes ordinarias,  ya no tiene los dos tercios necesarios para llevar adelante sus proyectos más importantes), y la consolidación cada vez mayor de Chile, Perú y Colombia, junto al espectáculo del heterodoxo Correa empeñado en hacer un ajuste “neoliberal” del gasto público ante el cual se le subleva anacrónicamente la policía, Kirchner es un maratonista que está llegando al fin de su carrera sufriendo “la soledad del corredor de larga distancia”, para usar el título de una novela británica célebre.

En tanto el FMI ha vuelto a señalar en su evaluación externa del país que las cifras oficiales de inflación son inconsistentes con todas las otras estimaciones disponibles (incluso cifras oficiales de la mayor parte de las provincias), y ahora añade que asimismo la manipulación de las cifras del INDEC ha significado una exageración del crecimiento del PBI desde 2008. En realidad, creo yo, la exageración del PBI viene desde 2007, pues aparte de la manipulación directa de las cifras de producción, se sobreestima  el crecimiento del PBI cuando una parte de los rubros (cuyos datos se obtienen en precios corrientes) se deflactan con índices truchos (y muy bajos) de inflación. Para volver a pensar en el mundo financiero primero hay que arreglar de raíz el INDEC, y eso no será sencillo. Romper es fácil, arreglar es siempre más complicado.

Solos, pavorosamente solos. Despiadadamente solos. Y para seguir con Discepolo (con un toque de Cadícamo): viendo (desde nuestra triste soledad) que  el mundo sigue su curso: yira, yira, indiferente, sordo y mudo ante tanto descalabro. Quevachaché.

Basilea, parte III

En la ciudad suiza de Basilea se encuentra el Banco de Ajustes Internacionales, o BIS, Bank of International Settlements, que fue originalmente creado para servir como lugar de clearing para los saldos netos que quedaran entre los bancos centrales a raíz de transacciones en moneda extranjera. Esto era en una época en que solo los bancos centrales traficaban en moneda extranjera, pues los ciudadanos y empresas no podían recibir ni enviar fondos internacionalmente.

En la actualidad, el BIS sirve principalmente como vehículo para establecer normas y acuerdos entre los bancos centrales, respecto a la regulación monetaria y financiera de los países, en aquellos aspectos en que se haya acordado una armonización de dichas regulaciones.

En la década del 90, en el marco del BIS se firmaron dos acuerdos de Bancos Centrales, conocidos como Basilea I y Basilea II, que establecieron las principales normas para los flujos financieros internacionales y para los mínimos requisitos “prudenciales” que los bancos centrales les deben exigir a los bancos comerciales.

Esas regulaciones de los 90 se revelaron insuficientes en 2008, al ponerse de manifiesto que muchos bancos no tenían suficiente capital para respaldar sus pasivos, y que además durante los años precedentes se había desarrollado todo un andamiaje de esquemas financieros al margen de las reglas prudenciales de Basilea, sobre todo porque los bancos podían crear instituciones paralelas como los “bancos de inversión” que no eran alcanzados por dichas regulaciones.

Cuando estalló la crisis comenzó un proceso de reforma y reforzamiento de las regulaciones bancarias internacionales. Ahora los bancos centrales han acordado en el BIS una serie de normas nuevas, más exigentes, para desalentar el surgimiento de aventuras financieras excesivamente riesgosas.

No he estudiado aun a fondo las nuevas regulaciones, así que eso queda para otra ocasión. Lo más importante por ahora es que el capital efectivo propio que los bancos deben tener en todo momento, y que hasta ahora era del 2% de sus pasivos, deberá aumentar hasta 7% en los próximos años.

No sé si esa medida tendrá el efecto esperado. Dado que los bancos colocan los depósitos de sus clientes en diversos préstamos e inversiones, obviamente no tendrán en su poder el importe total de los depósitos cuando los depositantes, al estallar una crisis o pánico generalizado, vayan a rescatar su dinero todos a la vez. Los encajes obligatorios (que pueden llegar quizá al 20%) más el capital propio de los bancos (2% o 7%) muchas veces no alcanzarán para calmar a la multitud agolpada a las puertas de los bancos.

Hace falta, sin duda, adoptar medidas más amplias. Pero al mismo tiempo se sabe que si las regulaciones son excesivas ello redundaría en un encarecimiento del crédito y por lo tanto tendería a prolongar y acentuar las recesiones, así como frenar el crecimiento económico.

Falta resolver, además, un problema muy importante: los bancos que son “demasiado grandes para permitirles quebrar”. Si un banco muy grande entra en quiebra, ello puede desatar un efecto dominó y terminar en una crisis financiera más generalizada. Hay en pie algunas defensas contra esa eventualidad (por ejemplo en 2008 pudo quebrar Lehman Brothers sin que el mundo se viniese abajo), pero el costo suele ser excesivo. Hay varios esquemas en discusión sobre ese tipo de problema.

El significado principal de todo esto, a largo plazo, es que las regulaciones financieras se están volviendo supranacionales. Todavía son formalmente nacionales, porque los gobiernos y los bancos centrales pertenecen a los países, pero la aceptación de la regulación internacional es la base para que puedan funcionar en este mundo globalizado.  Las naciones ya le quedan chicas al capitalismo.

La tierra incomparable

Hace unos dias, en un hecho más bien inusual, Pagina 12 publicó una carta de Gustavo Grobocopatel, un gran empresario sojero, y uno de los “enemigos” preferidos del gobierno. En la edición del domingo 15 de agosto le responde el escritor Mempo Giardinelli. Mempo es un extraordinario novelista; sin embargo sus conocimientos sobre agricultura no son muy amplios. En su respuesta le dice a “Grobo”:

En cuanto al glifosato, no es inocuo. Según autorizados genetistas y científicos que he consultado (entre ellos un reputado investigador en Medio Ambiente y Salud del Hospital Italiano de Rosario, que hace veinte años trabaja en esto) el problema son los agregados, empezando por los detergentes para penetrar la tierra, que acompañan siempre la mezcla y que son disruptores orgánicos poderosos, como el viejo DDT. Además, como las malezas se vuelven cada vez más resistentes, le agregan otros agroquímicos –endosulfan, clorpirifo o el 24D–, la mayoría de los cuales están prohibidos en los países serios. En Francia e Inglaterra el cultivo extensivo de soja transgénica está penado por la ley. Y en otras sociedades desarrolladas no se permite bajo ningún motivo el uso de agroquímicos.”

Después del reciente dictamen de una comisión especializada en agroquímicos, perteneciente al CONICET e integrada por muchos científicos argentinos especializados en el tema; y después de docenas de estudios análogos de muchos científicos en el mundo mostrando que todo esto es directamente falso, solo puede explicarse el párrafo de Giardinelli como expresión de su vocación por la ficción. Este tema lo hemos tratado con lujo de detalles en nuestros posts “El glifosato y las reglas de la ciencia” hace más de un año (http://blogsdelagente.com/duralex/2009/05/05/el-glifosato-y-reglas-la-ciencia/)., y asimismo en el reciente post “El glifosato, absuelto de culpa y cargo” (http://blogsdelagente.com/duralex/2010/08/05/el-glifosato-absuelto-de-culpa-y-cargo.

El glifosato en sí es más bien una anécdota en el presente contexto. Lo que muestra es la repetición irreflexiva de ideas y creencias sin ningún fundamento, contrarias a toda evidencia científica, y motivadas únicamente por cuestiones ideológicas y políticas (la oposición del kirchnerismo al “campo”) y cierto “ambientalismo ingenuo” muy en boga. Sin argumentos políticos para seguir combatiendo al agro (la opinión pública estuvo y está masivamente con el campo) y sin argumentos económicos (el propio gobierno depende críticamente de que haya exportaciones de soja a fin de recaudar retenciones), lo único que queda son pretendidos argumentos “científicos” a fin de darle cierta pátina de “objetividad” a aquellas posiciones políticas.

Sin embargo, tales “argumentos” han sido refutados uno por uno en innumerables estudios científicos, que entre otros sitios se encuentran enumerados, analizados y corroborados en el reciente dictamen de la comisión especialmente designada por el CONICET para estudiar el tema (http://www.msal.gov.ar/agroquimicos/pdf/INFORME-GLIFOSATO-2009-CONICET.pdf.). Hay además similares estudios hechos por organismos internacionales (como la FAO o la Organización Mundial de la Salud), por la Unión Europea (muy cuidadosa en estas materias), y por organismos oficiales de muchos países desarrollados, todos ellos basados en docenas de estudios científicos correctamente diseñados y convalidados por su aprobación y publicación en revistas científicas reconocidas, de diversas especialidades (agronomía, genética, bioquímica, medicina, etc.).

El argumento de Mempo podría ser pronunciado por uno de sus personajes de ficción, y sería considerado solo como una expresión de las manías y delusiones del personaje, como el “Informe sobre ciegos” en el libro de Sábato Sobre héroes y tumbas: nadie saldría a perseguir o exterminar a los no videntes basado en las ideas de aquel personaje insano. Pero Mempo no pone este discurso en boca de un loco ficticio, sino en su propia boca, expresando su propia opinión. Esto es alarmante en una persona por lo demás agradable e inteligente, pero qué le vamos a hacer. Yo no puedo aspirar a escribir nada que iguale a las obras de Mempo, y lo mismo cabe decir de la gran mayoría de los cientificos que se han dedicado por años a este tema. Del mismo modo, Mempo difícilmente pueda conocer de todos estos temas. Pero si quiere opinar sobre el tema debiera primero informarse, y citar datos fidedignos.

Frase por frase, el párrafo de Mempo es simplemente disparatado. “En cuanto al glifosato, no es inocuo“; claro que no: depende de la dosis. Tampoco el café o la lechuga o la aspirina son inocuos si se los toma en cantidades exageradas. El glifosato es un herbicida, y por lo tanto seguramente es tóxico si uno se toma medio litro en el desayuno. En las dosis que se usan en la agricultura es uno de los herbicidas más benignos, con prácticamente ningún efecto sobre los seres humanos, y además (por las técnicas que se utilizan, como la siembra directa y la soja resistente al glifosato) se usa menor cantidad, y con ello se reemplaza el uso de cuatro o cinco diferentes herbicidas mucho más tóxicos. Los estudios solo han podido encontrar algunos casos de picazón en la piel o irritación en los ojos de algunos operarios agrícolas que lo aplican, probablemente no dotados de los adminículos necesarios para ello (como un barbijo o unos guantes). ¿Cultivos sin herbicidas? La única manera es arrancar los yuyos a mano, o dejar que crezcan y ahoguen el cultivo. Ninguna de estas opciones tiene sentido.

Según autorizados genetistas y científicos que he consultado (entre ellos un reputado investigador en Medio Ambiente y Salud del Hospital Italiano de Rosario, que hace veinte años trabaja en esto)…” Esta parte mejor dejarla de lado para no reírse. El innominado “reputado investigador” no sirve como argumento de nada, y menos en forma anónima, a menos que haya publicado trabajos en revistas cientificas, dando cuenta de investigaciones de campo, con diseños experimentales cuidadosos, relevantes al tema, y que sus conclusiones hayan sido repetidas y corroboradas por otros científicos. Lejos de ello, el anónimo investigador (que no trabaja en un centro de investigación sino en un hospital) tiene en contra docenas y docenas de estudios en todo el mundo, y ninguno a favor, y (al parecer) no puede exhibir ninguno él mismo. Con el mismo criterio se podría decir que la aspirina no cura el resfrío y el dolor de cabeza, o que la vacuna contra la polio no protege de la parálisis infantil, o que el dentífrico con fluor no protege la placa dental. Siempre va a haber gente que tenga miedo o se oponga: en cada uno de esos casos hay incluso organizaciones de consumidores en EEUU, apoyadas por algunos profesionales, que sostienen esos disparates y procuran que se dicten leyes que los respalden. También hay religiones enteras que se niegan a las transfusiones de sangre (como los testigos de Jehová) y muchas otras muestras similares de ignorancia en diferentes culturas y pueblos. La ignorancia abunda. Miles de argentinos (y muchos más en el mundo) concurren a los homeópatas, se aplican tratamientos de “medicina alternativa” o siguen “dietas mágicas”, sin ningún fundamento científico a favor (y muchos fundamentos en contra). La opinión del amigo de Mempo está absolutamente fuera de lugar y simplemente no dice nada. Como en Hamlet o en la canción de Pimpinela, son solo “palabras, palabras, palabras”, o como en Macbeth, se parece a “un discurso pronunciado por un idiota, lleno de ruido y furia, y sin ningún significado”. Sin ofensa, Mempo: solo mostrando el nulo nivel científico del argumento esgrimido.

Continúa Mempo: “el problema son los agregados, empezando por los detergentes para penetrar la tierra, que acompañan siempre la mezcla y que son disruptores orgánicos poderosos, como el viejo DDT.” Vamos progresando: el problema no es el glifosato (que como se sabe es un herbicida extremadamente benigno), sino los “agregados” (técnicamente surfactantes). Esas sustancias se añaden (en proporciones muy pequeñas) para que el herbicida actúe mejor o más rápidamente, pero sin alterar sus características. Pero según las investigaciones científicas, ampliamente citadas y analizadas por ejemplo en el reciente dictamen de la comisión especial del CONICET, el añadido de los tales surfactantes tampoco es dañino. Las formas comerciales del glifosato, con surfactantes y todo, carecen de efectos dañinos perceptibles cuando se aplican en la agricultura y en la forma correcta. Se desintegran con facilidad en el suelo, y no hay mucho peligro de que pasen al agua subterránea o que sean respirados en la atmósfera en cantidades perceptibles. Tomándose un café, comiendo una ensalada  o paseando un rato por el microcentro de Buenos Aires, se absorben cantidades mucho mayores de sustancias mucho más tóxicas, sin que hasta el momento se haya producido una gran mortandad por el consumo de café o ensalada, ni que se encuentren cadáveres asfixiados y envenenados a lo largo de la Avenida Nueve de Julio. “El viejo DDT” fue prohibido en 1972, cinco años antes de que se inventase el glifosato, y no tiene nada que ver; con el agravante de que diversos estudios recientes están mostrando que su prohibición fue una reacción un tanto exagerada, y están recomendando que se lo autorice nuevamente, no para los cultivos (ya que hay mejores productos actualmente) sino para ensopar los tules protectores en las camas de los bebés (y adultos) en zonas afectadas por malaria (en Asia, Africa y America Latina): sus remotos peligros tóxicos para los seres humanos son inmensamente inferiores a la cantidad de vidas que se salvarían del paludismo.

Continúa Mempo: “Además, como las malezas se vuelven cada vez más resistentes, le agregan otros agroquímicos –endosulfan, clorpirifo o el 24D–, la mayoría de los cuales están prohibidos en los países serios. Bullshit again: es cierto que hay tendencia a que solo las malezas resistentes al glifosato terminen perdurando, ya que las otras van siendo eliminadas, y por ello (cuando ellas se presentan, lo cual es muy poco común) los agricultores usan otros herbicidas. Pero no usan, por lo general, herbicidas no autorizados por SENASA y que no se comercializan en el país. Los que están prohibidos en EEUU y Europa también están prohibidos aquí. 

Puede ser –admitamos– que algún irresponsable use un producto peligroso, pero (a) ese producto no sería glifosato; y (b) estaría prohibido su uso. El 24D, en particular, está prohibido hace rato, y nunca se usa como surfactante del glifosato. El endosulfan tampoco es un herbicida.

Puede haber agricultores que abusen o usen agroquímicos inapropiadamente, pero ese no es un argumento válido. Con el mismo criterio se podria prohibir la comida pues algunos abusan de ella y se vuelven obesos; o prohibir la comida sana porque algunos la consideran aburrida y comen en cambio comida chatarra. También se podrían prohibir los autos pues hay algunos conductores irresponsables que causan accidentes.

El tema de los surfactantes es, por lo demás, debidamente tratado en el dictamen de la comisión del CONICET, así como en los estudios de la FAO y de la Organización Mundial de la Salud que han analizado el tema y han autorizado el uso del glifosato desde hace muchos años (revisando y confirmando el dictamen cada tanto a la luz de nuevas investigaciones). Seamos serios, por favor.

Por último: “En Francia e Inglaterra el cultivo extensivo de soja transgénica está penado por la ley. Y en otras sociedades desarrolladas no se permite bajo ningún motivo el uso de agroquímicos.” En varios países no se usa soja transgénica para consumo humano, no por razones de peligrosidad (los organismos de cada país ya han aclarado que ello no es así) sino porque hay rechazo de parte de los consumidores, en gran parte mal informados por la militancia ecológica fundamentalista. Y además, aun en esos países la soja transgénica se usa masivamente para forraje animal (que es el uso principal de la soja en países occidentales). Europa importa millones de toneladas de productos transgenicos. Hay también una fuerte tendencia hacia la introducción de la soja transgénica dadas sus múltiples virtudes agronómicas y económicas, y la irracionalidad del rechazo (basado en el puro miedo irracional y no en ninguna evidencia científica). La agricultura europea está perdiendo competitividad rápidamente por las prohibiciones sin fundamento sobre ingeniería genética de cultivos. Y que yo sepa en NINGUNA sociedad (desarrollada o no) se prohibe el uso de agroquímicos. El mercado de productos “orgánicos” existe en todos ellos, como una “specialty” preferida por algunos consumidores (rara vez más del 10-20% en el caso de frutas y hortalizas, y muchísimo menos en cereales, oleaginosas o productos ganaderos), que pagan para ello un precio superior al de los productos comunes, pero la enorme mayoría del consumo es producida convencionalmente, y entre otras cosas es tratada con productos químicos para matar los bichos que atacan a esas plantas. Se dan incluso situaciones paradójicas: hace un tiempo en Alemania tuvieron que sacar de circulación una gran parte de la producción de papa orgánica, porque eran tóxicas. No por haber sido tratadas con agroquímicos, sino precisamente por no usarlos. En caso de no aplicar agroquímicos (atención: insecticidas y fungicidas, no herbicidas), las únicas plantas que sobreviven son las que tienen sus propias toxinas para repeler hongos y gusanos; cuando esas variedades se generalizan, predominando las que tienen toxinas más fuertes, las papas orgánicas (y otros productos “saludables”) en circulación resultan ser precisamente aquellas con altas dosis de esas toxinas naturales, lo cual en Alemania con el caso de las papas causó varias muertes, y obligó al retiro de ese producto, que ahora solo se puede producir bajo reglas mucho más estrictas; por ejemplo: no se pueden usar como semilla, para evitar la multiplicación de las variedades naturalmente resistentes a las plagas y que son precisamente las más tóxicas.

No todo lo “natural” es “bueno para la salud”: el veneno de víbora es sumamente “natural”, lo mismo que los hongos venenosos y las toxinas de las papas orgánicas, mientras que la cirugía cardiovascular y los medicamentos antigripales son productos de la ciencia, completamente “antinaturales”, pero no por ello menos benéficos.

En otro pasaje, Mempo sostiene: “son muchos los millones de hectáreas que se deforestaron para sembrar soja y tienen destino de desierto ya que las rotaciones son difíciles“. Eso de que las rotaciones “son difíciles” habría que explicarlo mejor. Si el gobierno adopta políticas que castigan el agro extrayéndole retenciones hasta tocar hueso, es obvio que queden pocos cultivos rentables; entre ellos queda principalmente la soja, que es más rentable precisamente porque no usa muchos agroquímicos y porque se cultiva en siembra directa (la forma de cultivo más ecológica). Pero las rotaciones son lo habitual, y con cualquier política agrícola razonable se producen naturalmente, en interés del propio agricultor. Una hectárea de soja no rotada al cabo de unos cuantos años desarrolla algunas plagas de difícil erradicación (especialmente ciertos hongos), lo cual obliga a rotar sí o sí. De hecho sigue habiendo rotaciones en toda la agricultura argentina, pues al cabo de unos años cualquier cultivo plantado reiteradamente en la misma parcela comienza a presentar dificultades.

 Hasta ahora no se ha podido comprobar la desertificación de hectáreas de soja o de otros cultivos, ni en el norte o el oeste del país ni en la región pampeana. Una de las razones es que la soja es una leguminosa, que fija nitrógeno del aire y lo incorpora al suelo, haciéndolo más fértil y reduciendo a cero la necesidad de fertilizantes nitrogenados. Otra es que se usa siembra directa, reduciendo al mínimo el laboreo y asimismo impidiendo que el suelo quede sin cobertura vegetal, evitando así dos factores básicos de erosión y desertificación. Otra razón es que se controlan eficazmente las malezas sin afectar a las plantas cultivadas (esto es lo que hace el glifosato en la soja transgénica).

Hace años que se viene difundiendo el temor a la desertificación. En los años setenta un libro famoso sobre los suelos en la Argentina pronosticaba que la mitad de la Pampa se desertificaría en poco tiempo, sobre todo por el excesivo laboreo con maquinaria pesada, mientras en realidad en esa región la superficie agropecuaria se ha EXPANDIDO, y su productividad ha AUMENTADO, no solo gracias a la soja y otros cultivos donde se usa laboreo mínimo o siembra directa (lo que reduce mucho el uso de maquinaria) sino también (oh sorpresa) gracias al cambio climático: las temperaturas se han ido corriendo al sur, y las lluvias hacia el oeste, de modo que muchas zonas de la Provincia de La Pampa y del oeste de la Prov de Bs As (parte de la antigua “Pampa Seca” de los manuales escolares) están ahora cultivadas y con alto rendimiento, mientras antes solo servian para pastoreo extensivo de muy baja productividad en superficies cubiertas principalmente de “paja brava” y otros tipos de vegetación pobre y rala (”vegetación pobre y rala” es uno de los atributos del “desierto” o la “desertificación” en cualquier diccionario). Lo mismo ha pasado en zonas antes semiáridas e improductivas en el NEA y NOA. El “Impenetrable” en buena parte se ha vuelto penetrable. En zonas sin aprovechamiento agrícola los cultivos y una ganadería más intensiva se expandieron fuertemente, como había ocurrido en la región pampeana después de 1880, alterando por supuesto el ambiente natural pero sin mayores efectos negativos (la agricultura viene alterando el ambiente natural del planeta desde que se inventó hace diez mil años).

 El hecho de usar soja transgénica con siembra directa contribuye sustancialmente a aprovechar ese efecto benéfico del cambio climático en zonas templadas y frías (que se está registrando también en el Norte de EEUU, Canadá, Rusia y el norte de Europa), pues incorpora nutrientes al suelo anteriormente pobre, colonizándolo de manera sostenible para la agricultura de largo plazo. Este efecto se está dando también en los “maillines” o valles andinos de la Patagonia, con crecientes cultivos intensivos de frutas, viñedos y algunas hortalizas finas, así como mejor productividad para la ganadería en la meseta, sobre todo en la meseta patagónica norte aunque no tanto en la meseta patagónica sur que sigue siendo árida.

Es cierto, obviamente, que una hectárea de monte natural convertida a tierra de cultivo deja de ser una hectárea de monte natural. Ello no significa sin embargo que decrezca la biodiversidad de toda la región, ni que se produzca un daño ambiental importante. El monte natural sigue existiendo en otros lugares, vecinos o más lejanos, y las especies en general perduran. Obviamente hay menos biodiversidad en una determinada hectárea cuando ésta pasa de ser monte natural a ser cultivada, por ejemplo en la región chaqueña. Pero eso no significa menos biodiversidad de flora y fauna en la amplia región chaqueña que ocupa partes de Argentina, Bolivia, Paraguay y Brasil (aun cuando también en esos otros países la agricultura se está expandiendo en dicha región). Europa estaba cubierta de bosques naturales hasta el siglo XVIII, pero la revolución agrícola (e industrial, urbana y naviera) los redujo a menos de la décima parte; se puede viajar por ese continente sin tener que atravesar ninguna “selva oscura” como la que cruzaba Dante Alighieri al comienzo de la Divina Comedia; ya no hay muchos lobos en Europa fuera de los zoológicos y en zonas protegidas  específicas al norte del continente; por suerte, ya no merodean por las carreteras atacando viandantes ni se introducen en los pueblos para comerse las gallinas o los chanchos, o atacar a la gente; Caperucita Roja puede circular con tranquilidad en estos días.

Estos cambios históricos, por otro lado, son el resultado natural del progreso de la humanidad, y de la necesidad de alimentar una población creciente en el mundo resultante de los progresos económicos y médicos, aunque la población ya no crece tanto, y la ONU prevé que comience a decrecer en el mundo hacia 2060, y en A.Latina algo antes (2050), pues finalmente la natalidad ha bajado para ponerse a tono con la menor mortalidad. Se van encontrando alternativas para minimizar los daños al ambiente y mejorar la seguridad alimentaria del planeta (los cultivos transgénicos sobresalen entre esas alternativas, según la FAO) y seguramente se seguirán encontrando más en el futuro; volver a la caza y la recolección o a la agricultura del siglo XV, dejando los bosques para los lobos y para los bandidos (malos usualmente, o buenos como Robin Hood) no es factible y no es ético: implicaría anular todo el progreso económico y cultural de los últimos 500 años, y solo soportaría una vigésima parte de la población mundial actual.

En 1990, tras incursionar brevemente en la política y perder una elección en su país, Mario Vargas Llosa dijo: “El pueblo me ha mandado de vuelta a la literatura”. Sería bueno que Mempo Giardinelli tomara la misma sabia decisión.

El hombre de la bolsa

A comienzos de los años noventa Brasil, como la Argentina en 1989, había llegado al dramático límite final del sistema intervencionista de sustitución de importaciones iniciado después de la Segunda Guerra Mundial por el presidente Getúlio Vargas (como ocurrió paralelamente en la Argentina durante el gobierno de Perón). Hacia 1990-93 Brasil estaba sumido en una gigantesca hiperinflación, el país no tenía destino claro, y la pobreza era universal y rampante. “O Brasil é o pais do futuro, e sempre será” decían con amarga ironía los brasileños. 

En 1993 comenzó el cambio con el Plan Real implementado por el ministro de Hacienda Fernando Henrique Cardoso, lider del Partido Social Demócrata, quien al año siguiente fue elegido presidente. Estabilizó los precios, abrió la economía, desreguló amplios sectores de la vida económica, entró en un acuerdo de unión aduanera con la Argentina y otros países vecinos (el Mercosur, 1995), rebajó sustancialmente los aranceles aduaneros extra Mercosur, estableció una férrea disciplina fiscal y monetaria, y se dedicó sistemáticamente a integrarse al mundo de la globalización.  También estableció amplios programas sociales para reducir drásticamente la pobreza, como la Bolsa Escola (luego transformada en Bolsa Família), un subsidio a las madres con hijos a condición de que los chicos vayan a la escuela sin hacerse la rata, y sean controlados médicamente de acuerdo a las normas del Min. de Salud. También se reformó la Previsión Social asignando una jubilación universal (sin aportes) a las personas mayores de 70 años que no tuviesen una jubilación normal, lo cual tuvo un impacto enorme en la vasta población campesina y en los enormes bolsones de informalidad urbana.

En 2003 Cardoso cumplió sus dos mandatos y fue reemplazado por Lula, un lider sindical socialista de izquierda, quien en lugar de retornar al sistema estatista de los años cincuenta se dedicó a profundizar y ampliar las políticas socialdemócratas de Cardoso con un énfasis aun mayor en lo social. El programa Bolsa Família se amplió dramáticamente, y fue el principal instrumento para el objetivo “Hambre Cero” establecido por Lula como lo más importante de su mandato.  

Ahora, casi veinte años después, los resultados están a la vista. Brasil se ha convertido en una potencia mundial emergente, se desarrolla económica y socialmente sin parar, y –lo que es más importante– su nivel de pobreza ha bajado dramáticamente y en forma sostenida. Del 35% de 1992, la pobreza ha bajado a 6%. En las zonas rurales bajó desde más de 50% a alrededor de 12%, y en las zonas urbanas cayó de 17% a 4%, como lo muestra el gráfico siguiente, tomado de The Economist (http://www.economist.com/node/16690887/print) y basado en la encuesta nacional de hogares (PNAD) analizada por el IPEA (Instituto de Pesquisa Economica Aplicada).

POBREZA EXTREMA EN BRASIL

Pobreza en Brasil

Las cifras del gráfico se refieren a la línea de pobreza extrema (o indigencia) del Banco Mundial, que se usa en todo el mundo, equivalente a 1.25 dólares diarios por persona, calculados al tipo de cambio teórico de paridad de poder adquisitivo en dólares de 2005. La línea de pobreza (no extrema) del Banco Mundial es de 2.50 USD de paridad de poder adquisitivo por día, nivel bajo el cual vive el 10% de los brasileños (15% rural, 6% urbano). En la Argentina las cifras de pobreza medidas con el mismo rasero son tres o cuatro veces más altas (aunque no se conocen con exactitud porque el poco serio gobierno argentino se ha dedicado a ocultarlas mediante la falsificación de cifras en el INDEC).

La Argentina también estaba sumida en la hiperinflación alrededor de 1990, con su esquema de industrialización agotado y el país en un pantano sin salida. También la Argentina inició un camino similar al de Brasil con la convertibilidad de 1991. También entró en Mercosur. Sin embargo fracasó. Lo hizo por dos razones básicas: (1) en lugar de tener un régimen político serio y coherente, con un presidente íntegro e inteligente como Cardoso, en la Argentina el proceso fue liderado por un gobierno corrupto y delincuencial encabezado por una mente superficial y exitista como la del presidente Menem. (2) A partir de 1996 el gobierno argentino comenzó un proceso de expansión irrefrenable del gasto público, amplió enormemente el déficit fiscal y el endeudamiento público (que pasó de 90.000 millones en 1995 a 155.000 en 2000), y en lugar de tener continuidad política sufrió un gobierno sin coherencia ideológica que no corrigió esos defectos en 2000-2001. En Brasil flexibilizaron el Plan Real apartandose del cambio 1:1 en 1999, cosa que la Argentina pudo haber hecho exitosamente en 1996-98; como consecuencia los brasileños superaron rápidamente la recesión causada por las crisis asiática y rusa de 1998, mientras en cambio la Argentina entró en recesión crónica hasta que el sistema financiero y monetario argentino estalló en 2002 en una depresión gigantesca. Y lo que es peor, ese fracaso llevó a un retorno irresponsable a las políticas del pasado, las que habían conducido a la situación de 1989-90. El país se recuperó de la crisis en 2003-2007, usando capacidad ociosa y por los buenos precios internacionales, pero luego empezó a mostrar las limitaciones de su esquema con una inflación creciente, un retorno de la pobreza, una ausencia generalizada de inversiones, y una creciente evidencia de que sigue la corrupción sistémica en el Estado.

Ni el gobierno ni la oposición en la Argentina parecen haber entendido cómo es el mundo, y qué deben hacer los países emergentes para efectivamente emerger en lugar de seguir sumergidos. Brasil, Chile, Perú, Uruguay, Colombia, Costa Rica, Dominicana, México, cada uno con sus problemas y limitaciones, cada uno en su nivel (todos mucho más pobres que la Argentina hace 20 o 30 años) han emprendido el camino correcto y siguen en él. Brasil, Chile, Uruguay y Perú son probablemente los más claros ejemplos de que se puede, y de cómo hacerlo. En otros países como Colombia o México hay otros problemas enormes (narcotráfico, violencia) que siguen dificultando las cosas, pese a lo cual avanzan, sobre todo Colombia.

Cardoso y Lula, los hombres de la bolsa (de la Bolsa Escola y de la Bolsa Família), muestran como se pueden lograr efectos sostenidos y sostenibles aun en países con grandes bolsones de pobreza y atraso, como Brasil, con políticas de apertura al mundo y modernización de la economía (como las que Cardoso aplicó en los 90 y Lula continuó en la década siguiente). Aquí, en cambio, los hombres de la bolsa siguen siendo los políticos corruptos que solo piensan en llenar su propia bolsa, mientras el país sigue sin destino, dependiendo de los precios de los granos y no de su propio proceso de desarrollo sostenible. También hemos tenido “mujeres de la bolsa”, como una ministra de Economía que escondía bolsas con decenas de miles de dólares en el baño de su despacho, y “hombres de la valija”, que transportaban valijas con cientos de miles de dólares en aviones fletados por el Estado para negocios poco transparentes con el gobierno de Venezuela. 

Puede ser que algún día los argentinos sigan el consejo del Presidente Sáenz Peña al promulgar la ley del voto universal y secreto en 1912: sepa el pueblo votar.

El glifosato: absuelto de culpa y cargo

En mayo de 2009 saqué un artículo en este blog denunciando un artículo de Pagina 12 donde se propagandizaba un “estudio científico” (preparado en realidad por un científico que es funcionario del ministerio de Defensa en el gobierno Kirchner), el cual pretendía proclamar terribles efectos sobre la salud humana y la ecología causados por el glifosato, un herbicida que se usa en muchos cultivos pero principalmente en la soja (y donde la soja transgénica es precisamente resistente al glifosato, que así mata la maleza pero no daña el cultivo). El artículo y el subsiguiente debate, muy amplio y rico en ideas, se encuentra en http://blogsdelagente.com/duralex/2009/05/05/el-glifosato-y-reglas-la-ciencia/.

En aquella oportunidad, el CONICET repudió su presunto auspicio de dicho “estudio científico”, y le formó una comisión de ética al autor. Dicha comisión de ética, en lugar de pronunciarse, pidió que se forme una comisión científica para ver qué había de verdad en el asunto (esto fue una estupidez, porque hay innumerables estudios sobre el tema, y ese herbicida ha sido ya aprobado por la FAO, por los países más exigentes del mundo como los europeos, y por los servicios de sanidad vegetal de la Argentina).

Pues bien, la tal comisión se formó, y hace poco se ha expedido. Sus conclusiones son taxativas: ratifican la inocuidad del glifosato (por supuesto, si se lo usa en las dosis y formas adecuadas). Tiene 133 páginas y examina cuidadosamente toda la bibliografía científica existente. El texto se encuentra en el sitio web del Ministerio de Salud: http://www.msal.gov.ar/agroquimicos/pdf/INFORME-GLIFOSATO-2009-CONICET.pdf.

Ahora faltaría que la comisión de ética se vuelva a reunir y llegue a una conclusión sobre el comportamiento del investigador involucrado (Dr Andrés Carrasco), sobre todo al difundir con propósitos políticos un estudio que no demuestra lo que pretende demostrar, y que no fue publicado en revistas científicas con referato; por anunciarlo como auspiciado por el CONICET cuando no era así, y por proclamar que “la publicación en revistas científicas no hace falta, es una chicana”. La publicación de Pagina 12 movió a un grupo de “abogados ecologistas” a presentar un recurso judicial para que se prohiba el glifosato, lo cual hubiera causado un perjuicio de cientos o miles de millones de dólares a la economía nacional (por suerte la justicia no les llevó el apunte).

Yo no creo que se trate de un caso de fraude científico. El estudio probablemente es correcto en sí mismo (mostraba que algunos embriones de renacuajos, una vez bañados en cantidades enormes de glifosato, desarrollaban defectos genéticos, lo cual no es de extrañar dado el tratamiento al cual fueron expuestos). Lo incorrecto es la instrumentación política del estudio, su generalización a ámbitos que no tienen nada que ver (por ejemplo el daño a la salud humana por el uso normal en agricultura), y su desprecio por los protocolos prudenciales de la ciencia para la difusión de resultados que puedan tener relevancia para la salud o para la economía.

Esperemos que el Ministerio de Ciencia y Tecnología, encabezado por el Ministro Baranhao, y el CONICET que depende de dicho ministerio, den ahora los pasos faltantes para completar el proceso iniciado en 2009.

Cuanto cuesta una hamburguesa

YA ME PARECIA. Hace pocos dias coloque en el blog este articulo sobre el Big Mac, donde la Argentina aparecia muy abajo con un precio de 1.78 dolares por el sandwich. Pocos dias despues la revista corrigió el error: el precio es de 3.53 dolares, apenas por debajo del promedio norteamericano de 3.73. Por lo tanto he modificado el grafico y el texto del presente articulo.

Según la última medición del Big Mac Index de The Economist, en la Argentina el Big Mac cuesta 3.56 dolares (ver gráfico). En EEUU el precio promedio es 3.73 dólares. En la Argentina su precio está apenas un 4.6% por debajo del precio de referencia (que es el de EEUU). Esto significa que el poder adquisitivo del dólar en la Argentina (al tipo de cambio vigente) está prácticamente al nivel de la paridad de poder adquisitivo, como estaba en la década del noventa. De acuerdo al indicador Big Mac, ese sandwich sale prácticamente lo mismo aquí que en EEUU.

http://www.economist.com/research/articlesBySubject/displaystory.cfm?subjectid=7933596&story_id=16668710.

Esta es una medición gruesa del poder adquisitivo de la moneda, y permite estimar si está lejos o cerca del nivel teórico de paridad de poder adquisitivo (”purchasing power parity” o PPP). Generalmente se usa una canasta de bienes y servicios para determinar si en un país determinado la canasta cuesta menos o más (en dólares) que en el país de referencia (EEUU). A decir verdad, el cálculo suele hacerse con dos canastas: primero se calcula la relación de precios de una canasta típica de uno de los países, luego se repite el cálculo con una canasta típica del otro país (por ejemplo EEUU), y finalmente se saca un promedio de los dos resultados. En este caso The Economist usa una sola canasta, que encima está compuesta por un solo bien (el Big Mac), el cual tiene la ventaja de ser una mercadería estandarizada que es exactamente igual en todos los países.

El hecho de usar un solo bien no significa que se juegue todo al precio de ese artículo, el Big Mac. En realidad, el sandwich puede considerarse como una “canasta” compuesta por diferentes cantidades de distintos bienes y servicios utilizados en su producción y venta: carne, pan, lechuga, tomate, queso, electricidad, gas natural en la cocina, servicios de cocineros y otros empleados, alquiler del local, impuestos, y muchos más.  Hay un artículo de David Parsley y Shan-Jin Wei que analiza la composición de la “canasta Big Mac”: véase “A prism into PPP puzzles: The micro-foundations of Big Mac real exchange rates” (publicado en el Economic Journal en 2007, y disponible en una versión preliminar en http://nber15.nber.org/~wei/data/parsley&wei2003/Big%20Mac%2012-12-05.pdf. El precio del Big Mac depende, en buena medida, del precio de su “canasta de insumos” compuesta por ingredientes y servicios.

Ese artículo analiza en detalle las razones que explican las discrepancias entre precios del Big Mac en diferentes países, y que tienen que ver con barreras al comercio, manipulaciones cambiarias, fijaciones arbitrarias de precios por el Estado (por ejemplo los subsidios al combustible, el agua y la electricidad de que gozan las sucursales argentinas de McDonald’s), y otros factores.

El tipo de cambio nominal en la Argentina está ahora en 3.95 pesos por dólar. Según el resultado del cuadro, el tipo de cambio que tendría que haber para que el Big Mac tuviese en la Argentina el mismo precio en dólares que en EEUU es de 3.77 pesos por dólar. En otras palabras, el peso tiene un tipo de cambio que está muy cerca del tipo de cambio teórico PPP. De hecho, si el gobierno no saliera a comprar dólares para acumular reservas, el dólar probablemente bajaría su cotización de mercado, y en poco tiempo se situaría en ese nivel de paridad, o algo más abajo.

En Brasil, como se puede apreciar en el cuadro, el Big Mac sale 30% más caro  que en EEUU, lo cual indica que el Real debería valer menos de lo que vale para que el Big Mac valiese lo mismo en Brasil que en EEUU. Lo mismo, en menor medida, ocurre con el euro: está alrededor de un 15% más arriba de su valor PPP. En la Argentina, el proceso inflacionario y las acciones del Banco Central para sostener el valor del dólar (en vez de sostener el valor de la moneda nacional, como es su obligación) han llevado a que el nivel de precios en dólares en la Argentina esté ya prácticamente al nivel que estaba en la década del noventa, que es el nivel de paridad de poder adquisitivo.

Por supuesto, el índice Big Mac es solo una gruesa aproximación. Como dice la revista, el índice Big Mac se presenta como una metodología super-simplista, elaborada con un espíritu más bien humorístico, pero que a lo largo de los años se ha revelado como bastante buena para predecir la dirección de los futuros movimientos de las monedas, aunque no de modo exacto. Esto se cumple sobre todo para las monedas cuyo tipo de cambio flota libremente en el mercado. Según esa experiencia acumulada, el Real y el euro “deberían” depreciarse respecto al dólar, y la moneda argentina “debería” apreciarse alrededor de un 5%. La tendencia a la apreciación se manifiesta en que (si el Banco Central no comprase dólares en el mercado) el dolar se cotizaría un poco por debajo de su nivel actual. Un resultado de eso es que el Banco Central ha acumulado un adicional de alrededor de 5000 millones de dolares en sus reservas durante 2010, emitiendo igual cantidad de pesos (una parte pequeña fue “rescatada” o “esterilizada” emitiendo letras del Banco Central, o LEBAC, compradas principalmente por los bancos, pero el resto se suma a la circulación monetaria, se multiplica en el sistema bancario, y termina fogoneando la elevada inflación que el país padece. Aparte de esa emisión “cambiaria” el BCRA está incurriendo también en una emisión “fiscal” para cubrir el déficit del Tesoro (bajo la forma de “adelantos transitorios” y de “transferencias de utilidades del Banco Central”), lo cual aumenta proporcionalmente el efecto inflacionario. Recientemente también el Banco Central ha tomado medidas para incrementar el crédito al sector privado, lo cual equivale tambíén a más emisión.

Esa emisión, a su debido tiempo, aumentará la inflación y hará que el nivel de precios (y costos) de la Argentina resulten iguales o superiores a los de EEUU, y se acerquen también a los de Brasil y Europa. Es el resultado inevitable de una política que intenta mantener un “dólar competitivo”, es decir, un dólar artificialmente caro, cuando el mercado tiende a un más bajo valor real del dólar.  Esto muestra dos cosas: (1) que el tipo de cambio real no se puede controlar ni fijar: en una economía abierta el tipo de cambio real es un resultado endógeno de otras variables económicas; (2) que no se puede mantener por mucho tiempo un alto nivel de actividad económica en industrias no competitivas protegiéndolas con un dólar artificialmente alto. Eso puede servir por corto tiempo para reactivar la actividad económica, aunque sea con industrias no competitivas, después de una crisis como en 2002-2004. Pero no sirve para un proceso de desarrollo de mediano o largo plazo.

Esto debería servir como motivo de reflexión para algunos economistas que han proclamado las virtudes del tipo de cambio alto como estrategia de desarrollo. Era una estrategia factible (aunque nunca permanente) en épocas de economías más cerradas en las décadas del cuarenta al sesenta, pero desde los años setenta los flujos monetarios y financieros internacionales tendieron a abrirse como resultado de la globalización, y actualmente ya no es posible. Solo pueden desarrollarse, en el mediano y largo plazo, las actividades que sean competitivas a un tipo de cambio de paridad de poder adquisitivo. El complejo agroindustrial argentino tiene esas características. Algunos otros sectores pueden subsistir igual debido a regímenes especiales, como los automotores (aunque esa industria en la Argentina es cada vez más una mera ensambladora de autopartes importadas). Otras muchas industrias solo pueden llegar a formar parte del esquema si se modernizan y se vuelven competitivas. No todas lo lograrán, y por eso los países tienden a especializarse más en unas industrias que en otras.

Pruebas de esfuerzo

El Comité de Supervisión de Entidades Financieras de la Unión Europea, como ya lo había hecho anteriormente la Reserva Federal de EEUU, sometió a los bancos de Europa a unas “pruebas de esfuerzo” (stress tests) para verificar si podrían soportar un shock financiero inesperado. El resultado fue muy positivo, ya que solo siete bancos no pasaron la prueba, entre los 91 que fueron sometidos a examen.

Los siete bancos en riesgo de quebrar en una futura crisis son principalmente cinco entidades financieras menores de España (Diada, Espiga, Banca Cívica, Unnim y Cajasur) así como un banco hipotecario alemán (Hypo Real Estate) y uno griego (ATEbank).

Entre los siete necesitan tres mil quinientos millones de euros para recapitalizarse.

Si alguno de ellos no consigue capital fresco para salir de su dificultosa situación, tendrán que cerrar o ser vendidos a otros bancos más sólidos.

Por supuesto estas pruebas no garantizan nada: en una crisis suficientemente fuerte puede quebrar hasta el más pintado. Pero al menos esto tendería a reforzar la situación de los bancos más débiles, y prevenir así una posible reacción en cadena tipo dominó.

Sin embargo, muchas entidades privadas de evaluación de riesgos se quejan de que las pruebas no fueron suficientemente severas. Lamentablemente, y a diferencia de lo ocurrido en EEUU, el Comité no dio a conocer claramente las reglas y criterios con que realizó la simulación. Ya muchos están diciendo que si los criterios fueran un poco más rigurosos o exigentes, el número de bancos en problemas sería más elevado. Sorprende, por ejemplo, que sólo un banco griego necesite capital adicional, cuando el sistema económico-financiero helénico está muy afectado por el posible default de la deuda pública y la fragilidad de las finanzas estatales de Grecia, aparte de otros factores como la elevada exposición a hipotecas de alto riesgo.

El test más importante asumía que la crisis reciente (2009) se repitiera en los próximos dos años, es decir que se interrumpa la recuperación ya iniciada y aparezca una segunda recesión. Los bancos que no fueron aprobados resultaban tener un ratio muy bajo de capital sobre depósitos en el caso de una crisis. Ese ratio tiene que ser obligatoriamente superior a 4%, pero en la prueba de esfuerzo se exigió un mínimo de 6%, y esos siete bancos no llegaban en caso de sufrir una crisis (suponiendo cierto grado de retiro de depósitos y un cierto porcentaje de créditos que entrarían en mora como consecuencia de esa eventual recesión).

En España se examinó a 27 bancos, de los cuales 22 pasaron la prueba. Los cinco desaprobados son bancos regionales de ahorro y préstamo, manejados en general con criterio “social”, y que por lo tanto estaban en una posición más débil. La mayor parte de los bancos españoles, y particularmente todos los bancos de alcance nacional, pasaron airosamente la prueba, lo cual confirma que el sistema bancario español es bastante sólido. En años anteriores la regulación financiera española estableció normas muy severas para los bancos en materia de capital y liquidez, por lo cual estos resultados eran esperados. En el caso alemán se trata de un banco especializado en el sector inmobiliario que fue muy golpeado por la crisis hipotecaria.

Los resultados muestran que el problema de Grecia o España no está en sus bancos, sino en el Estado que gasta demasiado y por ello incurre en un endeudamiento creciente y excesivo.

ADICIONAL:

El 26 de julio, J.P.Morgan dio a conocer su propia “prueba de esfuerzo” de los bancos europeos, al parecer más exigente que la oficial. El resultado: más de 50 bancos en problemas, en vez de siete. Y el capital adicional necesario ya no sería 3500 millones de euros sino entre 25000 y 30000 millones. Esto refuerza las sospechas de que las pruebas de esfuerzo de los supervisores europeos fueron demasiado poco exigentes.

In memoriam del Fondo del Fondo

En la última reunión del grupo de los Ocho (que precedió a la reunión del Grupo de los Veinte) los países más desarrollados no se pusieron de acuerdo en la imposición de un impuesto a los bancos para crear el Fondo sugerido por el Fondo Monetario Internacional, es decir un fondo de reserva para auxiliar a bancos en problemas y evitar futuros colapsos financieros en cadena. Así que la idea del FMI por el momento se ha archivado.

Los países europeos, entretanto, están ajustando sus presupuestos, impulsados por Alemania, que es la que en definitiva paga para cubrir los desbalances de los países del Sur europeo como Grecia, España, Italia, etc., cuando los persistentes déficit debilitan sus economías.

Esta postura posiblemente retrase la recuperación del PBI en Europa, mientras los estímulos fiscales la aceleran en EEUU y China. Resta la duda sobre lo que pasará en el futuro. EEUU ha acumulado una enorme deuda pública adicional para cubrir sus ingentes déficits actuales (el creado por Bush para financiar sus guerras, y el adicional creado por el propio Bush al final de su mandato y luego ampliado por Obama, para combatir la crisis financiera), y el pago de esa deuda va a retrasar su crecimiento en años venideros.

El déficit americano, entretanto, es financiado principalmente por China, que invierte sus cuantiosas reservas monetarias en bonos del tesoro norteamericano, lo cual convierte a la República Popular en el principal acreedor del gobierno norteamericano.

Si efectivamente Europa logra recortar drásticamente sus déficits, es posible que a la larga se beneficie aunque ahora el sufrimiento sea mayor.  También queda por ver si se harán realmente los recortes: España los está haciendo, lo mismo que Grecia, porque no le queda otro remedio, y aun así su aceptación política les resulta difícil a ambos gobiernos (que son socialistas). En Francia no quieren ni oir hablar de ajuste presupuestario, y tampoco en Italia. Pero es posible que les llegará también el momento de hacerlo. El euro no puede sobrevivir sin austeridad fiscal (lo mismo le pasó a la convertibilidad argentina), y sin el euro peligra también la propia Unión Europea. Antes que eso suceda, probablemente los países irán aceptando poco a poco el mal sabor de la purga.

El Fondo del Fondo

El Fondo Monetario Internacional ha anunciado que propondrá la aplicación de un impuesto a los bancos y entidades financieras de todos los países, con el fin de constituir un fondo, que estará destinado a cubrir los rescates bancarios en caso de colapsos financieros, que hasta ahora eran sostenidos por los contribuyentes de cada país en forma separada. Algunos países ponen más plata para ello, otros ponen menos, pero hay consenso en que cuando algún banco importante puede quebrar, se puede producir un efecto dominó que precipite una crisis financiera general, sea nacional o internacional. El Fondo del Fondo sería un fondo para enfrentar colapsos financieros.

¿Por qué no es el propio FMI quien se hace cargo de esa tarea? Porque el FMI tiene como misión ayudar a los bancos centrales cuando tienen problemas de balanza de pagos, es decir cuando incurren en excesivo déficit externo y/o excesivo déficit fiscal, y luego no tienen quien les preste la diferencia en forma voluntaria. En esos casos el FMI es un prestamista de última instancia para los bancos centrales, pero como condición para recibir esa ayuda los gobiernos se comprometen a adoptar políticas correctivas, que tiendan a eliminar el desbalance: reducir el gasto público o mejorar la recaudación en lo que se refiere al déficit fiscal, o provocar una depreciación de la moneda nacional para corregir el desbalance del comercio exterior. Claro que en esta época globalizada con el comercio exterior no alcanza: los dólares pueden dejar el país de muchas otras maneras, además de la importación, y pueden llegar al país también en forma directa, aun sin suficientes exportaciones. Una versión aggiornada de las políticas correctivas debe incluir la generación de instituciones sólidas que impidan la fuga de capitales y más bien los atraigan hacia el país.

Así que el Fondo Monetario ya tiene bastante con esa responsabilidad, y por eso busca crear un fondo separado para los bancos. No se han anunciado los detalles, y no se sabe si la iniciativa prosperará, pero hay varias reflexiones que se pueden ir haciendo:

1. El impuesto no puede ser parejo, porque destruiría el incentivo para que los bancos se manejen prudentemente. Un banco prudente, con buenas relaciones entre su capital y sus pasivos, sin deudas incobrables, y con una sólida macroeconomía detrás, debería pagar menos que un banco con las características opuestas, igual que los malos conductores pagan más caro el seguro de su automóvil. Pero esto puede ser un poco injusto: los bancos de países en desarrollo casi en todos los casos tendrían que pagar un porcentaje de impuesto superior al de los bancos del Primer Mundo (aunque el monto sea más pequeño, el porcentaje sería mayor).

2. Por más que el impuesto se aplique a los bancos, los que terminarán pagándolo son los clientes de los bancos, bajo la forma de mayores comisiones o intereses. El impuesto aumentará el costo del crédito y bajaría la tasa de interés que se les paga a los depositantes (y ello se notaría más en el Tercer Mundo que en el Primero, como decíamos en el punto anterior). No parece una idea tan brillante desde este punto de vista.

3. El impuesto tiene que implementarse en todos los países. Si algún país se niega (digamos Luxemburgo, Suiza o Uruguay), podría cobrar menores tasas por sus préstamos, y pagarle más a sus depositantes. No gozaría de las ventajas del Fondo del Fondo, pero a muchos no les importará: los bancos de Luxemburgo, Suiza o Uruguay no suelen sufrir colapsos ni quiebras. Ahora bien, si así fuera, muchos fondos que ahora están en bancos de EEUU, Argentina, Alemania o Brasil terminarán en Luxemburgo y otros países similares, no adheridos al impuesto, lo cual incentivará a los otros países a repensar su adhesión al mismo.

4. Un fondo de este tipo no tiene que ser para el “rescate de bancos” sino principalmente para la protección de los depositantes y para la estabilidad del sistema financiero. Si un banco quiebra, salvarlo es una mala señal: alienta a que los otros bancos adopten conductas imprudentes, pues al Fondo los rescatará. Si un banco queda en situación estructural de insolvencia, sus propietarios deben perder su capital, y si es posible sus activos y pasivos deben ser comprados por algún otro banco más sólido, protegiendo a los depositantes pero sin proteger a los banqueros que llevaron el banco a la quiebra. Esto es fácil de decir pero difícil de implementar: lo más probable es que empiecen a surgir excepciones (bancos “demasiado importantes” a los cuales los gobiernos quieren “salvar”, aunque el costo sea enorme. Todos estos problemas indican que la mera existencia del Fondo, salvo que esté muy bien diseñado en su reglamento, crea un “peligro moral” (moral hazard), creando un incentivo para la mala conducta de todos los bancos.

De todas maneras, algo parecido a esto deberá ser creado, para evitar que se repita la peligrosa situación de 2008-2009, que ha terminado costando trillones a los contribuyentes y ha dejado al Tesoro de EEUU endeudado hasta las orejas.

Aparte de esos detalles, el principal aspecto a señalar es que la iniciativa apunta a crear otra instancia supranacional, que resultaría obligatoria o casi obligatoria para los países, y cuyas reglas prevalecerían sobre la variedad de normas nacionales existentes. Junto con las reglas acordadas por los bancos centrales en Basilea, las reglas comerciales de la OMC, el monitoreo del FMI, y otras instituciones semejantes, el Fondo del Fondo es otra manifestación de la globalización. En esta etapa histórica, la soberanía nacional le queda chica al capitalismo, que ya necesita normas jurídicas de carácter planetario. Las soberanías nacionales se están convirtiendo en un estorbo, como lo eran en el siglo 18 y 19 los múltiples señoríos feudales que mantenían dividida a Europa en una enorme cantidad de micro-estados, de los cuales solo sobreviven algunos meramente simbólicos como Luxemburgo, Mónaco o Andorra, todos los cuales se han convertido en paraísos fiscales y bancarios. El viento de la globalización no está borrando las fronteras, pero está moviendo a todos los países hacia un conjunto universal de reglas, lo cual implica un auto-cercenamiento de facto de la soberanía nacional, un concepto creado en la Edad Moderna en el contexto del surgimiento del capitalismo, pero que ya está siendo superado por los acontecimientos.