¿Qué hay de la Ley de Prevención de Adicciones?
Una de las muchas cosas que deberá hacer el Congreso Nacional en el 2010 es Reglamentar la Ley de Prevención presentada por la Comisión de Justicia y Paz del Episcopado Nacional y preparada por el grupo que coordinó el Obispo Casaretto. Ya que la letra no sirve más que como marco de acciones posibles habrá que planear la adhesión a la Ley por parte de los Congresos Provinciales del país. Capacitar a los capacitadores de los docentes en el tema. Actuar de acuerdo a una POLITICA DE ESTADO. Disponer de los fondos que apoyen la realización del proyecto que debería ser coordinado por el Ministerio de Educación de la Nación convocando a las ONGs que se hayan especializado en el tema a formar parte del proyecto.
Uno de los aspectos de la planificación necesaria deberá contemplar la expectativa o perfil a lograr por parte del docente o profesional preventor que se capacita. Esto es lo que permitirá diseñar los cursos, talleres y seminarios que cumplan esa función. Se debe contar con un mecanismo de evaluación del nivel efectivamente alcanzado por el docente en formación. Demasiado tiempo se ha perdido ya en la utilización de personas que creen saber del tema. Son aquellas que empiezan por dividir la cuestión en sus aspectos parciales. Terminan asignando un aspecto a la Biología, otro a las Ciencias Sociales, otro más a la Historia…
Lo que necesitamos es una construcción integral del problema adictivo que encare los aspectos de afectación de un organismo biológico, que sepa de los aspectos psicológicos involucrados, que incluya la dimensión social en cuanto a estratificación y a marginación, social y que no excluya los aspectos espirituales. Estos acercan a mucha gente a dedicarse al tema, y permiten a muchos pacientes encarar la recuperación.
No estaría de más ponerse de acuerdo en una definición integral del tema adicciones. También resulta conveniente desestimar las expectativas de que las acciones de capacitación deben dar conocimientos sobre los tipos de drogas, sus características y clasificación. También tenemos una colección de años perdidos en esa dirección.
Ya que diversas organizaciones han hecho posible la aprobación de esta Ley, es hora de efectivizar su aplicación. De no ser así ocurrirá lo mismo que se observa en la CABA que cuenta con una Ley de Prevención y Tratamiento de las Adicciones (1418) que nunca fue reglamentada ni considerada seriamente. Entre otras decisiones que restringen el desarrollo de una política integral, el Gobierno de la Ciudad ha limitado las acciones vinculadas a las adicciones a una Dirección General del Ministerio de Desarrollo Social y guarda respecto al tema un inquietante y tal vez excesivo silencio. No parece avanzarse en el tratamiento de los afectados al paco, ni en acciones de prevención de largo alcance. Podría en cambio no desaprovecharse la Ley Nacional para adherirse a ella y participar con un modelo intersectorial que incluya a Desarrollo Social, pero también a Salud y a Educación en un enfoque global eficaz.
De lo contrario los Hospitales seguirán sin suficientes centros de Toxicología, no proveerán camas para pacientes que podrían estar internados brevemente y se seguirá marginando a los marginados, de las prestaciones a que tienen derecho.
El modelo que comentamos no es una ocurrencia sino el producto de la observación
de lo que se ha encuentra en diversos países del mundo mejor preparados que el nuestro. Estos incluyen a los del Primer Mundo –en especial Italia y España- pero también a Méjico que ha creado una red completa y abarcativa en base a sus Centros de Integración Juvenil.
Supimos formar a la mayor parte de los responsables de las Políticas de Drogas de Latinoamérica, tarea realizada en las décadas del 70 y el 80. Hoy no somos referencia en términos de liderazgo. Nuestra propia y complicada situación parece condenarnos a mirarnos el ombligo, mientras los demás países avanzan en medidas preventivas y terapéuticas de dimensión nacional. Hemos perdido o debilitado la conciencia social respecto al tema. Nos deslumbra la farandulización de la cultura y no queda espacio para las preocupaciones auténticas.
Creo que algo de esto motiva a quienes han sido convocados por el Episcopado Nacional a desarrollar una canalización efectiva de esfuerzos. El llamado coincide con el esfuerzo de los Curas Villeros que liderados por el Padre José di Paola reclaman una respuesta conjunta a nuestra sociedad.
Dr. Wilbur Ricardo Grimson
