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La droga y las adicciones como agravantes de la inseguridad

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Seminario de Actualización de Políticas Públicas

Martes 24 de agosto de 2010

“La droga y las adicciones como agravantes de la inseguridad”

Por: José María Di Paola; Wilbur Grimson; Eduardo Kalina

Coordinación: Carlos Brown

Carlos Brown:

Hoy, tenemos nuestra cuarta charla sobre seguridad, porque éste es el mes de la seguridad ciudadana. En este caso, nos toca un tema realmente complejo y difícil, que es “la droga y las adicciones como agravantes de la inseguridad”.

Ustedes saben que, hoy en día, uno de los temas más complejos vinculados con la inseguridad es precisamente el tema de la droga y la influencia que ésta tiene.

Hoy, estamos con el Padre José María Di Paola, Coordinador del Equipo de Sacerdotes de Villas de Emergencia y es el párroco de la Iglesia de Caacupé donde promueve el programa de recuperación de la adicción a las drogas “Hogar de Cristo”.

Dr. Wilbur Grimson, médico y psiquiatra; Ministro de Salud Pública en 1968; Director de Epidemiología del INS Mental y jefe de Asistencia Psiquiátrica; docente del postgrado “Prevención del uso indebido de drogas” desde 1985; ocupó el cargo de Secretario de Estado de Drogas en el periodo 2002-2004. Además, es autor de diversos libros vinculados al estudio y tratamiento de las adicciones.

Dr. Eduardo Kalina, médico, especialista en psiquiatría; autor de diversos libros sobre las adicciones; desde 1968, dirige el “Equipo de Tratamiento de Abordaje Múltiple en Psiquiatría” centrado en el tratamiento de adictos. Con este equipo, creó y desarrolló la figura auxiliar del “Acompañante terapéutico”. Fue distinguido como Pionero en la Psiquiatría de las Adicciones en el III Congreso Iberoamericano de Trastornos Adictivos. Recibió el Premio Giovanni Falcone por su destacada actuación en la Prevención de la Drogadicción y Lucha contra el Narcotráfico otorgado por el Gobierno de la Provincia de Buenos Aires.

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Eduardo Kalina:

En estos veinte minutos, les voy a plantear diferentes etapas. En este momento, en el mundo, predomina una modalidad o doctrina altamente monetarista, capitalista, que se fue imponiendo carente de todo tipo de valores morales, éticos, intelectuales, espirituales, etcétera. Esto ha traído, con los años, una serie de cambios en la cultura. Hemos llegado a una situación en la que nos costaba entender la pirámide social, nos resistíamos a que esto fuera así. Esto no quiere decir que uno está del otro lado, no hagamos maniqueísmo. Yo no soy comunista, nunca lo fui ni tengo nada que ver con alguna posición de esa índole.   Pero, en nuestras adolescencias, había místicas, ideas sociales, el socialismo estaba de moda e, inclusive, en la derecha, estaba la democracia social de Adenauer. Es decir, había valores de otra índole que, poco a poco, fueron desapareciendo.

Y en este momento, los valores principales son el poder y el dinero.  Constantemente digo que, si Don Francisco de Quevedo y Villegas estuviera vivo, se quedaría asombrado de lo que él dijo a fines de 1600 -él vivió de 1645 a 1700 aproximadamente-: “Poderoso caballero, don dinero.” En esta época, el valor supremo es absolutamente material. Y el corolario que se vive es “la Vida no vale nada”. Hay un desprecio a la Vida, y hablo de la Vida con mayúscula. Es decir, no sólo la vida de los seres humanos, sino la vida de los animales, del aire, del mar, de la tierra. Se ha perdido todo eso y asistimos a debacles monumentales.

La gente se asombra de cómo los jóvenes nos dan una respuesta siniestra al despreciar totalmente su vida. Cada día, leemos muertes insólitas, que muestran el desprecio total por la vida. Y en este panorama general, en donde el programa de Tinelli es el centro de la cultura argentina, el centro de atracción de la gente, una niña que aparece por ahí en unas pocas semanas es una ídola nacional, éste es un fenómeno que tiene que llamarnos mucho la atención.   En este complejo fenómeno, hay un pequeño gran grupo de empresas multinacionales que gobiernan el mundo. Hace muchos años que insisto en todos mis libros en que no hay que hablar más del narcotráfico, que es un pequeño episodio, sino de narco-comercio. Las grandes empresas de narco-comercio son las mismas o están íntimamente ligadas a las empresas del armamentismo y están en las principales capitales del mundo. Glenny, en su libro McMafia, dice con toda claridad: “El 20% de la economía del mundo está en manos de mafias.”   Y eso fue hace dos o tres años, no sé si será mayor la estadística actual.

Las drogas, que se conocen desde tiempos milenarios, pasaron a tener un significado absolutamente diferente. Les podría hacer una historia de cómo se generó este fenómeno de la interacción con la sociedad y cómo las mafias vieron el negocio y entraron especialmente por la presión de las nuevas generaciones.  Si ustedes miran la película “Don Corlione”, lo van a ver muy claro: las viejas generaciones mafiosas no querían esto; las nuevas vieron el mercado, vieron el clima que había, lo captaron muy bien y empezaron a trabajar nuevos productos, desarrollaron marketing, desarrollaron lo que hoy en día se llama narcociencia. Ahora, acabamos de ver la nueva dimensión, que es la narco-internet a través del blog de los mafiosos de México, que tiene una atracción impresionante.  De este modo, se van produciendo fenómenos sociales asombrosos y la sociedad no logra entenderlos. Pretenden entenderlos en términos económicos o comerciales. Surgen voces, como la reciente del ex-presidente Fox de México, a mí entender una de las personas menos inteligentes que he conocido en mi vida, que con su falta de inteligencia e ilustración ha dicho que hay que legalizar todo.  Así, los gobiernos van a controlar el negocio. ¡Cómo si toda esta gente que tiene este negocio tan fantástico no va a saber inmediatamente cómo encolumnarse en la legalización!  Además, estaríamos permitiendo que legalmente se venda droga a chicos de 14, 13, 10 u 8 años. Pronto va a ser obligatorio en el jardín de infantes. En vez de un vaso de leche, van a inventar que hay que enseñarles a fumar marihuana.  Algunos recordarán el programa en que yo estuve, donde Escohotado contó que él esperaba que su hijo cumpla 18 años para enseñarle a fumar marihuana, como una de las cosas importantes de la vida. En realidad, es un instrumento de envejecimiento cerebral, que daña el hipocampo donde está la memoria, y está cargado de cancerígenos al igual que el tabaco. Es un tabaco que, en vez de nicotina, tiene otros cannabinoides, pero tiene todos los componentes cancerígenos que se imaginen.   Y por otro lado, tenemos a los políticos, a la ley y a la gente, que no logran entender que éste es un fenómeno del orden de la psicosis. Es un fenómeno que tiene otros lenguajes, otros códigos. Por ejemplo, el gobierno actual dice “vamos a ofrecer tratamientos, curas, y a abrir lugares”, ¿si ninguno quiere curarse? Cuando un adicto va al tratamiento y dice “vengo a curarme”, quiere decir “vengo a perfeccionarme”. Es otro código. Uno puede estar usando las mismas palabras y tener otro significado. Nosotros los sabemos, por ejemplo, por los psicóticos. Las personas que tienen esquizofrenia hablan en otro código, las palabras carecen de valor simbólico, muchas veces tienen valor concreto. Es muy difícil explicar esto en tan poco tiempo, pero es otro lenguaje. Hablan con las mismas palabras, pero con otro lenguaje. Entonces, la gente no logra entender.  Pocas veces los políticos convocan a los científicos. Por ejemplo, en este gobierno, hay un conjunto de asesores, de los cuales ninguno es investigador en drogas. Esto pasa en el mundo entero. Toman medidas erradas, porque no lo entienden. Entonces, ¿qué pasó? Las drogas fueron entrando y, especialmente, hay una que es un fenómeno que va más allá de las palabras. Es como el concepto de depresión, el concepto de Dios, conceptos en los que las palabras son muy limitadas para expresar lo que quieren decir.

La cocaína produce una transformación en la personalidad absolutamente asombrosa. Es una droga que tiene trampas por todos lados. Es la única que puede matar cualquier vez que se use, porque es un poderoso vasoconstrictor y puede provocar infartos del cerebro, del corazón, del pulmón, del hígado. Es una droga que tiene un atractivo muy grande porque la persona encuentra allí una llave al más allá, una llave a las funciones más primarias que tiene el ser humano. Nosotros tenemos, en nuestro cerebro, un cerebro viejo que es como el de los animales. A medida que fuimos desarrollándonos, fuimos progresando del hombre de Netherland al Homo Sapiens. Se nos desarrolló el frontal, que se llama lóbulo de la civilización y ocupa dos tercios del cerebro, y tenemos 18 mm. que nos separan del chimpancé. Allí, está la posibilidad de tener pensamiento abstracto, pensamiento espiritual, la voluntad, la posibilidad de pensar en las consecuencias de nuestros actos, de poner freno a los impulsos y a la motricidad.  Y la cocaína tiene la virtud de que provoca microinfartos en esa región y va convirtiendo, especialmente a los “chicos del paco”, en chimpancés -pero sin la gracia del chimpancé-. Estos chicos pierden la noción del otro, la noción de la existencia, del ser. Van por la calle, ven a una señora con una cartera y se la arrancan, o le pegan un tiro y se la llevan. No tienen ningún sentido de quién es ella. Y ese ejemplo que ha salido en los diarios de ese chico que le dio una golpiza brutal a una médica o los fenómenos que vamos viendo son parte de eso.  José María Di Paola lo ve mucho más que yo, pero yo he visto gente que no se puede creer las cosas que hacen bajo cocaína.

Siempre digo que lean “El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde” de Stevenson, que fue un usador de cocaína -murió muy joven-, que cuenta sobre ese personaje que se libera, el personaje primario, que hace toda clase de desastres y va fascinando la vida del Dr. Jekyll. Es un escritor, sólo un ser con esa capacidad de usar la palabra, con esa riqueza, puede describir lo que le pasa con la cocaína.  La cocaína es una droga que no debiéramos permitir que nadie la pruebe jamás.  Deberíamos educar a los chicos casi desde el nacimiento. Es una droga de una perversidad total. Por ejemplo, activa el funcionamiento simpático, activa el funcionamiento cardíaco y provoca vasoconstricción en las arterias. Es decir, el corazón se fuerza a trabajar y va desgastándose y dañándose. En nuestro país, en este presentismo absoluto en que se vive, en este desprecio por la vida, hacemos la vista gorda. En los próximos años, los costos de salud pública van a ser monstruosos. La cardiología de la cocaína es una nueva disciplina, que es siniestra.

Yo tengo más de 300 casos estudiados con dos cardiólogos, con estudios muy selectos, que muestran que chicos de 15/17 años tienen hipertensión, arritmia, daños y complicaciones que en los próximos años van a ser siniestros. Pero la persona que consume droga no ve todo eso. En la medida que va perdiendo los frenos, el fenómeno de la violencia, de la delincuencia, se va acrecentando, especialmente en un medio donde no hay sanciones. Hemos tenido y tenemos cerebros muy ilustres entre los que establecen las leyes, especialmente me refiero a los jueces, que han inventado una serie de argumentos. Pero, para mí, todo lo que ha ocurrido en los últimos años -especialmente en este último año y pico- es absolutamente desastroso. La despenalización es la medida más absurda que se puede tomar. Nosotros hemos tomado el modelo de México. Piensen que, a personas que han perdido los límites, los frenos, la noción del yo y del otro, les damos leyes que les permiten usar sustancias que vuelven a las personas sin límites de ninguna naturaleza. Desde los Diez Mandamientos, recuerden la sabiduría que ha significado el “no, no, no”. El primero es “no matar”. En la Argentina, no hay ningún problema para matar, se puede matar tranquilamente. El problema del precio de la droga es un problema que no existe más. El que no tiene plata roba, mata y la consigue. Es decir, de esta forma, a personas que tienen una severa patología respecto de los límites les damos un clima sin leyes y sin normas. No hemos ni siquiera aprovechado la sabiduría de los dictámenes de los Diez Mandamientos.  Estamos queriendo resolver y canalizar esto, dándole valor legal. Sólo donde se impusieron límites estrictísimos, se pudo dominar el fenómeno de la inseguridad.

Yo desconozco lo que fue en Estados Unidos la teoría de la tolerancia cero de Giuliani, no tenemos porque abocarnos a eso. Pero vengo de observar lo que pasó en Suecia, en Suiza, en todos los lugares donde dieron libertad, y ahora están volviendo atrás porque es incontrolable. Desgraciadamente, sólo leyes rigurosas y control feroz es lo que nos permite dominar el fenómeno y, luego, trabajar sobre los factores sociales, económicos, morales, etcétera. Pero la única forma de parar esto es con una enorme severidad en las leyes. Cuando uno llega a Singapur, un país chico con una economía increíblemente más poderosa que la nuestra, le dicen “la introducción de drogas aquí se paga con la pena capital”. Y hay que hacerse cargo. Les aseguro que uno puede caminar de noche en un país donde no conoce a nadie, hablan idiomas rarísimos y hay gente de lo más extraña. Y si alguien le hace algo a otro, las sanciones que tiene no se las olvida jamás. La gente aprendió que nadie molesta al otro. Es un placer humano.

Entonces, si miramos el tabaquismo, podemos ver que se ha controlado bastante con reglas y restricciones. Sin embargo, la droga no. Esto se tiene que acompañar con un tremendo plan educacional, con una concientización de la población, con un gran cambio, por la inseguridad que significa este negocio siniestro. Piensen que uno de los mafiosos más poderosos de México se presenta y dice que él quiere gobernar. Le dice al presidente que lo aprecia, que lo respeta, que quiere gobernar, ayudar a la sociedad y que la sociedad los quiere, que a los únicos que no quieren es a la policía porque los trata mal. Y este hombre siniestro decide que tiene derecho de vida y muerte sobre todos los demás. Si algunos no le gustan, manda a cortar cinco cabezas. Hay una fiesta y, en medio de la fiesta, echan cinco cabezas a rodar. Piensen la perversión que significa que el zar de la lucha anti-drogas de México recibía 450.000 dólares mensuales de cometa por hacer el doble juego.

Así, se pervierten todos los valores. Entonces, la despenalización en México, que fue la liberación del narco-menudeo -como lo llaman ellos-, significó exclusivamente la liberación del comercio minorista. Y acá, desde que se votó la ley hasta ahora, se ha incrementado la droga en un nivel importante. Nosotros, que estamos con los chicos, vemos que ellos entendieron esto como un “viva la pepa”. Los conocimientos científicos que se han incrementado -yo he estado este año en dos o tres congresos mundiales, como el de Hong Kong- van descubriendo la malignidad del efecto que la marihuana va generando en el cerebro a través del tiempo, el envejecimiento precoz de los cerebros. La definición de Hayman y Nefter, dos científicos de primera línea en adicción, es “el consumo compulsivo de sustancias que no tienen ninguna utilidad para la salud y se consumen a pesar de que hacen daño (tabaco, cocaína)”. Algunas, como la marihuana, tienen algunos componentes que pueden ser usados médicamente, pero no son demasiado importantes. En Estados Unidos, ya está el Drogarinol, con la marca Marinol, que sirve para la nausea y los vómitos. Es de segunda utilidad. Pero a nadie le preocupa eso, lo que todos quieren es fumar, porque ahí están los alucinógenos y está la droga de la estupidización. No se olviden que uno de los más severos líderes de la derecha americana, Barry M. Goldwater, candidato a vicepresidente con Nixon, en 1971 dijo: “Hay que legalizar la marihuana -en 1971- porque es el gran tranquilizador de la juventud norteamericana.” Es una droga interesante para mantener a mucha gente estupidizada. La palabra “estupefaciente” tiene la misma raíz etimológica que “estúpidos”. En medicina, no podemos decir estúpidos pero decimos estuporosos.

Entonces, todas estas sustancias están al servicio de mantener estupidizada a la gente, esclavizada -porque la palabra “adicto” viene del latín adictum, que es una persona que no podía pagar una deuda, entregaba su vida y era vendido como esclavo, perdía su libertad-. La gente que entra en la droga pierde su libertad. Curarlos es ayudarlos a recuperar su libertad y que puedan cuidarla. Es un acto de amor humano. Entonces, entiendan que todo lo que significa permisividad, liberación, es absolutamente inadecuado. Lo que necesitamos es educación, investigación científica, tratamientos, leyes sumamente restrictivas. Lo otro es absolutamente innecesario para la cultura humana y para la vida. Es parte de una tragedia que vivimos y la inseguridad está directamente ligada. En las experiencias mundiales donde se puso freno a esto, se acabó la inseguridad. Las leyes de venta o los problemas comerciales son otra cosa, las dejamos de lado. Pero, desde el punto de vista neurobiológico, que es lo que nosotros estudiamos, investigamos y conocemos, son sustancias siniestras que limitan, dañan o acaban con la vida humana.

Todos tendríamos que ser muy concientes de que hay que hacer un trabajo en todos los estratos de la sociedad para poner un freno a esto y planes a diez, quince o treinta años en un mundo absolutamente presentista donde la vida no vale nada y con el futuro no se sabe lo que va a pasar. Los chicos entran en eso con una facilidad extraordinaria porque no se les ha dado ningún estímulo de nada. ¿A dónde van? ¿Qué van a hacer? En la Argentina, hay un millón de chicos que no estudian, ni trabajan, ni hacen nada. Así que piensen lo que eso significa.

Y luego, van a escuchar al Padre José María Di Paola que va a explicar la utilización que se ha hecho de los chicos más desfavorecidos, como son los chicos pobres de las villas.

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Wilbur Grimson:

Muchas gracias. Es un honor compartir esta oportunidad aquí, que nos sirve para recargar las pilas porque, en un mundo que avanza hacia un consumismo irrestricto, los dictums de la prevención parecen a veces un poco ingenuos. Las nociones de riesgo parecen ser más bien lo que dirían las abuelas, “No hagan lío en la escuela o algo por el estilo. Y en ocasiones, parecemos gente que está preocupada porque los chicos se porten bien. No es esa la preocupación.

La preocupación tiene que ver con el informe reciente de Naciones Unidas sobre que hemos pasado a ser el país que empata con Estados Unidos en 2,6% el consumo de cocaína y somos el primero en América Latina, campeonato que no deberíamos haber ganado. Podríamos haber ganado algún otro, pero a lo mejor los motivos por los cuales no ganamos otro campeonato tienen que ver con elhecho de que ganamos éste.

Quiero decir que las distracciones y las ilusiones compartidas por nuestra población muchas veces dejan las cosas en manos de gente incompetente para gobernar, dirigir, coordinar esfuerzos o llegar a un objetivo que todos esperamos.

Entonces, se trata también de ser más equilibrados en las elecciones, de ser más justos, más merecedores de respeto en nuestros votos, pensando en un futuro a mediano y largo plazo.

Este 2,6% se logra con fronteras permeables. La frontera norte, la Quebrada famosa que da a Bolivia, es el lugar de paso de las 4×4 robadas en Buenos Aires 48 ó 72 horas antes. Y como lo hemos visto a través de largavistas con el Dr. José D’Albora, que me acompañaba en la gestión de la SEDRONAR, el señor se baja de la 4×4 nueva y hace sellar un permiso de tránsito que dice “vehículo legal”. Es un vehículo legal porque los bolivianos dicen que así es. “Punto de entrada al país: se desconoce”, lo están viendo entrar y ponen que se desconoce.

Estas miopías están pagadas, son inversiones que alguien hace para que el otro sea miope y para que su vista no sirva para detectar o vigilar. Las fronteras son permeables a las drogas y también a los precursores químicos.

Nosotros, siguiendo la gestión de Eduardo Amadeo, que trabajó muchísimo tiempo para que se votara en el Congreso la Ley de Precursores Químicos, y por indicación del señor presidente de la Nación, Eduardo Duhalde, implementamos el Registro de Precursores. Nos costó unos seis meses hacer entender a las compañías exportadoras que no estábamos dificultando las exportaciones, sino que queríamos controlar si las 60 toneladas que iban una vez por semana a Bolivia se exportaban porque las coyas se pintan las uñas todos los días -lo cual nos parecía imposible-. Y no, no eran para eso. Tampoco eran para la industria perfumística, ni para la industria de medicamentos. Eran para el procesamiento de la pasta base que tiene que transformarse en clorhidrato de cocaína.

Entonces, establecimos un registro muy rígido, por el cual finalmente las grandes compañías exportadoras vinieron a felicitarnos diciendo que así se habían diferenciado las buenas compañías, que exportaban para productos de uso, de las que exportaban con fines de tercerización hacia el narcotráfico. Pero convencer a la gente de que una medida de este tipo es útil lleva su tiempo y cuesta muchas horas por día. Yo tuve la colaboración excelente de gente como Gabriel Abboud y José D’Albora.

En esa época, también pudimos capacitar a los fiscales de los tribunales federales en lavado de dinero. Se había creado, pero no estaba funcionando, la Unidad de Información Financiera (UIF), que es la que promueve los juicios a la gente que se acusa de lavado de dinero. Hubo 150 acusaciones y ningún juicio en los últimos años. En ocho años, no ha habido un solo juicio por lavado de dinero en la Argentina, porque se ha bastardeado esta Unidad, haciendo que este cuerpo colegiado con representación de nueve instituciones, que elegía su propio Ejecutivo y su propio Coordinador, deje la decisión de quién es el Coordinador a cargo del Poder Ejecutivo nacional.

Y la persona que se hace cargo de la UIF, Sbattella, hace tres meses, dijo: “No sé por qué me nombraron, porque yo no sé nada de lavado de dinero.” ¿No será ésta la búsqueda que se realizó (el currículum de alguien que no sabe nada de lavado de dinero para nombrarlo a cargo)? Entonces, esto también induce ese 2,6% a una subida.

Resumiendo, hemos visto la permeabilidad de fronteras; el pasaje de precursores químicos con destino a fabricación de cocaína; o al revés, pasaje de efedrina dentro del país. En este país, es fácil exportar la efedrina a Sinaloa, provincia de México que produce metanfetamina y la vende en los Estados Unidos.

Todo esto nos tiene en frente a nosotros tres, que parecemos Gabi, Fofo y Miliki, porque cada tanto nos juntamos para hacer estas cosas. Dicen que somos los tres chiflados, pero no porque hagamos chistes buenos, sino porque creemos que hay que hacer prevención y tratamiento. Eso es lo que tenemos en común: creemos que la prevención y el tratamiento son la salida a todo esto.

Yo no coincido con la rigidez que exige Eduardo Kalina, pero sí creo en la promoción de actividades significativas para los adolescentes que tienen, en todas las clases sociales, un vacío ontológico en sus cabezas porque no saben para dónde ir. La mayor parte de nuestros jóvenes van a las previas, donde el otro día se mató un chico porque quería ver cómo disparaba un arma y lo verificó con su lóbulo frontal destrozado -como nos explicó recién Kalina, destrozar el lóbulo frontal es causa de muerte-. Entonces, esos chicos están en un vacío espiritual y cultural.

Yo creo firmemente en la promoción de la cultura y de las actividades significativas como salida preventiva de gente que se está planteando “¿para qué estoy vivo?”. Porque, si yo estoy vivo para ir a bailar de 2 a 8 de la mañana a la costanera norte y después esquivar los colectivos, las motos y a otros alcoholizados, termino en los hospitales periféricos donde ni siquiera me pueden dar una cama y me acuestan en el suelo. Los hospitales están desbordados por los excesos cometidos con el alcohol y las drogas durante la noche divertida de los sábados.

Que esto sea diversión es patético. Es decir, que el atontamiento del ser humano sea causa de alegría es patético, porque hemos dejado de lado toda espiritualidad y todo significado de trascendencia de nuestras propias vidas.

Estamos apostando a explotar como un globo y no estamos descubriendo que lo que le da sentido a nuestras vidas es lo que hayamos hecho en el campo de la solidaridad social.

Cuando yo dirigí el Centro de Prevención de Vicente López, pude experimentar con distintas actividades. Teníamos quince talleres diferentes (apoyo escolar, cerámica, teatro, cine). El grupo de teatro nuestro constituyó el grupo de teatro repertorio del conurbano norte que sigue funcionando con siete funciones por semana. Y nació en un emprendimiento juvenil. Cuando fuimos a Córdoba, creamos centros de prevención en la ciudad central.

Cuando fuimos a Salta, en Orán -para que se vea que éste no es un fenómeno sólo de las grandes urbes-, creamos un centro de prevención. Es conocido en todo Salta porque tiene un líder, que se llama Pit, que es un ex basquetbolista - es enorme, 1,95 m.- que anda por todos los pueblos donde existen necesidades.

Entonces, cuando se necesita una chapa porque la casa se moja, él lleva la chapa. Y el intendente me dice “yo soy intendente, porque Pit es el secretario de acción social”. Él está siempre disponible para las necesidades de la gente. Y esto es lo que hay que descubrir: en las necesidades de la gente, está el secreto de lo que tenemos que hacer. Ésa es la indicación.

Algunos psicoanalistas han enseñado a sus hijos a fumar marihuana para que aprendan bien. Otros, algunos de nuestros amigos lamentablemente, dicen “no sabés lo bien que se trabaja con un paciente que te trae un sueño cuando estás fumando un porro. Si te fumás un porro antes de la sesión, vos volás dentro del sueño del paciente.” Esos tipos están más locos que los pacientes que están atendiendo. Y están más en riesgo con sus propias vidas que aquéllos a los que están tratando de ayudar. Entonces, no se trata de ayudar, se trata de curar y de que la gente viva mejor.

Para esto, necesitamos una serie de cosas. Algunas las ha hecho el Episcopado nacional desde la Comisión de Justicia y Paz, promoviendo la Ley de Educación Preventiva, que fue votada por el Congreso nacional el 10 de diciembre a las 11.45 pm. -llegó justo-. Pero desde entonces -y estamos casi en septiembre- no se ha reglamentado ni aplicado. Y el Ministerio de Educación parece que no se ha enterado de que hay una Ley de Prevención Educativa que lo obliga a ejecutar la prevención en todos los niveles, como pidió el Episcopado nacional. El Episcopado no hizo esto solo, sino con las ONGs convocadas, con la CGT, con la CTA, con grupos de consulta, etcétera. El Estado nacional ha dejado la asistencia a adictos en manos de las ONGs. Es muy fácil, es más barato. Una ONG cobra por un paciente 1400 pesos por mes.

Nadie puede mantener un hijo en tratamiento con 1400 pesos por mes a nivel de una clínica, aunque sea por obra social. Esto es imposible. Ninguna obra social o prepaga podría hacerlo. Entonces, estamos condenando a la gente a recibir tratamientos pobres.

Reciben tratamientos pobres porque no hay una política de Estado, que es aquélla que se define por el acuerdo de todas las fuerzas políticas del país en determinadas cosas. Por ejemplo, que la prevención se ejecute enseñando la noción de riesgo; que se enseñe a enfrentar el riesgo sin provocaciones, sin desmadres, porque, detrás de la provocación al riesgo, gana siempre el riesgo. Y el riesgo nos ganó la batalla cuando nos tiramos de un puente o, como Charly García, nos tiramos a una pileta desde el octavo piso. Dios estuvo atento y dijo “todavía tiene algunas cosas que darnos en el área musical”, pero se corren riesgos.

Respecto de esta necesidad de correr riesgos, hay publicaciones y libros sobre los deportes extremos, que son aquéllos que fuerzan la situación humana. A lo mejor el humano no tiene que seguir corriendo hasta bajar los 9 segundos en 100 metros. A lo mejor, tenemos que descansar un poco más y darnos quince minutos para pensar en el prójimo. Porque aquél que está empeñado en ganar la medalla de oro en las olimpíadas también se droga muchas veces, como el famoso que ganó la medalla de oro pero vino un señor a decirle que tenía que hacer pis. Y luego, le sacaron la medalla de oro, porque había trampeado. Entonces, el éxito no es la trampa.

En aquél que se droga hay siempre una desesperación. Y nosotros tenemos que trabajar con esa desesperación, que es el trasfondo que mantiene la adicción, que se convierte en una ilusión de más fuerza, de más éxito, de mejor contacto o de logros que no se realizan.

Yo tuve tres o cuatro grupos de rock & roll que me venían a ver para coordinar dificultades entre ellos. Y una vez tuve la experiencia de que me dijeran “hoy te vas a morir, porque trajimos la mejor grabación que hemos hecho en nuestra vida. El batero estaba con anfetas, los demás estábamos todos fumados y el trompeta estaba con cocaína.” Lo escuchamos y ellos mismos, que en ese momento no estaban drogados, decían “me parece que salió mal el ritmo”. Ellos vieron a través de la droga que habían producido una maravilla universal, como si fueran Barenboim haciendo rock & roll. Y no todo el mundo es Barenboim, él empezó a trabajar el piano a los cinco años, a los nueve dio su primer concierto y se pasa ocho horas al día tocando el piano. Él genera cultura y produce este fenómeno masivo de 50.000 personas escuchando la Quinta Sinfonía frente al Obelisco. Él produce esto que es algo sensiblemente importante.

Las adicciones requieren políticas de Estado que sean compartidas y que tienen que ser centralizadas, abarcativas e integrales:

- Centralizadas quiere decir que tienen que tener una oficina central, como la Oficina de Droga de Estados Unidos, que sustituyó esa diferencia que había antes entre la DEA (los muchachos que van con armas en la mano corriendo a los colombianos narcotraficantes -nosotros los identificamos en las series de TV y se ve clarito quiénes son los de la DEA, que son los buenos y en general rubios, los otros son morochos y llevan cadenas, pulseras de oro, etcétera-) En definitiva, una oficina centralizada de drogas es fundamental.

- Abarcativas quiere decir que se ocupan de todo lo que se tienen que ocupar.

- Integrales quiere decir que lleguen a todos los niveles.

Entonces, profundicemos esto:

- Centralizadas en una oficina nacional de drogas que, para nosotros, es la SEDRONAR. Y lo digo porque esto hay que descubrirlo todos los días: estamos en una contradicción de nuestro Poder Ejecutivo nacional entre la oficina nacional de drogas, que es la CEDRONAR, que se creó en 1989 por decreto presidencial y fue imitada por todos los países de Latinoamérica que nos envidiaban no tener la disociación entre narcotráfico y prevención/tratamiento.  Entonces, creamos una comisión asesora sin investigadores y con gente que no sabemos de dónde viene. La mayor parte de ellos no han tratado adictos, no han visto adictos, no han hecho ninguna prevención. Y algunos dicen lo que dice el Profesor de Toxicología “hay que tolerar el uso recreativo de la droga”. Con esta misma frase, los imbéciles norteamericanos inauguraron la epidemia de cocaína más importante de la historia de los Estados Unidos. No hay uso recreativo de ninguna droga, porque el consumo invita al consumo y produce un ciclo vicioso.

- Abarcativas quiere decir que se ocupe de reducción de la demanda y control de la oferta. Reducción de la demanda es todo lo que tiene que ver con prevención y tratamiento. Y control de la oferta es lo que tiene que ver con el narcotráfico.  Tenemos, en reducción de la demanda, salud, educación y desarrollo. Y en control de la oferta, seguridad en frontera, registro de precursores químicos y lavado de dinero.

- Integrales quiere decir que exista un nivel nacional donde se establezcan criterios normativos; un nivel provincial donde se establezcan criterios de abordaje, que podrán ser diferentes; y un nivel municipal, que es donde se hacen las acciones específicas. El Poder Ejecutivo no tiene que hacer prevención. Las provincias no tienen que hacer prevención. Tienen que implementar el accionar preventivo de sus municipios. Y todo esto en asociación con las ONGs.

Entonces, si hubiera que hacer una serie de recomendaciones, yo diría:

1. Recuperar la acción de la SEDRONAR, en su integralidad, en su adecuada presupuestación y en su reconocimiento. Lo reconocen todos los países y nosotros no. Tenemos una comisión asesora que lo único que hace es bastardear las acciones posibles de ser realizadas.

2. Crear secretarías provinciales de adicciones, implementando allí los planes.  Hoy, esto existe solamente en la mitad de las provincias.

3. Fortalecer el Registro de Precursores Químicos.

4. “Lavar” la unidad de lavado de dinero, porque en este momento está bastardeada por designaciones que afectan a su criterio de representatividad adecuada.

5. El Ministerio de Trabajo es un ejemplo. Nosotros habíamos creado una Comisión de Enlace Interministerial, que pretende ahora recomendar la Comisión Asesora de Aníbal Fernández. ¿Para qué si ya está? Eso es la SEDRONAR, que es la que tiene que hacer ese enlace.

Y el Ministerio de Trabajo nos trajo una idea muy importante que le reconozco al Ministro Tomada: el período más difícil de la recuperación de un adicto es cuando sale a buscar trabajo y tiene que reinsertarse en el sistema social. ¿Qué hizo Tomada? Me dio 150 becas para pacientes dados de alta que reciben una beca mensual hasta que consiguen trabajo efectivo. Ése es un Ministerio inteligente que entiende la complementación con la SEDRONAR.

6. En la frontera norte, radarización y capacitación de la fuerza de frontera.  Gendarmería es una fuerza de frontera que se usa en Terrabusi, ¿pero ahora tienen que comer galletitas los de gendarmería? No, gendarmería tiene una capacitación de años en el tema de lavado de dinero, en cómo se esconden los cargamentos en los camiones.  En el puente de Misiones, pusieron un ecógrafo. Yo dije “vamos bien”. Entonces, lo fui a ver, pero lo que vi es un ecógrafo portátil de un médico de la zona que lo presta de 14 a 18 hs. Es portátil, es decir, que sirve para localizar alguna partecita del cuerpo. Un camión es una cosa enorme. Hoy, tenemos que tener scanners múltiples que analicen un mismo camión y, en quince minutos, informen si pueden pasar o no.

7. El proceso adictivo es un trastorno bíopsicosocial -ésta es la definición básica de la OMS- pero, a diferencia del resto de las enfermedades, es una enfermedad que afecta los valores, los ideales y los trayectos. Y la recuperación se realiza a través del descubrimiento de la espiritualidad, de la religiosidad y de la acción social solidaria.

8. El tema penalización/despenalización lo dejo de lado, pero voy a hacer un solo comentario: Milton Friedman habló de despenalizar la droga -1978, Estados Unidos- y dijo “vamos a poder recaudar muchos más impuestos”. Ahora, ¿esos impuestos los va a pagar el narcotraficante o el consumidor? Evidentemente, los va a pagar el consumidor, con lo cual el mito de que el precio baja si se legaliza es totalmente al revés.

9. La Comisión de Justicia y Paz del Episcopado y la Ley de Educación Preventiva duermen el sueño de los justos. Espero que alguien los despierte. El Episcopado insiste en esto -Juan Carabajal está muy interesado en que esto se lleve adelante-, pero no hay respuesta por parte del Ejecutivo nacional. 10. Por ultimo, lo más educativo de todo es la educación comunitaria que genere la experiencia de solidaridad social como un valor guía.

Al respecto, quiero comentar algo más: cuando Lula asume el gobierno de Brasil, el presidente anterior, Cardoso, que era de derecha, le dijo: “Te voy a pedir dos cosas: que dejes dos personas en el Gabinete, que son forjadores de políticas de Estado, el Secretario de Drogas -que esta hace diez años y fue mantenido por Lula- y el Presidente de la Comisión de Energía Atómica.” ¿A qué estaba apuntando Cardoso? A que se continuara con políticas que no pueden correr el vértigo de que haya decisiones ambiguas sobre ellas, sino que necesitan estar solidificadas y ser continuas. Por eso, el Secretario de Drogas sigue siendo el mismo en gobiernos tan distintos como el de Cardoso y el de Lula. Además, Lula acaba de informar que cinco villas han sido culturalizadas. Esto quiere decir que se han introducido elementos culturales: las escuelas se abren sábados y domingos para que los que van durante la semana hagan actividades recreativas, para que descubran el valor de hacer un tallado en madera, de dibujar, de aprender música. Y en esta culturalización, han encontrado muchas posibilidades de recuperación.  Finalmente, me dicen que Fuerte Apache ha recibido en los últimos años un influjo tal de proyectos culturales y preventivos que es un barrio irreconocible.

Entonces, veamos lo que se hace allí y qué podemos aprender para repetirlo y para acompañar al Padre José María Di Paola en la villa 21, a los que están en la 1-11-14, en la 31 y a todos los demás que están de este lado de la batalla.

Muchas gracias.

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José María Di Paola:

Muchas gracias por la invitación. Simplemente voy a dar el testimonio en nombre del equipo que formamos. Somos un equipo de veinte sacerdotes en las villas de la Ciudad de Buenos Aires. Venimos viviendo en las villas como una herencia del equipo que comenzara con Carlos Mujica, con el padre Richardelli, todo un primer grupo de sacerdotes que fue a vivir a las villas. El año pasado este equipo cumplió cuarenta años de vida, con distintas camadas.

Mirando un aspecto de la villa, yo diría que en este último tiempo se las ha querido ligar como problema de la seguridad, de la violencia. Cuando fue la elección entre Filmus y Macri, generalmente los periodistas preguntaban qué iban a hacer con la violencia, con las drogas y con las villas. Como si solucionando o sacando a las villas, esos temas se acabarían. Entonces, nosotros sacamos un documento o manifiesto para compartir con el resto de la sociedad, especialmente con ellos, señalando el valor cultural que las villas de Buenos Aires tienen y que nosotros podemos apreciar por el hecho de vivir allí.

Esta riqueza cultural contiene valores que trae la gente del interior, porque la mayoría de la gente que vive en las villas proviene del interior del país, de Paraguay y Bolivia. Y así, traen sus costumbres ancestrales, con una forma de vivir muy solidaria. Muchos de los valores que se están perdiendo en la sociedad, hoy en día, todavía se viven en los barrios más humildes. Creo que es la gran

diferencia que podemos notar nosotros, que no somos nacidos en la villa. Nos dicen “curas villeros”, porque hemos ido a vivir a la villa pero, en general, hemos salido de clase media.

Entonces, una primera apreciación que hacemos es el valor cultural que tienen las villas. Por ejemplo, yo vivo en la villa 21 y ahí hay una especie de convivencia de culturas diferentes (guaraní, boliviana, peruana y argentina) muy grande. Y vos vas un domingo y parece que estás en La Paz, porque los bolivianos recrean su mundo cultural, su vida religiosa, en las fiestas. Y vas otro día y encontrás lo mismo con los argentinos provenientes del Litoral o los paraguayos. Realmente es muy interesante la vida social y cultural que se vive en las villas.

Por eso, manifestábamos que, si se considera a las villas, se las tiene que considerar como las primeras víctimas de esta violencia y de esta introducción de las drogas. Porque, viviendo ahí, hemos visto cómo la primera víctima de la violencia ha sido la gente que vive en las villas. Después, cuando el fenómeno se extendió, nos dimos cuenta que la violencia está en todos lados. Y hoy, podemos comprobar que es un fenómeno extendido en toda la sociedad, ya desmadrado.

Yo me acuerdo que, entre navidad y año nuevo de hace trece años atrás, hubo cuatro muertos en nuestra villa y ninguno apareció en los medios. En esa época, no se hablaba de eso porque generalmente ocurría en los barrios más marginales. Por eso, decíamos en nuestros documentos “la violencia, las drogas, las vivimos en las villas como un flagelo que viene de afuera y que no nace en las villas”. Luego, se utiliza esos lugares como zonas liberadas -nosotros no somos experimentados en ese tema-, porque hay una utilización del lugar.

La ausencia del Estado en tantas décadas, estamos hablando de cuarenta años de villa más o menos, ya sea por erradicación o por un falso sentido de la urbanización -que nunca se dio-, ha sido realmente irresponsable. Cuando uno dice que hay un problema de urbanización, no hablamos solamente de ladrillos sino de la presencia del Estado, que es seguridad, justicia y tantos otros elementos que son importantes dentro de un barrio.

Y el primero que te lo va a agradecer, contra lo que podemos llegar a pensar, es el propio habitante de la villa. Cuando el habitante de la villa puede salir a trabajar -siempre decimos que el prototipo de la villa es un albañil-, te lo agradece. Cuando yo abro la iglesia a la mañana temprano, todos salen con su bolso a trabajar, van a la obra, y la señora sale a trabajar como personal doméstico. Entonces, el prototipo del habitante de la villa es un trabajador y es un migrante con una mirada positiva de la vida. Es una persona que vino del Paraguay, de Bolivia o del interior del país porque tuvo que irse, no porque quiso venir.

Hoy, antes de venir acá, charlaba sobre uno de los fenómenos que se da en el Paraguay que es, desde hace años, el éxodo masivo por problemas de salud. En el Paraguay, si no tenés dinero, no te podés curar. Recién ahora, con la presidencia de Lugo, se están haciendo los primeros programas de desarrollo médico para una función social. Pero igualmente hablamos de años y años de retraso.

Entonces, este migrante hace un sacrificio y no le importa el sacrificio con tal de vivir un mejor futuro para sus hijos y nietos. A veces uno se asombra y dice “¡cómo creció esta villa!” El fenómeno del crecimiento de la villa podría llevarnos al año 2002 cuando empieza a crecer el trabajo, cuando empieza el pico en la construcción y éste comienza a ser el fenómeno por el cual se sale de la decadencia. El habitante de la villa viene a trabajar y, por eso, la villa crece.

De este modo, el fenómeno de la villa se tiene que leer en un contexto latinoamericano. Es importante que les diga esto para que vean que estas miserias de las que hablamos son fenómenos que vienen desde afuera hacia la villa. Como decíamos en nuestro documento, un gran narcotraficante no prefiere vivir en un barrio como el nuestro. Realmente quiere vivir en un barrio bien acomodado. Que utilice un lugar pobre para desarrollar una tarea inmoral, puede ser. Pero no tenemos que buscar el problema de la droga en los barrios pobres, como muchas veces hacían estos periodistas que les mencionaba.

Ésta es la realidad que estamos viviendo y, por ello, sacamos un documento, “La droga en las villas despenaliza de hecho”, que tiene que ver con la diferencia que veíamos en los chicos y las familias que se acercaban a las capillas. Hasta 2001 aproximadamente -mis primeros años en la villa-, había chicos que se drogaban, pandillas, pero vimos a partir de ahí un crecimiento más grande de este fenómeno de la adicción, que se refleja en esto que llamamos “paco”.

Veíamos una diferencia, primero, porque se extendía rápidamente entre los chicos y atacaba edades que, hasta ese momento, no estaban tan involucradas, como son la preadolescencia y la adolescencia. Se trata de una adicción muy grande que genera un cambio en los chicos. A muchos de estos chicos los conocíamos porque habían estado en el patio de nuestra parroquia, estudiaron catequesis, los hemos llevado de campamento. Eran pibes que los conocíamos bien, estaban creciendo bien y, de pronto, vimos un deterioro enorme que los lleva a la desesperación de robar en su casa para poder consumir. Empieza siendo barato, pero termina siendo caro porque, para poder satisfacer su necesidad, tienen que consumir un montón.

Y así, empieza una rotura del tejido dentro de la familia. Porque la familia, que hasta ese momento trataba de hacer lo imposible por retenerlo en su casa, llega un momento que no puede tenerlo más y el chico empieza a vivir en situación de calle. La situación de calle lleva consigo el contagio de un montón de enfermedades, algunas de las cuales pensábamos que habían desaparecido. Sin embargo, en la ciudad de Buenos Aires, los diagnósticos son de tuberculosis -por ejemplo-.

Entonces, la situación de calle y las explicaciones que (Eduardo) Kalina y (Wilbur) Grimson ya nos han dado hacen que estos chicos se conviertan en personas que están muy destruidas. Nuestra visión era “¡qué diferentes que los vemos!”. En esta charla, fuimos viendo en qué aspectos van quedando destruidos.

Nosotros, por eso, pensamos que el paco, que es tan destructivo, también va destruyendo el tejido social de la villa y de cualquier sociedad. Y se convierte en un arma de doble filo dentro de los barrios marginales, que son un poco más amplios que las villas. Nosotros lo vemos como un emergente de la miseria de los grandes centros urbanos. Una miseria que no tiene que ver con la simple pobreza económica, sino que se conjugan mundos paralelos. El chico se va criando en un mundo paralelo donde tiene que robar para comprar el paco, tiene que mentir para sostener esta situación, tiene que “ranchar” en un lugar alejado de su casa para que no lo vean. Y así van generando un mundo paralelo.

Hace poco, cuando hicimos unas jornadas sobre el paco, decíamos que, así como hace un tiempo atrás el Mal de Chagas era el emergente de una pobreza estructural en el norte argentino -los ranchos y una cantidad de cuestiones tenían que ver con ese emergente-, lo mismo pasa con el paco en relación a los barrios que crecen alrededor de las grandes ciudades.

El paco se convierte en un emergente mucho más destructivo en estos barrios, por más que hoy digamos que llega a las clases media y alta. Tenemos que pensar que éstos son barrios que están muy retrasados en comparación con otros. Basta decir, por ejemplo, el nivel al que pueden acceder nuestros chicos una vez terminada la primaria. Podemos comparar las posibilidades que tienen para desarrollar sus capacidades los chicos de Palermo o Caballito con los que viven en nuestros barrios. Hay una diferencia muy grande. Por eso, nuestro trabajo tiene que preguntarse cómo vamos achicando esa brecha de posibilidades que hace que un chico de otro barrio pueda rápidamente ingresar a la UBA y no pueda hacerlo uno de la villa. Estas instituciones van a ser públicas en la medida en que alguien pobre pueda acceder a ellas en forma rápida.

Para nosotros, la verdadera urbanización no pasa por un simple cambio en las casas, sino por una verdadera promoción de las personas que están ahí. Si el día de mañana, de nuestros barrios, no salen los arquitectos, los profesores o los médicos, no hay verdadera urbanización. Puede haber sólo un maquillaje en las casas, que sólo satisface a las clases medias y altas que miran las villas con un sentido solamente estético.

Nosotros pensamos que el punto de partida de nuestra experiencia ha sido el Hogar de Cristo, que realmente ha sido una bendición. El Cardenal Bergoglio lo bendijo hace dos años. Y ha sido una bendición como un camino en esto que es enfrentar el flagelo o la epidemia que es el paco. Antes, las familias se perdían en laberintos de burocracia y en situaciones mucho más difíciles porque no tienen los medios de los que hablaba antes. Estos barrios marginados no tienen escuelas ni la posibilidad que pueden tener otros barrios.

Entonces, la idea fue armar un centro como una buena pista de aterrizaje. Un lugar al cual los chicos puedan acceder rápidamente, donde puedan encontrar el espacio donde van a pedir ayuda y compartir un día. Estos Centros de Día significan que el chico o la familia pueden venir en el momento que quieran.

Cuando llegan, está el terapeuta, el cura, el psiquiatra, los voluntarios y, a cada uno, se le va dando el camino que realmente necesita. El equipo lo va aconsejando y es un ambulatorio hasta que el equipo logra convencerlo de la internación. Algunos lo llaman pretratamiento y es muy importante, porque quizás se internan un día que están muy entusiasmados y dejan a los dos días.

Estos Centros de Día tienen un peso fundamental que es convencer para que la decisión salga de sí, ya que esto es mucho más convincente que las simples ganas que se pueden tener en un momento determinado.

Para tomar conciencia, en nuestro centro hicimos una pequeña granja en dos hectáreas que nos dieron y la construyeron los propios vecinos del barrio a modo de socialización. Es una forma de decir que todos tenemos que hacernos cargo de

este problema. Y es muy importante porque, si bien la casa es modesta, fue hecha por los habitantes del barrio. Esto introduce la problemática en el barrio en un sentido positivo.

Y el tercer paso, en este centro, tiene que ver con lo que nos decía (Wilbur) Grimson sobre la importancia de lo que hizo el Ministerio de Trabajo. Nosotros tenemos la escuela de oficio, la secundaria, la primaria, como para que el joven, una vez que sale de la granja con muchos ideales y muchas ganas de programar su vida, tenga un acompañamiento necesario.

En esto, el voluntariado es grande y les diría que da lugar a todos. Hay una señora mayor que una vez me preguntó “padre, ¿qué puedo hacer?” Entró a la villa manejando su auto y yo dije “ésta es guapa”. Entonces, le dije ¿vos te animás a ir a hasta el centro de recuperación que queda en Otamendi, Provincia de Buenos Aires? Andá a visitar una vez por semana a los chicos.” Y ella hace esa tarea, que es irremplazable. Los chicos que están ahí saben que la parroquia no los dejó, sino que los está esperando para que, cuando vuelvan, puedan seguir en compañía de este grupo su proceso de recuperación.  En este Hogar de Cristo, lo que planteamos es reconocer el fracaso de la sociedad en general y del Estado en particular en resolver este problema.

Nosotros decimos que la puerta es la salvación. Ojala existiesen lugares o centros de salud para atender estos casos, o que los hospitales tengan dispositivos para atender rápidamente a los chicos que están en la calle y tienen el problema del paco.

Muchas veces tratan de defender posiciones cuando, en realidad, es necesario decir que el sistema nuestro está colapsado. Lo del paco es difícil de entender. Es importante comenzar por ese paso, que a veces no va acompañado por mensajes claros. Nosotros vemos que la despenalización, las leyes, los fallos y programas de prevención no parecen construidos desde la clase popular o baja. Para legislar y obrar desde los pobres, es necesario escucharlos y hacerlo desde su experiencia. En ocasiones, se piensa en una familia tipo americana (papá, mamá y dos hijos) de una clase media acomodada, donde desarrollan su vida y hasta pueden convivir con una adicción a la marihuana. Y en realidad, la familia tipo del conurbano, de los barrios obreros o de las villas tiene varios hijos, quizás la madre la está peleando sola. Entonces, el imaginario de quienes hacen los fallos y las leyes tiene presente un tipo familia cuando, en realidad, el que sufre la adicción al paco es otro.

Nosotros pensamos en un paradigma y es que la lucha contra la discriminación a personas con discapacidades diferentes tuvo su lugar. La sociedad tomó más conciencia de ello y se han puesto rampas, colectivos, oficinas, baños, etcétera.  La comunidad se ha adaptado para las personas con capacidades diferentes.  Cambiar es necesario para hacer lugar al otro. Nosotros creemos que la lucha contra el paco debe hacernos pensar en algo parecido.

Primero, entonces, debemos tomar conciencia. Ésa será la única forma de dar lugar a estos chicos que, en las clases más bajas, son realmente muchos. Son muchas las familias que están sufriendo este drama en nuestro país y realmente necesitan un lugar donde entrar. Creemos que es uno de los grandes temas que deberían desarrollarse en la política y uno de los grandes desafíos del Bicentenario.

Muchas gracias.

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Preguntas del Auditorio:

Leí que la DEA no combate la droga sino a la competencia; que el narcotráfico mueve 600.000 millones de dólares por año; y que, si se dejara de vender drogas, habría una quiebra económica a nivel mundial. ¿Es correcta esta información?

Eduardo Kalina: No lo sé, pero suena posible.

¿Qué presupuesto manejaba la SEDRONAR al momento de su creación? ¿Cuál es su presupuesto actual? ¿Qué vínculo perciben entre legalización de la droga, del aborto, de la eutanasia y del matrimonio gay?

Wilbur Grimson: En primer lugar, a mí me tocó un presupuesto crítico de 4 millones de dólares, que en ese momento eran 12 millones de pesos. Gracias a la existencia del MERCOSUR, tuvimos la presencia del equipo chileno. Chile es un país un poco más reducido en volumen que el nuestro y más angosto también, sin los recursos que tenemos nosotros. Sin embargo, en ese momento, nosotros teníamos en prevención unos 500.000 dólares -es decir, 1 millón y medio de pesos-; mientras Chile estaba gastando 18 millones de dólares en prevención educativa. Es una diferencia escandalosa. En tratamiento, ellos están mucho más desarrollados y, en prevención, están mucho más adelantados.

Ayer un señor, que no sé que fundamentación tiene, dijo que nuestra prevención es la mejor de América Latina. Esta persona está a cargo de prevención en el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires y no tiene idea de lo que está diciendo, es un irresponsable. Nos ganan nada más que Chile, Uruguay, Brasil, Perú y algún otro. La legalización de las drogas sería un disparate sensacional, para el cual no hay ningún argumento que no sea producir una catástrofe universal.

Eduardo Kalina: Un genetista español, que tenía una gran posición en Alemania y ahora en Cataluña y que tiene un centro de genética espectacular que se llama “Solanas”, ha dicho: “Si se sigue infiltrando el fenómeno de la droga en los seres humanos, vamos a cambiar la naturaleza de la condición humana.”

¿Se podría hablar de que el mundo actual de los adultos ha abandonado

a los chicos pobres?

José María Di Paola: Sí. Yo creo que esta crisis de valores comparada con tiempos anteriores hace pensar en esto. Por eso, nuestros documentos tienenque ver con que no es solamente el Estado el responsable, sino también el empresario, las organizaciones, etcétera. Es un estilo de vida individualista en donde el otro deja de ser parte de mi vida o mi universo. Y los chicos están realmente a merced de eso.

Nosotros tuvimos que intervenir ante chicos muy chicos que estaban en situación de calle en donde lo que se está esperando, con un falso concepto de la libertad, es que esos chicos quieran internarse. Imaginen qué libertad puede tener alguien que se estuvo drogando con paco durante mucho tiempo. Ese concepto es realmente muy triste como concepto social.

Después de lo que nos explicó esta Mesa, pensar que esos chicos nos van a decir libremente “me quiero internar” es un disparate. Y si no hubiésemos estado armando esta tarea para que el chico pueda internarse, hoy seguiríamos contemplando un suicidio colectivo. Por ello, realmente creemos que, como sociedad, se ha abandonado a los chicos.

¿Ustedes lograron motivar el apoyo de la ciudadanía hacia causas o hacia instituciones? Nosotros no lo logramos.

José María Di Paola: Es parte de los que estamos haciendo en este momento. Nosotros, en la Ciudad de Buenos Aires, hasta hace un tiempo, hablábamos de chicos en situación de calle. De pronto, los chicos siguen estando en la calle pero muchos han ido a parar a los barrios obreros en nuestras villas. Y en muchos casos, se habla de chicos en situación de pasillo. Es decir, pasaron de vivir en una plaza del centro de Buenos Aires a vivir en los barrios periféricos.

Entonces, realmente podemos decir que en las villas tratamos de que toda esa red comunitaria, que se da a través de los grupos parroquiales, comunitarios y distintas asociaciones, aborde la problemática que tiene el chico en ese momento (la ropa, la higiene, el alimento, los medicamentos). Se hace toda una tarea que realmente es necesaria, pero dentro de nuestros barrios. Lo otro sigue siendo un desafío, como vos lo tenés en Santa Fe.

¿Cuál es el efecto de la efedrina? ¿Cómo es que llega a la Argentina y cómo se produce?

Eduardo Kalina: La efedrina es una droga que conocemos de toda la vida y que se usaba para el asma, para muchas utilidades médicas. Luego, fue siendo modificada por otras sustancias más limpias, menos complicadas. Y con el tiempo, estas grandes empresas de la droga, que tienen químicos especialistas, han ido descubriendo que existe la posibilidad de asociarle efedrina a las anfetaminas y otras cosas. Y así, formaron una nueva cadena de medicamentos y otras sustancias que se llaman metanfetaminas, de las cuales ya han inventado más de setenta. Sacan una, se va conociendo la desgracia que produce, la prohíben y, entonces, sacan otra. Es decir, tienen una gran habilidad para hacer variaciones, creando un mercado.

Y hay mucha gente dispuesta a comprar todo lo que se vende. No se olviden que la educación para comprar es maravillosa, porque los chicos que no tienen educación no entienden que es eso de comprar cualquier cosa. Entonces, la efedrina es un medicamento que bien usado es extraordinario. Cuando es usado asociado a otra droga para producir un efecto cerebral sin cuidado, también puede matar.

¿Es cierto que la marihuana es menos nociva que el alcohol y el tabaco convencional? ¿Por qué la marihuana se considera parte del progresismo? ¿Por qué se la vincula a la creatividad?

Wilbur Grimson: Yo creo que es nociva, quizás no en lo inmediato pero sí en el largo plazo. He visto, por ejemplo, a uno de los mejores fotógrafos y directores de cine de la Argentina, que hizo una película con María Luisa Bemberg - candidata al Oscar-, y lo echaron. Como estaba fumando todo el día, no sabía como usar la cámara que un año atrás había usado brillantemente. Ésa es una respuesta: creatividad en el uso de la marihuana no hay, lo que hay -como en toda droga- es una ilusión. Hay un componente ilusorio que genera una carencia no reconocida.

Eduardo Kalina: Cualquiera dice cualquier cosa, porque no se estudian los textos donde está la investigación seria. Nosotros, en medicina, para publicar algo, exponemos nuestro prestigio y nuestro título. Ahora, surgen unas revistas manejadas por una serie de gente sin escrúpulos y muy bien financiadas, donde inventan que un profesor de la Universidad de Nueva California dijo que la marihuana le hace crecer el pelo al pelado. Entonces, se puede decir cualquier cosa porque no hay ningún rigor.

Se ha llegado a decir que la marihuana mejora los efectos negativos que tiene una quimioterapia. ¿Es real?

Eduardo Kalina: Te lo contesto científicamente: si se saca de la marihuana el drogarinol y se la das a la persona, le disminuís las nauseas y los vómitos. Pero hay otros remedios más efectivos que ése, que tiene riesgo de crear un poco de dependencia. No hay que confundir la parte con el todo. Ésa es la trampa que hacen. Fumando marihuana, incorporás todos los cancerígenos del tabaco aumentado, porque el tabaco es tanto o más cancerígeno cuando más profundo se fuma. La marihuana se aspira y se retiene el humo caliente, eso duplica todos sus efectos. Como es una droga estupidizadora, en una sociedad donde estar estúpido es “onda”, arruinarse los cerebros es “posta”, tiene éxito. Pero ésos son datos absolutamente falsos y científicamente hay muy buenos estudios donde se puede observar.

Para el Padre José María Di Paola, ¿le podemos pedir que nos cuente algún caso que Usted haya atendido en la villa y que haya logrado salir de esta guerra del paco?

En este Centro de Día, hay varios chicos que están en ese tercer paso que les comentaba. Están estudiando en la primaria, están haciendo la secundaria algunos, otros se están capacitando en oficios o están trabajando. Nos cuesta mucho conseguir un trabajo para los chicos, más si les decís que salió de una granja de recuperación. Pero tenemos casos que realmente andan muy bien, no dejan de tener su encuentro semanal. Muchos de ellos viven en nuestro hogar o lo que se llama “casa de medio camino”. Hay un pibe que estaba en la calle, empezamos a contactarlo hace ya un año y medio atrás y empezó a ir a un centro pequeño que tenemos dentro de la villa.

Allí, encontró un ambiente que no conocía. De pronto, él pidió ir a este otro centro que les conté, que se llama Hogar de Cristo, y anduvo muy bien. Después, hizo el período de granja y, hoy, está viviendo con nosotros. Y estamos hablando de un chico de esos que podemos ver en la calle, todo sucio, flaco, que quizás nos puede causar temor. Y realmente hoy lo vemos de otra manera. Ya en una actitud de vida, de inclusión. Esto de salir del paco es posible pero requiere mucho tiempo, voluntarios, algunos necesitan más recursos. Cada uno que se pone a trabajar en esto sabe lo costoso que es, pero se puede.

fuente: MPA  www.mpargentino com.ar