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Crítica de la Iglesia por un libro sobre drogas repartido en las escuelas

El presidente de la Comisión Pastoral de Drogadependencia, el obispo Jorge Lozano, cuestionó que se hable de “consumo problemático de drogas“. Apuntó contra un libro que el Gobierno distribuyó en todas las escuelas

Crítica de la Iglesia por un libro sobre drogas repartido en las escuelas

El obispo de Gualeguaychú y presidente de la Comisión Pastoral de Drogadependencia, monseñor Jorge Lozano, cuestionó un programa de prevención contra las drogas impulsado por el gobierno nacional al considerar que brinda un lenguaje “ambiguo”.

“Hablar de un consumo problemático de drogas es parte de un lenguaje ambiguo que no alcanza a decir lo que pasa realmente cuando uno se droga”, aseguró Lozano.
La ley que crea un programa nacional de educación y prevención sobre las adicciones y el consumo indebido de drogas espera por ser instrumentada desde hace más de un año.

Pero las palabras de Lozano refieren a lo que se expresa en un libro que durante 2010 el Gobierno distribuyó en todas las escuelas de gestión estatal sobre prevención del “consumo problemático” de drogas.

Se trata del libro “Prevención del consumo problemático de drogas, un enfoque educativo“, escrito por Graciela Touzé.

Lozano consideró que en algunas de estas publicaciones que se entregan a los jóvenes con la intención de disminuir los daños ocasionados por el consumo de drogas “se les explica, por ejemplo, cómo inhalar de forma de reducir los riesgos”.

“Esto termina siendo una espada de doble filo porque se deja entrever la idea de que habría formas seguras de drogarse que no son perjudiciales”, opinó Lozano en declaraciones a un matutino porteño.

Asimismo, el obispo de Gualeguaychú –uno de los aspirantes a reemplazar al cardenal Jorge Bergoglio como titular de la Conferencia Episcopal Argentina a fin de año– hizo una crítica tácita al jefe de Gabinete, Aníbal Fernñandez.

“He escuchado a algún funcionario nacional afirmar que para el 75% de los jóvenes el consumo de drogas es recreativo, pero algo que daña la salud no es algo recreativo como puede serlo un juego”, señaló.

En 2008, Aníbal Fernández había dicho que “entre el 70 y el 75% del consumo juvenil de drogas es recreativo, entre un 20 y un 25 es abusivo y apenas el 5 restante es adicto”.

Fuente: InfoBae

NO HAY QUE SER FRÍVOLO CON EL CONSUMO DE DROGAS – Eduardo Amadeo

No hay que ser frívolo con el consumo de drogas

Eduardo Amadeo
Para LA NACION

Sábado 15 de enero de 2011 | Publicado en edición impresa

La relación del progresismo argentino (¿progresismo?) con el tema de las drogas es, cuanto menos, fluctuante.

Tal vez, por su simpatía con algunas variaciones del pensamiento avant- garde, o por su intento de incorporar jóvenes a sus filas, o por considerar a la guerra antidrogas un patrimonio de una ideología de derecha con sabor yanqui, lo cierto es que es difícil encontrar un eje estratégico en los gobiernos del matrimonio Kirchner que tome al consumo y el tráfico de drogas como el dramático problema social y político que es hoy en la Argentina y en la región.

Hay que hurgar mucho en los discursos presidenciales para encontrar referencias explícitas al problema. Néstor Kirchner sólo condenó a las FARC (que lo llamaron “latinoamericano ilustre”) al final de su vida, para sostener su puesto en la Unasur, pero su gobierno no actuó con la severidad debida ante los coqueteos de Hebe Bonafini con esa banda narcotraficante.

No hay iniciativas diplomáticas argentinas de apoyo explícito a la acción del gobierno colombiano, muchas veces sometido a la soledad. El fiasco con el tema del lavado de dinero indica la pobre prioridad otorgada a esta cuestión crítica para el narcotráfico.

El secretario de la Sedronar sólo pudo sobrevivir con un menguado presupuesto, por su amistad personal con Néstor Kirchner. Las iniciativas sobre despenalización, impulsadas por Aníbal Fernández, se dieron con un aroma de frivolidad pavorosa, y con un discurso más dirigido a complacer las demandas de jóvenes consumidores de marihuana que a asumir la responsabilidad de un gobernante. Para Fernández ha sido más importante recibir un aplauso en un recital que sostener la dura tarea de gobernar sin demagogia en este tema.

La complejidad del problema de las drogas ha hecho que se propongan atajos mágicos para tratar de resolverlo rápidamente: desde la legalización (¿quién aceptaría que se vendiese cocaína en la puerta del colegio de sus hijos?) hasta la despenalización, pasando por una suerte de resignación pasiva, llamada “reducción de daños”, que cuenta con adherentes importantes en este gobierno.

La despenalización que defiende el progresismo vernáculo supone que quien consume es algo así como un intelectual que usa la marihuana como una herramienta de creatividad, pero que puede abandonar ese consumo no adictivo cuando quiere, y por ello no se lo debe penar. Y -peor aún- que no hay relación entre la marihuana y otras problemáticas que, en realidad, sí tienen una vinculación innegable con el uso de esa droga.

La realidad nos demuestra que esta política es errada: desde que el Gobierno emitió ese mensaje frívolo, aumentó el número de jóvenes que consumen marihuana y -más grave aún- el de quienes no ven en la marihuana ningún peligro para su salud o su comportamiento. O sea, las barreras de la tolerancia social (componente clave de la estrategia preventiva) se han levantado aún más.

Grave error: los consumidores son básicamente jóvenes que necesitan que los ayuden, no que los aplaudan.

El mensaje sobre el paco entre los más pobres es otra herramienta cultural perversa, ya que confina el problema de la droga al “otro país”, el de los excluidos, mientras que los jóvenes con mejores recursos económicos utilizan el porro (o la merca ) sin problema en los recitales o en el baño de la escuela, protegidos por esta “no política preventiva progresista”, que sólo se limitará, si es que lo hace, a tratarlos cuando pasen a la siguiente etapa de su proceso adictivo.

El problema de la droga no es tampoco causado sólo por la oferta de drogas, cuestión que tampoco tiene la prioridad que se merece. Se trata de una combinación de múltiples variables: tolerancia social al consumo, oferta del producto y vulnerabilidad personal, que exigen un enfoque igualmente complejo, constante y con recursos, pero, por encima de todo, del convencimiento absoluto de los líderes políticos sobre la importancia que eso debe tener dentro de su acción de gobierno.

Cambiar “voto joven” por inacción o silencio cómplice es de una irresponsabilidad sin límites. Los chicos que fallecen en la calle tras una noche de alcohol y droga son también el resultado de esta política.

A propósito de los dichos de Vargas Llosa

No hay duda alguna: el consumo abusivo de drogas constituye una epidemia. Una plaga que debilita económicamente a las sociedades. Porque generando la producción y distribución hay un emporio de grandes fuerzas (que ya John Millar llamó el Imperio subterráneo) que se constituye con grandes fuerzas, equipadas, formadas, preparadas. Y del otro lado solo improvisación, buena voluntad y no aprovechamiento de las experiencias registradas. En general no se busca encargar la lucha a los más capaces. Salvo en algunos programas excepcionales. Y esto ocurre porque no se entiende en forma integral el tema. Con sus raíces comerciales, su capacidad de creación de ilusiones, de estimulación de circuitos orgánicos de placer y de satisfacción de presión de pares.

La Argentina capacitó en la década del 80 a los profesionales y técnicos que veinte años después ocuparían puestos directivos en las organizaciones de lucha contra las drogas de América latina: Guatemala, Perú, Colombia, Méjico, Costa Rica, Venezuela, etc.

Perdió esa capacidad cuando – por iniciativa de Alberto Lestelle – se suspendió un proyecto de la ONU gestionado por el CeIS de Roma que estableció en nuestro país una Escuela de Formación única en su género, que dirigió Andrea de Dominici.

Desde entonces se intentó retomar la posta en la UNQUI con el apoyo del Rector Julio Villar donde de 1994 al 2004 se formaron Operadores Socioterapéuticos, líderes comunitarios, docentes y profesionales. Pero esto se interrumpió cuando la Federación de ONGs que había asumido el proceso, abandonó el proyecto y se ocupó de generar cursos insignificantes de bajo nivel. Se perdió el significativo apoyo que consistía en un Diploma respaldado por una Universidad Nacional. Que no es igual a dar unas clases en una Universidad.

Por su parte el cambio de rumbo de la Secretaría Provincial y de la SEDRONAR que habían motorizado estos planes suspendió los apoyos financieros así como interrumpió la formación de docentes en la Universidad de La Matanza que convocaba a 400 personas.

En ambos casos se renunció a una estrategia de formación de recursos de alto nivel sustituyéndola por una mera gestión gremial buscadora de subsidios. Las ONGs renunciaron al asesoramiento obtenido ante el Ministerio de Salud y a un asesoramiento de calidad continuamente solicitada por las autoridades, que nos había concedido representación ante organismos internacionales. Creyeron bastarse a sí mismas. Pero la realidad nos enfrenta con la competencia del campo de la psiquiatría que reclama para sí esta terapéutica, aún cuando no sabe cómo ejercerla. El modo en que Proyecto Hombre en España, Uomo en Italia y los mejores programas del mundo como es el caso de Daytop en los EE.UU. han abordado el tema es con una capacitación incesante y una calidad de servicios de primer nivel.

Lo que es indudable es que la lucha por el control del consumo de drogas por parte de la población retrocede y el abuso avanza. Hoy las víctimas se cuentan en sumas superiores a las registradas nunca antes, ¿Qué es lo que permite afirmar a tanto supuesto erudito (que conoce el campo de mentas solamente) que en general procede de campos diversos al de la salud pública, que con la legalización se producirá un equilibrio y una eventual reducción del uso de drogas?

Lo único que podría reducirse es el consumo contestatario basado en la oposición a una norma restrictiva. Pero como lo que existe, certificado por los que concurren a los boliches, por los curas villeros en su terreno y por quien se ocupe del tema, es una tolerancia social excesiva, el aumento posible no debería ser un por ciento significativo.

En cambio una sociedad dañada por su idealización del abuso de drogas, que hace de esta práctica un hábito, y que tal vez encuentra en los precios crecientes un cierto motivo de restricción, encontraría una salida. Al abrirse el juego con la presunta legalización, digamos parafraseando a Eduardo Amadeo: el incremento sería explosivo e incontrolable.

No habría que reducir la prevención que estaría más en demanda por el aumento de la población afectada, y por su parte los tratamientos, ya exiguos respecto a la demanda, se verían desbordados en exceso.

Pero más allá de las estadísticas estaríamos rindiéndonos ante el delito organizado en forma internacional. El negocio no sería abandonado por quienes hoy lo manejan, los que simplemente podrían dejar de esconderse y podrían acceder a los niveles más respetables de la vida académica, de la política, de la cultura, de la vida empresaria.

Hagamos respetable el negocio siguiendo la lógica más pura del capitalismo explotativo: rinde más impuestos, es lo que sostenían los economistas de Chicago.

Ante nosotros nuestros hijos podrían destruirse legalmente. Estarían dentro de la Ley. Ni Orwell imaginó algo más definitivamente fatal para una sociedad. Resignemos la libertad, que significa también conocer el derecho a una vida sana, y conformaremos a aquellos a quienes preocupa la corrupción.

Luchando contra la corrupción no nos quedará nada por salvar. Ya las villas nos enseñan lo que ocurre cuando se despenaliza el consumo y éste cuela por los resquicios de la vida y aporta destrucción, deterioro, desgaste y poca vida.

Dr. Wilbur Ricardo Grimson

PROYECTO DE LOS PADRES DE CÓRDOBA

La experiencia iniciada por padres y jóvenes en la Provincia de Córdoba intenta demostrar que no hace falta estar borracho para divertirse en una fiesta. Lo que confunde la cuestión es casi seguramente una mezcla de expectativas exageradas, calculo del desempeño exitoso esperado, necesidad de cumplir con las fantasías. Todo ello lleva a una frustración que se intenta despejar como si fuera soluble en alcohol Como dicen los franceses “lo único soluble en alcohol es el súper yo”.

A todos nos ha pasado cuando éramos jóvenes, pero teníamos una defensa en que los límites generacionales estaban más marcados. Y por ahí las expectativas eran más módicas o estaban mejor graduadas. Hoy la Tinelización y su expansión a la casi totalidad de los medios de comunicación lleva a que se cultive una cultura del impulso del arrebato. Nada alcanza. Si ya muestra el traste el conductor le arranca un cacho más de pollerita. Y la cámara tiene que ponerse a ras del piso.

La oralidad en lo sexual no es ya complemento. Casi parece un objetivo. Campo entonces dejado libre a la inmadurez. Se la promueve y estimula como logro. Y todo implica una banalización del sexo. Que es una forma de perder la experiencia en su riqueza. La cópula en cambio aparece como mas complicada, mas distante y no se asegura el dominio de uno sobre el otro.

Pero volvamos al proyecto de los padres. Tiene buenas intenciones. Y que esto es posible lo demuestran las experiencias de Proyecto Cambio en España y en algunos otros lados. Sería rescatar conductas, valores y experiencias. Ofrecer algo más real y promover encuentros de personas en lugar de excitación de poblaciones.

Con tiempo y no por ánimo crítico habrá que estudiar el maridaje entre actividades interactivas, juegos, contactos grupales y la parafernalia lumínica y sonora de los lugares de baile. Porque se pretende cambiar la situación casi explosiva actual por una mas parecida un templo sereno. Haría falta mucha participación de jóvenes en el diseño de diferentes alternativas. Porque ensordecerse, deslumbrarse y desconectarse van juntos.

Pero es bueno que se debatan estas cosas y que se propongan variantes. Buen tema para el intercambio, no?

Dr. Wilbur Ricardo Grimson