DESPENALIZACIÓN – por Gonzalo Garay (psiquiatra)
Estoy en contra de la despenalización de la tenencia de drogas que efectivamente traerá más adictos y consecuencias problemáticas. Como ya ocurriese (y ocurre) con la tenencia de armas por parte de legítimos usuarios, se pretende desarmar a éstos. Que el Estado no actúe, es decir, que la Justicia y la Policía no actúen de consuno y con precisión para evitar la delincuencia armada, no justifica el atropello que se pretende con el “desarme general”.
Algo en espejo, es decir, invertido, ocurre con el proyecto de ley de despenalización sobre la tenencia y consumo de drogas. Que muchos consumidores hayan sido desproporcionadamente y hasta brutalmente castigados no justifica la despenalización absoluta de la tenencia y consumo. Tampoco lo justifica el hecho de que no se luche proporcionalmente contra el narcotráfico.
Se ha castigado a los fumadores de tabaco, han sido excluidos de circuitos sociales por el prejuicio higienista de los padecimientos del fumador pasivo, a quien es mucho más probable que atropelle un Scania Bavis, a que muera de cáncer, que, por otra parte, contraerá por humo del gasoil mal controlado.
Sin embargo no se tiene en cuenta que el consumidor de drogas padece la propensión a los pasajes al acto, (acciones incontrolables bajo un estado de despersonalización que lo precipitan violentamente en otra escena), la distorsión de las relaciones sociales, y el desinterés por la vida social en su conjunto. Es verdad que esto no ocurre siempre: Freud mismo consumía cocaína y no por dolor físico, como se lo suele “despenalizar”, aunque sí por el placer de tratar el dolor psíquico que todos padecemos por existir. Inventaría después otro método para paliar ese dolor.
El consumo, no digamos la adicción, no favorece el intercambio social; sí el aislamiento detrás de una engañosa solidaridad grupal.
Bajo un velo de ‘libertad’, un juez, confunde ‘deseo’ con ‘goce’ (voluntad indomable de ir más allá de todo límite) y no trepida en despenalizar al consumidor, precipitándolo a la posibilidad de caer presa de un fantasma sadiano de “¡goza hasta reventar!’, ¡para eso eres libre!”, ya que niega la importancia del ‘deseo insatisfecho’, estado universal de normalidad. La adicción, a diferencia del orgasmo, no pone fin y, por el contrario, prolonga la exigencia de goce. No hay elección. Hay que ir más allá aún.
Si bien la droga es un objeto que separa de un sufrimiento, lo hace también de los ideales que son la causa del malestar cultural, cuya necesaria función paterna de ordenadores, se ve entonces abolida. Es muy grave. Sin los ideales sociales, que están para ser criticados, hay locura.
Bajo el empuje de un progresismo imaginario, el gobierno impulsa la aprobación de la ley. Muy diferente y bienvenida es la ley sobre Identidad de Género, ya que, aunque parezca extraño, la anatomía no hace la diferencia.
No es cierto que seamos libres. El proyecto de ley de despenalización desconoce el Inconsciente que hace que no siempre, o, por lo menos en la proporción querida, seamos dueños de nuestros propios actos. El Inconsciente comanda, entonces, porque es él quien se droga y no el Yo que dice ‘no quiero’. Por eso apruebo la intervención del Estado en muchos aspectos, desde los cinturones de seguridad al control de la alcoholemia, etc., mal que les pese a los ‘liberales’, ya que la libertad humana es una ilusión por culpa del Inconsciente mismo. “El Yo no es dueño en su propia casa”, como afirma S. Freud.
Gonzalo Garay
Psiquiatra
DNI 5950740
ggaray.e@hotmail.com
