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PERSONALIDAD INESTABLE

La palabra personalidad deriva del griego “persona” que indicaba la máscara que usaban los actores en el teatro clásico. Con el correr del tiempo el sentido de la palabra cambió, para señalar lo más íntimo del ser humano.

La personalidad comprende el conjunto de características psicológicas que cada uno de nosotros tenemos y que se manifiestan de manera automática en todas nuestras acciones. Es consecuencia de lo innato, del desarrollo, del aprendizaje y de la acumulación de experiencias y acciones recíprocas entre el individuo y su medio y que define, progresivamente, la manera de percibir, sentir, pensar, afrontar y comportarse de una persona. 

Cuando los rasgos de personalidad perturban la adaptación y producen un deterioro funcional o malestar en el individuo, se transforma en un trastorno de personalidad. Dentro de ellos está la personalidad “emocionalmente inestable”.

Son hombres o mujeres que tienen relaciones personales no solo variables  sino muy intensas. En especial, porque tienen un gran temor a ser abandonados y realizan grandes esfuerzos para que esto no suceda, aunque el temor, consciente o inconscientemente, siempre está presente y sufren mucho por esto.

El miedo al abandono es consecuencia de la intolerancia para estar solos y a la necesidad de sentirse acompañados, ya que su seguridad personal radica en sentirse queridos y aceptados. Cuando se enamoran pueden postergar toda relación con el entorno para entregarse totalmente a la persona de la que se han enamorado, llegando a soportar desprecios, malos tratos e, incluso, abusos sexuales. Se prodigan por completo, buscando estar siempre juntos y pretendiendo compartir hasta los mínimos detalles.

Pero, ante una frustración, la persona idealizada pasa a ser devaluada o a recibir reproches agresivos por sentir que no le brinda toda la atención o el tiempo que exige. La vida emocional oscila así de un extremo a otro, de lo idílico a lo penoso, sin términos medios. Por lo general, el otro miembro de la relación también tiene sus particularidades y es común encontrar cierto grado de simbiosis entre ambos.

Otra característica es la impulsividad, actuando sin pensar en las consecuencias de sus acciones. Son personas que generan bastante desconcierto a su alrededor, ya que las reacciones airadas y los cambios de opinión afectan la convivencia. Son hipersensibles, explotan por cualquier motivo y se enojan con la persona que supone que lo debe querer y atender. Los vínculos de pareja y familiares se fracturan con facilidad.

A la bronca le sigue la pena y la  culpa, llegando después a sentirse malas personas. También es común un sentimiento crónico de vacío interior y de aburrimiento, buscando siempre algo que hacer aunque resulta difícil encontrarlo.

Tienden a desvalorizarse por lo cual es frecuente que abandonen cuando están cerca de lograr un objetivo, generando reacciones de incomprensión en los demás ya que, por ejemplo, dejan una carrera cuando están por recibirse.

En una época se consideró que eran casos intratables pero en la actualidad la combinación de psicoterapia junto a determinados psicofármacos permite ofrecer una ayuda potencialmente satisfactoria.

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LAS IDEAS DE SUICIDIO

PREGUNTA

Dr.: mi hijo de 18 años últimamente está hablando de que se va a matar. Quisiera su opinión. Con mi esposa no sabemos si es para llamar la atención o si lo dice en serio. Yo pienso que si lo dice es porque no lo va a hacer. Estanislao Z.

San Fernando, Pcia. de Bs. As.

 RESPUESTA

  Muchas personas tienen ideas suicidas a lo largo de la vida. Para casi todas resultan pensamientos pasajeros que pueden presentarse, por ejemplo, después de la muerte de un ser querido o cuando las circunstancias les hacen ver perspectivas desalentadoras del porvenir.

  El ser humano necesita siempre tener una idea positiva sobre su futuro. Tanto, que hasta le permite pensar que la vida continúa después de la muerte, evitando así considerar que con la muerte todo termina. Aquellos que profesan una religión, se amparan en la idea del cielo, otros, en la reencarnación y están quienes piensan que pasan a otra dimensión, aunque no les resulte muy claro su significado. Muchos confían en que sus obras los sobrevivirán o se perpetuaran a través de su descendencia.

  La idea de un futuro es, en última instancia, el motor de la vida aún cuando se trate de un corto plazo. En las situaciones adversas o penosas, la idea de un porvenir diferente ayuda a resistir y sacar fuerzas para seguir adelante.

  Cuanto se pierde la esperanza, es decir, se instala la desesperanza, es cuando pueden aparecer las ideas de suicidio como un mecanismo de escape, idea que puede adquirir un valor reconfortante, hasta tal punto que el temor a vivir llegue a parecer peor que el temor a la muerte.

  El pensamiento suicida es un proceso que se va elaborando progresivamente, y por lo general, no irrumpe de golpe. Por lo común, una persona que está mal, que sufre, que tiene tristeza y desea no seguir así, empieza a pensar algo semejante a “si no me despertara por la mañana…”. Si el sufrimiento no cede o no hay posibilidad de recibir ayuda,  seguirá pensando en cómo desaparecer.
Es importante destacar que los pensamientos suicidas, los intentos de suicidio y el suicidio son cosas muy diferentes.

Según datos de la Organización Mundial de la Salud, aproximadamente un millón de personas por año fallece por suicido en el mundo y el número de tentativas suicidas es unas 10-20 veces mayor. Es decir, se produciría una muerte por suicidio cada 40 segundos y una tentativa cada 3 segundos. Por lo tanto, los pensamientos y los intentos suicidas no son tan infrecuentes.

  Como un dato de gran importancia, la mayoría de las personas que se suicidaron realizaron algún tipo de consulta médica entre los 30 y los 90 días anteriores a concretar el acto. Es decir, que no fueron detectados como personas en riesgo de muerte.

Tal como señala el lector, existen una serie de creencias erróneas sobre el suicido: 1) que quien amenaza con suicidarse no lo hace. Toda amenaza debe ser tomada en serio ya que el 80% de los pacientes que se suicidaron lo anunciaron previamente 2) que preguntar por las ideas de suicidio incrementa el riesgo de suicidio. Por el contrario, es probable que la persona se sienta reconfortada de poder hablar con alguien, y 3) no creer si el paciente se compromete a no suicidarse: hacer un “pacto de no suicidio” no es ninguna garantía de que el paciente no lo concrete.

Resultaría vital en nuestro país disponer de datos estadísticos precisos para llegar a elaborar campañas de prevención, hoy inexistentes.

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E. Norberto Abdala, para Viva del 17/1/10

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LA IMAGINACIÓN

PREGUNTA

Estimado Dr.: Tener mucha imaginación ¿es algo bueno o malo para nuestra mente? A veces veo que las personas con mucha imaginación son muy positivas y creadoras y otras, en cambio, sufren y se enferman. Me gustaría conocer su opinión. Muchas gracias.

Atilio Otolengui, S. Rosa, La Pampa.

RESPUESTA

La pregunta de Atilio parece simple pero es profunda. El cerebro es un órgano maravilloso que nos permite conservar las experiencias vividas y facilitar su reiteración, pero si su actividad sólo se limitara a eso, el hombre sería incapaz de adaptarse a cualquier cambio nuevo del medio ambiente ya que sólo dispondría de recuerdos.  Por lo tanto, junto a la memoria, el cerebro posee otra función no menos importante: la imaginación.

Es ésta una poderosa actividad creadora que le permite modificar su presente y proyectarse hacia el futuro. Sin imaginación no hay creación, lo que transforma a la imaginación, no sólo en la actividad cerebral más fecunda, sino también en la más noble, ya que es la que permite  anticipar el conocimiento. Gracias a ella se pueden vislumbrar posibilidades diferentes a las del presente e intentar diseñar un futuro distinto. Esta capacidad de pensar el futuro y hacer proyectos es lo que distingue al ser humano de sus primos del reino animal, quienes ni siquiera sospechan de su existencia.

Solo se puede pensar en el futuro con la imaginación. La mayoría de los grandes logros alcanzados por el hombre fueron posibles porque antes los imaginaron; éstos fueron concebidos por sus mentes antes de que ocurrieran. Es decir que, y esto vale para todos, antes de crear y concretar cualquier proyecto se lo debe imaginar como posible.

Sin embargo, la imaginación puede resultar peligrosa si no viene acompaña de un juicio sano, que permita diferenciar lo racional de lo irracional, de otro modo los pensamientos absurdos resultarían vistos como posibles.

La imaginación puede, por lo tanto, enriquecer una vida sana y mejorla a futuro, pero también deteriorarla o arruinarla. Sin el contrapoder de la razón, sólo aportaría falsas ilusiones o perspectivas de futuro erróneas o trágicas.

Si la razón se altera, tanto por cuestiones emocionales como por problemas químicos, puede desajustar el mecanismo de la imaginación, creando así anticipadaspelículas” de miedo, de terror, de pesimismo o de futuros sin salidas. En otras palabras, cuando los miedos, la depresión, los celos o la desconfianza son los combustibles finales que alimentan la imaginación, se pueden llegar a producir niveles de sufrimiento insoportable.

En consecuencia, una imaginación sana puede perder su cualidad de mecanismo para mejorar el futuro, y transformarse en una suerte de padecer anticipado, donde lo que se viene se percibe como difícil de soportar.

Tampoco hay que olvidar que todos somos influenciables, y que por diversos intereses, algunos agentes sociales pueden inducirnos el miedo al futuro con datos falsos, estadísticas distorsionadas, rumores sin confirmar o profecías paralizantes.

Es lo que se llama estrés por imaginación sobreestimulada. El cerebro puede confundirse, a pesar de su notable perfección, y no diferenciar bien si está percibiendo la realidad o si es espectador de una fantasía inducida por terceros. Eso sí: reacciona de la misma manera, segregando sustancias químicas y hormonas tóxicas que pueden terminar enfermando a muchos.

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E. Norberto Abdala.

Para VIVA del 21-6-09

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BAJAS DEFENSAS

PREGUNTA

“Estimado doctor: Hace unos meses que tengo mucho estrés por una serie de problemas que se me juntaron en mi trabajo y en mi familia y aunque siempre fui muy sano, en la actualidad me agarro resfríos, gripes, anginas, gastritis y paso de una cosa a la otra. Quisiera saber si la parte emocional me puede afectar y bajar mis defensas. Y si me puede dar algunos consejos. Muchas gracias y muy buenas las notas”.

Javier Oliategui, Quilmas, Pcia. de Bs. As.

RESPUESTA

Efectivamente, el estrés produce una disminución de las defensas a cargo del sistema inmunológico (SI), compuesto por un conjunto de órganos, tejidos, células y proteínas que trabajan conjuntamente. La función del SI es doble: 1) proteger al organismo frente a la invasión de microorganismos externos (bacterias, virus, parásitos y hongos) y, 2) eliminar células del propio organismo que estén lesionadas o empiecen a degenerar.

En los niños pequeños el SI es inmaduro y no tiene capacidad de producir las defensas (anticuerpos) que necesita. De ahí la importancia que adquieren los anticuerpos maternos que se traspasan al bebé por la placenta durante el embarazo y, después, por la leche materna durante la lactancia. Con el crecimiento del niño también “crece” el SI porque progresivamente y a diario se ve expuesto a gérmenes de forma directa (en el jardín de infantes, el colegio, a través de hermanos mayores, etc.) o indirecta, a través de las vacunas.

Con el correr de los años y de las décadas, el SI va disminuyendo su eficacia. En el adulto, el sistema inmune se vuelve lentamente menos efectivo y, en consecuencia, el cuerpo es más vulnerable ante la gripe, las infecciones, anginas, neumonías o el cáncer. Los macrófagos, células de la primera línea de defensa del SI, destruyen entonces, de manera más tardía y menos efectiva a  bacterias, células tumorales y otros agentes invasores.

Incluso, el SI puede “confundirse” y atacar a las células sanas del propio organismo como si fueran extrañas o enemigas, generando las llamadas enfermedades autoinmunes. Aunque cualquier órgano puede ser víctima de esta confusión, son muy frecuentes los ataques contra la tiroides, las articulaciones o la piel.

Muchos factores pueden incidir o debilitar al SI. En la actualidad, uno de los más importantes es, como comenta Javier, el estrés, dado que las hormonas que se producen durante este estado, debilitan a los linfocitos T y B, los soldados de máxima importancia del SI. Es decir, que existe una franca interacción entre el sistema nervioso y todos los participantes del SI a cargo de  contribuir a la defensa eficaz del organismo. Por lo tanto,  también la tensión nerviosa, la ansiedad, los miedos y la depresión debilitan de manera notoria la competencia del SI. Este vínculo entre el SN y el SI es de tanta importancia que explica por qué entre dos personas convalecientes de una misma infección, se recuperará más fácilmente aquella que tenga un mejor estado de ánimo.

Una gran cantidad de estudios arrojan una misma conclusión: el estrés, por la adrenalina y el cortisol que se producen, altera tanto al SI que, además de influir en la evolución de las infecciones, dificulta la cicatrización de las heridas, y puede agravar el curso de algunas enfermedades, incluyendo al cáncer.

En cuanto a los consejos solicitados, recomendaría atender el estado emocional con un profesional, mantener una alimentación equilibrada, tomar vitaminas B y C y consumir tabaco y alcohol con moderación. Muchos fármacos, pero en especial los corticoides –utilizados por períodos largos- producen, una baja de las defensas.

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E. Norberto Abdala

Para VIVA del 7/6/09.

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APNEA DE SUEÑO

PREGUNTA:

Estimado Dr: le consultó por un problema de mi marido que me tiene muy alterada. Todas las noches duermo mal porque ronca muy y le confieso que me asusto mucho porque por momentos deja de respirar. ¿Qué se puede hacer para esto? Por si le sirve el dato Jorge tiene 59 años.

Muchas gracias. Nacha Triguela, San Salvador de Jujuy.

RESPUESTA:

Evidentemente si Jorge ronca es porque está durmiendo. Sin embargo, roncar puede ser un síntoma de un mal sueño nocturno. El sueño cumple un papel clave en la vida, pues es la única manera de recuperar la energía que se gasta durante el día. Si se duerme mal, muchas capacidades se verán afectadas al día siguiente.

Algunas personas no les dan importancia a los ronquidos pero si combinan con esos paros respiratorios que describe Nacha, pueden estar padeciendo un trastorno serio que llama apnea de sueño.

Se calcula que casi un 10% de la población la sufre, cifra que la hace más frecuente que la diabetes y el asma bronquial. Afecta tanto a niños como a adultos, y es más común en los hombres de entre 30 y 60 años.

Siempre la persona más indicada para hacer el diagnóstico es, como Nacha, la compañera/o de cama. Cuando se escuchan dos, tres, cuatro ronquidos y después se produce un silencio, está indicando que esa persona está en apnea. Es un trastorno que se debe atender ya que afecta al cerebro y al aparato cardiorrespiratorio, con riesgo de llegar al infarto o a otros trastornos de envergadura. (Ya Hipócrates, en la antigüedad, pronosticaba “una corta vida a los roncadores de boca abierta”).

Si la apnea, es decir, el paro respiratorio, es de 10 segundos de duración o más produce repercusiones importantes como consecuencia del descenso de la concentración de oxígeno en la sangre (hasta en un 30%) y el cerebro deja de recibir durante ese lapso el oxígeno suficiente. Este problema se considera de envergadura si ocurren entre 5 a 10 interrupciones respiratorias por hora.

Las consecuencias oscilan desde manifestaciones leves (somnolencia durante  el día, dolor de cabeza, falta de concentración y memoria, impotencia sexual) hasta otras severas (aumento del número de glóbulos rojos con mayor viscosidad de la sangre, arritmias cardiacas, hipertensión arterial, hipertensión de la arteria pulmonar y hasta la muerte súbita).

¿Qué se puede hacer para solucionar o atenuar este trastorno? Además de consultar al médico, es de utilidad atender los siguientes consejos: 1) No dormir boca arriba, mejor de costado o boca abajo, 2)  mantener un peso adecuado, 3) la circunferencia abdominal (a nivel del ombligo) no debe superar los 102 cm. en el hombre y los 88 cm. en mujer, 4) no fumar o que sean menos de 5 cigarrillos diarios, 5) no beber  alcohol, café u otras sustancias que afecten el sistema nervioso, al menos en las horas anteriores al sueño, 6) no comer grasas en exceso, 7) realizar actividad física durante 1 hora por día y 8) cuidar la ingesta de somníferos y tranquilizantes, ya que algunos pueden afectar los músculos de la garganta y coadyuvar a la presencia de la apnea.

En casos severos, donde los consejos señalados no son suficientes, el médico puede indicar el uso de aparatos de respiración asistida. Son equipos nocturnos que suministran aire con una presión positiva en las vías respiratorias a través de una mascarilla o de un dispositivo nasal. Existen diversas variedades, que reciben el nombre genérico de CPAP, por sus siglas en inglés (Continuos Positive Airway Pressure).

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E. Norberto Abdala.

Para VIVA del 31/5/09.

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DEPRESIÓN POSPARTO EN LOS PADRES

El nacimiento de un hijo produce, en general, alegría, aunque en ocasiones puede ser fuente de estrés, temor, rechazo o sobrecarga, tanto para la madre como para el padre. Los sentimientos de culpa suelen ser, entonces, frecuentes, aunque casi siempre silenciosos.

Resulta común que muchas mujeres en los primeros días posteriores al parto puedan sentirse tristes. Es lo que se conoce como maternity blues: episodios transitorios de tristeza, crisis de llanto, cansancio, ansiedad, dolores de cabeza e insomnio. Por lo general, aparece entre el tercer y séptimo día del posparto, su duración es corta y desaparece de manera espontánea.

Pero si los síntomas persisten después de varias semanas, la madre podría estar sufriendo un proceso diferente y más importante, llamado depresión posparto, que hace imprescindible la consulta con un especialista.

En este punto, es necesario subrayar que la atención médica no sólo apunta a revertir el malestar de la madre, sino prevenir que la depresión materna no afecte al recién nacido. El primer año de vida es un período de suma importancia para el desarrollo futuro de un niño. Muchas investigaciones señalan que la depresión materna no tratada en forma adecuada, expone al bebé en riesgo de padecer trastornos en su posterior desarrollo evolutivo, sea a nivel de conducta, aprendizaje o emocional.

En el campo de la psicología infantil, se llama apego a ese vínculo especial que se establece entre la madre y el recién nacido. El apego tiene las siguientes características: 1) es una imprescindible relación emocional perdurable entre madre (o con quien cumpla la función materna) y el hijo, 2) esa relación produce en el niño seguridad, tranquilidad, consuelo, agrado y placer, 3) la pérdida o la amenaza de pérdida del apego, provoca un fuerte estado de ansiedad en el niño y 4) el apego normal determina el andamiaje emocional y funcional para todas las relaciones que el niño desarrollará en su vida futura.

Expertos en maternidad y pediatría advierten sobre un reciente fenómeno que afecta el desarrollo del apego normal: las madres jóvenes obligadas a ingresar o retornar al campo laboral y que dejan tempranamente de amamantar a sus hijos. La lactancia es de suma importancia en el desarrollo del apego y pese a la intención y deseo de la madre, puede no encontrar las condiciones físicas ni psicológicas adecuadas para lograrlo.

La depresión materna posparto se considera consecuencia de los cambios hormonales que ocurren en el embarazo y el parto, pero no es la única causa. Otros factores pueden contribuir: la relación de pareja, el apoyo o no del esposo, los cambios producidos por el nacimiento, el incremento en las responsabilidades, el estrés de la vida diaria, la situación económica, etc.

Se debe señalar que las mujeres no son las únicas susceptibles a la depresión posparto, ya que los padres también pueden padecerla y generar un impacto significativo sobre sus hijos. Si un padre se deprime después del nacimiento de su hijo, éste puede ser propenso a tener futuros problemas de conductas, con una frecuencia tres veces mayor que en situaciones de normalidad.

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E. Norberto Abdala.

Para Viva del 29/3/09

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USO DE PSICOFÁRMACOS DURANTE EL EMBARAZO

El uso de medicamentos durante el embarazo siempre resulta un tema complejo, ya que implica considerar los riesgos y los beneficios que traen tanto para la madre como para el feto.

En algunos países -EEUU, Australia y Alemania- las agencias reguladoras editan códigos farmacéuticos que permiten, en todo momento, tener una idea sobre el grado de riesgo fetal de un determinado fármaco, a través de unas letras que indican el riesgo potencial de esa sustancia. En esos países las letras indicadoras  deben estar en la ficha técnica y en el prospecto farmacéutico de cualquier producto. Sería conveniente que las industrias farmacéuticas residentes en nuestro país incorporaran la famosa letra en el prospecto de todos sus productos.

En general, en nuestro medio, los médicos nos manejamos en la práctica con el código de la FDA (Food and Drug Administration), entidad de los EEUU responsable del control de los medicamentos y de los alimentos que salen al mercado para su venta. Sin embargo, los médicos debemos recordar que cuando no se encuentra la opinión en la FDA, están disponibles las categorías australianas o alemanas.

Los americanos han establecido una clasificación de los medicamentos (también válida para los psicofármacos) según el riesgo potencial para el feto, en las siguientes categorías:

Categoría A: los estudios en la mujer no han podido demostrar ningún riesgo para el feto en el primer trimestre (formación del cuerpo) ni durante los otros dos (crecimiento). Así, pues, la posibilidad de riesgo fetal parece remota.

Categoría B: los estudios en animales no han demostrado riesgo fetal pero no existen estudios en mujeres embarazadas, o bien, los estudios en animales han demostrado efectos adversos que no han podido ser confirmados en estudios bien controlados en mujeres.

Categoría C: o bien los estudios en animales han demostrado efectos adversos y no existen estudios controlados en mujeres o no se dispone de estudios ni en animales ni en mujeres.

Categoría D: existe evidencia positiva de riesgo fetal pero los beneficios de su uso en las mujeres embarazadas pueden hacerlo aceptable a pesar del riesgo (por ejemplo, cuando el fármaco se necesita en una situación de peligro para la vida o en una enfermedad grave para la que no se dispone de medicaciones más seguras).

Categoría X: los estudios en animales o en humanos han demostrado la existencia de anomalías fetales o existe evidencia de riesgo fetal basada en experiencia en humanos o ambas cosas a la vez. En conclusión, los fármacos de esta categoría están contraindicados en embarazadas o en mujeres que puedan estarlo.

La mayoría de los antidepresivos y ansiolíticos pertenecen a la categoría C y D, los estabilizadores del ánimo (carbamacepina, litio o valproato) a la D y otros psicofármacos a la X.

El uso de los psicofármacos debe ser ponderado exhaustivamente en cada situación particular ya que muchas enfermedades psiquiátricas suponen un riesgo igual o superior al de un fármaco determinado y, por la tanto, hay que sopesar ambos factores. Las consultas y el trabajo en colaboración con el obstetra son imprescindibles.

 

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E. Norberto Abdala

Para VIVA del 12-10-08.

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DESARROLAR EL CEREBRO

Los órganos del cuerpo humano necesitan, para crecer y mantenerse sanos, de sustancias específicas, sin las cuales sus células mueren. En el cerebro esas sustancias son las neurotrofinas, principales responsables de que este órgano disponga de neuronas activas y efectivas. La primera neurotrofina fue descubierta por Rita Levi-Montalcini, en 1951, y permitió demostrar que las neuronas son las constructoras de sus propias redes para lo cual requieren, precisamente, de estas sustancias. En la actualidad, las deficiencias de neurotrofinas están involucradas en diferentes enfermedades, como la epilepsia, la enfermedad de Alzheimer, la de Parkinson y la depresión.

La actividad física es uno de los recursos efectivos para aumentar los niveles de neurotrofinas. En experimentos realizados con ratas, se observó que luego de varios días de hacerlas correr en una rueda al menos 1 o 2 km. por día, los niveles de neurotrofina aumentaban el número de las neuronas del hipocampo, una estructura relacionada con la memoria. Lo mismo sucedería en el humano.

Otra forma de incrementar las neurotrofinas cerebrales es hacer trabajar al cerebro para que fabrique mayores cantidades de estas sustancias. Es decir, cuanto más activas estén las células del cerebro, más cantidad de neurotrofinas producirán y esto generará, a su vez,  mayores conexiones entre las distintas áreas del cerebro. La consecuencia será un cerebro con mejor funcionamiento, una mejor memoria  y un mejor estado de ánimo.

La mayoría de las actividades que cualquiera de nosotros realiza a diario cabe dentro de una serie de rutinas, que hacen que el cerebro funcione en automático, con un mínimo de desgaste para lo cual requiere un mínimo de energía. En otras palabras, muchas de las actividades cotidianas pasan por los mismos circuitos de neuronas, acostumbrados a hacer su trabajo. Aunque al cerebro, al igual que el experimento con las ratas, convenga hacerlo “correr”, con acciones nuevas y diferentes. Para Iván Izquierdo, prestigioso neurocientífico argentino que reside en el exterior, “la mejor recomendación es leer, leer y leer: con la lectura se activan todas las regiones de la corteza cerebral”.

Con el mismo fin, el Centro de  Neurobiología del Duke University Medical Center (EEUU) propone una serie de ejercicios sencillos que  servirían para estos fines, en una suerte de Pilates cerebral. Como ejemplos:

  1. Intentar ducharse con los ojos cerrados: localizar las canillas, ajustar la temperatura del agua, buscar el jabón y encontrar el shampoo.
  2. Utilizar la mano no dominante para comer, escribir, destapar el dentífrico o lavarse los dientes
  3. Leer en voz alta para activar otros circuitos cerebrales que cuando se lee en silencio.
  4. Cambiar los itinerarios y tomar diferentes caminos para ir al trabajo o volver a casa.
  5. Modificar las rutinas y cambiar la ubicación de los objetos cotidianos de uso.
  6. Aprender algo nuevo: computación, fotografía, cocina, yoga, baile o un idioma.
  7. Identificar objetos sin mirarlos. Por ejemplo, reconocer con el tacto el valor de las monedas que están en el bolsillo.

 

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E. Norberto Abdala.

Para Viva, del 16 de noviembre de 2008.

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LA CIBERCONDRÍA

La característica esencial de la persona con hipocondría es el miedo a padecer o la convicción de tener una enfermedad grave, a partir de la interpretación individual que realiza respecto de alguna sensación o señal que aparezca en su cuerpo. Puede ocurrir, por ejemplo, con lunares, pequeñas heridas, latidos cardíacos, movimientos involuntarios o sensaciones físicas no muy definidas.

Moliere, el irónico comediante francés, logró plasmar este drama en su obra “El enfermo imaginario”. En realidad, Argan, el protagonista, expresa la etapa terminal del autor que estaba muy enfermo e intentó buscar con ella la catarsis de su enfermedad. Es decir, Moliere se burlaba y se mofaba de su propia desgracia y fatalidad.  Irónicamente, pocos días después del estreno, y en plena representación, Moliere se indispuso y murió al cabo de unas horas.

En la actualidad, existe una nueva forma de hipocondría, llamada cibercondría, término acuñado en abril de 2001 por la BBC de Londres, ante la declaración de médicos ingleses que informaban que recibían muchos pacientes quienes habían consultado en internet antes de visitar al propio médico. La ansiedad de estos pacientes por conocer más acerca de sus posibles enfermedades los llevaba, tenazmente, a buscar sus síntomas en la web llegando, incluso, al auto-diagnóstico y a la auto-medicación.

Cada año se incorporan 500.000 nuevas referencias a la base de datos MedLine, corazón de un inmenso sitio de información médica que existe en internet. Nutre a los profesionales más responsables de diversas especialidades médicas, incluyendo sociedades científicas, editoriales médicas, instituciones sanitarias públicas y medios de comunicación. Esta información ayuda, sin duda, a tener conocimientos muy actualizados sobre diversas enfermedades y tratamientos. El riesgo es que, además, existen muchas otros sitios en la web que no son fiables y que ofrecen diversos medicamentos “mágicos” para curar todo tipo de trastornos.  

Sin embargo, aún dentro de los más prestigiosos sitios médicos y dignos de tener en cuenta, los mensajes generados alcanzan no sólo un volumen desmesurado sino que, muchas veces, son contradictorios para el ojo inexperto. Esta situación genera en los ávidos hipocondríacos mayor desconcierto, ansiedad, preocupación y miedo por la propia salud.

En la práctica médica la prevalencia de la hipocondría se sitúa entre un 4% y un 9% de las personas que consultan. Pese a que normalmente no se les presta mucho atención, lo cierto es que los hipocondríacos están realmente enfermos. Pero no de lo que ellos creen, sino que padecen un trastorno que  tiene aspectos comunes con las obsesiones: ambas patologías incluyen pensamientos preocupantes y recurrentes, la necesidad de encontrar absoluta seguridad y la intolerancia a la incertidumbre.

Es fácil suponer que con internet resulta mucho más sencillo ser hipocondríaco ya que la proliferación de mensajes sobre la salud puede, paradójicamente, extender el miedo a enfermar y crear una nueva legión de cibercondríacos.

 

 

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E. Norberto Abdala

Para Viva del 21/9/09.

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NO TENGO “PILAS”

Una de las consultas más frecuentes que recibo de los lectores de Viva se origina en la  “sensación de falta de energía” o “de estar con poca pila” para desarrollar las tareas habituales. Efectivamente, ésta es en la actualidad una problemática frecuente e incómoda, que tiende a minimizarse por parte de quienes la padecen y suponen, casi siempre, en una primera instancia, que  con algunas vitaminas o unas vacaciones se resolverá el problema.

  Estas personas refieren que empiezan el día cansadas, a pesar de haber dormido bien por la noche. En los casos más leves, se manifiesta una ausencia de motivación, y el esfuerzo reiterado por sostener el interés o el deseo en las rutinas cotidianas -que habitualmente realizaban antes con ganas o, por lo menos, con regularidad-. En algunos casos, en que el problema adquiere mayor intensidad, se instala el aburrimiento,  la dificultad para tomar decisiones y la falta de concentración. La persona tiende a mortificarse porque percibe que sus sentimientos están como “apagados”, a lo que se suma la escasez de ideas y la falta de creatividad. A nivel físico, siente cansancio, falta de deseo sexual y molestias corporales difusas.

     La falta de deseo sexual (tanto en el hombre como en la mujer) resulta fácil de comprender, ya que la actividad sexual requiere de un condicionamiento energético importante (la libido se define como la energía psíquica inconsciente). La falta de energía generalizada se traduce, en estos casos, en una disminución del nivel de actividad: las que suelen preservarse suelen ser  las obligatorias -como el trabajo o el estudio-.

  El problema se hace más evidente cuando, pudiendo aprovechar el tiempo libre, las salidas sociales o el disfrute de sus hobbies, la persona tiende a preferir recostarse en cama o pasar horas sentada en un sillón, mirando televisión o escuchando radio.

  Las causas de la falta de energía pueden ser muy variadas. Desde ya que cuadros infecciosos, anemias, problemas tiroideos, etc., pueden instalar este trastorno. Pero, en personas “sanas” pueden existir, además de razones psicológicas, ciertos desordenes químicos y hormonales.

  Es importante saber que para poder estar activos durante el día, el sistema hormonal segrega, entre otras, una hormona muy importante, llamada cortisol, que se produce según un determinado ritmo normal diario. Las actividades y funciones humanas, por lo general,  pueden desempeñarse mejor durante la mañana, decaen un poco alrededor del medio día. A partir de la tarde vuelve a aumentar la energía, y por consiguiente la actividad,  hasta alrededor de las 18 horas, cuando decae hasta la hora de dormir.

  En los casos de personas con falta de energía existe una alteración, que en realidad es una inversión del ritmo diario en la producción del cortisol: estos valores muestran su mayor elevación en las últimas horas de la tarde o noche, y las primeras horas de la madrugada, y no durante la primera parte del día (8 a 10 hs.) como debe suceder normalmente. Por esta razón, y paradójicamente, a veces estas personas sienten más energía al anochecer que por la mañana.

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E. Norberto Abdala

Para Viva del 1º de marzo del 2009.

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