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TRASTORNO BIPOLAR

PREGUNTA

“Dr., lo consultamos ya que estamos muy desorientados con nuestro hijo de 30 años a quien le han diagnosticado trastorno bipolar el año pasado después de un episodio de aceleración con síntomas psicóticos y paranoicos. Primero tuvo una depresión severa y durante dos años lo trataron con antidepresivos, después apareció el episodio de euforia mientras estaba sin ninguna medicación. Fue en ese momento que empezaron a hablar los psiquiatras de trastorno bipolar.”.

Flia. Llanos.   San Isidro, Pcia. de Bs. As.

RESPUESTA

La desorientación que plantean los padres de este joven con trastorno bipolar es muy frecuente si inicialmente no se realiza el diagnóstico correcto. Es útil recordar que este trastorno se caracteriza por una inestabilidad del estado de ánimo, con la alternancia de períodos de depresión con otros de euforia. Esta enfermedad afecta en la actualidad a un 2% de la población mundial y ocupa el sexto lugar en la lista de enfermedades incapacitantes entre personas de 15 a 44 años de edad, según la OMS.

Aparece, por lo general, en la adolescencia y sigue un curso prolongado, aunque pueden existir etapas transitorias de estabilidad. Una investigación realizada en el 2003 por la National Depressive and Manic-Depressive Association reveló que los pacientes bipolares recibieron de entrada diagnósticos erróneos y que consultaron un promedio de 4 especialistas antes de recibir el diagnóstico correcto.

Como en el caso de esta consulta, si el trastorno bipolar debuta con una fase depresiva es común que el paciente reciba durante un tiempo prolongado medicamentos antidepresivos, ya que es fácil confundirlo con una depresión unipolar. En cambio, si el inicio es con una fase de euforia o de excitación se facilita el diagnóstico de bipolaridad, ya que esto es lo típico de este trastorno. Pero como no es lo más frecuente, la iniciación del tratamiento correcto generalmente se produce años más tarde, calculándose que pueden transcurrir hasta 4 o 5 años desde el inicio del trastorno.

En la actualidad se desconocen las causas que lo originan, aunque un 30% de quienes lo padecen tienen antecedentes hereditarios. Pero las hipótesis genéticas no descartan otras causas, como mínimas lesiones del cerebro ocasionadas durante el parto, desequilibrios en la generación de neurotransmisores, el vivir en un medio social violento o en una familia disfuncional.

En la profundidad del cerebro se ubica el sistema límbico, cuya función es regular la estabilidad del estado de ánimo como si fuera –usando un ejemplo mecánico– una especie de termostato. Quien padece de trastorno bipolar, tiene este sistema muy sensible y fácilmente oscilante, tanto por la influencia de factores externos como por conflictos internos.

Tanto el paciente como la familia deben saber que el tratamiento farmacológico con estabilizadores del ánimo y la psicoterapia son indispensables para estabilizar y prevenir recaídas, pero la clave es que sean prolongados. Dado que las experiencias infantiles, las pérdidas, las situaciones traumáticas, el estrés, etc., juegan un poderoso papel en la desestabilización del sistema límbico, la psicoterapia debe formar parte, sin ninguna duda, del plan terapéutico.

Un error frecuente, que se debe evitar, es usar solamente antidepresivos durante la fase depresiva y tranquilizantes mayores o antipsicóticos durante la fase de aceleración. De esta manera, no se trata la enfermedad como una totalidad, sino sus fases (depresivas o eufóricas) como si fueran entidades independientes. Con un tratamiento adecuado el paciente bipolar puede lograr una estabilidad que le permita realizar una vida satisfactoria.

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E. Norberto Abdala.

Para Viva del 24/5/09

NO TENGO “PILAS”

Una de las consultas más frecuentes que recibo de los lectores de Viva se origina en la  “sensación de falta de energía” o “de estar con poca pila” para desarrollar las tareas habituales. Efectivamente, ésta es en la actualidad una problemática frecuente e incómoda, que tiende a minimizarse por parte de quienes la padecen y suponen, casi siempre, en una primera instancia, que  con algunas vitaminas o unas vacaciones se resolverá el problema.

  Estas personas refieren que empiezan el día cansadas, a pesar de haber dormido bien por la noche. En los casos más leves, se manifiesta una ausencia de motivación, y el esfuerzo reiterado por sostener el interés o el deseo en las rutinas cotidianas -que habitualmente realizaban antes con ganas o, por lo menos, con regularidad-. En algunos casos, en que el problema adquiere mayor intensidad, se instala el aburrimiento,  la dificultad para tomar decisiones y la falta de concentración. La persona tiende a mortificarse porque percibe que sus sentimientos están como “apagados”, a lo que se suma la escasez de ideas y la falta de creatividad. A nivel físico, siente cansancio, falta de deseo sexual y molestias corporales difusas.

     La falta de deseo sexual (tanto en el hombre como en la mujer) resulta fácil de comprender, ya que la actividad sexual requiere de un condicionamiento energético importante (la libido se define como la energía psíquica inconsciente). La falta de energía generalizada se traduce, en estos casos, en una disminución del nivel de actividad: las que suelen preservarse suelen ser  las obligatorias -como el trabajo o el estudio-.

  El problema se hace más evidente cuando, pudiendo aprovechar el tiempo libre, las salidas sociales o el disfrute de sus hobbies, la persona tiende a preferir recostarse en cama o pasar horas sentada en un sillón, mirando televisión o escuchando radio.

  Las causas de la falta de energía pueden ser muy variadas. Desde ya que cuadros infecciosos, anemias, problemas tiroideos, etc., pueden instalar este trastorno. Pero, en personas “sanas” pueden existir, además de razones psicológicas, ciertos desordenes químicos y hormonales.

  Es importante saber que para poder estar activos durante el día, el sistema hormonal segrega, entre otras, una hormona muy importante, llamada cortisol, que se produce según un determinado ritmo normal diario. Las actividades y funciones humanas, por lo general,  pueden desempeñarse mejor durante la mañana, decaen un poco alrededor del medio día. A partir de la tarde vuelve a aumentar la energía, y por consiguiente la actividad,  hasta alrededor de las 18 horas, cuando decae hasta la hora de dormir.

  En los casos de personas con falta de energía existe una alteración, que en realidad es una inversión del ritmo diario en la producción del cortisol: estos valores muestran su mayor elevación en las últimas horas de la tarde o noche, y las primeras horas de la madrugada, y no durante la primera parte del día (8 a 10 hs.) como debe suceder normalmente. Por esta razón, y paradójicamente, a veces estas personas sienten más energía al anochecer que por la mañana.

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E. Norberto Abdala

Para Viva del 1º de marzo del 2009.

EL “BAJÓN” OTOÑAL

Entre el 5 % y el 10 % de los argentinos sentirá en los próximos meses cansancio, desánimo y aumento de  peso  a medida que los días se acorten y haya menos luz solar. Son los síntomas de la llamada depresión otoñal, cuyo tratamiento, a diferencia de lo que sucede en otros países, no está contemplado en la mayoría de nuestros servicios médicos.
Al llegar la primavera, muchas personas se sienten  más vitales, realizan más actividad física, bajan de peso y aumentan sus deseos de estar al aire libre. A partir del otoño sucede lo contrario. Con los días con temperaturas más bajas y  menos horas de luz solar, se tiende a ingerir comidas más copiosas, a subir de peso y a tener menos deseos de realizar actividad física. Algo similar a lo que sucede en la naturaleza, donde tanto el reino vegetal y animal entran en un proceso de hibernación.
El nivel de luminosidad difundido por el sol pasa de 50.000 lux en verano a 500 lux en invierno. Para preservar el equilibrio interno del organismo, esta intensidad puede resultar insuficiente. Por debajo de los 2.000 lux, algunas personas más sensibles que otras sufren cambios en el ánimo.
De los síntomas típicos de la depresión otoñal se destacan: 1) la necesidad de dormir más horas y levantarse, sin embargo, cansado, 2) irritabilidad, apatía y tristeza, 3) mayor apetito y aumento de peso, con ansia de ingerir dulces e hidratos de carbono, 4) dificultad para concentrarse y realizar las tareas cotidianas, 5) descenso del deseo sexual, y 5) en la mujer, mayor intensidad de los síntomas premenstruales.
De este proceso es responsable la hormona melatonina producida por la glándula pineal, una pequeña estructura del tamaño de un garbanzo situada en el centro del cerebro. En todas las personas esta hormona participa en la generación del sueño nocturno y en la disminución de la temperatura corporal. La melatonina se libera al torrente sanguíneo por la noche (cuando no existe estimulación de la luz) y tiene los menores valores en sangre durante el día. Es decir, mientras la luz frena la producción de melatonina, la oscuridad estimula su síntesis en todas las especies animales, incluyendo al hombre. En consecuencia, a menor iluminación solar, mayor será la producción de melatonina durante el día. En muchos individuos, y más en las mujeres, estos cambios son todavía más marcados porque sus organismos son especialmente sensibles a la disminución de la luz del sol, por lo cual los niveles de melatonina durante el día son más altos que lo normal,  lo que genera los síntomas y lleva a que se compense la menor temperatura del cuerpo con una mayor ingestión de calorías.
La exposición al sol produce la disminución de la melatonina y mejora el humor. Por esta razón, las personas que viven en zonas cercanas al Trópico son más bulliciosas, alegres, activas y padecen con mucha menos frecuencia depresión estacional. Por el contrario, las poblaciones más cercanas a los polos, son más depresivas.
El tratamiento indicado en estos casos es la luminoterapia, una técnica sencilla por la que se expone al paciente a una lámpara difusora de una luz muy viva (10.000 lux), durante una o dos horas por día. En la actualidad, no es posible realizar este tratamiento en ningún hospital de nuestro país a pesar de su bajo costo y de la  facilidad de su empleo. Incluso, a nivel privado son muy pocos los centros en que se puede efectuar esta terapia.  El mecanismo de acción de la luminoterapia también es sencillo: como con la luz natural, la artificial entra por la retina del ojo y, a través de los nervios ópticos, llega a la zona occipital del cerebro, desde donde el estímulo se distribuye a las zonas encargadas de regularizar la secreción de melatonina. Así se reestablece el equilibrio hormonal perdido y se recupera el estado de ánimo. Realizado el diagnóstico, el paciente puede, de manera sencilla, realizar el tratamiento en su domicilio.
ELIAS NORBERTO ABDALA
Psiconeuroendocrinólogo.
Profesor Titular de Psiquiatría, USAL
norbertoabdala@gmail.com
Para VIVA, columna del 16/04/06——————————————————-

Entre el 5 % y el 10 % de los argentinos sentirá en los próximos meses cansancio, desánimo y aumento de  peso  a medida que los días se acorten y haya menos luz solar. Son los síntomas de la llamada depresión otoñal, cuyo tratamiento, a diferencia de lo que sucede en otros países, no está contemplado en la mayoría de nuestros servicios médicos.

Al llegar la primavera, muchas personas se sienten  más vitales, realizan más actividad física, bajan de peso y aumentan sus deseos de estar al aire libre. A partir del otoño sucede lo contrario. Con los días con temperaturas más bajas y  menos horas de luz solar, se tiende a ingerir comidas más copiosas, a subir de peso y a tener menos deseos de realizar actividad física. Algo similar a lo que sucede en la naturaleza, donde tanto el reino vegetal y animal entran en un proceso de hibernación.

El nivel de luminosidad difundido por el sol pasa de 50.000 lux en verano a 500 lux en invierno. Para preservar el equilibrio interno del organismo, esta intensidad puede resultar insuficiente. Por debajo de los 2.000 lux, algunas personas más sensibles que otras sufren cambios en el ánimo.

De los síntomas típicos de la depresión otoñal se destacan: 1) la necesidad de dormir más horas y levantarse, sin embargo, cansado, 2) irritabilidad, apatía y tristeza, 3) mayor apetito y aumento de peso, con ansia de ingerir dulces e hidratos de carbono, 4) dificultad para concentrarse y realizar las tareas cotidianas, 5) descenso del deseo sexual, y 5) en la mujer, mayor intensidad de los síntomas premenstruales.

De este proceso es responsable la hormona melatonina producida por la glándula pineal, una pequeña estructura del tamaño de un garbanzo situada en el centro del cerebro. En todas las personas esta hormona participa en la generación del sueño nocturno y en la disminución de la temperatura corporal. La melatonina se libera al torrente sanguíneo por la noche (cuando no existe estimulación de la luz) y tiene los menores valores en sangre durante el día. Es decir, mientras la luz frena la producción de melatonina, la oscuridad estimula su síntesis en todas las especies animales, incluyendo al hombre. En consecuencia, a menor iluminación solar, mayor será la producción de melatonina durante el día. En muchos individuos, y más en las mujeres, estos cambios son todavía más marcados porque sus organismos son especialmente sensibles a la disminución de la luz del sol, por lo cual los niveles de melatonina durante el día son más altos que lo normal,  lo que genera los síntomas y lleva a que se compense la menor temperatura del cuerpo con una mayor ingestión de calorías.

La exposición al sol produce la disminución de la melatonina y mejora el humor. Por esta razón, las personas que viven en zonas cercanas al Trópico son más bulliciosas, alegres, activas y padecen con mucha menos frecuencia depresión estacional. Por el contrario, las poblaciones más cercanas a los polos, son más depresivas.

El tratamiento indicado en estos casos es la luminoterapia, una técnica sencilla por la que se expone al paciente a una lámpara difusora de una luz muy viva (10.000 lux), durante una o dos horas por día. En la actualidad, no es posible realizar este tratamiento en ningún hospital de nuestro país a pesar de su bajo costo y de la  facilidad de su empleo. Incluso, a nivel privado son muy pocos los centros en que se puede efectuar esta terapia.  El mecanismo de acción de la luminoterapia también es sencillo: como con la luz natural, la artificial entra por la retina del ojo y, a través de los nervios ópticos, llega a la zona occipital del cerebro, desde donde el estímulo se distribuye a las zonas encargadas de regularizar la secreción de melatonina. Así se reestablece el equilibrio hormonal perdido y se recupera el estado de ánimo. Realizado el diagnóstico, el paciente puede, de manera sencilla, realizar el tratamiento en su domicilio.

ELIAS NORBERTO ABDALA

Para VIVA, columna del 16/04/06——————————————————-

NUEVOS DESCUBRIMIENTOS EN LA DEPRESION.

María (38 años, arquitecta, casada, 2 hijos) últimamente se siente extraña. Sus amigas también lo notaron. Inés se sorprendió cuando María rechazó su invitación para ir de compras el sábado anterior. En realidad, siempre le ha gustado hacerlo pero, simplemente, no tenía ganas. Y aunque siempre fue coqueta, le cuesta ocuparse de su arreglo ya que está desmotivada.
En cambio, pasó gran parte del sábado durmiendo, mientras Juan llevó los chicos a pasear. Quedarse en su casa más de lo habitual no es el único cambio en María. Siempre fue muy buena profesional, pero en los últimos meses su trabajo ha perdido calidad y tiene problemas para concentrarse. Incluso, aún no terminó un proyecto importante que debía entregar hace ya dos semanas. Empezar el día resulta muy difícil.
Cuando regresa a su casa  para la hora de la cena, si bien hace un esfuerzo para comer algo con su familia, no tiene demasiado apetito y nada parece tener el sabor de antes. Después de cenar, María va a su habitación, se acuesta y ve algún programa superficial por televisión. Ni siquiera tiene ánimo para estar con los chicos y menos de hablar por teléfono con su madre. Se alivia al pensar que pronto estará dormida.
María, además de su estado anímico, acarrea síntomas físicos (problemas de sueño, dolores, cansancio) y nota que su memoria y su pensamiento están lentos. Siente ansiedad y temor sin entender el motivo, junto a  la sensación íntima de no valer nada, de no ser querida y de no poder querer como quisiera.
Cuando su marido le pregunta qué le pasa, María siente ganas de llorar pero no sabe por qué. Aunque no ha ocurrido nada malo en particular, simplemente se siente apenada todo el tiempo y no se puede liberar de ese sentimiento. María quizá no sea consciente de esto todavía, pero está deprimida.
¿Tiene el interés y la vitalidad algún fundamento en la química o con la estructura del cerebro? Hace unos años atrás la pregunta hubiera parecido un sacrilegio. Hoy, sin embargo, ya hay pocas dudas sobre la relación existente entre la actividad cerebral y los estados de ánimo.
La resonancia magnética nuclear de cerebro ha proporcionado datos recientes de gran valor. El hipocampo, primera estación de tránsito en las vías de la memoria, aparece en las personas deprimidas reducido de tamaño, si se lo compara con el de las personas sanas.
Si se observaran las neuronas del hipocampo de María con un microscopio, se apreciarían cambios estructurales. Si la neurona normal pudiera compararse con un árbol en pleno verano, con su follaje a pleno, la neurona del hipocampo deprimido, parecería un árbol en invierno. Las dendritas, ramas de la neurona (que serían como las ramas del árbol) están mucho más cortas, con menos ramificaciones y con escaso número de hojas.
Los fármacos antidepresivos revierten muchos de los cambios químicos cerebrales asociados a la depresión. Ya desde hace años, se sabe que elevan los niveles de los neurotransmisores cerebrales (serotonina, dopamina, etc.) que están disminuidos en las personas deprimidas, como se constata con los análisis de laboratorio que se hacen en estos casos.
Lo novedoso es que hace muy poco tiempo se descubrió también que los antidepresivos  aumentan los niveles de neurotrofinas, sustancias que fabrica en condiciones normales el cerebro y que estimulan su propio desarrollo y crecimiento. Por ejemplo, una importante neurotrofina (que se llama BDNF por sus siglas en inglés) está disminuida en los pacientes con depresión y se recupera cuando se recibe el antidepresivo adecuado. ¿Qué hacen básicamente las neurotrofinas? Transforman el desolado árbol invernal para que recupere su aspecto primaveral, es decir, estimulan el crecimiento de las neuronas, el de sus ramas y de sus hojas. Es por esta razón que la investigación de los laboratorios apunta ahora, para el tratamiento de la depresión, a desarrollar fármacos que funcionen como neurotrofinas.
Dr. Elías Norberto Abdala.
Psiconeuroendocrinólogo
Profesor Titular de Psiquiatría, USAL.
norbertoabdala@gmail.com
Para VIVA 30/10/05—————————
María (38 años, arquitecta, casada, 2 hijos) últimamente se siente extraña. Sus amigas también lo notaron. Inés se sorprendió cuando María rechazó su invitación para ir de compras el sábado anterior. En realidad, siempre le ha gustado hacerlo pero, simplemente, no tenía ganas. Y aunque siempre fue coqueta, le cuesta ocuparse de su arreglo ya que está desmotivada.
En cambio, pasó gran parte del sábado durmiendo, mientras Juan llevó los chicos a pasear. Quedarse en su casa más de lo habitual no es el único cambio en María. Siempre fue muy buena profesional, pero en los últimos meses su trabajo ha perdido calidad y tiene problemas para concentrarse. Incluso, aún no terminó un proyecto importante que debía entregar hace ya dos semanas. Empezar el día resulta muy difícil.
Cuando regresa a su casa  para la hora de la cena, si bien hace un esfuerzo para comer algo con su familia, no tiene demasiado apetito y nada parece tener el sabor de antes. Después de cenar, María va a su habitación, se acuesta y ve algún programa superficial por televisión. Ni siquiera tiene ánimo para estar con los chicos y menos de hablar por teléfono con su madre. Se alivia al pensar que pronto estará dormida.
María, además de su estado anímico, acarrea síntomas físicos (problemas de sueño, dolores, cansancio) y nota que su memoria y su pensamiento están lentos. Siente ansiedad y temor sin entender el motivo, junto a  la sensación íntima de no valer nada, de no ser querida y de no poder querer como quisiera.
Cuando su marido le pregunta qué le pasa, María siente ganas de llorar pero no sabe por qué. Aunque no ha ocurrido nada malo en particular, simplemente se siente apenada todo el tiempo y no se puede liberar de ese sentimiento. María quizá no sea consciente de esto todavía, pero está deprimida.
¿Tiene el interés y la vitalidad algún fundamento en la química o con la estructura del cerebro? Hace unos años atrás la pregunta hubiera parecido un sacrilegio. Hoy, sin embargo, ya hay pocas dudas sobre la relación existente entre la actividad cerebral y los estados de ánimo.
La resonancia magnética nuclear de cerebro ha proporcionado datos recientes de gran valor. El hipocampo, primera estación de tránsito en las vías de la memoria, aparece en las personas deprimidas reducido de tamaño, si se lo compara con el de las personas sanas.
Si se observaran las neuronas del hipocampo de María con un microscopio, se apreciarían cambios estructurales. Si la neurona normal pudiera compararse con un árbol en pleno verano, con su follaje a pleno, la neurona del hipocampo deprimido, parecería un árbol en invierno. Las dendritas, ramas de la neurona (que serían como las ramas del árbol) están mucho más cortas, con menos ramificaciones y con escaso número de hojas.
Los fármacos antidepresivos revierten muchos de los cambios químicos cerebrales asociados a la depresión. Ya desde hace años, se sabe que elevan los niveles de los neurotransmisores cerebrales (serotonina, dopamina, etc.) que están disminuidos en las personas deprimidas, como se constata con los análisis de laboratorio que se hacen en estos casos.
Lo novedoso es que hace muy poco tiempo se descubrió también que los antidepresivos  aumentan los niveles de neurotrofinas, sustancias que fabrica en condiciones normales el cerebro y que estimulan su propio desarrollo y crecimiento. Por ejemplo, una importante neurotrofina (que se llama BDNF por sus siglas en inglés) está disminuida en los pacientes con depresión y se recupera cuando se recibe el antidepresivo adecuado. ¿Qué hacen básicamente las neurotrofinas? Transforman el desolado árbol invernal para que recupere su aspecto primaveral, es decir, estimulan el crecimiento de las neuronas, el de sus ramas y de sus hojas. Es por esta razón que la investigación de los laboratorios apunta ahora, para el tratamiento de la depresión, a desarrollar fármacos que funcionen como neurotrofinas.
Dr. Elías Norberto Abdala.
Psiconeuroendocrinólogo
Profesor Titular de Psiquiatría, USAL.
norbertoabdala@gmail.com
Para VIVA 30/10/05—————————