VERÁS QUE TODO ES MENTIRA…

TEXTO PREGUNTA

Dr.: Estoy desesperada. El papá de mi hijo es una persona que miente siempre, hasta en cosas insignificantes donde debería decir la verdad. Tuve que entablarle una demanda por alimentos y hasta llegó a mentirle al juez de que no tenía trabajo ni recursos. ¿Se puede hacer algo con un hombre así?

Julieta. C.  de San Rafael, Mendoza

 TEXTO  RESPUESTA

Según David Livingstone Smith, director del Instituto de Ciencias Cognitivas y Psicología Evolutiva de la Universidad de Nueva Inglaterra, EEUU, y autor del libro “¿Por qué mentimos?”, la mentira es una característica básica de los seres humanos

Y afirma: “Mentimos para obtener algún beneficio, poder, estatus, dinero, sexo. La gente miente en sus currículos para conseguir trabajos, para evitar pagar impuestos, para tener relaciones extramatrimoniales y los políticos para mantenerse en el poder”.

Para este experto, a menudo y lamentablemente, el mentiroso gana en la vida: una persona que no sea capaz de mentir está en desventaja y corre el riesgo de convertirse en un perdedor social.

Quizás esta sea la razón por la cual la mentira es universal, se da en todas las culturas y posiblemente ha existido en las sociedades de todas las épocas. (Por lo tanto, decir “nunca miento” sería justamente una forma de faltar a la verdad).

Pero a veces mentir se transforma en un trastorno patológico, llamado mitomanía, que surge cuando falsear la realidad se convierte en una necesidad recurrente que condiciona la existencia de la persona, al punto de que el propio mentiroso llega a creer lo que dice.

La mitomanía es un síntoma que puede observarse en diversos trastornos psicológicos, pero en especial donde prevalecen las compulsiones ya que hay una búsqueda constante y obsesiva de la mentira.

Suelen ser personas con grandes conflictos internos, con un ego débil, con una autoestima baja y con problemas familiares. Suelen arrastrar estos conflictos desde una edad temprana y si no se tratan a tiempo, cuando llegan a la adultez es muy difícil que se curen de este trastorno. También se observa en algunos adolescentes con personalidades inestables y cuyos padres son excesivamente rígidos o exigentes con ellos.

El mitómano es consciente de sus mentiras, pero no puede detener el impulso de expresarlas con el fin de resultar más atractivo, querido o aceptado socialmente. Sin embargo, pocas veces alcanza su objetivo y, por el contrario, lo lleva a perder toda credibilidad que es, justamente, lo que intenta siempre alcanzar con sus engaños.

“Hay formas de supervivencia que incluyen la mentira, por ejemplo, en medios hostiles. La diferencia es que en los mitómanos esto nace espontáneamente, no mienten para sobrevivir sino que es una condición de su existencia, lo hacen en situaciones difíciles pero también en situaciones que no valen la pena. Es como un vicio”, expresa el psiquiatra argentino Hugo Marietán.

La mitomanía es una conducta antisocial que obliga a los forenses a un arduo trabajo para diferenciar a los mitómanos que cometen algún delito de pacientes con delirios. La diferencia estriba en que en el delirio, el enfermo tiene alterado su juicio y su percepción de la realidad, mientras que el mitómano, aunque  llega a creerse su mentira, distingue la realidad de la fantasía y, por lo tanto, es responsable de sus actos.

El mitómano rara vez acude a tratarse por sus propios medios. Cuando lo hace es porque existe una presión familiar o legal que lo obliga a hacerlo. En consecuencia, estimada lectora, poco se puede hacer.