EL LÓBULO FRONTAL
Si estas líneas atrapan su atención es probable, por ejemplo, que Ud. no perciba la textura del sillón en el que está sentado, se olvide de ese molesto dolor de espalda o que tenga la sensación, mientras lee, de que las cosas a su alrededor se desvanecen. Si esto ocurre es porque el lóbulo frontal de su cerebro está trabajando activamente, es decir, está filtrando cualquier estímulo, interno o externo, que pudiera distraerlo de la lectura.
¿Qué sucedería si el lóbulo frontal no le funcionara de manera adecuada? Seguramente, padecería algunas de las siguientes manifestaciones: 1) falta o insuficiente capacidad de concentración, 2) tendencia al aburrimiento, pereza o letargo, 3) inclinación por lo rutinario o lo monótono antes que por lo novedoso, 4) incapacidad o limitación para interpretar las vivencias y poca tolerancia a los cambios, 5) tendencia a los arrebatos emocionales y 6) incapacidad de hacer planes y proyectarse hacia el futuro.
Quien tenga capacidad de observarse dirá: “Soy desorganizado”, “Soy haragán” o “Soy impulsivo”. Pero, en realidad, es posible que padezca de una reducida actividad de esta zona del cerebro, la más desarrollada en volumen en todo el reino animal.
El lóbulo frontal es el responsable de las acciones y elecciones voluntarias que llevamos a cabo diariamente. Es el “verdadero yo”, es decir, el área responsable de los rasgos humanos habituales. Le encanta aprender cosas nuevas y se mantiene activo ante lo novedoso y lo emocionante. Por el contrario, después de repeticiones, cuando la novedad y la sorpresa ya pasaron, el lóbulo frontal delega el trabajo a otras regiones del cerebro. Es como un jefe que después de lo novedoso le deja el trabajo posterior a sus operarios para que lo sigan haciendo, aunque los continúe supervisando.
El lóbulo frontal requiere de un “combustible” que lo mantenga saludable y activo: un neurotransmisor llamado dopamina. Si ésta escasea, queda limitado su funcionamiento, y a nivel subjetivo percibe como falta de voluntad y de interés. La dopamina resulta, entonces, esencial para la actividad normal del lóbulo frontal, y necesaria para disfrutar de las experiencias placenteras de la vida.
A su vez, como en un círculo virtuoso, para lograr un adecuado nivel de producción de dopamina es imprescindible que las actividades que se realicen estén acordes con el potencial, con las expectativas y con los gustos de cada persona. Si no se encuentran esas actividades como suficientemente motivadoras, el individuo se siente desinteresado, percibe sus pensamientos como desordenados, y carga con ideas negativas y pesimistas que provocarán, a su vez, un mayor estado de decaimiento general.
Los seres humanos pueden volverse peligrosos cuando se aburren de manera continua y sistemática. Es frecuente que se depriman o se conviertan en emotion seekers (buscadores de emociones), que necesiten continuamente fuertes estímulos que liberen dopamina. Una tendencia más riesgosa que inofensiva, que puede llegar, incluso, a facilitar los mecanismos que impulsan al consumo drogas o a realizar actividades peligrosas.
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E. Norberto Abdala
Para Viva del 24-8-08
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Buen Dia Dr.
Muy interesante su artículo, sobre todo porque estoy transitando por todos esos síntomas que describió…, y sinceramente creía que era hastío por el trabajo, la rutina, cansancio, falta de motivación. Ahora bien, le consulto: Que podría hacer para incrementar la producción de dopamina? Ayuda la alimentación?
Cordiales saludos, y desde ahora pasaré seguido por su blog.