A COMPRAR MI AMOR, VAMOS A COMPRAR MI AMOR

Ya hace tiempo que no lo hago. Eso de acompañar a la esposa de uno al supermercado, (nunca acompañé a la esposa de otro), es un dolor de huevos. ($ 0.44 cada uno, si llevan el maple de 30).
CASO 1 – LA VENGANZA.
Todo comienza cuando la esposa manda al marido al supermercado a comprar las cosas. El hombre solo, sufre de una serie de inconvenientes fáciles de relatar mediante un breve diálogo.
- Gordo. Vas vos al súper?
- Hay que comprar mucho?
- Qué tiene? Si es mucho no vas?
- Si. Voy igual. Decime que hay que comprar.
- Te hago una lista. Querés?
- No. Decime que yo me acuerdo.
- Pero son como 6 cosas! Te hago la lista.
- Pero que tengo yo, Alzheimer? Por seis cosas de mierda? Dale, decime.
Al llegar al súper, el tipo va repitiendo lo que tiene que comprar, y de repente se da cuenta de algo. Le falta un producto y no sabe cuál es. Desesperado recorre la lista mentalmente, y descubre que hay un agujero negro. Se niega a volver con su lista incompleta, pero también se niega a darle la razón a la bruja. Mas desesperado, corre a través de los pasillos mirando como loco todos los productos, buscando una señal que le diga “ERA ESTO, BOLUDO!!”. Pero no lo consigue, y termina claudicando. Llama al celular de su esposa y le dice.
- Amor. Tengo x, x, x, x, y x. Qué es lo que me falta?
La señora, disfrutando hasta el orgasmo con la falta de su marido, le dice cual es el producto faltante con una displicencia que raya la soberbia. Allí comienza la venganza.
CASO 2. – LA DISPUTA POR LA MARCA
Después de pelearse varias veces porque en las últimas siete oportunidades el tipo se olvidó de algún producto, finalmente el marido accede a que le confeccionen la famosa listita. Ocurre que es común, que la mujer elija una marca específica para cada producto. Algo que al marido le importa soberanamente tres kinotos. ($4.25 el cuarto kilo).
Para la mujer, la manteca tiene que ser SANCOR de 200 grs. en pan, sin grasas trans. Aunque salga $ 4. Para el marido, basta que diga MANTECA y sea más o menos aceptable el estado que tenga, le da igual si es marca Carollo, Vinchero, o La Podredumbre. Es más, el tipo ni se calienta si esta por vencer en una semana o en un año.
Al llegar a su casa con las compras realizadas comienza la disputa.
- Qué es eso? Arroz Don Cosme! Te dije que trajeras Gallo Oro!!!
- No había. Por eso traje éste.
- Lucchetti no estaba?
- No. Lo vendieron a Boca Juniors.
- Encima me cargas??? Sos pelotudo??? Este arroz es una cagada!!!
- Ya lo probaste?
- No.
- Y cómo carajo sabés???
- Porque sé! Se ve que es re-pedorro.
- El arroz es arroz!!! Si rompía la bolsa y lo metía en la caja que había acá, ni te dabas cuenta!!!
- Mira!!! Me hiciste lo mismo con el yogurt y las papas!!! Te dije que compraras papa blanca.
- No me rompas más las pelotas (de cuero, nº5. $47). Lavala con jabón Lux hasta que quede perfumada también!! La próxima vas vos y listo.
CASO 3 – LA DIMENSION DESCONOCIDA.
Finalmente, para la próxima salida, el marido acompaña a la mujer al supermercado. Ella al principio quiere que vayan juntos por todos los pasillos. Pero descubre que tener al marido rompiéndole las pelotas con los precios, negándole productos por considerarlos al pedo, y encima agarrando un vino de $ 40 mangos para el asado con los muchachos, decide mandarlo a buscar algún producto para que el suplicio termine más rápido.
- No me rompas más las bolas Jorge. Hacé una cosa. Traeme un CIF para cocina.
- En que pasillo está?
- En la verdulería, pelotudo!!! Dónde va a estar? En la parte de higiene!!!
Al rato.
- Y?
- No hay.
- Ninguna fragancia?
- No. No hay detergentes.
- Como no va a haber detergentes!!! A ver, vamos.
- Bueno.
- Y esto qué es Jorge??? Papel de lija? Cómo buscas vos? Con el culo?
- Ahh, pero no me dijiste que podía estar en esta parte! Yo miré abajo donde está todo lo de CIF.
Por consiguiente, la compra demora muchísimo más de lo esperado. Y también se suscitan un promedio de catorce peleas en el transcurso del periodo de compra.
Quedaran para otro momento, los casos que ocurren al llegar a las cajas para pagar, y por qué no, las compras al supermercado junto a esos seres desubicados, maleducados y quilomberos que comúnmente denominamos hijos.
Ahora los dejo. Tenía la lista de compras en algún bolsillo y creo que la perdí. Así que compro lo que me parezca a mí, y que no me rompan más las bolas.
Salud.

Hola Fernet!
Saber hacer compras es toda una habilidad!
Mi padre en casa siempre fue el que hacía las compras y no había mejor que él. Pero creo que pocos hombres cuentan con tal capacidad!
Ahora me toca a mi y la verdad, prefiero no ceder ese terreno para no tener que quejarme luego!
Besitos!