LA IMPERDONABLE (un post doble)
A lo largo de mi vida, he aprendido a pedir perdón, pero también a perdonar. Estar cerca de espichar, me hizo dar cuenta que el rencor no es buen compañero, porque viene acompañado del fracaso espiritual.
Pude perdonar que un amigo, mi mejor amigo, se olvidara de mi cumpleaños debido a la interesante vida social que lo envuelve.
Pude perdonar traiciones laborales de las más dispares, sentimentales, y sociales.
Fui perfectamente capaz de perdonar a un compañero del equipo de futbol de mi barrio, que aún sabiendo que ante una jugada de gol y con mi posición claramente inmejorable, amarretamente colgó la redonda en un paraíso que estaba a 75 metros del arco rival.
También pude perdonar a ese colectivero hijo de una procesión de prostitutas a Lujan, que en un día de lluvia, acelero indiscriminadamente al pasar por un charquito en el asfalto, bañándome los pantalones de lino blanco con una especie de liquido renegrido, mezcla de barro, mugre, aceite de auto y nafta.
Me costó muchísimo, pero también pude perdonar a todas aquellas mujeres que me dejaron el corazón roto. Quizás por haberlo merecido, quizás por pecar de ingenuo o simplemente por estar enamorado.
Quizás uno de mis mayores perdones, sea el que le dí a Dios, (sin pecar de soberbio), por haberse llevado gente que no correspondía y por darme una enfermedad que hoy en día creo que no merezco. (Bah, es una opinión, él sabe más que yo)
También pude perdonar al jefe de salón del restaurant donde trabajaba, que me echó exactamente 2 días antes de mi casamiento.
Tuve la virtud de perdonar a todos los desubicados que se aprovechan y se cuelan en las filas de banco, en la farmacia, en el almacén, en la parada del colectivo y en cuanto lugar donde haga falta un orden.
Perdoné fotos mal sacadas, manchas de mostaza en la camisa limpia, alguna patada de más jugando a la mosca con mis amigos de barrio, ver gente que no quise ver, e incluso una piña recibida simplemente por no ser buchón y mantener los códigos.
Pero amigos, lamentablemente hay algo que aún hoy no he podido perdonar. Algo que me quema en lo más profundo de mis entrañas. Algo que de solo recordarlo, hace que mi estomago se estruje como un trapo de piso después de baldear el patio de lajas mas roñoso del país.
Y me duele mucho confesarlo, porque se trata de mi propia sangre. Alguien que se la pasa pregonando su amor incondicional por mí, alguien que llegó a describirme como una Institución.
A vos te digo. A vos, Maria Noel. A vos, hermana mía. Podrán pasar mil años y mil vidas. Podrás hacer lo imposible por remediar semejante pérdida y dolor conferido. Podrás agasajarme con ese postre de flan con vainillas que tan bien hacés, pero nunca vas a lograr mi bendición por lo que me hiciste aquel enero de 1981.
Aquella tarde de verano, con una sonrisa irónica y jugando con mi destino, me dejaste sin lo más preciado de mi niñez, logrando que hoy seas LA IMPERDONABLE
Aquella tarde en la piletita inflable roja y verde que entraba justito en el balcón…. Me hundiste la lanchita roja que me trajo Papá Noel.
Salud
La otra mitad de la historia, está en el blog de Maria Noel. http://blogsdelagente.com/erudita-de-nada/2008/12/17/nunca-me-perdonaste-un-post-doble-
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¡¡¡Perdón!!!