DON ELISEO

La noticia de la aparición del DC3 de Lan Chile caído en Los Andes hace 53 años y donde viajaban jugadores de fútbol del Green Cross me hizo pensar que algo incluso tuvo fin. En ese vuelo perdió la vida el gran Eliseo Mauriño, y me asaltaron los recuerdos. Don Eliseo vino a Boca en 1953, para formar “el medio campo” con Lombardo y Pescia. Pero él era especial.

En esa época los jugadores viajaban en colectivos. Los días de entrenamiento él bajaba en la calle Patricios y venía caminando por Brandsen con los botines bajo el brazo, para entrar a la Bombonera. Lo esperábamos con unos amigos de muy corta edad, entre los diez y once años, antes de entrar a “la práctica”. Don Eliseo, con paso firme, la espalda cargada, la mirada fija y serio, muy serio. A lo sumo una caricia en la cabeza.

En cambio, Natalio Pescia era un borbotón, sonriente, expansivo, siempre con un que otro amigo. El “goma” Lombardo era un atleta, era verlo y ver a un corredor, no caminaba disparaba, imposible seguirlo.

Allí también estaban en 1953 cuando llegó don Eliseo, el “arquero cantor” Elías Musimessi, el “comisario” Colman y el exquisito Héctor Otero, los tres antes nombrados Pancho Lombardo, Eliseo Mauriño y Natalio Pescia, y en delantera: “Cañita” Juan Navarro, Juan Vairo, Roberto Rolando, Elio Montaño y Marcos Bussico. Recuerdos…

LA TRAICIÓN DE BOLÍVAR

El intrépido, apasionado y vehemente Simón Bolívar -el Libertador- tuvo en su haber un hecho poco conocido o que se trata de ocultar, la traición a Francisco de Miranda, el Precursor.

Es necesario incluir un resumen del proceso emancipador venezolano: en 1908 se conoce en Caracas (y en toda América) la abdicación de Fernando VII a favor Napoleón. Por orden de la Junta de Central de España e Indias de 1809 que funciona desde Sevilla, envía al Mariscal de campo Vicente Emparan como Capitán General de Venezuela y Gobernador de Caracas. En 1810 el Cabildo de Caracas habiendo renunciado el Mariscal de campo decide constituir una Junta Conservadora de los Derechos de Fernando VII. Ello deriva al Acta de Independencia y formación de la Primera República el 5 de Julio 1811. El almirante Thomas Alexandre Cochrane (es el mismo Lord Cochrane que participa luego con San Martín) jefe de las fuerzas británicas en el Caribe comunica a Londres el acontecimiento y se ofrece a llevar representantes. En tal sentido viaja integrando una misión diplomática a Inglaterra, Bolívar, Andrés Bello y Luis López Méndez. La delegación logra muy parcialmente su objetivo, y quizá lo más importante es el contacto con Francisco de Miranda, que luego por intervención de Bolívar es recibido en Venezuela. Las tropas insurgentes al mando de Miranda y con Bolívar son derrotadas por los realistas el 26 de julio de 1812, instaurándose el dominio español. Bolívar traiciona a Miranda entregándolo a las fuerzas realistas, con la condición de recibir un salvoconducto para salir del país. Parte a Curazao ocupada por los ingleses y de allí a Cartagena de Indias, en Nueva Granada.

Según algunos autores Bolívar entregó a Miranda al Capitán General español Domingo de Monteverde, por medio de lo cual obtuvo el salvoconducto otorgado por Francisco Antonio Yturbe y Hériz.
Hay otras versiones quienes sostienen que el mismo Bolívar lo tomó prisionero a Miranda por “traidor”.

Pero hasta el mismo Carlos Marx se ocupa del hecho en una carta de 1858 cuando escribe:
“A las dos de la madrugada, encontrándose Miranda profundamente dormido, Casas, Peña y Bolívar se introdujeron en su habitación con cuatro soldados armados, se apoderaron precavidamente de su espada y su pistola, lo despertaron y con rudeza le ordenaron que se levantara y vistiera, tras lo cual lo engrillaron y entregaron a Monteverde. El jefe español lo remitió a Cádiz, donde Miranda, encadenado, murió después de varios años de cautiverio. Ese acto, para cuya justificación se recurrió al pretexto de que Miranda había traicionado a su país la capitulación de La Victoria, valió a Bolívar el especial favor de Monteverde, a tal punto que cuando el primero le solicitó su pasaporte, el jefe español declaró: “Debe satisfacerse el pedido del coronel Bolívar, como recompensa al servicio prestado al rey de España con la entrega de Miranda”. (http://www.marxists.org/espanol/m-e/1850s/58-boliv.htm)

Hay más, lo que había acordado en la capitulación Miranda con Monteverde era un salvoconducto para todos los habitantes de Venezuela, adheridos a la causa patriota o no.
La cláusula expresaba: “No podrán ser aprehendidos, juzgados ni sentenciados a ninguna pena corporal ni pecuniaria, las personas que se crea o juzgue que han promovido y seguido la causa de Caracas en estas provincias, de cualquier clase, estado o condición que sean; estas personas quedarán en libertad para permanecer o salir del país y disponer de sus bienes en el término de tres meses”.

Quizá para entender esta disputa entre Bolívar y Miranda se debe irse un poco más atrás. Tras la pérdida de Puerto Cabello Bolívar culpó “del desastre a los traidores bajo su mando y a la cobardía de sus habitantes”, ello derivo en una carta a Miranda del 14 de julio de 1812 donde le decía: “Después de haber perdido la última y mejor plaza del Estado, ¿cómo no he de estar alocado, mi general? ¡De gracia que no me obligue usted verle la cara! Yo no soy el culpable, pero soy desgraciado y basta”.

Charles Wright Mills: Un llamado a los Intelectuales

Lo que aquí consignamos es una serie de citas –siempre actuales- de Wright Mills sobre los intelectuales.

_ “Un intelectual que más o menos regularmente representa el papel de innovador en los estudios humanos y en la literatura, incluidos la poesía y el teatro. A las personas que representan más o menos regularmente este papel en la producción, distribución y el consumo voy a llamarlas ‘intelectuales’ ”. (“Arte, Ciencia e Intelecto”, 1959, un capítulo de un libro inconcluso: El Aparato Cultural)

_”Si nosotros como intelectuales no definimos y redefinimos la realidad ¿quién lo hará?” (“Sobre la Vieja Izquierda”, es la primera redacción de un artículo más completo bajo el título La declinación de la Izquierda)

_”Frecuentemente en las sociedades totalitarias los intelectuales son encarcelados, en las democracias formales se encierran en sí mismos, se retiran de la política”. (Ibídem)

_”Lo que ahora tienen ante sí los intelectuales en la sociedad superdesarrollada es la expropiación de su aparato cultural mismo”. (Ibídem)

_”Desenmascarar las mentiras que sostiene el poder irresponsable es la vocación política del intelectual” (Lo personal y lo político, 1949)

_“No basta la verdad y no vencerá inevitablemente. Pero una política de la verdad puede bastar, y representar una posibilidad de vencer. No siempre ganará la verdad, pero la verdad dicha a la gente que debe oírla con palabras adecuadas y en el momento oportuno representa una posibilidad de vencer”. (Ibídem)

_”La política de la verdad trata de hacer que coincida ‘la gente que debe oírla’, la gente en cuyo interés obraría, con la activamente interesada en la práctica de la verdad, con “el tercer campo”. (Ibídem)

_“Algunas veces mientras escribo pienso en “intelectuales”….No puedo evitarlo, porque este es un libro personal y ocurre que yo soy un intelectual por el oficio y por el modo de vivir”. (Prefacio a Moralidad Política, 1960, destinado integrar el inconcluso El Aparato Cultural)

Comte, crónica de una vida

Augusto Comte (1798-1857) es conocido –entre otras cosas- por haber inventado el término “sociología”, una mezcla si se quiere extraña entre el latín (socio) y el griego (logía) y quizá poco mencionado que al él se debe la expresión “altruismo”.
Aunque nació en una familia modesta de Montpellier, un hogar católico y monárquico, a la edad de catorce años lo abandona para adoptar las ideas republicanas y de librepensador, ingresando en 1814 en l’Ѐcole Polytecnique de París. Todos sus biógrafos hablan de un talento especial, que lo hacían sobresalir de los de su clase.
En 1805 Napoleón Bonaparte le había dado al Politécnico estatus militar, pero por sus ideas republicanas en 1816 fue cerrada por Luis XVIII. Comte pierde su lugar en la Escuela Politécnica y vuelve a su lugar natal, para ganarse la vida enseñando matemáticas.
Años más tarde ya en Paris, Comte conoce a Henry de Saint-Simon (1760-1825) y se convierte en uno de sus secretarios. Esta relación durará hasta 1824, haciendo importantes aportes y escribiendo por pedido de Saint-Simon “Plan de trabajo científicos necesarios para reorganizar la sociedad”, que luego, Comte publica bajo “Sistema de Política Positiva”.

Comte fue quien desarrolló la idea del “positivismo” de Saint-Simon, que en “El Discurso sobre el Espíritu Positivo”, lo caracteriza por: a) lo real en oposición a lo quimérico, b) lo útil en oposición a lo ocioso, c) lo seguro por oposición a lo dudoso, d) lo preciso en oposición a lo vago, e) lo afirmativo en oposición a lo negativo, y f) lo relativo en oposición a lo absoluto.

Conocida es su “ley de las tres etapas”, teológica primero, luego metafísica y por fin, el positivismo.
En 1925 se casa con Caroline Massin (1802-1877), una extraña dama que podía conjugar el ejercicio de la prostitución junto con la venta de libros. Comte la conoce –según su relato- ejerciendo la prostitución en el “Palais Royal”, y algunos años más tarde la encuentra en su librería en el Boulevard du Temple S’étant, y decide casarse.
Un año después de su casamiento publica “Consideraciones sobre el poder espiritual”. Tiempo después, una grave crisis mental lo obliga a permanecer internado en un “manicomio”, de donde sale con el diagnóstico “no curado”. La internación se debió a un intento de suicidio (se quiso tirar al Sena) por el fallecimiento de su hija de nueve años.
Hay que destacar que varios pensadores, artistas y literatos sufrieron algún tipo de problema mental, algunos de ellos destacados en lo suyo (Nietzche, Weber, Beethoven, Van Gogh, Hemingway, Poe, etc.).
Como no podía valerse por sí mismo Caroline tuvo que volver a la prostitución para mantener el hogar. En 1842 su mujer se distancia y dos años después se divorcia de Comte.
El “filósofo positivista” vive de los cursos que da y de la ayuda que le presta Stuart Mill.

Un acontecimiento será clave para un giro sustantivo de su interés, este nuevo intento de Comte está relacionado a un hecho casi banal, el contacto que tuvo lugar en 1844 con la escritora y poetisa Clotilde de Vaux (1815-1846) cuyo nombre de soltera era Clotilde-Marie de Ficquelmont. En ese encuentro le presta el libro “Tom Jones” de Henry Fielding, al día siguiente ella le escribe una carta de agradecimiento. Comte al se enamora perdidamente, un amor platónico, porque surgen dos grandes inconvenientes, ella era una ferviente católica y además estaba casada desde 1935 en un matrimonio de conveniencia Amde de Vaux, quién perseguido por deudas de juego huyó a Bélgica. Solo tenía Comte a su favor al hermano de Clotilde, un militar y matemático seguidor del positivismo, Maximilien-Marie Ficquelmont.
Junto con el contacto epistolar este amor platónico parece ir “in crescendo” hasta que Clotilde muere de tuberculosis el 5 de abril de 1846.
Este giro dará lugar a la Religión de la Humanidad. Su obra emblemática el “Catecismo Positivista, un sumario de la exposición de la religión universal”.
Muere el 5 de setiembre de 1857, habiéndose proclamado Gran Sacerdote de la Religión Universal de la Humanidad, incluso pretendiendo incorporar en su seno a los ortodoxos rusos invitando al Zar Niclolas I, al monarca otomano Raschid Paschá y a los católicos “ignacianos”, como llamaba a los jesuitas.

La figura de la “vieja” en el Tango

_”Vieja, una duda cruel me aqueja y es más fuerte que la reja que me sirve de prisión…” | “Una Carta”, Miguel Buchino.

__”Viejecita de mi vida, tu querer es dulce nido, allí no hay pena ni olvido, todo es ternura y amor” | “Un Tango para mi Vieja”, Reinaldo Yiso.

_”Surgió una noche de esas que más pensaba en ella, en ella que es el alma bendita del hogar, en ella la más buena de todas en la tierra por eso es para ella… un vals para mamá” | “Un Vals para Mamá”, Reinaldo Yiso.

_”Pagando antiguas locuras y ahogando mi triste queja volví a buscar en la vieja, aquellas hondas ternuras que abandonadas dejé” | “Madre hay una sola”, José de la Veja y Agustín Bardi.

_”Yo era un purretito cuando murió mi viejo; fue tanta la miseria, que mi viejita y yo comíamos llorando el pan mugriento y duro…” | “Consejo de Oro”, Agustín Magaldi.

_”Malevo, te olvidaste en los boliches los anhelos de tu vieja…” | “Malevo”, Homero Expósito y Aníbal Troilo.

-“Me engañó tu voz, tu llorar de arrenpentida sin perdón. Eras mujer…pensé en mi madre y me clavé” | ¡Soy un Arlequín!, Enrique S. Discépolo.

_”Tres esperanzas tuve en mi vida, dos eran blancas una punzó…Una mi madre, vieja y vencida, otra la gente, otra una amor…” | “Tres Esperanzas”, Enrique S. Discépolo.

_”Como olvidarte en esta queja, cafetín de Buenos Aires, si sos lo único en la vida, que se pareció a mi vieja…” | “Cafetín de Buenos Aires”, Enrique S. Discépolos y Mariano Mores.

_”Pobre viejecita la encontré enfermita; yo le hablé y miró con esos ojos…” | “La Casita de mis Viejos”. Enrique Cadícamo y Juan Carlos Cobián.

_”¡Hacelo por la vieja, abrite de la barra! ¿No ves lo que te espera si continuas así?” | Hacelo por la Vieja”, Carlos Viván y Rodolfo Schimmarella

_”Hace un rato conversando con mi vieja, justamente le juré que viviría, para ella y para vos…” “Dame Tiempo”, Cristobal Ramos, Francisco Yoni y Alberto Podestá.

_”Al verla a uste…me parece, que está mi mama en la reja…¡porque esa casa era mía…cuando era mía mi vieja!…” | “Cuando era mía mi Vieja”, Juan B. Tggi y Pascual Mamone.

_”Se me muere mi pobre viejita, solo ella me queda, sabés. Me dijeron que vos sos muy bueno y que muchos favores hacés” | “Oración Rante”, R. Chanel y Aldo Queirolo.

_”Ya mañana es domingo y es día de visitas, mas yo sé que una sola para mí ha de ser: mi viejita querida, que por mí tanto sufre, que tanto me dijo y yo no la escuché…” | “Media Noche”, Héctor Gagliardi y Aníbal Troilo.

_”Perdoname vieja si no te he cumplido y si nunca he sido como ansiabas vos” | “Avergonzado”, Carlos Bahr y Roberto Garza.

_”Pobre madre, pobre vieja, tristemente abandonada por su joya preferida, por su única ilusión. Pobre madre que de noche, ante un cristo arrodillada llora todos tus pecados implorando tu perdón” | “Pobre Vieja”, Roberto Goyenete.

_”¡Se fue la pobre viejita! Sin un abrazo, sin un dulce adiós, con su miseria la santa, se fue de un vuelo, pa’ estar cerca ‘e Dios” | “Se fue la pobre Viejita”, Enrique Cadícamo, Agustín Magaldi y Pedro Noda.

_”Tu obsesión era la idea de juntar mucha platita, para tu pobre viejita que allá en la aldea quedó” | “Galleguita”, Alfredo Navarrine y Horacio Petorossi.

_”…y tu vieja, pobre vieja, lava toda la semana, pa’ poder parar la olla con pobreza franciscana, en el triste conventillo alumbrado a querosén” | “Margot”, Celedonio Flores, Carlos Gardel y José Razzano.

_”¡Pobre mi madre querida, qué de disgustos le daba! ¡Cuántas veces, escondida, llorando lo más sentida, en un rincón la encontraba!” | “Pobre mi Madre Querida”, Jose Betinotti.

_”Madre…Las tristezas me abatian y lloraba sin tu amor. Cuando en la noche me hundía de mi profundo dolor” | “Madre”, Verminio Servetto y Francisco Pracánico.

_”Hay madres que abandonan, sus hijos, ciegamente, le niegan su cariño, destrozan su ilusión…” | “El Huerfano”, José María Castro y César De Pardo.

Leyendo en Sueños

No sé si usted ha pasado por una experiencia similar. Lo que somos lectores empedernidos, de lectura diaria y de no pocas horas, que solemos deleitarnos con una frase bien construida o una palabra puesta sabiamente en el texto que no puede ser reemplazada por otra, el acto de la leer es un placer.

Pero leer en sueños es otra vivencia. El texto parece real, está ahí, y uno puede leer por puro disfrute. Como un libro misterioso se abre a la conciencia, se despliega en miles de palabras, y aún en sueños se permite ver como las páginas parpadean haciendo al libro más creíble.

La otra noche se repitió la extraña y singular experiencia. Pero para que la existencia del libro fuese aún más real, estaba yo subrayando el texto con un resaltador amarillo. No era solo algo exterior que venía a mí en sueños, sino que estaba ejecutando una acción como para justificarlo.

Anhelo fervientemente que algún día el texto se me revele por completo y al despertar pueda recordarlo para contarlo.

Sociologia del Conocimiento: Veblen, Thomas y Znaniecki

La sociología del conocimiento estadounidense surgió después que algunas personas del ámbito académico semi-marginal pudieran establecen un puente con las corrientes de pensamientos europeas. Pero de alguna manera, Merton, R. (1965) ha sintetizado la diferencia entre las diferentes escuelas:

“Si la versión norteamericana se interesa básicamente por la opinión pública, por las creencias de las masas, por lo que ha llegado a llamarse ‘cultura popular’, la versión europea se centra en torno de doctrinas más esotéricas, sobre los sistemas complejos de conocimientos que se reforman y a veces se deforman su paso ulterior de la cultura popular”. [Merton, R. (1965) “Teoría y Estructura Social”]

Thorstein Veblen (1857-1929) con formación académica en filosofía y economía, su pensamiento -para algunos- “una mezcla rara” de Darwin y Marx,, propuso un esquema de evolución social ligado al progreso, de raíz tecnológica que tiene a su vez un correlato con el conocimiento y la vida social. Desarrolla cuatro etapas de evolución histórico-económicas: (a) la salvaje (agrícola, pacífica), (b) la bárbara (pastoril, depredadora, guerrera) en esta etapa surge la “clase ociosa” tema al cual dedicara su atención, (c) la artesanal (donde se genera la industria) y (d) la moderna, una especie se síntesis dialéctica de las anteriores. Su obra más conocida es “La Teoría de la Clase Ociosa” y “La teoría de la Empresa Económica”.
En la primera de ellas escribe:

En las comunidades que pertenecen a la cultura bárbara superior hay una considerable diferenciación de subclases dentro de lo que puede denominarse -en términos amplios -la clase ociosa; hay entre esas subclases una diferenciación paralela de ocupaciones. La clase ociosa comprende a las clases guerrera y sacerdotal, junto con gran parte de sus séquitos. Las ocupaciones de esa clase están diversificadas con arreglo a las subdivisiones en que se fracciona, pero todas tienen la característica común de no ser industriales”. [Veblen, T. (2004) “Teoría de la Clase Ociosa”, FCE]

William Thomas (1863-1947) fue el que propuso el hoy conocido “Teorema de Thomas” que dice que “Si los individuos definen determinadas situaciones como reales, son reales en sus consecuencias”. Se lo considera junto a George H. Mead fundador de la escuela del interaccionismo simbólico. Escribió también “Sexo y Sociedad”.

Thomas junto con Florian Znaniecki (1882-1958) –discípulo de Durkheim- llevaron adelante una investigación de largo alcance “El Campesino Polaco en Europa y en América”,(publicada en 5 volúmenes) en él se comparaba los cambios de valores y actitudes del campesino polaco residente en Europa y en los Estados Unidos. Anderson-Egg, E. (1981) en “Técnicas de Investigación Social”, sostiene que fueron ellos los primeros en introducir el concepto de “actitud”. En cierto modo, los cambios percibidos en los campesinos polacos respondían a estar inmersos en estructuras sociales diferentes.
Una de las obras de sociología del conocimiento más relevante de Znaniecki fue “El papel social del intelectual” [1944, FCE, México], escribe:

“En los estudios sociológicos de personas especializadas el interés principal es está en la relación entre el individuo y el medio social, y sus actividades especializadas se estudian con referencia al marco cultural en que éstas se llevan cabo”.

La Construcción Social de la Realidad

Justo es mencionar a Peter Berger teólogo y sociólogo, que junto con el sociólogo Thomas Luckmann escribieron “La Construcción Social de la realidad” una obra que se ha constituido ya, en un clásico de la sociología del conocimiento. Sostienen que su enfoque de la sociología del conocimiento dejará afuera “los problemas epistemológicos y metodológicos que incomodaban a sus principales creadores”. Hacían referencia a la postura de Scheler y Mannheim.

Por eso afirman:
“El principio que importa en nuestra consideraciones generales es que la relación entre conocimiento y su base social es dialéctica, vale decir, que el conocimiento es un producto social y un factor de cambio social”.

Para Berger y Luckmann la construcción de la realidad de la vida cotidiana, se estructura a partir de cinco elementos: a) la conciencia, que define la intención y la búsqueda de objetos; b) el mundo intersubjetivo, que se comparte con los demás; c) la temporalidad, como carácter básico de la conciencia (orden temporal); d) la interacción social, que crea esquemas típicos; y por último, e) el lenguaje, como elemento objetivo (externo al individuo) que facilita la estructuración del conocimiento en término relevante.

En este sentido la sociología del conocimiento no solo se ocupa de las variaciones empíricas del conocimiento en la sociedad sino los procesos por los cuales cualquier campo del conocimiento llega a quedar establecido socialmente como realidad. Entre las múltiples realidades existentes, la realidad de la vida cotidiana lo es por excelencia.

Un tema central de este enfoque es el de “institucionalización”. Para entender este concepto se hace necesario comprender las nociones de internalización, externalidad y objetividad. La internalización es un proceso intersubjetivo mientras que la externalidad es una objetividad particular, porque se externaliza pero no logra tipificarse. Al proceso objetivo que se tipifica logra “institucionalizarse”.
Así escribirán:
“Toda actividad humana está sujeta a la habituación. Todo acto que se repite con frecuencia, crea una pauta que luego puede reproducirse con economía de esfuerzos y que ‘ipso facto’ y que es aprendida como pauta por el que la ejecuta”.

Lo que se tipifica en lo institucional –dirán los autores- no son solo el comportamiento del actor social sino también las acciones individuales esperadas.
Para ellos existe una cuestión de gran interés teórico y es la aprehensión de los fenómenos humanos “como si fueran cosas” (reificación), en términos no humanos e incluso supra-humanos. El mundo reificado es por definición deshumanizado, alienado, donde el hombre ha perdido de vista que es un producto humano y del cual ha perdido el control, y lo percibe como un hecho de la naturaleza o leyes cósmicas.

Para Berger y Luckmann la sociedad es un producto humano, una realidad objetiva y un producto social.