SIMÓN, CEFAS, PEDRO: Tres nombres y una persona.

Simón era un pescador del lago de Galilea -también conocido bajo el nombre de Mar de Galilea por su oleaje impetuoso-, que vivía en la ciudad de Capernaúm y que fue llamado por Jesús junto a su hermano Andrés y los dos pescadores más, los hijos de Zebedeo, Jacobo y Juan, para que dejaran las redes y fueran con él a “pescar hombres” (Mt.4,18-19).

Sabemos que Simón deja todo para seguir a Jesús, también sabemos que alguna vez se casó antes de conocer a Jesús (aunque no sabemos nada de sus esposa) porque el Rabí a quién seguía, curó a su suegra (Mc.1,29-30).

Aunque no era una persona que se destacara por sus estudios, Jesús descubrió en él, características especiales para tenerlo cerca y convertirse en un líder de los discípulos. Sobresale en los evangelios como una personalidad apasionada, impulsiva y vehemente. Le gustaba asumir riesgos, tomar la delantera, “jugarse” en ciertos momentos, aunque esa actitud hizo que fuera “zarandeado como el trigo” (Luc. 22,31) fue puesta a prueba más de una vez como cuando quiso caminar sobre las aguas como Jesús (Mt.14,26), o por defender a su Maestro le cortó la oreja con su espada a Malco (Jn.18,10) o cuando “negó a Jesús tres veces” por miedo (Mc.14,66-72).

A Simón Jesús lo llamó Cefas (que en arameo significa piedra), Pedro (Jn.1,42) y después que él le negara tres veces “antes que cante el gallo” (Mt.26,75), Jesús le pregunta tres veces: “¿Me amas?” y le confía el rebaño: “apacienta mis ovejas” (Jn.21,15-17).

Cuando María Magdalena da aviso a los discípulos que el Señor ha resucitado, Pedro con otro de los discípulos –presumiblemente Juan- corrieron al sepulcro, pero aunque quién lo acompañaba llegó primero, fue Pedro quién entró al sepulcro vacío (Jn.20,4). Quizá desilusionado y sin esperanzas, volvió a su antiguas tareas: “Voy a pescar” (Jn.21,3), pero fue él quien estando en la barca, reconoce a Jesús resucitado en la playa y exclama: “¡Es el Señor!” (Jn.21,7).

Pedro fue el líder de la comunidad cristiana de Jerusalén. Tuvo un “encontronazo” con Pablo, el apóstol de los gentiles, debido a la exigencia de hacer cumplir ciertos ritos judíos sobre la circuncisión, las comidas y las festividades del pueblo de Israel (Gá.2,11) entre los gentiles.
La tradición sostiene que Pedro fue obispo en Roma y que murió crucificado.

SAULO QUE TAMBIÉN ERA PABLO

No hay dudas que la vida del apóstol Pablo es de los llamados“héroe de la fe”. El libro de los Hechos comienza como un Saulo perseguidor de la Iglesia, pero no era un perseguidor cualquiera, hoy diríamos que formaba parte del “terrorismo de estado”, ya que entraba “casa por casa, arrastraba a hombres y mujeres, y los entregaba en la cárcel” (Hech. 8,3) y después de sus viajes misioneros, termina en Roma esperando ser enjuiciado y predicando el evangelio (Hech.28,28-31).

Muchos creen que el cambio de nombre se produce después que “un gran resplandor lo rodeó” y de su conversión (Hech.9,1-19). Es un acontecimiento se repite en otros textos del NT (Hech. 22,6-16, Gal.1.11-17, 1Cor. 15,3-8). En los primeros 13 capítulos de Hechos “Saulo” aparece citado unas 15 veces, hasta el encuentro en la Isla de Chiprecon el procónsul Sergio Paulo donde creyó al evangelio (Hech.13,4-12). En ese mismo relato dice: “Entonces Saulo, que también es Pablo” (Hech.13,9), acá tenemos por decirlo así la segunda “conversión” de Saulo a Pablo.

Para algunos biblistas Pablo que significa “pequeño”, piensan que el nombre se relaciona con su estatura pequeña. Otros lo relacionan al segundo nombre que le habrían dado los padres a Saulo. Los ciudadanos romanos –y Pablo lo era- se llamaban, formando su nombre por la suma de: 1) el “praenomen”, lo que va delante del nombre, o simplemente el nombre para nosotros, p.e., Marco; 2) le seguía el “nomen”, esto es, un gentilicio o nombre de la “gens” familiar Tulia, p.e., Tulio; 3) y por último, el “cognomen”, algo así, como un apodo característico, p.e., Cicerón. De modo que el nombre y apellido completo –diríamos hoy- sería “Marco Tulio Cicerón” (cicerón=el gran garbanzo).Aclarado esto, el “nomen” Paulos (como el procónsul) era propio de la “gens Emilia”. De ahí, que muchos suponen que la familia Saulo en Tarso donde la “gens Emilia” tenía grandes extensiones de tierra fueron esclavos libertos, de allí que tuvieran por “nomen” “Paulus”, Pablo.
El filósofo Giorgio Agamben en un comentario a los Romanos, propone otra hipótesis al cambio de nombre. El apóstol, sostiene Agamben, al aceptar su condición de servidor del evangelio para llevar el mensaje a los gentiles, al igual que los esclavos, cambia de nombre y se presenta a sí mismo como: “Pablo, esclavo de Jesucristo, llamado a ser apóstol, apartado para el evangelio de Dios” (Rom.1,1).

PROLOLOGÍA | 2

Los Prólogos y también en los Prefacios e Introducciones, que bien podría constituir una categoría que englobe los antecedentes a la lectura de una obra; es el lugar, el ámbito y el espacio donde se enuncian y denotan las intenciones de un autor. Hay cosas esperables (objetivos, agradecimientos, etc.) y otras casi inusuales, donde se dice algo especial que el escritor trae a colación.
El presente intento puede hacer mención de otros de los que tengo memoria. Paulo Ricci en Zona de Prólogos reunió una serie de ellos que precedieron la obra de Juan José Saer, escrito por destacados escritores y críticos literarios (T. Mercado, B. Sarlo, N. Jitrik, M. Kohan, etc.). Otro dato es la publicación de Soren Kierkegaard, quién en 1844 y bajo uno el seudónimo de Nicolaus Notabene (que lleva cifrado el “NN”) escribió ocho Prefacios entre satíricos y apologéticos. Decía Kierkegaard que los Prefacios eran “como afinar una guitarra, como la charla con un niño y como escupir por la ventana”. Otro personaje de le valió el título de maestro de la sospecha, Friedrich Nietzche, escribió “Cinco Prefacios para cinco libros no escritos”. Jorge L. Borges escribió su “Prólogo de Prólogos”, que bajo el título de “Prólogos con un Prólogo de Prólogos”, reunió una serie del autor de esta figura literaria. Seguramente debe haber muchas más obras. Para un maestro de nuestra literatura, Macedonio Fernández, los prólogos eran parte de su esencia literaria. Llegó a escribir dando a conocer su “pluriprología”: “Diré así, antes, que se trata de uno de los veintinueve prólogos de una novela, imprologable, según recién ahora me lo previene un crítico nacido seguramente en el tranquilo país del “avisar después”; según otro, más simpático, es decir, más alargador, escasa de prólogos, lo que aún puede remediarse, que se iba a llamar “El hombre que será Presidente y no lo fue”.
La lectura de un extracto de lo que llamamos “antecedentes al texto”, puede incitarnos a leer más, a despertar nuestro interés e incluso a investigar un tema. Aquí van algunos textos-antecedentes para apropiarnos de ellos.

La muerte en lugar de la vida pasó a reinar como soberanía indiscutida; ‘muerto el Hombre –Foucault- y el Sujeto –Blanchot, Derrida-; muerta la Sociedad Burguesa y la Industria correspondiente –Daniel Bell-; muerta la Historia –Gehlen-, y, tras ella, todo metarrelato emancipador o legitimador –Lyotard-; muerta en fin –Baudrillard- la mismísima Realidad’ “
HEGEL Y LA LÓGICA DE LA LIBERACIÓN | Rubén Dri

PROLOGOLOGÍA | 1

Los Prólogos y también en los Prefacios e Introducciones, que bien podría constituir una categoría que englobe los antecedentes a la lectura de una obra; es el lugar, el ámbito y el espacio donde se enuncian y denotan las intenciones de un autor. Hay cosas esperables (objetivos, agradecimientos, etc.) y otras casi inusuales, donde se dice algo especial que el escritor trae a colación.
El presente intento puede hacer mención de otros de los que tengo memoria. Paulo Ricci en Zona de Prólogos reunió una serie de ellos que precedieron la obra de Juan José Saer, escrito por destacados escritores y críticos literarios (T. Mercado, B. Sarlo, N. Jitrik, M. Kohan, etc.). Otro dato es la publicación de Soren Kierkegaard, quién en 1844 y bajo uno el seudónimo de Nicolaus Notabene (que lleva cifrado el “NN”) escribió ocho Prefacios entre satíricos y apologéticos. Decía Kierkegaard que los Prefacios eran “como afinar una guitarra, como la charla con un niño y como escupir por la ventana”. Otro personaje de le valió el título de maestro de la sospecha, Friedrich Nietzche, escribió “Cinco Prefacios para cinco libros no escritos”. Jorge L. Borges escribió su “Prólogo de Prólogos”, que bajo el título de “Prólogos con un Prólogo de Prólogos”, reunió una serie del autor de esta figura literaria. Seguramente debe haber muchas más obras. Para un maestro de nuestra literatura, Macedonio Fernández, los prólogos eran parte de su esencia literaria. Llegó a escribir dando a conocer su “pluriprología”: “Diré así, antes, que se trata de uno de los veintinueve prólogos de una novela, imprologable, según recién ahora me lo previene un crítico nacido seguramente en el tranquilo país del “avisar después”; según otro, más simpático, es decir, más alargador, escasa de prólogos, lo que aún puede remediarse, que se iba a llamar “El hombre que será Presidente y no lo fue”.
La lectura de un extracto de lo que llamamos “antecedentes al texto”, puede incitarnos a leer más, a despertar nuestro interés e incluso a investigar un tema. Aquí van algunos textos-antecedentes para apropiarnos de ellos.

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“Lo que sigue es un prólogo. Digo bien: prólogo. Y, como es bien sabido, todo prólogo sin estar incorporado á part entiére en el libro introduce, de algún modo lo marca, lo rotura, lo sobreimprime en la indeleble rúbrica. Diremos, arriesgando un concepto extraído de una cierta lectura del psicoanálisis, que lo sobredetermina.”
“TRISTES TÓPICOS” | Emilio de Ípola

La Casa de Herodes

Herodes el Grande (73 aC | 4aC) (Mt.2,1-8) era idumeo, descendiente de los antiguos edomitas; pero era parte del pueblo judío ya que los idumeos fueron sometidos por Juan Hircano (un macabeo) en el 125 a.C.,circuncidados y obligados a aceptar la religión judía.
Herodes era de una personalidad compleja, por un lado descolló como estratega militar, político y constructor, y por otro, fue criminal sin medida: hizo matar a parientes, a su esposa y a varios de sus hijos. Se lo recuerda bien por la matanza de los inocentes (Mat. 2,16), lo que le valió el apodo “del genio malvado de la nación judía”. Su destreza militar le valió el reconocimiento de los romanos, hábil político sabía negociar con unos y con otros, cuando en Roma cambiaba el poder. En el 47aC consiguió que Julio César lo designara Procurador de Judea y en el 40aC los jóvenes Octavio y Antonio hacen que el Senado lo nombre Rey de Judea.

Al morir Herodes el Grande en el 4aC, ya tenía designado a su hijo mayor Arquelao para la sucesión, pero en Roma no confiaban en él, así que Augusto (63aC | 14dC) dividió el territorio en tres partes: Herodes Arquelao (23aC | 18dC) como Etnarca de Judea, Samaria e Idumea [4aC | 6dC](luego de su destitución su lugar ocupado fue por prefectos y luego por procuradores romanos, el quinto fue Poncio Pilato), Herodes Antipas (20aC | 39dC) como Tetrarca de Galilea y Perea [4aC | 39dC] y Herodes Filipo ( ? | 34dC) como Tetrarca de Batanea, Gaulanite, Traconite y Auranite [4aC | 34dC]. Juan Bautista le reprochará a Herodes Antipas haberse casado con Herodías “la mujer de su hermano” Filipo (Mt 14,3-4; Mc 6,17-18; Lc 3,19). La hija de Herodías, Salomé habría de obtener de Herodes Antipas la cabeza de Juan Bautista (Mt 14,8; Mc 6,24). Por otra parte, la Biblia lo cita a Herodes (Antipas) cuando había ido a Jerusalén para la Pascua, y se le nombra junto a Pilato enjuiciando a Jesús (Lc.23,6-12).

Otro miembro de la casa de Herodes de la cual tenemos mención en la Biblia es Herodes Agripa I, nieto de Herodes el Grande, hijo de Aristóbulo y hermano de Herodías. Los romanos le dieron una extensión de su reino mayor que la de su abuelo. Encarceló a Pedro y mató a Santiago (Hech.12,1-3) y tuvo una muerte dolorosa (Hech.12,21-23).

Al morir Agripa I en el 44dC, el emperador Claudio (11aC | 54dC) designa a su hijo para sucederle: Agripa II,su madre se llamaba Cipros. Es a este Agripa, a quien Pablo apela en razón de tener la ciudadanía romana. (Hech.26,1-3).

El concepto de “intelligentsia” en Mannheim

El término ruso ”intelligentsia” tiene su historia, fue introducido en un diario de la segunda mitad del siglo XIX en Polonia (para aquella época Prusia). En Polonia el filósofo Karol Libelt (1844) definió “inteligencja” “como los miembros bien educados de la población que comprometen a a liderar de las personas como los estudiantes, maestros, clero e ingenieros y buscan iluminar sus mentes”. Más tarde por el 1860 un desconocido novelista de segundo orden llamado Pyotr Bororykin, también la utilizó. Pero sobre todo “Intelligetsia” terminó identificando a la corriente de intelectuales de románticos rusos revolucionarios opuestos al Zar. El mismísimo Lenin en 1903 cuando escribe “¿Qué hacer?” dice claramente que los obreros no pueden tener conciencia socialdemócrata, y que le tiene que ser “introducida desde afuera”, ¿por quién?, por la “intelligetsia”. De modo, que Mannheim utiliza un término ya no solo con historia sino también con significado político.

El enfoque sociológico particular de K. Mannheim lo llevó a plasmar una teoría sobre los intelectuales, la “intelligentsia”, como el estrato portador de la conciencia de una época. A los intelectuales les cabe producir una síntesis total en el campo del conocimiento “que tiene que estar arraigado en cualquier grupo social”, escribe Mannheim.

Cuando habla de “intelligetsia” en su obra “El Pensamiento Conservador”(1927), tiene una concepción diríamos “en gestación”, pues habla sí del concepto con la definición de Alfred Weber, pero al mismo tiempo, parece que la crisis social, política y económica de la República del Weimar hace de ellos los “intelectuales desarriagados típicos filósofos-abogados, ideólogos que pueden conseguir argumentos a favor de cualquier causa…” y como no pueden ganarse la vida por su sí mismos sino por la ayuda ajena, “vende su pluma” a los gobiernos de Prusia o Austria. Para agregar más adelante que son un “…estrato que no encuentra los objetivos que persigue dentro de sí mismo sino en los intereses de estratos con un lugar más definido en el orden social”.

En 1928, Mannheim es invitado al VI Congreso Alemán de Sociología llevado a cabo en Zurich, donde expuso sobre “El significado de la competencia del ámbito intelectual”, y lo hizo “en segundo lugar después del patriarca de la sociología alemana Leopold von Wiese” un reconocimiento público para un Privatdozent . Es allí donde usa una expresión que él mismo reconoce prestado de Alfred Weber, “frischwebende Intelligenz o social frischwebende Intellektuellen”, y que se traduce generalmente como: “intelectuales que flotan libremente”.
Un año después, en 1929 publica su obra más conocida “Ideología y Utopía”.

En realidad la función o rol de la intelligetsia, implica a un mundo que reconoce el fenómeno ideológico, lo cubrieron antes los sacerdotes, los que impulsaron las leyes y los científicos, pero ahora es el turno de la intelligensia para quienes se le otorga una posición particularísima, ya que no ocupan ninguna categoría de clase. Este concepto mannheimiano de “intelectuales libres o desligados” como también se les llama, sufrió un desarrollo en su obra intelectual. Está claro que no es y no puede ser una clase social, por eso, habla de estrato no-clasista y en otras como si fuera un grupo intersticial.

Para él “los exponentes de esa síntesis” han sido siempre “estratos sociales, principalmente clases que se sienten amenazadas desde arriba y desde abajo y que, más allá de la necesidad social, buscan una vía intermedia”. Pero cito dice también explicitamente: “Aunque situada entre clases, no forma una clase media”.
También sostiene Mannheim que el gran eje igualador de los intelectuales es “la educación”, o como él lo llama “el lazo sociológico unificador” capaz de suprimir cualquier tipo de diferencia, de nacimiento, de posición social, de profesión, de riqueza, etc., esto hace unir a la gente. Y aclara, no quiere ser mal comprendido, que con “la educación” desaparecían “las clases y posiciones sociales”.

NAPOLEÓN Y LOS “IDEOLOGUES”

Napoleón Bonaparte (1769-1821) tendrá también su parte en la historia del concepto de ideología. Napoleón hizo una meteórica carrera militar, siendo teniente en 1791, gracias a su intervención en la batalla de Tolón es ascendido a general de brigada en 1793. Ya mantenía contacto con Volney, que a la postre sería llamado “ideologue”. En 1794 es acusado de “agente de Robespierre”, cargo del que es absuelto, pasa a Niza y el año próximo ya está de nuevo en París. Tiene una intervención decisiva en la asonada mientras se discute la nueva Constitución y para decirlo brevemente es designado al mando del Ejército del Interior y a los pocos meses, en marzo de 1796 al mando del Ejército de Italia. Por su desempeño en las batallas le es otorgado el título de “Héroe de Italia”.

Y aquí comienza la verdadera historia que nos atañe. El 3 de diciembre de 1797 entra en Paris, triunfante, y lo primero que hace es conectarse con el Instituto Francés de Neufchâteau. Lo reciben en una cena de bienvenida y “habla de metafísica con Sieyés, de política con Gallois, de matemáticas con Lagrange, de poesía con Chenier, pero sobre todo con Daunou el fundador del Instituto”.
Esto le vale que lo designen como miembro del Instituto, en la carta de agradecimiento le escribe al presidente: “La aprobación de los hombres distinguidos que componen el Instituto me honra. Sé muy bien que antes de ser su igual, seré durante mucho tiempo su discípulo …Las verdaderas conquistas, las únicas que no producen pesar son las que se realizan contra la ignorancia. La ocupación más honorable, así como la más útil para las naciones es contribuir a la extensión de las ideas humanas. El verdadero poder de la República francesa debe consistir, en lo sucesivo, en no permitir que exista una sola idea nueva que no le pertenezca” [Fernández Cepeda, J.M.,(1994) “Ideólogos Brumaristas y Napoleón Bonaparte, Revista El Basilisco].

¿Por qué razón este hombre se vuelve contra sus iguales? En su campaña a Egipto el General y los miembros del Instituto obraron de consuno, participando y acompañado, quizá con la sola excepción de Destutt de Tracy. Tal era su compenetración que firmaba sus decretos militares como “General en jefe, miembro del Instituto”. Insta a una nueva Constitución, donde aparece la función de Primer Cónsul, que es ocupada por Bonaparte. Una disputa sobre los planes de educación entre los miembros de segunda clase del Instituto y lo que llamaríamos “el ejecutivo”, que impulsó el estudio de las lenguas clásicas en lugar de las ideologías y las ciencias morales.

La segunda clase de Instituto fue cerrada por Napoleón y sus miembros dispersados en las distintas clases y sus miembros llamados “académicos ateos y republicanos”.
Es entonces cuando Napoleón inicia su campaña contra quienes se le oponen y a quienes llama “ideologues” [el término apareció por primera vez en el “Mensseger des Relations Exterieures]. “Los metafísicos son una clase de hombres a los que nosotros debemos todos nuestros males. “…charlatanes y espíritus confusos y falsos”.

“Hay una clase de hombres que desde hace diez años han hecho … más mal a Francia que los más furiosos revolucionarios. Esta clase se compone de charlatanes e ideólogos. Ellos han combatido siempre la autoridad existente. Después de derrocar la autoridad de 1789, después de parlotear durante algunos meses, y aunque eran muchos y elocuentes, fueron derrocados a su vez. Reaparecieron de nuevo y parlotearon mucho más. Al despreciar siempre la autoridad, aun cuando la tenían en sus manos, siempre la han denegado la fuerza necesaria para resistir las revoluciones; espíritus confusos y falsos, tendrían un poco más valor si hubieran recibido algunas lecciones de geometría”. “Ellos son doce o quince y se creen un partido. Durante cinco o seis días han realizado pesados discursos que se imaginan pérfidos pero que sólo son ridículos … ¿A quién guardan rencor? Al Primer Cónsul … Verdaderamente se han lanzado contra él máquinas infernales, afilado los puñales y suscitado intrigas sin éxito. Añádase a ello, si se quiere, los sarcasmos y suposiciones de doce o quince metafísicos nebulosos. Él [el Primer Cónsul] opondrá todo el pueblo francés a todos estos enemigos” “Es a la ideología, a esta tenebrosa metafísica que, investigando con sutilidad las causas primeras, quiere, sobre estas bases, fundar la legislación de los pueblos, en lugar de apropiarse las leyes en el conocimiento del corazón humano y en las lecciones de la historia, es a ella a quien hay que atribuir todos los males de nuestra bella Francia” [Viffesosse, L. y Bouissounouse, J.,(1969) “L’oposition a Napoleon”, Flammuarion, Paris].

Napoleón trasformó el término “ideología” en un dislogismo, acusando a toda la escuela de Desttt de Tracy.

AHITOFEL

Ahitofel es un personaje bíblico casi desconocido y muy pocas veces citado. Mucho más conocida sin embargo es su nieta, ya que Ahitofel era el abuelo de Betsabé (2 Sam 23:34, 2 Sam 11:3).

Sin embargo, Ahitofel era mucho más que eso. Era un político consumado, un ideólogo y un estratega. Las Escrituras dicen de él –después veremos como terminó- algo que no se escuchado de muchos otros: “Pues en aquel tiempo pedir un consejo a Ahitofel era como consultar la palabra de Dios. Tal era el prestigio de Ahitofel tanto para David como Absalón” (2 Sam 16:23)

Absalón está en rebelión contra su padre David, y Ahitofel entra acompañando al primero en la ciudad de Jerusalén, y la gente lo viva como Rey. Y el joven le pide consejo al experto y éste le recomienda acostarse con todas las concubinas de su padre, en las mismas azoteas del Palacio “a la vista de todos los israelitas”. (De este modo se cumplió la profecía del Natán. 2 Sam 12:11-12)

Además Ahitofel le pide a Absalom que le dé doce mil hombres para salir en busca de su padre y darle muerte. Pero el joven Absalón viendo lo muy temerario del plan, le pide consejos también a Husai, quien le dice que ese plan no es el más conveniente, en cambio, le sugiere que el mismo Absalón marche al frente de su ejército. Pero Husai era instrumento del Señor, y da aviso al rey David de lo que le sobrevendría a través de los sacerdotes Sadoc y Abiatar quienes envían a su vez dos mensajeros, que para cumplir su cometido pasan por algunas que otras peripecias.

Cuando Ahitofel se dio por enterado que su plan no se había puesto en práctica, dice la Escritura, que “se fue a su casa, en su pueblo natal, y después de arreglar sus asuntos familiares se ahorcó”.

ADAN, EVA Y LA MANZANA

Lo que hemos leído y escuchado el relato del Génesis, recordamos a Adán y Eva disfrutando de la vida en el jardín del Edén (que significa “delicia”, “encanto”, “placer”), donde estaban el “árbol de la vida” y el “árbol de la ciencia del bien y del mal” (Gen. 2,9). En el segundo relato, Dios les advierte que no coman ni toquen los frutos del árbol que estaba en el centro del huerto, porque en ese caso iban a morir (Gen. 3,3). Como sabemos la serpiente tentó a Eva diciéndole “No moriréis…seréis como Dios” (Gen.3,4-5), entonces ella tomó el “fruto prohibido” y lo compartió con Adán. Y sobrevino la pérdida del “paraíso” al desobedecer a Dios, “porque la paga del pecado es muerte” (Rom. 6,23).

¿Pero dónde surge que lo que le dio Eva a Adán era una manzana? ¿No hubiera sido más lógico que fuera un higo, pues se cubrieron con hojas de una higuera (Gen. 3,7)?
El Papa Donoso I en el 382 le encargó a Jerónimo de Estridón la traducción del hebreo y del griego de la Biblia. Esta edición se conoce como la Vulgata –vulgata editio- por estar escrita en latín para el vulgo, para el pueblo. Pero San Jerónimo -como también se le conoce- no era un especialista en hebreo, y a pesar de viajar a Belén para aprenderlo, nunca fue su fuerte. También hay dudas si tradujo el Nuevo Testamento de los originales en arameo y en griego o se basó en otras versiones.

Volvamos, como vimos en el relato del Génesis se le prohibía a la primera pareja comer del fruto del árbol del bien y del mal. El término “mal” fue traducido al latín por “malum”, que tenía un doble significado, las malas acciones y las manzanas (aunque existía una diferencia al pronunciar con una “a” larga en el caso de manzana). Por lo que la gente, entendió que se refería a la manzana. Así malum discórdiae es la manzana de la discordia. El manzano, es decir el árbol, se llamaba malus mattianus, en honor de Gaius Matius –amigo de Cicerón y Julio César- quien cerca del año 100 aC las comenzó a cultivar en Roma.
La versión original de la Vulgata de San Jerónimo hoy es inhallable. Hay si 8.000 copias, que el mismo Vaticano reconoce corrompidas (Sangallensis, Fuldensis, Amiantinos) con palabras cambiadas, interpolaciones y correcciones varias. Por tal motivo, hubo otra Vulgata, nacida del Concilio de Trento, que se conoce como la edición sixto-clementinana (por los papas que la impulsaron) de 1592, pero que no guarda relación con la de Jerónimo.

Pero el mito de la manzana ya se había extendido y popularizado. Luego confirmado en el imaginario religioso por la pictórica renacentista, donde se mostraba a Eva con la manzana y Adán en el huerto del Edén ante la mirada seductora de la serpiente.

DON ELISEO

La noticia de la aparición del DC3 de Lan Chile caído en Los Andes hace 53 años y donde viajaban jugadores de fútbol del Green Cross me hizo pensar que algo incluso tuvo fin. En ese vuelo perdió la vida el gran Eliseo Mauriño, y me asaltaron los recuerdos. Don Eliseo vino a Boca en 1953, para formar “el medio campo” con Lombardo y Pescia. Pero él era especial.

En esa época los jugadores viajaban en colectivos. Los días de entrenamiento él bajaba en la calle Patricios y venía caminando por Brandsen con los botines bajo el brazo, para entrar a la Bombonera. Lo esperábamos con unos amigos de muy corta edad, entre los diez y once años, antes de entrar a “la práctica”. Don Eliseo, con paso firme, la espalda cargada, la mirada fija y serio, muy serio. A lo sumo una caricia en la cabeza.

En cambio, Natalio Pescia era un borbotón, sonriente, expansivo, siempre con un que otro amigo. El “goma” Lombardo era un atleta, era verlo y ver a un corredor, no caminaba disparaba, imposible seguirlo.

Allí también estaban en 1953 cuando llegó don Eliseo, el “arquero cantor” Elías Musimessi, el “comisario” Colman y el exquisito Héctor Otero, los tres antes nombrados Pancho Lombardo, Eliseo Mauriño y Natalio Pescia, y en delantera: “Cañita” Juan Navarro, Juan Vairo, Roberto Rolando, Elio Montaño y Marcos Bussico. Recuerdos…