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Biocombustibles

A partir de 2010 será obligatorio el uso de biocombustible en un 5% sobre el total de las naftas y el gasoil (conf. Ley 26.093/06).

El biodiesel es un combustible que se obtiene haciendo reaccionar un triglicérido (proveniente de un aceite vegetal o una grasa animal) con un alcohol (metano o etanol) a través de una reacción que se denomina transesterificación. Como producto de la misma se obtiene una mezcla de metil-ésteres que se conoce como biodiesel.

Los gases responsables del efecto invernadero provienen en su mayor parte de la quema de combustibles fósiles, siendo éstos un recurso no renovable. Por lo tanto, lograr un combustible menos agresivo con el medio ambiente y proveniente de recursos renovables es un hecho doblemente valioso. El menor impacto ambiental de este combustible se debe, entre otros factores, a su menor contenido de azufre, causante de lluvia ácida, y a su capacidad de evitar la acumulación de dióxido de carbono (CO2) en el ambiente, agente que propicia el calentamiento global.

Actualmente, la demanda europea de importación de biocombustible supera la oferta de nuestro país, no sólo por el volúmen de producción sino también por la logística para la exportación.

Hasta el momento la fuente principal de obtención de biodiesel son las oleaginosas (soja, colza y girasol principalmente) y tanto compañías petrolesras como aceiteras están estudiando la producción a gran escala. Por su parte la obtención de biodiesel a partir de grasa animal suma como ventaja el “valor agregado” de aumentar el valor y utilidad de subproductos marginales como el sebo.

[Fuente: INTI]

Dónde invertir con inflación

Hoy no hay prácticamente inversiones seguras que puedan superar el costo de la inflación, los productos financieros no logran superar 13%, cifra que no alcanza a cubrir el alza de precios estimada para la economía en 2008 por los analistas privados, que se ubica más cerca de 20%. La encrucijada es producto de factores externos e internos: por un lado, el dólar en el mundo y los mercados de bonos y acciones continúan con tendencia descendente por los temblores financieros masivas que enfrentan los Estados Unidos y la amenaza de una recesión en puerta.

Por otro lado, la plaza local mantiene una situación inédita de alta liquidez en el mercado, lo que deriva en bajas tasas de interés en las colocaciones, que se combinan con altos niveles de inflación.

Los plazo fijo no superan el 11% a 90 días, y la oferta arranca desde 4,5 por ciento, por eso la mayoría de las colocaciones se pactan a menos de 90 días, a la espera de que mejore la situación; los fideicomisos, rinden hoy entre 10 a 12%; un descuento por cheque de pago diferido a seis meses paga 12%, neto del Impuesto a las Ganancias, derechos de Bolsa y comisiones. Las cauciones, un producto líquido a 7 días del cual se financian las empresas a través de la Bolsa, rinden un 5% anual; los bonos en pesos indexados no rinden más del 16-17%, según la TIR (tasa interna de retorno).

En las últimas semanas los favoritos son el oro y el euro, pero el euro que llegó a cotizar a $5,08 en algunas casas de cambio es un activo no regulado por el Banco Central. Los ETF (Exchange Trade Funds) obtuvieron un crecimiento superior al 16%. Finalmente los ladrillos es una inversión mucho menos líquida y con un horizonte temporal de más largo plazo, y en dólares; los desarrolladores inmobiliarios esperan un crecimiento promedio en los valores del metro cuadrado de entre 10% y 15%, subas similares a las obtenidos en 2007, pero con la diferencia de que hoy el dólar en el mundo vale mucho menos.

[Fuente: iEco, 2008]

Política Monetaria

La política monetaria es ejercida hoy principalmente por el manejo de las tasas de interés; casi la totalidad de los bancos centrales del mundo tienden a influenciar el comportamiento de las economías por la vía de incrementar o reducir las tasas de interés. Las autoridades monetarias se concentran en la determinación de una tasa de corto plazo, que incide en el resto de las tasas de interés a través de las operaciones de los bancos y de los mercados financieros. El objetivo principal es: influenciar la demanda agregada de las economías procurando estimularla.

En la Argentina no es posible controlar la demanda agregada mediante política monetaria porque los mecanismos de transmisión son débiles, venimos de una crisis financiera y porque recién estamos reconstruyendo un sistema. Una tasa de interés elevada no sólo no sería conveniente sino quizás contraproducente porque haría más difícil el sostenimiento del tipo de cambio. No obstante, la política monetaria no puede quedar al margen. La tasa de interés debe satisfacer ciertas condiciones para que las políticas monetarias y cambiarias resulten sostenibles. ¿Cómo se relaciona con la evolución de la inflación?, la aceleración de la inflación podría colocar la política de tasas de interés en un conflicto. Mantener la alineación de las tasas de interés con la inflación podría resultar en tasas demasiado altas para preservar la sostenibilidad. Preservar la sostenibilidad de las políticas cambiarias y monetarias podría redundar en tasas de interés demasiado bajas con relación a la tasa de inflación. Algo debería de sacrificarse, la sostenibilidad o la alineación de la tasa de interés con la inflación.

[Fuente: La Nación, 2007]

Datos del monocultivo

Varias son las historias de países monocultivo que significaron tragedias económicas, sociales y políticas. Los países centroamericanos lo fueron del plátano, cacáo o el azúcar, en una época lo fue Brasil del café. Ese modelo de producción implica una elevada vulnerabilidadd económica y social, además de tener efectos negativos en el medio ambiente.
Una de las principales críticas a las retenciones móviles ha sido atribuirles su objetivo exclusivamente fiscalista. Pero sólo tomándose el trabajo de analizar el sistema y significado de “móviles” resulta que si los precios bajan, la recaudación baja también, y viceversa. No tiene mucha lógica de voracidad fiscal la imprevisibilidad de esa estrategia de recaudación.
Las retenciones móviles fueron una tardía intervención estatal para frenar el proceso acelerado de monocultivo de soja.

Números:
- La superficie sembrada de soja durante 2006/2007 creció 152% respecto a la década del ‘90; la de trigo avanzó sólo 1% y la de maíz el 12%.
- La producción de soja aumentó 241% en esa misma comparación, mientras que el trigo lo fue del 22% y el maíz 72%.

La dieta doméstica está compuesta en esencia de derivados del trigo, maíz, girasol, leche y carne. No incluye soja. Si este poroto domina la producción local de alimentos, la vulnerabilidad económico-social de la población será considerable por la pérdida de la soberanía alimentaria.

Peter Rosset, coautor del libro Doce mitos sobre el hambre expresó que: “La soberanía alimentaria es el derecho de todos los pueblos a poder definir su propio sistema de producción, distribución y consumo de alimentos. Es el derecho de los pueblos rurales a tener acceso a la tierra, a poder producir para sus propios mercados locales y nacionales, a no ser excluidos de esos mercados por la importación hecha por las empresas transnacionales. Y también es el derecho de los consumidores a tener acceso a alimentos sanos, accesibles, culturalmente apropiados con la gastronomía y producidos localmente”.
[Fuente: Página/12, 2008]

El campo versus la teoría económica

Para comprender el actual conflicto entre el campo y el Gobierno es necesario aclaraciones fuera de lo que parece una cinchada sobre quién se queda con qué ganancia.

En el campo dicen que tanto sus productos como la totalidad de su precio les pertenecen por completo y cualquier intento del Estado de apropiarse es una intromisión. Este argumento se aplica a cualquier negocio; como cualquier negocio, el empresario realiza una inversión y sobre esta base obtiene un producto; como cualquier negocio, si los precios de venta se elevan la ganancia adicional corresponde al productor; como cualquier negocio si el Gobierno pone un impuesto a una rama favorecida, nadie querrá realizar nuevas inversiones.

Pero el campo no es cualquier negocio, la economía muestra que en la producción agropecuaria no ocurre lo mismo que en cualquier negocio. La diferencia es la siguiente: Si en una industria se registrara un incremento de la demanda y un consecuente aumento de precios, los productores tendrían ganancias extraordinarias. Pero en cualquier negocio estas serían sólo transitorias. Con el tiempo podrían sumarse nuevas firmas que con una similar inversión producirían lo mismo, aumentando así la oferta.

La escuela clásica o la neoclásica señalan que en la producción agrícola existe una gran diferencia: como la actividad se asienta sobre determinadas circunstancias climáticas y de fertilidad del suelo, ningún inversor puede reproducir esas mismas condiciones naturales por más inversión o excelencia del negocio. Las tierras se pueden comprar o vender, pero no es posible multiplicarlas. Condiciones naturales más favorables significan menores costos –y las tierras argentinas han permitido siempre menores costos-.

Mientras el precio de los productos industriales tiene dos componentes: costos y ganancias; el precio de productos agrarios posee tres componentes: costos, ganancias y renta del suelo. La renta es entonces equiparable a un precio de monopolio. Los dueños de las mejores tierras se quedan con la diferencia que no se debe a la inversión o esfuerzo sino a las condiciones naturales.

La renta del suelo deja en las manos de los propietarios un monto adicional cuando los productos se colocan en el mercado mundial. Ante aumento de los precios internacionales tan abruptos como experimentan las exportaciones de soja y girasol, lo razonable es aplicar impuesto que graven la renta del suelo. Los costos pueden haber aumentado, pero no se duplicaron, de manera que lo que creció es el componente renta.

Es falso que las retenciones impliquen una confiscación de la ganancia –como en cualquier negocio-; las retenciones gravan básicamente ese adicional del precio sobre la ganancia normal. Las retenciones pueden dejar ganancias razonables para el productor –similares y hasta superiores a otras ramas- y, además, mantener más bajo el precio interno de los alimentos.
Es absolutamente falso que las retenciones sean una confiscación, es justicia distributiva.
[Fuente: Axel Kicillof, Economista, Investigador UBA/Conicet - Página/12, 30/03/2008]

Soja y retenciones

De las casi 95 millones de toneladas de granos que se cosecharán en 2008, más del 70% pertenece a grandes y medianos productores agropecuarios del pampa húmeda. En estos, aun con las retenciones móviles, la rentabilidad es tan grande que supera por lejos los niveles medios de la economía. La pelea de estos días era por esa renta extraordinaria.
En la actualidad estas altas rentabilidades tienen que ver en principio con los precios internacionales de los commodities de productos agrarios.
Las retenciones cumplen diversas funciones:
a) Reduce el precio de los alimentos en el mercado interno. Una política de alimentos baratos es esencial para el desarrollo integrado del país.
b) En un contexto inflacionario y con precios internacionales en alza, el incremento de las retenciones es un instrumento necesario contra la inflación.
c) Permite modificar las rentabilidades relativas de las distintas producciones de manera de que para los productores sea tan bueno producir soja como otros cultivos o productos pecuarios.

[Fuente: Página/12, 2008]

Soja dependencia

Más de la mitad de la superficie cultivada total, más de la mitad de la producción total de granos, está concentrada en un producto que no tiene mercado interno: la soja. No sólo el sector sino una parte importante del crecimiento económico, y ni qué hablar de las finanzas públicas, es hoy “soja dependiente” por causas internacionales e internas. La primera tiene nombre y apellido: China.

Las autoridades de dicho país decidieron que su población dejara de morirse de hambre y no les conviene producir internamente la cantidad de alimentos que requiere alimentar a su población, y el suelo australiano –en ventaja desde el punto de vista geográfico, y por consiguiente desde el ángulo de los costos de transporte- no es apto para la producción de soja. Por consiguiente, gran euforia entre los productores ubicados en Estados Unidos, Brasil y la Argentina.

El productor agrícola quiere sacarle el mayor provecho posible a lo que tiene. Por eso, cada vez que con su tierra y sus instalaciones puede “hacer” hacienda, granos que también se venden en el mercado local o soja, abandona los primeros para dedicarse a la última. Y no es que, por carecer de mercado interno, la exportación de soja no esté penalizada. Lo está y fuertemente, pero “sólo” con un impuesto a la exportación; mientras que en el resto de los productos agropecuarios, además de las retenciones existen prohibiciones u otro tipo de trabas a la comercialización. [

Fuente: Revista Fortuna, Juan Carlos de Pablo, 2008]


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