“SOLA FRENTE A ÉL”
Corrientes, miércoles 15 de mayo del 2.013.-
Dinarda estaba segura de que aquello no era un sueño. Ella estaba despierta, sin lugar a dudas. Sin embargo, tampoco podía asegurar que aquellas vivencias pertenecían a la vida real. Por un lado, si estuviera soñando, no se sorprendería de nada, pues es sabido que en sueños no existe el sentimiento de sorpresa… En sueños todo puede ser; no nos formulamos ningún tipo de interrogantes. Así, podemos soñar que volamos y hallar este hecho natural. Pero por otro lado, Dinarda estaba sumergida en profundas reflexiones. Ella no consumía ningún tipo de sustancia alucinógena; tampoco era amiga de ninguna clase de bebida alcohólica. Pero aquella reflexión profunda estaba allí. De pronto, recordó el punto de partida de aquellas vivencias: estaba tratando de conciliar el sueño, cuando oyó el telenoticiero que llegaba algo apagado hasta ella, procedente del living de la casa. La voz decía que la NASA proyectaba enviar voluntarios al planeta Marte, y aclaraba que el viaje era sólo de ida, de modo que quienes lo emprendieran, tenían que estar dispuestos a morir en ese planeta.
Dinarda trató de imaginarse a sí misma en medio de la nada, acompañada únicamente por los otros viajeros espaciales.
Según los científicos, en Marte no hay agua ni vegetación alguna. Para sobrevivir allí, tendrían que construir todo lo necesario para la supervivencia. Alguna vez se terminaría el agua potable que llevarían de La Tierra, al igual que los alimentos…
Sin advertirlo, Dinarda fue internándose más y más en un mundo que podría catalogarse de espiritual, teniendo en cuenta que por más que quisiera, nada material había a la vista, salvo el suelo de aspecto árido. Por primera vez halló que la nada más absoluta adquiría otra dimensión, ya que en medio del paisaje desolado estaba LA PROPIA VIDA Y LA DE SUS COMPAÑEROS. ¡ERA IMPOSIBLE DEJAR DE SENTIR, DE EXPERIMENTAR LA MARAVILLA DE ESTAR VIVOS!
De pronto, la espiritualidad y el silencio reinante fueron tan profundos, que creyó que nunca volvería a sentir hambre, ni sed, ni sueño, ni aburrimiento… Ella no había tenido en cuenta que en el plano de la espiritualidad, estaba completamente sola, pués allí no habían compañeros de viaje con quienes entablar un diálogo e intercambiar ideas.
Se sentía algo así como intemporal, más allá de todas las cosas… pués le era imposible dejar de SENTIR LA VIDA RECORRIENDO TODO SU SER.
¡Y, COSA SORPRENDENTE, EN MEDIO DE LA NADA, LA REALIDAD DE ESTAR VIVA SE HIZO PROFUNDAMENTE NOTORIA…!
De algún modo, “percibió” una Presencia que parecía llenar todos los espacios. Sintió que se hallaba frente a ÉL… al Señor Jesucristo…
De pronto, la invadió una pena muy profunda: era la conciencia de que había causado dolor a alguien, sin saber a quién; tuvo la certeza de haberle faltado a la caridad a muchos, y lloró. Era asombroso advertir que a medida que derramaba torrentes de lágrimas, una inexplicable dulzura iba llenando su corazón…
Se fue sintiendo más y más amada, hasta que un jubiloso sentimiento de plenitud le hizo comprender que estando aún en este mundo físico, todas las ausencias que le habían dolido, ya no estaban; habían pasado…
Se sintió dichosa, con una dicha que este mundo nunca conoció y comprendió que nada ni nadie podría arrebatársela… porque la misma venía del Señor DIOS…
Entonces recordó Sus Palabras: “llevaré al hombre a la soledad, y en la soledad le hablaré al corazón…”
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