Lo que ellos quieren

Incontables son las veces que los padres preguntan y se niegan a escuchar nuestras respuestas. “No me contestes”, dicen. Al menos mi mamá lo hizo (muchas veces) y lo hace aún. Cuando dicen que la adolescencia es la etapa más difícil para los hijos, pienso que tal vez sea peor para los padres. Claro, ellos saben bien lo que quieren de nosotros: que estudiemos derecho o medicina, que comamos, que no comamos, que nos casemos y nos vayamos de casa, o peor, que no nos despeguemos nunca de ellos, pero… ¿Y lo que queremos nosotros?

Difícil respuesta. Porque a veces pensamos tanto en lo que ellos quieren, que sólo hacemos lo contario, o peor… hacemos su voluntad.

Creo que los adultos, por el solo hecho de tener su vida acomodada, piensan que saben lo que queremos y sienten que hacemos todo mal la mayoría de las veces. Quizás el error es pensar que todos los adolescentes queremos lo mismo, y pensándolo mejor, no es un simple error… Es el peor error de todos los padres, porque no funciona así, no todos pensamos en salir, tener sexo, tomar alcohol y consumir drogas.

No podemos negar que algunas de esas cosas (y a veces todas) se nos pasan por la cabeza de lado a lado, pero también tenemos nuestras creencias y gustos, los cuales dada la relación con los mayores, pueden pasar a ser vicios vinculados a la represión o al miedo de expresarnos que ellos nos generan.

Por ejemplo, una de mis mejores amigas empezó a estudiar derecho. Siguió varios años hasta que se dio cuenta de algo: era el deseo de sus padres, no el de ella. Así que después un largo tiempo buscando el mejor momento, se los dijo.

Ahora estudia diseño de indumentaria y aunque a sus padres no les agradó en primera instancia, ahora están más que felices por ella.

Y si, es que en el fondo sabemos que nuestras familias quieren vernos bien y felices, pero cada uno es feliz de diferentes formas y eso es bastante difícil de entender para ellos ya que piensan más en nuestro futuro que en nosotros mismos.

Ante situaciones así, lo principal es ser honestos, primero con nosotros mismos, aceptándonos con nuestros gustos (en especial cuando hablamos de estudio y sexualidad) y luego honestos con nuestros seres queridos.

Lo primero es fácil, es decirnos para nosotros ‘’yo en mi futuro quiero ser tal cosay estar con tal persona’’. Si no lo pensamos, esas cosas salen del corazón.

Una vez que lo sentimos, lo decimos… y una vez que lo decimos estamos listos para gritarlo al mundo: ¡Yo elijo esto para mí!


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