ASÍ HAY BEATLEMANÍA PARA RATO…
Dicen que nunca hay que dejarse llevar por la primera impresión, pero, habiendo escuchado esta semana los 14 discos recontra-ultra-remasterizados de los Beatles que acaban de salir (versión mp3esca, claro), la primera y muy fuerte impresión, por la cual me estoy dejando llevar por más que digan, es que lo disfruté mucho. Disfruté mucho, básicamente, de distinguir con claridad instrumentos y voces donde antes, en muchos casos, había poco más que una bola empastada de ruido.
La segunda impresión es, creo, inevitable, y es la extrañeza: es muy raro escuchar estos discos con semejante sonido. Tanto, que por momentos se tiene la sensación de estar efectivamente ante algo adulterado. Es que la bola de ruido indescifrable era de tal modo parte de “los discos de los Beatles”, que ahora su ausencia desconcierta, y muchos, o al menos unos cuantos, los más puristas, aseguran que estos no son “los discos de los Beatles”, sino otra cosa.
Tienen razón, claro. Es otra cosa. Que yo, personalmente, celebro y que me gustaría se aplicara a muchos buenos discos viejos, cuyo mal sonido, lejos de resultarme un aliciente para el disfrute nostálgico (sentido musical del que carezco), se me hace muchas veces la razón principal que me impide escucharlos.
Finalmente, rebuscando en la mente argumentos a favor de mi disfrute, pa’ no dejarlo guacho de algún sustento teórico, me acordé de una opinión de un profesor de guitarra que tuve. El tipo nos daba partituras para guitarra de piezas de Bach, quien por supuesto jamás escribió para guitarra, dado que tal instrumento no existía en su época. De hecho, el Johann Sebastian apenas si escribió para laúd, que sería el antecesor de la guitarra. Lo que se hace, entonces, es adaptar a la guitarra clásica las numerosas piezas para clave u órgano (tampoco el piano existía) que sí compuso. Los puristas, por supuesto, odian esto. Dicen que se desnaturaliza el asunto. Y hasta hay quienes se hacen construir los instrumentos como en el siglo XVII, para que la fidelidad sea completa. Y opinó entonces el profe aquél, y esta es la idea que quiero traer acá, que “los puristas, con el respeto que les tengo, siempre se olvidan de pensar en una cosa que para mí es la más importante: hay que tratar de que la música siga viva, y para eso tiene que llegar a la mayor cantidad de gente posible. Una partitura que no se toca es música muerta. Y tocando a Bach en la guitarra, que es el instrumento tal vez más popular, ayudamos a eso”.
Siguiendo esa línea, lo que es innegable acerca de estos discos, con este sonido, es que tienen mucha más chance de enganchar a nuevas generaciones de oyentes y de hacer, por tanto, que la música de los Beatles siga viva. O sea: si yo quiero introducir a un sobrinito de 14, criado y habituado al sonido actual, en las arenas beatlescas, ¿qué le voy a poner? ¿El Album Blanco versión 2009, cuya versión de Glass Onion te arranca las muelas (escuchar aquí debajo), o el CD comunardo, que se escucha como el tujes, no sea cosa que el niño se corrompa con las nuevas tecnologías? ‘Jate joder…
A continuación, los comentaristas (si es que queda alguno), con sus opiniones remasterizadas 2009.
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