ST. VINCENT: ASÍ SÍ, EXPERIMENTEMOS TODO LO QUE VOS QUIERAS
Acá, que casi siempre le ponemos las fichas a cierto clasicismo, solemos burlarnos un poco de algunos que andan en el avant-garde de la música, en la creencia de que más que experimentar lo que en realidad hacen es tapar la falta de ideas con ruiditos y boludeces que te quieren hacer pasar por la nueva avanzada de no sé qué cosa que acaban de inventar y que va a revolucionarlo todo (para lo cual cuentan con la complicidad de buena parte de la crítica especializada).
Esta actitud, sin embargo, no debería impedirnos (y en eso estamos) apreciar a ciertos artistas cuyas genuinas búsquedas dan en extraños y cautivadores resultados, que es lo que ocurre, según entiendo, con Annie Clark, alias “St. Vincent”, cuyo primer disco “Marry me” ya me había parecido interesante, sensación que vengo a afirmar ahora con su segundo, intitulado “Actor”.
Y esto es en buena medida música experimental, sí, y muchas veces disonante, claro, pero, al contrario de tanto barullo ininteligible que anda por ahí, me parece un fantástico ejercicio de tironeo entre lo bello y lo no tan bello, y, lo que es más importante de todo: se trata de experimentos musicales. No sónicos. Esto es fundamental. Annie Clark juega con la música y sus posibilidades, no se queda en el truco de decorar sus canciones con ruiditos para que parezcan raras. Anne Clark es rara, y sus canciones son raras, sin que eso signifique, por otra parte, que te cierre la puerta en la cara. No, acá, pasada cierta sorpresa, cierta incomodidad inicial, digamos, se entiende todo, y no hay ninguna intención de hacer las cosas difíciles porque sí.
Para escuchar, primero una del último, más accesible, y después una del primero, impresionante por donde se la mire.
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