Un viejo barrio con una nueva cara
En los últimos 20 años San Telmo se ha transformado en uno de los centros turísticos de mayor atracción en la Ciudad de Buenos Aires. La actividad hotelera y turística dio una limpieza de cara al barrio. La edificación y aún en mayor número el reciclado de antiguas casonas creció en gran magnitud. Pero no es casual que San Telmo se hubiera transformado en uno de lo lugares más representativos de la capital, tanto por ser el barrio más antiguo de la ciudad, o porque sus paredes suspiran historia. Un poco de historia Primitivamente se llamó Altos de San Pedro, delimitado por las actuales calles Chile, Piedras, Avda. Caseros, Defensa, Avda. Martín García, Avda. Paseo Colón, Avda. Brasil, Avda. Ingeniero Huergo. Estaba poblado por los trabajadores del puerto. Junto con el cercano Monserrat fue el barrio más negro de Buenos Aires, llamándose “Barrio Sur“, en oposición al “Barrio Norte” de San Nicolás. Este tradicional barrio, en un rincón del sur de la ciudad, conserva su imagen antigua, con casas de época colonial y calles empedradas. Pueden entre otras cosas verse antiguas iglesias, museos, anticuarios y la feria dominical de antigüedades de la Plaza Dorrego. Desde la primera casa de la moneda, hasta la sede del archivo ejecutivo, el barrio encierra en menos de un kilómetro y medio cuadrado algunos de los lugares más llamativos de la ciudad. Una curiosidad es la Casa Mínima, la casa más angosta de la ciudad, que tiene un frente de 2,5 metros de ancho y 13 de profundidad. Se trata de una propiedad residual de una propiedad mayor, construida entre fines del siglo XVIII y principios del siglo XIX. Encontraremos también lugares tales como la Iglesia Dinamarquesa, un templo luterano inaugurado en 1931, con una fachada de estilo neogótico, la casa de Castagnino, donde vivió el celebre pintor, que hoy alberga exhibiciones temporarias de arte. Así también la casa del poeta Esteban de Luca, un militar, periodista y escritor, aquí solía reunirse la intelectualidad porteña del siglo XVIII, incluyendo a varios protagonistas de la revolución de mayo; el museo penitenciario que emplazado en la antigua cárcel de mujeres, exhibe, desde 1980, elementos del sistema presidiario argentino; la iglesia de San Pedro Telmo, construida por los jesuitas en 1934; el Pasaje de la Defensa, un claro ejemplo de un conventillo de los años 30: el Museo de Arte Moderno, y una innumerable sería de atracciones que hacen a este un centro histórico y turístico imperdible e incomparable. La historia del barrio ha pasado por innumerables procesos, fue cuna de algunos de lo sucesos más notables de la ciudad. Durante las Invasiones Inglesas fue ocupado por los invasores, y se establecieron dos hospitales de sangre. En esta oportunidad se produjeron algunos hechos como el que protagonizó doña Martina Céspedes, quién tomó prisioneros a once de los doce ingleses que entraron en su hogar, ya que uno de ellos terminó casándose con su hija. Durante la época de Rosas se instaló, en la calle Chacabuco, el Cuartel de la Mazorca. Uno de los hitos más importantes de la historia del barrio tuvo lugar durante la epidemia de fiebre amarilla en 1871, este hecho produjo un gran éxodo, en especial de las familias más adineradas, que se vieron obligadas a hacer abandono de sus grandes casonas, que actualmente siguen en pie. Estas casas abandonadas sirvieron de albergue a varias familias de inmigrantes, y se fueron transformando en lo que se conoce hoy en día como conventillos Podría decirse que San Telmo es la cuna del tango. De la mezcla de la milonga, el tango Andaluz, la habanera y el candombe de los negros, que poco a poco fue surgiendo lo que hoy conocemos como Tango Argentino. El viejo Almacén, es ícono fiel de esta movida, donde años antes estuviera el primer Hospital Británico, fuera luego ocupado por el almacén y restaurante ruso llamado Volga, y en 1969 adquirido por el cantor de tangos, Edmundo Rivero. El barrio y su feria Es sin duda una de las mayores tradiciones de San Telmo la feria de la Plaza Dorrego. Temprano a la mañana, cada domingo desde hace 34 años una curiosa ceremonia se repite: baúles, cajas, hierros, tablas, canastos, se superponen en un repiqueteo, que asombra a los noctámbulos que alargan la noche con un café de última hora, y a los madrugadores que comienzan el día. A esa hora, la Feria Antigüedades de San Pedro Telmo comienza a tomar forma, se construye sobre el adoquinado de la plaza, y repite un ritual que se ha convertido en el corazón de un barrio que los domingos late de una manera especial. Es un serie de 270 puestos exclusivos que albergan todo tipo de objetos que hacer al quehacer cultural y la historia de la capital. La temática de la exposición se desarrolla en torno al comercio de las antigüedades, de toda clase y especie, pueden encontrarse libros, adornos, discos de pasta, instrumentos musicales, ropa y algunos de los elementos mas peculiares que puedan ser imaginados. Dentro de la feria los puesteros se manejan con un reglamento muy estricto y un orden casi pulcro. Qué se vende, cómo se vende, quiénes pueden vender y todo aquello que se relacione con estos temas es escrupulosamente estudiado y analizado por lo integrantes de la feria. Los puestos son otorgados a ciertas personas, que cumplan con una serie de requisitos a rajatabla. La Feria recibe cerca de 10 mil visitantes por domingo, entre los cuales, un alto porcentaje está compuesto por turistas de todo el mundo. Con el correr de los años, los puesteros han logrado desarrollar una verdadera clasificación de turistas, según el perfil de sus compras: así, en vez de fijarse quiénes compran, los feriantes pueden establecer de dónde es un turista, sólo con ver qué compra. Hoy por hoy San Telmo no es solo un barrio tradicional conservado en el recuerdo, a cada paso puede ser observada la modernización conjugada con la historia, bares y hoteles de gran categoría, de estilos actuales, dejan entreverse de los lugares que conforman la historia de San Telmo. Antigua y moderna son dos conceptos que se conjugan aquí como en ningún otro lugar de la argentina, todo puede ser contemplado y disfrutado en todos los rincones y a cada paso, una belleza increíble recorre las paredes y deja en aquellos que la ven una sensación de gran agrado. La inigualable movilización turística que se ha generado en el barrio hacia los últimos 20 años, desarrolla una polémica entre quienes siempre han vivido allí y no desean este cambio para el barrio y aquellos que apoyan fielmente la “modernización”· que se esta llevando a cabo. Un crisol de razas y estilos de vida convergen en un mismo lugar a diario, mezclándose unos con otros y formando una de las huellas más pintorescas, que tan bien representan a la argentina. Más allá de las opiniones y gustos personales es imposible negar la transformación que día a día modifica a este centro porteño, pero aun las cartas no están repartidas, y es difícil adelantarse al futuro de un lugar que tantas transformaciones ha tenido, a los largo de la historia, solo queda sentarse a ver que nueva movida traerá el barrio a la vida social y cultural de un país que esta en pos de crecimiento.
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