Siete
Cuando uno (yo) vuelca un texto sobre el papel, y lo relee, y lo corrige, y se pelea, y lo descarta, y lo rescata y lo vuelve a corregir y decide que basta, lo que queda es una entidad, aún con vida. Respira, late, y si dejáramos pasar el tiempo y la vida suficientes, podríamos encontrar nuevos desacuerdos y reescrituras. Pero ya tiene una forma y una proyección determinada, no puede dar mucho más de lo que es.
Esto era casi una verdad básica. Cayó a medida que los ensayos se sucedían, y los actores hacían crecer los personajes y la trama. Para entregar bien un personaje a un buen actor, buena actriz, es necesario un acto de renuncia. Dar y dejar. Darle el espacio necesario para que quien lo vaya a actuar pueda volar por los cielos que el texto lo lleve. Más diría, lo que uno entrega es texto bruto, y eso se transforma en personajes recién cuando pasa por la humanidad del actor y de ella se contamina, y en trama cuando los ya personajes interactúan.
Lo que hacen Magalí y Andrés tiene un parentesco con la magia. En los ensayos, y cada vez con más intensidad y claridad, aparecen matices de Ella y El (los personajes de Hábitat) que nunca habría sospechado que existieran. Menudo encuentro, mis interioridades y las suyas, mis palabras y sus vivencias. Menudo encuentro.
Me tiento de asir y quedarme con el crecimiento de los personajes, pero el teatro es agua que corre.
Desde una prevención que había recibido sobre los caracteres de las actrices y los actores, y con esa carga inmensa de ignorancia sobre la puesta en escena, propongo y es aceptado ejercer la dirección entre los tres. Sé que es lo que sucede en el texto, conozco las imágenes de las que surgió la historia, y ese es mi aporte. Todos sugerimos, todos proponemos. No es otra cosa que apoyo mutuo, una vieja idea sobre la que se basan algunas teorías (prácticas también, tengo entendido) ácratas del S XIX. A estos niveles de humanidad va funcionando. Un suspiro en la tormenta de jerarquías, una brizna en el fuego del asado.
El grupo de dramaturgos ya tenemos que empezar a pasar de lo abstracto a lo concreto. Se acabó el ideal y empezaron las decisiones. Los nombres del grupo y del espectáculo son la primera prueba, que pasamos con holgadez. Se acercan las relaciones institucionales, el diseño gráfico, la selección de la especie. Vamos p’alante.
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