Lunes…
Me desperté esta mañana pensando que todo lo que podía hacer hoy para calmar mi soledad seria inútil. Revolví mis pelos y me dirigí hasta el baño, como siempre el espejo me revelo porque es tan difícil reconocerte los primeros dos minutos de realidad, después de 8 horas de sueño, tome el cepillo de dientes tratando de localizar el dentífrico que como siempre se resiste a estar en su lugar, a veces pienso que tiene vida, propia de la clase nómade!!!! Algunas muecas más que ayer frente al espejo marcaron el final del cepillado. Después de pasar por lo habitual de revisar las bolsas bajos los ojos, estirar las cejas, exterminar algún que otro granito rebelde, maldecir los pelos bajo la nariz y odiar al desodorante, nunca entendí bien porque lo de este ritual, pero la realidad es que yo, como todo el mundo o casi todo el mundo lo hago también, me peine y me despedí del espejo con un guiño…siempre lo hago, creo que me da suerte, no se nota, pero lo creo los mismo…Me vestí, el mismo traje de siempre, es típico que en mi clase social tengas uno solo que generalmente es de invierno y lo uses en verano o sea de verano y lo uses en invierno, en cualquiera de los dos caso el sufrimiento físico es el mismo, tener mas frió cuando hace frió y tener mas calor cuando hace calor. El único beneficio tangible es cuando estas en la oficina porque seguro en invierno la calefacción te recuerda que es el infierno mismo y en verano solo te falta el iglu.
Pero no me presente, mi nombre es Alan Gardner, soy periodista de un diario no menos conocido, amarillista en algún punto y comprometido con algunas causas, sobre todo en aquellas contra el gobierno, podría decir que siempre este Diario viaja contra la corriente. Trabajo en la sección policial y mi función consiste en ordenar los artículos del día en la sección, algo que hasta el portero del edificio donde vivo lo podría hacer sin problemas.
Tengo 36 años y me resisto a aceptar que la juventud ya no es una etapa de mi vida, que algunos de mis actos deben coincidir con mi edad cronológica. Por suerte he transcurrido por momentos donde a fuerza de decidir la madurez se impuso. Estoy divorciado y mi relación con “ella” nunca fue buena, incluso antes de casarme, ¿por que me case? Es lo que me pregunto sin obtener respuesta, si no fuera por el engaño, aun hoy, seguiría equivocado.
Continuará…
Propiedad intelectual y derechos reservados de Claudio A. Nieva.
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