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“Todo pasa por algo”


“Hoy me sucedió algo mucho más agradable que los dolores de hace algunos días (Vuelvo a tener problemas para llevar la cuenta de los días, así que sólo voy a limitarme a escribir lo que suceda): Me encontré con otro ángel. Por supuesto que él no llevaba las alas visibles, pero así como los humanos se reconocen en cualquier lugar, lo mismo ocurre con los ángeles. Lo más distintivo es la mirada. Al principio puede resultar intimidante por la seriedad pero luego se siente una sensación de confianza inmediata. Cuando uno se encuentra con una persona por primera vez y de inmediato confía en ella, es muy probable que se trate de una persona excepcional o de un ángel. A veces, ambos.

Volviendo a mi encuentro digo que se trataba de un ángel de la guarda, o sea, tenía la tarea de proteger a una persona, en este caso a un hombre. Se presentó como Rafael, pero no era el que todos conocían, porque éste era sólo un ángel (como si eso fuera poco) y el “otro” Rafael era un arcángel, una “categoría” un poco más alta, por así decir, aunque en el cielo somos todos iguales, sólo que con diferentes misiones, algunas más complicadas que otras. Sin embargo pronto me enteré que el Rafael que tenía frente a mis ojos tenía algo en común con el arcángel: ambos eran guardianes de la salud y de los viajes. De hecho, él me contó que estaba acompañando a un hombre que viajaba al sur para encontrarse con su familia, pero que tenía que transportarse en colectivo sólo cuando le alcanzaba el dinero, sino caminaba hasta encontrar un lugar dónde pasar la noche. Una tarea realmente difícil y larga. Antes de que yo pudiera contarle algo de mí, Rafael preguntó mi nombre. Un tanto incómodo, le dije que no lo recordaba, que desde mi llegada tenía unas enormes lagunas mentales. Noté que se sorprendió muchísimo por eso. No era para menos, pensé yo, no se escucha nunca de un ángel que sufra de amnesia. Le dije que no se preocupara, que al menos ahora tenía muchas cosas para hacer.

-Debe ser muy duro no recordar nada.-dijo Rafael.

-No es para tanto, no recuerdo nada de mi vida en la tierra, antes de ser ángel, pero mientras recuerde cómo ser un buen ángel, no me preocupo tanto.

-Buena actitud-dijo él-. Él hombre que acompaño, cuyo nombre es Oscar, también tiene una actitud positiva en su vida, si las cosas no salen como espera siempre dice que todo pasa por algo, aunque él no lo entienda en el momento. Recuerdo que en una ocasión se torció el pie y cayó al suelo, y cuando lo estaba curando, llegó un muchacho y le dijo que se hospedara en el hotel del padre, que estaba cerca, hasta que su pie se curara. Él me preguntó que me parecía y le dije que era buena idea, además faltaba poco para que oscurezca (era invierno) y no me pareció seguro seguir caminando. Así que aceptamos la propuesta del muchacho. Al día siguiente nos enteramos de que un hombre había sido asesinado en la ruta que nosotros llevábamos.

Yo lo observé con sorpresa unos instantes y luego pregunté si había posibilidad de que el muchacho que había aparecido en el momento exacto fuera un ángel.

-No, no lo era-dijo-, no tenía ni la mirada ni las alas. Era una buena persona nada más.

-Eso es más que suficiente ahora-contesté-. Será por eso que a las personas buenas les dicen siempre que son ángeles.

-Sí, supongo que sí.

Se dio vuelta y observó el parque. Luego dijo:

-Es hora de que me vaya. Creo que ya pasó lo que debía pasar, la razón de éste encuentro.

-¿Cual era?

-Mostrarte que no sos el único ángel por estos lugares. Llevarte algo de consuelo.

-El problema es que cuando continúes tu viaje voy a volver a estar solo.

-Cuando descubras tu misión en este lugar vas dejar de sentirte solo, porque vas a tener una razón para estar acá, como yo tenía una razón para encontrarte. Es totalmente cierto lo que dicen “Todo pasa por algo”.

Me quedé meditando unos instantes. Luego me despedí de Rafael.

-Presiento que vamos a volver a vernos.-dijo.

-Seguramente por una buena razón.-contesté.

-Por supuesto. Adiós- dijo agitando la mano y las alas.

Le respondí con el mismo saludo.

Mientras me marchaba escuché la voz de un niño que le decía a su madre que había encontrado dos pequeñas plumas en el suelo, una blanca brillante y otra marrón claro, igual de brillante. El niño saltaba feliz alrededor de su madre, mientras el sol caía lentamente sobre el horizonte.”