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Libertad

angelesperando

Una semana ha pasado desde que viera por última vez a Vanesa. Pero esta maña sentí que me llamaba. Lo escuché en mi corazón. Miré hacia ambos lados y, al no ver a nadie, extendí mis alas, ya no invisibles y dejé que el llamado me guiara. Cuando finalmente aterricé ella estaba apoyada contra la pared, con los brazos cruzados. Me acerqué, previo volver invisibles las alas, y la saludé. Pero la mirada que me devolvió distaba mucho de ser amable. Era fría y dolorosa.

-¿Porqué tardaste tanto? -dijo con acento helado- Se supone que los ángeles siempre aparecen apenas los llaman.

-Perdón, prometo volar más rápido la próxima vez.

-No te molestes, no va a haber próxima vez.

-¿…?

-Estuve pensando y llegué a la conclusión de que me engañaste. Me dijiste cosa que yo quería escuchar y me hiciste creer que eran frases nuevas, que yo misma te había inspirado. Ja, todo fue mentira. Seguro te memorizaste toda esa sarta de pavadas que dijiste y te creíste con eso ibas a conseguir que te hablara. Bien, te hablé. Y ahora te digo que no creo en nada ni de lo que dijiste ni eso de que sos un ángel de verdad. No creo en nada y sólo quería decirte que no vas a volver a molestarme.

Yo permanecí inmóvil, silencioso. Ninguna expresión en mi rostro revelaba el cruel dolor que sentía en el corazón. Simplemente la miraba. No entendía su cambio de actitud. No podía comprender ni imaginar porqué de pronto parecía odiarme. Decidí preguntarle.

-¿Porqué me decís todo esto?

-¿Cómo porqué? Porque estoy harta de que todos sean unos crédulos, porque me harta ver cómo las personas se dejan llevar por esas modas de creer en ángeles y cosas que curan mágicamente, toda esa basura que la gente crédula acepta. Pero yo no soy así. Yo soy mejor, más inteligente y no caigo en esas pavadas. Yo no ando pidiendo cosas a dioses o cosas así, porqué es una estupidez pedir favores a cosas que no existen. Y no existen los ángeles ni los milagros ni nada de eso. Sólo existe lo que se puede ver, tocar y destruir. Así que no vuelvas a molestarme porque jamás voy a creerte. Y agradecé que no llame a la policía y te acuse de estar vigilándome. No vuelvas a hablarme. ¡Nunca!

Yo hice un movimiento afirmativo con la cabeza y me di la vuelta para irme.

-¿Cómo? ¿Te vas así nada más sin contestarme?-exclamó ella visiblemente ofendida.

La miré fijamente. No enojado sino con una mezcla de dolor y fracaso.

-Los humanos son seres que nacen libres y nadie debe quitarles esa libertad.-respondí con serenidad- Me pediste que no te hablara, que me marchara., pero acabás de hacerme una pregunta y sería descortés no responderte, además sé que no te quedarías tranquila sin una respuesta. Cumplo con tu pedido porque no soy ningún tirano cruel que impone a otros su compañía y sus ideas. Yo sólo quise ayudarte porque sentía cariño… no, sentía amor sincero por vos. Estaba enamorado y me pareció que me necesitabas tanto como yo a vos, y que mis palabras te iban a hacer bien. Pero veo que tu corazón no corresponde mis sentimientos, y yo no puedo actuar en un corazón que trunca amor por temor. Porque, lamentablemente, el miedo a creer que yo fuera real, te llevó a crear una coraza de escepticismo. Y tu miedo nace de la desesperanza, al no creer que alguien pueda ayudarte e incluso amarte. Quien teme ser amado es porque no se valora a sí mismo, no se piensa merecedor del amor de nadie, y eso va alimentando sus miedos y desesperanzas. Ahora, tu corazón está acorazado y eso impide que yo u otros se acerquen a vos, aunque sea con la más sincera y noble intención. No tiene sentido que intente forzarte a quererme, ni siquiera a soportar mi presencia. Tampoco es sensato quedarme aquí esperando un amor que quizás jamás sientas, sería caminar en círculos entre espinas de desconcierto, duda y miedo. Sería sufrir inútilmente. No puedo quedarme encerrado en mi propio dolor cuando hay otros que sufren aún más que yo y me necesitan. Porque mi dolor, aunque a veces se me olvide, no es único ni tampoco el más importante. Por eso me marcho. Respeto tu libertad porque me importas. Ahora debo irme. Adiós.

Ella no respondió nada, sólo me miró un segundo y luego se alejó.

Una ráfaga de viento la despeino, pero cuando se dio vuelta lo único que encontró fue una pluma blanca, una pluma… con grandes desgarrones.

Salida



“Es el amanecer del día domingo Voy a contar lo que me pasó anoche, hace apenas unas horas. Decidí ver qué ocurre en la ciudad los saábados cuando anochece. Se dice que es el día en que todos salen a divertirse. Yo también salí, pero no me pareció muy divertido. Decidan ustedes.


Eran las diez de la noche, pero los sábados esa hora es como decir las tres de la tarde, muy temprano para hacer cualquier cosa que no sea caminar. Apenas salí del edificio, me llamó la atención un grupo de cinco adolescentes que estaban a pocos metros. Hacían planes para ir a bailar. Me acerqué y pregunté la hora. Un tanto irritados, me la dijeron. Miré a los ojos al muchachito que me había hablado, y sentí todas sus emociones en mi interior. Una oleada de confusión, desconfianza, aburrimiento y sensación de vacío me abrumó. Me tambaleé ligeramente y luego volví a mirar al grupo. Parecían pertenecer a una de las llamadas “tribus urbanas”. No me parecieron ridículos ni malvados, pero la expresión de sus rostros era tremenda, irritados e incómodos con mi presencia. Le agradecí la información y me fui. Pero no me di por vencido. Sin saber muy bien qué esperaba lograr, cambie mi color de pelo, mi estatura, mi peinado y mi ropa. Luego volví a acercarme al grupo. Les pregunté si conocían algún lugar para salir a divertirse. Mi mirando examinado mi ropa y luego de algunos murmullos me invitaron a ir con ellos. Sin dudarlo, me uní al grupo. Las conversaciones no eran muy interesantes para un ángel que intenta encontrar su misión, pero al menos me enteraba de cuáles eran los grupos musicales y la ropa que estaba de moda.

Luego de una caminata corta llegamos una discoteca (un boliche le llaman ellos). Lo primero que me llamó la atención fue que no parecía haber nadie que controlara quien entraba. Pero como mis ocasionales compañeros empezaban a alejarse no tuve mucho tiempo para meditar sobre esto. Al entrar me sorprendí de la cantidad de gente que había en tan poco espacio, de la música tan fuerte, tanto que debían gritarse si querían hablar (aunque suene contradictorio). Respecto al baile no puedo opinar porque soy un ángel y no tengo ni idea de cómo debe bailarse determinada música, de hecho, recuerdo que antes de ser ángel, cuando estaba en la tierra, nunca fui rey de la pista. Pero me estoy alejando del relato. Vuelvo.

Aún no había pasado media hora desde nuestra llegada cuando surgió una discusión. Era entre uno de los jóvenes que yo había acompañado y otro que era dos veces más alto y parecía pertenecer a una especie de tribu diferente, rival. Luego de un breve intercambio de insultos ambos dieron un paso adelante. “Vamos Samuel”, gritaban algunos al muchacho de mi grupo.
Entonces le coloqué la mano en el hombro a Samuel y susurré un “No” en voz baja. Él se dio vuelta, me miro a los ojos y luego se volvió hacia el otro muchacho.
-No voy a pelear-dijo con calma-, no voy a darte el gusto.
Se dio la vuelta y se alejó, seguido de sus compañeros. El otro muchacho sólo gritaba insultos.
Las cosas parecían haber terminado bien. Pero las apariencias engañan…

Apenas salimos, después de algunas palabras entre el grupo, los integrantes comenzaron a despedirse. Pero antes de que acabaran, se oyó un grito ofensivo. La voz era conocida, el muchacho con el cual Samuel no quiso pelear. Se dirigió hacia nosotros con resolución. Por un instante él y yo nos miramos directamente a los ojos. Sin saber muy bien porqué, esa mirada hizo que las plumas de mis invisibles alas se erizaran. De pronto el muchacho se dio vuelta comenzó a caminar. Apenas había hecho unos pasos, cuando hizo una especie de voltereta y se lanzó hacia Samuel. Vi un destello y luego, instintivamente, saqué a Samuel del camino. Un instante después sentí que el tiempo se detenía. ¿O era un dolor creciente lo que lo hacía interminable? Sí, era el dolor. Bajé la mirada y vi un destello brillante en mi pecho. Luego alguien lo sacó. Levanté un poco más la vista. El muchacho atacante estaba frente a mí y una de sus manos sostenía una navaja manchada con sangre. Me tambaleé ligeramente y luego di un paso hacia el muchacho. La navaja se le cayó de la mano como si le quemara. Luego le puse la mano en la frente. “No vas a vivir recordando esta maldad”, dije en voz baja. Luego el muchacho y yo caímos al suelo. Cuando él se puso de pie, me preguntó qué hora era. Se lo dije y luego se marcho, diciendo que era tarde y lo esperaban en su casa. No quedaba ni rastro de su mirada maligna.

Samuel se me acercó y murmuró frases que entendí pero comprendí que estaba sorprendido y agradecido. M e ofreció quedarme en su casa. Acepté acompañarlo hasta allí. Luego dije que debía marcharme. Le aseguré, sin faltar a la verdad , que la herida ya no me dolía, que me las arreglaba para llegar a mi casa. Volvió a agradecerme la ayuda.

-Cuidado con las amistades que elijas y con las decisiones que tomes-dije mirándolo con seriedad-. Esta noche elegiste no pelear aunque todos te decían lo contrario. Eso fue muy valiente y sensato. Cuando elijas, asegurate de ser fiel a vos mismo, a tus creencias. Y no te sientas tan decepcionado del mundo. Es cierto que da muchas cosas malas pero también da cosas muy buenas, como los amigos… y los milagros.
-Sí, bueno, gracias igual. La verdad que me gustó conocerte, fue… mágico, muy bueno. ¿Vamos a volver a vernos, no?

-Estoy seguro. Hasta pronto, Samuel.

-Sam-dijo él.

-Sam-accedí yo.

Me di la vuelta y me marche hacia el edificio que era mi hogar ahora. Acababa de descubrir que las acciones de una persona influyen en muchas vidas, que los milagros pasan muy seguido… y que si los ángeles toman un contacto muy estrecho con un humano en muy poco tiempo, comienzan a “humanizarse”, incluso, si los hieren… sangran.

Sam entró en su casa con una pequeña pluma blanca en la mano. La había encontrado en la puerta de su casa. Cuando se fijo más de cerca vio que la pluma tenía tintes rojizos. Nunca logró saber si sus sospechas eran reales, pero siempre guardó esa pluma, pensando que a veces los milagros pasan cuando y donde menos los esperamos.”

“Todo pasa por algo”


“Hoy me sucedió algo mucho más agradable que los dolores de hace algunos días (Vuelvo a tener problemas para llevar la cuenta de los días, así que sólo voy a limitarme a escribir lo que suceda): Me encontré con otro ángel. Por supuesto que él no llevaba las alas visibles, pero así como los humanos se reconocen en cualquier lugar, lo mismo ocurre con los ángeles. Lo más distintivo es la mirada. Al principio puede resultar intimidante por la seriedad pero luego se siente una sensación de confianza inmediata. Cuando uno se encuentra con una persona por primera vez y de inmediato confía en ella, es muy probable que se trate de una persona excepcional o de un ángel. A veces, ambos.

Volviendo a mi encuentro digo que se trataba de un ángel de la guarda, o sea, tenía la tarea de proteger a una persona, en este caso a un hombre. Se presentó como Rafael, pero no era el que todos conocían, porque éste era sólo un ángel (como si eso fuera poco) y el “otro” Rafael era un arcángel, una “categoría” un poco más alta, por así decir, aunque en el cielo somos todos iguales, sólo que con diferentes misiones, algunas más complicadas que otras. Sin embargo pronto me enteré que el Rafael que tenía frente a mis ojos tenía algo en común con el arcángel: ambos eran guardianes de la salud y de los viajes. De hecho, él me contó que estaba acompañando a un hombre que viajaba al sur para encontrarse con su familia, pero que tenía que transportarse en colectivo sólo cuando le alcanzaba el dinero, sino caminaba hasta encontrar un lugar dónde pasar la noche. Una tarea realmente difícil y larga. Antes de que yo pudiera contarle algo de mí, Rafael preguntó mi nombre. Un tanto incómodo, le dije que no lo recordaba, que desde mi llegada tenía unas enormes lagunas mentales. Noté que se sorprendió muchísimo por eso. No era para menos, pensé yo, no se escucha nunca de un ángel que sufra de amnesia. Le dije que no se preocupara, que al menos ahora tenía muchas cosas para hacer.

-Debe ser muy duro no recordar nada.-dijo Rafael.

-No es para tanto, no recuerdo nada de mi vida en la tierra, antes de ser ángel, pero mientras recuerde cómo ser un buen ángel, no me preocupo tanto.

-Buena actitud-dijo él-. Él hombre que acompaño, cuyo nombre es Oscar, también tiene una actitud positiva en su vida, si las cosas no salen como espera siempre dice que todo pasa por algo, aunque él no lo entienda en el momento. Recuerdo que en una ocasión se torció el pie y cayó al suelo, y cuando lo estaba curando, llegó un muchacho y le dijo que se hospedara en el hotel del padre, que estaba cerca, hasta que su pie se curara. Él me preguntó que me parecía y le dije que era buena idea, además faltaba poco para que oscurezca (era invierno) y no me pareció seguro seguir caminando. Así que aceptamos la propuesta del muchacho. Al día siguiente nos enteramos de que un hombre había sido asesinado en la ruta que nosotros llevábamos.

Yo lo observé con sorpresa unos instantes y luego pregunté si había posibilidad de que el muchacho que había aparecido en el momento exacto fuera un ángel.

-No, no lo era-dijo-, no tenía ni la mirada ni las alas. Era una buena persona nada más.

-Eso es más que suficiente ahora-contesté-. Será por eso que a las personas buenas les dicen siempre que son ángeles.

-Sí, supongo que sí.

Se dio vuelta y observó el parque. Luego dijo:

-Es hora de que me vaya. Creo que ya pasó lo que debía pasar, la razón de éste encuentro.

-¿Cual era?

-Mostrarte que no sos el único ángel por estos lugares. Llevarte algo de consuelo.

-El problema es que cuando continúes tu viaje voy a volver a estar solo.

-Cuando descubras tu misión en este lugar vas dejar de sentirte solo, porque vas a tener una razón para estar acá, como yo tenía una razón para encontrarte. Es totalmente cierto lo que dicen “Todo pasa por algo”.

Me quedé meditando unos instantes. Luego me despedí de Rafael.

-Presiento que vamos a volver a vernos.-dijo.

-Seguramente por una buena razón.-contesté.

-Por supuesto. Adiós- dijo agitando la mano y las alas.

Le respondí con el mismo saludo.

Mientras me marchaba escuché la voz de un niño que le decía a su madre que había encontrado dos pequeñas plumas en el suelo, una blanca brillante y otra marrón claro, igual de brillante. El niño saltaba feliz alrededor de su madre, mientras el sol caía lentamente sobre el horizonte.”

Nueva misión

“2 de Noviembre de 2008


Está anocheciendo. La fecha de diario que compré ayer indica que casi han pasado tres días desde que llegué a la tierra con la misión de ayudar a un hombre a cambiar su vida y salvar su alma. Sin embargo, como ya saben ustedes los resultados de esa misión, no voy repetir los hechos. Mejor hablo de lo que me sucedió luego de comparar ese diario y de sentarme en un banco de plaza a leer.

Las noticias que leía no eran muy alentadoras para un ángel que viene del cielo y fracasa en su misión. Por lo que leía, me daba cuenta de que las personas vivían en un clima de miedo e inquietud constante, al punto de que muchas preferían no salir del encierro de sus hogares. Asesinatos, robos y secuestros se sucedían en las páginas del diario. Las pocas noticias que no se ocupaban de la llamada “ola de inseguridad” no eran muy interesantes ni extensas. Pero en la penúltima página un pequeño recuadro me llamó la atención. Se titulaba “¿Milagro o fraude?” y en él se hacía referencia a varias personas que juraban haber visto un ángel en una conocida avenida: una aseguraba que lo atropelló con su automóvil, un policía dijo que le disparó y lo mató pero que el cuerpo desapareció. La noticia no podía tomarse en serio, principalmente porque también tenía el testimonio de personas que juraban haber visto dos ángeles y un demonio en menos de una hora. En definitiva, el artículo eliminaba su propia credibilidad y aseguraba que el “ángel” no era más que un invento de gente que buscaba un poco de fama.

Cerré el diario y me apoyé en el respaldo del banco, teniendo cuidado de no aplastarme las invisibles alas. Empecé pensar en lo mucho que habían cambiado las cosas desde que yo me transformara en ángel, hace… bueno, no puedo precisarlo, pero sé que no hace tanto tiempo porque el diario que tenía en mis manos había comenzado a editarse unos meses antes de mi partida, por así llamarla. Debo admitir que a veces me preocupa no recordar casi nada de mi pasado, de mi vida en la tierra, pero asumo que los recuerdos aparecerán cuando sea el momento. Volviendo a mis reflexiones, no cabe duda de que estaba conociendo mucho de las actitudes humanas. Vi que algunos era decididamente incrédulos de ángeles y similares, que otros no creían pero fingían ver ángeles para obtener fama, pero lo peor era que algunos humanos estaban dispuestos a cualquier cosa por alcanzar sus objetivos, incluso a matar.

Era un panorama desolador, descorazonador y deprimente para un ángel que viene de un lugar de felicidad eterna. Los humanos se dirigían inexorablemente a su propia destrucción. Mi misión había fallado, pero no por eso iba a dejar de ayudar a quienes necesitaran de un ángel. Decidí que no iba a quedarme con los brazos cruzados y las alas invisibles mientras las personas sufrían sin poder defenderse. Ahora tenía una nueva misión, y esta vez no iba a fracasar.

Me incorporé y empecé a caminar pensando cómo empezar mi tarea. El destino me puso frente a mi primer desafío.

Un hombre le gritaba furiosamente a un niño. Aparentemente, el niño había salido mal en un examen. Mientras me acercaba podía oír las crueles palabras de hombre, quien le daba al niño los peores calificativos, mientras éste no hacía más que bajar la cabeza y temblar. Todo el mundo sabe que los ángeles sentimos debilidad por los niños, que preferimos ser ángeles de la guarda antes que arcángeles (ellos se ocupan de los demonios). Quizá fue por eso que sentí una tremenda indignación ante lo que estaba viendo. En un determinado momento, el niño levantó la cabeza y sus ojos se clavaron en mí. Durante un instante no hicimos más que mirarnos. Entonces el hombre gritó algo sobre prestar atención y descargó un violento golpe en la cabeza del niño. Volvió a levantar la mano pero el golpe nuca cayó. Alguien lo sujetaba. Yo. Durante unos segundos nada sucedió, sólo nos miramos directamente a los ojos. Y fue cuando lo miré con mayor dureza que pude advertir un resplandor rojizo en los ojos del hombre. No pude evitar estremecerme y lo solté. Solo había una explicación a la crueldad y el color de ojos del hombre. Tenía un demonio en su interior.

Al hombre le dije que se calmara, que no le gritara al niño por una tontería, que no lo humillara. Al demonio le dije, mediante telepatía, que saliera de ése hombre, que lo liberara del dolor y la crueldad que estaba causándole. El demonio sonrió en el rostro del hombre y luego se sintió aun violenta ráfaga que sacudió al hombre. Alcancé a sujetarlo antes de que cayera. Una vez que se recuperó me miró y luego se acercó al niño, quien seguía sentado en el suelo, temblando. El hombre susurró unas palabras de disculpa, levantó al niño, lo beso, me agradeció por evitar que él hiciera otro locura, dijo que había perdido la cabeza por una estupidez, prometió controlarse la próxima vez y se marchó. El niño me saludó sonriente desde los brazos de su padre.

Me di vuelta y volví a caminar hacia el puesto de diarios. Entonces noté que alguien me miraba. Era el demonio que acaba de abandonar el cuerpo del hombre. Sus ojos era rojos y sus brazos y piernas terminaban en garras. Por el modo en que las personas pasaban a nuestro lado lado, me di cuenta que no podían vernos, lo cula me pareció muy prudente. El demonio se acercó y me dijo que no me tenía miedo, que sólo había abandonado el cuerpo del hombre porque quería darme una paliza frente a frente. Le dije que no valía la pena luchar porque él no tenía motivos para vencer y yo sí tenía muchos motivos para no perder. Era la eterna lucha del mal contra el bien. Él aseguró que ya había ganado el mal, porque había logrado que un padre golpeara a su hijo. No era necesario mayor maldad que esa. Admití que era terrible lo que había logrado, pero también le recordé que el amor y el perdón salvaron, al padre de un sufrimiento eterno, y al hijo de vivir con miedo. No me contestó nada. La mirada que me dirigió fue asesina. Entonces, de repente saltó hacia mí y hundió su garra en mi pecho. Sentí un dolor agudo y una debilidad terrible, no podía sostenerme en pie y sentí que me faltaba el aire. Estaba casi de rodillas, y ahí me di cuenta de que no era tan fuerte como creía. Entendí que no era fuerte porque le tenía miedo, mi terror le daba fuerza. Eso me enfureció. Sin casi pensarlo, me incorporé y lo aferré de la nuca y lo arroje a un lado. Normalmente los ángeles no recurrimos jamás a la violencia, pero cuando se trata de demonios de mal carácter nos permitimos darles un sacudón para ver si reacciona. Y éste reacciono, se levantó, me miró aterrorizado y desapareció en una voluta de humo.

***


Pasé el resto del día reflexionando sobre maldad y demonios. Pensé que, si a los demonios les gustaba tanto guiar muchas acciones humanas, yo iba a tener mucho trabajo. Los demonios tentaban a las personas ofreciéndoles atajos y oportunidades de mejorar sus vidas. Y, como generalmente las personas siempre creen que su vida puede ser mejor, en lugar de disfrutar sus logros, se dejan convencer por demonios vendedores de ilusiones falsas, sin contar que, generalmente, todo forma parte de una trampa de sufrimiento por tener metas que no se cumplen ni son reales. Los demonios saben mejor que nadie que las personas son débiles ante la tentación. Además, como los demonios son expertos en disfrazarse, nadie puede reconocerlos, incluso a los ángeles se no hace difícil esto y esa es la causa de que a veces no lleguemos a tiempo para actuar. Pero ahora yo no iba a quedarme de brazos cruzados. Además, ya había descubierto que el miedo y la desesperación eran la fuerza del demonio y no debía ceder ante ninguna. Era muy largo el trabajo que me esperaba, pero igual sentía que las cosas empezaban a mejorar

***
Al atardecer sentí ganas de descansar, así que me concentré en el pensamiento de hallar un lugar tranquilo pero que al mismo tiempo no me alejara de la ciudad y sus problemas. Una imagen apreció en mi mente y supe de inmediato dónde estaba. Me dirigí hacia una construcción abandonada. Era un edificio de los llamados “torres de oficina”, estaba casi terminado pero nadie abandonado la construcción por motivos económicos. Me instalé en la habitación más alta, que incluso tenía muebles, todos de oficina, y un aparato sobre la mesa (ahora recuerdo que se llama computadora). Sin tener mucha seguridad, lo encendí. Entonces, aunque no sabía si iba a funcionar, forcé mi memoria hasta una época antes convertirme en ángel, cuando todavía vivía en la tierra. Recordé de pronto y con ligeras lagunas el funcionamiento de la computadora, su programas y la herramienta llamada internet. Recordé que ésta herramienta permitía comunicarse con culaquier persona del mundo y además se podía publicar información. Luego de un largo rato de reflexionar, decidí crear un diario, un diario que todos pudieran leer, para que todos tuvieran la oprtunidad de aprovechar mis experiencias en la tierra. Además, mi memoria es muy mala, y no quisiera perder recuerdos importantes por no tener dónde dejarlos asentados. Me tomó más de dos horas escribir estas dós páginas pero sentí que era necesario. Alguien iba a leerlas, o no. Me pareció importante que estuvieran allí, así como los ángeles de la guarda protegen sin que las personas los vean.

***


Es casi medianoche. Un cansancio abrumador se apodera de mí. Apagaré la computadora. Voy a acomodarme en un sillón y esperar a que llegue mañana.”