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El examen


Han pasado tres días desde que la vi. Y sigo enamorado. Un ángel que lleva tres días enamorado de una chica que sólo vio diez segundos no debe ser muy frecuente. Aún me siento dolido por no haber podido comunicarme con ella. También me siento cansado por no haber dormido bien desde entonces.

Hmmm… Cansancio físico y dolor en el alma son estados muy… humanos. No hay duda de que mi proceso de humanización continúa. Me pregunto cuándo terminará…

Para tratar de distraerme un poco de mi pena decidí salir a caminar.

Eran aproximadamente las cinco de la tarde cuando llegué hasta un instituto terciario. Entré y recorrí los pasillos. Era una fortuna que yo no aparentara más de treinta años, y eso exagerando. Observé a través de una ventana. Estaban tomando un examen. Los alumnos exponían su tema de forma oral y luego esperaban el resultado fuera del aula. Había un pequeño grupo de estudiantes que comentaban algo nerviosos sus respectivos exámenes y si aprobarían o no. Uno de ellos, un muchacho de unos veinticinco comentaba que se sentía confiado, había dado un buen examen, pero esperaba que la suerte lo ayudara porque ese profesor le tenía rabia por haberlo contradicho en una opinión durante una clase. Pensé en acercarme para animarlo, pero en ese momento el profesor lo llamó.

Siguiendo un impulso repentino, me concentré, me volví totalmente invisible y entré detrás del chico al aula.

El profesor estaba sentado en el escritorio, de frente al vacío salón. Le ordenó al alumno sentarse y permaneció inmóvil, aunque no tanto como el joven, que parecía no respirar. Me acerqué a éste último y le coloqué la mano en el hombro. Pude sentir que se relajaba y respiraba mejor. Luego me acerqué hasta el maestro y me coloqué a su espalda. Podía oír sus pensamientos.

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Una sonrisa puede hacer mucho.

“Hoy continué observando las conductas humanas. Son realmente extraordinarias. Pero lo más extraordinario son las cosas que dicen o piensan sobre temas sencillos a y la vez complejos. Voy contarles sobre una charla que tuve esta tarde en el banco de la plaza donde me había gustado tanto sentarme.
Estaba caminando por esa plaza cuando escuché a un hombre que hablaba, aparentemente solo. No tenía apariencia de alguien loco, sino que parecía la persona más normal del mundo. Pero se quejaba en voz alta que las cosas estaban cada día peor y nadie hacía nada. Me acerqué y le pregunté si podía sentarme junto a él. Me dijo que sí y me hizo lugar en el banco.
-Discúlpeme usted-dije-, pero lo escuché muy alterado. ¿Qué le pasa?
-El país está cayéndose a pedazos y nadie hace nada, eso pasa.-contestó, aún enojado.
-¿Y qué cree usted que se debería hacer? ¿Y quiénes?-pregunté.
-No sé, los políticos.-dijo con resignación.
-¿No sería mejor que cada persona, desde su lugar, intentara ayudar a los políticos, porque una sola persona jamás puede hacer todo?
-¿Qué diferencia puede hacer lo que yo o cualquier otro haga si de todos modos nada sirve? No se pueden cambiar las cosas en un día.
-Tal vez no se pueda cambiar todo, pero cambiando algunos aspectos de su vida, usted puede sentirse mejor y expandir ese bienestar hacia los demás, ¿no le parece?
-¿Qué cosas podría cambiar?
-Podría empezar por sonreír más.
El hombre me miró sonrió lentamente. Le devolví la sonrisa y él soltó una ligera carcajada.
-No era tan difícil-dijo-, pero resulta raro estar hablando con alguien que no conozco y encima me hace reír.
-Hay una frase que dice “La sonrisa es una línea curva que endereza la vida.” Además, la sonrisa no cuesta nada y es muy reconfortante.
-Bueno, ya sonreí, pero eso no alcanza para cambiar las cosas.
-A usted le cambió el humor, ¿eso no es algo importante?
-Sí, pero tenía en mente algo más… palpable.
-Ah, ya entiendo. Usted quiere actuar. Me parece bien. Puede empezar sonriéndole a todos los que se crucen en su camino hacia el trabajo.
- No, van a pensar que estoy loco.-se atajó el hombre.
-¿Y qué? ¿Prefiere que lo crean un loco peligroso o uno contento?
-Ni uno ni otro, la verdad. ¿Alguna otra sugerencia?
-Aprenda pedir ayuda cuando lo necesite.
-¿Es un chiste? Si pido ayuda en mi trabajo, mi jefe va a pensar que no soy tan bueno y me va mandar a servir café.
-¿Acaso es malo servir café? ¿No es lo mismo que repartir algo reconfortante y estimulante para ayudar a pensar un poco más claramente? Todo esperan tener un momento libre para ir a tomarse un café, solo o con un amigo.
El hombre se quedó callado un momento.
-Nunca había pensado eso-confesó-. Tal vez servir café no sea tan malo.
-No lo es… y pedir ayuda cuando la necesitamos tampoco es malo.
-Bueno, voy a probar. ¿Algo más?
- Decir la verdad siempre que sea posible.
-No, esos sí que no, es imposible.
-Imposible no, difícil más bien.
-¿Querés que ande por ahí diciéndole la verdad a las personas? ¿Qué si me caen mal o si creo que se ven gordas que se los diga? Me tiran por un puente.
-No se trata sólo de decir la verdad, sino de decirla sin herir a nadie, de ser sutil, de tener tacto, para que no parezca una crítica o una imposición, sino un elemento de conocimiento y aceptación mutuo. Las verdades a veces duelen, decirlas o recibirlas, pero es más dañino guardase una verdad que curar las cicatrices de la mentira.
-Intentar decir la verdad sin herir a nadie… Es complicado, pero lo voy a intentar.
-Muy bien. ¿Quiere otra sugerencia? Tenga amigos leales y crea en milagros.
-Ni le caigo bien a nadie, no los milagros existen.
-Vamos, siempre hay alguien a quien le caemos bien aunque no nos lo diga.
-Bueno…, supongo que el portero del edificio donde trabajo. Siempre me avisa sobre el clima o los paros de transporte, o cosas importantes. A veces me quedo conversando con él, es un hombre agradable.
-Es un muy buen comienzo, usted podría llevarle algo, un presente y quedarse largo tiempo charlando, así lo conocería y, antes de darse cuenta, ya tendría un buen amigo. ¿Qué puede ser mejor que llegar tarde al trabajo por quedarnos charlando con nuestro mejor amigo?
-Bueno, gracias. ¿Y sobre lo milagros qué pasa?
-Los milagros existen. Sino, ¿qué nombre le da al hecho que despierte cada día para vivir a pleno?
-La vida es un milagro…-reflexionó en voz baja-. Sí es verdad, pero ¿y los milagros…grandes?
-¿Se refiere a curaciones milagrosas, personas que se salvan de heridas mortales o enfermedades? Ésos también son milagros, pero no menos importantes que el despertar diario. Algunas veces, los milagros se dan sin que nadie se de cuenta, esto es muy frecuente, se lo aseguro. Si una persona decide asumir la responsabilidad adoptar un niño, eso ya es un milagro diario que nadie reconoce como tal. Pero sigue siendo un milagro, uno muy, muy importante. Otras veces, los milagros se nos presentan en la forma de personas que nos dan una mano en el momento justo. Encuentros milagrosos que suceden siempre. Hay que saber reconocerlos para apreciarlos. Éste podría ser uno.
-Sí, podría ser…-el hombre miró su reloj-. Es tarde, me tengo que ir a trabajar.
Se puso de pie. Yo lo imité. Luego nos despedimos.
Cuando el hombre se marchaba notó algo a sus pies. Se inclinó, y recogió una pequeña y suave pluma de color blanco brillante. Se incorporó y miró hacia todos lados. No había ni rastro de la persona con la que había conversado en la última media hora. Permaneció unos segundos inmóvil con expresión pensativa. Luego guardó la pluma en su bolsillo y echó a andar.
Mientras tanto, un ángel totalmente invisible leía el diario que el hombre había dejado sobre el banco. Nunca supe si lo había olvidado o lo había abandonado.
Permanecí un rato en la plaza y luego me marché a mi nuevo hogar. Mi refugio en la tierra. Mientras me preparaba para dormir tuve una visión, un hombre de traje charlando con el portero de un edificio. Se despidieron con un abrazo y luego el hombre de traje se marchó. Mientras caminaba, su mano jugueteaba con una pequeña pluma blanca.”

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