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Palabras que hieren, palabras que sanan.

Han pasado sólo cinco días desde que la ví, aunque yo siento como si fueran cinco siglos. Sigo enamorado, pero ahora ya no tengo esperanza. Después de lo que me sucedió no tengo fuerzas para alimentar esperanzas vanas. Será mejor explicarme.

Esta mañana realizaba mi acostumbrado paseo por la plaza que está cerca del edificio que es ahora mi hogar, cuando de pronto la vi acercarse caminando.

Decidido a hablarle, me concentré en ser totalmente visible. Funcionó, porque ella me miró y sonrió. Le devolví la sonrisa, el saludo y le pregunté si estaba apurada, pues deseaba hablarle. Naturalmente se sorprendió de que un extraño quisiera hablar con ella, pero tras un momento de vacilación aceptó sentarse en un banco de la plaza. Nos sentamos (yo cuidando de no aplastar mis invisibles alas de ángel) y luego le dije:

-Yo ya te conocía. (¿Quién me autorizó a tratarla con tanta familiaridad si ni nos conocíamos?)

-¿En serio?-se sorprendió ella- Yo no te recuerdo… Ah, un momento, creo que sí… te pregunté la hora hace tres días, ¿no?

-Sí, exactamente…y desde entonces no puedo dejar de pensar en vos. Estoy… enamorado de vos.

Ella quedó inmóvil mirándome fijamente.

-Vos estás loco.-dijo al fin. Y se levantó de golpe del banco. Dio un paso y yo le tomé la mano con rapidez, como si con eso me aferrara fuertemente a la vida.

-No… por favor. Sé que es una locura, pero antes dejame decirte sólo dos cosas importantes.

-Soltame-ordenó-. Hablá lo que tengas que hablar y dejame en paz.

-Perdón, pero gracias por dejarme hablar. Sólo dos cosas te voy a decir: Primero, que estoy inexplicable y totalmente enamorado de vos. Segundo: soy muy diferente a los demás, pero puedo sentir con tanta fuerza como ellos. Yo… no soy humano (al menos aún no). Yo soy un ángel. Vine a la tierra a cumplir una misión, pero fracasé y además perdí casi toda mi memoria, no recuerdo nada que haya pasado antes de mi llegada a la tierra. Ni siquiera mi nombre…

Ella me miró fijamente y luego soltó una carcajada que por alguna razón me traspasó como una daga de hielo.

-Realmente estás loco, completamente loco. ¿Te pensás que voy a creerte toda esa sarta de pavadas que dijiste?

-¡Pero es verdad todo lo que dije! Soy un ángel, tengo amnesia, estoy pasando por un proceso de humanización, hasta pierdo plumas de mis alas.

-¡No seas ridículo! Estás diciendo estupideces. Los ángeles no tienen amnesia ni se vuelven humanos. ¿Y sabés porqué? ¡¡Porque los ángeles no existen!!

Me quedé helado, paralizado de dolor e incredulidad. Sentía que mis alas se crispaban de dolor. Todo mi cuerpo se estremeció, y con una violenta sacudida me desplomé.

Ella me miró con una leve expresión de sorpresa. Luego me dijo:

-No seas exagerado, no es para tanto. Levantante, estás haciendo un papelón.

Me levanté con un ligero temblor. La miré seriamente y le dije.

-Por favor, jamás vuelvas a decir que los ángeles no existen. Es muy doloroso.

-Si existieran ayudarían a las personas cuando éstas los llaman. Nunca ayudan a nadie así que no exist…

Le tapé la boca con la mano.

-No lo digas. Los ángeles existen y ayudan a las personas sólo que a veces ellas son orgullosas y creen que todo lo solucionan solas, aún cuando sospechen que la solución fue una “inspiración divina”. Además-retiré suavemente mi mano de su boca, con un gran esfuerzo debo admitir- no es bueno para los humanos recibir ayuda angelical cáda vez que la piden, porque se vuelven débiles, sin ingenio, pierden su capacidad de resolver problemas, no se esfuerzan porque saben que si piden ayuda se les dará de inmediato y sin pedir nada a cambio, porque ningún ángel que aprecie de tal exige favores a quien lo invoca. Quiero que lo pienses: Si un humano pide ayuda todo el tiempo, ¿cómo espera desarrollar sus propias capacidades, las que lo definen e identifican como único e irrepetible? ¿Cómo esperan aprender si cuando se les da la oportunidad de demostrar su valía, lo primero que hacen es invocar una ayuda divina que tal vez ni necesiten? Deben aprender a reconocer las oportunidades que se les presentan y enfrentarlas sin temor, porque, como muchos dicen pero nadie recuerda: Dios no da ningún problema que uno no pueda soportar y resolver.

Ella me miró fijamente, sin decir palabra. Luego bajó la mirada. Su rostro se ensombreció a pesar del día radiante que no rodeaba.

-Perdón-dijo con hilo de voz-. No sabía todo eso, nunca lo había pensado. Perdoname por lo que dije de los ángeles. Ahora quisiera creer que realmente sos un ángel, pero no puedo, no me pidas tanto… todavía no.

-Acepto tus disculpas. Me alegra que aceptes mis palabras, gracias. A mí también me gustaría que creyeras que soy un ángel, porque lo soy, pero no voy a presionarte. Quiero que creas por vos misma, sin imponerte nada.

Ella levantó la mirada. Al principio estaba sorprendida, pero hubo gran ternura en esos ojos sinceros.

-Nunca te dije mi nombre. Soy Vanesa.

-Un placer, Vanesa, yo no recuerdo mi nombre, así que soy simplemente Ángel Invisible.

-Ángel, aunque ya es hora de que me vaya, realmente fue increíble conocerte. Gracias por abrirme la mente y darme una lección. De ahora en más voy a tener mas cuidado con lo que digo y trataré de no pedir tanta ayuda divina, de trabajar mis habilidades para resolver mis problemas.

-Bien. De todos modos, si alguna vez necesitás un ángel, llamame.

-Sí-dijo ella con un leve dejo de duda en la voz- Bueno, gracias otra vez. Hasta luego.

-Adiós.-dije yo, con el corazón oprimido.

Mientras la veía marcharse entendí que ella nunca iba a creer que yo era un ángel real. Algo en mi interior me aseguró eso. Por lo tanto no era posible que ella se enamorara de mí, no mientras se negara a creer en mi condición de ángel. Entonces recordé que estaba en pleno proceso de humanización, así que tal vez, si alguna vez se completaba tal proceso… Pero había un gran problema, aunque no tuviera alas ni poderes aún sería un ángel, por mi naturaleza, y seguiría cumpliendo misiones de ángeles en tanto pudiera. Si yo continuaba siendo ángel y ella seguía si creerme no habría futuro para nosotros, siempre y cuando ella se enamorara de mí.

¡Cuántas posibilidades y dudas! Estoy confundido, dolorido.

Estoy… enamorado. Tal vez aún no deba perder la esperanza. No lo haré. Aún no.



Luis Fonsi y otros- Aqui estoy yo

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Una sonrisa puede hacer mucho.

“Hoy continué observando las conductas humanas. Son realmente extraordinarias. Pero lo más extraordinario son las cosas que dicen o piensan sobre temas sencillos a y la vez complejos. Voy contarles sobre una charla que tuve esta tarde en el banco de la plaza donde me había gustado tanto sentarme.
Estaba caminando por esa plaza cuando escuché a un hombre que hablaba, aparentemente solo. No tenía apariencia de alguien loco, sino que parecía la persona más normal del mundo. Pero se quejaba en voz alta que las cosas estaban cada día peor y nadie hacía nada. Me acerqué y le pregunté si podía sentarme junto a él. Me dijo que sí y me hizo lugar en el banco.
-Discúlpeme usted-dije-, pero lo escuché muy alterado. ¿Qué le pasa?
-El país está cayéndose a pedazos y nadie hace nada, eso pasa.-contestó, aún enojado.
-¿Y qué cree usted que se debería hacer? ¿Y quiénes?-pregunté.
-No sé, los políticos.-dijo con resignación.
-¿No sería mejor que cada persona, desde su lugar, intentara ayudar a los políticos, porque una sola persona jamás puede hacer todo?
-¿Qué diferencia puede hacer lo que yo o cualquier otro haga si de todos modos nada sirve? No se pueden cambiar las cosas en un día.
-Tal vez no se pueda cambiar todo, pero cambiando algunos aspectos de su vida, usted puede sentirse mejor y expandir ese bienestar hacia los demás, ¿no le parece?
-¿Qué cosas podría cambiar?
-Podría empezar por sonreír más.
El hombre me miró sonrió lentamente. Le devolví la sonrisa y él soltó una ligera carcajada.
-No era tan difícil-dijo-, pero resulta raro estar hablando con alguien que no conozco y encima me hace reír.
-Hay una frase que dice “La sonrisa es una línea curva que endereza la vida.” Además, la sonrisa no cuesta nada y es muy reconfortante.
-Bueno, ya sonreí, pero eso no alcanza para cambiar las cosas.
-A usted le cambió el humor, ¿eso no es algo importante?
-Sí, pero tenía en mente algo más… palpable.
-Ah, ya entiendo. Usted quiere actuar. Me parece bien. Puede empezar sonriéndole a todos los que se crucen en su camino hacia el trabajo.
- No, van a pensar que estoy loco.-se atajó el hombre.
-¿Y qué? ¿Prefiere que lo crean un loco peligroso o uno contento?
-Ni uno ni otro, la verdad. ¿Alguna otra sugerencia?
-Aprenda pedir ayuda cuando lo necesite.
-¿Es un chiste? Si pido ayuda en mi trabajo, mi jefe va a pensar que no soy tan bueno y me va mandar a servir café.
-¿Acaso es malo servir café? ¿No es lo mismo que repartir algo reconfortante y estimulante para ayudar a pensar un poco más claramente? Todo esperan tener un momento libre para ir a tomarse un café, solo o con un amigo.
El hombre se quedó callado un momento.
-Nunca había pensado eso-confesó-. Tal vez servir café no sea tan malo.
-No lo es… y pedir ayuda cuando la necesitamos tampoco es malo.
-Bueno, voy a probar. ¿Algo más?
- Decir la verdad siempre que sea posible.
-No, esos sí que no, es imposible.
-Imposible no, difícil más bien.
-¿Querés que ande por ahí diciéndole la verdad a las personas? ¿Qué si me caen mal o si creo que se ven gordas que se los diga? Me tiran por un puente.
-No se trata sólo de decir la verdad, sino de decirla sin herir a nadie, de ser sutil, de tener tacto, para que no parezca una crítica o una imposición, sino un elemento de conocimiento y aceptación mutuo. Las verdades a veces duelen, decirlas o recibirlas, pero es más dañino guardase una verdad que curar las cicatrices de la mentira.
-Intentar decir la verdad sin herir a nadie… Es complicado, pero lo voy a intentar.
-Muy bien. ¿Quiere otra sugerencia? Tenga amigos leales y crea en milagros.
-Ni le caigo bien a nadie, no los milagros existen.
-Vamos, siempre hay alguien a quien le caemos bien aunque no nos lo diga.
-Bueno…, supongo que el portero del edificio donde trabajo. Siempre me avisa sobre el clima o los paros de transporte, o cosas importantes. A veces me quedo conversando con él, es un hombre agradable.
-Es un muy buen comienzo, usted podría llevarle algo, un presente y quedarse largo tiempo charlando, así lo conocería y, antes de darse cuenta, ya tendría un buen amigo. ¿Qué puede ser mejor que llegar tarde al trabajo por quedarnos charlando con nuestro mejor amigo?
-Bueno, gracias. ¿Y sobre lo milagros qué pasa?
-Los milagros existen. Sino, ¿qué nombre le da al hecho que despierte cada día para vivir a pleno?
-La vida es un milagro…-reflexionó en voz baja-. Sí es verdad, pero ¿y los milagros…grandes?
-¿Se refiere a curaciones milagrosas, personas que se salvan de heridas mortales o enfermedades? Ésos también son milagros, pero no menos importantes que el despertar diario. Algunas veces, los milagros se dan sin que nadie se de cuenta, esto es muy frecuente, se lo aseguro. Si una persona decide asumir la responsabilidad adoptar un niño, eso ya es un milagro diario que nadie reconoce como tal. Pero sigue siendo un milagro, uno muy, muy importante. Otras veces, los milagros se nos presentan en la forma de personas que nos dan una mano en el momento justo. Encuentros milagrosos que suceden siempre. Hay que saber reconocerlos para apreciarlos. Éste podría ser uno.
-Sí, podría ser…-el hombre miró su reloj-. Es tarde, me tengo que ir a trabajar.
Se puso de pie. Yo lo imité. Luego nos despedimos.
Cuando el hombre se marchaba notó algo a sus pies. Se inclinó, y recogió una pequeña y suave pluma de color blanco brillante. Se incorporó y miró hacia todos lados. No había ni rastro de la persona con la que había conversado en la última media hora. Permaneció unos segundos inmóvil con expresión pensativa. Luego guardó la pluma en su bolsillo y echó a andar.
Mientras tanto, un ángel totalmente invisible leía el diario que el hombre había dejado sobre el banco. Nunca supe si lo había olvidado o lo había abandonado.
Permanecí un rato en la plaza y luego me marché a mi nuevo hogar. Mi refugio en la tierra. Mientras me preparaba para dormir tuve una visión, un hombre de traje charlando con el portero de un edificio. Se despidieron con un abrazo y luego el hombre de traje se marchó. Mientras caminaba, su mano jugueteaba con una pequeña pluma blanca.”

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Adaptándose



“1º de Noviembre de 2008

La fecha que aparece encabezando este texto es la primera referencia temporal que encontré, y gracias a ella puedo mantener cierta cronología tanto en mi vida en la tierra como en mi diario.

Obtuve la fecha de un diario matutino. Ya sé, se preguntan cómo es posible que un ángel consiga leer un diario sin volverse noticia y sin hacer que los vendedores salgan corriendo despavoridos. Para no dejar confusos a mis amables y pacientes lectores, voy a relatarles cómo llegué a conseguir leer un diario, en pleno día y en una avenida importante.

Veamos, ya conté el desastroso inicio y fin de mi misión de ayudar a un hombre a cambiar su vida. El pobre no estaba listo y me arrojó por la ventana. Luego tuve un desagradable incidente con un hombre de uniforme que me disparó con su arma. Afortunadamente sólo quedó una pequeña cicatriz en mi brazo derecho como única consecuencia. Luego me quedé dormido.

Cuando desperté era de día pero yo no sabía qué fecha era. Lo primero que pensé fue en bajar de la terraza donde me había dormido , pero mi experiencia con el hombre uniformado me había dejado un sentimiento extraño y no me atrevía a mostrarme en mi forma original. Decidí optar por lo más sencillo y baje de la terraza por una escalera lateral, ubicada en una de las paredes exteriores. Mientras descendía, muchos sentimientos y pensamiento cruzaron por mi mente.

El tiempo había cambiado muchas cosas desde yo me transformara en ángel, pero lo más sorprendente era el modo en que las personas había cambiado. Aparentemente, ver ángeles con alas incluidas no es tan bueno como hace algún tiempo, cuando las personas resolvían muchos problemas pidiendo ayuda a los ángeles. Sin embargo, pienso que tal vez ahora los problemas se han complicado y es más difícil para los ángeles intervenir y que las personas noten que alguien las está ayudando. Supongo que es más fácil para las personas creer que resuelven los problemas sin ayuda antes que admitir que existen los ángeles. Algo era bastante seguro: el encuentro con ángeles era terrible para quien no creía en ellos o no estaba preparado para aceptar su ayuda. Lo ocurrido con mi misión era la prueba de ello.

Decidí que no podía dejarme ver como ángel, no era prudente. Entonces, como primer paso para evitar confusiones y ataques, debía mantener ocultas mis alas, lo que requería un poco de esfuerzo y concentración, porque nunca lo había intentado. Después de algunos intentos logré que mis alas se volvieran semi-invisbles, ya que los contornos de ellas no habían desparecido. Pero con eso bastaba por el momento, sólo debía evitar perder plumas, que al desprenderse volvía a ser blancas y hubieran delatado mis alas. También abandoné el brillo que emitía cuando hablaba con alguien. Finalmente cambié el color de mi ropa, en lugar de ser totalmente blanca, sólo la parte superior lo era, de modo que tenía lo que se llama una remera blanca y un pantalón negro, con calzado blanco. Mi color de cabello y de mis ojos cambiaron automáticamente. Mi apariencia era humana, muy humana, pero pronto iba a aprender que no alcanzaba con parecer humano, debía actuar como uno.


Cuando llegue a la planta baja, me dirigí hacia un hombre que atendía un puesto de revistas y diarios. Le pregunté qué fecha era y él, extrañado, me entregó un diario que acababa de recibir. Primero leí la fecha y luego las noticias. El hombre me pidió que pagara el diario. un tanto confuso metí la mano en mi bolsillo y saqué la cantidad justa dinero. Luego me dirigí hacia una plaza, me senté en un banco y continué leyendo las noticias.

No imaginaba que antes de cumplir tres días en la tierra, iba a vivir de cerca una de las peores actitudes humanas… ni del miedo que iba a experimentar.”

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