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Empleo oscuro.

“Estoy a fines de enero. La fiebre de las fiestas de fin de año parece haberse esfumado, pero ahora pienso que prefiero seguir contemplando esa fiebre antes que ver dos veces lo que vi esta mañana. Puedo decir que vi el desarrollo de una de las peores tareas que un ángel puede desarrollar. Van a entenderlo cuando lo cuente.

Esta mañana salí, como es mi costumbre ahora, a dar un paseo con la intención de seguir aprendiendo sobre los humanos y tal vez encontrarme con otro ángel. Cerca del mediodía estaba a punto de cruzar una calle cuando un hombre me apartó de un empujón y cruzó a toda velocidad … O al menos lo intentó. Lo hubiera logrado si un automóvil no hubiera aparecido y luego frenado de golpe intentando evitar el choque. Pero fue inevitable. Todo sucedió en un segundo, un segundo q resultó ser fatal para el desafortunado hombre atropellado. Sin embargo, no era un accidente, porque pudo haberse evitado, pero no me corresponde a mí cargar culpas a nadie, sólo hacer notar que pudo evitarse, es todo, aunque mi amigo, el ángel Rafael, diría que “todo pasa por algo“. Y tiene razón. Volviendo a lo ocurrido, me disponía a ir a auxiliar al hombre atropellado cuando alguien me sujetó por el hombro, y, por segunda vez en menos de diez segundos, me apartaron aun lado de un empujón.

La persona que me había empujado era un hombre joven de cabello oscuro hasta los hombros y ojos grises y profundos. Parecía no pasar los treinta años, pero algo en su modo de moverse y en su mirada me hizo pensar que podía tener más de cien años, y que lo conocía de algún lado. Tenía la mirada de alguien que está por hacer algo desagradable o doloroso pero no puede evitarlo. Se dirigió directamente al hombre que estaba tendido en la calle, malherido y sin duda alguna, agonizante. Apartó a algunas personas que rodeaban al hombre y se inclinó sobre él. Yo me acerqué sintiéndome impulsado por una especie de llamado. Ambos estaban ahí. El hombre moribundo murmuró algo y el otro le contestó sonriente. En ese momento vi que de la espalda del joven surgían un par de alas de plumas de color gris oscuro…

El hombre herido sonrió y luego cerró los ojos. Todo su cuerpo se relajó y quedó inmóvil. El ángel de alas oscuras se levantó, y junto con el, lo hizo el espíritu del hombre fallecido, sólo que ahora su rostro sonriente irradiaba paz, aunque los demás no pudieran verlo. El ángel dijo a las personas que estaban allí que pidieran una ambulancia pero que el hombre había muerto. Luego se abrió paso entre la multitud y se alejó, con el espíritu del hombre a su lado. Nadie se volvió a fijar en ellos. Tal vez por eso no notaron que ambos desaparecieron en un destello de luz blanca.

Unos minutos pasaron, durante los cuales llegó una ambulancia y se llevó el cuerpo del hombre, que ahora me parecía una simple cáscara vacía, un policía interrogaba al dueño del automóvil, el cual parecía confuso y terriblemente desgraciado. Quise acercarme a él pero la policía no me dejaría hablarle, así que, aprovechando la confusión, volví mi cuerpo tan invisible como lo eran mis alas y me acerqué con cuidado para no asustar a nadie. Cuando finalmente llegué junto al hombre, le coloqué la mano en el hombro y murmuré, sólo para él: “No te angusties tanto, no fue tu culpa, de hecho intentaste evitarlo. Esto ya estaba destinado a suceder y un amigo mío dice que todo pasa por algo. No sufras más de lo que necesites. No te mueras con tus muertos. Viví”. El hombre miró por encima de su hombro y no vio nada, luego descubrió una pequeña pluma blanca a sus pies y se la guardó en el bolsillo. Cuando volvió a dirigirse al policía, estaba más sereno.

Sentí que alguien me miraba, lo cual era extraño porque aún era invisible. Entonces vi a unos metros más allá de la multitud al ángel de alas grises. Sin dudar, me acerqué a él, pero antes que pudiera saludarlo me dijo:

-Debo decir que me sorprende encontrarte en este lugar, tenía entendido que estabas cumpliendo una misión. Parece que no soy el único ocupado en estos días. ¿Porqué esa cara de sorpresa? Diría que no sabés quien soy.

Su voz era profunda pero reconfortante. No pude evitar encogerme de hombros y responder:

-No, la verdad, no sé quien sos. Tuve unos cuantos problemas al llegar a la tierra y no sólo no pude cumplir mi misión sino que además perdí la memoria. Ni siquiera recuerdo mi nombre. Si lo sabés, agradeceré que me lo digas.

-Lo que sepa, no voy a decirtelo. Podría influir en tus acciones o decisiones. Tu nombre, tu identidad es algo que te concierne sólo a vos y a nadie más le importa si lo descubría o no, sólo a vos y de vos depende.

Luego agregó:

-Lamento ser tan duro, pero es lo mejor en tu caso.

-No esperaba menos de un ángel de la muerte.-Sonreí ligeramente.

-Gracias. Imagino que te fue fácil reconocerme con lo que acaba de suceder. De todos modos, yo te reconocí al instante.

-¿Cómo? ¿Ya me conocías?-me extrañé.

-Supongo que no te acordás… Yo fui quien se llevó tu alma al cielo cuando moriste.

Durante unos momentos no pude hacer nada más que sorprenderme y esforzarme por reconocerlo. Fue inútil, mi memoria tenía una de sus habituales e inoportunas lagunas.

-No deberías preocuparte tanto-dijo él al notar mis esfuerzos-. La memoria se modifica bastante cuando se va al cielo, se recuerdan sólo a las personas queridas o que significaron importante algo en la vida terrena.

-¿No es lo mismo una persona querida que una que significó “algo” en la vida?

-No, un amigo es una persona querida, pero ese compañero de trabajo que siempre hacía mejor su tarea que vos fue una persona significativa, porque te impulsó a querer ser mejor, a esforzarte por una buena causa: el conocer tus propios límites o la ausencia de ellos.

-Ah, creo que ya entiendo… ¿Entonces, tu trabajo es llevarte las almas de las personas que mueren?

-Sí, básicamente es eso.

-¿Todas las llevas al cielo?

-No, algunas deben pasar un tiempo en el purgatorio para “revisar” su estado al momento de morir.

Ah, ¿y lleva mucho tiempo?

-No, menos de lo que se cree, se revisa si la persona había cumplidos sus metas y sueños y cómo lo había, hecho, porque no es lo mismo cumplir un sueño esforzándose todos los días que cumplirlo de la noche a la mañana pisoteando los sueños de otros, buscando atajos, o lastimando a los demás y a uno mismo. No importa sólo el resultado sino los medios, ambos son igual de importantes para saber si una persona merece o no lo que va a recibir por llegar a la meta, ya sea la una medalla, un agradecimiento, o la entrada al cielo.

-Los medios importan tanto como el camino y la meta.

-Buena síntesis.

-Gracias. Entonces, ¿yo fui al cielo directamente o tuvieron que “ revisar” mi alma?

-No puedo contestarte eso, es algo que sólo se guarda en la memoria de cada uno y se borra de la memoria del ángel de la muerte encargado de transportar a esa alama.

-¿Entonces cómo podes recordarme?

-Recuerdo que transporté tu alama, pero no hasta donde ni si fue revisada o no. Lo que haya pasado después de que llevarme tu alma y hasta encontrarte luego convertido en ángel no puedo recordarlo, imaginate que si recordara los pormenores de cada alma, mi memoria tendría tantas lagunas como la tuya ahora.

-En definitiva, ni mi nombre, ni si fui directamente al cielo o pase antes por el purgatorio, nada. No podés ayudarme a recordar.

-Tu alma es tuya, así como tu memoria, si vos no encontrás el modo de recuperarla, nadie va a poder.

-De todos modos, sé que hay una razón para habernos encontrado. Estoy seguro.

-Tal vez era para que, al ver lo que sucede al morir, conocieras un poco más y pudieras entender el misterio de la muerte, que no es el fin, sino el inicio. Además sirvió para ver que los ángeles a veces tiene tareas tan duras y difíciles como muchos humanos, que no es sólo volar de un lado a otro, es vivir, ver morir y aprender.

-No sabía que los ángeles de la muerte acumulaban sabiduría con los años. Es muy buena.

-No es necesario ser ángel de la muerte ni tener muchos años (al menos en tiempos humanos) para tener sabiduría, basta con aprender a observar con atentamente las pequeñas cosas, escuchar todo y a todos y hablar un poco menos. De todos modos la sabiduría no es mía, viene de Dios, pero nos la transmite mediante ángeles o humanos, sólo hay que saber escuchar.

Yo lo observé durante unos segundos y tuve que admitir que tenía razón.

-Es hora de que me vaya- dijo él de pronto-. La personas mueren mucho más seguido de lo que nos gustaría. Pero es nuestra tarea darles un poco de paz y siempre una esperanza. Mientras puedas dar esperanza, vas a seguir siendo ángel, aún cuando no recuerdes ni tu nombre. Hasta pronto.

Volví a observarlo y pensé que cualquiera fuera la razón de que me encontrara con él, había sido una buena experiencia y una buena “charla de ángeles”.

-Nos vemos. Y gracias por todo… Sitael.*

-Sabía que lo ibas a descubrir-sonrió-. Hasta pronto.

Lo vi alejarse y luego me dirigí hacia el centro de la ciudad, quería pasear y pensar un poco en todo lo que me había dicho.

“Mientras puedas dar esperanza, vas a seguir siendo ángel…”. Tenía razón.

Instintivamente metí la mano en el bolsillo de la campera. Saqué una pluma de color gris oscuro brillante. Sonreí. A varios kilómetros de distancia, un ángel de la muerte llamado Sitael descubría una pluma blanca y brillante en su bolsillo. Y sonrió. Sonrió… a pesar de que acaba de presenciar la muerte de su siguiente “misión”.

Él sabía que estaba a punto de brindar una esperanza. Y eso es suficiente motivo para sonreír.


*Sitael, el nombre de éste ángel significa “Dios esperanza de todas las criaturas”. No hace falta agregar más.

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