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Comienzo


“Comenzar a hablar de mí es extraño, pero sinceramente creo que ya es muy extraño que un diario personal se publique en internet, más aún si quien lo publica es alguien tan irreal como un ángel invisible. Pero a veces las historias más reales son las que más fantásticas parecen, por lo tanto yo voy a contar la mía, para que todos la conozcan y saquen sus propias conclusiones.

Lo primero que quiero decir es que a veces sufro de lagunas mentales, aunque no por la edad, porque en edades humanas puedo decir que soy muy joven, pero sin precisar mucho, ya que lo ángeles tenemos vida eterna y perdemos la noción del tiempo después de dejar de ser humanos. Supongo que será por eso que no recuerdo mucho de mi vida antes de ser un ángel invisible. Sólo puedo decir que después de convertirme en ángel, se me encomendó una misión y tuve que regresar al mundo humano. Creo que mi misión era salvar el alma de un hombre, pero, desgraciadamente, he pasado tantas cosas en tan poco tiempo que olvidé cual era, con exactitud, mi misión. Ahora puedo decir que me dedico a ser un espectador de las vidas de otros hasta encontrar el sentido de mi estadía en este lugar, en esta ciudad. Ni siquiera recuerdo mi nombre…

Volviendo a mi historia, y forzando un poco mi memoria, digo que tenía una misión. Recuerdo que para cumplirla tenía que presentarme ante un hombre e intentar convencerlo de vivir su vida y no la los otros. Utilicé diversos medios de transmitirle el mensaje: sueños, señales, encuentros casuales conmigo en mi forma humana (debo admitir que, físicamente, no soy tan diferente al resto de quienes leen este diario, sin las alas sólo me diferencio por mi color de ojos, de cabello y por el hecho de que mi ropa es blanca de día y negra de noche). Ninguno de mis intentos dio resultado, el hombre simplemente me ignoraba, así que decidí presentarme en mi forma original de ángel y decirle cómo podía salvar su alma.

Esperé a que el hombre se durmiera y luego me aparecí ante él. La luz brillante que todos los ángeles emitimos en tales situaciones lo despertó. Fue un terrible error.

El pobre hombre, una vez despierto, se convenció de que no veía a una persona normal sino a un ángel. Pero, por ese miedo que hace enloquecer a las personas más sensatas, creyó que yo estaba ahí porque su hora había llegado. Empezó a gritar despavorido, a pedir perdón por muchas cosas y, víctima de la desesperación, saltó hacia mí. Admito que no tuve tiempo de reaccionar. El hombre me sujetó de las alas y, sacando fuerza de su miedo, me arrojó por la ventana.

Aterricé de lleno en medio de la calle. Inmediatamente sentí un estruendo metálico a mis espaldas y vi un objeto grande y brillante, con personas en su interior que había chocado con otro similar (ahora recuerdo que se llaman automóviles). Luego oí un grito de miedo y vi varias personas que salían corriendo en dirección contraria.

Entonces me di cuenta: no era normal para las personas ver a un ángel de alas blancas cayendo inesperadamente en medio de la calle. Pero antes de que pudiera ocultar mis alas o reponerme de la sorpresa, un hombre con uniforme vino corriendo hacia mí. Vi que portaba un arma. Sin pensarlo mucho, extendí mis alas y me elevé para alejarme. Mientras subía escuché un sonido y luego sentí un dolor en el brazo. Sin darle importancia, seguí volando hasta llegar a un edificio alto. Me posé en la terraza temblando ligeramente  y luego examiné mi brazo, una pequeña mancha de color rojizo indicó el lugar alcanzado por la bala. Se había curado pero dejando una pequeña cicatriz.

Me apoyé contra una de las paredes de la terraza y me quedé dormido de inmediato.”