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Nueva misión

“2 de Noviembre de 2008


Está anocheciendo. La fecha de diario que compré ayer indica que casi han pasado tres días desde que llegué a la tierra con la misión de ayudar a un hombre a cambiar su vida y salvar su alma. Sin embargo, como ya saben ustedes los resultados de esa misión, no voy repetir los hechos. Mejor hablo de lo que me sucedió luego de comparar ese diario y de sentarme en un banco de plaza a leer.

Las noticias que leía no eran muy alentadoras para un ángel que viene del cielo y fracasa en su misión. Por lo que leía, me daba cuenta de que las personas vivían en un clima de miedo e inquietud constante, al punto de que muchas preferían no salir del encierro de sus hogares. Asesinatos, robos y secuestros se sucedían en las páginas del diario. Las pocas noticias que no se ocupaban de la llamada “ola de inseguridad” no eran muy interesantes ni extensas. Pero en la penúltima página un pequeño recuadro me llamó la atención. Se titulaba “¿Milagro o fraude?” y en él se hacía referencia a varias personas que juraban haber visto un ángel en una conocida avenida: una aseguraba que lo atropelló con su automóvil, un policía dijo que le disparó y lo mató pero que el cuerpo desapareció. La noticia no podía tomarse en serio, principalmente porque también tenía el testimonio de personas que juraban haber visto dos ángeles y un demonio en menos de una hora. En definitiva, el artículo eliminaba su propia credibilidad y aseguraba que el “ángel” no era más que un invento de gente que buscaba un poco de fama.

Cerré el diario y me apoyé en el respaldo del banco, teniendo cuidado de no aplastarme las invisibles alas. Empecé pensar en lo mucho que habían cambiado las cosas desde que yo me transformara en ángel, hace… bueno, no puedo precisarlo, pero sé que no hace tanto tiempo porque el diario que tenía en mis manos había comenzado a editarse unos meses antes de mi partida, por así llamarla. Debo admitir que a veces me preocupa no recordar casi nada de mi pasado, de mi vida en la tierra, pero asumo que los recuerdos aparecerán cuando sea el momento. Volviendo a mis reflexiones, no cabe duda de que estaba conociendo mucho de las actitudes humanas. Vi que algunos era decididamente incrédulos de ángeles y similares, que otros no creían pero fingían ver ángeles para obtener fama, pero lo peor era que algunos humanos estaban dispuestos a cualquier cosa por alcanzar sus objetivos, incluso a matar.

Era un panorama desolador, descorazonador y deprimente para un ángel que viene de un lugar de felicidad eterna. Los humanos se dirigían inexorablemente a su propia destrucción. Mi misión había fallado, pero no por eso iba a dejar de ayudar a quienes necesitaran de un ángel. Decidí que no iba a quedarme con los brazos cruzados y las alas invisibles mientras las personas sufrían sin poder defenderse. Ahora tenía una nueva misión, y esta vez no iba a fracasar.

Me incorporé y empecé a caminar pensando cómo empezar mi tarea. El destino me puso frente a mi primer desafío.

Un hombre le gritaba furiosamente a un niño. Aparentemente, el niño había salido mal en un examen. Mientras me acercaba podía oír las crueles palabras de hombre, quien le daba al niño los peores calificativos, mientras éste no hacía más que bajar la cabeza y temblar. Todo el mundo sabe que los ángeles sentimos debilidad por los niños, que preferimos ser ángeles de la guarda antes que arcángeles (ellos se ocupan de los demonios). Quizá fue por eso que sentí una tremenda indignación ante lo que estaba viendo. En un determinado momento, el niño levantó la cabeza y sus ojos se clavaron en mí. Durante un instante no hicimos más que mirarnos. Entonces el hombre gritó algo sobre prestar atención y descargó un violento golpe en la cabeza del niño. Volvió a levantar la mano pero el golpe nuca cayó. Alguien lo sujetaba. Yo. Durante unos segundos nada sucedió, sólo nos miramos directamente a los ojos. Y fue cuando lo miré con mayor dureza que pude advertir un resplandor rojizo en los ojos del hombre. No pude evitar estremecerme y lo solté. Solo había una explicación a la crueldad y el color de ojos del hombre. Tenía un demonio en su interior.

Al hombre le dije que se calmara, que no le gritara al niño por una tontería, que no lo humillara. Al demonio le dije, mediante telepatía, que saliera de ése hombre, que lo liberara del dolor y la crueldad que estaba causándole. El demonio sonrió en el rostro del hombre y luego se sintió aun violenta ráfaga que sacudió al hombre. Alcancé a sujetarlo antes de que cayera. Una vez que se recuperó me miró y luego se acercó al niño, quien seguía sentado en el suelo, temblando. El hombre susurró unas palabras de disculpa, levantó al niño, lo beso, me agradeció por evitar que él hiciera otro locura, dijo que había perdido la cabeza por una estupidez, prometió controlarse la próxima vez y se marchó. El niño me saludó sonriente desde los brazos de su padre.

Me di vuelta y volví a caminar hacia el puesto de diarios. Entonces noté que alguien me miraba. Era el demonio que acaba de abandonar el cuerpo del hombre. Sus ojos era rojos y sus brazos y piernas terminaban en garras. Por el modo en que las personas pasaban a nuestro lado lado, me di cuenta que no podían vernos, lo cula me pareció muy prudente. El demonio se acercó y me dijo que no me tenía miedo, que sólo había abandonado el cuerpo del hombre porque quería darme una paliza frente a frente. Le dije que no valía la pena luchar porque él no tenía motivos para vencer y yo sí tenía muchos motivos para no perder. Era la eterna lucha del mal contra el bien. Él aseguró que ya había ganado el mal, porque había logrado que un padre golpeara a su hijo. No era necesario mayor maldad que esa. Admití que era terrible lo que había logrado, pero también le recordé que el amor y el perdón salvaron, al padre de un sufrimiento eterno, y al hijo de vivir con miedo. No me contestó nada. La mirada que me dirigió fue asesina. Entonces, de repente saltó hacia mí y hundió su garra en mi pecho. Sentí un dolor agudo y una debilidad terrible, no podía sostenerme en pie y sentí que me faltaba el aire. Estaba casi de rodillas, y ahí me di cuenta de que no era tan fuerte como creía. Entendí que no era fuerte porque le tenía miedo, mi terror le daba fuerza. Eso me enfureció. Sin casi pensarlo, me incorporé y lo aferré de la nuca y lo arroje a un lado. Normalmente los ángeles no recurrimos jamás a la violencia, pero cuando se trata de demonios de mal carácter nos permitimos darles un sacudón para ver si reacciona. Y éste reacciono, se levantó, me miró aterrorizado y desapareció en una voluta de humo.

***


Pasé el resto del día reflexionando sobre maldad y demonios. Pensé que, si a los demonios les gustaba tanto guiar muchas acciones humanas, yo iba a tener mucho trabajo. Los demonios tentaban a las personas ofreciéndoles atajos y oportunidades de mejorar sus vidas. Y, como generalmente las personas siempre creen que su vida puede ser mejor, en lugar de disfrutar sus logros, se dejan convencer por demonios vendedores de ilusiones falsas, sin contar que, generalmente, todo forma parte de una trampa de sufrimiento por tener metas que no se cumplen ni son reales. Los demonios saben mejor que nadie que las personas son débiles ante la tentación. Además, como los demonios son expertos en disfrazarse, nadie puede reconocerlos, incluso a los ángeles se no hace difícil esto y esa es la causa de que a veces no lleguemos a tiempo para actuar. Pero ahora yo no iba a quedarme de brazos cruzados. Además, ya había descubierto que el miedo y la desesperación eran la fuerza del demonio y no debía ceder ante ninguna. Era muy largo el trabajo que me esperaba, pero igual sentía que las cosas empezaban a mejorar

***
Al atardecer sentí ganas de descansar, así que me concentré en el pensamiento de hallar un lugar tranquilo pero que al mismo tiempo no me alejara de la ciudad y sus problemas. Una imagen apreció en mi mente y supe de inmediato dónde estaba. Me dirigí hacia una construcción abandonada. Era un edificio de los llamados “torres de oficina”, estaba casi terminado pero nadie abandonado la construcción por motivos económicos. Me instalé en la habitación más alta, que incluso tenía muebles, todos de oficina, y un aparato sobre la mesa (ahora recuerdo que se llama computadora). Sin tener mucha seguridad, lo encendí. Entonces, aunque no sabía si iba a funcionar, forcé mi memoria hasta una época antes convertirme en ángel, cuando todavía vivía en la tierra. Recordé de pronto y con ligeras lagunas el funcionamiento de la computadora, su programas y la herramienta llamada internet. Recordé que ésta herramienta permitía comunicarse con culaquier persona del mundo y además se podía publicar información. Luego de un largo rato de reflexionar, decidí crear un diario, un diario que todos pudieran leer, para que todos tuvieran la oprtunidad de aprovechar mis experiencias en la tierra. Además, mi memoria es muy mala, y no quisiera perder recuerdos importantes por no tener dónde dejarlos asentados. Me tomó más de dos horas escribir estas dós páginas pero sentí que era necesario. Alguien iba a leerlas, o no. Me pareció importante que estuvieran allí, así como los ángeles de la guarda protegen sin que las personas los vean.

***


Es casi medianoche. Un cansancio abrumador se apodera de mí. Apagaré la computadora. Voy a acomodarme en un sillón y esperar a que llegue mañana.”