Posts etiquetados como ‘anciano’

Proceso peligroso

“Es lunes por la noche. Hoy fui a visitar, como si ya hubiera estado programado anteriormente, a un anciano de edad indefinida que en otro tiempo fue un ángel, pero sufrió los efectos de la “humanización” (al menos así lo llamo él). La causa de tal visita fue que después del incidente con el adolescente y la navaja me rondaba una duda muy evidente en la mente: El chico me había herido con la navaja y ya había sangrado. Cabe aclarar ahora que los ángeles no tenemos sangre-al menos, no en el sentido humano-, lo que corre por nuestras venas es amor, esperanza, o la fuerza o razón que nos impulse a seguir. En teoría, tampoco sentimos dolores físicos. Pero la realidad desmiente la teoría.

Confuso por estas sensaciones, empecé a preguntarme quien podría ayudarme a aclarar mis dudas.

El refrán que dice “Cuando el alumno está listo, el maestro aparece” tuvo en mi caso una pequeña variación, yo no era exactamente un alumno, pero igualmente necesitaba una guía, sino un maestro, al menos alguien que hubiera pasado por la misma situación. Y lo encontré.

Esta mañana pasaba por un negocio cuando oí a un hombre anciano decir: “Era más fácil ser un ángel, no tenía que lidiar con nada más peligroso que un demonio.”

Me quedé unos segundos inmóvil, observando al hombre y luego entré al negocio.

-Tus alas lleven esperanza y ayuda allí donde te llamen.-saludé yo.

Él me miró unos momentos, sonrió y dijo:

-Que la esperanza sea tu viento y el amor tu dirección.

Me abrazó como a un viejo amigo y dijo:

-¿Cómo supiste que era un ángel?

-Lo ví en tus ojos. Además, hay muchas imágenes de ángeles, como ese calendario de la pared.

-Es verdad, ambas cosas. En fin, ¿pasabas por acá de casualidad?

-El destino a veces se disfraza de casualidades que deben ser interpretadas.

-Es verdad-sonríe él-. Ahora, imagino que no viniste a comprar tomates, sino que hay algo más.

-Sí… quiero zanahorias también- Reí. Luego me puse más serio-. Usted dijo recién que era mejor cuando era un ángel. ¿Lo fue hace mucho? ¿Qué le pasó?

El hombre me miró un largo rato, como decidiendo qué decir o cuando. Al fin dijo con voz suave:

-Sí, yo fui un ángel hace mucho tiempo. Vine a la tierra con una misión: salvar la vida de una niña… Pero no pude lograrlo, un ángel de la muerte fue más rápido que yo.

-Creí que los ángeles no podíamos intervenir en las misiones de otros ángeles.

-Es así, pero éste ángel no fue enviado por Dios sino por el Demonio, y cumplió su tarea usando la fuerza del mal, cambio el modo en que iban a suceder las cosas y la niña resultó muerta, porque yo no supe prever que ése ángel haría lo imposible para obtener el alma de la niña. Actué de una forma que ya conocía, aún cuando sabía que todo había sido cambiado y mi actuar no iba a servir de nada. Fue un error de mi parte, un error que le costó la vida y el alma a esa niñita. Jamás pude repararlo ni perdonármelo. Lentamente, casi sin darme cuenta, me dejé vencer por la pena y el remordimiento, fui deprimiéndome y experimentando todo tipo de dolores, hasta que llegó un día en que sentí que el cuerpo no me respondía, que el corazón iba a estallarme, lo que se considera una “descompensación cardíaca”. Fue un momento aterrador, por la sorpresa de sentirme tan vulnerable… tan humano. Me vi obligado a visitar a un médico, algo que no hacía desde que estaba vivo, desde que era un humano común. Me recomendó reposo y unos medicamentos cuyo efecto no recuerdo bien. Cuando regresé a mi casa (imagino que sabrás que mientras cumplimos nuestras misiones en la tierra ya tenemos preparado un lugar para quedarnos hasta acabar nuestra tarea), me acosté en mi cama y comencé a pensar sobre lo que sucedía. Me resultó muy extraño, en primer lugar porque yo era un ángel, y se supone que no sentimos dolores físicos ni espirituales porque tenemos una fuerza que nos guía, una fuerza única en cada ángel. Estuve mucho tiempo pensando sobre el posible significado de todo lo que me sucedía, hasta que entendí que al dejarme llevar por el remordimiento y el dolor había terminado por consumir mi fuerza, de hecho, yo estaba tan cegado por el dolor que no había notado que mis alas habían ido desapareciendo lentamente, lo mismo que los dones de curación, de sabiduría, de consejos, todos, hasta que ya era tarde… nunca supe cómo recuperarlos.

-¿No intentó pedirlos…? ya sabe, rezar-dije algo inquieto, como si supiera lo inútil de mis palabras.

-No, porque no perdí mis dones por ayudar a alguien o cumplir mi misión, los perdí porque no supe mantenerlos o valorarlos. Olvidé que eran regalos para compartir, me encerré en mi propio y egoísta dolor y descuidé mis regalos, los dejé oxidarse cuando debí usarlos con más fuerza para ayudar a otros. Pero no pude ni ayudarme a mi mismo. Con el tiempo fui olvidando muchas cosas de mi vida de ángel, tratando de amoldarme de nuevo a la vida en la tierra. El proceso de “humanización” había terminado. Desde entonces, vivo en este lugar y atiendo esta verdulería.

Nadie dijo nada por un momento. Noté que estaba melancólico. Quería decirle algo para animarlo pero nada me parecía lo suficientemente adecuado. Finalmente le dije:

-Creo que yo también estoy pasando por ese proceso.

-¿Cómo? Explicame, por favor.

Le conté todo lo que me había sucedido desde mi llegada hasta el incidente de la noche anterior en el boliche.

-¿Se da cuenta?-concluí con un ligero tono de nerviosismo- Ahora estoy confundido, y hasta puedo ser herido y sangrar como cualquier persona. ¿Qué puedo hacer?

-No desesperarte, no rendirte, no revolver el dolor en la herida porque se va apoderar de tu mente y tu corazón y al final sólo vas sentir dolor, nada más, vas a estar tan encerrado en tu propio sufrimiento que no vas a advertir los regalos de la vida que podés llegar a perder. Yo era un ángel pero me rendí al dolor egoísta y me volví humano, pero humano en el sentido de importarme sólo yo mismo, de no ver las oportunidades de ayudar a otros. Preferí sentir lástima por mi mismo que enfrentarme al dolor y de superarlo para salvarme a mí y luego estar listo para salvar a otros. No cometas los mismos errores que yo. No es malo ser humano, pero volverse humano solo por abandonarse al sufrimiento en lugar de ser el humano que lucha contra si mismo si es necesario, eso es ser un humano cobarde. El humano que lucha aún contra el dolor más grande es también un ángel, un vencedor.

Lo miré por un momento. Nunca había visto tanta determinación y sabiduría en los ojos de nadie, excepto Dios. Parecía sentir como una obligación de ayudarme a que yo no repitiera los errores de él. Sentí que se preocupaba. Lo miré a los ojos.

-Gracias, por todo.-dije sonriendo.

-Por nada, realmente soy yo quien agradece que hayas aparecido. Siento como si tuviera otra oportunidad de ayudar a alguien.

-Siempre hay segundas oportunidades para ayudar, más si uno las busca intensamente como usted lo hizo, aún sin darse cuenta de que lo hacía.

Él me tendió la mano y yo se la estreché. Cuando lo solté, algo blanco y brillante quedó en su mano. Una pluma blanca. Él la contemplo, luego me sonrío y la guardó en su bolsillo.

-Antes de irme quiero pedirle algo.-dije.

-Lo que quieras.

-¿Puede darme un kilo de zanahorias y otro de tomates? Tengo ganas de comer ensalada.”







  • Comentarios
  • Sin votos